1. El Despertar de la Ira
Jungkook
Hace siglos
Ls demonios se desplazaban como un incendio voraz avivado por la tempestad, reduciendo a cenizas cuanto tocaban. Ciudades completas ardían en silencio mientras los gritos marcaban el ritmo de la noche; un lamento desgarrador que solo cesaba cuando las llamas consumían la carne hasta el hueso y el humo denso ahogaba el último aliento.
Llegamos demasiado tarde.
Mis hermanos y yo caminamos entre las ruinas humeantes de otro pueblo devastado, sumando más vidas inocentes a un recuento macabro. El tufo a descomposición y muerte impregnaba el aire con un hedor indescriptible que se adhería a la piel. Hombres, mujeres, niños... nadie se había salvado de la masacre.
—Esto tiene que terminar —gruñó Yoongi.
Se arrodilló entre los escombros y recogió una muñeca de trapo calcinada, huérfana del abrazo de la pequeña que solía sostenerla. Mi hermano la apretó con rabia en el puño antes de dejarla caer de nuevo sobre la tierra muerta. Aquella violencia se había convertido en la norma desde que Lucifer inició su despiadada sed de dominio: un ciclo infinito de caos, sangre y devastación.
El batir pesado de unas alas cortó el aire estancado cuando Lazarus descendió entre las brasas. Sus plumas, de un blanco inmaculado, creaban un contraste violento contra la penumbra de la noche y el negro hollín que lo rodeaba todo. Sin embargo, su majestuosidad no opacaba la ferocidad con la que lideraba el ejército celestial, capaz de despedazar a cualquiera que osara enfrentarlo.
—Los preparativos están listos —anunció Lazarus, recorriéndonos con una mirada severa—. Debemos atacar ahora, mientras aún nos queda una oportunidad.
Yoongi asintió en silencio y desplegó sus alas. Eran oscuras como la medianoche, idénticas a las del resto de nosotros. Éramos los descendientes de los siete primeros ángeles caídos que se rebelaron contra el cielo para aliarse con Lucifer; por nuestras venas corría sangre divina y mortal a partes iguales. Éramos nefilim, marcados por la maldición eterna de cargar con los vicios de nuestros padres para jamás olvidar sus crímenes.
A mí me habitaba la Ira. Yo era Jungkook, el avatar de un enojo ardiente que gritaba por ser liberado, alimentado por una sed implacable de venganza por cada alma arrebatada desde que la sombra de Lucifer cayó sobre la tierra.
Cuando Lazarus emprendió el vuelo hacia el firmamento, irrumpimos en la noche tras él. Había llegado el momento de detener al Rey de los Demonios de una vez por todas.