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Hiedra Venenosa | BkDk

Summary

La relación de Katsuki e Izuku está en boca de todos y no es para menos. La mayoría sigue sin entender cómo es posible que el Capitán del equipo de Básquetbol salga con un chico que rompe claramente con los superficiales estándares de belleza auto impuestos por la mayoría pero solo lo piensan, ya que decirlo en voz alta, significaría enfrentarse a la imparable ira de Katsuki. Es por eso que nadie se esfuerza en separarlos, por mucho que tachen de «incorrecta» su relación o deseen al Alfa rubio. Aunque bueno, siempre pueden existir un par de tontos que piensen que si pueden separarlos, y esos solo pueden ser: Kaminari Denki y Todoroki Shoto. Denki es un estudiante nuevo en la universidad que, desde el primer instante que vió a Katsuki lo quiere como suyo, «a cualquier costo». Shoto por su parte, desarrolla un interés repentino por Izuku. Dicen que el amor a primera vista es ambiguo pero es justo lo que le sucedió al notar por primera vez la existencia del pecoso durante una de sus tantas peleas con Natsuo. Ambos con la necesidad de sentirse amados y con un inútil complejo de salvador, interferiran para tenerlos; así uno tenga que enfrentarse a Katsuki y el otro hacer más que una locura para intentar quitar del camino a Izuku. El proceso no importa, solo el resultado donde conseguir lo que quieren es la única opción a la que apuntan.

Status
25d ago
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. La pareja perfecta.

—Hey Bakugo… juguemos un rato aprovechando el periodo libre. —Inasa propuso mientras Katsuki terminaba de guardar los libros que no ocuparía dentro de su casillero.


Katsuki sonrió de medio lado al verlo con el balón de básquet bailando ansiosamente entre sus manos.


—Paso, iré a almorzar con ‘Zuzu. —respondió, cerrando su casillero e Inasa resopló.


—Pero ya estuviste con él durante todas las vacaciones. También tienes que dedicarle tiempo a tus amigos, a tu equipo, ¿sabes? Nos tienes muy abandonados, «

Kacchan

». —dramatizó Inasa con tono dolido, usando el apodo que Izuku le dio solo para molestarlo un poco.


—Dejalo, sigue en la fase de luna de miel con su Omega al parecer. —se sumó Shinsou a la conversación y Katsuki volvió a reír por lo bajo, esta vez moviendo la cabeza mientras se colgaba la mochila en el hombro.


Sus amigos si que son unos dramáticos de primera.


—Nunca tengo suficiente de él. —respondió con sinceridad, porque si de él dependiera estaría con Izuku todo el día. Aunque bueno, probablemente así sería muy pronto. 


—¡Uy! Te juro que escucharte decir ese tipo de cosas me da diabetes. —añadió Inasa. 


—A mi también. —le dio la razón Shinsou. 


—Pero tú tienes a Monona. —señaló Inasa casi ofendido.


—Entonces a ti no te da diabetes, te da envidia. —atinó a decir Katsuki dándole un golpe directo al solitario orgullo de Inasa porque de los tres, él es el único soltero. 


—¡Pues yo también quiero tener un amorcito!  —dijo y Shinsou le palmeo el hombro en apoyo.


—Como sea, tengo que irme. Los veo más tarde en el entrenamiento. 


Con un movimiento de mano se alejó casi corriendo. No quería llegar tarde a su cita.


Las vacaciones de verano terminaron demasiado rápido, un nuevo semestre satrurado de extensas clases y arduos entrenamientos amenazaban con consumir su tiempo nuevamente, por eso es que antes de que eso sucediera, debía aprovechar todo momento libre que tuviera al menos hasta que los horarios tomaran la suficiente forma como para que sus descansos no coincidieran con los de su novio y fuera incapaz de tener su dosis diaria de Izuku para sobrevivir el día.


Después de pasar la glorieta, Katsuki ya estaba corriendo para llegar cuanto antes a donde Izuku lo estaba esperando, su lugar especial para verse entre clases.


Se trataba de un pequeño claro que al estar rodeado por frondosos árboles ofrece una increíble sombra y una brisa fresca que a Izuku le gusta particularmente por la tranquilidad, y privacidad, que pueden tener ahí gracias a que los demás ignoraban por completo la existencia de unas modestas banquitas de madera unidas por una pequeña mesa redonda qué había ahí. Perfecta para comer lejos del incandescente sol que tenía hirviendo las bancas de metal situadas en el pasillo principal todo el día.


Cuando finalmente el claro apareció en su campo de visión, su corazón que se hallaba tranquilo pese a encontrarse corriendo, se aceleró instantáneamente en cuánto la brisa fresca arrastró hacia su olfato notas tenues del aroma a bosque verde.


—¡’Zuzu! —le llamó, dando un brinco por encima de la jardinera que rodeaba el lugar, para llegar finalmente a él. 


Izuku, que había estado absorto acomodando el postre que preparó la noche anterior sobre la mesita para su degustación, dio un respingo de felicidad al ver a su novio. 


—¡Kacchan, bienvenido! —felicidad que expresó con una sonrisa que curvó sus carnosos labios.


Katsuki ni bien estuvo a su lado, alzó sus manos para vacunar sus pecosa mejillas en ellas y lo besó.


Izuku le correspondió en cuanto sus labios se tocaron, y jadeó cuando después de eso le mordió el labio suavemente antes de apartarse para sentarse a su lado.


Quitándose la mochila del hombro, la dejó a un lado para enredar sus brazos alrededor de él en un abrazo.


Izuku respingo y contuvo un jadeó cuando sintió la nariz de Katsuki pegarse a su glándula y la olfateó descaradamente.


—¡Kacchan! —la cara de Izuku se puso roja. Katsuki no necesitaba verlo para saberlo y aún así sonrió satisfecho.


Dando un largo suspiro, anhelando qué el aroma de su Omega se impregnara en su nariz lo suficiente para que lo acompañe el resto del día, se apartó.


—Perdón, ˋZuzu. Por un momento creí que ya era hora de comer el postre. —dijo con voz baja e Izuku desvío un poco la mirada.


—Eres un desvergonzado, Kacchan. —apenas atino, no porque se sintiera avergonzado sino porque cada toque de Katsuki lo hace reaccionar, inevitablemente.


Ellos están juntos desde hace dos años, cuando Izuku ingresó a la universidad pues ni bien se conocieron en la fiesta de bienvenida, Katsuki no dudó en ir tras él.


Al inicio, Izuku creyó que era una broma de mal gusto porque, es decir, ¿por qué alguien como Katsuki con su cuerpo atlético y su rostro tallado por los mismos Dioses se enamoraría a primera vista de alguien como él, cuyo amor por la repostería se reflejaba perfectamente en sus mejillas regordetas, muslos gruesos y caderas anchas con rollitos sobresaliendo por aquí y por allá, rompiendo el estereotipo establecido para los Omegas?


Era simplemente increíble pero aún cuando lo rechazó varias veces, Katsuki no desistió. Estuvo detrás de él, insistiendo durante tres largos meses, prácticamente rogándole por una oportunidad hasta que aceptó con la idea de que decepcionándolo sería la única forma para quitárselo de encima ya que no creía que su interés fuera genuino porque solo en las historias de cierta plataforma, el flamante capitán del equipo de básquetbol se fijaría en el chico rellenito que no cumple con ninguno de los estándares de belleza por ser un amante innato de los postres.


Sin embargo… si lo fue.


A pesar de sus “

defectos

”, Katsuki con esa oportunidad que le dió, le demostró con claridad no solo sus sentimientos sino una devoción y un deseo que jamás creyó posibles pero que desde entonces recibe cada día, con la misma intensidad aún dos años después, dejándole en claro que el amor verdadero existe y él, ha sido bendecido al poder experimentarlo de primera mano.


—Pero así me amas. —musitó Katsuki con tono coqueto, dándole un beso más en la mejilla, conteniendo las ganas de morderla suavemente porque de hacerlo, se pensaría que tomar la siguiente clase era innecesario pero a Izuku no le gusta faltar a las suyas— ¿Qué preparaste esta vez? —preguntó, para desviar su mente de pensamientos impuros y centrar su atención en los Mochis acomodados estratégicamente para verse lindos sobre el papel de arroz. 


—Mochis con salsa de wasabi.


—Pero a ti no te gusta el picante. —dijo Katsuki e Izuku se giró a mirarlo con una sonrisa. 


—Pero a ti sí, así que quería preparar algo que de verdad te gustara comer. 


—Mi amor, a mi me gusta comer todo lo que haces. —la sinceridad con la que respondió hinchó el corazón de Izuku. 


A Katsuki ciertamente no le gustan las cosas dulces, él es más de cosas picantes o ácidas pero desde que sale con Izuku, incluso romper su estricta dieta para degustar los postres que él hace ya que, curiosamente, solo le gustan los que él hace, es tal y como Inasa y Shinsou lo dijeron una vez; es uno de los tantos actos más puros de amor que un Alfa como Katsuki solo sería capaz de hacer por el Omega al que considera el amor de su vida. 


Y realmente así era. 


Izuku es el amor de su vida, y por él haría cualquier cosa.


Aunque no por sus sentimientos y devoción desacreditaría la impresionante habilidad de su novio en la repostería, porque es tan magnífico en ella como lo es como florista. 


—Porque todo es realmente delicioso. —añadió, tomando uno sin ponerle la salsa y le dio una mordida. — Mhn, ¿Los rellenaste de Kiwi?


Izuku asintió. 


—Es para que le dé contraste a la salsa. —explicó tomando el recipiente para luego abrirlo y verter una cantidad pequeña sobre el mochi ya mordido. 


Katsuki se lo llevó a la boca y el sabor picante de la salsa se intensificó por el sabor dulce y a la vez ácido del kiwi. 


—Carajo, esto está delicioso. —dijo después de saborearlo.


Tomando otro, mordió la mitad e Izuku volvió a ponerle un poco más de la salsa.


La expresión de satisfacción en el rostro de Katsuki mientras comía le hizo sentir feliz, sobretodo porque esta vez había preparado algo específicamente para él.


—Yo también te preparé algo. —dijo Katsuki con medio bocado en la boca.


Tomando su mochila, sacó una caja de Bento del interior, e Izuku se emocionó. 


—No me digas que es…


—Katsudon. —completó Katsuki, poniéndoselo en frente.


Los ojos de Izuku se iluminaron y se le hizo agua la boca cuando Katsuki retiro la tapa.


—Muchas gracias, Kacchan. —dijo, dándole un beso en la mejilla como agradecimiento porque el Katsudon es su comida favorita. La disfruta mucho especialmente cuando es Katsuki quien lo prepara. 


Sintiendo como su pecho se hinchaba con orgullo, Katsuki le dio un beso en la frente. Hacer feliz a su Omega es su prioridad.


Mientras comían e intercambiaban algunos mimos, la hora del descanso casi terminó. 


Aún con el tiempo justo, y tomando en cuenta que sus clases eran en edificios opuestos, Katsuki acompañó a Izuku a la sala donde sería la suya, y tras despedirse con un beso y un abrazo con el que impregnó a su novio con sus feromonas y viceversa, se fue corriendo a su sala. 


Por suerte llegó un par de minutos antes de que el profesor apareciera. 


Sentándose en su escritorio que, afortunadamente no compartía con nadie, sacó los libros nuevos de perspectiva que compró como material de apoyo. 


Pues al igual que Izuku, además de ser el capitán del equipo de baloncesto, su carrera en las Bellas Artes que inició como un Hobbie porque su carrera como deportista ya está prácticamente resuelta desde la preparatoria, es muy valiosa para él por la simple razón de que quiere ser capaz algún día de pintar a Izuku en un cuadro tal como sus ojos lo ven.


Es un anhelo que lo motiva en sobremanera, porque desde que conoció a Izuku su mundo gira entorno a él, porque lo ama, porque es solo suyo y de nadie más. 


—Todos a sus asientos, jóvenes. —la voz del profesor Ishiyama cortó el hilo de sus pensamientos.


Sentándose derecho, Katsuki abrió su Sketch Book donde, al pasar las hojas, ver algunos bocetos de Izuku a carboncillo lo hicieron sonreír. 


—Antes de comenzar la clase, quiero que le den la bienvenida a un estudiante recién transferido. —anunció tras pararse frente a su escritorio.


Katsuki ya no le estaba prestando atención.


Su mente se concentró en dar algunos toques a un dibujo que tenía sin terminar de Izuku en medio de un campo de girasoles. En un rato libre le agregaría color con acuarelas para darle vida con tonos cálidos y así, poder enmarcarlo y colgarlo en la pared de su dormitorio. 


Sin embargo; el habitual murmullo de fondo de sus compañeros fue reemplazado por el silencio donde el ruido de su lápiz arrastrándose por la hoja de papel fue el único ruido audible en la sala.


Desconcertado, Katsuki detuvo sus trazos y alzó la vista para saber qué sucedía y para su mala suerte, ni bien lo hizo, su mirada se encontró con la de un chico que estaba de pie frente a la clase.


Ay, mierda.


Sin alterar su expresión ni mirarlo por más de dos segundos, regresó a lo que estaba haciendo. Decidido a ignorar su existencia porque el sonrojo que apareció en sus mejillas en cuánto “lo vio” le dio a entender dos cosas.


La primera; que es un Omega.

La segunda; por la forma en que reaccionó, al parecer captó su atención sin proponérselo.


Menuda mierda predecible.


Bueno, se limitaría a hacer lo que dijo pues cuando un Omega es ignorado, tiende a perder el interés fácilmente por sentirse herido así que no tenía nada de qué preocuparse. Especialmente porque es un chico transferido.


Ni bien escuche de su relación con Izuku se haría a un lado, tal como ha hecho el resto porque saben lo temperamental qué es él y que Izuku, aunque muchos lo subestimen, también tiene su carácter. Más cuando es un tema relacionado con su Alfa.


Referirse a sí mismo como su Alfa le hizo sentir un calorcito en el pecho.


Como sea. Nada sería diferente está vez.


Y tal vez así habría sido, de no ser porque Kaminari Denki, el Omega que lo estaba mirando fijamente en este momento sin parpadear, rompía el molde de todo lo que se consideraba normal, sensato y racional. 


Porque él no posee nada de eso cuando encuentra algo que quiere tener. 


Y con solo una mirada, decidió que Katsuki es lo que quiere tener justo ahora. 


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