Única parte
Suki estornudó justo en el instante en que leía tranquilamente bajo la sombra de un frondoso roble. La habían enviado a esa remota isla privada de Japón como una medida de contención y refugio provisional, mientras su padre y su equipo logístico buscaban un escondite definitivo y verdaderamente seguro para ella. Lo que la joven Stomen desconocía por completo era que ese mismísimo día arribaría a la isla la famosa Clase 1-A de la Academia U.A., acompañados por sus profesores, con la estricta misión de custodiarla.
—Sean bienvenidos —expresó Sam, el impecable y leal mayordomo principal de la familia Stomen, recibiendo a los jóvenes héroes en la pista del pequeño aeropuerto privado de la isla.
Un viento fresco y marino sopló levemente entre la vegetación, haciendo crujir las hojas del gran árbol bajo el cual Suki intentaba concentrarse. La joven cerró el libro de golpe tras el estornudo y se frotó la nariz con el dorso de la mano. Sin saber lo que le esperaba encontrarse en unos minutos.
Mientras tanto, en la terminal, Sam realizaba una reverencia distinguida frente a los estudiantes y a su profesor tutor, Shota Aizawa.
—El señor Stomen aprecia enormemente que la U.A. haya aceptado esta asignación de máxima seguridad —añadió Sam con voz calmada y respetuosa—. Durante este mes, la joven Suki estará bajo su cuidado personal mientras se completan todos los arreglos para su reubicación.
—Entendido —respondió Aizawa, ajustándose la bufanda de combate y observando el entorno insular con ligera sospecha—. Mis alumnos están perfectamente al tanto de que esto no son unas vacaciones. Es una misión de custodia de alto riesgo, aunque los detalles confidenciales del peligro se mantengan bajo reserva.
—¡Es increíble! —susurró Izuku Midoriya a Iida y Uraraka, mirando embobado la infraestructura de la isla—. Una isla privada totalmente fortificada... La familia Stomen debe de estar enfrentando una amenaza de escala masiva para requerir la protección de la U.A.
—¡Aun así, no debemos bajar la guardia en ningún momento! —intervino Tenya Iida, realizando sus característicos e inflexibles movimientos de brazos—. ¡Cumpliremos nuestro deber como futuros héroes profesionales!
—Tch, qué pérdida de tiempo —refunfuñó Katsuki Bakugou al fondo del grupo, cruzándose de brazos con marcado fastidio—. Cuidar a una niñita rica y mimada durante un mes entero...
El mayordomo los guio a través de un sendero de piedra pulida que serpenteaba hacia la imponente mansión construida en la colina. Al doblar en el jardín principal, los estudiantes divisaron a Suki a lo lejos, sentada con desenvoltura bajo la copa del roble.
—Ahí se encuentra la joven Suki —presentó Sam.
Suki se levantó despacio, sacudiendo la falda de su vestido mientras observaba al grupo con fría distancia.
—Sam... ¿quiénes son estos chicos? —preguntó la peli-oscura, fingiendo ignorar sus identidades para no delatarse.
El mayordomo dio un paso al frente con elegancia.
—Joven Suki —dijo Sam—, ellos son los estudiantes del curso de héroes de la Academia U.A. Por instrucciones directas de su padre, el señor Stomen, velarán por su seguridad durante este mes.
—¡Mucho gusto, Stomen-san! —exclamó Midoriya de inmediato, dando un paso adelante con una sonrisa amable pero firme—. Soy Izuku Midoriya. Sé que la situación debe ser confusa, pero estamos aquí para asegurarnos de que estés a salvo.
—¡Yo soy Tenya Iida, presidente de la clase! —añadió Iida inclinándose noventa grados—. ¡Garantizaremos tu protección con la máxima disciplina!
—Y yo soy Ochaco Uraraka, ¡es un verdadero placer! —saludó la joven con un ademán alegre.
A pesar de las amables presentaciones, Suki captaba la verdad tras sus miradas. Midoriya analizaba la seguridad ("Las defensas de la isla son altas, pero si la información se filtró, el enemigo podría atacar por mar..."). Todoroki la observaba en silencio ("Se ve tranquila, pero traer a la clase entera significa que la amenaza es real"). Y Bakugou la miraba con el ceño fruncido: (“¿Esta es la chica rica? No parece la gran cosa. Si algún idiota intenta atacar esta isla, los volaré en pedazos rápido para terminar con esto...”).
Frunciendo el ceño con indignación, Suki les dio la espalda para caminar hacia la mansión.
—Pues no quiero —dijo con frialdad—. No entiendo la necesidad de que niños héroes vengan a protegerme. Hubieran traído a los profesionales. Hmp.
Suki comenzó a alejarse colocándose sus audífonos. Esperaba que al menos su padre hubiese enviado a los mejores cinco héroes del Ranking Top.
Sam suspiró en silencio al ver la actitud de la joven. Bakugou, por su parte, no tardó ni un segundo en estallar; una vena se le marcó en la frente y soltó una pequeña explosión por la palma de la mano.
—¡¿Qué dijiste, enana malcriada?! —gritó Bakugou, avanzando enfurecido hasta que Aizawa lo detuvo levantando una mano perezosa—. ¡Nosotros somos lo más fuertes, te voy a demostrar de lo que soy capaz!
—Bakugou, cállate —ordenó Aizawa con voz helada—. La joven Stomen tiene razón en estar escéptica. Para ella, solo somos desconocidos que irrumpieron en su propiedad.
Midoriya se rascó la nuca con una sonrisa apenada, aunque sus ojos reflejaban una comprensión profunda.
—Es comprensible... —murmuró Midoriya—. Que nos enviaran a nosotros debe hacerla sentir que su padre no está tomando su situación con la seriedad que requiere.
—Aun así —intervino Todoroki con tono cortante—, nuestra misión no cambia por su actitud. Si la amenaza llega a esta isla, la protegeremos, le guste o no.
Durante los primeros días, la rutina de Suki se mantuvo firme e inflexible. Despertaba, desayunaba en el comedor principal con los chicos sin hacer el menor intento de interactuar con ellos (lo mismo sucedía durante el almuerzo y la cena), tocaba el piano, asistía a sus clases privadas de ballet donde las chicas hacían guardia e intentaban sumarse a los ejercicios para hacerle compañía, jugaba con sus gatitas en el césped el cuál era el único instante del día en que su rostro reflejaba una sonrisa genuina y, finalmente, leía un poco en el prado antes de dormir.
Las chicas de la Clase 1-A hacían esfuerzos constantes por acercarse. En las clases de ballet, Uraraka intentaba seguir las posturas terminando en divertidos enredos, Mina le ponía un entusiasmo arrollador a cada paso y Momo Yaoyorozu demostraba una elegancia natural. Suki mantenía la distancia, pero le era imposible no notar el ambiente cálido que intentaban crear a su alrededor.
Sin embargo, el único momento en que Suki bajaba la guardia por completo era al jugar con sus gatitas. Midoriya y Todoroki, que solían hacer la guardia a lo lejos, lo observaban detenidamente.
—Parece que solo con sus mascotas se siente realmente a salvo y en paz —murmuró Midoriya un día desde la sombra de un árbol, anotando observaciones en su libreta.
—Es normal —respondió Todoroki apoyado contra el tronco—. Para alguien cuyo Don atrae peligro constante, estar rodeada de desconocidos armados no da tranquilidad. Pero mientras mantenga la calma, nosotros nos encargaremos de la guardia exterior.
Una tarde, abrumada por la vigilancia constante, Suki aprovechó un descuido de la guardia. Por la noche, colocó un sedante de rápida acción en el té que los chicos y profesores estaban tomando. Su objetivo era escapar de la mansión y ocultarse sola en la densidad del bosque.
Incluso Aizawa, con sus reflejos profesionales, apenas alcanzó a apoyarse en el respaldo de la silla antes de quedar profundamente dormido sobre la mesa. Suki se adentró en la vegetación buscando un refugio apartado.
A la mañana siguiente, el caos estalló en la mansión.
—¡Joven Suki! ¿Dónde está?! —los gritos desesperados de las sirvientas resonaban por los pasillos de la mansión, haciendo eco hasta la entrada principal.
Aizawa fue el primero en reaccionar, levantándose con torpeza y sujetándose la cabeza.
—¡Maldita sea! —exclamó con la voz raspada—. Nos drogó... a todos.
—¡¿Qué?! ¡¿La mocosa nos puso algo en la bebida?! —gritó Bakugou, estrellando los puños contra la mesa mientras soltaba chispas furiosas—. ¡Cuando la encuentre la voy a volar en pedazos!
—¡Es extremadamente peligroso que esté sola afuera! —dijo Midoriya de inmediato, ajustándose las botas con pánico—. Si el enemigo la localiza fuera de las defensas de la mansión, estará totalmente indefensa.
—¡Clase 1-A, despliéguense en parejas por todo el bosque! —ordenó Iida—. ¡Prioridad absoluta: encontrar a la joven Suki antes de que caiga la noche!
En lo profundo del bosque, las sombras y la vegetación tupida hicieron que Suki perdiera el rumbo. Sin sus audífonos puestos, las mentes angustiadas de los chicos buscando desesperadamente empezaron a resonar con fuerza en su cabeza: ("¡Stomen-san! ¿Dónde estás?") el pensamiento de Midoriya transmitía un pánico genuino y culpable. ("Como le haya pasado algo por salirse así, me las va a pagar...") rezongaba la mente de Bakugou. Y entre todas ellas, la de Todoroki se mantenía en absoluta alerta: ("El bosque de esta isla es enorme y escarpado. Si tropezó o se hirió de nuevo, no podrá volver sola.")
Apretando los labios, Suki tomó la decisión de adentrarse en la cueva laberinto, un complejo subterráneo donde, si no se conocía la ruta exacta, era fácil quedar atrapado. Se sentó en un rincón profundo buscando un momento de silencio.
—De nuevo ellos... —suspiró cansada al sentir sus mentes acercarse a la entrada de la gruta.
Suki se puso de pie para buscar la salida, pero ignoraba que en esa sección de la cueva había trampas ocultas en el suelo. Al dar un paso en falso, el terreno cedió y cayó por un túnel inclinado.
—¡Ah! —grito en un eco ahogado mientras rodaba por las rocas ásperas, rasgando la tela de su vestido.
El impacto la dejó en una caverna subterránea helada y oscura. Al intentar ponerse de pie, un dolor punzante en el tobillo la hizo soltar un gemido y colapsar de nuevo sobre el suelo de piedra.
—¡STOMEN! —el grito de Bakugou resonó distorsionado por el eco de las paredes.
—¡Escuché un grito desde abajo! —exclamó Midoriya—. ¡El suelo cedió, cayó por un conducto falso!
—¡Muévete, Deku, voy a volar esta pared! —rugió Bakugou.
—¡No! —lo detuvo Todoroki de inmediato—. Si usas explosiones podrías provocar un derrumbe sobre ella. Déjame asegurar la estructura con hielo primero.
Una pequeña llama se encendió en la palma de Todoroki, iluminando suavemente la fría caverna subterránea. El contraste de la luz dejó ver de inmediato el estado en el que se encontraba Suki: el vestido roto, las raspaduras en sus brazos y la forma en que apretaba su tobillo contra la piedra. Suki suspiró con frustración y volteó la mirada hacia otro lado.
—¡Stomen-san! —Midoriya cayó de rodillas a su lado—. ¡Estás herida! Por favor, no te muevas.
—Te dijimos claramente que no te alejaras, maldita sea —gruñó Bakugou, bajando de un salto y revisando sus lesiones con la mirada—. ¿Tienes idea de lo peligroso que es este lugar?
—El sedante en el té fue una buena jugada para escapar —admitió Todoroki con serenidad—, pero esconderte en estas cuevas no fue una decisión sabia. Te lastimaste el tobillo.
Midoriya sacó un vendaje de emergencia de su cinturón y comenzó a envolver el tobillo de Suki con delicadeza.
—Sé que no querías que estuviéramos aquí... y que sientes que solo somos unos niños incapaces de protegerte —murmuró Midoriya suavemente—. Pero no estamos aquí solo por cumplir una orden. Estamos aquí porque verdaderamente nos importa tu seguridad.
—Como quieran... —dijo Suki con resignación.
—Apóyate en mí —dijo Todoroki—. No podrás subir la pendiente sola, y la noche afuera ya cayó. Es hora de volver a la mansión.
Shoto se agachó para ofrecerle la espalda, y Suki se subió con cuidado, manteniéndose en absoluto silencio durante todo el trayecto de regreso a la superficie.
—Hmp, con mi tobillo así... supongo que estarán tranquilos de que no intente huir de nuevo —comentó Suki en voz baja.
—No se trata de estar tranquilos porque no puedas huir, Stomen-san —respondió Midoriya caminando a su lado con una linterna—. Solo queremos que estés bien.
—Tch, además, si vuelves a intentar una estupidez como esta, te encontraré de nuevo —añadió Bakugou desde la delantera—. Así que ahórrate el trabajo de idear otro plan.
—Si necesitas espacio, simplemente puedes pedírnoslo —comentó Todoroki con serenidad—. No tenemos por qué estar encima de ti todo el tiempo. La próxima vez solo avísanos y mantendremos el perímetro desde lejos.
Al llegar a la mansión, llevaron a Suki directamente a la enfermería para limpiar sus raspaduras y vendar correctamente su tobillo. Los chicos no se retiraron de la puerta hasta que la doctora confirmó que la joven Stomen se encontraba fuera de peligro.
A la mañana siguiente, tras el incidente en la cueva, Suki decidió hacer un esfuerzo sincero por cambiar su actitud. Cuando los estudiantes de la Clase 1-A comenzaron a ingresar al gran comedor para desayunar, se sorprendieron al encontrar a la peli-oscura ya instalada en la mesa.
Suki levantó la mirada y los observó acomodarse en sus respectivos asientos.
—Buen provecho —pronunció Suki en voz baja pero clara antes de comenzar a comer.
El parpadeo colectivo alrededor de la mesa fue casi cómico. Midoriya se congeló con una tostada a medio camino de la boca, Iida parpadeó desorientado ajustándose los anteojos y Bakugou se quedó estático antes de soltar un bufido.
—¿B-buen provecho...? —balbuceó Izuku antes de regalarle una sonrisa brillante—. ¡Igualmente, Stomen-san!
(«Vaya, parece que la enana por fin entendió cómo funcionan las cosas por aquí...»), pensó Bakugou, sentándose con brusquedad pero con una actitud mucho menos tensa. Todoroki asentirá en silencio frente a ella, aprobando el gesto.
—Sí... —añadió Suki, dirigiendo su mirada hacia Uraraka, quien acababa de entrar al comedor—. Le pedí a Sam que les consiguiera trajes adecuados para la clase de ballet; no quiero que usen sus trajes de héroes, se van a tropezar. Y no crean que acepto del todo que estén ahí solo mirando; al menos hagan una actividad, como ayudar en el huerto o alimentar a los animales, ¿entendido?
—¡¿Hablas en serio?! —exclamó Mina Ashido emocionada—. ¡Trajes de verdad!
—¡Entendido perfectamente, Stomen-san! —declaró Iida haciendo una reverencia militar impecable—. ¡Personalmente me encargaré del mantenimiento del huerto con la máxima eficiencia!
—¡¿Alimentar animales?! ¡¿Quién te crees que eres para mandarme a alimentar gallinas, enana?! —estalló Bakugou soltando chispas por las manos, aunque en su mente aceptaba la tarea a regañadientes con tal de ser útil—. ¡Más le vale a esas bestias no morderme!
Suki continuó comiendo en silencio. Más tarde ese mismo día, mientras los chicos se dispersaban para realizar sus tareas asignadas, Sam interceptó a Midoriya, Bakugou, Todoroki e Iida en el pasillo principal de la mansión.
El elegante mayordomo hizo una profunda y sincera reverencia frente a los cuatro jóvenes.
—Jóvenes de la U.A. —comenzó Sam con voz pausada y empañada por una emoción contenida—. Deseo expresarles mi más profundo agradecimiento en nombre de la familia Stomen y en el mío propio. Desde que la joven Suki descubrió el verdadero alcance de su Don, ha vivido aislada por el miedo a lastimar a otros o a ser utilizada por personas con malas intenciones. Hacía años que no la veía intentar comunicarse con alguien de su edad... La paciencia, la valentía y el afecto que le demostraron al buscarla en las cuevas ayer le han devuelto un brillo que creí perdido para siempre.
Midoriya se sintió conmovido y negó rápidamente con la cabeza.
—No tiene nada que agradecer, Sam-san —respondió Midoriya con calidez—. Stomen-san es una persona increíble. Protegerla no es solo nuestra misión, es lo que deseamos de corazón.
—Tch... el viejo se pone sentimental por nada —refunfuñó Bakugou desviando la mirada, aunque el gesto de respeto del mayordomo no le pasó desapercibido.
—Cuidaremos de ella el tiempo que estemos aquí —aseguró Todoroki con firmeza, mientras Iida asentía solemnemente.
Durante los días siguientes, la dinámica cambió por completo. En las clases de baile, Suki les enseñaba pacientemente la postura correcta a las chicas. Mientras tanto, por las ventanas del jardín se escuchaba el divertido desorden exterior: Bakugou le gritaba a Iida por regar demasiado las hortalizas, Todoroki usaba su hielo para enfriar el agua del pozo y Midoriya alimentaba a las mascotas mientras tomaba notas detalladas en su libreta. Suki no pudo evitar sonreír levemente al contemplar el caos, dándose cuenta de que comenzaba a encariñarse con su presencia.
Una tarde, mientras la joven buscaba un libro en la biblioteca de la mansión, se quedó pensativa observando a los chicos, quienes la ayudaban a limpiar el polvo de los estantes superiores.
—¿Cómo... cómo son sus clases en la U.A.? —preguntó Suki, mostrando por primera vez curiosidad por sus vidas.
—¡Son geniales! Bueno... exigentes, pero increíbles —respondió Izuku con los ojos brillando, bajando de la escalera emocionado—. Tenemos las materias normales por la mañana, como matemáticas con Ectoplasm o inglés con Present Mic, pero por las tardes... por las tardes es donde todo se vuelve intenso. Hacemos entrenamiento de rescate, combate simulado y desarrollo de movimientos definitivos.
—¡Aunque el profesor Aizawa siempre amenaza con expulsarnos como el primer día de clases! —intervino Mina desde el suelo, donde limpiaba los marcos de las ventanas con una sonrisa divertida—. ¡Es aterrador! Pero al final del día te das cuenta de que lo hace para que saquemos nuestro verdadero potencial.
—Y no se trata solo de fuerza física, Stomen-san —comentó Momo, acomodando con absoluta delicadeza una fila de enciclopedias en el escritorio principal—. La U.A. nos enseña las leyes de rescate, gestión de crisis y cómo mantener la calma para transmitir seguridad a los civiles en los momentos más oscuros.
Todoroki, que estaba retirando el polvo de las molduras altas usando un paño limpio y seco, bajó la vista hacia la chica.
—Al principio, muchos entramos con la idea de competir o ser los más fuertes —dijo Shoto con su voz serena—. Pero convivir en los dormitorios y pasar por situaciones de riesgo real te enseña que no puedes ser un héroe solo. Dependes de tus compañeros tanto como ellos dependen de ti.
En la esquina más alejada, Bakugou pasó un trapo con brusquedad sobre una mesa de caoba, haciendo crujir la madera por la fuerza del frotado.
—Es una basura llena de extras molestos —gruñó Bakugou sin voltear a ver a la chica, aunque el murmullo de su mente revelaba un orgullo feroz por pertenecer al mejor curso de héroes del país—. Pero si quieres llegar a la cima, no hay mejor lugar.
Midoriya la miró con curiosidad genuina, sosteniendo un libro entre las manos.
—¿Y tú, Stomen-san? ¿Cómo era tu rutina o tus clases antes de tener que venir aquí?
Suki colocó el libro en la estantería y suspiró levemente.
—Solo he tenido clases privadas de negocios... nunca salí de casa hasta ahora que debo estar aquí mientras me reubican... Escuché que tienen dormitorios, ¿no? ¿Quién cocina para todos o cada quien prepara su comida por su cuenta?
Un silencio breve y comprensivo flotó en la biblioteca tras sus palabras. Midoriya bajó un poco la vista, procesando lo confinada que debía haberle sentido toda su vida, pasando de una casa cerrada a una isla remota sin poder experimentar una rutina común.
Sin embargo, al cambiar el tema hacia los dormitorios de la U.A., el ambiente se aligeró de inmediato.
—¡Ah, los dormitorios! —exclamó Uraraka con una sonrisa amplia, apoyando los puños en la cintura—. Sí, nos mudamos todos juntos hace no mucho. ¡Es superdivertido!
—Respecto a la comida —tomó la palabra Momo, cruzando las manos con elegancia—, en su mayoría nos organizamos por turnos. No todos cocinan solos; con frecuencia formamos equipos para preparar el almuerzo o la cena para todo el grupo.
—¡Aunque la mayoría del tiempo dependemos de que Sato-kun hornee algo delicioso o de que Bakugou-kun se apiade de nosotros! —añadió Mina riendo y señalando con el plumero al pelirrubio.
—¡¿Qué dijiste, cara de mapache?! —estalló Bakugou, volviéndose con el ceño fruncido y soltando un leve chasquido de chispas en la mano—. ¡Si cocino es porque ustedes, extras inútiles, ni siquiera saben picar una cebolla sin trocearse los dedos! ¡Y si no le pongo sazón a las cosas, terminan comiendo basura insípida!
Midoriya sonrió con cierta vergüenza ajena, rascándose la nuca.
—Es verdad... Kaachan es sorprendentemente un cocinero increíble —admitió Izuku en voz baja—. Cocina muy rápido y el curri le queda excelente. Sato-kun hace postres maravillosos para todos cuando estudiamos por la noche, y Todoroki-kun a veces nos ayuda con el soba frío.
—Cocinar juntos en la residencia nos ha ayudado mucho a unirnos —comentó Todoroki con su tono tranquilo de siempre, mirando cómo Suki acomodaba los libros—. Al principio cada quien intentaba hacer lo suyo, pero con el tiempo te das cuenta de que sentarte a comer en una sola mesa grande con todos hace que el cansancio del entrenamiento valga la pena.
Suki sonrió suavemente.
—Suena divertido. Me hubiera gustado estudiar para ser heroína en lugar de ser la siguiente jefa en la compañía de mi padre.
—Aún estás a tiempo, Stomen-san —dijo Izuku con voz suave pero llena de convicción—. Si en tu corazón realmente deseas ayudar a la gente y ser una heroína, ese camino no está cerrado para ti.
—Es verdad —añadió Momo con una sonrisa comprensiva y madura, cruzando las manos frente a ella—. Administrar una gran responsabilidad familiar no tiene por qué destruirte los sueños. Si decides que la U.A. o el camino de los héroes es lo que realmente quieres, estoy segura de que tienes la fuerza y la mente para lograrlo.
Uraraka se acercó a ella con los ojos brillantes, apoyando las manos en la mesa de caoba.
—¡Y nosotros te apoyaríamos! —exclamó con entusiasmo—. Imagínate, ¡podrías ser nuestra compañera de clase en el futuro! Sería increíble tenerte con nosotros en los dormitorios.
Todoroki, que la observaba desde el estante más alto, bajó despacio y se detuvo a un par de metros de la chica. Tuvo una breve mirada de empatía, recordando el peso de las expectativas de su propio padre y el camino que él mismo tuvo que reconstruir.
—Nadie puede decidir qué hacer con tu vida excepto tú —comentó Shoto con su habitual tono sereno—. Si ser heredera no es lo que te hace feliz, siempre puedes cambiar el rumbo.
Bakugou soltó un bufido fuerte, tirando el trapo sobre la mesa con brusquedad, pero la chispa de enfado en sus ojos había desaparecido por completo.
—Tch. Si vas a ser una heroína, más te vale entrenar en serio y dejar de poner pretextos por tu Don —gruñó Bakugou, dándote la espalda mientras caminaba hacia la puerta, aunque con una ligera mueca de orgullo—. Porque en la U.A. no le regalamos el puesto a nadie, enana rica.
—Hablaré con mi padre —susurró Suki, imaginándose por primera vez cómo sería vivir en libertad.
Sin embargo, durante una videollamada esa misma tarde, el señor Stomen rompió todas sus esperanzas. Hablaría de los dormitorios de la U.A., de cómo se organizaban para cocinar en equipo, de los entrenamientos de rescate, de la energía inagotable con la que enfrentaban cada día y de cómo, por un momento, había imaginado que su vida no tenía por qué limitarse a un aislamiento eterno. En su mente, la idea de entrenar para ser una heroína ya no sonaba como un imposible, sino como la puerta hacia la verdadera libertad.
Sin embargo, al otro lado de la pantalla, la expresión de su padre no cambió. Mantenía el rostro rígido, los brazos cruzados y la mirada fría de un hombre de negocios que solo veía números y riesgos.
—Suki, basta —interrumpió él con un tono tajante que cortó de golpe su entusiasmo.
La chispa en sus ojos se apagó al instante.
—Te envié a esa isla para garantizar tu supervivencia, no para que te dejes llevar por fantasías infantiles —dijo con voz helada y distante—. ¿Crees que el mundo de los héroes es un juego de convivencia? Tu Don no es una herramienta para salir a jugar a la justicia. Es un objetivo que los villanos más peligrosos del mundo desean arrebatarte.
Suki se quedó en silencio, sintiendo cómo se le formaba un nudo amargo en la garganta.
—Tu único deber es mantenerte a salvo, concentrarte en tus estudios y obtener tu título en administración para tomar el control de la compañía cuando llegue el momento —continuó, inflexibilidad pura en cada palabra—. No vas a salir de esa residencia ni vas a arriesgar tu vida en la U.A. Mi decisión es definitiva. Olvídate de esa idea y agradece que tienes los recursos para estar protegida.
La pantalla se apagó cuando él finalizó la llamada, dejando el estudio sumido en un silencio aplastante. Ella se quedó allí sentada, mirando el reflejo de su rostro desanimado en el cristal negro de la pantalla, sintiendo cómo las pocas esperanzas que había construido durante el día se derrumbaban por completo.
—Sí... padre... —susurró Suki bajando la mirada con tristeza al terminar la llamada.
Lo que no sabía era que, al otro lado de la puerta, la indignación de los chicos era total.
—Ese sujeto... —murmuró Midoriya en el pasillo, con los puños apretados tan fuerte que le temblaban los nudillos—. Tratándola solo como si fuera un activo o una heredera, sin importarle lo que ella realmente siente.
—Sé lo que es eso —intervino Todoroki en voz baja, mirando la puerta cerrada de la habitación con la mirada ensombrecida—. Que tu propio padre decida cuál es tu único propósito en la vida te hace sentir encarcelado, aunque estés en una mansión gigantesca.
No pasó mucho tiempo para que la Clase 1-A completa se reuniera en la sala principal. Cuando Midoriya y Todoroki les contaron lo sucedido, la reacción fue inmediata.
—¡Es un amargado de primera! —chilló Mina, indignada—. Suki-chan finalmente estaba sonriendo y abriéndose con nosotros... ¡No podemos dejar que se quede triste en su cama todo el día!
—Stomen-san necesita recordar que su vida es suya —declaró Iida con determinación, ajustándose las gafas—. Si su padre no puede ver el potencial y la alegría que hay en ella, nosotros le mostraremos de lo que es capaz el mundo del que quería formar parte.
—Bien, ¿y qué propones, cuatro ojos? —gruñó Bakugou, apoyado contra la pared con los brazos cruzados. Aunque ponía cara de fastidio, en su mente no había ni un solo pensamiento de rechazo—. ¿Vamos a ponernos a llorar con ella o qué?
—No —dijo Midoriya, levantando la cabeza con una chispa de inspiración en los ojos—. Le mostramos lo que es la U.A. Si ella no puede ir a la academia por ahora... nosotros le traeremos una demostración de lo que hacemos. Pero nada de combates pesados o peleas aburridas. Hagamos un espectáculo con nuestros Dones, algo divertido que la haga sonreír.
Durante toda la noche, mientras joven chica dormía profundamente ajena a todo, la residencia se convirtió en un centro de operaciones secretas. Uraraka y Mina prepararon decoraciones flotantes; Todoroki y Bakugou (tras una discusión bastante ruidosa que Aizawa tuvo que calmar) coordinaron efectos visuales combinando hielo, fuego y pequeñas explosiones de luz; e Iida con Momo diseñaron un circuito de exhibición en el jardín principal.
A la mañana siguiente, la luz del sol entró suavemente por la ventana de la chica. Al abrir los ojos, lo primero que notó sobre su mesa de noche fue una nota escrita a mano con la letra de Deku y una pequeña flor de hielo creada por Todoroki que no se derretía:
"Te esperamos en el jardín trasero. No te pongas los audífonos hoy, Stomen-san. Queremos que nos escuches."
Confundida pero curiosa, Suki salió de su habitación. En el vestíbulo, Kaminari, Mineta, Aoyama y Sato la esperaban para guiarla al exterior todos vistiendo una mezcla entre sus uniformes de educación física y sonrisas amplias.
—¡Buenos días, Suki-chan! —saludó Kaminari con un guiño alegre—. ¡Tranquila, no es nada peligroso! Solo síguenos.
—¡Es un evento de alta elegancia y resplandor pensado solo para ti! —añadió Aoyama acomodándose el cabello con un brillo dramático.
Al cruzar las puertas del jardín, encontró a los veinte estudiantes de la clase alineados con sonrisas radiantes. Al centro de todos, Midoriya dio un paso al frente con una amplia sonrisa.
—¡Bienvenida a la demostración oficial de Dones de la Clase 1-A! —anunció Izuku a viva voz, haciendo una reverencia—. Sabíamos lo mucho que te entusiasmaba saber sobre nosotros, así que decidimos traerte un pedacito de la U.A. aquí.
—¡Y sin discursos aburridos de directores ni exámenes escritos! —exclamó Mina levantando los brazos.
Uraraka hizo flotar pesadas rocas, Sero usó sus cintas para realizar impresionantes malabares, Aoyama y Toru crearon un espectáculo de luces brillantes.
—¡Miren esto! —gritó Kaminari liberando pequeñas chispas eléctricas entre sus dedos que encendieron un sistema de luces festivas hecho por Momo, aunque Jirou le conectó un Earphone Jack en el oído cuando amenazó con volverse tonto por usar demasiada electricidad.
Tokoyami y Dark Shadow hicieron una pequeña rutina teatral dramática en la sombra de un árbol junto a Shoji y Ojiro, mientras Koda llamaba a varias aves del bosque que volaron en círculos armónicos sobre el jardín. Tsuyu saltó ágilmente entre las ramas haciendo acrobacias imposibles que hicieron sonreír incluso a las sirvientas que observaban a lo lejos.
—¡Hora del postre y la fuerza bruta! —anunció Sato, ofreciéndole con elegancia un pastelito recién horneado antes de levantar una gran roca con Kirishima, quien endureció sus brazos para partirla en pedazos decorativos para el jardín.
En el clímax de la presentación, Todoroki y Bakugou dieron un paso al frente. Shoto levantó la mano y creó una majestuosa escultura de hielo que imitaba las picas y torres de un castillo, iluminada desde el interior por el calor de su lado izquierdo. Justo arriba, Bakugou saltó al aire impulsándose con explosiones precisas y sujetó la parte superior para rematar con destellos brillantes que hicieron detonar la nieve suelta como una cascada de chispas de colores.
—¡Más te vale estar prestando atención, enana! —rugió Bakugou al aterrizar de pie de forma impecable, aunque se notaba el esfuerzo que había puesto en que los fuegos artificiales no dañaran las plantas de la mansión.
Lo único que llenaba la mente de Suki era una ola colectiva de afecto, diversión, calidez y un deseo unánime de los veinte chicos por ver esa sonrisa sincera que solo le dedicaba a sus gatitas.
Midoriya se acercó a ella mientras las chispas de nieve helada caían suavemente a su alrededor, mirándola con ojos llenos de esperanza.
—Tu padre podrá decir lo que quiera sobre tu futuro, Stomen-san... —dijo Izuku en voz baja pero firme—. Pero hoy estás aquí, con nosotros. Y mientras estemos en esta isla, tú decides qué tan lejos quieres soñar.
—Gracias —dijo Suki levantándose de su asiento con una sonrisa radiante—. Sus Dones son maravillosos —añadió riendo levemente cuando Kaminari se resbaló de forma cómica sobre un trozo de hielo en el césped.
El tropezón de Kaminari no pudo haber tenido mejor sincronización. Al deslizarse torpemente sobre el parche de hielo de Todoroki, intentó recuperar el equilibrio haciendo aspavientos con los brazos, solo para terminar de espaldas sobre el césped suave mientras pequeñas chispas eléctricas le salían de las orejas y ponía su clásica cara de despistado con el pulgar arriba.
El sonido de su leve risa resonó en el jardín, transparente y genuino. Por un instante, el tiempo pareció detenerse para toda la Clase 1-A.
—¡A-Ah! ¡Se río! —exclamó Uraraka, llevándose las manos a las mejillas con los ojos brillantes de alegría—. ¡Mina, Jiro, vieron eso! ¡Se río!
—¡Valió totalmente la pena la caída! —dijo Kaminari desde el suelo, sonriendo como un tonto mientras Kirishima y Sero se acercaban entre risas a ayudarlo a levantarse.
—¡Te dije que tu centro de gravedad estaba mal colocado, Kaminari-kun! —regañó Iida moviendo los brazos en un ángulo perfecto de noventa grados, aunque en su rostro se dibujaba un alivio enorme al verte de buen ánimo.
Bakugou soltó un ligero bufido, desviando la mirada y cruzándose de brazos, pero la pequeña chispa de satisfacción en su mente era imposible de ocultar ("Hmp... al menos la enana rica ya no tiene esa cara de amargada").
Midoriya y Todoroki se acercaron a Suki. Izuku le miró con una sonrisa cálida, dejando que la brisa del mar revolviera su cabello despeinado, mientras Shoto deshacía la escultura de hielo para evitar más resbalones en el césped.
—Nos alegra mucho verte sonreír, Stomen-san —dijo Midoriya con sinceridad—. Todos los Dones tienen sus riesgos y responsabilidades, pero hoy quisimos mostrarte que también pueden traer alegría y unir a las personas.
—No dejes que las palabras de tu padre definan quién eres —añadió Todoroki con su habitual tono sereno, mirándola fijamente a los ojos—. Tus decisiones sobre tu futuro son solo tuyas. Si decides buscar la libertad y ser una heroína, siempre habrá un lugar para ti de este lado.
El último mes había pasado volando. Entre las explicaciones de Iida sobre las reglas de la U.A., las teorías interminables de Midoriya sobre el potencial del Don de Suki y las tardes compartidas en el jardín, esa mansión que antes se sentía como una prisión se convirtió en el único lugar donde la joven había experimentado la verdadera amistad.
En la terminal del aeropuerto privado, el murmullo de los motores de los jets comerciales se mezclaba con la brisa de la tarde. Los chicos de la Clase 1-A estaban reunidos con sus maletas listas. El último día por la tarde, un transporte vendría a buscar a Suki para trasladarla a su nuevo refugio, por lo que la despedida en el aeropuerto privado de la isla era inminente.
Suki observaba a los chicos cargar sus equipajes con el corazón oprimido.
—¿No pueden quedarse más tiempo? —preguntó Suki en un murmullo triste.
—Ojalá pudiéramos, Suki-chan... —admitió Uraraka con lágrimas contenidas.
—Nuestra misión oficial termina hoy, pero esta no es una despedida definitiva —prometió Midoriya con absoluta firmeza. Con su mochila sobre sus hombros se acercó a ella mirándola con una expresión llena de determinación y calidez, recortada por la luz dorada del atardecer que entraba por los ventanales.
—Así es —intervino Todoroki, ajustándose la chaqueta antes de mirarla a los ojos—. Ahora sabes de lo que eres capaz y lo que realmente quieres. El traslado que ordenó tu padre te llevará a un nuevo lugar, pero las decisiones sobre tu vida siguen siendo tuyas.
—¡Tch! ¡Deja de poner esa cara de derrotada, enana! —interrumpió Bakugou, pasando a la par de Suki para acomodar su equipaje con brusquedad. Se detuvo un segundo a su lado, sin mirarla de frente pero con una mueca de orgullo—. Más te vale no quedarte encerrada lamentándote. Si vas a pelear por tu libertad para entrar a la U.A., asegúrate de hacerlo bien. No pienso competir con alguien que se rinde tan fácil.
Momo y Mina le dieron un abrazo improvisado pero sincero, mientras Iida hacía una última reverencia militar de despedida.
Suki asintió en silencio y tomó una caja que le había pedido a Sam que preparara minuciosamente.
—Aquí hay dulces continentales y cápsulas de compresión especial; por favor, no vayan a presionar los botones de las cápsulas de forma descuidada o el contenido saldrá disparado —les advirtió la joven.
Uraraka y Mina ahogaron un grito de sorpresa al ver la elegante caja que le entregaban. Midoriya la recibió con ambas manos, sosteniéndola como si tuviera entre los dedos un tesoro de valor incalculable.
Al abrir la tapa, los veinte pares de ojos se iluminaron. De un lado descansaba una selección impecable de los mejores dulces y repostería fina que el chef de la mansión había preparado; del otro, perfectamente alineadas en terciopelo negro, destacaban varias cápsulas metálicas y brillantes de un tamaño diminuto.
—¡Increíble! —exclamó Midoriya mientras examinaba una de las cápsulas con fascinación pura—. ¡Es tecnología de reducción de materia por compresión! Las había leído en boletines de ingeniería, pero verlas en persona... ¡Suki-chan, esto es maravilloso!
—¡Espera, espera! —intervino Kaminari, alargando un dedo con la intención de presionar el botón superior de una de ellas—. ¿Qué pasa si le pico aquí ahora mismo? ¿Sale una casa, un auto, o...?
Antes de que rozara el metal, Bakugou le propinó un golpe certero en la nuca que resonó en todo el vestíbulo del aeropuerto.
—¡¿No escuchaste a la enana, pedazo de imbécil?! —rugió Bakugou, señalándolo con un dedo furioso—. ¡Dijo claramente que no presionáramos los botones aquí adentro o vamos a volar en pedazos la terminal! ¡Toca algo y te pulverizo!
—¡A-Ay! ¡Era solo curiosidad! —se quejó Kaminari sobándose la cabeza mientras Kirishima y Sero se aguantaban la risa a su lado.
Iida acomodó las gafas sobre su nariz con una solemnidad absoluta y se inclinó en una reverencia impecable de noventa grados.
—¡Aceptamos este gesto de inmensa generosidad con el mayor de los respetos, Stomen-san! —declaró Iida—. Me encargaré personalmente de que las cápsulas sean transportadas bajo estrictos protocolos de seguridad hasta los dormitorios de la U.A. No se activarán hasta estar en un entorno controlado.
—Gracias, Suki —dijo Shoto con su voz serena y tibia—. Nos servirá mucho en la residencia... especialmente para guardar el equipo de entrenamiento.
Las bocinas del aeropuerto emitieron la llamada final para el vuelo de la U.A. Aizawa, que hasta ese momento se había mantenido al margen con los brazos cruzados, dio un paso al frente y dedicó una inclinación de cabeza casi imperceptible pero cargada de respeto a Suki y los sirvientes de la familia Stomen.
—Es hora de irnos, niños —ordenó Aizawa con tono cansado, aunque sus ojos reflejaban satisfacción al ver el cambio en todos—. Cuídate, Stomen.
—¡Cuídense mucho! —les gritó Suki agitando la mano mientras los veía abordar el avión—. ¡Y sigan entrenando duramente para convertirse en los mejores héroes profesionales!
A pesar de la melancolía, Suki sentía que había ganado amigos valiosos. Sin embargo, mientras regresaba a la mansión en el automóvil blindado para recoger sus maletas finales, una potente explosión sacudió la carretera.
Eran los mercenarios de élite enviados por All for One para capturarla, comandados por un sujeto gigantesco y despiadado llamado Leohark (cuyo poder recordaba al temible Nine que se habían enfrentado los chicos meses antes) junto a sus secuaces. El retumbo de la detonación fue tan colosal que resonó hasta los ventanales de la terminal aérea donde el avión de la clase estaba por despegar.
El impacto de la onda expansiva hizo retumbar la estructura de cristal del aeropuerto. En la pista, las turbinas del transporte de la U.A. ya estaban al máximo de su potencia, pero el sacudón fue tan violento que el avión entero se meció sobre sus ruedas.
Un hongo de humo negro y fuego se elevó a lo lejos, justamente en la ruta que conectaba la carretera principal con la mansión.
Midoriya fue el primero en pegarse al ventanal del avión, sintiendo cómo se le helaba la sangre en las venas.
—¡Esa dirección...! —exclamó Izuku, con la voz quebrada por el horror—. ¡Es el camino por el que regresaba Stomen-san!
—¡¿Qué demonios fue eso?! —rugió Bakugou, soltando su maleta de golpe mientras las chispas comenzaban a brotar con furia de sus palmas—. ¡Esa onda de choque no fue una explosión común!
Aizawa reaccionó al instante, desenrollando las cintas de captura de su cuello con una expresión ensombrecida.
—¡Nadie baje de la nave hasta que…!
—¡SENSEI! —lo interrumpió Todoroki, con una frialdad absoluta en la mirada mientras su lado izquierdo comenzaba a soltar ráfagas de vapor—. All Might-sensei nos advirtió que la reubicación de Suki era porque la Liga de Villanos la tenía en la mira. Ese ataque fue directo a su transporte.
En la carretera, el panorama era desolador. El vehículo de Suki había quedado volcado y reducido a chatarra. Le dolía todo el cuerpo por la colisión, pero había logrado salir a rastras entre los fierros retorcidos, tosiendo por el humo.
A unos metros de ella, los guardias yacían inconscientes. Y no muy lejos de la vista de la chica, nota una figura imponente que emergió de la bruma.
Era un sujeto de complexión masiva, con una armadura oscura que canalizaba energía y tubos de soporte pegados a la espalda. A su alrededor, dos secuaces de aspecto amenazante destruían los restos de la escolta.
Leohark la miró desde la altura, desplegando un aura de opresión pura que le erizó la piel.
—Conque tú eres la valiosa chica que All for One quiere en sus manos... —retumbó la voz de Leohark, profunda y distorsionada, mientras en la palma de su mano se concentraba un vórtice de presión de aire y relámpagos púrpuras—. Es una lástima que tengas que venir por las buenas... o hecha pedazos.
Leohark levantó la mano, listo para lanzar una ráfaga devastadora que la pulverizaría en el acto. La chica no pudo evitar cerrar los ojos esperando el impacto, pero antes de que la energía pudiera tocarla...
—¡¡STOMEN-SAN!!
Un relámpago verde cruzó el cielo a una velocidad sobrehumana. Midoriya descendió con una patada cargada al Detroit Smash, haciendo colisionar su ataque directamente contra el vórtice de Leohark y generando una segunda onda expansiva que barrió con el fuego a su alrededor.
A su lado, un glaciar gigantesco de hielo se alzó como una muralla impenetrable, bloqueando el avance de los secuaces, mientras una ráfaga de explosiones ensordecedoras rasgaba la nube de humo.
—¡¡APÁRTATE DE ELLA, MALDITO BASTARDO!! —rugió Bakugou, cayendo del cielo impulsado por sus explosiones y colocándose en posición de combate justo frente de Suki, con la mirada encendida en furia pura.
Los veinte chicos de la Clase 1-A estaban allí, rodeándola en formación de batalla, con sus uniformes de heroés ondeando por el viento y las miradas fijas en Leohark.
—Te dijimos que no te dejaríamos sola —dijo Todoroki con voz firme, poniéndose a su lado mientras su hielo y fuego se encendían al mismo tiempo—. Esta vez, pelearemos juntos.
—¡Chicos...! —sonrió Suki con alivio al ver a toda la clase rodeándola defensivamente.
No obstante, la fuerza de Leohark era desmedida. El villano generó una onda expansiva que repelió a la mayoría de los estudiantes y, exasperado por la resistencia. El resto de la Clase 1-A yacía disperso por el camino, intentando ponerse en pie con los uniformes rasgados y el aliento agotado.
—¡Kacchan! ¡Todoroki-kun! —alcanzó a ahogar Izuku, intentando levantarse del suelo mientras las chispas verdes de su One For All parpadeaban débilmente en sus brazos.
Leohark ni siquiera los miró. Caminó entre los escombros del vehículo y, con un movimiento brutal de su mano blindada, sujetó a Sam por el cuello, levantando al anciano mayordomo en el aire como si no pesara nada. El aire comenzó a faltarle a Sam, quien pataleaba en vano mientras la presión en la mano del villano aumentaba paso a paso.
—¡Suéltalo! —grita Suki con el corazón en la garganta al ver horrorizada a su leal mayordomo en peligro
—Tienes una sola opción, niña —retumbó la voz helada de Leohark, mientras los tubos de su espalda brillaban con una energía púrpura ominosa—. Camina hacia mí y entrégate sin resistencia. Un solo intento de usar tu Don o un solo paso en falso de estos críos... y le romperé el cuello a tu fiel sirviente aquí mismo.
—¡S-Suki-chan... no lo hagas! —tosió Sam con voz ahogada, apretando el brazo del villano—. ¡Huye con los jóvenes héroes! ¡No dejes que... te atrapen!
—¡CÁLLATE! —gruñó Leohark, apretando más el agarre y haciendo que Sam soltara un gemido de dolor.
Pero el tiempo se agotaba. Leohark la miró fijamente desde la altura, esperando su respuesta mientras la vida de Sam se le escapaba por segundos.
El viento alborotaba su cabello mientras tomaba una decisión drástica.
—Chicos... gracias —dijo Suki mirando al grupo con ternura—. Fueron sumamente amables conmigo a pesar de lo mal que los traté al principio... No voy a permitir que mueran por mi culpa; ustedes tienen un futuro brillante por delante.
Suki caminó con determinación hacia el villano.
—¡SUKI-CHAN, NO! —el grito desgarrador de Midoriya rasgó el aire mientras intentaba estirar la mano desde el suelo, pero Leohark arrojó a Sam a un costado con violencia antes de sujetarla del brazo con la fuerza de un tornillo de acero.
—Deku... recuerda el juego de las escondidas del otro día —mencionó Suki con firmeza, confiando en su capacidad analítica.
La presión de la mano del villano la lastimaba, pero la chica mantuvo la mirada fija en Izuku. Sus palabras resonaron en su mente con la claridad de una revelación. Las escondidas. La cueva laberinto subterránea donde la habían encontrado la primera vez.
—¡No te atrevas, enana! —rugió Bakugou golpeando el suelo con furia, intentando levantarse—. ¡No te entregues!
Leohark soltó una carcajada profunda y triunfal mientras una plataforma de energía púpura se desplegaba bajo sus pies, elevándolos a ambos rápidamente hacia el cielo en dirección a la salida de la isla. Se alejabas de ellos, pero antes de perderla en las nubes, lo miró a todos una última vez y les dedicó una sonrisa serena y llena de gratitud.
En cuanto alcanzaron una altitud considerable sobre la costa de la isla, Suki aprovecharía la cercanía de los villanos, Leohark y sus secuaces se congelaron en pleno vuelo, con los ojos desorbitados y los músculos completamente paralizados por la frecuencia de su Don (Parálisis). El control de la plataforma de energía falló y todos cayeron en picada hacia la zona rocosa de la costa. La joven a duras penas pudo sobrevivir a ese golpe pero ignorando el dolor punzante de su cuerpo, corrió con todas sus fuerzas hacia la entrada oculta del laberinto subterráneo.
En el camino, Midoriya abrió los ojos de par en par mientras la comprensión iluminaba su rostro.
—¡Las escondidas...! —exclamó Izuku levantándose de golpe, con las chispas del One For All encendiéndose de nuevo a su alrededor—. ¡Ella no se rindió! ¡Nos dio una pista! ¡Está usando la red de cuevas debajo de la isla para ganar tiempo!
—¡Esa maldita enana nos tomó el pelo a todos! —gritó Bakugou con una sonrisa feroz abriéndose paso en su rostro cansado, mientras las explosiones volvían a detonar en sus palmas—. ¡Muevan el trasero, extras! ¡No vamos a dejar que vuelva a ganar en su propio juego!
—¡Rápido! —ordenó Todoroki, creando una rampa de hielo para que el grupo se movilizara hacia la costa—. ¡Debemos llegar a la entrada de la cueva antes de que el villano se recupere del trance!
Leohark y sus hombres se internaron en las grutas para darle caza. Mientras Suki avanzaba hacia una cavidad acuática subterránea, los chicos de la U.A. fueron interceptando y neutralizando a los secuaces uno a uno en los cruces del laberinto gracias al trabajo en equipo de Sero, Tsuyu, Tokoyami, Shoji e Iida.
De pronto, un disparo de cinta adhesiva cruzó la penumbra desde el techo, atrapando los brazos del secuaz y pegándolo con fuerza contra la pared de la cueva.
—¡Por aquí no vas a pasar, feo! —escuchaste la voz de Sero resonar en el eco del túnel.
—¡Stomen-san! ¡Sigue adelante, rápido! —exclamó Tsuyu, apareciendo en un salto ágil desde una repisa superior y sujetándola suavemente del brazo para ayudarla a mantener el equilibrio—. Nosotros nos encargaremos de bloquear este camino.
A través de la red de cuevas, los sonidos de la batalla comenzaron a multiplicarse:
• Túnel Este: Las ráfagas de aire de Shoji y Tokoyami interceptaban al segundo secuaz, utilizando la oscuridad de las profundidades para potenciar a Dark Shadow.
• Túnel Central: Iida y Kirishima avanzaban a máxima velocidad, derribando los soportes de piedra para sellar los accesos y evitar que los villanos se reagruparan.
Suki lograría llegar finalmente al borde de la cueva acuática. La luz de la luna se reflejaba en el agua cristalina del fondo, ofreciendo una vía de escape directa hacia la superficie exterior.
Pero justo encima de la entrada, la pared de roca explotó en mil pedazos.
Leohark emergió del humo con los tubos de su espalda brillando en un tono púrpura incandescente, bloqueando la salida con su enorme figura.
—Te encontré, niña —gruñó Leohark, levantando el puño para descargar una onda de choque directamente hacia ella.
—¡¡NADA DE ESO!! —un impacto combinado de fuego e impulsos verdes atravesó el techo de la cueva.
Todoroki levantó un muro de hielo gigante que desvió el ataque de Leohark hacia el techo, mientras Midoriya caía a toda velocidad con el One For All al máximo, colocándose justo entre el villano y Suki.
—¡Llegamos a tiempo, Suki-chan! —gritó Izuku, sin quitarle la mirada de encima a Leohark mientras Bakugou descendía a su lado con las manos cargadas de explosiones.
—¡Ve a la cueva acuática ahora mismo! —ordenó Bakugou con una sonrisa feroz—. ¡Nosotros terminaremos este juego aquí!
—¡Entendido! —respondió Suki.
La peli-oscura se lanzó a las aguas frías y nadó hacia una cavidad secundaria donde sabía que existía un terminal de emergencias de la mansión. Al salir a la superficie, activó el panel e hizo un llamado directo de auxilio a las agencias de héroes profesionales de la región.
—¡A todas las unidades! —habló con firmeza a través del micrófono del panel—. ¡Habla Suki Stomen desde el sector costero subterráneo de la isla! ¡Estamos bajo ataque de un grupo de villanos de alto riesgo liderados por Leohark! ¡La Clase 1-A de la U.A. los está interceptando en las cuevas, pero necesitan refuerzos de inmediato!
La señal parpadeó un segundo antes de que la voz de los operadores de la agencia respondiera con claridad:
—¡Mensaje recibido, Stomen-san! Las patrullas de héroes profesionales y los helicópteros de apoyo ya están en camino a tu posición. Mantén la cobertura, el perímetro será asegurado en menos de cinco minutos.
Al soltar el micrófono, la joven sinrió un enorme alivio recorrer su cuerpo. Miró hacia el túnel por el que había nadado, donde los destellos de luz de la batalla aún iluminaban el agua. La ayuda venía en camino; el plan había funcionado.
Sin embargo, una brutal explosión provocada por la energía de Leohark destruyó la pared rocosa, haciendo que Midoriya, Bakugou y Todoroki cayeran malheridos cerca de ella. Suki se aproximó de inmediato para auxiliarlos mientras Leohark caminaba hacia ellos con rostro sádico.
—E-Estamos bien, Suki-chan... —alcanzó a pronunciar Izuku, intentando levantarse con torpeza mientras las chispas verdes de su Don parpadeaban débilmente—. No te... acerques...
A través del agujero en la pared, la figura colosal de Leohark emergió entre el humo. Los tubos de su espalda chispeaban con un resplandor púrpura inestable y tenía marcas de quemaduras por toda la armadura, pero su mirada denotaba un fastidio peligroso. Había gastado demasiado tiempo y energía en un grupo de estudiantes.
—Ya me cansé de sus estúpidos juegos de niños —retumbó la voz de Leohark, caminando con pasos pesados y lentos hacia Suki—. Todos ustedes son una molestia insoportable.
Leohark levantó su brazo derecho, acumulando una cantidad aterradora de energía cinético-eléctrica en la palma de su mano, apuntando directamente hacia la chica y los chicos que yacían exhaustos en el suelo.
—Te llevaré inconsciente... y me aseguraré de que estos aspirantes a héroes no vuelvan a levantarse jamás.
—¡No voy a dejar que les hagas más daño! —exclamaría Suki, poniéndose de pie frente a los chicos y concentrando toda la energía telepática que le quedaba para bloquear los impulsos nerviosos del villano una última vez.
—¡Puede que ellos sean demasiado jóvenes... pero me han demostrado que tienen el valor de verdaderos héroes y que jamás se rendirán! —grité la joven con todas sus fuerzas.
Suki descargó una onda de parálisis cerebral tan intensa que hizo tambalear a Leohark.
—¡¡AHORA!! —grita Midoriya.
Con un esfuerzo sobrehumano, Izuku, Bakugou y Todoroki combinaron lo último que les quedaba de fuerza. Un choque triple entre el Detroit Smash, una detonación a máxima potencia de Bakugou y un pilar ascendente de hielo de Todoroki golpeó de lleno el pecho de Leohark. La fuerza del impacto fue tan devastadora que rompió el techo de la cavidad rocosa, catapultando al villano a través de metros de tierra hasta salir volando hacia la superficie exterior de la isla.
Salieron de la cueva tras él, encontrándose de nuevo bajo el cielo abierto. Leohark se incorporó con pesadez sobre el césped, jadeando y con la armadura echando humo. Pero al levantar la mirada, sus ojos se llenaron de furia al verse completamente rodeado.
Los otros diecisiete estudiantes de la Clase 1-A lo esperaban en formación perfecta sobre la colina. A sus pies yacían los dos secuaces restantes, completamente amarrados por las cintas de Sero y cuerdas creadas por Momo.
—Se acabó, villano —declaró Iida, dando un paso al frente con la mirada firme—. Tu equipo ha sido neutralizado y no tienes a dónde huir.
En ese momento, una figura saltó desde la cima del acantilado, aterrizando con elegancia y severidad frente al grupo. Aizawa, con su cabello flotando en el aire y sus ojos brillando en un rojo intenso, activó su Don de borrado. Los tubos de la espalda de Leohark se apagaron de golpe, cancelando toda la energía acumulada en su armadura.
—Llegan tarde, niños... pero hicieron un excelente trabajo manteniendo la línea —comentó Aizawa con tono seco, desenrollando sus cintas de captura con maestría—. El perímetro está asegurado y los héroes profesionales acaban de aterrizar en la costa gracias a la llamada de emergencia.
A lo lejos, el ensordecedor hélice de los helicópteros de la policía y las agencias de héroes comenzó a resonar sobre el mar. Leohark intentó dar un paso, pero las cintas de Aizawa lo envolvieron en un segundo, inmovilizándolo por completo contra el suelo.
Suki contempló la victoria con una sonrisa de alivio, pero en ese último instante, Leohark activó un dispositivo oculto proyectando un rayo láser directo a la espalda de Midoriya. Sin dudarlo un solo segundo, Suki corrió y empujó a Izuku, recibiendo el impacto directo en el abdomen.
El tiempo pareció congelarse en el campo de batalla. Un silencio absoluto aplastó el aire justo antes de que el cuerpo de Leohark fuera aplastado contra el suelo de forma definitiva por Aizawa y tres héroes profesionales que acababan de aterrizar.
—¡¡STOMEN-SAN!! —el grito de Midoriya desgarró el ambiente.
La pobre chica cae de rodillas sobre el césped, mientras el dolor punzante y abrasador le cortaba la respiración por completo. Sus manos intentaron presionar la herida, pero la sangre tibia ya comenzaba a manchar su ropa.
Izuku la sostuvo antes de que colapsaras contra la hierba, con los ojos abiertos de par en par, temblando descontroladamente mientras el horror se apoderaba de su rostro.
—¡No, no, no! ¡Suki-chan! —gritó Uraraka corriendo hacia la chica con las lágrimas brotando de sus ojos, mientras Momo creaba a toda prisa vendas de presión y material médico de emergencia.
—¡¡MÉDICOS! ¡TENEMOS UNA HERIDA DE GRAVEDAD! —ordenó Iida a todo pulmón hacia los helicópteros que acababan de posarse en el terreno, perdiendo por completo su compostura habitual.
Bakugou se quedó paralizado a un par de metros, con los puños apretados tan fuerte que sus nudillos estaban blancos. En su mente, por primera vez, no había orgullo ni rabia; solo un pánico ensordecedor ("No... la enana rica no... no después de todo esto...").
Todoroki se arrodilló al lado de Midoriya, aplicando un frío controlado alrededor de la herida para ralentizar el sangrado, su voz habitualmente serena ahora quebrada por la desesperación.
—Resiste, Suki... por favor, mantén los ojos abiertos —suplicó Shoto, sosteniendo su mano.
—¿Por qué... por qué lo hiciste...? —susurró Midoriya entre sollozos, apretando sus manos mientras los paramédicos corrían a toda velocidad hacia ellos con una camilla—. Tenías que salvarte tú...
Suki apenas podía mantener la vista enfocada, pero la calidez de sus manos y la sinceridad de sus pensamientos la acompañaban mientras la oscuridad empezaba a cubrir sus sentidos.
—Suena egoísta pero... —murmuró Suki con un hilo de voz— me alegra tanto verlos a salvo... No pienso morirme, ¿de acuerdo? —sonrió con debilidad.
Un silencio sepulcral rodeó a los paramédicos mientras la colocaban con extremo cuidado sobre la camilla de emergencias. Su leve sonrisa, contrastada con el hilo de sangre que corría por su barbilla, se quedó grabada en la memoria de cada uno de los chicos.
—¡Claro que no te vas a morir! —exclamó Uraraka, limpiándose las lágrimas con la manga de su uniforme mientras corría al lado de la camilla—. ¡Nos hiciste una promesa! ¡Dijiste que ibas a hablar con tu padre y que considerarías entrar a la U.A.!
Midoriya no le soltó la mano ni un solo segundo hasta que las puertas del helicóptero médico estuvieron a punto de cerrarse. Con la cara manchada de hollín y lágrimas, apretó sus dedos con una fuerza llena de convicción.
—Nos vemos en la U.A., Suki-chan —dijo Izuku con la voz entrecortada, pero dibujando una sonrisa firme entre el llanto—. No aceptaremos nada menos que eso. Esperaremos todo el tiempo que sea necesario.
—¡Más te vale recuperarte rápido, enana! —rugió Bakugou desde la pista, aunque no pudo sostenerle la mirada por más de un segundo mientras se cruzaba de brazos para ocultar cómo le temblaban las manos—. ¡No voy a dejar que te salgas con la tuya después de jugar a la heroína de esa forma!
—Descansa —añadió Todoroki con serenidad, observando cómo las hélices del transporte comenzaban a elevarse hacia el cielo despejado—. Nos aseguraremos de que tu padre entienda hoy mísmo que tu lugar no es estar encerrada.
Las puertas del helicóptero se cerraron finalmente. Mientras el equipo médico trabajaba a toda prisa para estabilizarla y colocarle la máscara de oxígeno, el rugido de los motores fue lo último que escuchó antes de perder el conocimiento.
Pasaron varias semanas. En los dormitorios Heights Alliance de la U.A., el ambiente entre los chicos de la Clase 1-A era algo sombrío debido a la falta de noticias sobre la salud de Suki. Una tarde, al regresar de un exhaustivo entrenamiento, los chicos entraron al área común y se quedaron petrificados.
Sentada en el sofá principal, leyendo tranquilamente un libro, se encontraba Suki.
—Vaya, llegan tarde —les dijo Suki regalándoles una franca sonrisa—. ¿Por qué me miran así? ¿Acaso vieron a un fantasma?
Uraraka soltó un chillido de emoción y corrió a abrazarla, seguida inmediatamente por el resto de la clase que la rodeó entre vítores y lágrimas.
—¡¡SUKI-CHAN!! —chilló Uraraka, apretándola con cuidado para no lastimar su abdomen—. ¡Estás aquí! ¡Estás viva y estás aquí!
—¡Cuidado con su herida, Uraraka! —advirtió Iida, aunque él mismo movía los brazos descontroladamente como un robot fuera de servicio mientras las lágrimas le empañaban los cristales de las gafas—. ¡P-Pero es maravilloso verte restablecida! ¡Bienvenida a los dormitorios de la Clase 1-A!
Midoriya se quedó completamente paralizado en la entrada. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante, pero esta vez eran de pura felicidad. Dio unos pasos temblorosos hacia la chica, mirando la cicatriz que se intuía bajo su ropa.
—Suki-chan... de verdad... de verdad estás bien —susurró Izuku con un nudo en la garganta, sonriendo de oreja a oreja—. No sabíamos si tu padre...
—Su padre intentó oponerse al principio —intervino la voz cansada de Aizawa desde la puerta, apareciendo con sus habituales gotas para los ojos en la mano—. Pero después del ataque de Leohark, los informes de la policía y la intervención de All Might, no tuvo más remedio que ceder. La U.A. es el único lugar con la seguridad suficiente para protegerla. Además... la joven Stomen dejó muy claro lo que quería.
Momo y Mina se acercaron para abrazarla también, mientras Kaminari y Sero daban saltos de alegría alrededor del sillón. Jirou la saludó con un gesto amable y una sonrisa cálida, mientras Tokoyami y Dark Shadow hacían una pequeña reverencia.
Todoroki se acercó a paso lento, observándola con su habitual serenidad, aunque la curvatura suave de sus labios delataba su alivio genuino.
—Me alegra ver que te recuperaste —dijo Shoto suavemente—. Te dijimos que habría un lugar para ti aquí.
En la parte trasera del grupo, Bakugou chasqueó la lengua y tiró su maleta de entrenamiento al suelo con un golpe seco. Se cruzó de brazos y desvió la mirada hacia el techo, pero la ligera mueca de satisfacción en su rostro era imposible de ocultar.
—Tch. Te tardaste demasiado, enana rica —gruñó Bakugou, aunque sin un solo rastro de enfado real en su tono—. Más te vale estar lista para entrenar, porque no voy a tenerte consideraciones solo porque estuviste en el hospital.
—En realidad, estudiaré el curso de negocios aquí en la U.A. —les explicó Suki con los ojos brillantes—. Me dijeron que hay un departamento excelente para ello. Tal vez no esté en el frente de batalla como héroe, pero estaré con ustedes en esta academia hasta nuestra graduación.
Un murmullo de sorpresa recorrió la sala común, pero rápidamente se transformó en una ola de entusiasmo aún mayor.
—¡El Curso de Negocios! —exclamó Midoriya, abriendo los ojos de par en par antes de sonreír con genuino entusiasmo—. ¡Eso es increíble, Suki-chan! La sección de negocios de la U.A. es de las mejores del país. Ellos se encargan de la gestión de agencias, el marketing de héroes y la logística de eventos. ¡Estarás justo en el corazón de todo!
—¡Eso significa que serás la mente brillante detrás de nosotros! —dijo Uraraka dándole un apretón suave a sus manos, radiante de felicidad—. ¡Imagínate! Podrías manejar nuestras futuras agencias o ayudarnos con nuestros contratos cuando nos graduemos.
—¡Una estratega y gestora de alto nivel viviendo en nuestro propio dormitorio! —añadió Iida acomodándose las gafas con orgullo y haciendo una reverencia formal—. ¡Es un honor y una adición excepcional para la residencia Heights Alliance!
Momo asintió con elegancia, sonriéndo con calidez.
—El mundo de los héroes no solo se sostiene con batallas, Suki —comentó Yaoyorozu—. La gestión, la administración y la estrategia son fundamentales. Tenerte en ese departamento nos da mucha tranquilidad.
—Hmp —intervino Bakugou, caminando hacia el elevador para ir a su habitación, aunque se detuvo un segundo a mirarla de reojo por encima del hombro—. Con tu carácter y lo obstinada que eres, vas a terminar siendo la jefa de más de uno aquí. Asegúrate de no arruinar nuestras finanzas, enana.
—¡Oye, Bakugou! ¡Eso sonó casi como un cumplido! —se burló Kaminari, recibiendo solo una mirada asesina del chico de las explosiones antes de adentrarse al elevador y desaparecer.
Todoroki le miró tranquilamente, cruzándose de brazos con una expresión serena.
—No importa qué curso hayas elegido, Suki. Lo que importa es que estás aquí por tu propia voluntad y que vas a construir tu propio camino.
Suki rió con ganas.
—Oigan... ¿y si cocinamos algo juntos? —propuso poniéndose de pie—. ¡Vamos!
—¡Eso suena increíble! —exclamó Sato entusiasmado.
—¿Qué les parece si preparamos un gran curry? —añadió Suki mientras caminaban hacia la amplia cocina.
—¡Eso suena como una gran idea! —exclamó Sato, dando un paso al frente con una amplia sonrisa—. Como el encargado oficial de los postres aquí, declaro la cocina abierta.
—¡Siii! ¡Fiesta de cocina para celebrar que Suki está de vuelta! —festejó Mina levantando los brazos, mientras Uraraka y Kaminari ya corrían hacia la barra para ponerse los delantales.
—Esperen un momento —intervino Iida, moviendo los brazos en su clásico ángulo de noventa grados mientras caminaba apresuradamente hacia el refrigerador—. ¡Debemos organizar esto de manera eficiente e higiénica! Propongo dividir el trabajo en tres estaciones: preparación de ingredientes, cocción y repostería. ¡Nadie empieza sin lavarse las manos!
—Tranquilo, Iida-kun —dijo Midoriya entre risas, poniéndose un delantal verde mientras se acercaba a Suki—. ¿Qué tienes en mente preparar, Suki-chan? Momo y los demás hicieron unas compras grandes ayer, así que tenemos de todo.
Momo comenzó a coordinar a los chicos para sacar las ollas y sartenes más grandes, mientras Tsuyu y Jirou limpiaban la mesa central. Incluso Todoroki se acercó a la barra, ofreciéndose serenamente a usar su lado derecho para congelar bebidas o enfriar postres en tiempo récord.
En la esquina del salón, Bakugou caminaba hacia la cocina a paso lento, refunfuñando entre dientes pero amarrándose un delantal negro alrededor de la cintura con absoluta destreza luego de enterarse que iban a cocinar.
—¡Apártense, pedazo de inútiles! —ordenó Bakugou, apartando a Kaminari de la tabla de picar y tomando un cuchillo con una velocidad y precisión impecables—. Si vamos a comer, lo haremos bien. ¡No voy a dejar que arruinen los ingredientes con sus picados deformes!
—¡El chef Bakugou entra en acción! —se burló Sero, esquivando hábilmente una mirada asesina del rubio.
Al cabo de una hora, la mesa principal de los dormitorios de la Clase 1-A estaba rodeada por los veinte estudiantes y por la nueva integrante de la UA. Entre platos humeantes de curry recién hecho, risas escandalosas, bromas sobre quién comía más rápido y la calidez incondicional del nuevo hogar para Suki, pero esto solo era el comienzo de la vida de Suki dentro de U.A.
FIN








