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Por contrato, cariño

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Summary

Hailey nunca quiso una relación seria. Logan jamás imaginó casarse con alguien como ella. Pero una promesa entre sus padres termina uniéndolos en un matrimonio por contrato durante un año. Lo que comienza con reglas, discusiones y cero romance poco a poco se convierte en algo mucho más difícil de controlar. Después de todo, enamorarse nunca estuvo en el contrato.

Status
Ongoing
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Una cena completamente normal

Hailey sabía que algo estaba mal desde que su padre le pidió que llegara puntual.

Su padre jamás llegaba puntual a ningún sitio.

Una vez había llegado cuarenta minutos tarde a su propia fiesta de cumpleaños y luego había culpado al tráfico.

La fiesta era en su casa.

Por eso, cuando recibió el mensaje:

Cena. 7:00 p. m. Ponte bonita. Es importante.

Hailey respondió:

¿Qué tan bonita? Porque tenemos limitaciones genéticas.

La respuesta llegó inmediatamente.

Haz lo que puedas. Yo tampoco tuve suerte y conseguí esposa.

Hailey sonrió.

Al menos seguía siendo él.

A las siete y doce entró al restaurante.

Su madre fue la primera en verla.

—Llegas tarde.

—Doce minutos no cuentan.

—Tu padre lleva veinte años diciéndome lo mismo.

Hailey besó su mejilla.

Después miró la mesa.

Sus padres no estaban solos.

Había otro matrimonio con ellos.

Y un hombre.

Hailey se detuvo.

Ah.

Ese debía ser Logan.

Había escuchado aquel nombre cientos de veces.

El hijo de Richard.

Su padre hablaba de Richard como si fuera su segundo matrimonio.

Socios desde jóvenes.

Mejores amigos.

Viajes.

Negocios.

Historias que Hailey había escuchado tantas veces que podía contarlas ella misma.

Sin embargo, nunca había conocido a su hijo.

Y aquello era una lástima.

Porque Logan era…

Hailey inclinó ligeramente la cabeza.

Ridículamente atractivo.

Cabello oscuro.

Mandíbula definida.

Traje perfectamente ajustado.

Y una expresión que indicaba que preferiría estar haciéndose una colonoscopia antes que sentado en aquella mesa.

Perfecto.

Por lo menos tenían algo en común.

—Hailey —dijo su padre—. Finalmente.

Ella lo miró.

—Te dije que haría lo que pudiera.

Su padre la observó de arriba abajo.

—Bueno.

—No termines esa oración.

Richard comenzó a reír.

—Me cae bien.

—Es porque todavía no la conoces —respondió su padre.

—Papá.

—¿Qué? Te quiero muchísimo. Eso no significa que tenga que mentir.

Hailey tomó asiento.

Logan la observaba.

No parecía impresionado.

Ella tampoco esperaba que lo estuviera.

Había aprendido hacía mucho tiempo que no era la mujer que hacía que los hombres chocaran contra postes por mirarla.

Su padre decía que eso era positivo.

Menos demandas.

—Logan —dijo Richard—, ella es Hailey.

—Hola.

—Hola.

Eso fue todo.

Hailey miró a su padre.

—¿Ya puedo comer?

—Primero vamos a hablar.

Mala señal.

—Podemos hablar mientras como.

—Es importante.

Peor señal.

Las madres intercambiaron una mirada.

Hailey la vio.

—Mamá.

—Yo no tuve nada que ver.

—Ni siquiera he preguntado.

—Me estoy adelantando.

Hailey miró lentamente a su padre.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

Richard soltó una carcajada.

—Todavía.

El padre de Hailey le dio una patada debajo de la mesa.

—Cállate.

Logan se acomodó en la silla.

—¿Alguien puede explicar por qué estamos aquí?

—Exactamente —dijo Hailey—. Porque dejé una serie por esto.

Su padre respiró profundamente.

—Richard y yo hemos estado hablando.

—Eso nunca ha producido nada bueno —dijo la madre de Logan.

Richard la miró.

—Gracias por el apoyo, cariño.

—Te conozco desde hace treinta años.

—Precisamente.

El padre de Hailey levantó una mano.

—¿Podemos concentrarnos?

Todos guardaron silencio.

Él sonrió.

Hailey conocía esa sonrisa.

Era la misma que ponía antes de decir alguna estupidez.

—Queremos que ustedes dos se casen.

Silencio.

Hailey miró a Logan.

Logan la miró.

Ella esperó.

Él esperó.

Entonces Hailey comenzó a reír.

Logan también.

Richard y su padre permanecieron completamente serios.

La risa de Hailey desapareció primero.

—No.

Su padre parpadeó.

—Ni siquiera expliqué.

—No necesitas.

Logan se inclinó hacia delante.

—¿Esto es en serio?

—Completamente —respondió Richard.

—Papá.

—Escúchame.

—No.

—Logan.

—No.

Hailey señaló a Logan.

—Estoy con él.

Logan la miró.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo imaginé.

Los padres se miraron.

Richard sonrió.

—Mira eso.

El padre de Hailey asintió orgulloso.

—Ya están de acuerdo en algo.

—¡En no casarnos! —dijeron ambos al mismo tiempo.

Los padres chocaron las copas.

Hailey abrió la boca.

—¿Qué demonios está pasando?

Su madre bebió vino.

—Llevo toda la semana preguntándome lo mismo.

La explicación fue todavía peor.

Sus padres habían construido sus empresas prácticamente juntos.

Habían compartido inversiones, propiedades y proyectos durante décadas.

Y aparentemente, en algún momento entre una botella de whisky y una crisis de mediana edad, habían decidido que sería maravilloso que sus familias quedaran oficialmente unidas.

—Es romántico —dijo Richard.

—Es perturbador —corrigió Logan.

—Además —continuó el padre de Hailey—, queremos que algún día ustedes continúen nuestro legado.

Hailey levantó una mano.

—Pregunta.

—Sí.

—¿Por qué el legado requiere que me acueste con su hijo?

Su madre se atragantó con el vino.

Richard comenzó a toser de la risa.

Logan cerró los ojos.

El padre de Hailey parecía horrorizado.

—¡Hailey!

—Estoy intentando entender la logística.

—Nadie está hablando de acostarse con nadie.

Richard levantó un dedo.

—Bueno, eventualmente sería conveniente si queremos nietos.

—Richard —dijo su esposa.

—¿Qué?

Logan se levantó.

—Me voy.

Su padre lo agarró por la manga.

—Siéntate.

—Tengo veintisiete años.

—Entonces puedes sentarte sin hacer berrinche.

Hailey miró a Logan.

—Tu papá también te trata como si tuvieras doce.

—Estoy descubriendo que tenemos muchas cosas en común.

—Esto empieza a preocuparme.

—Un año —dijo finalmente el padre de Hailey.

Ella dejó de jugar con el tenedor.

—¿Qué?

—Cásense durante un año.

Logan soltó una risa seca.

—Eso no mejora absolutamente nada.

—Escuchen primero.

Richard colocó las manos sobre la mesa.

—Un año. Viven juntos. Se presentan públicamente como matrimonio. Asisten a los eventos familiares y empresariales necesarios.

—¿Y después? —preguntó Hailey.

—Si después de doce meses siguen convencidos de que esto fue la peor idea de nuestras vidas, se divorcian.

—¿Y ustedes dejan de molestarnos? —preguntó Logan.

Los padres se miraron.

—Sí.

Hailey entrecerró los ojos.

—Eso fue demasiado rápido.

—¿Qué?

—Ustedes están planeando algo.

—Claro que no.

—Papá, aprendí a mentir viéndote negociar.

Su madre levantó la copa.

—Eso es cierto.

—¿De qué lado estás? —preguntó él.

—Del entretenimiento.

Hailey volvió a mirar a Logan.

Él también la observaba.

Era atractivo.

Muchísimo.

Pero tenía cara de ordenar los calcetines por color.

Ella podía soportarlo durante una cena.

Un año parecía una violación de derechos humanos.

—No —dijo Hailey.

—No —repitió Logan.

Los padres sonrieron.

Eso fue inquietante.

—Perfecto —dijo Richard.

Hailey frunció el ceño.

—¿Perfecto?

—Sí.

El padre de Hailey tomó tranquilamente su copa.

—Sabíamos que dirían que no.

Logan se quedó inmóvil.

—¿Qué hicieron?

—Nada.

—Papá.

—Nada ilegal.

—Eso no me tranquiliza.

Richard sacó dos carpetas negras y las colocó sobre la mesa.

Una frente a Logan.

Otra frente a Hailey.

Ella no la tocó.

—¿Qué es eso?

Su padre sonrió.

—La razón por la que van a reconsiderarlo.

Hailey miró la carpeta.

Después a Logan.

Él parecía igual de desconfiado.

—Te propongo algo —susurró ella.

—¿Qué?

—No importa lo que haya ahí dentro, no aceptamos.

Logan extendió la mano.

—Trato.

Se estrecharon las manos.

Los padres volvieron a chocar sus copas.

Hailey los miró.

—Dejen de hacer eso.

—Perdón —dijo su padre.

No parecía arrepentido.

Hailey abrió la carpeta.

Leyó la primera página.

Su sonrisa desapareció.

—Papá.

Logan abrió la suya.

—No puede ser.

Richard tomó tranquilamente un sorbo de whisky.

—¿Qué decían hace un momento?

Hailey levantó la mirada.

Su padre sonreía.

—Bienvenidos a las negociaciones, niños.

Hailey volvió a mirar los documentos.

Después miró al hombre con el que acababa de prometer que jamás se casaría.

Logan hizo exactamente lo mismo.

Habían tardado menos de una hora en conocerse.

Y sus padres ya estaban intentando organizar su divorcio.

El matrimonio ni siquiera había comenzado.

Y Hailey ya quería matar a toda la familia.

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