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PLAY DIRTY ━━ JEON JUNGKOOK

Summary

❝La estrella del fútbol y cotizado embajador de Calvin Klein, Jeon Jungkook, cae ante la tentación de Kim Taehee, una joven modelo que resulta ser la intocable hermana menor de su mejor amigo y compañero de equipo.❞ Historia escrita en colaboración con: @MACJK_97 Hermosa portada, banner y separador creados por: @sooryux • Heterosexual • Contenido explícito • Lenguaje vulgar Historia de nuestra completa autoría. No se aceptan copias ni adaptaciones.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
5.0 (2 reviews)
Age Rating
18+

O1 | FASHION WEEK

JEON JUNGKOOK

El maldito sonido de la alarma taladra directo al centro de mi cráneo, perforando mis neuronas una por una.

Mis dedos no responden, mi brazo no se mueve, y por un segundo horrible y confuso creo que estoy paralizado, que tal vez la resaca me ha dejado vegetal, que esto es el fin de mi carrera y de mi vida tan maravillosa, pero cuando logro forzar mis párpados a separarse, la claridad que entra por los ventanales me fulmina la retina mientras mi cabeza palpita con cada latido de mi corazón.

Ah, mierda...

El primer movimiento de mi cuello me regala el espectáculo de un cabello castaño, una espalda desnuda que sube y baja con una respiración tranquila, y cuando giro la cabeza al otro lado, me encuentro también con una rubia que tiene una pierna enredada alrededor de mi cintura como si yo fuera su maldito oso de peluche gigante. Entonces los recuerdos vuelven en explosiones de imágenes, sonidos y sensaciones que mi cuerpo recuerda mucho mejor que mi mente.

La Black Orchid Charity Gala... qué nombre tan pretencioso para una noche que me dejó aquí, entre dos mujeres que no recuerdo cómo se llaman, en mi propia cama, con el pene adolorido y la mandíbula temblorosa.

Y aunque quiero maldecir a Liam por haberme dejado solo para perseguir a una modelo, a Adrián, el capitán, por marcharse temprano porque su esposa está esperando a su tercer hijo, y a todo el equipo de Kensington United por no tener compasión de mi alma el día después de una gala benéfica, medio sonrío al recordar a la rubia montándome con desesperación —el movimiento de sus caderas buscando algo que yo le daba con cada embestida hacia arriba—, y a la castaña, sentada en mi cara con sus muslos a ambos lados de mis oídos, el sabor de ella en mi lengua hundiéndose en su interior mientras mis manos sujetaban sus caderas con fuerza.

Tuve a una en mi pene y a otra en mi boca, las dos gimiendo, temblando y suplicando por más.

Y después... vacío.

Pero el recuerdo de esos cuerpos, de ese olor, de ese sabor, mantiene mi sonrisa por un segundo más.

Vale la pena la resaca.

La alarma vuelve a sonar y ellas se remueven soltando quejidos, así que, al reaccionar, tiro de mis brazos, liberándome de sus cabezas con un movimiento tan violento que las despierta de golpe, haciéndolas soltar exclamaciones de sorpresa y protesta.

—¡Jungkook, qué bruto!

Mi respuesta sale en un gruñido mientras aparto la sábana y paso por encima de la rubia, aplastándola por accidente. O quizás no tan por accidente. Su cuerpo suave y desnudo se convierte en mi trampolín para salir de la cama, pero cuando mis pies desnudos golpean el suelo, el dolor sube por mis piernas.

—Las dos deben marcharse ahora.

La castaña mira su teléfono y su grito me hace apretar los dientes.

—¡Pero si apenas van a ser las siete!

Mis dedos se hunden en mis sienes porque la presión es insoportable.

—Tengo entrenamiento y se me hace tarde, así que...—hago un gesto vago con la mano hacia la puerta—, ambas vístanse y lárguense.

Me doy la vuelta y camino al baño, pero mis piernas tiemblan mientras siento sus miradas en mi espalda.

—No seas tan grosero, Jungkook —pide la rubia con un tono mimado que me hace apretar los puños—. Podríamos repetirlo...

—Otro día —miento sin mirar atrás.

Entro al baño dirigiéndome a la ducha y el agua fría que abro sin pensarlo dos veces me eriza la piel, los músculos se me tensan mientras un jadeo escapa de mis labios porque está demasiado fría al punto que mi cuerpo se arquea hacia atrás como si pudiera escapar de la sensación.

Pero el agua fría es un castigo justo que me recuerda que no puedo hacer esto todas las noches, que mi cuerpo tiene límites aunque mi ego se niegue a reconocerlos.

Salgo de la ducha minutos después con la toalla enrollada en las caderas y el agua aún goteando por mi espalda, comprobando con una mezcla de alivio y vacío, que ambas se han ido. La cama está vacía, con las sábanas revueltas y manchas sospechosas. Y, por un momento, me pregunto si debería sentir culpa, vergüenza o arrepentimiento por cómo actué con ellas después del increíble sexo de la noche anterior.

Cuando ya estoy listo, y tras tomarme una pastilla para el dolor de cabeza, agarro mi pequeño bolso que me cuelgo cruzado. Salgo de la casa y me dirijo al garaje donde tengo mi motocicleta BMW M 1000 RR roja. Me pongo el casco y el trayecto hasta el centro de entrenamiento en las afueras de Londres se convierte en un túnel de asfalto y paisajes borrosos que apenas registro.

Aparco entre los autos de lujo, reconociendo sin esfuerzo el Mercedes de Taehyung y el Lamborghini Urus de Eunwoo, porque claro que están aquí, que llegaron temprano y soy el único que no puede controlar sus instintos una noche y la resaca.

Al entrar muestro una cara de pocos amigos, porque no tengo energía para fingir simpatía, no tengo energía para nada que no sea caminar y asegurarme de que mi cabeza no explote antes de llegar al casillero. Al llegar a este, dejo el bolso con cuidado, cierro la puerta y me dirijo al comedor con lentitud, deseando que el suelo se abra y me trague.

El comedor me recibe con el murmullo constante de conversaciones que no me interesan. Como tengo el estómago a la defensiva, me limito a prepararme un batido proteico y a servirme un bowl pequeño de yogur griego con plátano y avena, nada demasiado pesado, antes de buscar una mesa con la mirada. Termino sentándome en un sitio libre al lado de Taehyung y enfrente de Adrian Moreau, ese capitán francés de mierda que siempre me mira como si yo fuera un problema que resolver.

Taehyung está de buen humor, porque él siempre lo está, hasta me enseña su sonrisa cuadrada que le derrite el corazón a todo el mundo menos a mí cuando tengo resaca.

—¿No vas a saludar, Jungkook? —pregunta medio divertido, provocando que me den ganas de tirarle el bowl a la cara, pero mi mirada se fija en Adrian, en sus ojos claros que me observan con esa intensidad seria que me eriza la piel aunque no quiera admitirlo.

—¡Sí! Llegué un poco tarde, lo acepto, ¿contento? —gruño, por lo que Adrian inclina la cabeza apenas lo suficiente para que se note que no está impresionado.

—Diez minutos, Jungkook.

—Había tráfico.

—Te ves fatal.

—Me duele un poco la cabeza, nada que no se me pase —aseguro, haciendo un esfuerzo consciente por no armar un escándalo. Adrian me mira un segundo más antes de asentir y volver a beber su batido, por lo que el alivio me invade.

Eunwoo y Taehyung, benditos sean, comienzan a conversar sobre el partido de un equipo que jugó ayer, así que me concentro en mi desayuno, en masticar y tragar sin sentir el sabor de nada. Cuento los segundos que pasan hasta que me sienta mejor, hasta que el maldito entrenamiento termine y pueda volver a casa a dormir hasta el día siguiente

(…)

El almuerzo fue un asco total y ahora siento la mirada de Adrián clavada en mi espalda mientras hacemos círculos con la cadera. El frío del gimnasio se cuela por mi cabeza, logrando calmar un poco el dolor de la resaca. Del otro lado se encuentra Namjoon observándonos, aunque minutos antes había estado conversando con el capitán, y ambos miraban en mi dirección.

Ya veo venir el sermón de casi todos los días, porque disfruto de la vida de una manera poco profesional, recalcando que debo cuidar mi reputación, en especial, en el ámbito femenino.

—¡Dos minutos de descanso y seguimos con el entrenamiento! —grita nuestro capitán, por lo que suspiro de alivio.

En cuanto Liam notó que me acosté un momento, corrió a mi lado, pateando mi tobillo por diversión. Con tan solo verlo, sabía la razón por la que se acercaba.

—¡Se nota que pasaste una noche increíble con esas dos bellezas! —exclama con picardía.

Lo miré con molestia. Estos dos minutos de descanso los quiero para olvidar todo y asimilar que me espera un fuerte regaño por parte del capitán del equipo y de Namjoon, el DT. Pero, desgraciadamente, tengo que soportar las burlas e insistencias de aquel rubio.

—No estés molestando ahora, no estoy de humor para soportar tus tonterías.

Pero al parecer, poco le importa mi tranquilidad, pues comienza a preguntarme que tan bien cogían la pareja que llevé a mi casa, ya que a él no le fue tan bien como esperó.

—¡Te tengo envidia, hermano! Yo ni siquiera pude verle las tetas operadas que traía —chasquea la lengua—. Se sintió ofendida al verme coquetear con una morena que pasaba a nuestro lado cuando íbamos por mi auto.

No pude evitar reír, ya que Liam es tan predecible a veces, casi puedo confirmar que somos tal para cual en lo que respecta a las mujeres, pero soy aún peor. Estoy abierto a meterme con cada mujer hermosa de piernas largas que se atraviese en mi vista.

—Será porque eres un idiota.

—Yo no soy el que sufre en el entrenamiento por beber y coger toda la noche después de esa gala.

Lo miro con molestia y me levanto del tapete donde estaba acostado. No quiero escucharlo ni un minuto más, mi paciencia se va a acabar en cualquier momento y no quiero formar una pelea innecesaria solo por las insistentes bromas de él. El silbato se hizo sonar y continuamos con la rutina de glúteos.

Con los minutos el dolor pasó, así que tan solo quiero que esto termine para poder tomar un largo baño e irme a casa. El sudor recorre todo mi cuerpo como si hubiese corrido un maratón bajo la lluvia, la camiseta se pega a mi pecho y mi respiración es más agitada de lo normal por los ejercicios físicos que hago, cada uno con una duración de diez minutos que ahora odio, pero que me hacen olvidar.

Correr, jalar la cuerda, agilizar los pases y, ahora calentamos para ir a la cancha a jugar un partido entre nosotros.

—Necesito hablar contigo, Jeon —menciona Namjoon a mi lado, mientras observa a los demás que siguen calentando.

—Ya lo estás haciendo.

—Te lo preguntaré de nuevo, ¿actuarás como un profesional por una maldita vez en tu vida? —lo ignoro y sigo con la tercer serie—. ¡Estoy hablando en serio Jungkook! No solo eres tú la imagen de este equipo, también tus amigos forman parte. ¡Reacciona, por Dios!

Al terminar de hacer mis series, me levanto de un salto y quedo frente a él. Soy consciente de mis aventuras y de la manera en que me comporto desde que fui seleccionado para ser el delantero en este equipo de fútbol, sé cómo mi fama fue creciendo por las habilidades que poseo, pero por mi ego y orgullo, jamás reconocería mis errores.

Este soy yo y punto.

—Hablemos después de que me duche, por favor, Kim.

No esperé respuesta y troté junto a Eunwoo, ya que necesito refrescar mi mente para soportar más de los reclamos que Namjoon me haría.

Observé que los demás ya iniciaron con la práctica de velocidad y cambio de dirección. Taehyung trota desde su lugar, por lo que me acerqué a él antes que Liam.

—Necesito que me ayudes —susurro para que solo él me escuche—. Estoy seguro que Namjoon me hará bastantes reclamos por llegar tarde.

El castaño niega divertido y asiente.

—Ya me debes muchas, Jungkook.

—Lo sé, lo sé. Pero ayúdame, ¿sí?

Este entrenamiento fue más duro de lo esperado, por lo que estoy seguro que es por mi culpa, pero afortunadamente, ninguno se quejó. Terminamos bastantes sudados, nuestras camisetas e incluido los shorts deportivos, parecían impregnarse en nuestros cuerpos como una segunda piel.

Apesto.

Tomo mi botella de agua y bebo todo con urgencia de hidratación.

Caminamos hacia la zona principal del vestuario, donde los casilleros de madera en negro mate brillan bajo la luz, cada uno con su nombre grabado en una placa dorada. Abro la puerta con un tirón seco para sacar mi bolso con la ropa limpia que dejé preparada, y comienzo a desnudarme sin ningún tipo de pudor. Aquí todos lo hemos visto todo, así que no hay espacio para la modestia cuando compartes vestuario con veinte tipos sudorosos que han pasado las últimas dos horas corriendo, gritando y maldiciendo en distintos idiomas, aunque al final el inglés sea nuestro idioma común.

La camiseta húmeda se despega de mi pecho con un sonido asqueroso y la arrugo entre mis manos antes de lanzarla al cesto de la ropa sucia. Al quedar completamente desnudo, siento el aire frío del vestuario sobre mi piel caliente mientras que a mi alrededor veo a mis compañeros, cómo la mayoría se enrolla la toalla en las caderas, pero yo prefiero colgármela al hombro, dejando que el aire seque la humedad de mi cuerpo mientras camino hacia el fondo. Allí se abre un espacio amplio con duchas individuales, pero sin puertas ni privacidad, solo azulejos blancos y cabezales de donde el agua cae desde lo alto.

Abro una ducha y dejo que el agua golpee mi cabeza, mi nuca, mi espalda, mientras un jadeo de satisfacción escapa de mis labios porque el calor penetra en mis músculos tensos y los obliga a relajarse, a soltar toda la tensión acumulada durante el entrenamiento, por lo que cierro los ojos.

El sonido de pasos descalzos sobre los azulejos me anuncia la llegada de más compañeros. Cuando abro los ojos, veo a Taehyung en la ducha a mi derecha y a Eunwoo en la de mi izquierda. Ambos comienzan a conversar con los demás mientras me mantengo al margen, dejando que el agua caiga y que sus voces se conviertan en un murmullo de fondo, hasta que la conversación gira hacia lo de siempre en este vestuario.

Mujeres.

Y, por supuesto, el pobre Liam se convierte en el blanco perfecto de todas las bromas porque anoche no pudo concretar con la modelo, y el imbécil de Santiago Vega, ese argentino insoportable que llegó al equipo hace dos años y todavía no ha aprendido a callarse, se encarga de hacer los comentarios más pesados, los que hacen reír a la mayoría, pero a mí solo me dan ganas de torcerle el cuello.

Minutos después, cuando el calor ha aliviado el dolor de mis músculos y el agua ya no cae con la misma fuerza, cierro la ducha y tomo la toalla para enrollármela en las caderas. Camino de vuelta al vestuario, donde algunos de mis compañeros ya están vestidos y otros apenas comienzan a secarse.

Llego donde dejé la ropa limpia sobre el banco de madera, y cuando empiezo a secarme, Taehyung ya está allí, vistiéndose, mientrras Eunwoo se acerca al banco de al lado, justo donde tiene su propia ropa.

El ambiente es casi tranquilo, hasta que la voz de Mateo Rocha, el brasileño que ya está completamente vestido y mirando su teléfono con atención, rompe el silencio con un comentario que capta la atención de la mayoría.

—Oye, Kim...—dice casual, pero sus palabras contienen ese algo que me hace alzar una ceja ante la curiosidad—, ¿has visto los artículos que andan circulando sobre tu hermanita?

Taehyung, quien estaba subiéndose la cremallera del pantalón, levanta la cabeza con una expresión mezclada de sorpresa y preocupación.

—¿A qué te refieres? No sé de qué hablas.

Eunwoo, que se sube el bóxer, voltea hacia Mateo con los ojos brillantes al escuchar la mención de la hermana de Taehyung.

—¿De qué se trata?

Me subo el bóxer, la tela negra ajustándose a mis muslos mientras escucho con poca atención, porque sinceramente el tema de la hermana de mi mejor amigo no es un tema que sea de mi completo interés. Al menos no hasta que alguien menciona su nombre en un contexto problemático.

Se encoge de hombros, como si lo que va a decir no tuviera importancia, pero conozco el escándalo cuando lo veo, y esto es de primera categoría.

—Acaba de agarrarse con un paparazzi...—explica, y veo cómo los ojos de Taehyung se abren un poco más—, lo empujó y parecía capaz de golpearlo, así que la están tachando de violenta. Ya hay un par de artículos en todas las redes sociales.

La reacción del castaño es inmediata al ponerse el suéter con una violencia que no le conozco, luego toma su teléfono del casillero en un movimiento brusco, sus dedos deslizándose por la pantalla mientras busca, supongo, aquellos artículos que Mateo menciona.

Eunwoo no pierde el tiempo y se acerca rápidamente a su lado, inclinando la cabeza para ver la pantalla, por lo que ruedo los ojos. Siempre ha sido así, como si tuviera una fascinación extraña por Taehee, y no sé si es porque la ve como una hermana adoptiva o por algo más, pero, sinceramente, me parece una estupidez estar tan pendiente de la vida de alguien que, para mí, no es más que la hermana molesta de mi mejor amigo. Y es que, desde que ella y su grupo de amigas, quienes también son modelos y tienen la capacidad de generar titulares escandalosos, comenzaron a aparecer en las revistas y las redes, la imagen de Taehyung como el futbolista elegante, serio, perfecto, que se casó hace dos años y ahora quiere formar una familia con su esposa ha empezado a agrietarse. Así que, mientras él es el orgullo de sus padres, su hermana parece haberse convertido en la mancha del expediente familiar que a él le toca limpiar.

El rostro del castaño se contrae entre una mezcla de ira y frustración, en tanto Eunwoo, suelta un comentario que me hace parar la oreja.

—¿Acaso ese imbécil está insinuando que Taehee es una zorra? —pregunta con indignación—. Ella hizo bien, Taehyung. Estos tipos no tienen derecho a acosarla.

—Tu solo mencionaste como actuó mi hermana, pero aquel hijo de puta del paparazzi quería humillarla, grabar ese maldito vídeo y hacerla quedar mal. Ella solo se defendió —aprieta el teléfono con tanta fuerza que me pregunto si el vidrio va a romperse mientras señala a Mateo con el dedo—. ¿Qué se supone que tiene que hacer? ¿Dejarse pisotear? ¿Aguantar aquella humillación?

—¡Hey! Solo mencioné lo que acabo de leer —contraataca, alzando ambas manos en señal de paz—. Sabes que muchos artículos no cuentan la historia completa, yo no estoy diciendo que ella está mal, solo quise informarte.

—Pues para la próxima, deberías informarte bien antes de hablar, Mateo. Mi hermana no es ninguna violenta.

Entonces, como soy un idiota y me encanta abrir mi boca, en lugar de pensar antes con el cerebro, suelto un comentario con la voz fingídamente relajada.

—Tal vez tu hermana no es violenta, pero tiene una forma muy peculiar de pedir espacio personal.

Las miradas de todos se clavan en mi, pero la que realmente importa es la de Taehyung, que gira hacia mi con una velocidad que no esperaba.

—Métete tu puto sarcasmo en el culo, Jungkook. No voy a tolerarte una sola mierda sobre mi hermana ahora mismo.

Toma su bolso del banco con brusquedad y se dirige a la puerta del vestuario mientras se pega el teléfono a la oreja. Imagino que es para llamar a su hermana, como siempre hace cada vez que ella se mete en líos y él tiene que salir a ayudarla a apagar el incendio.

—¡Era broma! —exclamo, pero no se da vuelta ni me responde, solo sigue su camino con la espalda recta y la mandíbula apretada.

Eunwoo me mira negando con la cabeza, como si estuviera decepcionado de mis palabras.

—¿Qué? —pregunto confundido y molesto, agachándome para atar los cordones de mis zapatillas, mis dedos moviéndose con rapidez.

Solo me mira con una mezcla de incredulidad y desaprobación, pero decido ignorarlo porque mi cabeza vuelve a palpitar y tengo que encontrar la manera de convencer a Taehyung de que me perdone.

Me levanto pasándome los dedos por el cabello, que todavía está ligeramente húmedo, y busco mi teléfono en el casillero. Veo que el nombre de Nina, mi PR, aparece en la primera notificación, así que abro el mensaje con rapidez.

NINA

Necesito tu confirmación hoy.

Calvin Klein quiere tenerte en Nueva York para la Fashion Week. Front row, fitting privado y after-party incluidos.

Te mandé el itinerario completo al correo.

Suspiro porque sabía que esto llegaría, que dentro de tres semanas tendría que estar en Nueva York, ya que las redes sociales no han parado de preguntar si el embajador de Calvin Klein va a aparecer en la primera fila.

El ruido de pasos me saca de mis pensamientos, y escucho a Eunwoo despidiéndose de Namjoon al cruzar la puerta, por lo que mi estómago da un vuelco porque de repente me doy cuenta de que Taehyung se fue molesto, así que no va a salvarme de Namjoon.

Maldito enojón.

Justo hoy tenía que ponerse dramático.

Giro la cabeza viéndolo apoyado contra la puerta del vestuario, los brazos cruzados sobre el pecho y una ceja alzada, su mirada fija en mí con una intensidad que me hace querer desaparecer.

(…)

Pasaron tres semanas.

Tres malditas semanas de entrenamientos, viajes relámpago a Milán para una sesión de fotos que no pedí y entrevistas donde repetí las mismas respuestas hasta que me dio calambre de tanto sonreír a la fuerza. Una acumulación de estrés que solo logro liberar en el gimnasio o en la cama, con alguna desconocida que desaparece al amanecer.

Y ahora aquí estoy, en el asiento trasero de esta SUV negra con los vidrios oscuros.

El chofer no habla, el guardaespaldas que va al frente tampoco, y el silencio solo se rompe por el claxon de algún auto en las calles de Nueva York. A través de la ventana, observo los edificios de cristal que se elevan hacia el cielo grisáceo y los carteles enormes que anuncian todo lo que se puede comprar en esta ciudad. Pero, la verdad, solo quiero posar para las fotos, sonreír a los periodistas, que el desfile termine rápido, volver al hotel para pedir algo de comer y dormir hasta que mi cuerpo decida que ya descansó lo suficiente.

El auto frena con suavidad. Alzo la mirada a través de la ventana para ver la fachada de la Brant Foundation, ese espacio de arte contemporáneo que ahora se ha transformado en el escenario perfecto para la Fashion Week. Su entrada VIP está marcada por una alfombra oscura que se extiende desde la acera hasta la puerta, marcada por paneles negros donde resalta el nombre de Calvin Klein en blanco. Mientras tanto, una fila de fotógrafos apunta con sus lentes hacia el lugar donde los invitados bajan de sus autos para posar y ser devorados por los flashes.

Mi guardaespaldas, Han, baja primero y me abre la puerta. Antes de salir, me acomodo la holgada chaqueta de mi traje color gris pardo, un diseño exclusivo de Calvin Klein de corte oversize y estética minimalista. Llevo la camisa a juego un poco desabotonada, dejando ver una musculosa debajo, el tatuaje de colores en mi hombro y el largo collar plateado que cuelga sobre mi pecho.

Al bajar, mis pantalones anchos y fluidos caen cubriendo casi por completo mis zapatos negros de punta cuadrada, justo cuando un estallido de luz blanca me obliga a entrecerrar los ojos. Los flashes se disparan por todas partes mientras escucho cómo los fotógrafos gritan mi nombre.

—¡Jungkook, aquí!

—¡Jungkook, mira hacia la izquierda! ¡Un poco más!

—¡Sonríe!

Obedezco con seguridad y despreocupación, manteniendo la pose el tiempo justo para que los fotógrafos puedan obtener sus tomas mientras giro ligeramente de izquierda a derecha. Luego, una PR de Calvin Klein aparece a mi lado, una mujer alta y delgada, con un auricular en la oreja y una sonrisa profesional. Me toma del brazo con suavidad, guiándome hacia el backdrop donde otro grupo de fotógrafos espera para el photocall. Me coloco frente al fondo blanco, que tiene el logo de la marca impreso en un sutil tono gris, y comienzo a posar.

Mi guardaespaldas se mantiene a unos pasos de distancia, mirando con atención, y cuando termino con el photocall, la PR me conduce hacia el interior del espacio, donde la luz se vuelve más cálida y el aire cambia. Veo a invitados que ocupan sus asientos, y que en una silla de la primera fila está marcada con un pequeño cartel que dice mi nombre sobre un asiento de terciopelo oscuro, por lo que tomo asiento mientras Han se sienta a mi derecha.

El front row se va completando poco a poco, rostros conocidos que he visto en revistas y pantallas, algunos que he conocido en fiestas y eventos donde el alcohol fluye, así que saludo con un gesto de cabeza. Luego me giro hacia Han, inclinándome mientras me cubro la boca con una mano para que nadie pueda leer mis labios.

—¿Por qué todos están tan serios? —murmuro desconcertado—. Parece que están en un funeral, no en un desfile de moda.

Él, que tiene cara de pocos amigos, pero en realidad tiene un sentido del humor bastante decente cuando no está en modo trabajo, se inclina ligeramente hacia mí y responde en el mismo tono bajo.

—Señor, es moda. La gente suele tomarse esto muy en serio, así que usted debería intentarlo.

—¿Tú crees? —una sonrisa se asoma en mis labios—. Yo creo que necesitan un trago.

—Tal vez en el afterparty se suelten un poco.

Las luces del espacio se van atenuando mientras los asistentes con auriculares corren discretamente de un lado a otro, verificando que todo esté en su lugar antes del inicio. Así, el desfile comienza con una música ambiental que vibra en el suelo y en el pecho, mientras los primeros modelos aparecen en la pasarela vestidos con creaciones que, sinceramente, me parecen demasiado sobrias para el revuelo que generan.

Un abrigo largo de lana gris, una chaqueta de cuero que no sé si debería gustarme porque los hombros son demasiado anchos para mi gusto, y los modelos pasan con sus rostros serios sin mostrar ninguna emoción, sus cuerpos perfectos, por lo que los observo fingiendo interés.

Me inclino hacia mi guardaespaldas otra vez, cubriéndome la boca con la mano.

—¿Cuánto crees que me pagarían si salgo ahora mismo con esa manta encima y cara de que odio a todo el mundo?

Reprime la risa, sus hombros sacudiéndose un poco mientras mantiene la mirada al frente.

—Menos que a ese modelo si sigue hablando, señor.

Suspiro y vuelvo mi atención a la pasarela, mi cuerpo hundiéndose ligeramente en el asiento mientras mis ojos recorren los modelos que van apareciendo. La verdad es que no soy un experto en moda, solo me gusta verme bien, así que toda esta ceremonia, esta seriedad exagerada, me parece un poco ridícula cuando al final del día todo se trata de vender tela cortada de cierta manera.

El desfile continúa, pero mi atención comienza a divagar mientras observo a los modelos que pasan, hasta que veo a una jovencita que da un paso ligeramente torpe, su pie izquierdo rozando el borde de la pasarela antes de recuperar el equilibrio con una elegancia que casi disimula el error, casi, cosa que veo porque no tengo nada mejor que hacer que fijarme en estas cosas.

Me inclino hacia Han, otra vez.

—Esa casi se cae. La vi, tropezó.

—No sea tan cruel —responde, pero puedo notar la sonrisa en sus palabras—. Seguro es su primera pasarela, los nervios la traicionaron.

Vuelvo a mirar la pasarela, esta vez con un poco más de interés, hasta que una figura en particular captura mi atención, sintiendo mi respiración deteniéndose por un segundo.

Es una jovencita vestida con un blazer negro de hombros marcados que cae hasta el medio muslo y se abre ligeramente, dejando ver un bralette negro de algodón, simple y sin adornos innecesarios, ajustado a sus pechos. Debajo, una falda recta negra de tiro bajo se ciñe a sus caderas, ajustada, provocadora, con una abertura alta en la pierna derecha que se abre y se cierra con cada paso, mostrando la piel que resalta bajo las luces. Pero por encima de todo eso, resalta su maldito rostro. Lo reconozco, y ahora, bajo esta luz con ese maquillaje que le da a su piel un brillo luminoso, sus párpados sombreados en un ahumado suave que hace que sus ojos parezcan más grandes y profundos, sus labios carnosos apenas más oscuros que su tono natural y su mirada casi indiferente, mi cerebro procesa la información con un retraso que me parece ridículo.

Cuando llega al final de la pasarela, posa, deteniéndose el tiempo justo para que los fotógrafos puedan capturar su imagen. Y mientras tanto, me inclino hacia mi guardaespaldas, mis ojos fijos en ella sin poder desviarme.

—Dime que estoy viendo mal. Dime que no es quien creo que es.

—Me temo que no, señor.

Entonces Taehee se gira y comienza el regreso por la pasarela. Siento cómo mi respiración se acelera y cómo mi corazón golpea contra mis costillas, a la vez que mi mirada recorre su cuerpo de arriba abajo sin poder evitarlo, desde su rostro impecable hasta sus clavículas marcadas, su pecho apenas cubierto por ese bralette negro, su abdomen plano que se insinúa cada vez que el blazer se abre, la abertura de su falda, la piel de su muslo y el movimiento de sus piernas largas al caminar. Pero cuando pasa frente a mí, gira levemente la cabeza hacia donde estoy, haciendo que sus ojos se encuentren con los míos por solo un segundo.

Y eso es suficiente para que algo se encienda en mi pecho, para que mi boca se abra ligeramente, mis dedos se tensen sobre el reposabrazos, y mi lengua humedezca mis labios de forma involuntaria.

Oh, Dios mío...

La veo continuar su camino, su espalda recta, su cabello liso que se mueve con cada paso, y mi mente se queda atrapada en la forma en que su mirada fría se posó en mí por un instante, como si no me reconociera.

—Señor...—susurra Han a mi lado—, debería cerrar la boca.

—Cállate.

—Solo lo digo para que lo sepa. Está siendo muy obvio.

—Cállate, te digo.

¿En qué momento se convirtió en una mujer? No una cualquiera, sino esta clase de mujer que desordena el aire a su alrededor y te llena la cabeza de imágenes que no deberías tener. ¿En qué momento dejó de ser la hermanita molesta de Taehyung para volverse esta visión indecente que camina por la pasarela con esas piernas interminables, provocando que me cueste recordar cómo se respira?

El desfile continúa, y veo a otros modelos, veo otras prendas, pero en realidad no veo nada porque mi mente sigue atrapada en ella, en su rostro, en sus ojos, en cómo me miró y me atravesó como si no fuera un hermano para Taehyung, como si yo fuera solo uno más en la primera fila.

Y eso, maldita sea, es exactamente lo que me vuelve loco.

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Good Writing

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Strong Dialog

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Te apoyo desde aquí también mi reina eres la mejor 😍

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