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El efecto Jungkook 🐰🐣 KOOKMIN

Summary

Jimin siempre ha sido el estudiante perfecto: notas impecables, sonrisa ensayada y una vida guiada por reglas que nunca se ha permitido romper. Criado bajo la mirada estricta de sus padres, ha aprendido a obedecer incluso cuando eso significa ignorarse a sí mismo. Jungkook, en cambio, es todo lo que Jimin no debería querer cerca: libre, impredecible y con una reputación que intimida a cualquiera... aunque detrás de los tatuajes y la mirada desafiante haya mucho más de lo que los demás creen. Cuando un proyecto universitario los obliga a trabajar juntos, sus mundos chocan. Lo que comienza como una simple obligación se transforma en algo más profundo: conversaciones que desarman, silencios que dicen demasiado y una cercanía que cambia las reglas. Porque a veces, conocer a la persona equivocada... es lo único que necesitas para empezar a ser tú mismo. Historia 100% de mi autoría Prohibida su copia o toma de ideas. Si no les gusta como desarrollo la historia, sean educados y no dejen malos comentarios, solo no la lean y listo ✅

Genre
Lgbtq
Author
Kerfi
Status
3d ago
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cap 1


—¿Y crees que estarás bien? — preguntó la voz al otro lado de la línea.

—Sí.

—Pero... — guardó silencio por un instante, la idea

era descabellada y peligrosa a la vez.

—Ganare, a como de lugar.

—Bien... solo ten cuidado— soltó un suspiro.

—Lo haré — dijo con tono serio.

—¡Hey Jungkook!

Al escuchar su nombre, el mencionado giró y no pudo evitar sorprenderse al ver quién era.

—Hablamos después— murmuró antes de colgar.

—Sam, ¿que haces aquí? — guardó el celular.

—¿Eres idiota o que? — soltó sin rodeados — llama y di que no lo harás, cancélalo.

—Ya fueron de chismosos— se rascó la cabeza.

—¡Llámalos ahora!— ordenó.

—No lo haré. Di mi palabra.

—A mierda tu palabra, vale más tu vida.

—Sam, no te metas ¿sí? — su voz se volvió más grave y su semblante se endureció.

—¿Que no me meta? eres mi amigo y me preocupas maldito idiota— le dio un golpe ligero en el pecho.

—Sam, basta.

—No cambiarás de parecer ¿verdad? — dio un paso atrás —solo reconsidéralo ¿sí? — su mirada estaba cargada de preocupación —él es peligroso.

Jungkook guardó silencio, pero no daría marcha atrás a lo que ya había decidido.

—Tengo que irme Sam, nos vemos luego... y procura que no sea el chisme bomba— señaló la entrada de Universidad.

Sam solo asintió y miró como poco a poco su amigo desaparecía entre la multitud. Por un instante pensó que lograría hacerlo cambiar de opinión, pero no fue así. Al menos lo intentó.

Jeon Jungkook sabía perfectamente contra quien se enfrentaría, y lo peligroso que eera por jugar sucio pero ... era necesario el enfrentamiento y mas por el dinero en juego.

Mientras caminaba hacia su salón de clases, iba tan sumido en sus pensamientos que, sin darse cuenta, se detuvo en medio de la entrada.

—Hay personas que queremos ingresar, ¿acaso te quedarás ahí todo el tiempo?

Al girarse notó a varios compañeros esperando, pero nadie se había atrevido a hablarle, pues la presencia de Jungkook imponía.

—¿Te quitarás? — la voz sonó firme.

Ahi estaba el chico que todos decían que era amable, hablándole de una manera no tan cortés al que todos evitaban.

Jungkook tenía la fama de problemático, era el chico con el que no debías meterte o terminarías recibiendo una buena paliza y con el trasero dentro del basurero. Su forma de vestir, sus tatuajes y su expresión sería mantenía mantenía a todos a distancia.

—Se que me quieren chicos, pero no hace falta que me esperen en la entrada— intervino el profesor, haciendo uno de sus tantos malos chistes y con ello rompiendo la tensión.

Tanto Jungkook como los demás sin decir una sola palabra ingresaron al salón y tomaron asiento. Pero ante lo ocurrido no pasó desapercibido los leves susurros entre compañeros.

No era mucho tiempo que las clases habían iniciado y con ello los grupos de amigos también, y Jungkook no pertenecía a ninguno.

—Saquen una hoja, habrá prueba escrita— anuncio él profesor con una leve sonrisa.

Los estudiantes apenas escucharon lo mencionado no dudaron en quejarse y pedir de favor que no les tomaran la prueba.

—Silencio chicos— alzó la voz —lo harán en parejas.

Las miradas comenzaron a cruzarse con rapidez.

—Ustedes y Dios — añadió y soltó una carcajada al ver las expresiones de horror.

—Profe, no sea tan malo— uno de los estudiantes habló.

—Necesito notas, ni modo, una prueba será — sonrió.

Las protestas continuaron excepto por dos personas. Jeon Jungkook y Park Jimin.

En segundos el aula quedó en completo silencio, los estudiantes mantenían la mirada fija en las hojas sobre sus mesas, algunos escribían concentrados, otros más perdidos que camarones en pailas de fritada y otros... simplemente suspiraban porque no sabían que carajos responder, pero algo era seguro, sus notas no serían tan buenas... bueno no de todos.

—Sacaré cero redondito.

—Yo al menos aspiro a un cinco.

—No será novedad quien saque diez— susurró una chica, mientras miraba a quien se refería.

—Shh, te escuchará— negó su compañero.

—Será una sorpresa quien esté detrás de él.

—Vaya, vaya... ni porque ya son adultos dejan de cuchichear como viejas sapas— una voz interrumpió con descaro.

Los chicos que se encontraban en su pequeño círculo tragaron saliva.

—Hola, cerebrito— se acercó a Jimin con una sonrisa amplia.

—Te he dicho que no me llames así— respondió con resignación.

—Que amargado eres Jimin— se colocó a su lado —¿vendrás?

—Lo siento, pero no puedo.

—Nunca puedes.

—Tengo cena familiar.

—Invéntate algo y listo.

—Sabes que no es correcto.

—Lo olvidaba... eres el hijo perfecto de mami y papi— cruzó los brazos— ¿algún día piensas en romper las reglas? Acaso no quieres vivir libremente sin ataduras, hacer locuras, crear anécdotas, eres joven pero pareces un viejo.

—Estoy bien como estoy— respondió con calma — no veo que tiene de bueno salir y comportarse como un idiota, eso no ayudará en nada si quiero tener buenas recomendaciones para mi futuro.

—Guau — negó — no estas viviendo Jimin— su voz bajó— estás sobreviviendo como una marioneta de tus padres y como amigo que soy, solo quiero que te sientas libre y feliz.

Jimin no reaccionó, no porque no le afectara sino más bien porque ya estaba acostumbrado.

—Tomen asientos chicos— ordenó el nuevo profesor y con ello el amigo de Jimin salió del salón —haremos trabajo en grupo—volvió a hablar—los que están a la pared, su compañero será en el mismo orden en cómo están sentados, los que están en el medio de la misma manera—ordenó— el grupo es de dos personas, así que únanse.

Los estudiantes comenzaron a mirarse en su misma dirección, Jimin quien se sentaba en el último asiento no tuvo la necesidad de regresar a mirar quien sería su compañero.

—¡Carajo! —maldijo por lo bajo, de todos sus compañeros con quien hubiera podido ser pareja le había tocado el único que todos evitaban.

—Y antes de que alguien pregunte si puede cambiar de pareja o quiere hacer el trabajo solo, déjenme decirle que es un rotundo NO—la seriedad del profesor daba miedo, no era como los demás que solían hacer chistes o a quien se le podía pedir entre pucheros algo, él era lo opuesto, demasiado recto para ser real.

Con lo mencionado, nadie se atrevió a decir nada y en silencio comenzaron a mover sus sillas, junto a sus nuevos compañeros de trabajo, o eso parecía, ya que Jimin se mantenía en su lugar y quien iba a ser su compañero también.

Jimin quien giró a ver a Jungkook no pudo evitar fruncir el ceño al ver que este se mantenía inmóvil. Moviendo su cabeza insinuando que se acercara observó como Jungkook quien tenía los brazos cruzados hizo el mismo gesto para que él se le acercara.

—Joven Park y joven Jeon, ¿necesitan invitación? —dijo el profesor al notar que todos ya se habían unido y solo faltaban ellos.

—Lo siento profesor— Jimin se levantó de inmediato.

No podía permitirse fallar. Debía mantener la imagen de estudiante dedicado y respetuoso y sobre todo mantener sus notas y promedios.

—Harán un proyecto acerca de la optimización de la línea de producción de una fábrica automotriz. Quiero calidad y no mediocridad, entendido—los miró esperando una respuesta.

—Si Ingeniero.

—Tienen esta hora para ponerse de acuerdo en como van a trabajar. Los días posteriores, cada que llegue mi hora de clases la tendrán libre, no para que pierdan el tiempo sino para que sigan trabajando en el proyecto, su trabajo me lo presentaran al final del mes y recuerden que la nota que saquen es su nota final.

Y con lo mencionado sintieron más peso en sus hombros.

—Debemos reunirnos por las tardes—dijo Jimin en cuanto pudieron hablar.

—Bien.

—¿Solo dirás eso?

—Que más tendría que decir.

Jimin lo miró fijo.

—Voy a dejarte algo en claro, no pienso sacar una mala calificación por tu culpa, y con ello si tengo que hacer solo lo hago y no voy a ser buena persona y poner tu nombre en el proyecto para que quedes bien, si no colaboras, el día de la presentación diré que no hiciste nada.

—No te preocupes, no quiero sacar una mala nota, haré mi parte— respondió con calma.

—Bien.

—¿Solo dirás eso? — repitió con burla.

—Eres un... —detuvo su hablar al ver como lo había provocado.


Jungkook sonrió apenas... pero cuando se dio cuenta volvió a su expresión sería.

—¿En la biblioteca?

—Hoy, a la salida— respondió Jimin — si no funciona, lo haremos en mi casa.

—¿Lo haremos en tu casa eh? —alzó una ceja divertido, por alguna razón que desconocía de sí mismo quería burlarse un poco.

— En qué demonios estás pensando—frunció el ceño.

—Tú en que piensas, yo me refería al trabajo, a hacer el trabajo nada más—se encogió de hombros.

—Señor dame paciencia, porque si me das fuerza lo mato—murmuró tratando de calmarse.

—No soy tan blando.

—Eres un idiota—negó, y se dio cuenta que la fachada tras sus tatuajes, su seriedad y el que no hablara casi con nadie no era lo que parecía. Aunque pensó que si era un idiota por como tergiversaba las palabras y lo sacaba de quicio.

Jungkook se alzó de hombros, no dijo nada y no apartó la mirada. Lo miró un segundo más de lo necesario, un segundo que no daba de su tiempo en mirar a los demás.

—¿Qué? — dijo Jimin al notar su mirada.

—¿Sufres de doble personalidad?— una pregunta que salió de la nada.

—Disculpa— frunció el ceño.

—Olvídalo— negó y su mirada la dirigió hacia el ventanal.

—Que demonios— susurró —Dime a que te refieres.

—Solo olvídalo, lo dije sin pensar— respondió sin dar mucha importancia. Sabia que su pregunta quizás, no era la indicada, tan solo lo dijo por como ahora su compañero de trabajo se comportaba.

Jimin apretó sus manos, estaba enojado por aquella pregunta y más porque luego ni siquiera quería responderle a que refería y aquel enojo no paso desapercibido por Jungkook.

Jungkook dudó... pero habló.

—Niño bueno y niño malo, juegas en los dos papeles dependiendo de la situación y enfrente de quienes consideras de como merecen ser tratados, todo calculado para aparentar en la situación. ¿No es cansado?— lo miró directamente a los ojos.

El silencio se tensó.

—No sabes nada de mí- se colocó de pie —no creas que porque ahora somos compañeros de trabajo, somos amigos.

—Lo sien—

—Nos vemos en la biblioteca— no lo dejó terminar de hablar, tomó su silla y se dirigió a su lugar.

—Mierda— susurró Jungkook, a veces hablaba demasiado y decía las cosas como él lo percibía, aquello lo había metido en algunos problemas por lo que evitaba hablar y se mantenía al margen de cualquier situación. Y está vez había tocado donde no debía.

Ahi comprendió una vez más que era mejor quedarse callado, pero... no supo porque se abrió con Jimin de esa manera.

Jimin quien mantenía el ceño fruncido y su mirada clavada en el ventanal, no podía sacar las palabras que Jungkook le dijo, no lo de niño bueno o niño malo sino más bien el ¿No es cansado? Sabía que responder ante esa pregunta solo que... ¿debería hacerlo?, no importaba si le decía a Jungkook, lo que verdaderamente importaba era decirse asi mismo, si podría aceptar sus propias palabras y no mentirse ni justificarse en el proceso.

Las siguientes horas pasaron rápido, Jimin se veía perdido y Jungkook se sentía mal. La última clase finalizó y eso significaba que era hora de reunirse en la biblioteca y mirarse nuevamente el uno al otro.

El silencio gobernaba en la biblioteca y los que se encontraban en ella susurraban por lo bajo para no molestar a los demás. Ya de por si era abrumador el ambiente y fue mas entre ellos dos.

—Primero debemos recolectar información actualizada para nuestro proyecto— Jimin comenzó a hablar en voz baja —la clasificaremos dependiendo si nos sirve o no —siguió hablando.

Jungkook solo asintió.

—Busquemos por separado y una vez que tengamos varias fuentes decidiremos cuáles si y cuáles no— esta vez habló Jungkook.

Jimin iba a responder pero el vibrar de su celular lo detuvo.

—Debo contestar—indicó hacia la entrada para posterior levantarse y salir.

Jungkook asintió y lo vio alejarse, luego desvió su mirada a las diferentes estanterías de libros, se colocó de pie y se encaminó en busca de libros referentes al proyecto. Decidió comenzar hasta que Jimin regresara.

Los minutos pasaron y con ello Jimin no había vuelto. Jungkook devolvió el libro a la estantería y decidió salir, con su mirada lo buscó y cuando pensó que no lo encontraría ahí estaba él, recargado sobre el pilar hablando aun por celular.

—Madre por favor, no quiero ir— decía Jimin. Al final la cena familiar se había cancelado por un nuevo evento.

Jungkook se detuvo a un paso de distancia, debatió entre regresar o quedarse y al final se quedó, no porque quiso sino porque Jimin había volteado y se percató de su presencia.

—Si madre, lo siento, estaré ahi— dijo con resignación para colgar y guardar el celular —¿Has escuchado? — lo miró.

—No era mi intención— se rascó la nuca incómodo —se que no es de mi incumbencia pero... si no quieres ir no vayas— su mirada era cálida.

—No tengo opción.

—Siempre hay una, solo está en tus manos tomarla.

—No es tan fácil.

—Nunca lo es. Solo debemos ser más fuertes y tomar una decisión.

Hubo silencio

—¿Y si la decisión que tome es la incorrecta?

—¿Y sino no lo es? Hay que arriesgarnos y de los errores aprendemos, por eso se llama vida.

Jimin guardó silencio, la pequeña conversación con Jungkook fue sincera, nunca pensó poder hablar de esa manera con él.

Tenía mucho en mente, lo que su madre quería y lo que él quería. Debía elegir y no sabía que hacer.

—Desearía que la tierra me tragara y me escupiera en otro lugar.

—¿Tan malo es?

—Una cena de negocios es el peor lugar al que a un adolescente lo puedan llevar, párate recto, acomoda tu traje, no comas demasiado, presta atención, saluda con educación, sonríe, sonríe, sonríe, es un infierno elegante— habló gesticulando.

Por primera vez se estaba quejando en voz alta y frente a alguien.

—No puedo hacer que la tierra te trague pero... si quieres yo puedo llevarte a otro lugar donde puedas ser tú y no sonreír si no quieres.

Sus miradas se encontraron y ninguno apartó la mirada.

—Lo haces parecer tan fácil. Pero no puedo romper las reglas— una sonrisa triste se instaló en sus labios — ¿te parece si mañana continuamos con el trabajo?.

—Claro.

Quizás alguno de los dos quiso decir un poco más pero las palabras no salieron de sus bocas y lo único que quedó fue caminar en direcciones opuestas. Cada quien volviendo a sus mundos.

—Un gusto señor Lee

El saludo educado por parte del señor Park fue inmediato seguido por el de su esposa y su hijo.

La noche ya había caído, el cielo oscuro ocultaba las estrellas y el viento que soplaba de un lado a otro era lo que parecía tener libertad en ese lugar.

La familia Park vestía impecable, digna de su estatus, las miradas no pasaron desapercibidas entre los demás invitados de la reunión de negocios. Todos llevaban sus mejores trajes y sonreían con ese estilo característico de la alta sociedad, una sonrisa apenas visible, medida, elegante... y completamente vacía.

El salón gritaba dinero y lujo. Para la mayoría aquello era costumbre.

Pero para Park Jimin no. Para él era una obligación, sonreír era una obligación y mantener la postura también.

—Joven Park, es bueno verlo aquí, siguiendo los pasos de su padre— uno de los socios se acercó.

—Buenas noches— respondió con una sonrisa completamente ensayada.

—A mi hijo le gusta aprender y que mejor experiencia que uniéndose a nosotros, ¿no lo cree señor Han? — intervino el señor Park.

—Toda la razón Park. Tienes un buen hijo— palmeó ligeramente el hombro de Jimin — ya quisiera yo que mi hijo estuviera aquí... pero no es asi.

La palabra buen hijo cayó sobre los hombros de Jimin con más peso del que ya cargaba.

—No sé que decir, señor Han.

—Si mi hijo es feliz haciendo otras cosas y lo suyo no es los negocios de su padre, estoy bien con eso — sonrió con calidez — no lo obligaré a seguir mi camino.

Esas palabras no solo se escucharon, se sintieron. Golpearon directo en el pecho de Jimin desestabilizándolo. Por inercia miró a su padre, buscando alguna reacción pero como era de esperarse, no hubo ninguna. Su madre tampoco mostró expresión alguna.

—Señor Park, gusto en tenerlo aquí— un nuevo invitado se acercó devolviendo la conversación a su curso habitual. Saludos, sonrisas y apariencias.

Jimin hizo una leve reverencia y desvió la mirada por un instante observando a su alrededor, la mayoría solo eran personas mayores aunque había uno que otro joven de su edad, y todos lucían igual que él, presentes y no por voluntad propia.

La reunión no era más que otra de esas veladas para conocer inversores, el tipo intercambiar tarjetas, repetir discursos y sobre todo fingir interés.

—¿También te obligaron a venir? — uno de los jóvenes se había acercado sin que lo notara. Jimin se encontraba junto al ventanal mirando hacia el exterior, lejos de su familia... respirando aunque sea un poco.

—¿Disculpa? — respondió retomando su postura.

—Que si también te obligaron a venir— volvió a hablar.

—No.

—Oh, vamos— esbozó una media sonrisa y se recargó en la pared — nadie esta aqui por voluntad propia, ¿quién en su sano juicio vendría a rodearse de vejestorios y escuchar charlas aburridas?—sus ojos se clavaron en los de Jimin.

No estaba por voluntad propia pero... no podía simplemente decirlo a un total desconocido, no arriesgando la imagen perfecta de su familia.

—Ese no es mi caso— respondió con total calma y seguridad.

El joven lo observó unos segundos más de la cuenta, analizando su respuesta y lo entendió.

—Eres hijo perfecto de la familia Park— soltó como una bomba o eso es lo que sintió Jimin, una bomba estallar a su interior.

—¿No es cansado? — preguntó después, desviando la mirada hacia el ventanal.

Jimin no respondió, el silencio fue suficiente.

—Joven Kim Taehyung, su padre lo está buscando— uno de sus empleados se acercó.

—Voy—respondió.

Dio un paso pero se detuvo, sin mirarlo directamente, habló por encima de su hombro.

—A veces es bueno saber decir que no— y se fue.

Jimin quedó mirando como desparecía entre la multitud. Una vez más alguien le había dicho que también podía decir "NO", que podía negarse, que tenía opción.

Pero para Jimin decir "No" nunca había sido una posibilidad.

La familia Park era reconocida por dirigir uno de los más grandes negocios de construcción y con ello el señor Park tenía algo claro: su único hijo no solo heredaría su apellido, heredaría el camino sin excepción alguna.

Al otro lado de la ciudad, lejos de los lugares elegantes y personas con trajes costosos se encontraba uno de los talleres que olía a gasolina vieja, aceite quemado y metal caliente.

A Jungkook no le molestaba en absoluto mas bien era el único lugar donde su cabeza dejaba de hacer ruido.

No era mecánico, no realmente, era el chico que ayuda. Limpiaba piezas, alcanzaba herramientas y sostenía motos mientras el dueño del taller, que por cierto era un hombre que casi nunca hablaba, hacía el trabajo de verdad.

Pero Jungkook, él observaba todo y aprendía en silencio, sentía que era más fácil entender a las máquinas que a si mismo. Sentía algo terapéutico en desarmar una moto, tornillo por tornillo y pieza por pieza. Nada fallaba sin explicación y si hablaba demasiado sin pensarlo no lastimaría a la maquina.

—Otra vez quedándote hasta tarde— gruño el dueño, sin mirarlo.

Jungkook no respondió, pero tenía las manos negras de grasa y una cortada en los nudillos, que no recordaba en que momento se lo hizo.

Varios dias habían pasado donde se quedaba después del cierre, no por el dinero —ni siquiera le pagaban horas extras— sino porque irse significaba volver a un lugar donde todo estaba en silencio... demasiado silencioso para su gusto.

El reloj marcaba las diez de la noche, hora en la que deberia estar descansado para al otro dia asistir a clases pero la presión y el silencio de su pequeño hogar lo mantenía fuera, no porque quisiera, sino porque su madre no estaba en casa, sino en el hospital.

Era hora de cerrar pero en ese instante una moto llegó, el ruido del motor era irregular, como si gritara, —estoy cansado jefe.

Jungkook fue el primero en levantar la mirada y vio al chico que la conducía, tenía el cabello pegado a la frente por el sudor, ojos cansados pero brillantes, era como si estuviera huyendo de alguien o de algo.

—¿Puedes arreglarla hoy? — preguntó sin saludar.

El dueño negó con la cabeza, pero Jungkook habló sin antes pensarlo.

—Puedo revisarla.

El duelo lo miró como si fuera a decirle —que demonios hijo... — pero no lo hizo y solo soltó un suspiro.

Jungkook se acercó a la moto, sin ni siquiera mirar al chico, se agachó, tocó el motor y las piezas con cuidado.

—No es grave —murmuró— pero si sigues manejándola así, definitivamente un día lo será.

—Entonces ¿puedes arreglarla hoy? — respondió el joven cruzándose de brazos.

Jungkook asintió.

Mientras trabajaba, sentía la mirada del joven sobre él, no era incómoda, ni tampoco agresiva solo... algo presente, lo que se sentía como si el joven estuviera tratando de entender algo.

—¿Siempre eres tan callado? — preguntó el joven después de un rato.

Jungkook continuó apretando las turcas con gran fuerza.

—Depende.

—¿De qué?

Jungkook dudó un instante, luego alzó la mirada.

—De si vale la pena hablar.

Hubo silencio de por medio. Jungkook se había percatado en el instante que el joven llegó que no era alguien del sector, era como si perteneciera a otro mundo.

Jungkook ajustó la última pieza, limpió sus manos en un trapo ya demasiado manchado y encendió la moto. El motor respondió de inmediato como gritando —ahora si jefe, estoy listo—

—Listo— mencionó, dando un paso atrás.

El joven se acercó, tomó el manillar, giró la llave y escuchó con atención, su preciado hijo ya no tenía fallas. Una ligera sonrisa apareció en sus labios, no grande pero si real.

—Gracias por no dejar que fuera algo grave.

Jungkook se encogió de hombros — Ten más cuidado— habló esta vez.

—Lo intentaré— dudó un momento en decir algo o simplemente irse. Pero no fue así.

—Soy Taehyung

Se presentó pero su nombre quedó suspendido en el aire a lo que Jungkook tardó en responder.

—Jungkook — Dijo, no hubo un apretón de manos, no hizo falta.

Taehyung se subió en la moto, encendió el motor y antes de marcharse, lo miró por encima del hombro.

—Nos vemos Jungkook.

Aquella frase no sonó como una despedida. Jungkook no respondió y tan solo lo miró como desparecía en la calle oscura.

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