Parte 1
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Nota: Si te suena el resumen pero no el título del libro, es quizá porque has visto la película “La piel que habito”, de Pedro Almodóvar, y bien, no digo que me basé en la película porque me fui más para el enfoque del libro, que es un poco más crudo, y vaya, es el día 7 del incestember, así que tenía que ponerle un parentesco entre ambos que se descubrirá conforme lean. Si no te has leído el libro ni la película, sin problemas, porque es más inspiración que adaptación, ya que aquí me saqué otros personajes, otras historias y un trasfondo diferente pero más retorcido. Repito que la premisa es del día 7 del incestember 2026, evento organizado por Sunmess Odinson.
Advertencia: Este oneshot contiene asesinatos, consumo de drogas, violación, violencia, mutilación, secuestro, Síndrome de Estocolmo, y demás temáticas turbias, SI ERES SENSIBLE NO LEAS, si sí puedes leer algo separando bien la realidad de la ficción, entonces bienvenido, ponte cómodo y déjame tu opinión al finalizar.
El hombre mayor frunció el ceño ante la negativa que recibió, porque él estaba siendo muy condescendiente para no tener que emplear la fuerza.
—Te repito, Tamara… —habló el hombre con un tono frío pero determinado.
—No me llamo Tamara, ¡no me llamo así! —interrumpió la persona más joven, que parecía al punto de un colapso nervioso al escuchar su propia voz, completamente diferente a como era antes.
El hombre mayor soltó un suspiro. —La fase de aceptación ya debió pasar, Tamie, así que colabora, preciosa o sino tendré que hacerlo por ti —barbotó en un tono que implicaba amenaza haciendo estremecer al contrario.
—Yo no… Por favor, yo no soy una “chica”, no soy una “preciosa”, por favor, no —masculló la persona con la voz trémula, no quería rogar pero debía hacerlo, aún miraba como si fuera algo amenazante aquel estuche que le había traído el mayor.
El mayor sonrió de medio lado, acercándose hasta la otra persona, tomándolo por la quijada e inclinando su rostro contra el suyo, casi respirándole encima.
—Eres una hermosa mujer, mi amor, yo te hice así, cada parte de tu cuerpo, está hecho para rectificar lo que eres. Así que, será por las buenas o por las malas, Tamie —soltó el mayor apretando la quijada de Tamie, quién ahogó un jadeo sintiendo todo su cuerpo temblar por el pavor que le despertaba aquel hombre, su captor.
Tamara asintió y el mayor la soltó, observando cómo es que la muchacha abría el estuche, que tenía un set de juguetes en forma alargada, fálica pero no del tipo realista, eran de acrílico, algo que definitivamente no se conseguiría en una tienda de productos para adultos, esto era meramente orientado bajo un enfoque clínico, haciendo que la joven tragara saliva con nerviosismo, y levantó la mirada hacia el mayor, aquel hombre pelinegro con mirada intensa, quien le sonrió nuevamente, gesto que en lugar de ser tranquilizador, sólo era más amenazante. Sujetó el juguete más pequeño, y el tubo de lubricante que estaba allí.
—¿Puedes irte? Puedo hacerlo mejor si te vas —masculló Tamara.
—No, debo supervisar que lo hagas bien, y también si sucede algún inconveniente debo mantenerme al tanto, así que me quedaré observando —sentenció el mayor—. Lo que sí, intenta antes con los dedos para que no sea muy invasivo —agregó en tono clínico y es que él era un médico en realidad, un cirujano plástico reconocido.
Bill Kaulitz era uno de los mejores cirujanos a nivel mundial, sólo de que por sí en Alemania no existía persona alguna que no supiera de él.
Tamara tragó saliva con nerviosismo, en lo que se alzaba la falda y bajaba la ropa interior, ya que el mayor sólo le dejaba mantenerse con faldas o vestidos, nunca pantalones, dando como argumento que era para evitar infecciones, pero no, era muy consciente de que esto era más bien orientado a que era una mujer para el hombre mayor.
No era una novedad que Bill observara la vagina de Tamara, la diferencia radicaba en que cuando lo hacía era para revisarla no para ver cómo se iba a meter los dedos y un juguete.
Tamara abrió el tubo de lubricante, sujetando un poco con sus dedos, para guiarlo hasta su… Abertura, no le gustaba referirse a aquella zona como vagina, sintiendo cómo se le nublaban los ojos mirando al techo al momento de palparse e ingresar un dedo.
Siseó por el dolor, sacándolo de inmediato y Bill se mantuvo observando la escena de Tamara con las piernas abiertas.
—No te estás relajando, Tamie, sé una buena chica y cálmate mientras recibes tu dedo, que sigue siendo más pequeño que el juguete, eh —masculló Bill en tono acusador.
—Duele, no puedo, allí… No es para recibir algo, no puedo —rebatió Tamara, volviendo a ver al doctor quien sólo se rió.
—Claro que es para recibir algo, sólo que es cuestión de práctica y adecuarlo para que sea elástico, para que resista más cada vez. Porque eres una mujercita y debes ser consciente de que deberás recibir siempre, debe estar listo en algún punto para recibirme, lo sabes, ¿no es así? —inquirió Bill, acercándose otra vez a la joven, ubicando una de sus manos sobre el interior de su muslo, haciendo la joven apretara sus piernas con temor a que la tocará, consiguiendo que Bill riera.—Tamie, esto se hará quieras o no, si no quieres colaborar, tendré que hacerlo yo para evitar que se cierre, y yo no seré más delicado, preciosa —terminó por decir, separándole las piernas y la muchacha jadeó.
—¡Yo lo haré! —soltó Tamara con desesperación y Bill se mantuvo quieto entre sus piernas.
—Adelante, hazlo —demandó Bill, aún manteniendo las piernas abiertas de la más joven, a lo que la muchacha volvió a embadurnar sus dígitos con el gel frío antes de dirigirlo hacia su hendidura, metiéndoselos en un silencioso sometimiento, aún temblorosa, con el ardor sintiéndose, pero era algo mecánico, si no lo hacía, Bill se haría cargo, y no quería tener más que sus manos sobre sus piernas.
Por más que sintiera su mirada intensa en medio de sus piernas, sabía que estaba siendo objeto de su escrutinio, pero Tamie se mantuvo así, apretando la mandíbula por el dolor, pero después de introducirse tres dedos, es que terminó por reemplazarlos por el juguete más pequeño, al cual también embadurnó con el lubricante, antes de metérselo de a pocos.
—Muy bien… ¿Ves que no te costaba ser más cooperativa? —cuestionó Bill sin dejar de observar cómo es que el dilatador ingresaba dentro de la mujer, que se mantenía trémula al hacer aquel procedimiento, no había un disfrute real, no es como si pudiera lubricarse.
La mujer miraba a un costado en lo que terminaba de hacer aquel proceso, hasta que fue suficiente para Bill, quien la soltó, y sonrió.
—Listo, tendrás que hacerlo diariamente, una semana con el más pequeño, la siguiente con el más grande y así progresivamente —instruyó Bill, —mientras que la aludida se quería subir la ropa interior—. Lávate antes de ponértela de nuevo, preciosa, para evitar que el lubricante te genere algún tipo de infección al quedarse allí —ordenó para luego retirarse, dejando sola a la muchacha, con la ropa interior de algodón sobre su mano, poniéndose de pie para dirigirse hacia el baño que tenía.
Al momento de ingresar al baño privado, es que consideraba que era algo irónico, ya que si bien vivía aislada del mundo, atrapada, la verdad es que poseía más comodidades de las que nunca había tenido. Se lavó su intimidad, quitando los residuos del lubricante, y luego secando la zona con diligencia, para observar su reflejo en el espejo.
Evitaba casi siempre verse, porque no se reconocía, ¿cómo hacerlo? Incluso su misma quijada y pómulos, habían sido perfilados para ser más delicados, menos pronunciados… Su cabello mismo, estaba suelto, cuando solía tenerlo sujeto en trenzas africanas, pero no, ahora siempre estaba suelto largo tal cual era, y sólo le había permitido quedarse con su piercing en el labio inferior, y sus expansores, porque hasta los tatuajes que poseía, los había quitado con láser.
—Es porque vas a ser una preciosa mujercita, libre de tatuajes, un nuevo comienzo para ti, ¿me entiendes? Debes ser la mujer perfecta, Tamara —le había dicho Bill en aquel momento, haciendo que se estremeciera en desagrado ante el nombre como la mención de que fuera eso, “la mujer perfecta”.
Porque se veía en el reflejo y sí, su rostro, su cuello, sus pechos, cintura estrecha, caderas anchas e incluso su intimidad… Todo gritaba que era una mujer, pero no era así, se sujetó por el rostro, y sintió cómo es que se le volvía a nublar la visión por las lágrimas en sus ojos, apretándose con desesperación sus mejillas, detestándose.
—Yo no soy la mujer perfecta, no soy Tamie, yo no soy tú —le habló a su propio reflejo como si fueran entes diferentes dentro del mismo cuerpo, sintiendo cómo la desesperación se acrecentaba al tampoco distinguir su propia voz, sonando más aguda, distinta a como era antes—. Yo soy… Tom… —agregó lo último casi en un susurro.
Porque era consciente de aquella era su verdadera identidad, Tom Trümper, sólo que su exterior no reflejaba su interior, no después de tantas operaciones a la que había sido sometido luego de tenerlo con tratamiento de hormonas para que su voz y su cuerpo se suavizara, donde Bill a base de múltiples operaciones, que incluían hasta limar su propia manzana de Adán para perfilar su cuello, haciendo lo mismo con su mentón, quitándole costillas flotantes para acentuar más su cintura, un aumento de busto para que sus pectorales pasaran a lucir como senos, y también la grasa focalizada en sus caderas, no tocando su trasero, porque le había mencionado que ya poseía un buen tamaño, y esos hoyuelos de Venus sólo le daban más la ilusión de un cuerpo femenino, lo mismo con su nariz, no la perfiló más, dijo que su rostro de por sí era andrógino, así que sólo necesitó otras modificaciones, entre ellas también el láser para evitar que salieran más vellos tantos faciales como corporales.
Fuera de cómo le quitó los testículos y utilizó la piel de su escroto y pene haciendo una inversión de piel, para que se mantuvieran sensibles, que ahora era doloroso, pero le había explicado que luego serviría para ser algo estimulante, es decir, para que aún pudiera tener orgasmos, pero, ¿cómo diablos quisiera él sentirlos así?
Había sido castrado, y obligado a ser mujer, entonces… No le interesaba “usar” esa zona, aunque sabía que Bill quería que él se convirtiera no sólo en “la mujer perfecta”, sino en “su mujer perfecta”, y ese pensamiento sólo lo enfermaba más. Porque sabía que no era casualidad que estuviera en aquella situación, siendo secuestrado por Bill, para convertirse en su rata de laboratorio, no, esto llevaba tiempo atrás…
Tom había crecido en un barrio pobre, estando sólo con su madre desde siempre, teniendo que ver cómo es que Nicole Trümper, su madre, era quien veía por él, teniendo muchas veces que dormir de pequeño sobre un pedazo de cartón, o luego en asilos temporales junto a su madre, o lo que era saber que ella terminaba prostituyéndose porque era la única forma de conseguir dinero, con él encerrado en el baño escuchando cómo es que su madre se entregaba desde que era un infante.
Ver a su madre con marcas en su rostro o cuerpo por los clientes que eran especialmente brutales con ella, había sido su pan de cada día desde que era un infante, pero Nicole era lo único que Tom tenía, porque no tenían más familiares, así que Tom creció así, viviendo las carencias toda su existencia, entendiendo también de abusos, que uno tenía menos derechos por ser pobre, y cómo es que se tenía que hacer de todo para comer, al punto de él mismo ponerse a vender drogas desde que era menor de edad para ayudar a su madre con los gastos, por lo mismo es que también estuvo en pandillas desde muchacho, y poseía piercings y tatuajes por ello.







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