Capítulo 1 — La última mentira
A las once y cuarenta y siete de la noche, Valeria todavía esperaba a Mateo.
Llevaba casi una hora sentada en el borde de la cama, mirando el teléfono cada pocos segundos.
Nada.
Ni un mensaje. Ni una llamada.
Solo aquel último texto que él le había enviado tres horas antes:
“No me esperes despierta. Tengo mucho trabajo.”
Valeria había querido creerle. Después de tantos años juntos, confiar en él parecía más fácil que aceptar que algo estaba cambiando.
El sonido de unas llaves la hizo levantarse.
Mateo entró al apartamento.
—¿Todavía estás despierta?
—Te estaba esperando.
—Te dije que no lo hicieras.
Valeria lo observó detenidamente.
—¿Dónde estabas?
—Trabajando.
—¿Hasta esta hora?
Mateo suspiró.
—Estoy cansado, Valeria. No quiero discutir.
—Yo tampoco. Solo quiero saber la verdad.
Él apartó la mirada.
Entonces ella lo vio.
Una pequeña mancha de labial rojo en el cuello de su camisa.
Valeria sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué es eso?
Mateo bajó la mirada.
—No es lo que piensas.
Ella soltó una risa nerviosa.
—Siempre dicen eso cuando sí es exactamente lo que estamos pensando.
—Puedo explicarlo.
—Entonces explícame.
Silencio.
Valeria sintió cómo se llenaban sus ojos de lágrimas.
—¿La amas?
—No.
—¿Entonces quién es?
—Valeria...
—¿Quién es ella?
Mateo cerró los ojos.
—Tienes que confiar en mí.
—Eso no fue lo que te pregunté.
En ese momento, el teléfono de Mateo vibró sobre la mesa.
Los dos miraron la pantalla.
Un nombre apareció en la notificación:
Camila.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
Debajo del nombre había un mensaje:
“¿Ya le dijiste a Valeria que no puedes dejarme?”
Ella levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa esto?
Mateo palideció.
—Necesito contarte algo.
—Pues habla.
Él respiró profundamente.
—Camila no es mi amante.
Valeria sintió un pequeño alivio.
Pero duró apenas un segundo.
Mateo la miró a los ojos.
—Es mi esposa.
Valeria dejó de respirar.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
Ella solo pudo pensar en una cosa:
¿Cómo podía tener una esposa el hombre con quien llevaba cuatro años compartiendo su vida?
Y entonces comprendió algo mucho peor.
Quizás Mateo nunca había sido el hombre que ella creía conocer.








