Capítulo 4 — La promesa
Mateo permaneció inmóvil.
—Te hice una pregunta —insistió Valeria—. ¿Qué significa eso?
Él respiró profundamente.
—Camila fue mi primer amor.
Valeria sintió un vacío en el pecho.
—¿Y yo qué soy?
—Tú eres el amor de mi vida.
—Entonces, ¿por qué ella dice que le prometiste amarla para siempre?
Mateo bajó la mirada.
—Porque se lo prometí.
Valeria sintió que una lágrima recorría su mejilla.
—¿Y cuándo pensabas contarme que todavía llevabas esa promesa contigo?
—Cuando estuviera seguro de que podía cerrar esa parte de mi vida.
—Han pasado cuatro años, Mateo.
—Lo sé.
—Cuatro años diciéndome que yo era la mujer que querías para siempre.
—Y lo eres.
—¿De verdad?
Mateo se acercó.
—Sí.
Valeria retrocedió.
—Entonces demuéstramelo.
—¿Cómo?
—Divorciándote.
Mateo se quedó en silencio.
Valeria soltó una risa amarga.
—Eso pensé.
—No es tan fácil.
—Siempre tienes una excusa.
—No es una excusa.
—Entonces dime qué te lo impide.
Mateo miró hacia la ventana.
—Camila tiene algo que podría destruirnos.
—¿A nosotros?
—A los dos.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Qué tiene?
—Pruebas.
—¿Pruebas de qué?
Mateo no respondió.
—Mateo, estoy cansada de descubrir tu vida por partes.
Él sacó su teléfono y abrió una carpeta de fotografías.
—Mira.
Valeria tomó el teléfono.
Había fotografías de Mateo y Camila años atrás. Algunas parecían normales, pero en otras aparecían documentos, mensajes y fotografías de una casa que Valeria no reconocía.
—¿Qué es esto?
—La casa donde vivíamos.
Valeria siguió mirando.
Entonces encontró una fotografía que la hizo detenerse.
Era Camila frente a una puerta.
Pero detrás de ella aparecía un hombre.
Valeria amplió la imagen.
Su rostro le resultaba familiar.
Demasiado familiar.
—¿Quién es él?
Mateo intentó quitarle el teléfono.
—No necesitas saberlo.
—¡¿Quién es?!
Valeria levantó la mirada.
Mateo parecía aterrorizado.
—Es alguien que debería haber desaparecido de nuestras vidas hace mucho tiempo.
—¿Qué quieres decir?
—Que si Camila vuelve a hablar contigo, no le creas todo lo que te diga.
Valeria sintió que la rabia volvía a crecer.
—¿Y por qué debería creerte a ti?
Mateo no contestó.
En ese instante, llegó un mensaje al teléfono.
Valeria miró la pantalla.
Era de Camila.
“Ya viste la fotografía, ¿verdad?”
Valeria se quedó helada.
Otro mensaje apareció inmediatamente:
“Ahora pregúntale a Mateo quién es el hombre que aparece detrás de mí.”
Valeria levantó lentamente la mirada.
—¿Quién es?
Mateo cerró los ojos.
—Mi hermano.
Valeria frunció el ceño.
—¿Y qué tiene que ver él con todo esto?
Mateo la miró con una expresión que nunca había visto antes.
—Porque está muerto.
Valeria sintió que el corazón se le detenía.
Pero entonces llegó otro mensaje de Camila:
“No está muerto.”








