Capítulo 6 — La huida
—¿De la policía? —repitió Valeria.
Mateo asintió lentamente.
—Sí.
—¿Por qué estaban huyendo?
Mateo se pasó una mano por el rostro.
—Porque mi hermano estaba acusado de asesinato.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Asesinato?
—Lo acusaron de matar a un hombre.
—¿Y tú lo ayudaste a escapar?
—Sí.
—¿Por qué?
Mateo levantó la mirada.
—Porque era inocente.
—¿Y cómo puedes estar tan seguro?
—Porque yo estaba allí.
Valeria se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Mateo respiró profundamente.
—La noche que ocurrió todo, yo estaba con él.
—Entonces viste lo que pasó.
—Vi suficiente para saber que él no lo hizo.
—¿Quién murió?
Mateo guardó silencio.
—¡¿Quién?!
—Un hombre llamado Daniel.
Valeria sintió que aquel nombre le resultaba familiar, aunque no sabía de dónde.
—¿Y qué tenía que ver ese hombre con ustedes?
—Demasiadas cosas.
—No entiendo.
—Daniel sabía algo sobre Camila.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué sabía?
Mateo negó con la cabeza.
—No puedo decírtelo.
—¿Otra vez no puedes?
Valeria sintió que la rabia volvía a apoderarse de ella.
—Estoy cansada de tus secretos, Mateo. Toda mi vida contigo ha sido una mentira detrás de otra.
—No quería involucrarte.
—¡Ya estoy involucrada!
El teléfono volvió a sonar.
Camila.
Mateo intentó quitárselo, pero Valeria contestó antes.
—Habla.
—¿Está contigo? —preguntó Camila.
—Sí.
—Entonces escucha atentamente.
Valeria apretó el teléfono contra su oído.
—Te escucho.
—El hombre que murió aquella noche no era quien Mateo te dijo.
—¿Qué quieres decir?
—Daniel estaba chantajeando a alguien.
—¿A quién?
Camila hizo una pausa.
—A Mateo.
Valeria miró hacia él.
Mateo cerró los ojos.
—¿Por qué lo chantajeaba?
—Porque tenía pruebas.
—¿Pruebas de qué?
Camila bajó la voz.
—De algo que podía llevar a Mateo a prisión.
Valeria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Y qué hizo Mateo?
—Eso deberías preguntárselo a él.
La llamada terminó.
Valeria dejó caer lentamente el teléfono.
—¿Qué hiciste?
—Nada.
—Camila dice que Daniel te estaba chantajeando.
—Sí.
—¿Con qué?
Mateo no respondió.
—¡Dime con qué!
Él la miró con los ojos llenos de miedo.
—Con una grabación.
—¿Una grabación de qué?
Mateo respiró profundamente.
—De la noche en que Daniel murió.
Valeria se quedó sin palabras.
—¿Existe esa grabación?
—Sí.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—¿Quién la tiene?
Mateo miró hacia la ventana.
—Camila.
Valeria sintió un escalofrío.
—Entonces tenemos que verla.
—No.
—¿Por qué?
Mateo se acercó y tomó sus manos.
—Porque si esa grabación sale a la luz, no solo yo estaré en problemas.
—¿Quién más?
Mateo la miró fijamente.
—Tú.
De pronto, tres golpes retumbaron en la puerta.
Valeria y Mateo se quedaron paralizados.
Otros tres golpes.
Mateo palideció.
—No abras.
—¿Quién es?
Él retrocedió lentamente.
—La única persona que no debería haber encontrado nuestra dirección.
La puerta volvió a estremecerse.
Y entonces una voz masculina habló desde el otro lado:
—Mateo... sé que estás ahí.
Valeria miró a Mateo.
—¿Quién es?
Mateo susurró:
—Mi hermano.








