Prologo
El Año del Silencio (2008)
El experimento no comenzó con trompetas ni cielos abriéndose; comenzó con un frío repentino que congeló el aire en dos salas de parto distintas, separadas por kilómetros de carretera.
Era el año 2008. En un hospital de pueblo, un bebé caucásico de extremidades largas y llanto enérgico respiraba por primera vez bajo la mirada aliviada de sus padres: lo llamaron Baltasar. En otro pueblo, casi al mismo tiempo, un niño de tez oscura abría los ojos en un silencio absoluto, cobijado por los brazos de una madre cuya salud ya empezaba a flaquear: lo llamaron Dante.
En ese preciso milisegundo, la línea se cortó.
En las sombras de la región, las criaturas que habían operado durante siglos bajo las órdenes del cielo y del infierno sintieron el golpe. Los rezos se convirtieron en eco. Las órdenes de arriba cesaron. Los ángeles y demonios encubiertos en la cotidianidad humana se miraron las manos, aterrorizados, al darse cuenta de que las reglas del libre albedrío total acababan de caer sobre el mundo como un bloque de plomo. Dios se había retirado a mirar. No sabían qué había causado el apagón, pero las sospechas de las pocas criaturas que cruzaron datos apuntaron a una anomalía en la frecuencia de la provincia ese mismo día. A partir de esa noche de 2008, la cacería silenciosa comenzó a ciegas.








