⊱♢ 1: Muyu ⚜⊰
Sus mechones rojo persa quedan ocultos en cuanto se pone el casco integral de su motocicleta, el metal negro ocultando cada hebra a la perfección, bajando la visera oscura del casco con un movimiento fluido, girando la llave en el contacto y el motor de su Rieju 500 Adventure cobrando vida con un rugido bestial.
Fue cuestión de pocos minutos lo que había tardado en llegar a donde las carreras se llevarían a cabo esa noche. Como eran ilegales, cada noche era en un lugar diferente, y esta vez había tocado en un aparcamiento abandonado cerca de la playa.
El lugar estaba lleno de gente. Mujeres en ropa que no dejaba nada a la imaginación, el sonido de la música popular opacado por el de los motores de motocicletas y coches deportivos, estos últimos con sus capós abiertos, luciendo las modificaciones orgullosos.
Él, para no variar, fue el centro de atención en cuanto el motor de su Rieju sobrepasa el del resto, deteniendo su abrupta llegada con un derrape controlado de su rueda trasera, haciendo que quede una marca negra del neumático en el pavimento, levantando una humareda negra en el proceso, pero no se quita el casco al detener la motocicleta. Ni siquiera sube la visera, en su lugar observa que mujeres de todas las razas que tanto odia lo rodeen, como siempre coreando su nombre de corredor y suplicando por subir en su motocicleta, el doble sentido siendo más que obvio, solo haciendo que frunza el ceño con asco.
A pesar de llevar el casco puesto, su hiper-sensible nariz de feralodón todavía puede captar los empalagosos olores de las mujeres, lo que hace que una arcada suba por su garganta. Parecía que estas chicas no habían aprendido lo que caracteriza a su raza.
—Largo —gruñe de manera gutural sin molestarse en alzar la voz, su tono grave y ronco denotando que no está de humor para aguantar el barullo demasiado común de este tipo de ambiente.
Las féminas, intimidadas pero de mal humor por ser rechazadas, comienzan a alejarse para ir con los otros corredores reunidos que sí las aceptaban.
No puede evitar soltar un suspiro más tranquilo cuando se queda solo, apagando el motor y sujetando el peso de su motocicleta con la pierna izquierda, irguiendo la espalda y ajustando los guantes de cuero negro sin dedos que lleva, discretamente confirmando que la tela cubre por completo la tinta en el dorso de sus manos, incluso si sabía que su chaqueta de cuero sin mangas y abierta deja visibles el resto de sus tatuajes, no quería que los de sus manos se vean. Nunca lleva camiseta debajo de su chaqueta para este tipo de situaciones. El calor de los motores y el del exceso de gente era suficiente para que no le hicieran falta más prendas que su chaqueta y unos vaqueros largos.
—Hey, Grimm.
La voz le es familiar, pero al mismo tiempo ajena, mirando a quien le habla y arrugando la nariz con disgusto, incluso si esta acción no se nota por su casco.
—Siempre alejas a las mujeres —continua hablando incluso si no ha recibido respuesta por parte del contrario.
—¿Y eso qué importa? —truena sus nudillos y habla con desinterés, todavía sentado en su motocicleta así como sujeta el peso de la misma con la pierna.
—Te tomas muy en serio lo de tu alma gemela —cruza los brazos con burla. —Podrías relajarte un poco. Ya sabes, divertirte.
—Lo que haga con mi vida fuera de la carretera no es de tu puta incumbencia —no se contiene al responder con ferocidad. Nunca lo ha hecho, y no planea empezar pronto. Tampoco es algo que esté en su genética.
El contrario alza ambos brazos en un gesto de rendición fingida, seguido de una risa sardónica.
—Está bien, está bien —niega con la cabeza y alza ambos hombros, restando importancia al tema. —Pero en serio, ni siquiera muestras tu marca. ¿Tanto te molestaría que la gente sepa quién eres fuera de las carreras?
—Sí —no hay más palabras por su parte después de eso, siendo claro y directo con su respuesta, llevando su zurda a su cuello para poder estirarlo, aunque en realidad está comprobando que la gargantilla de cuero naranja en su cuello siguiera en la posición correcta, ocultando su marca de alma gemela que se situa en su yugular izquierda.
El ópalo de fuego que cuelga del cuero hizo un sonido tintineante ante el movimiento, llamando la atención del otro chico presente.
—Oye, esa cosa de ahí se ve demasiado costosa como para traerla a un lugar como este —frunce el ceño con extrañeza.
—Te lo vuelvo a decir: eso no es de tu puta incumbencia —gruñe molesto al tener que repetir sus anteriores palabras, sabiendo que el ópalo deltoidal en su cuello era un objeto raro, codiciado y muy caro, pero no es como que le importe.
—Vale, vale, ya lo entiendo —bufa con desagrado. Pensaba que, como demonio, se podría llevar bien con Grimm por la personalidad irascible del mismo, pero ya había notado que no. A veces se pregunta si el propio Grimm se aguanta a sí mismo. —Eres muy poco tolerante.
—¿Con los idiotas que dicen obviedades? No, ni un poco —cruza los brazos sobre su amplio y musculoso pecho desnudo, donde se podía ver un tatuaje en cada pectoral: una rosa de los vientos en el pectoral derecho y un Vegvísir en el izquierdo, la tinta negra y las sombras de los diseños resaltando sobre su piel caramelo.
—Lo que digas —responde desinteresado, sacudiendo su mano y rodando los ojos con hastío. —No sé cómo te va a soportar tu alma gemela si eres así de insufrible con ella también —dicho esto dio media vuelta e inicia el camino de regreso hacia donde el resto de personas están.
Las últimas palabras dichas por el demonio lo habían molestado mucho, porque sabía que tenía razón, y lo odia, sin poder contener un gruñido gutural.
En el mundo en el que vivían, donde su alma gemela lo era todo para una persona independientemente de su raza, ni siquiera sabía si a él podrían soportarlo.
Era consciente de que debía empezar a mantener bajo control su temperamento para cuando conociera a sus almas gemelas, pero era algo que no le salía por mucho que lo había intentado. No encontraba motivos para cambiar su actual yo, y no era como que la gente lo ayude con sus intentos de cambiar. Para las chicas solo era un trozo de carne andante, incluso una cuenta bancaria para sus caprichos lujosos, y para los chicos era un enemigo al que superar para llamar la atención del género femenino. Puede que él sí fuese fiel y leal a sus almas gemelas, pero no podía decir lo mismo del resto, porque tanto hembras como machos se acostaban entre ellos como si les fuese la vida en ello.
Otra vibración sale desde lo más profundo de su pecho, con la mandíbula tan apretada y tensa que un músculo sobresale cerca de sus sienes.
Vuelve a tomar el manillar de su motocicleta, aunque sin encender el motor, pudiendo notar el cabello de su nuca al elevarse conforme su enojo se acrecienta. Ya sabía que iba a ser una noche muy larga, y el tener conocimiento de ello solo hacía que su mandíbula se tense el doble, sus manos aprieten el manillar y sus garras crezcan en consecuencia.








