Capítulo 9
—Camila.
El nombre salió de los labios de Mateo casi en un susurro.
Valeria permaneció inmóvil.
Durante unos segundos, ninguno de los dos se atrevió a hablar.
—¿Camila quería matar a mi padre? —preguntó finalmente.
Mateo bajó la mirada.
—No exactamente.
Valeria soltó una risa llena de incredulidad.
—¿Cómo que no exactamente? Hace unos segundos me dijiste que ella quería matarlo.
—Te dije que descubrimos quién estaba detrás de todo.
—Y dijiste su nombre.
—Porque fue ella quien nos llevó hasta esa persona.
Valeria frunció el ceño.
—No entiendo nada.
—Porque hay algo que nunca te conté.
—Ya me estoy acostumbrando.
Mateo respiró profundamente.
—La noche en que tu padre desapareció, Camila llegó a mi casa desesperada. Me dijo que había descubierto algo.
—¿Qué?
—Que alguien estaba utilizando los negocios de tu padre para mover dinero y culparlo de todo.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
—¿Y quién era?
—No lo sabíamos.
—Pero acabas de decir que Camila estaba involucrada.
—Sí, pero no como tú piensas.
Mateo caminó lentamente hasta el sofá y se sentó.
—Camila había encontrado documentos que demostraban que alguien cercano a tu padre llevaba años traicionándolo.
—¿Alguien cercano?
—Alguien en quien él confiaba completamente.
Valeria se sentó frente a él.
—¿Mi padre confiaba en esa persona?
—Más que en nadie.
—¿Quién era?
Mateo levantó la mirada.
—Tu madre.
Valeria se quedó paralizada.
—¿Mi madre?
—Sí.
—Eso es imposible.
—Tu madre sabía muchas cosas que tú nunca supiste.
Valeria negó con la cabeza.
—Mi madre murió cuando yo era pequeña.
—Lo sé.
—Entonces, ¿cómo pudo traicionarlo?
Mateo guardó silencio.
Valeria sintió que algo no encajaba.
—¿Qué no me estás diciendo?
—Tu madre no murió cuando tú creías.
Valeria sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—¿Qué?
—Ella desapareció.
—No.
—Tu padre hizo creer a todos que había muerto.
Valeria se levantó de golpe.
—¡Estás mintiendo!
—Ojalá pudiera decirte que sí.
Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Valeria.
—Mi padre me dijo que ella había muerto.
—Porque quería protegerte.
—¡Todos dicen lo mismo! ¡Que querían protegerme! ¿Y sabes qué hicieron? ¡Me dejaron vivir rodeada de mentiras!
Mateo se levantó.
—Valeria...
—No me toques.
Él se detuvo.
—¿Dónde está mi madre?
Mateo no respondió.
—¿Dónde está?
—No lo sé.
—¿La conociste?
Mateo tardó en contestar.
—Sí.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Cuándo?
—Hace seis años.
—¿Antes o después de que desapareciera mi padre?
—Después.
—Entonces ella está viva.
Mateo cerró los ojos.
—Eso creo.
Valeria se llevó las manos al rostro.
—Dios mío...
En ese momento, su teléfono vibró.
Un mensaje.
Número desconocido.
Valeria abrió la conversación.
Solo había una fotografía.
Una mujer estaba sentada en una cafetería, mirando hacia la ventana.
Valeria amplió la imagen.
No podía respirar.
Conocía ese rostro.
Lo había visto en las pocas fotografías que conservaba de su infancia.
—Mateo...
Él se acercó.
—¿Qué pasa?
Valeria le mostró el teléfono.
—¿Es ella?
Mateo miró la fotografía y su expresión cambió por completo.
—¿Quién te mandó esto?
—No lo sé.
Entonces llegó otro mensaje.
“Si quieres conocer la verdad sobre tu padre, ven sola mañana a las ocho.”
Debajo aparecía una dirección.
Valeria leyó el lugar.
Era una dirección que recordaba perfectamente.
La casa donde había vivido de niña.
Sintió que las piernas le temblaban.
—No voy a ir —dijo Mateo.
Valeria lo miró.
—No te estoy pidiendo permiso.
—Es una trampa.
—¿Y si no lo es?
—Entonces será peor.
—¿Por qué?
Mateo se quedó callado.
Valeria se acercó.
—Porque tú sabes quién me está esperando allí.
Mateo bajó la cabeza.
—Sí.
—¿Quién?
Él levantó los ojos.
—Tu madre.
Valeria sintió que el corazón le daba un vuelco.
Pero antes de que pudiera responder, apareció un último mensaje:
“Y dile a Mateo que deje de protegerme. Ya es hora de que Valeria sepa quién mató a Daniel.”
Valeria miró a Mateo.
—¿Qué significa esto?
Mateo palideció.
—Significa que Camila nunca estuvo intentando matar a tu padre.
—Entonces, ¿qué estaba intentando hacer?
Mateo la miró fijamente.
—Encontrar al verdadero asesino.
Y Valeria comprendió que la historia apenas estaba comenzando.








