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El manuscrito/ Namjin

Summary

Cuando tu cuenta bancaria tenga más ceros que la mía, cuando puedas dominarme... solo entonces podrás llamarme de esa manera Jin olvidó las palabras que su arrogancia adolescente pronunció, pero Namjoon pasó dieciséis años obsesionado con cumplir la lista. Ahora, entre contratos de exclusividad, faxes sin responder y una habitación de hotel, los roles han cambiado. Jin cree que busca el perdón; Namjoon solo quiere demostrarle lo buen alumno que llegó a ser Advertencias ⚠⚠ Portada hecha por mi Historia creada por mi No se aceptan copias, adaptaciones o PDF Si no te gusta la temática, no leas Si eres sensible no leas Cualquier comentario con fines de daño, serán ignorado Disfruten la historia 🦊

Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────

¿Era un objeto o una persona?... Si era realmente una persona... ¿Por qué se sentía bien en cada ocación donde era usado?

Todo empezó con un sabor agridulce, pero un panorama amargo. En ese entonces hacía calor y las notas lo eran todo. El ritmo escolar era una locura y la mayoría de los estudiantes se asfixiaba con los exámenes finales. No hacía falta ser un genio para notar que los idiotas que vagaban sin estudiar se aprovechaban de los más brillantes, sometiéndolos, acosándolos o fingiendo hipocresía

Tokyo-SHOUN era una preparatoria masculina; lo había sido desde su origen. Ninguna chica había pisado jamás el pavimento y hasta el cuerpo docente estaba compuesto por hombres. Pero, seamos claros, eran adolescentes; a pesar de su corta edad, estaban desbordados de hormonas. Necesitaban fornicar, drenar el estrés o liberar dopamina bajo la ilusión de estar enamorados, aunque solo fuera de un postre de la cafetería

Fue por eso que nació un club clandestino, un santuario para los encuentros homosexuales. Un simple club de literatura a los ojos de la directiva, pero mientras unos pocos se entregaban a las páginas de los libros, otros las manchaban con sus fluidos. En ese salón se encontraban Kim Nam-joon y Kim Seok-jin, el líder del club, el alumno más prometedor, y el chico que entró allí movido únicamente por su fascinación por el contenido explícito

Todo el club sabía que Namjoon no compartía la misma devoción intelectual que Seokjin; para él, aquel salón era solo un refugio donde saciar su curiosidad y sus hormonas. Sin embargo, con los exámenes finales asfixiando a la preparatoria, el agua le llegó al cuello. Desesperado por no reprobar, Namjoon trago su orgullo y rogo por tutorias privadas. El lider le ofreció su ayuda, pero todo a un pequeños costo

──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────

—Por favor, te lo ruego —volvió a suplicar, pegando sus manos al suelo

La mirada despectiva lo observó por largos segundos, pero antes de que pudiera negarse, el moreno inclinó toda la parte superior de su cuerpo hasta presionar su frente contra la madera, perdiendo completamente su orgullo

—Por favor...

Seokjin lo escuchó en silencio, sosteniendo un libro de cálculo entre las manos con una calma que llegaba a ser asfixiante, como si realmente no se tratara de tranquilidad. Cualquiera habría pensado que el líder del club era un accesorio sumiso en ese nido de serpientes, alguien que simplemente fingía no ver lo que ocurría frente a sus narices. Pero se equivocaban; simplemente nadie había sido suficiente

El sexo era bueno, pero sin su parafilia... era rígido, un acto hormonal sin sentido; algo menos relevante que el estatus de sus calificaciones

—Haré lo que quieras, te pagaré, trabajaré tres turnos si deseas un millón —habló sin parar, cerrando sus ojos con fuerza— Necesito graduarme... mi madre...

—Te ayudaré —accedió el pelinegro, interrumpiendo la voz profunda

Cerró el libro con un golpe seco que resonó en el aula vacía y luego clavó una vez más su mirada intensa y desprovista de timidez en el chico suplicante

—Mis clases no son baratas, Nam. Si quieres que te salve, vas a tener que pagar el precio del club —sus palabras resonaron como un eco en la mente del chico, quien elevó la mirada; aun así, Jin no cambió su expresión, hablaba en serio— Eres pobre y realmente no necesito tu dinero; me vas a pagar con tu cuerpo

—¿Con... con mi cuerpo? —preguntó dudoso, creyendo que todo era una broma— Soy hombre —expuso con obviedad, logrando que Seokjin riera exageradamente antes de recostarse por completo en el espaldar de la silla

—Nos encontramos en un club que se dedica a la fornicación sodomita —detuvo su risa poco a poco, apoyando ahora su rostro en una de sus manos—Soy el líder, yo creé el club... —sonrió ladino— ¿Por qué crees que me encuentro aquí?

—Creí que... realmente te gustaba la literatura, nunca miras las situaciones que... —balbuceó, volviendo a escuchar la carcajada del pelinegro— Nunca...

—He fornicado con más hombres de los que crees, Namjoon. Decepcionantes, debo decir —una mueca apareció en sus labios— No me importa que forniquen en esta habitación mientras leo o escribo, eso no causa nada en mí... La pregunta correcta a tu duda es... ¿qué hago en este club si no planeo cogerme a otro hombre?

Luego de esa pregunta, Namjoon no logró articular nada, dejando al pelinegro con la última palabra; ciertamente tenía razón... ¿Qué hacía él en este club?

Siempre supo de qué trataba; no era idiota. No obstante, nunca fue capaz de fornicar con otro hombre frente al líder. En cambio, detestaba presenciar esos días donde otros se postraban ante él, practicando un sexo oral que ni siquiera hacía que el mayor frunciera el rostro... Una ligera liberación de estrés que generaba un sentimiento extraño en el moreno. Namjoon era capaz de ver a cualquiera, pero no a Kim Seokjin. Como nunca lo vio pasar del sexo oral, creyó que realmente se encontraba en el club por una genuina pasión literaria. Qué equivocado estuvo

Todo el club sabía que Namjoon no compartía la misma devoción intelectual que Seokjin, y mucho menos el deseo sexual; para él, aquel salón era solo un refugio donde saciar su curiosidad y sus hormonas. Sin embargo, con los exámenes finales asfixiando a la preparatoria, el agua le llegó al cuello. En un punto de esos días se dejó llevar por la desesperación, intentando alcanzar el puesto que solo era ocupado por Seokjin

Estudiar con el mejor para ser el mejor

De aquella manera inició todo...

──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────

Un mensaje se manda en segundos

Quién no te habla, es porqué no te quiere

Quién no te encuentra es porqué no quiere buscarte

La distancia y la falta de tiempo son excusas

Quién no esta ahí es porqué no quiere estar

Mostrar interes... no cuesta nada

Los sentimientos nacen de manera involuntaria

──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────

06/07/2010

Tres meses despúes

—El entorno es diferente, pero las reglas siguen siendo las mías, Nam —comentó Seokjin, pasando una página de su libro de cálculo— De hecho, que estemos nuevamente en tu casa lo hace más interesante... Si gritas o haces demasiado ruido con los castigos, tus vecinos podrían escuchar —sonrió de costado, clavando su mirada en los músculos tensos— o peor... tu madre podría llegar antes de tiempo. Así que te sugiero que seas extremadamente silencioso y cauteloso al responder

Namjoon apretó el bolígrafo con los dedos temblorosos, sintiendo el frío del suelo colarse por sus pantalones. No podía contener la emoción de tener al líder del club controlando su espacio personal hasta asfixiarlo

—Son cinco problemas de nivel avanzado —explicó el pelinegro, ahora fijando sus ojos oscuros en la nuca del moreno— Responde la primera... Recuerda lo que acordamos: un solo error, una sola falta en el procedimiento, y empezarás a pagar con tu cuerpo de la forma en que yo decida

—Lo sé... —respondió bajo, casi sumiso, sonriendo de manera imperceptible

Seokjin se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando los codos sobre sus muslos mientras sus ojos miraban cada movimiento del moreno. La atmósfera en la habitación se volvió tan densa que el sonido del bolígrafo raspando el papel parecía amplificado. Pero más allá de ello, Jin se dedicó a observar los mangas, los pósters y las figuras coleccionables de ese miserable otaku que pretendía que lo educara

—Sea la función definida por partes... —leyó Seokjin en voz alta al regresar su atención al libro, ignorando las cosas a su entorno como siempre— Determina el valor exacto de la constante k para que la función sea continua en todo su dominio. Elige bien tus pasos, Namjoon... no querrás tropezar tan rápido y hacerme perder mi tiempo

El moreno mantuvo la vista fija en la hoja, pero su mente no estaba en los límites laterales. La cercanía de Seokjin, el calor que emanaba de su cuerpo a pesar de la distancia y la deliciosa amenaza de ser descubierto por su madre en su propia casa le enviaban oleadas de una adrenalina que intentaba camuflar. Con una lentitud calculada, comenzó a trazar el desarrollo. Sabía perfectamente que para que la función fuera continua, el límite cuando x tiende a 2 por la izquierda debía igualar al valor de la función por la derecha; el primer miembro se simplificaba a x + 2, dando como resultado 4, lo que significaba que 2k - 2 = 4, y por ende, k = 3

Sin embargo, sus dedos flaquearon a propósito al ejecutar el despeje. Con un pulso falsamente tembloroso, escribió en el papel la respuesta equivocada, una vez más, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal al notar la decepcionada mirada ajena

Dejó el bolígrafo sobre la mesa en silencio y dejó escapar un suspiro contenido, manteniendo la cabeza baja, esperando su nuevo castigo como un animal ciego

Detrás de él, el silencio duró apenas un par de segundos. Seokjin observó el error evidente, el absurdo fallo de signos que un estudiante desesperado por aprobar jamás cometería de forma genuina. Sabía que el idiota estaba jugando con él; no existía alguien tan estúpido

Sin previo aviso, se deslizó de la silla hasta caer de rodillas justo detrás de Namjoon. Su mano izquierda subió con firmeza hacia el frente del cuello del moreno, obligándolo a retener el aliento. Sostuvo la garganta para inclinar su cabeza y guiarlo a exponer su cuello, algo que no fue complicado

—¿Un error de álgebra básica? ¿En serio? —susurró directamente contra su oído, su aliento caliente erizando cada vello de la piel del moreno— Te advertí que no era flexible... Podría creer que lo has hecho a propósito... Comienzo a perder la paciencia

Los labios delgados se abrieron en busca de aire con el fin de responder, pero antes de que pudiera articular una sola palabra, la boca ajena se abrió y clavó los dientes en la base de su nuca, justo en el punto donde los músculos se unían al hombro

La mordida fue profunda, dolorosa, casi un reclamo de propiedad, o eso deseaba creer Namjoon. Sus puños se apretaron contra sus muslos, ahogando un gemido de dolor mezclado con el más puro placer, recordando la advertencia de mantener el silencio mientras sentía la presión de la mandíbula de Seokjin rompiendo su resistencia

—Hazlo nuevamente —pidió al liberarlo, presionando su dedo pulgar en donde se encontraba la marca rojiza de sus dientes

No fue una sorpresa cuando el mismo error apareció en la hoja. La lengua de Jin chasqueó tres veces, completamente decepcionado del rendimiento. Su dedo pulgar, que aún subía y bajando por la piel llena de mordeduras, se detuvo abruptamente

—Vaya —se levantó, enarcando una de sus cejas y volviendo a chasquear su lengua con fastidio— Eres un idiota —insultó, comenzando a caminar alrededor de la mesa bajo la mirada del castaño— No puedes completar algo tan simple —se detuvo, dejando caer su libro de cálculo en la mesa— Levántate, maldita rata —demandó, pero el moreno permaneció sentado— ¿Qué esperas?

—Me encuentro desnudo

—¿Y? —fue seco, mirando la mesa como si pudiera ver a través de ella— No tienes nada que pueda impresionarme —soltó aire, tomándose el tiempo de arrodillarse frente a la mesa— Es mejor que estudies en lugar de fantasear conmigo... ¿Acaso no querías graduarte?

—Quiero ser el mejor... —susurró, manteniendo su mirada en la hoja que solo mostraba su apetito sexual, mas no su inteligencia por encima de la del pelinegro

Había aprendido todo lo necesario de Kim Seokjin, pero no deseaba que se fuera. Le gustaba besarlo, le gustaba sentir sus manos, le gustaban sus mordidas, sus maltratos y sus palabras despectivas, porque muy en el fondo era consciente de que se tomaba el tiempo de pensar en él para ello

Tres estaciones pasaron y se negaba a mostrar un progreso; algo que al principio fue interesante para Jin, pero que ahora comenzaba a ser abrumador. No eran pareja, no eran novios; solo era trabajo y un intercambio sexual

—¿Qué quieres decir con ser el mejor? —preguntó frunciendo el ceño, consiguiendo la mirada ajena por primera vez

—Quiero ser el mejor en las calificaciones —fue honesto, observando la manera en que el rostro frente a él se contrajo para luego reír sin parar

—Eres una rata —soltó entre risas, tomando el libro de cálculo de la mesa para tirarlo contra Namjoon, obligándolo a cubrir su rostro con sus brazos— Maldito bastardo, quieres quitarme mi lugar —abrió en grande sus ojos, mostrando su descontento— Ya eres el segundo y las personas te ven como mi lacayo, confórmate

—Quiero que tú me reconozcas —relamió sus labios, bajando sus brazos

—Ya te reconozco, eres una buena diversión —tras las palabras de Seokjin, Nam tragó grueso, sintiendo cómo ese vacío dentro de él se llenaba de adrenalina y emoción— Luego de Su-ho, claramente

—Quiero que salgamos. Ya no te necesito para estudiar, ambos lo sabemos, solo...

—Te gusta fornicar conmigo —interrumpió. Miró el asentimiento, dudoso, pero era eso, una afirmativa

—Me gusta, pero tú también me gustas. Quiero tener citas, besarte sin tener que cometer un error, verte más allá del estudio —intentó acercar sus manos a las del otro; no obstante, Jin las apartó, evitando que lo tocara. Habían cruzado una línea que no debió cruzarse

—Levántate... —demandó, apartando su mirada del moreno

—Seokjin...

—¿Acaso no me escuchaste? —insistió Seokjin, su voz descendiendo a un tono peligrosamente bajo, desprovisto de la diversión de antes. Apoyó ambas manos sobre el borde de la mesa, inclinándose ligeramente hacia el moreno— Dije que te levantes

Namjoon parpadeó, saliendo lentamente del trance. Despegó las manos de la zona firme y, manteniendo la mirada fija en los ojos del pelinegro, se puso en pie con lentitud, una acción que también imitó Jin

Seokjin enderezó la espalda, recuperando cada centímetro de su imponente estatura. La mención de Su-ho y la confesión de esos sentimientos patéticos habían transformado la atmósfera; la diversión despectiva se había evaporado, dejando en su lugar un frío glacial, implacable

Los sentimientos eran una mierda

—Cruzar la línea de las calificaciones ya era un descaro, Namjoon, pero esto... —Seokjin soltó una risa baja, punzante, mientras acortaba la distancia— Esto es simplemente estúpido. ¿Te gusto? ¿Quieres que salgamos? Mírate... ¿Cómo podría salir con alguien como tú?

Con un movimiento rápido y carente de toda delicadeza, Jin estiró la mano y enredó los dedos con fuerza en el cabello de Namjoon, tirando de él hacia atrás para obligarlo a mirar de frente, tensando los músculos de su cuello y haciendo que la marca rojiza de la mordida reciente protestara con un dolor agudo. Namjoon soltó un jadeo ahogado, pero sus ojos, fijos en las pupilas oscuras de Seokjin, brillaron con esa chispa de sumisión y adrenalina pura que solo el pelinegro logbaba provocar

—Te di una orden clara, te dije que me pagarías con tu cuerpo por las clases, no que tenías derecho a exigir algo más —susurró Jin, deslizando su otra mano con brusquedad por el pecho desnudo del moreno, deteniéndose justo sobre su clavícula, donde enterró la uña del pulgar con una presión lacerante— Te gusta el maltrato porque es la única forma en que consigues que te preste atención... Te alimentas de mis sobras y ahora que tuviste más de ellas, quieres exigir

Namjoon apretó los dientes, conteniendo el impulso de arquearse ante el dolor punzante en su pecho y la tirantez en su cuero cabelludo. Le quemaba, le dolía de una forma casi insoportable, pero el rechazo explícito y la violencia verbal de Seokjin actuaban como el combustible perfecto para su parafilia. El vacío en su estómago se retorcía de placer al verse reducido a nada por la persona que deseaba con desesperación

—¿Quieres que te reconozca? —continuó el de tez nívea, su rostro a escasos centímetros del otro, mientras ambos alientos se rozaban, tentadores y distantes a la vez— Entonces vas a ganártelo como la rata que eres. Nuestros encuentros acaban hoy

Sin soltar el agarre de su cabello, Jin lo empujó hacia abajo con fuerza, obligándolo a doblar las rodillas de golpe contra el suelo de madera. El impacto resonó seco en las paredes del cuarto. Namjoon alzó la mirada con la respiración desbocada y los labios entreabiertos, completamente entregado al castigo físico e intelectual que Seokjin estaba a punto de desatar sobre él, sabiendo que cada marca en su piel era el único hilo que lo mantenía atado al dueño de sus obsesiones

—¿Podré ser tu novio algún día?

Jin lo observó por un largo tiempo en silencio antes de sonreír con arrogancia, como si viera el futuro y notara lo imposible que sería

Ni siquiera lo había tratado como una persona. Ni una sola vez... No comprendía para nada el desarrollo de sus sentimientos, pero ahí estaban

Un masoquista obsesionado con el sadomasoquista

—Puedes llamarme novio cuando tu cuenta bancaria tenga más ceros que la mía, cuando dejes de verte tan despreciable, cuando puedas dominarme, cuando tengas más éxito que yo, cuando no necesite de otro hombre para sentirme complacido... Podrás llamarme de esa manera cuando cumplas estos requisitos

──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────

06/07/2026

Dieciséis años habían transcurrido desde ese día... ¿Habían cambiado cosas? Claro, muchas cosas habían cambiado en ese largo tiempo

Seokjin realmente se apartó de Namjoon. El moreno dejó el club y, como era de esperarse, Jin dio el discurso final en la graduación, pero Nam nunca llegó... Aquello, irónicamente, le causó ruido al pelinegro, el mismo hombre que no paró de buscarlo entre las personas. Siempre lo había reducido a nada; solo era un cuerpo que podía emplear cuando quisiera y donde quisiera. No obstante, ese día lo buscó con la esperanza de ver... ¿Qué era lo que realmente quería ver?

Siempre quiso creer que el sentimiento de vacío en su estómago era el sentir de la victoria, que solo lo había buscado con su mirada para jactarse de que nunca podría ser nada en comparación con él. Nunca le dio la importancia que merecía

Pero... al graduarse, tuvo la esperanza de ver la determinación en el rostro moreno... Sin embargo, él no estaba ahí

Ahora Kim Seokjin era alguien. El dinero en su cuenta bancaria crecía como las hojas en los árboles, y su antigua arrogancia había sido reemplazada por la humildad y la humanidad de quien, finalmente, aprendió a ver a las personas como seres humanos y no como objetos

Se sentía profundamente avergonzado de su pasado. Quería disculparse, pero sabía lo ridículo que resultaba hacerlo ahora; cuando eres un escritor famoso, todo el mundo te perdona sin pestañear. Sin embargo, la única persona con la que realmente intentó redimirse fue la única que jamás contestó ni aceptó sus mensajes de texto

Ahora que Jin había madurado y había aprendido a ver el valor real de la humanidad, se dio cuenta de la ironía: el destino le dio una oportunidad única de tener algo genuino, y él mismo la tiró a la basura por mero ego

El silencio de Namjoon al otro lado de la pantalla era el recordatorio diario de su propio desperdicio

Aquel día se encontraba en el tope. Era 6 de julio; múltiples personas festejaban la publicación de su nuevo libro, tenía un contrato con la editorial más prestigiosa del país y su cuerpo vestía el traje que cualquiera desearía tener

La vida de Kim Seokjin era lo que él resumía como perfecta. Esa noche, el pelinegro insistía en mantenerse sobrio, diciendo que pronto llegaría el editor que se encargaría de sus escritos; no deseaba dar una mala impresión, por lo que se negaba una y otra vez a las bebidas que sus buenos amigos le ofrecían

El de tez nívea deseaba que la noche fuera tranquila, que ninguna controversia saliera de aquel salón; pero un simple mensaje lo obligó a retener el aliento, conteniendo un coraje que buscaba ser más visible de lo que planeaba. Lee Beom-seok, su traductor y antiguo editor, había cancelado con la peor excusa

—Hermano, tranquilízate —pidió Hoseok, un chico británico que había conocido gracias a su mejor amigo, el mismo castaño que ahora lo miraba en silencio mientras bebía de un vaso de ron

—¿Cómo podría tranquilizarme? —preguntó con evidente enojo, moviendo de manera inconsciente una de sus piernas— Solo he interactuado con el nuevo editor por mensajes de texto y Beom-seok tenía el adelanto de la traducción al inglés y al español... Era el manuscrito que tanto me habían pedido

—Puede que el editor sea flexible —sugirió Hoseok, encogiéndose de hombros con una ligereza que a Jin le pareció insultante

—¿Flexible? —repitió, su voz descendiendo a un susurro incrédulo— En esta industria nadie es flexible, Hoseok... Menos aún las editoriales de este nivel. El nuevo editor es quien decide si mi obra se distribuye globalmente o si se queda estancada en el mercado local

El castaño, que se había mantenido al margen de la conversación saboreando su ron, dejó el vaso sobre la bandeja de uno de los meseros con un golpe seco. Sus ojos fijos en el pelinegro esperaban que reaccionara y dejara de actuar como si fuera el fin del mundo. Es decir, ¿acaso no se encontraban en la fiesta del estreno? Estaba estresado por la distribución en el extranjero

—Preocuparte no va a hacer que Beom-seok aparezca con los manuscritos, Jin —intervino, cruzándose de brazos— Si el nuevo editor es tan estricto como dicen los rumores en el gremio, lo peor que puedes hacer es mostrarle este ataque de pánico...

—Estoy alterado, lo sé —aceptó, mirando entre las personas, sintiendo un vuelco en su estómago. No conocía el rostro del editor... Sabía que podía aparecer en cualquier momento y no sabría quién es

Seokjin apretó los puños dentro de los bolsillos de su costoso pantalón. El número uno. Esa etiqueta que tanto le había costado mantener desde la preparatoria, la misma que usaba para pisotear el orgullo de los demás, ahora se sentía como una soga al cuello. Estaba perdido, no existía otra manera de verlo; había pedido prórrogas por Beom-seok y el editor había sido gentil con sus peticiones, pero con la estricta condición de que, en ese preciso momento, tuviera los manuscritos en sus manos

No los tenía, y ese era el motivo de su coraje y ansiedad

—Tengo el manuscrito original en mi correo —volvió a hablar luego de un largo silencio, tratando de recuperar el hilo del control que sentía perder— pero la traducción... Maldita sea, no hablo un inglés tan técnico como para defender los matices de mi propia narrativa si él decide evaluarme hoy

— ¿Evaluarte? — preguntó con gracia el castaño — ¿Acaso eres un niño? — enarcó una de sus cejas, bromeando, pero su comentario no fue gracioso para el escritor

— Si, evaluarme — repitió, ignorando a los presentes

— Actuas como un lunatico

— De verdad necesitaba entregarlo hoy, Jungkook — giró su rostro, conectando su mirada con la de su amigo, la cual solo le pedía calma. Elevó una de sus manos y revolvió su cabello, comenzando a mostrar los nervios que carcomían su piel — me estoy volviendo loco... solo quiero hacer las cosas bien

— Lo harás, tranquilo, confía en tí — sonrió, acercandose lo necesario para apoyar su mano en el hombro del pelinegro — sonríe, evita bromear y evade el tema del manuscrito — solucionó con simpleza, pero aquello no era tan fácil

— Bueno — se unió a la conversación Hoseok, apoyando su mano en el hombro libre de Jin — creo que ya llegó... muchas personas murmuran — asintió levemente con la cabeza hacia el lugar donde las personas miraban con desden

Disimuladamente, Jin giró el rostro en la dirección indicada, pero el tumulto de personas que crecía sin parar devoraba cualquier figura desconocida. Los murmullos a su alrededor aumentaron, agudos, asfixiantes, estirando la paciencia de Jin hasta dejarla colgando de un hilo. Dio tres pasos al frente en un intento desesperado por recuperar el control, no obstante, se detuvo en seco

El aire pareció escaparse del salón al chocar contra la presencia de un hombre imponente, de postura impecable. Vestía un traje rojo vino con costuras negruzcas hecho a la medida que opacaba, sin el más mínimo esfuerzo, la elegancia del suyo; portando una expresión sumamente seria, fría y jodidamente difícil de ignorar

Parecía el tipo de hombre meticuloso, pero había algo en él que obligaba a Seokjin a contener su aliento

—Es él... — susurró Hoseok a su espalda, notando la manera en la que Jungkook compadecío a su amigo — ruegale a dios que lo ayude

— Yo no me llevo bien con ese señor — respondió con el ceño fruncido — ¿Acaso no ves la vida que me cargo?

— Puede que esta vez te escuche, intentalo — insistió, comprendiendo los nervios de su amigo y es que, joder, ese hombre hasta traía guardaespaldas... ¿Tan importante era?

— ¿Por qué no lo haces tú? — cuestionó, tensandose al cruzar por accidente su mirada con la del editor. Era demasiado atractivo, no podía ponerse nervioso, se supone que era el apoyo de su mejor amigo... ni siquiera le gustaban los hombres... mierda, tenía esposa

— Yo soy ateo — respondió, observando el golpe de timidez del más alto, motivo por el cual se acercó y empujo uno de sus hombros — ¿Qué te sucede? ¿Desde cuando miras tanto a los hombres?

— No lo veo... es solo que... — dudo al decirlo, volviendo a mirar al hombre que saludaba con una sonrisa a las personas a su alrededor — se ve genial... — termino por admitir

El tumulto de personas se abrió con una sumisión casi instintiva, como si la sola presencia de aquel hombre exigiera un pasillo exclusivo. Seokjin sintió un frío violento recorrerle la espina dorsal, mientras el eco de los pasos ajenos lo golpeaba con latidos violentos. Su mirada ascendió por la pulcritud del traje rojo vino, se detuvo en los hombros anchos que desbordaban una seguridad imponente y, finalmente, chocó contra sus facciones

El mundo exterior se apagó por completo

Sus rasgos eran afilados, maduros, tallados por un éxito innegable, pero la forma de sus ojos oscuros seguía siendo familiar. Lo reconocía, claramente sabía de quién se trataba; aquello no podía ser cierto. Ya no había rastro de las gafas gastadas de la preparatoria, ni del pulso tembloroso, ni de la sumisión fingida con la que trazaba límites laterales en una hoja arrugada

Era Namjoon

El «miserable otaku», la «rata» que ocupaba el segundo lugar, estaba allí, de pie en la cima de la editorial más prestigiosa del país. Namjoon sostuvo la mirada fija en el pelinegro, recorriendo la costosa vestimenta de Jin con una parsimonia analítica, desprovista de cualquier asombro o intimidación. No venía a mendigar atención; venía a tomarla por la fuerza... Y aunque no hubieran cruzado la primera palabra, Jin temió abrir sus labios y volver a ser un cretino

Los directivos de la empresa caminaban a su lado al igual que los guardaespaldas, gesticulando sin parar sobre el proceso que tendría el escritor al que habían ido a ver, pero el moreno detuvo sus pasos al encontrarse a escasos metros de Jin. Lo hizo con una lentitud calculada que jugó con los últimos rastros de cordura del hombre frente a él

Namjoon metió las manos en los bolsillos de su impecable pantalón y ladeó la cabeza, sonriendo con esa jodida sonrisa de hoyuelos. Pero había algo diferente: era una sonrisa sutil, filosa y cargada de una arrogancia familiar. El juego de las tres estaciones no había terminado; solo había cambiado de tablero, y las reglas, finalmente, habían dejado de pertenecerle a Seokjin, porque él había logrado cumplir con todos los requisitos

—Buenas noches, escritor Kim —habló Namjoon. Su voz, ahora profunda y jodidamente firme, resonó contra el pecho de Jin como un impacto físico— Supongo que tiene los manuscritos listos, tal como acordamos... Sabe que no suelo ser flexible con los retrasos —se acercó un poco, bajando su mirada hacia los pies del mayor, que retrocedieron— Espero que no pretenda tener un trato preferencial por nuestro pasado

—Yo... —boqueó, sintiéndose ridículo por no poder articular nada. Bajó la mirada a sus propias manos, que apretaban los bordes del saco; estaba nervioso, pero ya no sabía si era por el manuscrito o por la conversación pendiente

—¿Por qué no tiene los manuscritos en la mano, señor Kim? —cuestionó la voz grave, erizando los vellos de la nuca del pelinegro—. Su antiguo editor habló muy bien de usted; habló sobre una responsabilidad que no veo en este momento

—No los tengo, lo siento mucho —respondió en un hilo de voz, sintiendo la pesada mirada sobre su cabeza

Retrocedió dos pasos y, sin pensarlo dos veces, se inclinó en una reverencia, sorprendiendo al moreno, quien no dudó en alzar su mano y dejarla caer en el cabello negruzco, desordenándolo sin cuidado alguno

—¿Qué haces? —preguntó Jimin completamente alterado, tomando la muñeca de Namjoon y obligándolo a detenerse— Esto es impropio

—Estoy de acuerdo, es demasiado inapropiado —secundó Yoongi, colocando su brazo entre el escritor y el editor, quien se limitó a sonreír al notar lo tenso que se encontraba su hyung

—Tranquilos —apartó su mano del cabello sedoso, viendo cómo, aun así, el mayor mantuvo su reverencia— Nos conocemos, estudiamos en la misma preparatoria —explicó, dejando de mirar a Jin para observar a los hombres que se encontraban detrás de él

¿Quiénes eran? La pregunta no dejaba de rondar por la mente del moreno. La simple duda e intriga lo llevaba a mirar de más; no era lo correcto, pero no podía evitar pensar que ellos eran el nuevo objeto de diversión de Seokjin... ¿Tanto se había rebajado? Nunca creyó que todo lo que había hecho le hubiera afectado tanto como para estar con hombres que no eran para nada su tipo

Su hyung no era como en la preparatoria... Sin embargo, era casi insultante que rebajara sus estándares a un chico raro y un fresa andante

—Ha pasado un largo tiempo —volvió a hablar sin borrar su sonrisa, siendo mirado de mala manera por el subdirector de la editorial

—¿Una anécdota de preparatoria? — repitió Jimin con un tono que demostraba su inconformidad, sin soltar la muñeca de Namjoon por completo, sus ojos fijos en la tensión evidente — Señor Kim, estamos en medio del festejo, y somos una de las editoriales más importantes del país — apretó su agarre, ocasionando que la sonrisa en los labios finos se borrara por un segundo — no me importa qué tipo de confianza se tuvieran en las aulas, no puedes tratar al escritor estrella de esta noche como si fuera tu lacayo

— Tan recto como siempre, señor Park — dialogó con esa serenidad que el pelinegro no conocía. La vista oscura se encontraba en los finos zapatos; pulcros, lustrados y de una marca que ni siquiera podría costear con las comisiones de los tres libros que se encontraban en publicación

Debía hablar con él y disculparse... pero en ese momento se encontraba avergonzado de su pasado. ¿Comó podría siquiera mirarle a los ojos?... ya no era el mismo de antes, pero esa parte de él no dejaría de atormentarlo, hasta que se disculpará formalmente

— Interactue con formalidad — volvió a hablar. No era una sugerencia, era una amenaza que el moreno captó al instante; Motivo por el cual dirigió su mirada al secretario del sub gerente. Una mirada fría y malhumorada

Yoongi no despegó el brazo de su posición protectora, manteniendo su cuerpo como una barrera entre el editor y Seokjin. Sus ojos pequeños y felinos escudriñaban cada facción de Namjoon, detectando una hostilidad sutil pero implacable

—El escritor Kim es un profesional — añadió Yoongi con voz ronca y cortante — si hay un problema con los manuscritos, se discute en una oficina, bajo los términos del contrato — aclaró, siendo apoyado por el asentimiento de su jefe — no puedes humillarlo

— Hablas como si realmente tuvieras poder — soltó una risa llena de ironía, viajando del rostro pálido al de Jimin — creo que es una habilidad que desarrollaste al interactuar tanto con este cretino — señaló al más bajo — dejen de romperme las bolas, se interactuar con nuestros clientes, solo acariciaba su cabello por los viejos tiempos

— Para ti — suspiró, liberando la muñeca. Consciente de que si decía algo más, el moreno sería capaz de exponer su complicada relación — ¿Eso fue algo normal? — enarcó una de sus cejas — limitate a no tener contacto fisico — volvió a usar ese tono lleno de amenaza — no dudare en suspenderte, no me importa que seas el gerente. Mi trabajo aquí tiene que ser impecable

— Comienzo a creer que en la preparatoria — chasqueo su lengua, apartando el brazo de Yoongi con una sola mano, manteniendo la formalidad — eras el tipo de chico de 100

— Yoongi — llamó el pelirrojo, siendo observado con atención por el mencionado — si cuento tres fallas, saldrás del festejo y hablaras con el CEO por mi

— Si señor Park

— Amigos — sonrió con diversión, dejando caer su brazo en el hombro de Yoongi, atrayendolo hacia su pecho, para luego hacer lo mismo con el malhumorado Jimin — creí que eramos amigos, no sean cretinos, necesito el dinero para vivir

Tras escuchar la larga conversación, Seokjin decidió abandonar la reverencia, elevando su rostro hasta ver la escena que ocurría frente a él. No quedaba rastros del Namjoon que conoció en su pasado... realemente no sabía si ese detalle le causaba ansiedad o alegría; el moreno había avanzado sin mirar hacia atras y ahora se encontraba frente a él, como su editor, un puesto superior al suyo

¿Dónde había estado todo este tiempo?

— Yo necesitaba este día y por tu culpa me encuentro en esta fiesta — expuso el motivo de su molestia. Apartando el brazo del más alto con un manotazo para nada suave — ¿Por qué crees?

— Oh vamos, Jimin, no moriras por no coger hoy — rodó los ojos, abrazandose al secretario del pelirojo, para luego palmear una de sus mejillas, escuchando el sonido molesto que soltó — este guapo te cogera, no te preocupes tanto

— Repitelo — tensó la mandibula, mirando al más alto con esa mirada que erizaba hasta los vellos fantasmas de tu piel — vamos, repitelo

— ¿Te han dicho que necesitas terapia para la ira? — preguntó, soltando al de tez blanquecina. Volvió a ingresar sus manos en sus bolsillos y soltó un silvido, girando sobre sus talones, mostrandose completamente despreocupado — prometo comportarme

— Sabes que mi presencia en este lugar es por tu culpa — señaló, antes de girar su rostro y recorrer con la mirada a Seokjin — has las cosas bien y deja de ser una piedra en mi zapato — continuó, regresando su mirada al moreno — no salgas de la visión de Taehyung

— Actuas como mi madre — se quejo, girando su rostro hacia un lado para poder mirar a su Hyung. Sonrió y sacó una de sus manos con la intención de saludarlo en silenció, pero su rostro se contrajo en una mueca al escuchar la respuesta del enano que tenía como amigo y colega

— Me sorprende que tu madre no te haya vendido, eres un dolor de culo — suspiró, dirigiendo una de sus manos a sus bolsillos. Sacó el teléfono, encendió la pantalla y solo le basto un movimiento de cabeza, para que su secretario lo siguiera mientras caminaba entre las personas

— Disculpame — relamió sus labios, regresando su completa atención al hombre que permanecía en silenció — fue un mal reencuentro, pero regresando al tema principal...

— Mi antiguo editor aún no me entrega los manuscritos — interrumpió, obligando al moreno a tragarse sus palabras — si me das un poco de tiempo, prometo tenerlos conmigo pronto

—Vaya, te has vuelto tan incompetente — tomo un vaso de ron de la bandeja del mesero que paso por un lado de ellos — ¿No te averguenza que alguien como yo, te lo diga?

La pregunta flotó en el aire mientras el silencio entre ellos se extendía, inmune a la música que retumbaba a su alrededor. La mirada de Jin no podía apartarse de la del castaño, tardó un par de segundos en reaccionar y reir, fingiendo que sus palabras causaron gracia... y no ese sentimiento nostalgico

Ya eres el segundo y las personas te ven como mi lacayo, conformate

Las palabras que él mismo había escupido años atrás ahora regresaban para asfixiarlo, pero la adrenalina, esa maldita y conocida adrenalina que creía haber enterrado con su madurez, comenzó a agitarse en su estómago

Con una lentitud que rozaba la sumisión absoluta, Jin enderezó la espalda. Su rostro, habitualmente impecable y altivo, estaba ligeramente encendido, y sus ojos oscuros buscaron de inmediato las pupilas del moreno una vez más, ignorando por completo el entorno

—Si, estoy siendo incompetente, pero no es mi culpa, Lee Beom-seok... —articuló Jin, su voz recuperando un poco de firmeza, aunque el temblor en sus dedos delataba el caos interno, algo que noto el editor, quien no dudo en interrumpirlo

—Tus problemas no son mis problemas —habló con dureza, deteniendo los latidos del pelinegro— si yo te pido los manuscritos hoy, tú los entregas ayer

Subió el vaso de ron a sus labios, dando un lento trago. Jin miró de manera inevitable el movimiento de su manzana de Adán

— Tiene razón — su sonria flaqueo — es mi responsabilidad...falté a nuestra condición principal

Namjoon soltó una risa baja, un sonido corto y despectivo que hizo que el castaño, quien se acercaba para intervenir, se detuviera abruptamente, visiblemente incómodo por una atmósfera que se rehusaba a comprender

La mano del moreno apartó el vaso de ron de sus labios, manteniendo la mirada fija en el pelinegro. Una de sus cejas se elevó con parsimonia al notar cómo la respiración de Jin volvía a entrecortarse, totalmente expuesto ante él

Era divertido ver cómo las cosas habían cambiado tanto

—Me alegra que lo entienda, escritor Kim —murmuró Namjoon, arrastrando las palabras con una calma que afilaba la tensión entre ambos—, aunque las disculpas no reescriben los plazos de entrega. El único motivo por el cual acepté venir a su festejo fueron los manuscritos

—Lo entiendo... —Seokjin se mordió parte de su mejilla interna

—Aunque... —fingió pensar, dando un paso que Jin retrocedió por inercia, creando satisfacción en el hombre de negocios— podría hacer una excepción por los viejos tiempos, si me lo pides

—Nam... —susurró, su voz mezclándose con la música de fondo. Apartó su mirada del más alto, pero pudo ver cómo un nuevo paso fue dado por sus pies—¿Podemos hablar? —preguntó, apretando su saco con disimulo

—¿Sobre qué? —desvió la mirada con una lentitud milimétrica, bufando al ver a los dos hombres que acompañaban a su hyung— No creo que quiera seguir hablando del manuscrito —conectó su mirada con el castaño, que no paraba de mirarlo, mostrando ese lenguaje corporal que gritaba un instinto de protección que a él le resultaba patético

—Quiero hablar sobre la preparatoria —volvió a hablar Jin, ganándose la completa atención del moreno

— ¿La prepa? — enarcó una de sus cejas, curioso del motivo

— Trabajaremos juntos, creo que es justo — explicó, tomandose el tiempo de ver las maduras facciones del chico que pisoteó en la preparatoria

Realmente era lo más justo, pero la perceción que tenía Namjoon y Seokjin eran totalmente diferentes. La mirada del más alto, una vez más paso por encima de el hombro izquierdo del escritor, tensando su mandibula al ver como las nuevas putas de su Hyung, intentaban acercarse

— ¿Tienes putas? — preguntó sin ningún filtro, obligando al más bajo a abrir sus ojos en grande, para luego negar como si fuera un niño siendo señalado de criminal

— No, claro que no — articulo con torpeza, maldiciendo internamente lo ridiculo que había sonado con el tartamudeo

— ¿Quiénes son esos hombres que no paran de mirarte? — señalo con la mano que sostenía el trago, obligando a Jin, a girar la mitad de su cuerpo y ver a sus amigos

—Son mis amigos— consiguió articular Seokjin, sintiendo cómo el rostro le ardía por la humillación directa de la palabra “putas”. El pelinegro buscó con desesperación la mirada de Jungkook y Hoseok, rogando internamente que el ruido de la música hubiera amortiguado la brutalidad sin filtro del moreno

No queria que sus amigos escucharan ese trato; merecía ser rebajado de aquella manera, lo reconocía como una venganza activa del chico que humillo en su adolecencia. Ahora era su jefe... debía ser flexible y aceptar que sus niveles habían cambiado y que el karma había actuado a favor del moreno

Jungkook dio un paso al frente de inmediato. La mandíbula del castaño estaba tan apretada que la línea de su perfil se veía completamente rígida. No había escuchado el insulto exacto, pero la sumisión en la postura de Jin y el tono despectivo de Namjoon eran suficientes para encender sus alarmas

Para él, el maldito estaba tratando a su mejor amigo como una basura, por el simple hecho de tener dinero y ese traje que lo hacia ver como un dios

—Jin, ¿está todo bien aquí? —intervino Jungkook, su voz cortando el aire con una firmeza que pretendía marcar territorio. Colocó una mano sobre el hombro de Seokjin, un gesto de apoyo que en cualquier otro contexto habría sido reconfortante, pero que en ese preciso segundo se sintió como una sentencia de muerte

El aire alrededor de ellos pareció congelarse. No obstante, Jungkook, clavó su mirada en rostro masculino, notando como su mirada se encontraba clavada en su mano, como si deseara quitarla de un manotazo

Namjoon mantuvo su mirada en la mano del castaño, apoyada en el costoso saco de Jin. Sus ojos oscuros se entrecerraron, fijos en los dedos del chico, y la sutil sonrisa de hoyuelos que cargaba desapareció por completo, reemplazada por una mueca de absoluto desdén. La nuca de Jin se erizó; conocía de sobra esa tensión. Era la misma mirada que Namjoon ponía en la preparatoria cuando alguien intentaba tocar sus cuadernos o invadir el espacio que Jin le había delimitado en el suelo de madera. Solo que ahora, el moreno no tenía que agachar la cabeza

—Quita la mano de ahí —soltó Namjoon. Su voz no fue un grito, sino un susurro gélido, profundo y jodidamente impositivo que hizo que Hoseok, un par de pasos más atrás, se tensara visiblemente

—¿Disculpa? — desafió Jungkook, sin retroceder, sosteniendo la mirada del imponente editor en traje rojo vino

Namjoon soltó una risa corta, carente de cualquier pizca de gracia, y desvió los ojos hacia Seokjin, ignorando la existencia del castaño como si fuera un estorbo invisible

—Te di una orden, Seokjin —murmuró el moreno, reduciendo la distancia entre ambos hasta que Jin pudo oler el amargor del ron en su aliento— diles que se larguen...si de verdad quieres usar el comodín de la preparatoria para que sea ‘justo’, empieza por limpiar tu entorno....no voy a discutir los términos de tu maldita incompetencia profesional frente a tus mascotas

El corazón de Seokjin latió con tanta violencia que sintió el eco en la punta de los dedos. La palabra"mascotas” resonó en el aire con la misma fuerza con la que él solía arrojar los borradores de Namjoon al suelo del aula, pero esta vez el impacto iba en una sola dirección. Hacia él

—Mide tus palabras —advirtió Jungkook, cuyos dedos se aferraron con más fuerza al hombro de Jin. Su paciencia británica, usualmente inquebrantable, estaba a punto de romperse ante la evidente hostilidad del recién llegado

¿Qué se creía?... su amigo jamás dejaría que un hombre lo tratará de aquella manera, era abdusrdo

—Jungkook, por favor... suéltame — articuló Jin en un hilo de voz, sin apartar los ojos de los hoyuelos tensos del moreno... sintiendo la culpa subir, desde sus pies, hasta su cabeza, por verse de aquella manera frente a sus amigos

Estaba siendo patetico por su karma

—¿Qué? Jin, ¿Por qué? ¿Quién es este tipo?...

— Soy el novio de Seokjin — respondió el más alto, deteniendo abruptamente el corazón del pelinegro — cumplí con todos mis requisitos, así que soy su editor, jefe y novio — soltó sin dejar de mirar al perplejó Jin — ¿Otra pregunta?

— Pero... ¿Jin? — intento encontrar la mirada de su amigo, pero se veía tan perplejo como él y hasta más. Jin era de tez nívea y ahora parecía blanco como papel, como si hubiera visto al mismo diablo — no te creo — se negó, tirando del hombro de su amigo

— Creo que no, nos conocimos de la manera correcta — cerró los ojos, bebiendo un poco del ron, antes de volverlos a clavar en el amigo de su futuro y antiguo amante — soy Kim Namjoon, gerente de la editorial donde su amigo acaba de conseguir un contrato y el mismo hombre con el cual mantuvo una vida sexual...

— Jungkook, sueltame —exigió el pelinegro, elevando un poco la voz, interrumpiendo al moreno de la manera que esperaba

El menor parpadeó, completamente desconcertado, y apartó la mano como si el traje de Jin de repente quemara. Hoseok, desde atrás, observaba la escena con una mezcla de incomodidad y absoluto rechazo; la atmósfera festiva del salón se había disuelto por completo para convertirse en un territorio hostil donde ellos eran los intrusos

¿Qué clase de relación tenían?

El dueño de la situación contempló la escena con satisfacción. Al ver la mano de Jungkook retirarse, la comisura de sus labios se elevó en una mueca lenta. Volvió a llevar el vaso de ron a la boca, terminando el líquido con un movimiento pausado que obligó a Jin a seguir la línea de su garganta una vez más

—Buen chico —murmuró Namjoon tras dejar el vaso vacío en la bandeja de un mesonero que pasaba, sin quitarle los ojos de encima al escritor— me alegro de que comprendas la situación en la cual te encuentras; ¿Tienes un manuscrito extra?

— Tengo el original en mi correo electronico

Girando el cuerpo a medias, el moreno miró de reojo a Jungkook y a Hoseok, despidiéndolos con la mirada antes de volver a concentrarse en Jin

—Llevame a una oficina o un lugar donde podamos hablar... adecuadamente — sentenció, acomodándose los puños de las mangas de su traje rojo vino — si tardas un segundo más, asumiré que prefieres que la editorial rescinda el contrato por incumplimiento, y ambos sabemos lo que eso le haría a tu preciosa y ‘perfecta’ carrera, escritor Kim

Sin esperar una respuesta, Namjoon dio la vuelta con una elegancia imponente, abriéndose paso entre los invitados que se apartaban a su paso como si conocieran el peligro que emanaba de cada una de sus zancadas

Jin se quedó estático, conteniendo el aliento mientras sentía las miradas preocupadas de sus amigos clavársele en la espalda. Tenía el tiempo en contra, el manuscrito en la computadora, y a un Namjoon que venía dispuesto a cobrar cada una de las deudas del pasado

— No creí que fuera tan pesado — fue lo primero que dijo el castaño al quedarse a solas con su mejor amigo — no tienes porqué soportarlo

— Solo... — detuvo sus palabras un segundo, intentando que sus emociones y gustos no fueran tan visibles — no digas nada, por favor... es vergonzoso

— Jin... — intento hablar Hoseok, pero antes de que pudiera siquiera apoyar su mano en el hombro ajeno, Jin avanzó en la misma dirección donde se había retirado el hombre de traje vino

──── ∗ ⋅◈⋅ ∗ ────

Al encontrarse a solas, el silenció apareció sin reparo alguno, ocasionando que los nervios de Jin aumentarán. Sus pasos se escuchaban por toda la habitación del hotel, mientras buscaba desesperado la laptop. Maldición, no sabía donde la había dejado, era consciente de que se debía a sus nervios, podía sentir la mirada de Namjoon en sus movimientos y estaba seguro de poder escuchar su respiración

Escuchar su respiración, si... se estaba volviendo loco por los nervios

— Se que la deje por algún lado — habló luego de un largo tiempo. Revisando por novena vez el estuche de la laptop — puedo encontrarla — balbuceó, riendo completamente nervioso, negandose a mirar al moreno sentando en uno de los sillones

La atmosfera en la habitación era tensa, como si el pelinegro se encontrará en su juició final. Inevitablemente la estancia se sumió en una temperatura fría, congelando los huesos del hombre que aún caminaba por la habitación como una hormiga huyendo de la lluvia. La mirada oscura del hombre en traje, lo seguía de un lado a otro, mientras su rostro se encontraba recostado en su propia palma

Namjoon pico su propio rostro con un dedo, comenzando a cuestionarse el cambio radical de su Hyung. Sinceramente esperaba que en cualquier momento le respondiera sus comentarios despectivos, pero a este punto se sentía un mal hombre por humillarlo y que este simplemente bajara la mirada como una estupida oveja

Tuvo demasiadas expectativas de cómo sería su reencuentro. Siempre creyó que le diría muchas vulgaridades o buscaría la manera de callarlo, aunque fuera con una bofetada. La versión de ahora parecía un chiste

Un hombre arrepentido... Por favor, ni Dios creería algo tan absurdo en sus rezos

Una vez más, la mirada de Nam siguió al hombre de traje blanco por la habitación; suspiró y se tumbó completamente en el sillón, pasando una de sus manos por su rostro

—¿Qué crees que haces? —preguntó, deteniendo los pasos del mayor de un momento a otro— Me harta que busques algo que ni siquiera sabes si tienes aquí —frunció el ceño, dejando caer su brazo por toda la extensión del sillón— Dime... ¿qué hiciste bien?

Los labios gruesos se abrieron; Jin buscó palabras, pero todas se ahogaron en su garganta. Tenía pánico, no sabía qué hacer... No sabía a dónde mirar, ni siquiera sabía qué hacer con sus manos. Retuvo el aliento, cerrando con bochorno sus ojos, volviendo a pedir una silenciosa disculpa con una reverencia

El cuerpo delgado se inclinó bajo la mirada de Namjoon, quien solo enarcó una ceja, volviendo a comparar al escritor con su adorado hyung

—Te ves tan patético —chasqueó la lengua, rodando los ojos. Apretó el borde del sillón con los dedos, clavándolos en la tela sin cuidado alguno— Bueno —le miró de reojo, pensando un poco en la situación— creo que no estaría mal cambiar radicalmente el rol

—Lo siento mucho —susurró en un hilo de voz, sintiendo el corazón en la garganta— He sido incompetente —admitió, arrugando la tela de sus pantalones con sus dedos— Yo... yo... —miró el suelo, enfocando su vista en él con demasiado empeño, recordando una vez más sus acciones pasadas y sus palabras

Namjoon debía de encontrarse demasiado resentido. Y, bueno, tenía los motivos; tenía el derecho de buscarlo con el simple fin de pisotearlo hasta no dejar nada

—¿Qué carajos? —Namjoon retrocedió en su lugar, observando la manera en la que Seokjin pegaba una pierna al suelo, luego la otra, las manos, finalizando con su frente... Una acción que le generó un déjà vu— ¿Seokjin? —le llamó con su voz gruesa, acercándose un poco para pinchar la cabeza ajena con su dedo índice— ¿Terminaste de enloquecer o acaso un demonio te posee en este momento?

Joder... No era una acción habitual. Su hyung jamás se arrodillaría ante nadie, mucho menos ante él... En realidad, Jin quería obligarlo a asimilar la culpa. El moreno sentía escalofríos

—Lo siento... —volvió a disculparse Jin, cerrando sus ojos— Perdóname, te lo suplico —pidió en un tono más alto y audible

—Es mi trabajo, no puedo dejarlo pasar —respondió el moreno, creyendo vagamente que se refería a eso, al manuscrito, el tiempo límite, las influencias

—Sé que debes de encontrarte enojado conmigo, lo reconozco —hizo una flexión con sus brazos, volviendo a alzar la cabeza para mirar directamente al moreno— Fui un pésimo hyung... No debí usarte... Intenté disculparme por tantos años... No pude contactarte —las palabras de Jin salían atropelladas, desprovistas de cualquier rastro del orgullo que alguna vez lo definió

Namjoon se quedó estático, con el dedo índice aún suspendido en el aire, justo donde un segundo antes había tocado el cabello del pelinegro. La confesión le cayó como un balde de agua fría. No era una estrategia para conservar el contrato; Jin se estaba quebrando por completo, algo que le resultaba irónico. Él no era el dios que recordaba

—Ven, arrastrate, Seokjin —ordenó Namjoon, pero esta vez su voz no sonó impositiva, sino extrañamente vacía, carente de la perplejidad de hace unos minutos— acercate

— No me voy a levantar hasta que me escuches — insistió Jin, manteniendo la mirada fija en las costosas botas de cuero del moreno. Las lágrimas, contenidas durante tantos años, finalmente amenazaban con salir, creía merecer tanto odio... pero todo era diferente a como lo visualizaba— sé lo que hice...sé que te traté como una basura solo porque podía, porque era un maldito cobarde que necesitaba pisotear a alguien para sentirse superior...me arrepiento cada maldito día de mi vida, Namjoon, por favor...

El moreno soltó un bufido ronco, girando su rostro hacia otro lado como si las súplicas del escritor le aburrieran. La satisfacción que había sentido abajo, en el salón, al ver retroceder a Jin, se había transformado en un fastidio corrosivo. No quería esto. No quería una oveja degollada pidiendo clemencia; quería al maldito rey de la preparatoria peleando por su corona

Quería ver su ego y orgullo, esas caracteristicas que lo llevaron a encontrarse en ese punto

—Cierra la boca —escupió el moreno, apretando una de sus manos en puño, intentando contener sus impulsos — das lástima ¿Crees que me importa tu maldito arrepentimiento?

Jin apretó los puños contra el suelo, enterrando las uñas en la alfombra, sintiéndose más miserable que nunca, pero extrañamente aliviado de haber soltado el secreto que lo asfixiaba

Ese secreto que había arrastrado toda su adultez como cadenas

—No espero que me perdones —susurró Jin, con la voz rota— solo... solo quería que lo supieras... puedes destruir mi carrera si quieres, rescinde el contrato, haz lo que tengas que hacer... me lo merezco

— Actualmente suenas demasiado patético — señaló en voz alta, regresando su mirada al mayor, bajandola lentamente a la tela arrugada de su saco — ... tu saco barato, lo estás arrugando — sonrió impasible, inclinándose hacía adelante

Estiró la mano y tomó el rostro del mayor por la mandíbula, atrayéndolo hacia él sin cuidado alguno y obligándolo a arrastrar las rodillas por el suelo. Acercó peligrosamente su rostro al del pelinegro, bajó la mirada de sus ojos a sus labios y golpeó con su ardiente aliento la boca entreabierta

— Me importan una mierda tus palabras, regrese a tú vida a reclamar lo que merezco — mantuvo su sonrisa, rozando sus labios a aquellos que se volvieron una línea tensa — no entiendo por qué te disculpas tanto por nuestro pasado...

— Fui un cretino... te use... — respondió con la voz ahogada, jadeando al sentir un nuevo tirón de la mano en su mandíbula

— Me resulta molesto que te disculpes por la mejor temporada de mi vida — regreso su mirada a los ojos que se abrieron como platos por el asombró — disfrute de tus tratos, tus gritos, tus mordidas, tus golpes, tus caricias, tus jadeos... extraño tanto todo eso...

El cuerpo del mayor se tensó. Las palabras de Namjoon resonaron en las paredes de la habitación de hotel como un eco distorsionado que alteraba las leyes de su propia memoria. ¿La mejor temporada de su vida? ¿Disfrutó los golpes? ¿Extrañaba los gritos? La culpa, esa soga que Jin se había atado al cuello con esmero durante años, se deslizó de golpe, dejándolo en un vacío absoluto, cayendo en picada ante la mirada de un hombre que no era la víctima herida que esperaba, sino un depredador que se había alimentado de su crueldad

—T-Tú... —bloqueó Jin, pero la presión en su mandíbula se intensificó, obligándolo a inclinar la cabeza hacia arriba

Namjoon soltó una risa nasal, un sonido sutil que rozó directamente la comisura de los labios del pelinegro. Su pulgar se movió con lentitud, delineando el labio inferior de Jin con una posesividad que erizó cada vello de su cuerpo

—¿Creías que eras el único que jugaba, Hyung? —inquirió Namjoon, arrastrando el honorífico con una ironía venenosa— Me encantaba ver cómo te esforzabas por mantener la máscara de tipo rudo conmigo, para luego explicar con paciencia, me fascinaba que descargarás tu frustración de ser el número uno en mis costados, en mi boca, en mis hojas arrugadas. Fuiste tú quien me enseñó que el dolor y el placer se escriben con la misma tipografía — deslizó su lengua por el labio inferior del pelinegro, creando un escalofrío — Me encantaba la sensación de que fueras el mejor de todos... y que yo fuera quien te cogiera, el peor

La respiración de Jin se detuvo por completo. La última frase de Namjoon cayó con el peso de una verdad que había permanecido enterrada bajo capas de altivez estudiantil y remordimiento adulto. El recuerdo de los cuerpos sudorosos en el aula vacía, del dolor mezclándose con el placer en el suelo de madera, regresó de golpe, desprovisto de la culpa con la que Jin lo había maquillado todos estos años. Namjoon nunca se había sentido roto; se había sentido el dueño del rey

—Debes creer que soy un enfermo... —consiguió susurrar — pero, soy el resultado de lo que creaste —replicó Namjoon con una calma aterradora, saboreando el insulto como si fuera un halago

El moreno soltó la mandíbula del escritor con un movimiento brusco, haciendo que Jin tuviera que apoyar ambas manos en la alfombra para no perder el equilibrio. El contraste del frío suelo contra sus palmas lo trajo de vuelta a la realidad de la habitación de hotel

— ¿Te sientes culpable? — fue directo, sin apartar su mirada del hombre que mantenía sus visión en el suelo — responde — exigió, sonriendo ladino al ver un lento asentimiento — si te encuentras tan arrepentido, acércate más

—¿Qué? —levantó la cabeza, reteniendo el aliento al ver la manera en que el menor desabrochó el cinturón de su pantalón

—Acércate y abre la boca —terminó de quitar el cinturón, para luego proseguir con el botón y la cremallera— muéstrame qué tan culpable te sientes, Hyung

El estómago de Seokjin se contrajo con una violencia que le revolvió el interior. La humillación ya no era una metáfora, ni una deuda abstracta del pasado; estaba allí, materializada en el sonido metálico de la hebilla del cinturón de Namjoon al golpear la tela del pantalón rojo vino. En lugar de avanzar estaba retrocediendo como nunca antes... nunca se había acostado con sus editores, era profesional... había cambiado, no podía rebajarse de aquella manera

Pero era Namjoon...

No, eso era el pasado, solo se sentía culpable... cambio luego de graduarse, debía seguir adelante aunque el menor no aceptara su disculpa

—No... —artículo Jin, arrastrando las rodillas hacia atrás en la alfombra, intentando poner distancia entre ambos— no, ya no soy ese tipo de persona...no voy a hacer esto

Namjoon no se movió del sillón. Se limitó a apoyar la espalda contra el respaldo, abriendo ligeramente las piernas con una parsimonia implacable. Sus ojos oscuros, fijos en el titubeo del escritor, brillaron con una diversión fría

—¿Qué tipo de persona, Seokjin? —inquirió, ladeando la cabeza—¿El escritor estrella que da discursos sobre la moral, con un libro que trata de nosotros? — el mayor se tensó visiblemente, divirtiendo aún más al editor — ¿O el cobarde que me ponía de rodillas en el cuarto de limpieza de la preparatoria para convencerse de que tenía el control de algo? No te equivoques, leí el libro — mantuvo su sonrisa ladina — lo describes de una manera...— relamió sus labios — lo anhelas, Hyung...sigues siendo exactamente la misma persona, pero tienes miedo de no soportarlo ahora...en este momento, donde tú tienes que arrodillarte y lamerme

—No, estás equivocado —el tono de Jin se elevó, quebrándose por la desesperación, aquello era mentira, es decir, si, su libro se trataba de ellos, pero no deseaba maltratarlo o ser maltratado por su placer. Apretó las manos contra sus propios muslos, sintiendo cómo el traje blanco, impecable hace solo una hora, ahora se sentía como una burla— maduré, Namjoon...cambié, me carcome la culpa, durante años me lamente por lo que te hice... no me obligues...

—¿Obligarte? —Namjoon soltó una carcajada corta, despectiva, que cortó el aire como un látigo— yo no te estoy obligando a nada, Hyung. La puerta está exactamente detrás de ti...puedes levantarte, arreglarte el saco, salir de este hotel y regresar con tus patéticos amigos, mañana mismo la editorial cancela el contrato, Beom-seok se entera de tu incompetencia y tu precioso nombre se va directo al drenaje...nadie te detiene

El cuerpo de Jin se estremeció como nunca antes. Mordió su labio inferior con fuerza, sintiendo como sus dedos se volvían inquietos...¿Desde cuando el chico que suplicaba por bofetadas se escuchaba tan intimidante?

— ¿Lo recuerdas? — extendió sus brazos por el espaldar del sofá — te encantaba hablarme de esa manera... dejarme sin opciones

Jin se quedó helado, el corazón golpeándole las costillas. Giró levemente la cabeza hacia la puerta de madera de la habitación, pero sus pies se sintieron de plomo. La realidad de perderlo todo, el pánico de ver su carrera destruida por el manuscrito que Beom-seok no le había entregado... el sentimiento de la abstinencia mostrándose como una maldita termita en su apetito sexual, operó como un candado invisible

El moreno se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas, reduciendo la distancia física. Su mirada bajó de manera deliberada a la boca temblorosa del mayor

—Mírame y dime qué tanto vale tu nuevo orgullo, escritor Kim — siseó el moreno, arrastrando las palabras con una crudeza asfixiante — si tantas ganas tenías de pedirme perdón, si tanto te pesa la culpa con la que te llenas la boca, demuéstralo — espero una reacción — bajate del pedestal en el que te pusiste, cómprame el maldito tiempo que necesitas para tu traducción

El silencio que siguió fue absoluto, roto únicamente por el zumbido del aire acondicionado del hotel. Jin sintió una gota más en su vaso de cordura... El peso del chantaje, mezclado con esa retorcida adrenalina que Namjoon le despertaba, lo estaba volviendo loco, buscaba la manera de ser alguien honorable, pero entre más escuchaba al menor, menos resistencia tenía

Con los labios apretados en una línea trémula y la compostura hecha pedazos, Seokjin dejó caer los hombros. Avanzó lentamente de rodillas sobre la alfombra, acortando la distancia que lo separaba del sillón, hasta quedar justo entre las piernas de Namjoon, siendo consciente de que ese no era su lugar en el tablero. Levantó el rostro, con una expresión confusa; no obstante, al hacerlo, sus ojos observaron la expresión orgullosa del castaño

— Es lindo ver como el número uno — dirigió su mano a la mejilla sonrojada, acariciando la piel tersa con su pulgar, hasta llegar a sus labios — se rebaja al segundo lugar

Lentamente, el pulgar del moreno presionó los labios gruesos, exigiendo en silencio un acceso que obtuvo a los pocos segundos. Jin saboreó el toque salado del dedo mientras este recorría su cavidad bucal, humedeciendose con la saliva. La sensación era extraña, pero se sentía bien. Ambos hombres mantuvieron el contacto visual; no obstante, este se rompió en el momento en que Namjoon liberó una pequeña risa

—Esa mirada —acercó un poco más el rostro, deteniendo el movimiento de su dedo— me gusta tu mirada

Namjoon retiró el pulgar con una lentitud exasperante, dejando los labios de Jin húmedos y entreabiertos bajo la luz opaca de la lámpara. La pequeña risa del menor flotó en el aire, cargada de una autosuficiencia que terminó de romper algo dentro del escritor. Jin luchaba por mantener su cordura... pero entre más escuchaba las palabras del hombre frente a él, una parte que se encontraba muerta, revivía

Ya no solo sentía pánico; la mezcla de la culpa acumulada, el deseo reprimido y esa alarmante necesidad lo empujaron al límite. Podía verlo, lo disfrutaba, gozaba de verlo tirado en el suelo como una vez lo estuvo él; en ese momento, estaba ocupando el lugar en el que había estado Namjoon por tres meses

No podía negarlo... sus escalofríos no eran por temor o angustia, era el placer recorriendo cada vena de su cuerpo, despertando esa parte de la cual no se sentía orgulloso, ese lado que deseo ocultar, pero que ahora era buscado con la misma desesperación que en la preparatoria

Sin esperar a que Namjoon le diera una nueva orden, Jin subió las manos por los muslos del menor, apretando la tela del pantalón de alta costura. Los ojos que lo observaban con placer, parpadearon, sorprendidos por el cambio de la mirada en ese rostro tan perfecto. Oscura por la adrenalina y excitada por la humillación

—¿Quieres rasgar mi traje? —preguntó, sintiendo las uñas del pelinegro enterrarse en la tela de su pantalón antes de que este se acercará a los bordes y tirara de ellos. Namjoon elevó las caderas, ayudándolo a bajar la prenda un poco más mientras disfrutaba de la vista — Jin, Jin, Jin — repitió tres veces, erizando la piel nivea — creo que al ser tu novio puede ser informal contigo ¿No?

Su novio... Seokjin no comprendía por qué aún recordaba esa palabra. En la preparatoria solo habían tenido intercambios sexuales; jamás pudieron ser algo más porque él mismo menospreciaba a su dongsaeng. Con los dedos trémulos, el mayor apartó la tela interior. Esos bóxers de la marca Nice Laundry... Maldición, hasta su ropa interior era costosa. Recordaba haber visto esa misma prenda en un catálogo con un precio mínimo de $1400 dólares, una cifra elevada debido a su tela premium y al cerdo bordado con hilo de oro de 24 quilates

¿Qué carajos deseaba demostrar con tanto lujo? ¿Quería restregarle que su vida actual era mucho mejor que la suya?

Comenzaba a sospechar que Namjoon se había vuelto el tipo de hombre exagerado y rodeado de lujos... justamente como él mismo solía ser en el pasado. Jin extrañó en ese instante sus propios bóxers de Hermès; ahora tenía que conformarse con los de Calvin Klein, que eran mucho más económicos

— ¿Extrañabas ver mi pene? — enarcó una de sus cejas con diversión, obligando al mayor a salir de sus pensamientos. Jin levantó la vista solo un segundo, sosteniendo el contacto visual — él también te extraño, Hyung — volvió a hablar, tomando la osadía de volver a acariciar el rostro frente a él. Pero esta vez lo hizo con ternura — ¿Tienes algo que decir?

—Dijiste que extrañabas cómo te complacía a puerta cerrada, ¿no? — susurró Jin, con la voz extrañamente ronca y desprovista de las súplicas de antes. La mano en su rostro delíneo toda su mandíbula, pero en esta ocasión, la mano del pelinegro la apartó — sería grato que no toques tanto mi rostro

— ¿No puedo? — intento volver a tocarlo, recibiendo un manotazo en el proceso — ya veo... — sonrió, sus hoyuelos hundiendo sus mejillas

Luego de esa acción, Jin se inclinó por completo. Apoyó las manos en la piel expuesta de los muslos ajenos, abrió la boca con lentitud y, de manera deliberada, deslizó la lengua por toda la extensión del falo, saboreando el preámbulo antes de envolverlo firmemente con sus labios.

Un gemido rudo y sordo escapó de la garganta de Namjoon, quien apretó los dedos contra el tapizado del sillón, completamente tomado por sorpresa ante la repentina e intensa iniciativa. No creyó que su Hyung fuera a ir tan directo, pero el espectáculo se veía demasiado bien; para él, sería un pecado dejar de mirar la manera en que esa boca trabajaba con devoción, recorriendo cada centímetro de su hombría

— Maldición... — siseó, echando la cabeza hacia atrás por una milésima de segundo — has debido practicar demasiado, eres un puto profesional — sonrió con morbo, insultando directamente al hombre que clavó sus uñas en la piel morena — mhg... uhf... — mordió su labios inferior — las pasantías como escritor te hicieron demasiado bien

[¿De qué carajos está hablando?] — cuestionó, dejando de clavar sus uñas. Cerró sus labios con fuerza alrededor de la hombría y succiono con un ritmo deliberado que arrancó un jadeo caliente del hombre en el sillón

—Debiste hacer muchas felaciones... mhg —continuó Namjoon, lanzando un golpe directo al orgullo del pelinegro

A pesar de la ofensa, Jin no se detuvo. Recordaba perfectamente que en el pasado él mismo se había encargado de proyectar esa imagen frívola y promiscua ante los demás. En este momento, bajo el peso de su propia historia, sentía que no tenía el derecho de reclamar o defenderse de un insulto que, aunque Namjoon no sabía a ciencia cierta si era verdad por el tiempo que llevaban separados, se sentía como un castigo merecido

Disfrutaba el sometimiento, nunca lo había sentido... pero era cómodo. Disfrutaba el sabor amargo de su propia humillación mezclado con el fluido preseminal que comenzaba a brotar en la punta de la hombría de Namjoon. Con cada embestida en su boca, el dolor en sus rodillas desgastadas contra la alfombra y la asfixia que le provocaba la profundidad del agarre, se transformaban en un combustible adictivo. Jin metió los dedos debajo de los muslos de moreno, usándolos como palanca para empujarse más a fondo, obligándose a tragar el miembro casi por completo, ignorando el espasmo de su propia garganta que le exigía aire

— Oh Jin... — volvió a jadear, sintiendo la tensión de sus muslos por la divina sensación

El editor bajó la mirada, con los ojos completamente oscurecidos y la respiración rota. Ver al altivo y elegante escritor Kim Seokjin con las mejillas encendidas, los ojos inyectados en llanto por el reflejo de náusea y la saliva resbalando por la comisura de sus labios, era el espectáculo más jodidamente corrupto que había presenciado. Había rebajado otro poco al número uno de TokyoSHOU, mostrandole el rico masoquismo que le regaló en sus adorados años

—Maldita sea, Jin... —gruñó el moreno, perdiendo por fin esa maldita compostura de gerente general

Estiró las manos y, aunque Jin le había prohibido tocarle el rostro, el menor ignoró la advertencia por completo. Clavó los dedos en el cabello pelinegro del mayor, no con delicadeza, sino con una brusquedad posesiva, usándolo como un freno para guiar el ritmo. Empezó a mover sus caderas hacia adelante con empujones cortos y pesados, forzando a Jin a recibir los golpes en el fondo de la boca

Un sonido húmedo y rudo llenó la habitación del hotel, ahogando por completo el zumbido del aire acondicionado. Jin emitió un gemido ahogado contra la base del falo, un sonido gutural que delató lo mucho que le excitaba ser usado de esa manera tan descarada. Su lengua se movía con una destreza lasciva, lamiendo las venas marcadas y envolviendo el bulto con una devoción que rozaba lo insano. La culpa que lo había asfixiado por años ya no era una carga; ahora era el lubricante de una escena perversa donde el número uno se ahogaba con gusto en el control del segundo

Namjoon se inclinó un poco, enterrando los dedos aún más en el cuero cabelludo de Jin, obligándolo a levantar los ojos en medio del vaivén

—Mírate... —siseó Namjoon con la voz rota por el deseo, mientras su pelvis golpeaba con fuerza rítmica los labios húmedos del escritor—mírate cómo te tragas mi orgullo...te encanta estar aquí abajo, ¿verdad, Hyung?

Jin no pudo responder con palabras, pero el ritmo salvaje de su propia boca, la saliva tiñendo la barbilla y la forma en que cerró los ojos, entregándose por completo al castigo físico y al placer obsceno, fueron la única confirmación que Namjoon necesitaba para saber que lo tenía exactamente donde siempre quiso

Con un tirón fuerte, Namjoon lo obligó a sacar el miembro de su boca; el sonido resultante fue húmedo y lascivo. Un hilo de saliva descendió por toda la barbilla de Jin mientras sus ojos permanecían fijos en el menor, quien se ponía de pie, obligándolo a retroceder a gatas

La mano grande de Namjoon bajó hacia su propio miembro duro y venoso, lo acunó con la palma y comenzó a masturbarse, sonriendo de lado al ver cómo las pupilas oscuras de Jin se desviaban de inmediato hacia su anatomía. Su mano subió y bajó con brusquedad, mientras jadeos y bajos gruñidos escapaban de sus labios delgados

—Debes tener mucha hambre, princesa... —ronroneó

Jin ignoró el insulto y se acercó de nuevo, pasando la lengua por el glande para limpiar el líquido preseminal que amenazaba con escurrirse

—Qué erótico eres —soltó Namjoon

Con la mano libre, volvió a tomar un puñado del cabello ajeno, interrumpiendo el ritmo de su propia masturbación para golpear repetidamente la mejilla del mayor con la longitud de su miembro

El miembro volvió a ingresar en la cálida boca de Jin, ocultándose por completo, a la par que su lengua ágil le otorgaba caricias que terminaron por enloquecer al menor. Namjoon no dudó en aferrar con fuerza un puñado de cabello azabache para comenzar a embestir sin cuidado alguno, atragantando al hombre de tez nívea

Jin intentó toser, pero el moreno no permitió que su hombría saliera de la cavidad bucal; debido a esto, el escritor se limitó a apoyar las manos sobre las piernas fornidas que se mecían hacia él con brutalidad, aferrándose al dolor físico de sus rodillas contra el suelo mientras se entregaba por completo al ritmo asfixiante y lascivo que Namjoon le imponía

Las lágrimas, producto del reflejo inevitable de la náusea, desbordaron por fin las pestañas de Jin, trazando caminos húmedos sobre sus mejillas encendidas. El aire se volvió un lujo inalcanzable, cada embestida ruda de Namjoon empujaba el miembro al fondo de su garganta, obligándolo a tragar por puro instinto de supervivencia, mientras el sonido de la carne chocando contra sus labios llenaba el espacio con una cadencia sucia y asfixiante

Los dientes del moreno se apretaron, emitiendo un gruñido bajo que vibró directamente contra el paladar del escritor. La sumisión absoluta de Jin, combinada con la devoción lasciva con la que su lengua seguía trabajando a pesar del ahogo, lo estaba empujando rápidamente al límite. El agarre en el cabello azabache del mayor se volvió aún más rígido, tirando de él hacia arriba para obligarlo a sostener la mirada una vez más en medio del frenesí

Joder, no podía evitar pensar en esos días donde se ocultaban en la biblioteca para hacer aquello una y otra vez. El recuerdo era fantasma, pero lo estaba reviviendo como nunca antes

—Mírate... estás destrozado —jadeó Namjoon, con la voz completamente rota por la inminencia del orgasmo—jodidamente quebrado por mí... por alguien como yo

Jin clavó las uñas con más fuerza en los muslos fornidos del moreno. El dolor punzante en sus rodillas, la falta de oxígeno y la humillación explícita de la postura se amalgamaron en una oleada de placer oscuro y perverso que le recorrió la espina dorsal. Ya no buscaba la redención; en ese instante de total descontrol, Jin disfrutaba ser el juguete prescindible de Namjoon, encontrando un alivio casi perfecto en dejar de ser el escritor honorable para convertirse en lo de antes

Los movimientos de la pelvis de Namjoon se volvieron erráticos, rápidos y pesados, perdiendo cualquier rastro de la elegancia con la que había entrado a esa habitación de hotel. El moreno arqueó la espalda, tensando cada músculo de su cuerpo mientras la fricción y el calor húmedo de la boca de Jin reclamaban el final de la función

—No te atrevas... a soltarlo —advirtió Namjoon en un hilo de voz ahogado, justo antes de dar tres embestidas brutales y definitivas, hundiéndose por completo en la garganta del pelinegro mientras su cuerpo se sacudía con el espasmo violento de la liberación

El clímax fue violento, un espasmo denso y caliente golpeó el fondo de la garganta de Jin. Desde la parte superior, Nam soltó un gruñido sordo y rudo, mientras se aferraba con ambas manos al cabello azabache, hundiéndose una última vez con fuerza, sintiendo en su tacto el estremecimiento ajeno. La descarga de semen llenó la boca de Seokjin, espeso, abundante y caliente; por instinto trago, un mero reflejo, ni siquiera tuvo el tiempo de saborearlo

El más alto se quedó congelado en esa posición durante varios segundos, con el pecho subiendo y bajando de forma errática y las caderas temblando levemente sobre el rostro del mayor. Sus ojos, antes fríos y calculadores, estaban fijos en el techo de la habitación del hotel, completamente nublados por la intensidad del orgasmo que acababa de sacudirlo

A pesar de la falta de aire, de la opresión en el pecho y del sabor amargo y cálido que inundaba su boca, mantuvo las manos firmes sobre los muslos del moreno. Había una paz retorcida en ese silencio posterior, un alivio masoquista al saber que se había entregado por completo, destruyendo cualquier rastro del orgullo que tanto le pesaba

Lentamente, ambos comenzaron a recuperar la lucidez. El agarre en el cabello de Jin se aflojó, transformándose en una caricia casi perezosa, deslizando sus dedos húmedos de sudor por las hebras oscuras antes de retirarse por completo. Con un suspiro largo, el menor dio un paso hacia atrás, liberando al escritor

El miembro salió con un sonido húmedo, dejando un rastro blanco que goteó directamente sobre la alfombra

Jin se tambaleó hacia adelante, teniendo que apoyar ambas palmas en el suelo para no caer de bruces. Tosió levemente, con el pecho agitado, intentando recuperar el oxígeno perdido mientras limpiaba de forma torpe su barbilla con el dorso de la mano, arrastrando el fluido espeso por su piel, un acto realmente torpe. Intentó regular su respiración, buscando la fuerza necesaria para colocarse de pie y arreglar las arrugas en su saco

El moreno por su parte, regresó al sillón, dejándose caer con elegancia, sin importarle la ropa interior de marca y el pantalón rojo vino que ahora descansaban a medias sobre sus muslos. Se cruzó de brazos, observando el desastre que había quedado a sus pies

—Límpiate —dijo Namjoon, con la voz notablemente más ronca, estirando la mano para tomar un pañuelo de la mesa ratona y arrojárselo al pecho — ahora... podemos empezar a hablar de las condiciones de tu manuscrito

— Solo... — intentó regular su respiración, dando un paso hacia atrás — solo quiero un poco de tiempo, yo mismo iré a buscarlos a la oficina de Lee Beom-seok — limpió su barbilla una vez más con el dorso de su mano

— Todo por los viejos tiempos — respondió, echando su largo cabello hacia atrás con una de sus manos

— Gracias por comprenderlo — relamió sus labios, carraspeando al tener aún la sensación del oral en la garganta

— ¿Cuántos favores hiciste para llegar a ser tan exitoso? — preguntó, regresando su mirada hacia el rostro nívea, pero en esta ocasión vió en él una mueca molesta e inconforme. Posiblemente herida

— No hice ese tipo de favores si es lo que quieres creer — apartó su mirada de los ojos del moreno, buscando algo más llamativo — realmente cambie... no...

— Nuevamente esas falacias — se quejó, liberando un rugido que mostraba lo exasperado que se encontraba con esa actitud de hombre sano — en lugar de falacias, hazme felaciones... lo haces muy bien

— Deja de ser un cretino — respondió, ya frunciendo el ceño, tensando su mandíbula — intento ser paciente y razonable contigo, me rebaje a lo que tu quieres por la posible venganza...

— Espera un segundo fiera — levantó uno de sus dedos, callando al níveo, para luego reír, sin importarle aún encontrarse semi desnudo — ¿venganza? — enarcó una de sus cejas, ahora comprendiendo aún más la psique de su Hyung actual — ¿Crees que soy un niño? soy un hombre Jin ¿Qué ganaría con una venganza?

—No lo sé —dudó, sintiendo un revoltijo en el estómago. Suspiró y pasó una de sus manos por el cabello, sin saber realmente qué quería Namjoon de él— Ganarías... —Intentó hablar, pero rió con ironía al escuchar lo estúpido que sonaba— Ganarías humillarme como yo te humillé —terminó por decir, sintiendo la mirada fija del menor sobre él

Los segundos pasaban mientras Jin permanecía parado como una estatua, atrapado en pensamientos que el castaño consideraba irrelevantes. Con un movimiento fluido, Namjoon elevó la cadera, terminando de acomodarse los bóxers y los pantalones. Se levantó del sofá y acortó la distancia que el mayor había tomado al retroceder. Al escuchar los pasos ajenos, Seokjin salió de su trance, fijando la mirada en aquellos ojos que lo observaban con una empatía que consideró falsa, pero que se sentía más real que sus propias respiraciones

¿Desde qué momento se convirtió en una persona tan insegura?... si... siempre lo fue, pero prefería ocultarlo con comentarios despectivos y arrogantes

—Yo... —La voz del moreno rompió el silencio, pero se vio interrumpida por la vibración del móvil dentro de su saco— Yo... —volvió a intentarlo, pero el aparato vibró una vez más

Ambos se miraron por un corto instante antes de que la mano de Namjoon buscará el teléfono dentro de la prenda, lo sacara y revisará el motivo de las insistentes interrupcionesGuardía_Taehyung:Señor Kim, disculpe la pregunta... ¿En dónde se encuentra?

Guardía_Taehyung:El sub gerente Park me pidió que estuviera al tanto de usted... solo me distraje un segundo

Colega_Culon:¡Maldita sea, Namjoon! Te dije que estuvieras en el rango visual de Taehyung

Colega_Culon: No me hagas buscarte, estoy muy estresado como para tener que soportar tu obsesión con Kim Seokjin una vez más

Colega_Culon:El CEO te permitió ser su editor con la única condición de mantener el profesionalismo, ¡No lo estás manteniendo!

— ¿Sabes qué día es hoy? — preguntó, ignorando radicalmente los mensajes en line. Tirando el aparató al sofá sin preocupación alguna

—Lunes —contuvo el aliento al verlo acercarse otro poco. Aún no podía procesar su nueva altura— ya hice lo que querías, no te acerques

Detuvo el avance ajeno apoyando la mano contra su pecho, sonrojándose en el acto al sentir cómo los dedos del moreno se enrollaban en su palma. Sin romper el agarre, Namjoon alzó la mano del mayor a la altura de sus labios y dejó un casto beso sobre el dorso

¿Qué carajos había pasado con el misógino de hacía unos minutos atrás? ¿Acaso Namjoon había desarrollado bipolaridad?

—Es 6 de julio —respondió Namjoon a su propia pregunta, permitiendo finalmente que Jin apartara la mano con un tirón áspero— ¿Sabes qué sucedió hoy? —Sonrió de lado ante el silencio y la negativa implícita del pelinegro— hace exactamente dieciséis años, en este mismo día, terminaste con nuestros encuentros

—¿Cómo puedes recordar algo así? —cuestionó Jin, frunciendo el ceño. No sabía si preocuparse, asustarse o impresionarse por semejante nivel de memoria

—Me dijiste que no podía ser tu novio si no cumplía con una serie de requisitos —avanzó un nuevo paso, ignorando olímpicamente las insistentes vibraciones del teléfono a su espalda

Mi novio

Ahora esas palabras tenían más sentido en la mente del escritor

—Detente...

—Claro —se detuvo, concediéndole al pelinegro la tregua de tomar la distancia que requería. Namjoon contuvo una sonrisa cargada de suficiencia al ver cómo el mayor chocaba por accidente contra una pequeña mesa ratona en su afán por retroceder

Se cruzó de brazos, paseando la mirada por el cuerpo de Jin notando al instante el bulto en sus pantalones... no actuaba como un demente, presionaba esperando la reacción que sabía que tendría en cualquier momento

—¿Quieres que te refresque la memoria, escritor Kim? Me grabé cada una de tus palabras en la mente antes de que me echaras de tu vista — comenzó a recitar Namjoon, arrastrando la voz con una calma que a Jin se le incrustó como agujas en los oídos — Me dijiste:«Cuando tu cuenta bancaria tenga más ceros que la mía, cuando dejes de verte tan despreciable, cuando puedas dominarme, cuando tengas más éxito que yo, cuando ya no necesite de otro hombre para sentirme complacido... solo entonces podrás llamarme de esa manera...cuando cumplas estos requisitos»

Jin sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. El eco de su propia soberbia de la preparatoria, aquella arrogancia cruel con la que pisoteaba a su dongsaeng, caía ahora sobre él con el peso de una guillotina. Las recordaba, las había dicho, no tenía una forma de negarlo... había colocado requisitos que olvido, porque siempre creyó que Namjoon jamás lo lograría o lo olvidaría con el tiempo

Tan soberbio y creído... ahora se tragaba sus palabras junto al semen del hombre frente a sus narices. Nam soltó una risa suave, baja, que erizó los vellos de la nuca del escritor

—Mírame ahora, Seokjin — le ordenó, ensanchando su sonrisa, dejando a la vista esos hoyuelos que solían parecerle tiernos — no fui a nuestra graduación, pasé cada maldito día de estos dieciséis años obsesionado con cumplir tu maldita lista y así poder tenerte. Estudié hasta el cansancio, devoré el mercado, me arrastré y escalé hasta la cima solo para tener más ceros que tú en el banco...cambié mi cuerpo, mi postura, mi maldito estatus para dejar de ser el adolescente desgarbado y despreciable que tanto te avergonzaba

Hizo una pausa, dando un paso lento pero imponente hacia adelante, acorralando visualmente a Jin contra el mueble

—Y mírate a ti hoy, en esta habitación. Estás de rodillas, sin manuscrito, sin el mismo dinero que antes, tragándote mi orgullo en el suelo de un hotel para salvar tu pellejo. Te dominé con una sola orden, Hyung. Te complací tanto que terminaste suplicando y arañando mis muslos. He cumplido cada una de tus jodidas condiciones al pie de la letra. Así que dime... — Namjoon se inclinó hacia adelante, reduciendo el espacio personal al mínimo, susurrando directamente sobre los labios aún húmedos del mayor — ¿Ya soy el novio que tanto me exigías?

—No debiste cambiar —susurró, subiendo ambas manos para tomar los brazos del más alto— No debiste escucharme en esos tiempos, yo... —cerró por un segundo los párpados

— Seokjin, responde... ¿soy lo que esperabas?

—Eres... —retuvo el aliento, dando un salto en su lugar al sentir presión contra la entrepierna— Eres... No la restriegues —pidió, mirando la manera en que la pierna del menor se frotaba contra su miembro

— Dime, quiero escuchar...

—Cumpliste mis requisitos... Eres todo lo que fantaseé en mi adolescencia —admitió, llenando de orgullo el pecho del castaño— pero ahora somos adultos... y la preparatoria acabo

Namjoon soltó una risa ronca, un sonido desprovisto de verdadera gracia que vibró directamente contra la piel de Seokjin. No se alejó; al contrario, presionó su peso hacia adelante, obligando al mayor a arquearse sutilmente sobre el borde del mueble

—Somos adultos —repitió Namjoon, delineando la mandíbula de Seokjin con el dorso de su mano, un gesto que empezó suave pero que terminó con sus dedos aprisionando el mentón del pelinegro con firmeza — En el mundo real, Hyung, el dinero y el poder lo dictan todo....Y resulta que hoy, en este cuarto de hotel, yo tengo ambas cosas y tú no tienes nada — lo pensó un poco, para luego sonreír — bueno me tienes a mi y todos mis beneficios

Esas palabras parecieron congelar el aire entre los dos. La tensión en los hombros de Namjoon se volvió rígida como el mármol, y por un microsegundo, el brillo implacable de sus ojos oscuros flaqueo

Seokjin ahogó un gemido cuando la pierna de Namjoon volvió a ejercer una presión deliberada y lenta contra su entrepierna, un recordatorio físico y abrumador de quién tenía el control absoluto de la situación. Sus manos, que aún se aferraban a los firmes brazos del más alto, temblaron

—Mírame, Jin —le exigió Namjoon, bajando la voz hasta convertirla en un susurro peligroso — mírame y dime que este monstruo obsesivo que tienes enfrente no es exactamente el hombre que deseabas que fuera cuando me llamaste patético en el pasillo de la preparatoria

El más bajo tragó saliva, sintiendo el calor de sus propias mejillas, no solo por la humillación de su posición actual, sino por el peso muerto de la culpa. Sabía que Namjoon tenía razón. Cada cicatriz en la ambición del menor la había causado él con sus exigencias superficiales

—Lo eres... —admitió Seokjin en un hilo de voz, rindiéndose ante la opresión del pecho ajeno— eres todo lo que pedí... pero destruiste al chico que yo realmente quería... lo sé — miró hacia otro lado al ver por primera vez un ceño fruncido en la piel morena — es complicado... lo reconocí al graduarnos... yo decidí cambiar por ti, ser un mejor hombre, tener gustos, normales...

— Esto... — negó con su cabeza, soltando completamente al mayor, para poder negar y reír como si las palabras de Jin fueran un chiste— debes estar bromeando, me estas jodiendo ¿no?

—Lo siento... —se limitó a decir Seokjin, manteniendo la mirada baja, el pecho subiendo y bajando con agitación mientras esperaba el estallido de furia o el reproche del menor

Sin embargo, el silencio que siguió no fue tenso. En su lugar, el colchón crujió cuando Namjoon se sentó en el borde, apoyando los codos en sus rodillas mientras contemplaba a Jin con una diversión renovada parpadeando en sus ojos oscuros. La rigidez de sus hombros desapareció, reemplazada por esa soltura peligrosa de quien sabe que acaba de descubrir un giro exquisito en las reglas de su propio juego

—Vaya... así que el gran Kim Seokjin también quería redimirse — comentó Namjoon, relamiéndose los labios con lentitud, saboreando la ironía de la confesión— qué tierno, Hyung, qué conmovedor, pero qué mal cálculo el tuyo — susurró, alzando su mirada hacia el rostro del pelinegro — mientras tú intentabas ablandarte para encajar en mi viejo molde, yo me rompía el lomo para convertirme en el bastardo que pudiera someterte — saboreó la ironía, palmeando con ambas manos sus piernas, volviendo a colocarse de pie — ¿No te parece perfecto? Nos cruzamos a mitad de camino... pero ahora nuestros roles cambiaron

Seokjin abrió su boca, buscando las palabras adecuadas para explicarse, pero dos dedos lo obligaron a volver a cerrar sus labios, presionandolos como si fuera un pico de pato. El rostro del más alto se mantuvo sereno desconcertando al de tez nívea, no buscaba sabotear nada o quizás sí... su cuerpo reaccionaba de una manera distinta a las palabras que lograba articular al tomar un poco de consciencia

Había prometido disculparse al encontrarlo, pero, Namjoon se jactaba de una buena vida en lo que él consideró un maltrato. Esperaba rabia, gritos o una humillación despectiva, pero en lugar de ello, sus insultos eran meras provocaciones

Quería negarlo pero aún disfrutaba del masoquismo, podía sentirlo en ese momento; estaba totalmente enfermo. La culpa y dudas que antes atormentaron su mente, comenzó a transformarse una vez más en otra cosa a medida que la mano morena se posaba en su cuello para descender poco a poco al cuello de su camisa de vestir

— Ahora tu eres el masoquista — señaló lo evidente, delineando la base del cuello de la camisa. Bajo su mirada hasta llegar al cinturón a fuego con el pantalón blanco — no importa todo lo que digas, es solo ruido saliendo de tu boca — apartó su mano del cuello, bajandola sin cortar el contacto visual — me estás colocando aprueba, lo sé — rozó con sus dedos la hebilla, estremeciendo al pelinegro al tirar de ella con el fin de quitarla — te gusta jugar con mi mente como en los ejercicios de algebra — quito poco a poco el cinturón, sintiendo la presión de las manos que se alojaron en sus hombros — ahora somos novios, no tienes porque tener miedo, Hyung, no tienes porque sentir culpa por algo que ambos disfrutamos

— No quiero volver a ser como antes... — susurró al borde de la cordura, sintiendo el rocé de los labios delgados sobre los suyos

— No volveremos a ser lo de antes... somos adultos.... — articuló contra los gruesos labios, sintiendo su suspiró chocar contra su piel — nuestra dinámica también será diferente... — desabotonó el botón — ¿Te gustó?... ¿Te gustó ahora?

— Me... — retuvo sus palabras, los bordes de su pantalón cediendo a la falta de presión — me gustabas — logró decir, jadeando al sentir la lengua húmeda pasar por sus labios

—¿Te gustaba? —Namjoon repitió sus palabras en un eco susurrado, soltando una risa ahogada que se mezcló con el aliento compartido. La confesión, lejos de frenarlo, pareció avivar el fuego de su arrogancia— pasado, Hyung...volvemos a lo mismo

El castaño no esperó una respuesta verbal. Con un movimiento certero, terminó de bajar la cremallera del pantalón blanco, haciendo que la tela cediera por completo y dejando expuesta la vulnerabilidad del mayor ante sus ojos. Las manos de Seokjin, que antes se apoyaban en los hombros de Namjoon buscando un punto de equilibrio, se cerraron con fuerza, arrugando la tela del saco del menor mientras su espalda se arqueaba sutilmente por el súbito contacto del aire frío del cuarto contra su piel

—Me gustabas antes, me gustas ahora... Qué más da el tiempo si el resultado es el mismo —articuló Namjoon, subiendo una de sus manos desde la cadera hasta el pecho de Seokjin, sintiendo el galope desbocado de su corazón bajo la fina tela de la camisa— ¿Sabes por qué sientes tanta culpa por lo que tuvimos en la preparatoria? — no espero una respuesta — por qué sigues aferrado a mí como si fuera tu única salvación y fuente de placer

Namjoon se inclinó un poco más, atrapando el labio inferior de Seokjin entre los suyos en un mordisco lento y posesivo que arrancó un jadeo lastimero del pelinegro. La lengua húmeda del menor volvió a delinear la comisura de los labios carnosos, saboreando la rendición absoluta del hombre que alguna vez lo miró desde una cima inalcanzable

—Dilo —le exigió contra la boca, su voz tornándose más densa, cargada de una urgencia que ya no pretendía ocultar— no me hables de lo que sentías en los pasillos de la preparatoria o en el club...dime qué sientes justo ahora, con mis manos sobre ti, deshaciendo cada una de tus defensas....dime si este maldito masoquismo no es lo mejor que te ha pasado en años de tanta abstinencia

Seokjin apretó los párpados, permitiendo que una lágrima silenciosa resbalara por su mejilla, no de tristeza, sino por la abrumadora intensidad de la estimulación física y mental. Estaba enfermo, completamente expuesto, pero el roce de los dedos de Namjoon adentrándose por el borde de su ropa interior destruyó el último gramo de cordura que le quedaba, obligándolo a arquear las caderas hacia adelante en busca de más

— Quiero escucharlo con palabras

—Me gusta... Nunca pude olvidar lo que sucedió —ahogó un jadeo, girando su cabeza hacia un lado, consumido por el placer que se le era otorgado— porque me gustaba esto, ni siquiera quise encontrarlo en nadie más

La confesión golpeó el ego de Namjoon con una fuerza arrolladora. Una sonrisa de pura superioridad se dibujó en sus labios mientras contemplaba el rostro de Seokjin, encendido por el calor y con los ojos empañados. Saber que durante esos dieciséis años de ausencia e idealizaciones, Jin no había sido capaz de entregarle esa faceta oculta a nadie más, era la victoria definitiva

No importaba todo lo que había hecho para ser el hombre de sus fantasías, Jin complacía las suyas con simples palabras

—Así que guardado solo para mí... —susurró Namjoon, atrapando la mandíbula de Seokjin con firmeza para obligarlo a regresar la mirada hacia él. Sus ojos oscuros brillaban con una intensidad implacable— una maldita exclusividad que ni tú mismo querías admitir, Hyung; por ello tu manuscrito trata de nosotros, exponían al mundo lo que deseabas que pasara

El moreno incrementó la presión de sus dedos, moviéndose con una deliberada lentitud que torturaba la paciencia del mayor, estirando el momento, haciéndole pagar con creces cada segundo de la abstinencia mencionada. Seokjin soltó un gemido que se ahogó contra el hombro del castaño, enterrando las uñas en la tela de su saco, balanceándose involuntariamente en busca de un ritmo más rápido, más rudo, que calmara el fuego que le recorría las venas

Chapters
1. Capítulo 1
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