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77 Days G¡P | WENCLAIR

Summary

12 años. 12 de historia compartida. De primaria a preparatoria, de primeras miradas a primeros besos, de "te odio" a "te quiero" sin atreverse a decirlo. 12 siendo el centro del universo de la otra. Y luego, nada. Una discusión estúpida sobre Crepúsculo (sí, Crepúsculo) y 12 años se fueron por el desagüe como si no hubieran significado nada. Ahora, en la universidad, Wednesday Addams y Enid Sinclair están el mismo mundo sin chocar. Wednesday es la mujeriega que todo el campus desea, rodeada siempre de un séquito de admiradoras y sus tres amigos homosexuales favoritos (Ajax, Kent y Tyler). Enid es la chica de la sonrisa fácil y el pelo arcoíris que todos quieren tener cerca, siempre acompañada de Yoko y Divina, sus mejores amigas. Se evitan. Se ignoran. Se hacen las que no existen. Pero cuando Wednesday entra al comedor una mañana y se sienta peligrosamente cerca de la mesa de Enid, rodeada de mujeres que se derriten por una migaja de su atención, algo se rompe. Las miradas cruzadas. Las sonrisas torcidas. Ese puto saludo con dos dedos que Wednesday le dedica como si nada, como si no hubiera doce años de historia pisoteados. Y Enid, harta de juegos, harta de orgullo, harta de querer y no poder, contraataca. Setenta y siete días. Tienes setenta y siete días para demostrarme que has cambiado. Setenta y siete días sin mirar a nadie. Setenta y siete días siendo solo mía. We

Status
Complete
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo


El comedor universitario bullía con el ruido habitual de bandejas, conversaciones y el eterno drama de quién se sentaba con quién. Las mesas se organizaban por territorios escritos: los deportistas en una esquina, los frikis en otra, los de arte cerca de la ventana para tener "buena luz", etc.


Y en el centro de todo, como un imán que atraía todas las miradas, estaba Enid Sinclair.


—No mires —advirtió Yoko sin levantar la vista de su teléfono—. Pero Wednesday acaba de entrar.


—No estaba mirando —respondió Enid con una frialdad que no logró ocultar el hecho de que su mano se había tensado alrededor del café.


—Claro que no. Por eso llevas diez minutos con la mirada fija en la puerta.


—Estaba pensando.


—En Wednesday.


—En mis cosas.


—Que son Wednesday.


Divina, sentada al otro lado de la mesa, soltó una risita. —Déjala en paz, Yoko. Ya sabes cómo se pone.


—¿Cómo se pone? —Enid arqueó una ceja—. No me pongo de ninguna manera.


—Te pones rígida. Como un palo. Como si fueras a saltar en cualquier momento.


—No salto.


—Saltas.


Antes de que Enid pudiera replicar, una bandeja se colocó ruidosamente en la mesa de al lado. No en la de ellas. En la de al lado. Lo suficientemente cerca para ser un problema. Lo suficientemente lejos para tener excusa.


Wednesday Addams se sentó con la elegancia de quien sabe exactamente el efecto que produce.


A su alrededor, como abejas atraídas por la miel (o por el peligro, que en este caso venía a ser lo mismo), un pequeño séquito comenzó a formarse.


—Wednesday, ¿quieres probar esto?


—Wednesday, ¿te acuerdas de mí? De la fiesta de...


Wednesday ni siquiera levantó la vista. Asintió vagamente, con esa expresión de aburrimiento que tan bien le funcionaba, mientras desdoblaba una servilleta con movimientos precisos.


—Sus admiradoras —murmuró Yoko—. Siempre tan... abundantes.


—No son admiradoras —gruñó Enid—. Son moscas.


—Moscas muy guapas.


—Moscas.


—La de la izquierda es la de literatura francesa. Sabrina, creo. Muy sexy.


—Sexy y mosca.


—Y la de atrás, la pelirroja, es nueva. Tiene buena cara.


—Me importa una mierda.


Yoko y Divina intercambiaron una mirada cargada de significado.


—Claro —dijo Divina—. Te importa una mierda. Por eso llevas cinco minutos sin pestañear.


—Estoy... observando.


—¿Observando?


—Sí. Es... es por seguridad. Hay que estar alerta.


—¿Alerta de qué? ¿De que Wednesday Addams sea Wednesday Addams?


—De que haga alguna tontería.


—¿Como cuál?


—Como... —Enid dudó—. Como existir.


En la mesa de al lado, Wednesday estaba rodeada. Literalmente rodeada. Tres chicas se habían sentado a su alrededor, más sus amigos: Ajax, Kent y Tyler, a los que ella llamaba cariñosamente "sus homosexuales favoritos".


—Esto es impresionante —susurró Kent, observando el despliegue de moscas—. Cada día más.


—Es un don —respondió Wednesday con total naturalidad.


—Es una maldición —corrigió Tyler—. Para nosotros. Porque tenemos que soportar verte rodeada de mujeres buenísimas mientras tú actúas como si nada.


—No es mi problema.


—Es nuestro problema. Y el de Sinclair, que nos está mirando como si quisiera matarnos.


Wednesday levantó la vista. Lenta. Deliberadamente.


Sus ojos se encontraron con los de Enid.


Y entonces, Wednesday sonrió.


No una sonrisa grande. No una sonrisa amable. Una sonrisa pequeña, torcida, llena de intención. La sonrisa de quien sabe exactamente lo que está haciendo.


Enid apretó el vaso de cartón con tanta fuerza que el café empezó a filtrarse por los bordes.


—Tranquila —dijo Yoko—. Vas a quemarte.


—No me quemo.


—Te estás quemando.


—Es café frío.


—Mientes.


Wednesday, mientras tanto, siguió con su actuación.


Se giró hacia Sabrina, la chica de literatura francesa, y le dedicó una mirada de esas que hacían temblar a la gente. Solo que esta vez, en lugar de ser aterradora, fue... casi amable.


—¿Decías algo de Kafka? —preguntó.


Sabrina se iluminó. —¡Sí! Bueno, en realidad era sobre La metamorfosis y...


—Interesante —la interrumpió Wednesday, con la mirada perdida un par de mesas más allá—. Muy interesante.


No estaba escuchando ni una palabra.


Enid lo sabía. En algún lugar de su cerebro, lo sabía. Pero su corazón no quería saberlo.


—Está coqueteando —murmuró.


—No está coqueteando —dijo Divina.


—Está sonriendo.


—Wednesday sonríe.


—Wednesday no sonríe. Wednesday amenaza con la mirada. Eso no era amenaza.


—Parecía amenaza para mí.


—Porque no la conoces. Yo la conozco. Yo sé cómo sonríe cuando... —se detuvo.


—¿Cuando?


—Cuando nada.


Ajax, desde la mesa de Wednesday, observaba el intercambio con una mezcla de fascinación y terror.


—¿Sabes que te está mirando Sinclair? —preguntó.


—Lo sé —respondió Wednesday sin apartar la vista de Sabrina.


—¿Sabes que parece que quiere asesinarte?


—Eso espero.


—¿Y que nos va a asesinar a nosotros también por estar aquí?


—Probablemente.


—¿Y aún así vas a seguir con esto?


Wednesday se giró lentamente hacia él. Su mirada era un pozo oscuro de diversión contenida.


—Ajax —dijo—. ¿Tú has estado enamorado alguna vez?


—Pues... sí, supongo.


—¿Y no has hecho alguna vez algo estúpido para llamar la atención de esa persona?


—Bueno...


—Esto es eso. Pero con más estilo.


En la otra mesa, Enid ya no podía disimular.


—Mira cómo la mira —siseó—. Le está sonriendo. Le está sonriendo como si fuera...


—¿Especial? —ofreció Yoko.


—¡Sí! Como si fuera especial.


—¿Y sabes qué es lo mejor?


—¿Qué?


—Que no le está sonriendo a ella. Le está sonriendo a la idea de que tú te enfades.


Enid parpadeó.


—¿Cómo?


—Es Wednesday. Es más retorcida que un laberinto. Sabe perfectamente que la estás mirando. Sabe perfectamente que esto te molesta. Y lo está haciendo a propósito. —Yoko señaló con la barbilla—. Mírala bien. ¿A quién mira de verdad?


Enid observó.


Wednesday seguía de lado, con el cuerpo orientado hacia Sabrina. Pero sus ojos... sus ojos se desviaban. Cada dos segundos. Hacia la izquierda. Hacia la mesa de Enid.


—Me está mirando —dijo Enid en voz baja.


—Te está mirando.


—Me está... provocando.


—Te está provocando.


—La muy...


—Zorra, cabrona, hija de puta —enumeró Yoko—. Elige el insulto que quieras. Pero sabes que es verdad.


En ese momento, como si hubiera escuchado la conversación, Wednesday se giró completamente.


Directamente hacia Enid.


Levantó una mano. Lentamente. Y saludó.


Con dos dedos. Como si fueran viejas conocidas. Como si no hubiera pasado nada entre ellas. Como si no hubiera doce años de historia, una ruptura estúpida, y un odio que en realidad era amor mal disfrazado.


Enid sintió que la sangre le hervía.


—Esa... esa...


—Respira —dijo Divina.


—No puedo.


—Tienes que respirar.


—¡Me está saludando!


—Es un saludo. La gente saluda.


—¡Ella no saluda! ¡Ella ignora! ¡Ella desprecia! ¡Ella mata con la mirada! ¡No saluda!


—Pues hoy saluda.


Yoko, que lo estaba grabando todo con su teléfono, no podía contener la risa.


—Esto es una joyita para el yutu—dijo—. Wednesday Addams saludando a su ex en el comedor mientras está rodeada de mujeres. Es como un documental de naturaleza sobre animales salvajes para aparearse.


—Apaga eso —gruñó Enid.


—Ni lo sueñes hermosa. Esto va directo al grupo.


—Yoko...


—Enid...


—Te juro que...


—¿Qué? ¿Qué me vas a hacer?


Enid la miró fijamente. Luego miró a Wednesday, que seguía con la mano levantada y una sonrisa insoportable. Luego miró a las mujeres que la rodeaban, ajenas a todo.


Y entonces, hizo algo que ni ella misma esperaba.


Sonrió.


Levantó su propia mano.


Y devolvió el saludo.


La expresión de Wednesday al verlo fue impagable.


Su mano se congeló en el aire. Su sonrisa se torció en algo que no sabía si era sorpresa, admiración o lujuria. Probablemente las tres cosas.


—¡A la verga! —exclamó Kent—. ¡Te ha devuelto el saludo!


—Lo sé.


—¡Eso es bueno!


—No lo sé.


—¿Cómo que no lo sabes?


—Porque —Wednesday bajó la mano lentamente—. Porque cuando Enid sonríe así, significa que está tramando algo.


—¿Algo bueno?


—Algo peligroso.


—¿Para ti?


—Para todos.


En la otra mesa, Yoko y Divina observaban a Enid con admiración.


—Has sido increíble —dijo Yoko.


—Lo sé.


—Le has devuelto el saludo como si nada.


—Como si nada.


—Y ahora ella está desconcertada.


—Eso espero.


—¿Qué vas a hacer?


Enid se giró hacia ellas. Su sonrisa era una mezcla de dulzura y cuchillos.


—Por ahora —dijo—, nada. Pero que sepa que la he visto. Que sepa que sé lo que está haciendo. Y que sepa que esto no se va a quedar así.


—¿Esto?


—Este juego. Esta... provocación. —Enid negó con la cabeza—. Doce años, Yoko. Doce años conociéndola. Sé exactamente cómo funciona su cabeza.


—¿Y?


—Y si quiere jugar, jugamos.


La comida terminó sin más incidentes. Wednesday se levantó primero, rodeada de su séquito, y salió del comedor sin mirar atrás.


Pero Enid sabía que la había sentido. Sabía que cada paso que Wednesday daba era consciente de que ella la estaba mirando.


Cuando desapareció por la puerta, Yoko exhaló ruidosamente.


—Bueno —dijo—. Esto promete.


—Esto es solo el principio —respondió Enid.


—¿El principio de qué?


—Por que siempre preguntas todo?



Esa noche, el grupo de Yoko con media universidad explotó.


Yoko: SEÑORAS Y SEÑORES.


Yoko: HOY HA OCURRIDO.


Yoko: WEDNESDAY ADDAMS HA SALUDADO A ENID SINCLAIR EN EL COMEDOR.


Yoko: Y ENID LE HA DEVUELTO EL SALUDO.


Divina: PRESENCIÉ TODO.


Yoko: HABÍA MUJERES ALREDEDOR. UN MONTÓN.


Divina: WEDNESDAY IBA DE PIRUJA.


Yoko: Y ENID LE HA PLANTADO CARA.


Divina: FUE HERMOSO.


Yoko: ¿ALGUIEN TIEN ALGO QUE DECIR?


Kent: Yo estaba allí. Wednesday se cago cuando Enid le ha devuelto el saludo.


Ajax: Confirmo. Se ha quedado helada.


Tyler: Llevo años esperando ver a Wednesday desconcertada. Ha sido increíble.


Yoko: ¿Ustedes son los amigos homosexuales favoritos?


Kent: Sí.


Ajax: El mismísimo.


Tyler: Para servirles.


Divina: ESTO ES UN CRUCE DE UNIVERSOS.


Yoko: ME ENCANTA.


Horas después, cuando el grupo se hubo calmado, Enid recibió un mensaje privado.


Número desconocido: Buen saludo.


Enid sonrió en la oscuridad de su habitación.


Enid: Gracias. Tú también.


Número desconocido: Sabes que fue a propósito, ¿verdad?


Enid: Sé muchas cosas.


Número desconocido: ¿Como qué?


Enid: Como que no te importaba ni una de esas mujeres.


Número desconocido: No.


Enid: Como que solo querías verme reaccionar.


Número desconocido: Bingo.


Enid: Como que lo has conseguido.


Número desconocido: ¿Enfadada?


Enid: ¿Tú crees?


El silencio se alargó.


Número desconocido: Espero que no.


Enid: ¿Por qué?


Número desconocido: Porque no he terminado.


Enid: ¿De qué?


Número desconocido: De intentar que me perdones.


Enid miró el mensaje durante mucho tiempo.


Luego escribió:


Enid: Setenta y siete días.


Número desconocido: ¿Qué?


Enid: Y si quieres que te perdone, vas a tener que ganártelo.


Número desconocido: Dime cómo.


Enid: Setenta y siete días. Tienes setenta y siete días para demostrarme que has cambiado. Setenta y siete días sin mirar a nadie. Setenta y siete días siendo solo mía.


Número desconocido: Y después.


Enid: Y después, hablamos.


La respuesta fue inmediata.


Número desconocido: Acepto.


Enid: ¿Sin condiciones?


Número desconocido: Sin condiciones.


Enid: Bien.


Número desconocido: Enid.


Enid: ¿Qué?


Número desconocido: Te quiero. Siempre te he querido. Y voy a cumplir estos setenta y siete días aunque me cueste la vida.


Enid sonrió en la oscuridad.


Enid: Eso espero.


Número desconocido: Descansa.


Enid: Tú también.


Número desconocido: Buenas noches.


Enid: Buenas noches, Wednesday.


En su habitación, Wednesday miró el teléfono durante horas.


Setenta y siete días.


Podía hacerlo.


Tenía que hacerlo.


Por ella. Por ellas. Por todo.

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