Chapter 1
La habitaciΓ³n estaba vacΓa.
Las paredes desnudas, sin los pΓ³sters de bandas ni las fotografΓas de crΓmenes que solΓa coleccionar. La cama, solo el colchΓ³n despojado de sΓ‘banas, mostrando las manchas de uso en el tejido gastado. El escritorio, sin los libros apilados que antes lo cubrΓan, sin la lΓ‘mpara de luz tenue que iluminaba sus lecturas, sin el viejo cuaderno de caligrafΓa que habΓa guardado durante aΓ±os sin saber muy bien por quΓ©. El armario, abierto, mostrando solo los ganchos vacΓos y el fondo de madera desnuda, con ese olor a polvo.
Wednesday Addams se quedΓ³ en el centro de la habitaciΓ³n, mirando alrededor. Sus ojos oscuros, de ese negro profundo que parecΓa absorber la luz en lugar de reflejarla, recorrieron cada rincΓ³n, cada espacio vacΓo que antes estuvo lleno de objetos que alguna vez le importaron. Ahora no quedaba nada. HabΓa guardado todo en cajas que habΓan sido donadas, tiradas o simplemente desaparecidas. No querΓa dejar rastro. No querΓa que su madre tuviera que lidiar con el peso de sus cosas despuΓ©s de que ella ya no estuviera. No querΓa que nadie tuviera que preguntarse quΓ© hacer con los restos de una vida que habΓa decidido terminar.
El sobre estaba sobre el colchΓ³n. Grueso. Pesado. ContenΓa el dinero que habΓa ahorrado durante meses, robΓ‘ndole horas al sueΓ±o, trabajando en turnos que nadie mΓ‘s querΓa, guardando cada billete como si fuera una prueba de que aΓΊn podΓa hacer algo bien. No era mucho. No era suficiente para cubrir todo lo que debΓa. Pero era todo lo que tenΓa. Lo habΓa contado y recontado docenas de veces, como si el nΓΊmero pudiera cambiar, como si de repente pudiera aparecer mΓ‘s dinero si lo miraba con suficiente intensidad. Pero el nΓΊmero seguΓa siendo el mismo. Siempre el mismo.
15,000 dΓ³lares.
No era solo un nΓΊmero. Era la medida concreta de lo que un niΓ±o puede hacerle a otro cuando nadie lo detiene. Era cada par de audΓfonos que habΓa arrancado de la cabeza de Enid Sinclair. Era cada vez que la habΓa visto caer al suelo, sangrando, y se habΓa reΓdo. Era cada cuaderno que habΓa tirado al estanque, cada palabra cruel que habΓa pronunciado con la indiferencia de quien no entiende el peso de sus propias acciones. Era el costo de ocho pares de audΓfonos destruidos, de ocho veces que Enid habΓa vuelto a casa con las orejas sangrando y una sonrisa falsa pegada al rostro para que su madre no se preocupara. Era el precio de aΓ±os de acoso, de aΓ±os de silencio cΓ³mplice, de aΓ±os de miradas que se desviaban cuando alguien necesitaba ayuda.
Wednesday mirΓ³ el sobre y sintiΓ³ algo en el pecho. No era arrepentimiento exactamente. No era tristeza. Era algo mΓ‘s frΓo, mΓ‘s definitivo. Era la certeza de que no habΓa nada mΓ‘s que pudiera hacer para reparar el daΓ±o. El dinero no devolverΓa la audiciΓ³n a Enid. No borrarΓa los aΓ±os de aislamiento. No desharΓa el hecho de que ella, Wednesday Addams, habΓa sido la causa de tanto dolor. Los 15,000 dΓ³lares no podΓan comprar el tiempo perdido, las lΓ‘grimas derramadas en silencio, los intentos fallidos de Enid por comunicarse con alguien que se negaba a verla.
HabΓa aprendido lengua de seΓ±as. Lo habΓa hecho en secreto, en las noches, cuando su madre creΓa que estaba durmiendo. HabΓa visto videos en su telΓ©fono, con el brillo de la pantalla iluminando su rostro en la oscuridad de su habitaciΓ³n. HabΓa practicado frente al espejo, moviendo sus manos con torpeza, repitiendo los gestos una y otra vez hasta que los mΓΊsculos le dolΓan. HabΓa escrito las seΓ±as en un cuaderno, las habΓa memorizado, las habΓa ensayado en silencio mientras caminaba por las calles de Jericho. Lo habΓa hecho con la dedicaciΓ³n imperfecta de alguien que sabΓa que quizΓ‘s ya era demasiado tarde, pero que aun asΓ necesitaba estar preparada. No querΓa llegar sin haberlo intentado. No querΓa que la ΓΊltima oportunidad de comunicarse con Enid se perdiera porque no habΓa hecho el esfuerzo.
El cuaderno estaba en su mochila. El mismo cuaderno que habΓa tirado al estanque aΓ±os atrΓ‘s. Lo habΓa recuperado, lo habΓa secado pΓ‘gina por pΓ‘gina, con una paciencia que no sabΓa que tenΓa. HabΓa planchado las hojas arrugadas, habΓa borrado con cuidado las manchas de agua, habΓa pegado las pΓ‘ginas rotas. Lo habΓa guardado como un relicario de su peor momento, como un recordatorio de todo lo que habΓa hecho y de todo lo que nunca podrΓa deshacer. TenΓa las tapas decoradas con dibujos de colores: un arcoΓris, un sol sonriente, una nube con forma de corazΓ³n. Los mismos dibujos que ella habΓa visto y habΓa despreciado, los mismos que habΓa seΓ±alado con el dedo y habΓa ridiculizado frente a toda la clase. Ahora los miraba y no podΓa entender cΓ³mo habΓa sido capaz de hacer todo lo que hizo. CΓ³mo habΓa podido mirar esos dibujos, hechos por una niΓ±a de nueve aΓ±os que solo querΓa ser aceptada, y sentir asco en lugar de compasiΓ³n.
Recordaba la primera vez que lo habΓa visto. Enid habΓa entrado a la clase con ese cuaderno en las manos, apretΓ‘ndolo contra el pecho como si fuera un escudo. Era pequeΓ±a, mucho mΓ‘s pequeΓ±a que los demΓ‘s niΓ±os de su edad, y llevaba una sonrisa tan brillante que casi dolΓa mirarla. Wednesday la habΓa odiado desde el primer segundo. No porque Enid hubiera hecho algo malo. No porque mereciera ese odio. Simplemente porque era diferente, y Wednesday, a los nueve aΓ±os, no sabΓa cΓ³mo procesar la diferencia. No sabΓa cΓ³mo mirar a alguien que no podΓa oΓr, que hablaba con una voz extraΓ±a, que escribΓa en un cuaderno en lugar de hablar, y sentir otra cosa que no fuera incomodidad. Y la incomodidad, para Wednesday, siempre se convertΓa en crueldad.
"Hola, me llamo Enid Sinclair. Soy sorda. Por favor, ayΓΊdenme."
La voz de Enid era extraΓ±a. Entrecortada. Imperfecta. No sonaba como la de los demΓ‘s niΓ±os. HabΓa algo en ella que Wednesday no podΓa soportar. Tal vez era la vulnerabilidad. Tal vez era la forma en que Enid sonreΓa, como si el mundo fuera un lugar amable y ella no hubiera aprendido todavΓa que no lo era. Tal vez era la forma en que sus manos se movΓan, haciendo seΓ±as que nadie entendΓa, buscando desesperadamente una conexiΓ³n que el mundo se negaba a darle.
Wednesday habΓa visto esa sonrisa y habΓa querido romperla.
Y lo habΓa logrado.
Durante meses, habΓa hecho todo lo posible por destruir esa sonrisa. Le habΓa gritado cerca de la cara para asustarla. Le habΓa arrancado los audΓfonos una y otra vez. Le habΓa tirado el cuaderno al estanque, habΓa borrado sus notas, habΓa escondido sus pertenencias. HabΓa hecho que su vida fuera un infierno, y lo habΓa hecho con una alegrΓa frΓa y calculada.
Pero la sonrisa nunca desaparecΓa del todo.
Siempre volvΓa.
Como si Enid tuviera una reserva infinita de esperanza, una fe inquebrantable en que eventualmente las cosas mejorarΓan. Como si creyera que si sonreΓa lo suficiente, si era lo suficientemente amable, si se disculpaba lo suficiente, el mundo terminarΓa por ser amable con ella.
Y esa esperanza, esa fe, era lo que mΓ‘s enfurecΓa a Wednesday.
Porque Enid no tenΓa razΓ³n para tener esperanza. El mundo no era amable. La gente no cambiaba. Y si Enid seguΓa sonriendo a pesar de todo, entonces algo estaba mal con ella. Algo que Wednesday necesitaba corregir.
Wednesday apretΓ³ el sobre contra su pecho, sintiendo el peso de los billetes. No era suficiente. Nunca serΓa suficiente. Pero era todo lo que tenΓa, y antes de que el sol saliera, planeaba dejarlo en la mesita de noche de su madre. Para que ella supiera que, al menos, habΓa intentado reparar una pequeΓ±a parte del daΓ±o.
El reloj marcaba las 3:47 de la maΓ±ana. Su madre estarΓa durmiendo. Su hermano tambiΓ©n. Nadie la verΓa salir. Nadie sabrΓa adΓ³nde iba.
Wednesday se puso la chaqueta negra, la misma de siempre. La tela estaba gastada en los codos, y el cuello tenΓa una mancha de tinta que nunca habΓa logrado quitar. GuardΓ³ el sobre en el bolsillo interior, sintiendo el peso contra su pecho. La mochila con el cuaderno al hombro, ajustando la correa con un movimiento mecΓ‘nico. No habΓa nada mΓ‘s que llevar. No habΓa nada mΓ‘s que decir.
CaminΓ³ por el pasillo en silencio. Los tablones del suelo crujΓan bajo sus pies, pero era un sonido familiar, uno que su madre ya no escuchaba despuΓ©s de tantos aΓ±os. PasΓ³ frente a la puerta de la habitaciΓ³n de su madre y se detuvo un segundo.
AbriΓ³ la puerta con cuidado. Su madre estaba dormida, su rostro relajado en la penumbra. Wednesday se acercΓ³ a la mesita de noche y colocΓ³ el sobre sobre la superficie de madera. No hizo ruido. No dijo nada. Simplemente lo dejΓ³ allΓ, como una ofrenda silenciosa, como el ΓΊnico gesto de disculpa que podΓa ofrecer.
Luego se girΓ³ y saliΓ³ de la habitaciΓ³n.
La puerta principal se abriΓ³ con un chirrido suave, ese sonido que habΓa molestado a su padre durante aΓ±os y que Γ©l nunca habΓa logrado arreglar. La noche era frΓa, con ese tipo de frΓo que se mete debajo de la ropa y se instala en los huesos, que hace que el aliento se convierta en una nube de vapor. El cielo estaba despejado, lleno de estrellas que ella no se molestΓ³ en mirar. No habΓa nada en el cielo que pudiera detenerla. No habΓa nada en ningΓΊn lado que pudiera detenerla.
CaminΓ³ por las calles vacΓas de Jericho. Las luces de las farolas proyectaban sombras alargadas sobre el piso, sombras que se estiraban y se encogΓan con cada paso. No habΓa coches. No habΓa personas. Solo ella y el sonido de sus propios pasos contra el pavimento. El viento soplaba suavemente, moviendo las hojas secas que se acumulaban en las aceras. OlΓa a tierra mojada, a la lluvia que habΓa caΓdo hace unas horas.
El puente estaba a veinte minutos a pie. Lo sabΓa porque lo habΓa calculado. Lo sabΓa porque habΓa hecho el recorrido varias veces en los ΓΊltimos dΓas, asegurΓ‘ndose de que no hubiera obstΓ‘culos, de que el camino estuviera despejado. No querΓa que nada la detuviera. No querΓa que nada la hiciera dudar. HabΓa cronometrado el trayecto, habΓa contado los pasos, habΓa memorizado cada esquina. QuerΓa que fuera perfecto. QuerΓa que no hubiera sorpresas. QuerΓa que el final fuera tan limpio y ordenado como el principio.
LlegΓ³ al puente cuando el reloj marcaba las 4:12 de la maΓ±ana.
Se detuvo en el centro, justo donde la barandilla metΓ‘lica se curvaba ligeramente hacia el exterior. Debajo, el rΓo se movΓa con una lentitud engaΓ±osa. El agua parecΓa oscura, casi negra, reflejando la luz de la luna. No era un rΓo profundo, no en la mayorΓa de los tramos, pero en ese punto especΓfico, bajo el puente, el agua era lo suficientemente profunda como para hacer el trabajo. Lo sabΓa porque lo habΓa investigado. Lo sabΓa porque habΓa medido la profundidad, habΓa calculado la corriente, habΓa evaluado la temperatura del agua. No querΓa fallar. No querΓa sobrevivir.
Wednesday apoyΓ³ las manos sobre la barandilla. El metal estaba frΓo, tan frΓo como sus dedos. MirΓ³ hacia abajo y sintiΓ³ el vacΓo llamΓ‘ndola. No era miedo. No era emociΓ³n. Era simplemente la ausencia de todo lo demΓ‘s. La ausencia de miedo, de duda, de esperanza. La ausencia de cualquier cosa que pudiera hacerla retroceder.
RecordΓ³ la primera vez que habΓa estado en ese puente. TenΓa nueve aΓ±os, la misma edad que Enid cuando la conociΓ³. HabΓa saltado desde lo alto con Tyler y Xavier, compitiendo por ver quiΓ©n llegaba mΓ‘s lejos, quiΓ©n hacΓa el mayor salto, quiΓ©n era el mΓ‘s valiente. En ese entonces, el puente era un lugar seguro, de risas, de desafΓos estΓΊpidos. Ahora era un lugar de despedidas.
"AtrΓ©vete a hacer esto. El que no lo haga es un cobarde."
Las palabras de Tyler resonaron en su cabeza como un eco distante. AΓ±os despuΓ©s, Tyler la habΓa abandonado con la misma facilidad con la que la habΓa seguido. La clase entera la habΓa seΓ±alado, y Γ©l, su amigo de infancia, habΓa levantado el dedo junto con los demΓ‘s. No habΓa dudado. No habΓa siquiera mirado hacia atrΓ‘s.
Wednesday no lo culpaba. No podΓa. Ella habΓa hecho lo mismo con Enid. HabΓa visto a la niΓ±a sorda sonreΓr a pesar del dolor, habΓa visto sus manos temblar mientras escribΓa en el cuaderno, habΓa visto la sangre caer de sus oΓdos cuando le arrancaba los audΓfonos, y no habΓa sentido nada. No habΓa visto a una persona. HabΓa visto a un blanco fΓ‘cil. HabΓa visto a alguien a quien podΓa lastimar sin consecuencias, alguien que no podΓa defenderse, alguien que era diferente y que, por lo tanto, merecΓa ser castigada por esa diferencia.
15,000 dΓ³lares.
Ocho pares de audΓfonos.
Una vida destruida.
Y todo por aburrimiento. Todo por necesidad de estimulaciΓ³n. Todo porque no habΓa aprendido la diferencia entre la aventura y el daΓ±o.
Wednesday cerrΓ³ los ojos y respirΓ³ hondo. El aire olΓa a humedad, a rΓo, a la tierra mojada de la orilla. OlΓa a la noche que se desvanecΓa lentamente, a la madrugada que se resistΓa a morir. OlΓa a la vida que estaba a punto de dejar atrΓ‘s.
Estaba lista.
Se preparΓ³ para subir a la barandilla.
Y entonces ocurriΓ³.
Un sonido. Un golpe seco y metΓ‘lico que rompiΓ³ el silencio de la noche. Luego otro. Y otro. Fuegos artificiales. Eran fuegos artificiales de feria, de esos que se compran en puestos callejeros y se lanzan en cualquier momento, sin razΓ³n aparente.
Wednesday abriΓ³ los ojos y levantΓ³ la vista.
Sobre el rΓo, a unos metros de distancia, una explosiΓ³n de color estallΓ³ en el cielo. Rojo. Luego azul. Luego un verde brillante que iluminΓ³ toda la superficie del agua. Los fuegos artificiales se reflejaban en el rΓo.
Desde la orilla, escuchΓ³ risas. NiΓ±os. Un grupo de adolescentes que probablemente habΓan estado despiertos toda la noche y habΓan decidido terminar la madrugada de esa manera. Sus voces eran jΓ³venes, llenas de energΓa, de esa alegrΓa inconsciente que solo se tiene cuando no se ha aprendido todavΓa que el mundo puede ser cruel.
"Β‘Oye, mira ese!"
"Β‘Lanza otro, lanza otro!"
Las risas se mezclaban con el estallido de los cohetes. Los colores se reflejaban en los ojos de Wednesday, en el metal de la barandilla, en la superficie del rΓo. La luz parpadeaba, cambiaba, se movΓa. Era caΓ³tica y hermosa. Era todo lo que su vida no era.
Se quedΓ³ inmΓ³vil, mirando.
Los fuegos artificiales no eran para ella. No sabΓan que estaban interrumpiendo su plan. Pero la interrumpieron de todos modos. Esa explosiΓ³n de color y sonido la devolviΓ³ al mundo por un instante. La sacΓ³ de su cabeza, de su decisiΓ³n frΓa y cerrada, y la puso frente a algo simple y brutalmente hermoso.
Cuatro adolescentes en la orilla, riendo, lanzando cohetes al cielo sin pensar en nada mΓ‘s que en el momento. No sabΓan que alguien estaba a punto de morir a pocos metros de ellos. No sabΓan que estaban siendo testigos de algo sin saberlo.
Wednesday observΓ³ el reflejo de los colores en el agua.
Era la primera vez en mucho tiempo que miraba algo sin poner una X. La primera vez que veΓa algo y no sentΓa la necesidad de distanciarse, de protegerse, de reducir lo que veΓa a algo que pudiera controlar.
Y no sabΓa quΓ© hacer con eso.
El ΓΊltimo cohete estallΓ³. Un destello blanco que iluminΓ³ todo el puente, todo el rΓo, toda la noche. Y luego el silencio. Los niΓ±os se rieron una ΓΊltima vez y comenzaron a alejarse, sus voces desapareciendo poco a poco en la distancia.
Wednesday seguΓa allΓ, con las manos sobre la barandilla.
El plan seguΓa siendo el mismo. El dinero estaba en la mesita de noche de su madre. El cuaderno estaba en su mochila. La disculpa aΓΊn no habΓa sido dicha. Pero el final... el final seguΓa allΓ, esperΓ‘ndola.
Pero las manos de Wednesday no se movieron.
No subiΓ³ a la barandilla.
Se quedΓ³ allΓ, mirando el rΓo, sintiendo el frΓo del metal bajo sus palmas, esperando que el impulso regresara. Pero el impulso no regresaba.
En lugar de eso, recordΓ³ algo que habΓa olvidado.
La cara de Enid cuando le devolviera el cuaderno.
Eso era algo que aΓΊn tenΓa que hacer.
Wednesday se apartΓ³ de la barandilla.
No habΓa tomado una decisiΓ³n. No habΓa cambiado de opiniΓ³n. No habΓa decidido vivir. Simplemente no habΓa decidido morir.
Y esa diferencia, ese pequeΓ±o espacio entre una cosa y la otra, era suficiente para que bajara las manos y diera un paso atrΓ‘s.
No sabΓa por quΓ©.
No sabΓa quΓ© la habΓa detenido.
Tal vez eran los fuegos artificiales. Tal vez era el recuerdo de la sonrisa de Enid. Tal vez era simplemente que no estaba lista. O tal vez era algo mΓ‘s profundo.
Pero mientras caminaba, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el suelo, Wednesday Addams sintiΓ³ algo que no habΓa sentido en aΓ±os.
Era la conciencia de que aΓΊn habΓa algo que hacer.
Y no querΓa irse antes de hacerlo.
Las calles de Jericho seguΓan vacΓas cuando llegΓ³ a su casa. La puerta principal chirriΓ³ como siempre. El pasillo estaba oscuro. Su madre seguΓa durmiendo.
Wednesday subiΓ³ las escaleras en silencio y se detuvo frente a la puerta de la habitaciΓ³n de su madre. PodΓa escuchar su respiraciΓ³n tranquila desde el otro lado. El sobre seguΓa en la mesita de noche, donde lo habΓa dejado. Su madre lo encontrarΓa por la maΓ±ana.
Wednesday no entrΓ³. No dijo nada. Solo se quedΓ³ allΓ, en la oscuridad, escuchando la respiraciΓ³n de su madre, sintiendo el peso de todo lo que habΓa hecho y de todo lo que aΓΊn estaba por hacer.
Luego se girΓ³ y entrΓ³ en su propia habitaciΓ³n.
El colchΓ³n seguΓa desnudo. Las paredes seguΓan vacΓas. El armario seguΓa abierto y vacΓo.
Pero algo habΓa cambiado.
Wednesday se sentΓ³ en el borde del colchΓ³n y abriΓ³ su mochila. El cuaderno de Enid estaba allΓ, con sus tapas decoradas y sus pΓ‘ginas onduladas por el agua.
Lo abriΓ³ con cuidado.
Las primeras pΓ‘ginas estaban llenas de dibujos. Enid habΓa dibujado flores, animales, soles sonrientes. Cosas que una niΓ±a de nueve aΓ±os dibuja cuando quiere compartir su alegrΓa con el mundo. Wednesday pasΓ³ las pΓ‘ginas lentamente, viendo cΓ³mo los dibujos se volvΓan mΓ‘s simples, mΓ‘s torpes, como si Enid hubiera perdido la energΓa para hacerlos.
Luego vinieron las palabras. Mensajes escritos con letra temblorosa, la de alguien que estaba aprendiendo a comunicarse en un idioma que no era el suyo.
"Hola, me llamo Enid. ΒΏQuieres ser mi amiga?"
"Hoy la clase fue difΓcil. No entendΓ la lecciΓ³n."
"Me gusta cuando sonrΓes. No sonrΓes mucho, pero cuando lo haces, es bonito."
"ΒΏPor quΓ© no me hablas? ΒΏHice algo malo?"
"Lo siento. Lo siento mucho. No quiero causar problemas."
"Hoy me quitaron los audΓfonos. Me duele el oΓdo."
"ΒΏPuedes ayudarme? Por favor. No sΓ© quΓ© hacer."
Wednesday cerrΓ³ el cuaderno y lo apretΓ³ contra su pecho.
HabΓa leΓdo esas palabras antes, pero siempre las habΓa ignorado. Siempre las habΓa visto como una molestia, como la prueba de que Enid no entendΓa que no pertenecΓa allΓ. Nunca habΓa visto el dolor detrΓ‘s de ellas. Nunca habΓa visto a la niΓ±a que las escribΓa.
Pero ahora las veΓa.
Y no podΓa dejar de verlas.
El sol comenzΓ³ a asomar por la ventana, tiΓ±endo el cielo de un naranja pΓ‘lido. Wednesday siguiΓ³ sentada en la oscuridad de su habitaciΓ³n, apretando el cuaderno contra su pecho, sintiendo el peso de todo lo que representaban.
No habΓa llegado al puente por lo que le habΓan hecho a ella.
HabΓa llegado ahΓ por lo que le habΓa hecho a otra persona.
Y esa diferencia, esa pequeΓ±a y enorme diferencia, era lo que la mantenΓa sentada en esa habitaciΓ³n vacΓa, mirando el amanecer, en lugar de estar flotando en el rΓo.
El dΓa comenzaba.
Y ella estaba ahΓ para verlo.
TodavΓa no sabΓa quΓ© iba a hacer con el cuaderno. TodavΓa no sabΓa si encontrarΓa el valor para devolvΓ©rselo a Enid. TodavΓa no sabΓa si el perdΓ³n era posible.
Pero sabΓa que tenΓa que intentarlo.








