Daydreamin' ও Taekook by 𝐜𝐚𝐦𝐢 ♡ at Inkitt
Customize readability
Aa

Daydreamin' ও Taekook

Summary

𝐓𝐀𝐄𝐊𝐎𝐎𝐊 : ❝Jungkook por su cumpleaños va por primera vez a un antro y Taehyung comienza a coquetearle sin saber que el omega jamás había recibido un coqueteo en toda su vida ❞. ¡ 𝐀𝐃𝐕𝐄𝐑𝐓𝐄𝐍𝐂𝐈𝐀𝐒 ! ━━Omegaverse ━━TaeHyung alfa, JungKook omega. ━━Mención levemente de otras parejas. ━━Romance, comedia, lenguaje crudo, contenido sexual explicito, fluff y levemente cliché. Historia completamente original. Fanfic únicamente disponible aquí y en mi cuenta de Inkspired: @defsoulgguk. No se permiten copias, resubidas y/o adaptaciones de ésta obra. ©defsoulgguk. 🥞

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

only.

Jeon Jungkook nunca había entendido del todo por qué la gente hacía tanto escándalo por los cumpleaños. Para él, cumplir veintidós era simplemente un día más en el calendario, una vuelta al sol que pasaba entre sesiones agotadoras en la pista de hielo, coreografías que le dejaban los músculos temblando y la silenciosa compañía de su pequeño departamento. Su rutina era un remanso de disciplina: despertar temprano, entrenar durante horas, regresar a casa con el aroma dulzón de las fresas y el chocolate impregnado en la piel y repetir lo mismo todos los días.

Esa mañana, sin embargo, el sol de septiembre se filtraba levemente por las cortinas con una calidez suave y el teléfono vibró sobre la mesita de noche mucho antes de que el despertador tuviera oportunidad de sonar. Jungkook parpadeó, atrapado entre el sueño y la vigilia, y alcanzó el aparato con dedos torpes. En la pantalla, una avalancha de emojis de confeti, globos y corazones precedía al nombre que más brillaba en su lista de contactos.

—Buenos días, cumpleañero —canturreó Jimin al otro lado, con esa voz cristalina que parecía arrastrar pétalos de cerezo y caramelo incluso a través del auricular—. ¿Ya estás despierto? Porque esta noche tú y yo vamos a celebrar como se debe.

Jungkook se frotó los ojos con el dorso de la mano y sonrió, aún medio dormido. Su amigo siempre había sido un torbellino de entusiasmo, un omega de risa fácil y abrazos cálidos que olía a flores de cerezo y caramelo derretido. Se habían conocido años atrás, cuando ambos compartían entrenador en sus respectivas disciplinas —Jimin con la danza contemporánea, Jungkook con el patinaje artístico— y desde entonces eran inseparables.

—Jimin, ya sabes que no me gustan las fiestas... —murmuró, rodando sobre la almohada.

—No es una fiesta cualquiera. Es tu primer cumpleaños que pasaremos siendo dos omegas jovenes legalmente independientes y, además, nunca has pisado un antro en tu vida. Lo sé, lo sé —lo interrumpió antes de que pudiera protestar—, no me vengas con que prefieres ver repeticiones de campeonatos. Esta noche Yoongi y yo te llevamos a Light of moon. Es un lugar tranquilo, con buena música, incluso cócteles sin alcohol si así los prefieres.

El nombre de Yoongi, el novio alfa de Jimin, siempre traía consigo una garantía de seguridad. Yoongi era un tipo reservado, de sonrisa escasa pero presencia firme; su aroma a menta fresca y cedro envolvía a cualquiera que se acercara lo suficiente y, aunque intimidaba al principio, Jungkook había aprendido a apreciar su sentido protector casi fraternal. Si Yoongi iba a estar allí, tal vez no sería tan malo ir por una vez en su vida.

—Está bien —cedió al fin, con un suspiro que pretendía ser de resignación pero que se quebró en una risilla—. Pero si me escondo en el baño, tú vienes a rescatarme.

—Trato hecho, conejito de hielo. Te paso a buscar a las ocho. Ponte algo lindo, por favor. Esta noche necesitas brillar aún más.

La llamada terminó y Jungkook se quedó mirando el techo, sintiendo un cosquilleo desconocido en el estómago. Su aroma, ese perfume natural a fresas recién cortadas y chocolate tibio, se intensificó ligeramente con la emoción contenida. Se incorporó, dejando que las sábanas resbalaran por su torso esbelto, y se dirigió al espejo del armario.

Lo primero que cualquiera notaba de él eran sus ojos: grandes, de un café profundo que se tornaba dorado bajo la luz, ribeteados por pestañas largas y enmarcados por cejas suaves. Su rostro tenía una belleza amable, casi etérea, pero eran aquellas pecas desparramadas sobre sus mejillas —como miguitas de canela sobre un pastel— las que rompían cualquier atisbo de perfección inalcanzable y lo volvían entrañablemente humano. Su cuerpo, trabajado por horas de patinaje, era una sinfonía de curvas armoniosas: hombros delineados pero no anchos, una cintura diminuta que se ceñía con gracia natural y caderas que, para ser un omega varón, poseían una redondez proporcional, apenas insinuada, como si la naturaleza hubiese querido esculpir en él la promesa de la fertilidad sin estridencias.

Se observó un instante y el rubor le subió a las mejillas. Sabía que era atractivo, se lo habían dicho muchas veces, pero nunca terminaba de creérselo del todo. Suspiró y se apartó del espejo. Tenía todo el día por delante para practicar una nueva rutina sobre hielo y luego, la noche. La noche en la que, sin él saberlo, el destino tenía preparado un encuentro que iba a desordenarle cada latido.


૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡


Vestía un pantalón negro de tiro alto que se ajustaba a sus muslos como si lo hubieran echo para él, y una camisa de seda color vino con los primeros tres botones estratégicamente abiertos. Una fina capa de maquillaje sobre su rostro, iluminador brillante en puntos estratégicos para realzar su belleza natural. Untándose un bálsamo sobre sus labios sabor a sandía.

El reloj marcaba las ocho y diecisiete cuando el timbre del departamento sonó con la insistencia característica de Jimin. Jungkook abrió la puerta y su amigo lo envolvió en un abrazo aromatizado de flores de cerezo antes siquiera de saludar.

—¡Feliz cumpleaños, hermoso! —exclamó Jimin, apartándose para inspeccionarlo de arriba abajo con ojo crítico—. Joder, ¿quién eres y qué hiciste con mi mejor amigo? ¿Estás usando la camisa que te regalé?

Jeon suelta una suave risa baja, sus mejillas tiñéndose de un tono rojizo. Asintiendo su cabeza en un pequeño movimiento.

—Gracias... ¿si me veo bien? —preguntó Jungkook, cerrando la puerta tras de sí y siguiendo a su amigo hacia el ascensor.

—Te ves increíble, y te digo mi querido Jungkookie —desliza su brazo sobre los hombros del menor—. Si con tu aroma a fresa con chocolate ya volvía loco a más de un alfa, créeme que esta noche vas a estar imparable. Pero tú tranquilo, que Yoongi ya está abajo con el auto y ha prometido gruñirle a cualquiera que se acerque sin tu permiso.

En el estacionamiento, un automóvil mercedes de último modelo color negro los esperaba a ambos omegas. Yoongi apoyaba su cadera contra la puerta del conductor, vestido de negro de pies a cabeza, con el cabello oscuro cayéndole sobre la frente. Su aroma a menta y cedro flotó hacia ambos como un saludo sereno. El alfa le dedicó una leve inclinación de cabeza apenas perceptible y abrió la puerta trasera.

—Sube, cumpleañero —la comisura de sus labios se alzan en una apenas visible sonrisa.

—Gracias, hyung —murmuró Jungkook, usando el honorífico con naturalidad, y se deslizó al asiento trasero mientras Jimin ocupaba el lugar del copiloto.

El trayecto transcurrió entre risas, anécdotas de los entrenamientos de Yoongi —es jugador profesional de hockey sobre hielo, un dato que a Jungkook siempre le había fascinado porque significaba que compartían el mismo sentimiento hacia la pista de hielo— y Jimin casi juraba por lo más sagrado, de que esta noche sería inolvidable. Jungkook miraba por la ventana cómo las luces de la ciudad comenzaban a titilar y, poco a poco, el nudo de ansiedad en su pecho se fue haciendo más soportable.

Cuando llegaron a Light of moon, el lugar no era el típico antro ruidoso que Jungkook había imaginado. La fachada era discreta, con un pequeño letrero de neón azul pálido en forma de media luna, y del interior se lograba escuchar la melodía de un reguetón envolvente, grave y sensual. Un guardia de seguridad en la entrada asintió respetuosamente a Yoongi y les dio el paso libre para entrar. Adentro, la atmósfera era íntima: luces tenues en tonos violeta y ámbar, sillones de terciopelo formando pequeños reservados, una barra larga de madera oscura atendida por betas de sonrisa profesional y, al fondo, una pista de baile circular donde varias parejas se movían al ritmo de un ritmo lento y seductor.

Nada más cruzar el umbral, los sentidos de Jungkook se saturaron. El aire era una mezcla embriagadora de fragancias: alfas con aromas intensos a cuero, especias, sándalo y café; omegas dulces como frutas maduras o flores en primavera; y el perfume neutro de los betas que te ayudan a respirar un poco mejor. Se llevó una mano al pecho instintivamente, abrumado, pero la palma cálida de Jimin encontró la suya y se la apretó.

—Tranquilo, solo es la mezcla de todas las feromonas. En cinco minutos tu nariz se acostumbrará —aprieta una vez más el agarre de ambas manos, mostrándole una sonrisa de apoyo—. Vamos, Yoongi nos ha guardado un reservado.

Efectivamente, Yoongi los guió hacia un rincón apartado donde un amplio sofá circular les esperaba frente a una mesita baja. Jungkook se dejó caer en el mullido asiento y soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo. Jimin pidió tres cócteles sin alcohol —una piña colada para Jungkook, un mojito de mango para Yoongi y un daiquiri de fresa para él—, y por un rato, simplemente observaron el lugar, charlando principalmente de tonterías.

Fue entonces cuando Yoongi se inclinó hacia Jimin y le murmuró algo al oído. El omega rubio sonrió con complicidad y asintió.

—Jungkookie —dijo Jimin, apoyando una mano en su rodilla—, ¿te importa si Yoongi va a saludar a un amigo y compañero de equipo? Dice que hay un alfa de su equipo de hockey que acaba de ver y quiere que nos acompañe un momento.

—No, claro, no hay problema —respondió Jungkook, aunque su estómago dio un vuelco sutil. La idea de conocer a alguien más, y si esa persona era un alfa desconocido le aceleraba el pulso, pero se obligó a mantener la compostura.

Yoongi se levantó y desapareció entre la gente. Minutos después regresó, y tras él, una figura emergió de la penumbra como si la mismísima luz ámbar del local hubiera decidido dejar ver a ese mismísimo dios griego únicamente para ese instante.

Lo primero que Jungkook notó fue su estatura: alto, de hombros anchos y complexión musculosa, pero con una elegancia natural al caminar que casi hace que abra sus labios levemente embelesado. Vestía una camisa negra de manga larga con los primeros botones abiertos, dejando entrever el inicio de un pecho firme y la clavícula pronunciada, y pantalones holgados que aún así se podía llegar a saber que abajo de ellos se encontraban unos muslos fuertes, trabajados sin duda por incontables horas sobre el hielo. Pero lo que de verdad le arrebató el aliento a Jungkook fueron sus ojos. Bajo las luces tenues, brillaban con un color miel único, cálido y profundo como el ámbar líquido, ribeteados por pestañas oscuras que parecían pintadas a mano. Su mandíbula era definida, su sonrisa asimétrica y absolutamente devastadora, y de él emanaba un aroma que golpeó a Jungkook con fuerza: café recién tostado, amargo y sofisticado, entrelazado con un whisky añejo que prometía peligro y calidez a partes iguales.

—Taehyung, te presento al mejor amigo de mi omega—dijo Yoongi con su entusiasmo habitual, señalándole al recién llegado al omega menor—. Taehyung es el delantero centro del equipo. Tae, este es Jungkook, es patinador artístico. Hoy cumple años.

Los ojos miel se clavaron en los de Jungkook con una intensidad que lo dejó sin aire. Taehyung esbozó una sonrisa lenta, casi depredadora, pero a la vez rebosante de una dulzura inexplicable, y extendió una mano grande y cuidada.

—Así que tú eres el famoso Jungkook del que Yoongi tanto habla —dijo, y su voz fue exactamente como su aroma: profunda, aterciopelada, con un deje ronco que parecía acariciar las sílabas—. Encantado, precioso. Feliz cumpleaños.

Jungkook se tensó apenas un mini segundo. Su corazón comenzó a golpear contra su pecho de una manera desbocada y sintió cómo el calor le subía por el cuello hasta incendiarle las mejillas cubiertas de pecas. Nunca, en sus veintidós años de vida, un alfa le había hablado de esa manera. Con un titubeo casi infantil, deslizó su mano —mucho más pequeña y pálida— contra la palma de Taehyung, y el contacto fue eléctrico, una chispa que recorrió su brazo y le erizó la nuca.

—Yo... mucho gusto —logró articular, con la voz apenas audible.

Jimin observaba la escena con los labios apretados en una sonrisa divertida, intercambiando miradas cómplices con Yoongi. El alfa más bajo en estatura simplemente arqueó una ceja y se sentó junto a su novio, dejando espacio en el sofá para que Taehyung se acomodara, deliberadamente, justo al lado de Jungkook.

El omega se quedó rígido, sin saber qué hacer con las manos, con esa mirada que recibía de ese alfa con ojos miel, con ese aroma a café y whisky que ahora lo envolvía como si le estuviera dando un abrazo. Taehyung, en cambio, parecía completamente a gusto. Apoyó un brazo en el respaldo del sofá, rozando casi los hombros de Jungkook, y se inclinó levemente hacia él.

—¿Es la primera vez que vienes a un sitio así? —preguntó, y no había burla en su tono de voz, solo curiosidad genuina.

—Sí... —confesó Jungkook, jugueteando con el borde de su vaso de piña colada a medio terminar—. Jimin me convenció. No soy muy bueno con las multitudes.

—Entiendo. El hielo es más silencioso, ¿verdad? —Taehyung sonrió y bebió un sorbo de su propio vaso, una copa baja con un líquido ámbar que probablemente era whisky—. Yo también prefiero el frío de la pista. Pero a veces, un poco de ruido y luces no viene mal. Sobre todo si la compañía merece la pena.

Jungkook parpadeó, procesando las palabras. ¿Estaba... halagándolo? No estaba seguro. Simplemente asintió, escondiendo media cara tras su vaso.

La conversación fluyó entonces de manera más relajada gracias a la mediación de Jimin, que empezó a preguntarle a Taehyung sobre la temporada de hockey, sobre cómo era compartir hielo con Yoongi y sobre la famosa rivalidad entre deportes de cuchilla. Taehyung respondía con carisma, haciendo reír a todos con anécdotas de entrenamientos y bromas de vestuario, pero cada tanto, sus ojos miel volvían a posarse en Jungkook con una atención que al omega se le hacía casi imposible de sostener.

En un momento dado, la música cambió. De los altavoces comenzó a fluir un ritmo inconfundible, una base de reguetón melódico que arrancó exclamaciones de entusiasmo en la pista de baile. Classy 101, la canción de moda, llenó el local con su cadencia sensual y su letra provocativa.

—¡Mi canción! —chilló Jimin, poniéndose en pie de un salto—. Vamos, Jungkookie, tú no te quedas aquí sentado como un abuelo. Es tu cumpleaños, tienes que bailar.

—¿Qué? No, Jimin, yo no sé bailar eso... —protestó, aferrándose al cojín del sofá como si su vida dependiera de ello.

Pero Jimin ya lo había tomado de ambas manos y tiraba de él con la determinación de su personalidad. Yoongi soltó una risa baja y se levantó también, dándole una palmada en el hombro a Taehyung.

—Será mejor que los acompañemos. Esos dos juntos en una pista de baile son un peligro.

Taehyung se incorporó con una agilidad felina y sus ojos brillaron con un interés renovado. Jungkook sintió que esos ojos miel se clavaban en su espalda mientras Jimin lo arrastraba hacia el centro de la pista, donde varias parejas ya se movían al compás.

La primera estrofa de Classy 101 vibró en el pecho de Jungkook. No era un experto en baile de salón, pero el patinaje artístico le había enseñado a sentir la música, a dejar que su cuerpo fluyera con ella. Así que, aunque sus mejillas ardían de timidez, cerró los ojos un instante y se dejó llevar.

“A la disco que llega, ella la destroza. No le pongo frenos, esas nalga’ me las baja hasta el suelo.”

Sus caderas comenzaron a mecerse suavemente, dibujando ochos perezosos en el aire, y sus brazos se elevaron con gracia, siguiendo el tempo lento y cadencioso.

Jimin bailaba a su lado, moviéndose con una sensualidad innata que hacía que varios alfas cercanos voltearan la cabeza para mirar al omega rubio con fascinación brillando en sus ojos. Yoongi lo rodeó con un brazo posesivo, bailando pegado a él, susurrándole algo al oído que hizo reír a Jimin. Jungkook sonrió al verlos y continuó bailando, ajeno al hecho de que, a pocos metros, Taehyung se había detenido por completo para contemplarlo bailar.

El alfa lo observaba con una fascinación que rayaba en la adoración. La luz violeta dibujaba destellos en la seda vino de la camisa de Jungkook, resaltando cada movimiento de su cintura breve, el balanceo de sus caderas curvilíneas y el brillo inocente de sus grandes ojos cuando los abría de vez en cuando. Había algo increíblemente cautivador en aquella mezcla de sensualidad inconsciente y timidez genuina. El aroma a fresas y chocolate llegó hasta él, más intenso ahora, y el lobo de Taehyung supo, con una certeza primitiva y absoluta, que aquel omega era especial.

Sin pensarlo demasiado, avanzó hacia Jungkook. Se detuvo a una distancia respetuosa, pero lo suficientemente cerca como para que el chico notara su presencia. Jungkook giró la cabeza, sorprendido, y se encontró con esos ojos color miel que lo miraban desde arriba con una intensidad desarmante.

—¿Puedo bailar contigo? —preguntó Taehyung, y su voz, incluso en medio de la música, sonó clara y cálida.

Jungkook tragó saliva. No sabía exactamente qué implicaba esa pregunta, pero asintió lentamente, incapaz de negarse. Taehyung sonrió y se situó frente a él, dejando apenas un palmo de distancia. No lo tocó de inmediato; simplemente comenzó a moverse al ritmo de la canción, y su forma de bailar era hipnótica: cadenciosa, segura, con un control absoluto de su cuerpo.

—Relájate —murmuró Taehyung, inclinándose un poco—. Solo déjate llevar. Lo estás haciendo muy bien, conejito.

El apodo le cayó a Jungkook como una gota de miel caliente. Conejito. Nadie, salvo Jimin en contadas ocasiones, lo había llamado así, pero en boca de aquel alfa sonaba totalmente distinto, cargado de un matiz posesivo y tierno a la vez. Sintió un cosquilleo en la nuca y su omega interior ronroneó de satisfacción.

La canción avanzó hacia el estribillo y Taehyung acortó la distancia. Su mano grande encontró la cadera derecha de Jungkook, apenas un roce al principio, como pidiendo permiso. El omega dio un respingo, pero no se apartó; al contrario, se descubrió inclinándose hacia ese contacto, buscando el calor de la palma ajena. Taehyung lo tomó como un sí y posó la mano con más firmeza, guiando sutilmente sus movimientos para que ambos cuerpos oscilaran al unísono.

Las yemas de los dedos del alfa presionaban justo sobre la curvatura suave de su cintura, y Jungkook percibió con claridad el aroma a café y whisky rodeándolo, mezclándose con el propio, creando una combinación adictiva. Su corazón retumbaba con fuerza, y aunque una parte de él seguía sin entender muy bien qué estaba pasando —¿era esto coquetear? ¿Estaba Taehyung coqueteándole?—, su cuerpo sí lo entendía. Sus mejillas ardían, sus pupilas se dilataban y un calor húmedo, desconocido hasta entonces, comenzaba a acumularse en su vientre bajo.

Classy 101 terminó y, sin pausa, las luces se tornaron plateadas mientras una nueva melodía irrumpía en los altavoces: LUNA, con su ritmo más pausado, casi etéreo. Las parejas en la pista se abrazaron más estrechamente; Yoongi y Jimin ya estaban fundidos en un solo cuerpo.

Taehyung no perdió la oportunidad. Retiró la mano de la cadera de Jungkook solo para tomarlo de la cintura con ambas manos, atrayéndolo con suavidad hasta que el pecho del omega quedó casi en contacto con el suyo. Jungkook soltó una exhalación temblorosa y alzó el rostro. Así, tan cerca, tuvo que echar la cabeza hacia atrás para encontrar aquellos ojos miel que lo observaban con una mezcla de deseo contenido y ternura.

—Eres increíblemente hermoso —susurró Taehyung, como si estuviera compartiendo un secreto—. Lo primero que noté de ti fueron tus ojos. Parecen dos galaxias. Y tus pecas... —levantó una mano y, con una delicadeza extraña viniendo de un alfa tan..., rozó con la punta del índice la mejilla de Jungkook—, ¿sabías que tienes el cielo estrellado en la cara?

Jungkook sintió que se derretía. Jamás le habían dicho algo así. Su mente buscó una respuesta, cualquier cosa coherente, pero solo pudo balbucear:

—No... no sé de qué hablas.

—Claro que no lo sabes —sonrió Taehyung—. Por eso es tan encantador.

Siguieron meciéndose al compás de LUNA. Las manos del alfa acariciaron su espalda baja, dibujando círculos perezosos sobre la seda color vino, y Jungkook, en un arranque de valentía, apoyó las palmas en los hombros firmes de Taehyung. El contacto le produjo un estremecimiento por toda su espina dorsal. Bajo sus dedos, los músculos eran duros como el acero, forjados por el hockey; podía sentir el calor del alfa incluso a través de la tela.

—Taehyung... —empezó, sin saber muy bien qué iba a decir.

—Dime, conejito.

—¿Por qué me llamas así?

Taehyung inclinó la cabeza, divertido.

—Porque tienes los ojos grandes y preciosos como un conejo, y noté que te asustas con facilidad, pero en la pista de baile te mueves con una gracia que se ve que no esperabas viniendo de ti. Eres una contradicción adorable.

Jungkook enrojeció hasta la raíz del cabello y bajó la mirada, escondiendo una sonrisa tímida. En ese instante, la canción cambió otra vez, y el DJ lanzó Chulo pt2, un tema abiertamente sensual, con un beat más agresivo y letras atrevidas que hicieron vibrar la pista.

El ambiente se cargó de electricidad. Jimin, que había visto la escena de lejos, le guiñó un ojo a Jungkook y se apartó con Yoongi hacia un lado, dejándolos solos en el centro del torbellino de luces. Taehyung apretó su agarre en la cintura de Jungkook y lo pegó a su cuerpo sin dejar espacio para la duda. Esta vez, no había timidez en el gesto: una rodilla del alfa se deslizó entre las piernas del omega, y sus caderas comenzaron un vaivén que imitaba, de manera explícita, el ritmo de Chulo pt2.

“La cadena le brilló en lo oscuro. Huele a baccarat, fumándose un puro. Tiene cara que en la cama te da duro. Yo sé, papi, que tú eres muy chulo. Cómo me mira, el deseo se le ve”

Jungkook ahogó un jadeo. El roce contra el muslo de Taehyung le provocó una oleada de calor que descendió directamente a su bajo vientre, y sintió, con una mezcla de pánico y excitación, que su cuerpo empezaba a generar slick —ese lubricante natural que los omegas producían cuando estaban excitados—. Su aroma a fresa y chocolate se intensificó de golpe, dulce y embriagador, y Taehyung lo percibió al instante.

El alfa gimió bajito, un sonido ronco que vibró contra la sien de Jungkook.

—Dios, hueles delicioso —murmuró, con la voz repentinamente más grave—. Como un postre recién hecho. ¿Estás bien, conejito? ¿Quieres que paremos?

La pregunta, llena de consideración, desarmó a Jungkook. Incluso en ese momento de evidente excitación, Taehyung estaba preocupándose por su comodidad. Negó con la cabeza, apenas un movimiento corto.

—No... no pares —susurró, y al oírse a sí mismo se sorprendió de su propia osadía.

Taehyung soltó una sonrisa de satisfacción y continuó bailando con él, más despacio, guiando sus caderas en un movimiento ondulante que arrancó pequeños gemidos ahogados del omega. La mano del alfa bajó de su cintura hasta el nacimiento de su cadera, justo donde la curva se pronunciaba, y presionó con suavidad, manteniéndolo firme.

Fue entonces cuando, por fin, algo hizo clic en su cabeza. Todas las piezas encajaron en su mente: las miradas intensas, los halagos, el contacto deliberado, el apodo cariñoso... Aquello era coqueteo. Descarnado, evidente, maravilloso coqueteo. Y lo estaba recibiendo él, Jeon Jungkook, que hasta hoy no había besado a nadie, que huía de las confesiones como de la peste, que creía que su torpeza social lo condenaba al anonimato romántico.

El corazón le dio un vuelco tan violento que temió que Taehyung pudiera oírlo. Alzó la mirada y se encontró con aquellos ojos miel que sonreían solo para él. Entonces, con una valentía que nacía de alguna parte desconocida de su pecho, abrió los labios:

—Estás coqueteando conmigo, ¿verdad?

Taehyung rió, una risa grave y musical, y se inclinó hasta que sus frentes casi se tocaron.

—Desde el segundo en que te vi. ¿Tan mal lo estoy haciendo que no te habías dado cuenta, conejito?

Jungkook negó con la cabeza, completamente abrumado.

—Es que... nadie lo había hecho antes. No sé cómo reaccionar.

La expresión del alfa se suavizó hasta límites insospechados. Su pulgar acarició la mejilla pecosa de Jungkook, siguiendo el rastro de las constelaciones diminutas.

—No tienes que hacer nada que no quieras. Solo déjame estar cerca de ti esta noche. Si en algún momento te sientes incómodo, me aparto. ¿Trato?

Jungkook asintió, sintiendo un nudo de emoción en la garganta. Y en ese pequeño gesto, sellaron un pacto que cambiaría el rumbo de la noche.


૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡


Horas más tarde, después de más bailes, de conversaciones susurradas, de miradas robadas y de un par de besos esquimales que a Jungkook le parecieron más íntimos que cualquier otra cosa, el reloj marcaba la una de la madrugada. Jimin y Yoongi se habían despedido hacía rato, no sin antes arrancarle a Jungkook la promesa de que llamaría si necesitaba cualquier cosa y de que Taehyung era «un buen tipo» —avalado por el propio Yoongi—. Ahora, el omega y el alfa caminaban por la acera casi vacía, envueltos en el silencio cómplice de la noche.

El aire fresco de septiembre aliviaba la calidez que aún ardía en las mejillas de Jungkook. Sus dedos colgaban a los costados, y en un par de ocasiones los nudillos de Taehyung rozaron los suyos, hasta que el alfa tomó la iniciativa y entrelazó sus manos sin hacer ninguna pregunta. Jungkook dejó escapar un suspiro tembloroso y apretó el agarre.

—¿Quieres venir a mi apartamento? —propuso Taehyung con voz queda—. No espero nada, lo juro. Podemos tomar chocolate caliente, ver una película, lo que tú quieras. Solo... no quiero que la noche termine todavía.

Jungkook se mordió el labio. Sabía lo que esa invitación podía implicar en el lenguaje no dicho de alfas y omegas, pero también sabía, con una certeza que le sorprendió, que confiaba en Taehyung. Aquel alfa de aroma a café y whisky le había demostrado en unas pocas horas más respeto y cuidado del que muchos recibían en toda una vida.

—Está bien —aceptó, en voz baja—. Vamos.


૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡


El apartamento de Taehyung quedaba en un edificio moderno, con un ascensor silencioso que los depositó en el décimo piso. Al abrir la puerta, Jungkook recibió el impacto del aroma del alfa multiplicado por mil: café, whisky, algo amaderado y cálido que impregnaba cada rincón. El lugar era amplio, de líneas minimalistas pero acogedor; un sofá enorme frente a una televisión, una cocina americana impecable y, en una esquina, el equipamiento de hockey cuidadosamente ordenado: patines, bastones, protecciones. Una manta gruesa colgaba del respaldo del sillón, y Jungkook sintió un repentino e irracional deseo de acurrucarse en ella.

Taehyung se descalzó y lo invitó a pasar con un gesto. Encendió luces tenues y puso a calentar leche en una cacerola pequeña.

—Prometí chocolate caliente —dijo, guiñándole un ojo—. Siéntate donde quieras. Ponte cómodo.

Jungkook se quitó los zapatos y se sentó en el sofá, abrazándose las rodillas contra el pecho. Observó al alfa moverse en la cocina con una torpeza adorable que contrastaba con su imponente físico: Taehyung derramó un poco de cacao en polvo sobre la encimera, se rió de sí mismo y removió la leche con esmero. Había algo increíblemente doméstico y tierno en la escena, y el omega sintió que su corazón se hinchaba peligrosamente.

Cuando Taehyung regresó con dos tazones humeantes, se sentó a su lado, dejando una distancia prudente. Le entregó uno de los tazones y sus dedos se rozaron. Jungkook sopló la superficie del líquido oscuro y probó un sorbo: estaba perfecto, dulce y reconfortante. El aroma del chocolate caliente se mezcló con su propio olor a fresas y chocolate, creando una sinfonía golosa para el alfa.

—Nunca había hecho esto —confesó Jungkook de repente, mirando el interior del tazón.

—¿Beber chocolate? —bromeó Taehyung.

—No. Invitar a un alfa a mi... bueno, venir a casa de un alfa —sus palabras salen un poco atropelladas por los leves nervios—. Todo esto.

Taehyung dejó su tazón en la mesita y giró el torso hacia él.

—¿Nunca habías tenido una cita? ¿Nadie te había cortejado?

Jungkook negó con la cabeza, sintiéndose súbitamente vulnerable.

—Siempre pensé que no era lo bastante... no sé, interesante. Me da vergüenza hablar con desconocidos, y todo el mundo asume que los omegas de mi edad ya han tenido varias relaciones. Yo solo me he dedicado al patinaje.

—Eso no es algo malo, conejito —la voz de Taehyung era un bálsamo—. Al contrario. Significa que quien te tenga, será el primero en descubrir cosas contigo, y eso es un privilegio inmenso.

Las palabras calaron hondo. Jungkook alzó la cabeza y se encontró con esos ojos miel tan cercanos que podía ver las motas doradas en el iris. Dejó el tazón a un lado, repentinamente tembloroso.

—Taehyung, yo... —empezó, pero el alfa le tomó el rostro con ambas manos, con una suavidad extrema, y acarició sus mejillas pecosas con los pulgares.

—¿Puedo besarte? —pidió, y la pregunta flotó en el aire como una burbuja de jabón, frágil y luminosa.

—Sí —suspiró Jungkook, cerrando los párpados.

El primer beso fue un roce de labios apenas húmedo, casto y exploratorio, como si Taehyung quisiera memorizar la textura de aquella boca antes de profundizar. Jungkook contuvo la respiración y luego la soltó entreabriendo los labios, entonces Taehyung aprovechó para saborearlo lentamente, con una ternura que le llegó al alma. El sabor del chocolate se mezcló con el aroma a fresa y café, y el omega emitió un pequeño quejido que animó al alfa a estrecharlo entre sus brazos.

El beso creció en intensidad. Las lenguas se encontraron con una torpeza adorable por parte de Jungkook y una paciencia infinita por parte de Taehyung, que le enseñaba sin palabras cómo moverse, cómo dejarse llevar. Las manos del alfa viajaron a la cintura breve del omega, la rodearon completamente y lo atrajeron hacia su regazo. Jungkook, completamente entregado, se acomodó a horcajadas sobre los muslos de Taehyung, con las rodillas hincadas a cada lado.

—Eres perfecto —murmuró Taehyung contra sus labios, antes de descender por su mandíbula, dejando un reguero de besos húmedos que hicieron arquearse al omega—. Hueles tan bien, conejito. ¿Sabes lo que me provocas?

Jungkook negó con la cabeza, la respiración acelerada.

—Quiero hacerte mío —confesó el alfa—, pero solo si tú quieres. No quiero forzarte, si no lo deseas también.

Envés de responder con palabras, el omega decidió responderle de otra forma.

Besándolo por segunda vez, pero este segundo beso no fue un beso tierno.

Fue un beso hambriento, urgente, el beso de alguien que había estado conteniéndose durante demasiado tiempo. Los labios de Taehyung eran cálidos y sabían a whisky, su lengua invadió la boca de Jungkook sin pedir permiso, y sus manos lo agarraron de las caderas como si temiera que fuera a desaparecer.

Jungkook gimió contra sus labios y se aferró a los hombros del alfa. La chaqueta de cuero era suave bajo sus dedos, pero lo que realmente le interesaba estaba debajo: la piel caliente, los músculos tensos, el aroma que emanaba directamente de su pecho desnudo.

Quería probarlo.

Quería lamerlo, morderlo, impregnarse de él hasta que su propio aroma fuera indistinguible del de Taehyung.

Pero el cuerpo de Jungkook ya había decidido. El calor en su vientre se había tornado en una necesidad apremiante; su ropa interior estaba empapada de slick, y su aroma dulzón saturaba el ambiente, mezclándose con el del alfa. Gimió, escondiendo el rostro en el cuello de Taehyung.

—Quiero... quiero que seas mi primera vez —susurró, con un hilo de voz.

Taehyung apretó los brazos a su alrededor y aspiró hondo, como si necesitara dominar a su alfa interior.

—Entonces iremos despacio. Te prometo que te haré sentir bien.

Se levantó con Jungkook en brazos, como si no pesara nada, y lo llevó al dormitorio. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz de la luna que se filtraba entre las cortinas. Taehyung depositó al omega sobre la cama —un mullido edredón color crema— y se tumbó a su lado, apoyándose en un codo para contemplarlo.

—Eres la cosa más bonita que he visto en mi vida —dijo, y sus dedos desabrocharon el primer botón de la camisa de seda, sin prisa.

Jungkook se estremeció. Dejó que el alfa lo desvistiera lentamente, revelando la piel suave de su torso esbelto, sus clavículas marcadas y la delicada curva de su cintura. Cuando la camisa quedó abierta por completo, Taehyung trazó con la punta de los dedos el contorno de sus costillas, las pequeñas pecas que también salpicaban sus hombros, y descendió hasta el ombligo.

Se quedó mirándolo. Jungkook, con el torso desnudo y el pecho agitado, sintió el impulso de cubrirse. La forma en que Taehyung lo miraba... como si estuviera contemplando la octava maravilla del mundo. Su mirada color miel era un relicario de adoración, de hambre, de posesión.

—Eres tan jodidamente hermoso —dijo Taehyung, su voz ronca y profunda, casi irreconocible. Sus manos, enormes y cálidas, se posaron sobre el pecho de Jungkook. Sus pulgares encontraron sus pezones rosados y duros, rozándolos apenas, arrancándole un gemido agudo—. Tan suave. Todo para mí.

Taehyung inclinó la cabeza y su boca reemplazó a uno de sus pulgares. Su lengua caliente y húmeda jugueteó con el sensible botón de carne, dibujando círculos lentos, mientras sus dientes lo mordisqueaban con una presión cuidadosa, al borde del dolor. Jungkook arqueó la espalda involuntariamente, ofreciéndose más a esa boca voraz. Su propio aroma era ya un torrente, denso, almibarado, llenando la habitación hasta hacerla casi irrespirable. El café y el whisky de Taehyung respondían con una intensidad creciente, una tormenta oscura y eléctrica que envolvía y sometía al dulzor de fresa y chocolate. Era una conversación química, una danza de feromonas que anulaba cualquier pensamiento racional.

—Tae... —gimió Jungkook, su voz quebrada. Sus dedos se enredaron en el cabello del alfa, apretando.

—Shhh, conejito. Déjame adorarte —susurró Taehyung contra su piel, su aliento cálido y sus palabras una orden y una súplica a la vez.

Su boca emprendió un viaje húmedo y lento por el torso de Jungkook. Descendió por su esternón, besando cada centímetro de piel, marcando el camino con su lengua. Se arrodilló frente a él, y la imagen era tan imponente, tan erótica, que Jungkook tuvo que agarrar con rapidez las sábanas de la cama contra su espalda. Taehyung, el alfa más guapo y aparentemente considerado que ha conocido en su corta vida, está de rodillas para él. Sus grandes manos rodearon las caderas de Jungkook, sus pulgares acariciando la piel suave sobre la cinturilla de sus vaqueros. Apoyó la mejilla contra su vientre, aspirando hondo su aroma, justo donde era más intenso.

—Hueles tan bien que podría volverme loco —dijo, con los ojos cerrados, en una actitud de reverencia absoluta. Jungkook sintió la vibración de su voz en su propio estómago. El roce de la nariz de Taehyung a través de la tela áspera del pantalón le arrancó un gemido.

Jungkook se sintió desbordar. Era demasiado, y a la vez, exactamente lo que necesitaba. Era la sensación de ser atractivo para alguien sin reservas, en cada imperfección que para Taehyung era una obra de arte, en cada inexperiencia que para él era un pecado de gula, en cada temblor que para él era una melodía.

Las manos de Taehyung se deslizaron hacia el frente de sus vaqueros. Con una lentitud que era pura tortura, desabrochó el botón metálico. El sonido de la cremallera al bajar fue como un disparo en el silencio de la cocina. Sus dedos, cálidos, se engancharon en la cinturilla y, junto con el bóxer, comenzó a bajarlos, liberando la prominente erección de Jungkook. Jadeó al sentir el aire fresco en su piel ardiente, su miembro rosa y palpitante quedando a la vista del alfa. Taehyung deslizó los pantalones hasta los tobillos, dejándolo expuesto, casi desnudo, solo con sus mejillas que se teñían de un cálido tono rojizo ligeramente con su respiración agitada y un hilo brillante de lubricación natural que ya resbalaba por la cara interna de uno de sus muslos gruesos.

—Mírate, tan mojado por mí. Mi hermoso omega. —La voz de Taehyung era pura veneración teñida de un deseo primario.

Tomó a Jungkook en su boca.

No fue un ataque apresurado. Fue una caricia húmeda y cálida que comenzó en la base y subió lentamente hasta la punta, donde su lengua rodeó la sensible corona. Jungkook gritó quedamente, un sonido estrangulado que terminó en un sollozo. Su espalda se arqueó, sus nudillos se volvieron blancos de la fuerza con que se agarraba las sábanas de la cama del alfa. El calor de la boca de Taehyung, la succión controlada, el roce de su lengua experta... el mundo de Jungkook se redujo a ese único punto de placer. Taehyung no dejaba de mirarlo, esos ojos color miel convertidos en brasas líquidas, observando cada reacción, cada estremecimiento de su cuerpo. Quería verlo perderse. Era una forma de posesión más íntima y poderosa que cualquier mordida de unión.

Una de las manos de Taehyung abandonó su cadera para deslizarse entre sus piernas. Sus dedos expertos encontraron la fuente de su humedad, la entrada de su cuerpo que palpitaba y se abría para él por puro instinto, empapada de slick. Acarició la zona con una presión ligera, casi insoportable, dibujando círculos en sus pliegues más sensibles. Cuando finalmente unió la caricia con la succión, introduciendo un dedo en su interior caliente y estrecho, el placer fue tan intenso que Jungkook sintió que su alma abandonaba su cuerpo. Un orgasmo diminuto pero devastador le recorrió la columna, arrancándole un chorro de líquido blanquecino que Taehyung bebió con avidez, tragando hasta la última gota.

—Eres perfecto. —Taehyung se puso en pie, limpiándose los labios brillantes con el dorso de la mano. Atrajo a Jungkook, que aún temblaba en los estertores de su clímax, y lo besó. Le hizo probar su propio sabor, un beso profundo y desordenado.

Jungkook, con movimientos torpes y manos temblorosas, empezó a tirar del borde de la camiseta de Taehyung. Necesitaba sentir su piel, necesitaba ver todo ese cuerpo que tanto había deseado desde que cruzo miradas y palabras con él.

—Quítatela —pidió con una voz que apenas reconocía como suya, ronca y cargada de autoridad omega.

Taehyung obedeció. En un segundo, su camiseta fue a parar al suelo junto a la de Jungkook. El torso de Taehyung era una obra maestra de la naturaleza, esculpido por horas de entrenamiento. Sus pectorales, firmes y definidos, estaban cubiertos por una ligera capa de sudor que los hacía brillar bajo la luz junto con una cadena de oro colgando sobre su cuello. Su abdomen era una tabla de lavar de músculos tensos, una línea de vello oscuro desapareciendo bajo la cintura de sus pantalones. Pero lo que más le gustaba a Jungkook no era la perfección, eran las pequeñas cicatrices en algunas partes de su cuerpo, recuerdos de tal vez algunos partidos de hockey del moreno, y ese lunar debajo de su ojo que parecía una lágrima perpetua.

Jungkook le devolvió el favor. Recorrió el pecho de Taehyung con sus labios, con sus manos, con su lengua. Probó la sal de su piel, el sabor almizclado de su esfuerzo. Mordisqueó su clavícula, lamió la hendidura de su esternón. Se sentía embriagado por su olor, por la textura de su piel, por los pequeños gemidos guturales que Taehyung soltaba. Quería deshacerlo de la misma manera en que él se estaba deshaciendo.

El alfa se apartó un instante cuando noto que si el omega seguía así, lo de ser las cosas despacio quedaría en el olvido. Jungkook se sonrojo aún más cuando se sintió observado de una forma que nunca antes había experimentado: no con lascivia barata, sino con auténtica adoración. Sus pecas se extendían por los hombros y el nacimiento del pecho, sus piernas eran largas y torneadas, y sus caderas, ahora libres, mostraban esa redondez suave que tanto había atraído a Taehyung en la pista de baile.

—¿Estas nervioso? —susurró Taehyung, casi para sí mismo—. Si te sientes incómodo... no olvides de decírmelo, conejito.

Jungkook se cubrió el rostro con sus manos, abrumado al tomar conciencia por fin, lo que está haciendo con un alfa que acaba de conocer, pero Taehyung le retira sus manos con delicadeza y lentamente.

—¿Todo bien?

—Si... solo —hizo una pausa; susurrando sus palabras—. Acabo de caer en cuenta en lo que estoy haciendo.

El omega tragó saliva, sintiendo una punzada de ansiedad, pero Taehyung lo calmó con un beso en la frente.

—Despacio, ¿recuerdas?

El alfa comenzó un recorrido de adoración por todo su cuerpo. Besó sus párpados, sus mejillas pecosas, el lóbulo de sus orejas, el punto exacto donde el cuello se unía al hombro —allí donde una futura marca de lazo podría reposar—. Jungkook arqueó la espalda cuando los labios ajenos lo besaban lentamente, dejando tal vez una que otra marca de sus besos en su piel.

—Date la vuelta —ordenó el alfa, y su voz tenía ese tono grave que hacía que las entrañas de Jungkook se contrajeran—. Quiero prepararte bien.

Jungkook obedeció sin pensarlo. Se giró sobre la cama, apoyando las rodillas en la comodidad del colchón, el torso contra una almohada, ofreciendo su cuerpo en una postura vulnerable que lo dejaba completamente expuesto. Su entrada palpitaba, húmeda y caliente, y sintió una gota de lubricación natural deslizarse por la parte interna de su muslo.

Taehyung soltó un gruñido grave al verlo.

—Perfecto —murmuró, y Jungkook lo oyó quitarse el pantalón y los zapatos, desde su espalda—. Eres perfecto.

Deslizó las manos por los muslos de Jungkook, separándolos, dejando al descubierto su centro. Su aroma a fresas maduras inundó la habitación, dulce y almizclado. Lo primero que sintió fue su aliento. Caliente, húmedo, soplando directamente sobre su entrada más íntima.

Taehyung se inclinó y pasó la lengua plana por toda su entrada, saboreándolo. El gemido de Jungkook fue gutural. Sus caderas saltaron por instinto, pero las manos de Taehyung lo sujetaron con firmeza, manteniéndolo en su sitio mientras lo devoraba.

Su lengua lo penetraba con ritmos pausados, saboreando su esencia. Entraba y salía, jugaba con los pliegues de su entrada, lamía la humedad que resbalaba y la bebía como si fuera el más exquisito de los vinos. Introdujo un dedo, empapado en el lubricante natural de Jungkook y su propia saliva, y lo movió con una precisión que nubló la mente del omega.

—Ya estás tan mojado, conejito —repitió Taehyung, maravillado, al deslizar un dedo por la humedad resbaladiza que emanaba del omega—. Hueles increíble.

Jungkook se ruborizó violentamente. Nunca había producido tanto slick, y el sonido obsceno que hizo el dedo al introducirse suavemente le arrancó un gemido ahogado.

Jungkook gimió una vez más y empujó sus caderas hacia atrás, buscando más. Taehyung se rió bajito, una risa que vibraba contra su piel.

—Impaciente —lo reprendió—. Pero me gusta.

Sus dedos se deslizaron si es posible aún más dentro del omega.

Fue un movimiento lento pero firme, abriéndolo con cuidado pero sin vacilación. Jungkook estaba tan mojado que los dedos del alfa entraron sin resistencia, dos dedos largos que se curvaron en su interior buscando, y cuando lo encontró, Jungkook gritó, su espalda arqueándose como un arco tenso, sus manos retorciendo las sábanas.

—Ahí —jadeó—. Ahí, por favor, no pares.

Taehyung no paró. Sus dedos se movieron dentro de él, abriéndolo, estirándolo, preparándolo para algo más grande. Pero no se limitó a eso. Bajó la cabeza y su lengua se unió al movimiento de sus dedos, lamiendo alrededor de donde estaban enterrados, probando el sabor de la excitación de Jungkook, bebiéndolo como si fuera el mejor de los manjares.

El omega sintió que iba a perder la cabeza.

Nunca pensó que su primera vez sería así de... maravillosa. Jamás pensó que alguien le haría algo como eso antes. La lengua de Taehyung era hábil, caliente, y se movía en círculos alrededor de su entrada dilatada mientras sus dedos seguían bombeando dentro, y el sonido que producían juntos era obsceno y hermoso al mismo tiempo.

—Taehyung —gimió, su voz quebrándose—. Así voy a... no voy a aguantar...

—Aguanta un poco más —pidió el alfa, apartándose apenas para hablar—. Quiero estar dentro de ti cuando te corras.

—Ya... ya estoy listo —gimió el omega, sus ojos levemente brillantes del placer—. Por favor, Taehyung...

—Como desees, precioso.

Taehyung se colocó entre sus piernas, ayudando al omega a darle la vuelta para poder sus facciones cuando su miembro entre en Jungkook, no sin antes, acomodarle un cojín bajo las caderas del menor para alzarlo un poco. La punta de su miembro presionó contra la entrada y el omega contuvo el aliento.

Era grande.

Jungkook lo sintió y un escalofrío de anticipación mezclada con nervios le recorrió la espalda. Taehyung era proporcional a su altura, a sus manos, a la presencia imponente que proyectaba incluso en reposo. Su miembro presionaba contra él, grueso y caliente, y Jungkook sintió que su cuerpo se abría instintivamente para recibirlo.

—Relájate —murmuró Taehyung, y su voz de mando era tan cálida.

El alfa se inclinó sobre él, apoyando los antebrazos a cada lado de su cabeza, y le da un ligero beso en sus labios, tratando de calmar los nervios que puede oler en las feromonas del omega.

—Si duele, me detengo solo dímelo y paro.

—No quiero que pares —respondió Jungkook, con una certeza que nacía de lo más profundo—. Te quiero dentro de mi.

Esa declaración, dicha con total vulnerabilidad, fue el detonante. Taehyung empujó hacia delante con una lentitud exquisita, abriéndose paso entre las paredes anales calientes y húmedas. Jungkook sintió cómo se estiraba para acomodarlo y dejó escapar un gemido prolongado, mezcla de dolor leve y un placer abrumador. Cuando el alfa se detuvo, su miembro ya estando completamente enterrado dentro del omega abajo de él, ambos soltaron un suspiro bajo.

—Estás tan apretado... —jadeó Taehyung, la frente perlada de sudor—. ¿Estás bien?

—Sí... puedes —jadeó, humedeciendo sus labios ya levemente hinchados por los continuos besos—. Puedes moverte, por favor.

El alfa comenzó a embestir con un ritmo pausado, cadencioso, retirándose casi por completo para volver a hundirse hasta el fondo. Jungkook enredó las piernas alrededor de su cintura y clavó los dedos en su espalda. Cada estocada rozaba un punto en su interior que le arrancaba estrellas bajo los párpados. Su aroma se desbordó, una nube de fresa y chocolate que se aferró a la piel del alfa y lo envolvió en una burbuja de deseo.

Las uñas cortas de Jungkook terminaron a comenzar a arañar la espalda ancha del alfa, con cada embestida que recibía hacia que el placer y el deseo sean más fuertes; dejando completamente olvidado alguna vez la sensación de dolor.

Al parecer, Taehyung era muy bueno en el sexo.

Las manos del alfa se movieron con urgencia sobre el cuerpo del menor, explorando cada curva, cada plano, cada centímetro de piel que encontraban a su paso. A la par que sus caderas se movían en círculos, haciendo que todo su miembro tocara cualquier espacio dentro de él, no queriendo dejar nada sin conocer y explorar. Taehyung se detuvo un momento para admirar el paisaje que se extendía ante él. Jungkook era una obra de arte, un cuadro pintado por los mejores artistas del renacimiento: la piel blanquecina y suave como la seda, los músculos definidos pero no exagerados, los pezones rosados que ahora estaban completamente endurecidos y levemente húmedos, el abdomen trabajado que se contraía con cada respiración agitada.

—Eres perfecto —murmuró Taehyung, inclinándose para besar el hueco entre sus clavículas—. Cada parte de ti es perfecta, ¿lo sabías?

Jungkook negó con la cabeza, incapaz de formar palabras coherentes mientras los labios de Taehyung trazaban un camino descendente por su pecho. Cuando esos labios se cerraron alrededor de uno de sus pezones una vez más, un gemido escapó de su garganta antes de que pudiera contenerlo, y tuvo que morderse el puño para amortiguar el sonido. Taehyung, sin embargo, no parecía tener ninguna intención de ser discreto. Su lengua jugueteaba con el sensible botón rosado, alternando entre lamidas suaves y succiones más intensas, mientras su mano libre se ocupaba del otro pezón, pellizcándolo y masajeándolo con la misma dedicación.

—Tae... Taehyung... —jadeó Jungkook, arqueando la espalda involuntariamente cuando una oleada de placer recorrió su columna vertebral—. Así... justo así...

El mayor sonrió contra su piel, complacido por la reacción que estaba obteniendo. Soltó el pezón con un último lametón y continuó su descenso, besando cada centímetro de piel que encontraba a su paso: las costillas, el esternón, el ombligo.

Sus caderas volviendo a moverse, ahora más con embestidas rápidas y cortas, una pequeña sonrisa apareciendo en los labios del alfa.

Los ojos color miel de Taehyung brillaron con una satisfacción casi depredadora. Sus dedos se engancharon en la cintura del omega y con un movimiento rápido levantó sus caderas, cambiando la posición para que su miembro entrara aún más en el pecoso. Sus movimientos siendo fuertes, rápidos y certeros, la punta de su polla dejándose ver en un pequeño bulto en el abdomen de Jungkook. El omega era un manojo de gemidos agudos, siempre escuchaba historias sobre lo se sentía ser follado por un alfa, Jimin no dudó en contarle a lujo y detalle lo que se sentía cuando tuvo su primera experiencia con Yoongi; pero nunca pensó que era tan increíble, sentirse completamente expuesto, tendido sobre la cama como una ofrenda, vulnerable y deseoso en igual medida por un alfa tan atractivo y bien dotado era... inexplicable.

—Me tomas super bien —ronroneó Taehyung, recorriendo con la mirada cada centímetro de piel desnuda que se ofrecía ante él, una de sus manos viaja a su abdomen, logrando tocar su propio miembro sobre la piel abultada levemente—. No sabes lo delicioso que te ves.

Sus manos se posaron en los muslos de Jungkook, masajeando la carne firme con movimientos lentos y deliberados, subiendo y bajando desde las rodillas hasta que uno de los muslos del omega ser levantado para descansar ahora sobre el hombro de Taehyung, y el alfa sin separar su mirada de las expresiones de placer del omega, mordisquea lentamente su muslo sin dejar de embestirlo. El menor gimió una vez más, sus ojos comenzando a llenarse de lágrimas de placer, su propio miembro expulsado líquido preseminal.

—Eres mío —gruñó Taehyung, dejando aflorar el instinto más primario de su naturaleza alfa—. Mío, conejito. Dime que eres mío.

—Soy tuyo —gimió Jungkook, sin pensarlo, porque en ese momento era la verdad más absoluta—. Solo tuyo, Tae...

Cada vez que embestía, un gruñido escapaba de su pecho. La base de la cama se quejaba bajo ellos, el sonido de la madera crujiendo mezclándose con el sonido húmedo y obsceno de su unión, con los gemidos desinhibidos de Jungkook y los jadeos entrecortados de Taehyung. Sus aromas, completamente fusionados, habían creado un tercer olor en la habitación, una fragancia celestial de chocolate, fresa, café, whisky y sexo.

Jungkook se sentía completamente abierto, vulnerable y poderoso al mismo tiempo. Cada célula de su cuerpo estaba viva, cantando al unísono una canción que al parecer solo dejaría que este alfa conociera. Miró a Taehyung, con su visión borrosa por las inminentes lagrimas de placer: su mandíbula tensa, sus ojos de miel convertidos en oscuras cavernas de deseo, un mechón de cabello pegado a su frente sudorosa. Era el cuadro más erótico y hermoso que había visto jamás. Lástima no tener la cámara de su celular, pensó en medio de la neblina del placer. Aunque esta imagen, esta sensación, no necesitaba ser impresa. Se grabaría a fuego en su memoria hasta el último de sus días.

—Mi omega... mi amor... te voy a... —La respiración de Taehyung se volvió agitada, errática. Sus embestidas ganaron en velocidad y urgencia.

Las embestidas ganaron velocidad, golpeando sin parar ese punto dentro de él que le cortaba la respiración. Haciendo que Jungkook llegara a su propio orgasmo, manchando de semen el abdomen de ambos y las sábanas del alfa.

No pasa mucho tiempo para que Taehyung lo siguiera, su semilla llenando a Jungkook por completo, el líquido espeso y caliente deslizándose afuera de su entrada. La base del miembro de Taehyung comenzó a hincharse, el nudo presionando dentro de la entrada del omega en cada acometida. Jungkook lo sintió y un escalofrío de anticipación le recorrió la columna. Sabía lo que pasaría después.

—Voy a anudarte —anunció el alfa, con voz rota—. ¿Me dejas? ¿Quieres que te anude?

—Sí, anúdame —suplicó Jungkook, inclinando la cabeza hacia un lado para ofrecer su cuello desnudo—. Hazme tuyo para siempre.

Taehyung embistió una última vez, profundo, y el nudo se expandió dentro de Jungkook, atrapándolos. Al mismo tiempo, los colmillos del alfa se hundieron en la unión del cuello y el hombro del omega, justo sobre la glándula de olor. Jungkook gritó, pero no de dolor: una oleada de placer cegador recorrió su cuerpo, uniendo su esencia a la de Taehyung en un lazo invisible e inquebrantable. Un segundo orgasmo estalló, manchando nuevamente su vientre y el del alfa, mientras las paredes internas se contraían alrededor del nudo, ordeñándolo.

Estaban unidos, atados por el nudo, una sola carne palpitante y sudorosa. El placer se prolongó, se transformó en una calma profunda y ancestral. El instinto primario satisfecho.

Taehyung se desplomó sobre él con cuidado, apoyando su peso en los antebrazos para no aplastarlo. Su rostro encontró refugio en el cuello de Jungkook, donde lamió perezosamente la zona de la glándula de unión, donde ahora reposaba su mordida de unión. Un ronroneo profundo y satisfecho nacía del pecho de Taehyung, una vibración que Jungkook sentía en todo su cuerpo.

—Joder. —La voz de Taehyung sonó apagada, ronca y satisfecha.

—Ajá —fue la única respuesta inteligible de Jungkook. Sus dedos, ya sin fuerza, peinaban el cabello castaño de su ahora alfa.

Un largo rato después, cuando el nudo se desinfló lo suficiente, Taehyung se separó de él con un movimiento cuidadoso que les arrancó un gemido a ambos por la hipersensibilidad. Pero en lugar de dejarlo, pasó un brazo por su espalda y otro bajo sus rodillas, y lo alzó del revoltijo en el que se había convertido la mesa. Jungkook, agotado y saciado, se acurrucó contra su pecho, su nariz buscando instintivamente el aroma de café y whisky para seguir anclado en su burbuja de paz.

El mundo se redujo a la reciente sensación de Taehyung donde vertía su semilla en su interior, al aroma de café y whisky fusionado con fresa y chocolate, al latido compartido de dos corazones que, desde ese instante, latirían como uno solo.


૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡

El amanecer los encontró abrazados bajo el edredón color crema. El nudo había cedido hacía horas, pero Taehyung no se había apartado de Jungkook; lo había limpiado con una toalla tibia, le había dado agua y lo había envuelto entre sus brazos con la devoción de quien sostiene un tesoro. En la piel del omega, justo en el cuello, la marca de emparejamiento palpitaba suavemente, un recordatorio del vínculo permanente que ahora compartían.

Jungkook despertó primero. Parpadeó, sintiendo el peso del brazo del alfa sobre su cintura diminuta, y una sonrisa perezosa curvó sus labios. Recordó la noche anterior en ráfagas de luz violeta, música sensual y ojos color miel. Se llevó los dedos a la marca y un suspiro satisfecho escapó de su garganta. Su aroma, ahora entrelazado con el de Taehyung de forma definitiva, lo hizo sentirse completo.

—Buenos días, conejito —ronroneó Taehyung a su espalda, besando la nuca del omega—. Feliz cumpleaños atrasado.

Jungkook se giró entre sus brazos y se encontró con aquella sonrisa cuadrada que tanto le gustaba.

—Buenos días —su voz sale levemente ronca y en un tono bajo—. Fue el mejor cumpleaños de mi vida —confesó, y el rubor le tiñó las mejillas pecosas.

—Y solo es el primero de muchos, si tú quieres —el alfa acarició la curva de su cadera y lo apretó contra su pecho—. Porque ahora, oficialmente, eres mi omega. Y yo pienso cortejarte como te mereces: con flores, con citas, con partidos de hockey a los que te invitaré a verme y con funciones de patinaje a las que iré a aplaudirte.

Jungkook rió, y la risa sonó como campanitas en la quietud de la mañana.

—Suena muy cursi —bromeó.

—Un poco —admitió Taehyung, besándole la punta de la nariz—, pero a veces lo cursi tiene su lado bueno por algo: porque al final siempre funciona.

Jungkook, supo que su vida nunca volvería a sentirse igual, porque ahora tenía un hogar cálido al que regresar: los brazos de un alfa de ojos color miel que lo amaría, con todo el cariño del mundo, hasta el último de sus días.

Let 𝐜𝐚𝐦𝐢 ♡ know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Her Christmas Hookup

Mia Vita: Wow, 'Her Christmas Hookup' was really fun and exciting to read. At first, I thought it was going to be like a sweet, Hallmark-style holiday story with a little spice. But then it turned into something more real and heartfelt, with some nice sexual tension and a bit of spicyness. Every chapter had s...

Read Now
His Dominion: a western romance

JlD: I love it! The sassiness and spice! 🔥

Read Now
Unmated

smalls877: I really love how you made the story interesting and you ended it perfect.

Read Now
Her Saviors

IndianGirlWriter: Loved the story. Felt all the emotions. Loved how you made her stand up for herself and made her fight back.

Read Now
The Ace of Spades (A Mafia Romance)

Elisa_sims: Your writing style is so engaging. I'd genuinely enjoy talking with you about your story

Read Now
My Horny Alien

Margaret Hines: I’m curious to see how Lily does in her new world.

Read Now
Sweet Caroline

Yohamnes Alcalde: It is so perfect

Read Now
The way they love me : A reverse harem story

Radija: A aproximação (profundidade de sentimentos) foi muito rápida, na minha opinião, mas amei ler cada capítulo! Indo para a sequência em 3,2,1!

Read Now
Claimed by the Knight

Harshy : Wonderful loved it sooooo much

Read Now