Customize readability
Aa

Mi falso esposo gay

All Rights Reserved ©

Summary

Me case con una mujer siendo gay. Fue un contrato. Si te interesa mi historia. Únete a la lectura.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Rhys Roy tenía veintiséis años, demasiado dinero y muy poca paciencia.

Especialmente para las mujeres.

No siempre había sido así.

Durante la adolescencia incluso había intentado tener las mismas experiencias que sus amigos. Había salido con algunas chicas, había aceptado números de teléfono y asistido a citas que generalmente terminaban de la misma manera: Rhys contando los minutos para regresar a casa.

No entendía qué le sucedía.

Las mujeres podían ser hermosas. Podía reconocerlo perfectamente. Sin embargo, cuando alguna comenzaba a acercarse demasiado, algo dentro de él se cerraba.

No quería que lo tocaran.

No quería escuchar preguntas sobre cuándo volverían a verse.

Mucho menos quería una relación.

Y cuanto mayor se hacía, peor era.

Porque Rhys Roy no era simplemente un hombre atractivo.

Era un Roy.

Su familia poseía inversiones, propiedades y empresas suficientes para que su apellido apareciera regularmente en revistas que él jamás se molestaba en leer.

Y las mujeres lo sabían.

A los veintidós años había cometido el error de contarle a una novia que pensaba comprar una propiedad fuera de la ciudad.

Dos semanas después ella estaba buscando decoradores para su futura casa.

Habían salido cuatro meses.

Otra había comenzado a insinuar qué tipo de anillo le gustaba.

Llevaban seis semanas juntos.

Después vinieron las fiestas, las cenas y las mujeres que aparecían misteriosamente junto a él después de que algún conocido mencionaba su nombre.

Rhys terminó hartándose.

Con los hombres era diferente.

Con ellos podía respirar.

Sus amigos podían pasar horas en su casa sin exigir conversación. Podían beber, jugar, discutir sobre cualquier estupidez y marcharse sin convertir una noche agradable en una declaración sentimental.

No se sentía observado.

No se sentía perseguido.

No sentía aquella necesidad desesperada de escapar.

Y eventualmente Rhys encontró una explicación.

Quizás nunca le habían gustado las mujeres.

Quizás era gay.

La idea había comenzado como una pregunta.

Después se convirtió en una posibilidad.

Y con los años terminó convirtiéndose, al menos para él, en una respuesta.

Nunca había tenido novio.

Nunca había besado a un hombre.

Tampoco podía decir que hubiera estado enamorado de alguno.

Pero Rhys no era precisamente experto comprendiendo sus emociones.

Solo sabía que alrededor de los hombres se sentía tranquilo y alrededor de las mujeres quería desaparecer.

Para él, aquello era suficiente.

Para su familia, no.

—Victoria llegará a las siete.

Rhys ni siquiera levantó la mirada del teléfono.

—Espero que se divierta.

Su padre dejó de caminar.

—Tú también estarás aquí.

—Entonces retiro lo dicho. Nadie se va a divertir.

—Rhys.

Ahora sí levantó la mirada.

Estaban en el despacho de su padre, una habitación exageradamente grande que siempre le había parecido diseñada específicamente para intimidar personas.

Con Rhys nunca había funcionado.

—Ya te dije que no voy a casarme con ella.

—Nadie está hablando de una boda mañana.

—Victoria habla de nuestra boda cada vez que respira.

Su padre suspiró.

—Es una buena muchacha.

Rhys soltó una carcajada.

—Victoria Caldwell es una pesadilla con zapatos caros.

—Proviene de una excelente familia.

—Eso no la hace menos insoportable.

—Tiene veinticinco años, educación, posición, patrimonio propio…

—¿Quieres casarte tú con ella?

Su padre lo fulminó con la mirada.

Rhys volvió al teléfono.

Victoria era exactamente el tipo de mujer que más detestaba.

No porque fuera rica.

Rhys había crecido rodeado de personas ricas.

Era porque Victoria estaba convencida de que todo podía pertenecerle si insistía suficiente.

Incluyéndolo a él.

Sus familias llevaban años relacionándose. Cuando eran adolescentes, los comentarios sobre una futura boda parecían bromas de adultos.

Victoria había dejado de considerarlo una broma hacía mucho tiempo.

Rhys no.

—Solo te estoy pidiendo una cena —insistió su padre.

—Y yo te estoy diciendo que soy gay.

—Maldito insolente. Ni siquiera has estado con un hombre para saberlo.

Rhys endureció la expresión.

—¿Y?

—Solo intento comprender.

—No tienes que comprenderlo.

Su padre guardó silencio.

Rhys sabía que no lo decía con crueldad.

Su familia no lo había rechazado cuando les contó lo que creía sobre su orientación. Su madre incluso había intentado hablar con él durante horas.

El problema era que ni siquiera Rhys sabía explicar demasiado.

¿Cómo explicaba que simplemente estaba más cómodo con hombres?

¿Cómo explicaba que las mujeres lo agotaban?

¿Cómo explicaba una sensación que él mismo no entendía?

Por eso había dejado de intentarlo.

—Voy a la cena —dijo finalmente.

Su padre pareció satisfecho.

—Gracias.

—Pero no voy a casarme con ella.

A las siete y treinta, Rhys ya se arrepentía.

Victoria estaba sentada frente a él hablando sobre una casa en Italia.

Rhys no sabía cómo habían llegado al tema.

Tampoco le importaba.

—Mi padre piensa que podríamos utilizarla durante el verano —decía ella—. Aunque si algún día tenemos niños, probablemente necesitaríamos algo más grande.

Rhys dejó lentamente el tenedor.

—¿Qué niños?

Victoria sonrió.

—Los nuestros.

—Victoria.

—Estoy hablando del futuro.

—De un futuro que inventaste tú sola.

La madre de Rhys bajó la mirada hacia su plato.

Su padre bebió vino.

Los padres de Victoria fingieron no escuchar.

Era casi cómico.

—No entiendo por qué siempre tienes que comportarte así conmigo —dijo Victoria.

—Porque llevas años hablando como si fuéramos pareja.

—Nuestras familias quieren lo mismo.

—Perfecto. Que nuestras familias se casen.

—Rhys.

Esta vez había sido su madre.

Él respiró profundamente.

Victoria volvió a sonreír.

Eso fue lo que terminó de irritarlo.

Aquella seguridad.

Como si supiera que tarde o temprano ganaría.

Rhys se levantó.

—Buenas noches.

—¿Adónde vas?

—A cualquier lugar donde tú no estés.

Tomó su chaqueta y salió.

El aire de la calle le sentó mejor que cualquier cosa que hubiera ocurrido dentro de aquel restaurante.

Su conductor estaba estacionado a pocos metros.

Rhys miró el automóvil.

Después continuó caminando.

No quería regresar a casa todavía.

Necesitaba despejar la cabeza.

Caminó varias calles sin prestar demasiada atención a su alrededor.

Hasta que una voz llamó su atención.

—Mamá, ya sé.

Una muchacha caminaba unos metros delante de él hablando por teléfono mientras cargaba una bolsa de supermercado.

—Te dije que voy a conseguirlo.

Rhys continuó caminando.

—No sé de dónde, pero lo voy a conseguir.

Hubo una pausa.

—No. No pidas otro préstamo.

La muchacha cruzó la calle.

Rhys también.

—Dame unos días.

Colgó.

Rhys no pensó demasiado en aquello.

No era asunto suyo.

Entonces la bolsa que llevaba se rompió.

Una caja cayó al suelo.

Después una lata.

Dos naranjas comenzaron a rodar por la acera.

—No puede ser…

Una de las naranjas terminó prácticamente contra el zapato de Rhys.

La recogió.

La muchacha estaba agachada intentando salvar el resto de sus compras.

Rhys recogió también la lata.

—Toma.

—Gracias.

Ella recibió las cosas sin siquiera mirarlo demasiado.

Rhys observó la bolsa destruida.

—Creo que eso ya murió.

—Si. Me di cuenta. Gracias.

Rhys levantó una ceja.

Ella acomodó como pudo las compras entre sus brazos y continuó caminando.

Rhys dio dos pasos en dirección contraria.

Después se detuvo.

Miró hacia atrás.

La muchacha seguía caminando.

Una idea completamente absurda atravesó su cabeza.

Tan absurda que casi se rio solo.

Después pensó en Victoria.

En las conversaciones sobre bodas.

Volvió a mirar a la desconocida.

Necesitaba dinero y él tenía dinero.

Él necesitaba una esposa.

Se giró.

—Disculpa.

Ella no escuchó.

Rhys caminó más rápido.

—¡Disculpa!

La muchacha finalmente se giró.

—¿Sí?

—Escuché parte de tu conversación.

Inmediatamente frunció el ceño.

—¿Estabas escuchándome?

—No intencionalmente.

—Pues intenta no hacerlo intencionalmente la próxima vez.

Se giró nuevamente.

—Espera.

—¿Qué?

Rhys se quedó mirándola.

Ahora que tenía que decirlo en voz alta, la idea sonaba todavía peor.

—Necesitas dinero.

La expresión de la muchacha cambió.

—¿Y?

—Yo puedo darte dinero.

Ella lo miró de arriba abajo.

Después dio un pequeño paso hacia atrás.

—No.

—Ni siquiera sabes para qué.

—No necesito saberlo.

—No quiero acostarme contigo.

—Definitivamente no estás mejorando esto.

Rhys cerró los ojos durante un segundo.

—Necesito casarme.

Silencio.

La muchacha lo miró.

—¿Qué?

—Necesito una esposa.

—Busca Tinder.

Rhys estuvo a punto de reír.

—Necesito una esposa que no quiera ser realmente mi esposa.

Ella permaneció callada.

—Sería un acuerdo —continuó él—. Un matrimonio legal, pero únicamente por apariencia. Te pagaría por hacerlo.

—Estás loco.

—Probablemente.

Ella comenzó a alejarse.

—Doscientos mil dólares.

Se detuvo.

Rhys esperó.

La muchacha se giró lentamente.

—¿Qué dijiste?

—Doscientos mil.

Ahora sí tenía toda su atención.

—¿Por casarme contigo?

—Durante un año.

Ella lo observó como si estuviera intentando decidir si correr o llamar a la policía.

—¿Y qué ganas tú?

—Que mi familia deje de intentar organizar mi matrimonio con otra persona.

—Entonces diles que tienes novia.

—No funcionaría.

—¿Y casarte con una desconocida sí?

—Probablemente.

La muchacha soltó una pequeña risa incrédula.

—Claro. Tiene muchísimo sentido.

Rhys metió las manos en los bolsillos.

—Tendrías tu propia habitación. Tu propia vida. No espero ninguna relación sentimental ni sexual contigo.

Ella entrecerró los ojos.

—¿Por qué?

Rhys respondió sin pensarlo.

—Porque soy gay.

La muchacha se quedó callada.

Por primera vez desde que comenzó aquella conversación, su expresión perdió parte de la desconfianza.

—Ah.

Rhys asintió.

—Ah.

—¿Y tu familia lo sabe?

—Sí.

—¿Entonces por qué quieren casarte con una mujer?

—Porque son complicados.

—Eso es una manera elegante de decir que están locos.

Rhys sonrió ligeramente.

Ella lo vio.

—Todavía no he aceptado.

—No he dicho que lo hayas hecho.

—¿Cómo sé que realmente tienes doscientos mil dólares?

Rhys sacó una tarjeta de su bolsillo.

Se la extendió.

Ella la recibió.

Rhys Roy.

La muchacha leyó el nombre.

Después lo miró.

Volvió a mirar la tarjeta.

Rhys conocía perfectamente aquella reacción.

Ya lo había reconocido.

Esperó el cambio de actitud.

La sonrisa.

La amabilidad repentina.

Pero ella simplemente sacó el teléfono.

—Voy a buscarte.

—¿Ahora?

—Sí.

Rhys esperó mientras ella escribía.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

—Mierda.

Rhys suspiró.

—¿Qué?

Ella levantó el teléfono y comparó una fotografía con su rostro.

—Sí eres tú.

—Generalmente lo soy.

Ella ignoró el comentario y continuó leyendo.

—Tu familia tiene muchísimo dinero.

Ahí estaba.

Rhys sintió la conocida molestia.

—Sí.

Ella guardó el teléfono.

—Entonces puedes pagarme más.

Rhys la miró.

Ella sostuvo su mirada completamente seria.

Por primera vez en toda la noche, Rhys soltó una carcajada.

—Ni siquiera has aceptado y ya estás negociando.

—Tú fuiste quien decidió pedirle matrimonio a una desconocida en una acera.

—Doscientos mil.

—Doscientos cincuenta.

—Doscientos veinte.

—Doscientos cincuenta.

—Eres bastante descarada.

—Y tú necesitas esposa.

Rhys la observó unos segundos.

—Doscientos cincuenta.

Ella extendió la mano.

Rhys miró su mano.

—¿Eso significa que aceptas?

—Significa que acepto escuchar el resto de la propuesta con un abogado presente.

Rhys estrechó su mano.

—Me parece justo.

Ella comenzó a soltarlo.

—Espera.

La muchacha levantó la mirada.

—¿Cómo te llamas?

—Tracy.

—¿Tracy qué?

—Martin.

Rhys asintió lentamente.

—Tracy Martin.

—Rhys Roy.

—Ya sabes quién soy.

—Internet sabe demasiadas cosas sobre ti.

Rhys volvió a sonreír.

Tracy recogió mejor sus compras.

—Mañana te llamo.

—No tienes mi número.

Ella levantó la tarjeta.

—Eres rico. Hasta tu tarjeta tiene tres números diferentes.

Y se marchó.

Rhys permaneció en la acera observándola alejarse.

No sabía absolutamente nada sobre aquella mujer.

Tenía veintitrés años, según le había dicho mientras revisaban los datos básicos para contactar a los abogados.

Necesitaba dinero.

Era insolente.

Negociaba demasiado.

Y acababa de considerar seriamente casarse con un completo desconocido.

Rhys debería haber pensado que era una pésima idea.

En cambio, sintió alivio.

Si Tracy aceptaba, Victoria dejaría de ser un problema.

Su familia tendría el matrimonio que tanto deseaba.

Tracy recibiría su dinero.

Y él podría continuar exactamente con la misma vida.

Sin romance.

Sin expectativas.

Sin una esposa intentando enamorarlo.

Era perfecto.

Después de todo, Tracy era una mujer.

Y Rhys estaba completamente convencido de que las mujeres no podían gustarle.

Let cossmoprime know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

The Rewrite

Fiona Walker: What a wonderfully brilliant story. As always, really well written and edited with a great storyline, it seems there’s no genre this really talented author can’t write! All the characters are really likeable even poor wet Cameron lol and the sub story is one I’d really like to read *hint hint*I hav...

Read Now
The Easter Bunny

Lynne: Beautiful short story with a happy ending.luved it.

Read Now
Bloodlines

Ku_Rolet: The novel was good, and I really enjoyed reading it. I love the leads and their bond, but I have one question that confused me. How could Tristan have been dreaming about his mate since he was a child if Omara was already mated to someone else before him? If Kyle had accepted Omara, would Tristan ne...

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

Victoria: I liked how you described everything so clearly. It made the story very immersive. Do you plan to continue this story further?

Read Now
The Grumpy Next Door

Jane: A lovely story with good characters.

Read Now
Claimed By The Wrong Prince

Sasha: What a beautiful story, he was the perfect prince

Read Now
Bear Roberts

Gabby: I’m working with **Lorey**, a platform that turns novel characters and scenes into interactive experiences readers can play.We can help you:- Turn your story into character profiles- Preserve each character’s voice and relationships- Create an interactive scene for you to reviewYour story won’t be ...

Read Now
Beyond the Ice Wall

LovetoreadStephanie: I am actually really impressed by this book. How a conspiracy theory can be made in an original, heartwarming and dreamy romance! I am so happy it's a series! I can't stop imagining the world and how I wished it was true 😍

Read Now
The Mate he couldn't have

enchanted_shark: Very readable, well written.

Read Now
Mi falso esposo gay