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Amigo Sexcreto

Summary

Bill juega amigo sexcreto, sin saber que el coño que se folló y dejó goteando es el de su propio hermano.

Status
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1
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n/a
Age Rating
18+

Único.

—¿De verdad? ¿Cómo cuando estábamos en el colegio? —preguntó Tom, escéptico con una sonrisa socarrona por la idea.

—Por supuesto que no será como en el colegio, tarado, será un poco diferente… ¿verdad, Natalie? —Andreas rodó los ojos, antes de ver a la rubia.

—Sí, no será como el amigo secreto del colegio, donde nos dábamos dulces o alguna tontería barata para cumplir, no, esto es amigo sexcreto —Natalie sonrió maliciosa viendo a todo su círculo de amigos.

Bill apartó la mirada de su revista de moda, interesado al escuchar la palabra SEXcreto.

—¿Y en qué consiste? —inquirió el azabache, cerrando su revista y apoyando su codo sobre la portada, viendo a su amiga.

—Pues es como amigo secreto, sólo que en lugar de darnos un dulce o un obsequio, tendremos sexo con la persona que nos tocó —explicó Natalie animada.

—¿Y si nos toca alguien con quien no queremos? —Georg arqueo una ceja.

—No me dejan terminar de explicar —rió Natalie. —Cómo sabemos que eso puede pasar, las reglas son las siguientes: Quién se compromete a jugar amigo sexcreto tiene que sí o sí tener sexo con quien le toque, todo es secreto y sorpresa, así que en lugar de papeles con nuestros nombres tendremos un número y una hora.

—¿Para qué el número y la hora? —cuestionó Gustav.

—¡Estoy explicando! —exclamó Natalie, perdiendo la paciencia. —El número indica el baño que les tocó, en todo el perímetro de la universidad hay alrededor de quince baños, y cómo hay clases en la noche, la hora que les toque junto al número indicará la hora de la noche y el baño en donde deben tener sexo.

—Sí van a jugar tienen que estar de acuerdo a que no se van a negar a tener sexo con la persona que les tocó, aunque, por eso fuimos para específicos en las reglas del juego —Andreas deslizó una página de papel con las reglas del juego escritas.

“Amigo SexcretoReglas:Primero: una vez aceptado el juego, no puedes salirte.Segundo: no le digas a nadie tu número de baño y hora.Tercero: quien llegue primero al baño debe apagar las luces, todas, para asegurarse que el encuentro sea a oscuras total, y esperaran en el último cubículo.Cuarto: durante el encuentro no deben hablar, sólo pueden tocar, besar, penetrar, lamer y todo lo que se te ocurra.Quinto: ambos deben de llegar al orgasmo, de esa manera ambos habrán tenido su “obsequio”.Sexto: al terminar el acto no deben salir juntos, tiene que salir uno primero y después el otro, tienen que mantener el secreto y anonimato hasta el final.Séptimo: si desean saber con quien tuvieron sexo deben convocar una reunión con todos los participantes y dar pistas de como fue el encuentro para así poder descubrir quien fue tu amigo sexcreto.

No olviden:CondonesLubricanteY muchas ganas de follar con uno de tus amigos.”

—Aquí no dice nada sobre el consentimiento si en medio del acto uno se arrepiente —Gustav frunció el ceño, poco convencido de las reglas, tomando la hoja y leyéndola con detenimiento, como buen estudiante de derecho.

—Nadie está obligando a nadie a participar —declaró Natalie.

—Pero si uno o dos de nosotros se niega no tendrá chiste, somos muy pocos —suspiró Bill, viendo que simplemente eran seis reunidos en ese momento.

—Chantelle, Kiro y el resto de ellos también saben, lo hablamos ayer con ellos —informó Andreas. —Seremos catorce, siete parejas en total, si ustedes aceptan, claro.

Bill, Georg y Gustav se dieron una mirada considerando la oferta del juego al saber que habrían más de sus amigos participando.

—Aceptamos —dijeron al unísono.

Natalie sonrió y de inmediato anotó sus nombres en una lista para tener a todos los participantes.

—Y tú, Tom… —Natalie no pudo terminar de hablar pues Tom ya se había levantado del césped, poniendo su mochila sobre su hombro.

—Yo no voy a jugar —afirmó Tom de pie, viendo a todos sus amigos, incluido a su hermano gemelo.

—Pero Chantelle, Heidi y Kathrin jugarán, Tom —Natalie alzó coqueta sus cejas. —Puede que te toque una de ellas.

Tom negó con la cabeza. —Yo paso.

—¡Pero tú eres el que más ama el sexo del grupo! —replicó Andreas.

—Y efectivamente, amo el sexo, me gusta tener sexo, pero me gusta escoger a mi pareja —sostuvó Tom, viendo el reloj en su muñeca. —A mí déjenme fuera, ya estoy llegando tarde a mis siguientes clases.

—Bueno, si te retractas tienes hasta el jueves para decirme, sino tendremos que buscar a una persona extra para el juego —soltó Natalie.

Tom bufó viendo al cielo y se marchó.

—Es raro que Tom no quiera participar en algo que tenga que ver con sexo —comentó Andreas, y Natalie le asintió, igual que Georg y Gustav.

Todos viendo al gemelo de cabello azabache en busca de una respuesta.

Bill alzó los hombros y curvo los labios hacía abajo. —Sepa, pero aunque Tom sea muy sexoso es muy estricto con eso de escoger sus parejas con anticipación, no se acuesta con cualquiera a la primera, primero habla con ellas y después arma un plan, aunque casi siempre las lleva a la casa, las oigo gimiendo desde mi habitación —se rió incómodo. —Chillán como perras en celo.

—Wow —Natalie alzó las cejas y abrió los ojos. —Entonces es una lástima que no quiera participar, sería divertido ver quien sería su perra.

—¿Cómo son las mujeres que le gustan a Tom? Quizás si conseguimos a una chica como las que les gusta lo logremos convencer de que participe —Andreas tomó un lapicero, listo para anotar y luego buscar a la chica indicada en el campus.

Bill desvió la mirada, llevándose la mano al mentón, pensativo, frunciendo el ceño después de unos segundos:

—Ahora que lo pienso… Nunca lo he visto realmente con una chica, simplemente es lo que él me dice.

[...]

Los días de la semana pasaron, y para el jueves, Natalie y Andreas repartieron los papelitos con el número de baño y hora para el encuentro del viernes por la noche.

Bill leyó su papelito en cuanto Andreas se lo dio en medio de una clase de Ética.

“Baño cuatro en el patio detrás del edificio B, hora 8:40pm”.

—¿Encontraron un reemplazo para la vacante que Tom dejó? —preguntó Bill curioso, pues el número de parejas se mantenía.

Andreas asintió, dándole la espalda por estar sentado en el pupitre de enfrente.

—Ah, ¿Quién se sumó? —Bill se inclinó en su mesa.

—No lo sé, pero Natalie me dijo que ya estábamos los catorce, ella le entregó el papel a la otra persona, nos divididos en qué yo se lo daría a siete de ustedes y ella a los otros siete, así que ni ella ni yo llevamos el control de quienes serán las parejas secretas, fuimos estrictos incluso con nosotros dos y eso que somos los organizadores, todo fue muy al azar —arguyó Andreas en voz baja mientras el profesor explicaba. —No comas ansias, simplemente disfruta el encuentro de mañana.

[...]

El viernes aunque Bill no tenía clases por la noche, al terminar las de la tarde se quedó en la universidad, simplemente despidiéndose de su hermano, quien sí volvió a casa.

Después de esperar en la cafetería horas, en cuanto se hicieron las ocho, buscó un árbol en el patio donde estaría el baño que le tocó y dejó ahí su mochila.

Pero, cuando ya estaba por darse la vuelta e ir al baño, recordó algo muy importante y de inmediato se acercó a su mochila de nuevo.

La abrió, buscó y buscó, pero no encontró nada.

—¡Maldición! Olvide los condones y el lubricante —murmuró con ganas de golpearse en la frente.

Ya no tenía tiempo para ir a una farmacia cercana y volver, por lo que maldiciendose y esperando que su amigo secreto sí llevará lo necesario caminó al baño.

El cual tenía la luz encendida todavía, por lo que él había sido el primero en llegar.

Apago la luz y de inmediato, tocando las paredes para guiarse, llegó al último cubículo.

Bajo la tapa del escusado y se sentó sobre ella, esperando paciente a su amigo secreto.

No podía negar que estaba nervioso, no solo por estar en un baño a total oscuridad, y pensar en las leyendas japonesas, sino por quien podría tocarle.

Una chica o un chico.

Esperaba que le tocara cualquiera menos, Georg o Gustav, no porque fueran poco atractivos, ambos tenían sus características deseables, pero se conocían desde que eran niños, no eran solo mejores amigos, eran casi hermanos, por eso habían decidido ir a la misma universidad aunque en diferentes carreras.

Sentía que tener algo con ellos sería raro.

Pero, ya daba igual eso, pues ya había aceptado el juego.

Así que daba igual si le tocaba Georg o Gustav, igual iba a follar esa noche.

Pasaron unos minutos que dentro del baño en silencio y oscuras hacían a su estómago tensarse más y su pecho respirar con más lentitud, atento a cualquier ruido.

Aunque debía confesar que el miedo ya comenzaba a invadirlo desde los pies.

Hasta que escuchó unos pasos acercarse y entrar al baño.

No encendieron las luces.

Eso significaba que quien había llegado era parte del juego y no alguien externo.

Suspiró aliviado, y escuchó los pasos acercarse con cautela hasta el último cubículo.

Bill estaba por hablar para indicar que ya estaba ahí, pero recordó que no debía hablar por lo que, se mordió la lengua y en medio de la oscuridad profunda estiró la mano y con la punta de los dedos tocó a la otra persona.

Quien en cuanto sintió su roce cerró la puerta del cubículo y puso el seguro.

Bill escuchó claramente como la otra persona pegó su espalda a la puerta, posiblemente queriendo asegurarse de que el otro estaba ahí.

Por lo que se estiró nuevamente, tocando con la punta de los dedos lo que él asumió era el borde una falda corta y tableada.

Subió la mano hasta la cadera de la otra persona, tomándola con cuidado para que se acercara a él.

De inmediato la otra persona caminó hacía él, tomando de imprevisto a Bill cuando se subió en su regazo, de espaldas a él.

Bill contuvo el aire, comenzando a sentirse excitado por la situación, desvaneciéndose en él todo miedo tonto por la oscuridad.

Sus manos no se quedaron quietas con la chica sobre él.

Sus dedos recorrieron toda la extensión de la falda hasta llegar al borde y subirla por los muslos gruesos y suaves, metiendo la mano en el interior caliente de las piernas.

Hasta llegar a la entrepierna, dándose cuenta de lo mojada que estaba ya su amiga secreta.

Tocando el coño gordo directamente debido a la falta de ropa interior.

Bill sonrió incluso si no lo podían ver y le abrió más las piernas, para tener más espacio, tanteando el coño ajeno con total libertad.

La chica en su regazo se recostó un poco sobre él, no totalmente, pero debido a eso, su cabello largo rozó con el rostro de Bill, percibiendo el aroma a aceite de coco de sus hebras largas.

De inmediato pensó en Chantelle, ya que ella era una chica muy playera, siempre yendo a surfear y teniendo ese aroma a bloqueador de coco Hawaiian tropic impregnado en la piel junto al aroma del sol veraniego.

Por lo que disimuladamente Bill acomodo su rostro sobre el hombro de la chica, olfateando su cuello.

Pero si bien olía a coco la persona en su regazo, lo olía al coco de Hawaiian tropic.

Entonces no era Chantelle.

Bill frotó sus dedos en la hendidura de los labios de la vulva, haciendo círculos y presiones en el clítoris hinchado.

La persona encima suyo se removía con cuidado, respirando de manera entrecortada y apretando sus labios con fuerza para no jadear.

Bill movió sus dedos con más fuerza y rapidez en medio del coño, haciendo que el único ruido en el cubículo fuera el de sus respiraciones contenidas y el sonido húmedo del coño.

Su mano quedó atrapada en medio de los muslos internos de la contraria, pues cerró las piernas abruptamente.

Bill se quedó quieto esperando el siguiente movimiento.

Después de unos segundos, la chica se levantó con cuidado de su regazo, Bill creyó que era momento de cambiar a otra cosa, así que iba a ponerse de pie.

Pero fue empujado de nuevo a sentarse encima del excusado, y nuevamente se subieron sobre su regazo, pero esta vez encima suyo de cara a cara.

La respiración contrario azotó con suavidad en su rostro, la persona tenía aliento a chicle de cereza.

Envolvió su cuello con sus manos y se acercó a su labios, robándole un beso.

Bill abrió los ojos en grande sintiendo como al mismo tiempo del beso, la chica se movía encima de él, con las piernas abiertas, rozando directamente su coño contra su entrepierna, la cual comenzaba a endurecerse.

Quería ponerlo duro.

La zorra con la que le había tocado sabía exactamente lo que hacía.

Por lo que Bill subió su mano derecha y tomó la cabeza de su amiga secreta y devorando sus labios, y con la mano izquierda acarició su cintura hasta bajar a su trasero, metiendo la mano debajo de la falda para apretar una de sus nalgas.

La chica tenía un culo firme y grande, por lo que no se contuvo y apretó como si fuera una plastilina.

La persona jadeo bajito en medio del beso, arqueandose por la fuerza con la que Bill amasaba su trasero.

Bill penetró su boca, acariciando su lengua, haciendo que la otra persona se pegara más a su cuerpo, sin dejar de magullar su pene con su coño.

Al pegar casi por completo sus torsos, Bill sintió la falta de dos presiones infaltables en la zona del pecho.

Era una chica sin pechos, eso sí bien lo decepcionó un poco pues esperaba comerse un buen par de tetas, también lo hizo pensar en las posibles candidatas que podían estar con él en ese momento.

Chantelle, descartada.Heidi, descartada.Kathrin, descartada.Sara, descartada.Jessica, descartada.

¿Natalie?

Bill deslizó un poco su mano por el trasero, metiendo sus dedos por la separación de los glúteos y llegó hasta el coño, tanteando con sus dedos la entrada de la vagina.

No, no podía ser ella, Bill ya se había acostado con ella las suficientes veces como para conocer bien su coño, y este coño, este cuerpo era nuevo.

Y no sabía cómo sentirse con eso, pues no se le ocurría quién podía ser, hasta que recordó que Natalie había encontrado a un catorceavo integrante para el juego.

Podía ser cualquier chica amiga de Natalie, incluso Bill podía ya haberla conocido.

Bah, daba igual, salió de sus pensamientos cuando la chica dejó de moverse sobre su miembro al tenerlo ya totalmente duro, por lo que busco de manera inquieta y torpe el broche de su cinturón.

Bill le ayudó desabrochar el cinturón y bajarse la bragueta junto al bóxer, liberando su erección, que fue tomada por la contraria que se alzó un poco, dándose gusto al frotar el glande contra sus labios vaginales, pero sin terminar de sentarse sobre él.

De repente, la mano de ella busco una de las de Bill, palmeandola un poco, y después apretando su pene.

El mensaje era claro.

El condón.

Bill negó con la mano, y la chica apretó su pene nuevamente, esta vez no fue de manera juguetona, sino con reproche.

Y al parecer ella tampoco llevaba condones.

Pero, rápidamente la contraria dejó la molestia y acarició su pene con cuidado, masturbandolo para hacerlo gotear preseminal.

Bill dejó escapar un muy bajo jadeo, pues la mano de la chica se deslizaba bien por su pene y no podía esperar más para penetrar su vagina, por lo que de imprevisto se levantó.

La contraria tropezó hacia atrás por el repentino movimiento, pero Bill la sostuvo de la cintura con una mano, con esa misma mano le dio la vuelta, poniéndola contra la puerta del cubículo.

Bajo su mano por el lateral derecho izquierdo de su cuerpo, y la tomó por la pierna, sosteniéndola y abriéndola.

Ella tembló un poco por la posición complicada en medio de la oscuridad pero se supo sostener contra la puerta, y dejando que él la mantuviera abierta al sostener su pierna por detrás de su rodilla con fuerza.

Con su otra mano Bill tomó su pene y primero se frotó contra el culo de la contraria, en su hendidura, dejando su piel húmeda con su preseminal antes de guiarse directamente al coño, el cual ya brotaba tanta baba que se deslizaba en el interior de sus muslos, por lo que su pene se deslizó y fue bien recibido al instante.

El coño estaba apretado, incluso si por la posición le daba más espacio, y sin nada de protección de por medio, Bill sentía sus paredes vaginales apretarlo de manera más directa, su pene palpitó debido al abrasador interior de su amiga secreta.

La escuchó reprimir un gemido, mientras daba brinquitos con el único pie que tenía apoyado en el piso del baño, intentando sostener la posición.

Bill se quedó unos segundos dentro de su amiga secreta, antes de perder cualquier consideración.

Tomándola de la cadera con su mano libre, mientras con la otra sostenía su pierna.

Las embestidas fueron rudas, haciendo que el cuerpo de la contraria chocará contra la puerta haciéndola crujir junto a las bisagras.

Ella hacía todo lo posible para sostenerse con sus antebrazos en la puerta, reprimiendo en ellos cualquier sonido.

Sus caderas azotaban las nalgas de la chica, incluyendo un sonido de pieles al ruido tembloroso de la puerta que parecía que en cualquier momento iba a ceder al apoyo de ambos.

El ángulo hacía que la penetración fuera más sencilla, llegando hasta el fondo con cada embestida.

No se salía por completo, sólo hasta la mitad, para volver a arremeter contra el coño que emitía sonidos húmedos cada que entraba y salía.

Ella hizo su cabeza hacia atrás, ladeando su cabello, momento que Bill aprovechó para buscar sus labios, besándola con ganas.

Ambos usaron el beso para reprimir cualquier sonido.

Bill sintió la tensión acercarse a su pene, por lo que soltó la pierna de su amiga y la terminó de poner de cara contra la puerta, separándose de sus labios.

La tomó con ambas manos por el vientre con fuerza, haciéndola moverse hacia atrás, mientras él seguía moviendo sus caderas.

El movimiento brusco y rápido hizo que abruptamente su pene saliera de la vagina de la contraria, y sin pensarlo mucho lo tomó nuevamente y lo guió hacia la entrada, empujandose hacia adentro de un sólo golpe.

Esta vez la chica no pudo contenerse, chillando de manera alta, estremeciéndose contra Bill.

Esta vez el interior de ella se sentía más apretado y abrasador, y se dio cuenta de que no había entrado en la vagina, sino que por equivocación había penetrado su culo.

Quiso disculparse, pero ni siquiera ella había hablado para quejarse.

Así que como disculpa, Bill bajó una de sus manos de su vientre y la deslizó por su pelvis, para acariciar su clítoris, y nuevamente se guió esta vez de manera certera al coño.

Y le dio un beso en el cuello, como otro gesto de disculpa.

Esta vez sus penetraciones no fueron tan violentas, tomando un ritmo más suave, en un vaivén que se aseguraba de golpear el punto de la chica que ya temblaba.

—¡Ahng! —gimió ella, esta vez sus antebrazos no fueron capaces de ahogar sus gemidos.

Bill sintió un flujo empapar sus dedos y deslizarse desde el clítoris de la chica hasta su propio falo, ella ya se había venido.

Y como si pensara lo mismo, ella hizo sus manos hacia atrás, tomando a Bill por las caderas, y ella movió su pelvis hacia atrás y adelante.

Apretando su coño cada que el pene estaba por completo en su interior.

Hasta que finalmente un sonido gutural salió de la garganta de Bill y su semen salió dentro de su amiga secreta.

Él la apretó con ambas manos del vientre, pegándose por completo a su trasero y espalda para venirse bien adentro de ella.

Ambos se apretaban de alguna manera, él la sostenía del vientre y ella apretaba bien su pene, dejando que las contracciones de sus músculos vaginales lo succionaran.

Los espasmos los mantuvieron unidos por unos segundos.

Pero Bill no quería que parara ahí, al menos no todavía, por lo que volvió a mover su cadera, iniciando con lentitud hasta tomar un ritmo rápido.

—¡Ahg, ah, ggh! —ella arqueó la espalda como pudo, soltando las caderas de Bill para poder sostenerse nuevamente de la puerta.

Bill escuchó sus pequeños gemidos, cerró los ojos, frunciendo el ceño, sin dejar de embestir, removiendo su semen y fluido de la chica dentro de la cavidad del coño.

Tuvo un sentimiento de déjà vu efímero en el pecho.

Ya había escuchado antes esos gemidos quebrados.

Abrió los ojos, cuando ella hizo una mano hacia atrás para palmear su abdomen, indicando que debía parar, y apretó más las piernas.

Bill se quedó quieto, pero en el interior de ella.

La chica se inquietó, y temblorosa lo apartó con cuidado, haciendo que su pene se saliera del interior de su coño, pero ella apretó fuertemente, dejando que casi nada escurriera por sus piernas.

Bill esperó paciente a ver que sucedía para que ella quisiera parar.

—Me voy a hacer pis —musitó la chica de manera muy aguda y bajita, rompiendo la regla.

Pero a Bill no le importo, entendió su urgencia por parar, aunque tampoco le hubiera importado si ella no hubiera resistido tal necesidad, pero comprendía si ella prefería irse.

Bill asintió, pero recordando que estaban a oscuras, buscó la mano de ella y le acarició el dorso.

Ella dejó de temblar un poco al sentir su toque, y antes de salir del cubículo se acercó nuevamente a él, mientras con sus dos manos apretaba su falda.

Los labios de ella se presionaron una última vez contra sus labios, y sus entrepiernas se frotaron una última vez, antes de que ella abriera el cubículo y saliera del baño.

Aunque tuvo el impulso de querer ver quien era, Bill se limitó a quedarse parado a oscuras y guardar su pene que empezaba a perder rigidez.

[...]

Pasaron semanas del amigo sexcreto, y ninguno de los catorce participantes quiso indagar quien había sido su amigo secreto pues sabían que de hacer eso, todos los implicados lo sabrían, hasta que un día, alguien pidió hacer la convocatoria.

Estaban sentados en el mismo punto de siempre, sobre el césped.

Todos estaban reunidos, incluso más de los catorce, amigos que se habían enterado del juego pero que no habían participado, incluso Tom estaba ahí, aunque parecía incómodo.

Algunos sonreían con nerviosismo y otros con suficiencia, Bill era de los que sonreía con suficiencia buscando entre los presentes quien pudo haber sido su amiga secreta.

Empezaron con Andreas, quien resulta había estado con Natalie.

Luego Georg, que había estado con Gustav.

Y así pasaron, hasta que llegó el turno de Bill.

—Pues, nuestro encuentro fue bueno, ella sabe que hace, tiene un coño de maravilla y un culo que… Uff, creo que incluso por eso me equivoque de hoyo, aunque eso si, no tenia tetas —contó Bill, incluso haciendo gestos con las manos.

Aún quedaban algunas chicas, como Heidi, Jessica y Kathrin, que lo miraban atentas.

—Tenía el cabello largo que olía a aceite de coco, y… fue realmente amable —continuó el azabache. —Me hubiera gustado tener más tiempo con ella.

Los participantes se miraron entre ellos, en especial las chicas, que al entender el incidente del error de agujero alzaron los hombros.

Andreas frunció el ceño y se acercó a Natalie disimuladamente, con una hoja con los nombres de los participantes.

Leyendo los catorce nombres de la lista.

Viendo el último nombre anotado.

—¿Tom se anotó al final? —inquirió Andreas con el ceño fruncido.

Natalie asintió sin ver a su amigo.

—Sí… Fue de hecho, él a quien le di el último papelito, el del baño cuatro —masculló la rubia, y se reojo vio a Tom, mientras se acercaba a la oreja de Andreas para susurrar. —De hecho también, él fue quien pidió la convocatoria, porque al parecer le dejaron un regalito de más —se rió, dándole golpes a su amigo con el codo y señalando con la barbilla de manera disimulada, como el de trenzas abrazaba la mochila contra su vientre.

Andreas observó a Tom y luego hizo memoria de la conversación en su clase de Ética.

—¿Cómo sabes que él tenía el papelito del baño cuatro? —balbuceó Andreas.

—Era el último papel y no sabía si iba a participar o tener que buscar a alguien más, ví el papel por pura cuestión de si tenía que explicarle a alguien más de imprevisto el juego, ¿por qué? ¿Tú no viste ningún papel antes de entregarlo?

Andreas tragó saliva, y leyó nuevamente la lista, con sus labios curvados y temblando, sí había visto un papelito, el que había entregado en clase de Ética…ya que esperaba que le tocara estar con Bill.

—Natalie… —titubeó Andreas.

La rubia se giró para verlo, haciendo un mohín y frunciendo el ceño.

—¿Qué pasa? —cuestionó ella.

Andreas sonrió de manera rota, entre llorar y reír.

—T-Tú sabías eso de Tom, ¿no?

—¿El qué?

—Eso…

—¿Lo del regalito? ¿O lo otro…? A mí también me tomó por sorpresa, aunque cuando me pidió unirse al juego me contó qué no se acostaba con cualquiera porque él es… diferente de ahí abajo, no tiene esa parte de hombre, sino de mujer, que ni siquiera Bill se acuerda de eso porque sus padres los bañaron por separado desde los cuatro años, pero qué, por primera vez quería disfrutar del sexo sin tener que andar con cuidado debido a su “aja”. Pero al parecer a su compañero se le olvidaron los preservativos y él olvidó por los nervios tomarse la pastilla, ya tiene como cinco semanas.

—Natalie…

—¿Qué?

—...

—¿¡Qué!? Habla, Andreas.

—Ha sucedido algo terrible… y creo que… —Andreas, giró la cabeza con lentitud hacia el de trenzas. —Creo que Tom ya se dio cuenta que pasó…

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