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El Karma de una Diosa

Summary

En un futuro donde Issei Hyoudou se ha convertido en el Pilar de las Facciones, una figura legendaria temida y respetada en todos los mundos sobrenaturales, su vida transcurre entre un poder abrumador, la paz y el amor incondicional de su enorme harem oficial. Sin embargo, durante una importante cumbre entre facciones, la Diosa Afrodita queda fascinada por su vitalidad de Dragón y su inmenso poder. Sin rodeos, le propone una noche de placer divino sin límites. Issei, completamente fiel a sus esposas, la rechaza de forma rotunda. Humillada como nunca antes en su existencia inmortal, la diosa del amor y la lujuria jura venganza. Para destruir el orgullo de Issei, le envía un regalo envenenado: dulces impregnados con un afrodisiaco divino extremadamente potente.

Genre
Erotica
Author
Draig
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

capitulo

La luna llena iluminaba con su luz plateada la opulenta suite. La gigantesca cama king size, con sábanas de seda negra revueltas y empapadas, era el centro de una noche de puro placer desenfrenado.

Issei Hyoudou, completamente desnudo y con el cuerpo musculoso brillante de sudor, comenzó su maratón sexual con dominante intensidad.

Empezó conRias Gremory. La arqueó hacia atrás sobre la cama y la penetró con fuerza, entrando y saliendo de su coño empapado con embestidas profundas y poderosas. Los enormes y pesados senos de Rias se sacudían violentamente. Su rostro estaba completamente deshecho de placer: ojos azules en blanco, boca abierta soltando gemidos roncos.

— ¡Aaaahhh~! ¡Issei... tu polla es tan gruesa... me estás llegando al útero...! ¡Fóllame más fuerte...!

Tras hacer que Rias se corriera temblando, Issei pasó aAkeno Himejima,Asia Argento,Xenovia Quarta,Irina Shidou,Koneko ToujouyKuroka, follándolas una tras otra con fuerza y dominio.

Mientras tanto,Ravel Phenex, Rossweisse, Elmenhilde Tepes, Le Fay Pendragon, Ingvild Leviathan y Yasakaobservaban todo con desesperación absoluta. Sus cuerpos hiper-voluptuosos temblaban de lujuria, tocándose los coños empapados y masajeando sus enormes senos mientras suplicaban sin parar.

— ¡Issei... por favor... ya no aguanto más...! — ¡Fóllame a mí... te necesito ahora...!

Cuando Issei terminó con las primeras, varias de ellas quedaron desmayadas sobre la cama, con expresiones de éxtasis lujurioso en sus rostros y fluidos corriendo por sus muslos.

En ese momento, las que aún quedaban conscientes se lanzaron sobre Issei sin darle ni un segundo de descanso. Hambrientas y desesperadas, se abalanzaron sobre su cuerpo sudoroso, besándolo, lamiéndolo y rogando que las follara inmediatamente.

Issei, con una sonrisa feroz y dominante, las agarró con fuerza y empezó a follarlas una tras otra sin piedad.

Mientras él seguía en pleno acto con ellas, las que se habían desmayado comenzaron a recuperar el conocimiento. Con expresiones de pura lujuria extrema y corazones en los ojos, se incorporaron y empezaron a acercarse a Issei, deseosas de unirse de nuevo a la orgía.

La noche apenas estaba comenzando.

Posiblemente muchos se estén preguntando qué fue exactamente lo que pasó, cómo llegamos hasta este punto y qué desencadenó todos estos acontecimientos. No se preocupen, todas esas respuestas llegarán a su debido tiempo. Pero, para entenderlo, debo regresar al día en que, por el simple berrinche de una diosa, mi vida y la de mi harén cambiaron para siempre.

Hace 3 días atrás:

En una lujosa habitación, un joven alto y de físico atlético dormía plácidamente en un elegante sillón. Su cabello castaño oscuro, largo y recogido en una coleta baja, dejaba escapar algunos mechones que caían sobre su rostro, mientras su expresión serena reflejaba un descanso poco habitual. Vestía un elegante traje negro, acompañado de una camisa y una corbata del mismo color. Aquel hombre era Issei Hyoudou, quien años atrás había sido conocido como la Bestia Pervertida de la Academia Kuoh, un joven ridiculizado por su sueño de formar un harén, considerado por muchos una fantasía imposible. Sin embargo, su destino cambió para siempre cuando fue asesinado por la ángel caída Raynare durante su primera cita y posteriormente revivido por Rias Gremory como un demonio de su servidumbre. Desde entonces, como portador del Boosted Gear, uno de los Trece Longinus, recorrió un camino marcado por incontables batallas, sacrificios y victorias que terminaron por convertirlo en una auténtica leyenda del mundo sobrenatural.

Con el paso del tiempo, aquel joven que alguna vez fue visto como un simple pervertido logró ganarse el respeto de demonios, ángeles, ángeles caídos, youkais, dioses y muchas otras razas gracias a su valentía, liderazgo y capacidad para unir a quienes durante siglos habían permanecido enfrentados. Como reconocimiento a su papel en la consolidación de la paz, recibió el título dePilar de las Facciones, una distinción que reflejaba la enorme confianza que el mundo sobrenatural había depositado en él y la responsabilidad de preservar su equilibrio. Sin embargo, incluso un héroe legendario como Issei tenía sus propios límites. Tras incontables jornadas de trabajo, innumerables reuniones diplomáticas y el constante peso de mantener la estabilidad entre las distintas facciones, el agotamiento terminó pasándole factura. Ni siquiera alguien capaz de rivalizar con las entidades más poderosas podía escapar por completo al cansancio.

De pronto, algo impactó con fuerza contra la cabeza de Issei-san, arrancándolo bruscamente de su profundo sueño. Mientras aún intentaba comprender qué acababa de ocurrir, una voz familiar resonó con claridad en sus oídos.

—¡Despierta, holgazán! ¡Aún falta mucho trabajo por hacer!

Abrió los ojos con pesadez y, todavía somnoliento, alzó la mirada. Frente a él se encontraba una mujer de cabello negro corto, ojos rojizos ocultos tras unas gafas de montura fina y una expresión fría e imperturbable. Vestía una elegante camisa blanca con corbata negra, una falda de cintura alta y medias del mismo color. En una mano sostenía una carpeta repleta de documentos, mientras su porte elegante y firme imponía una autoridad imposible de ignorar. La reconoció al instante. Era Sona Sitri, la antigua presidenta del consejo estudiantil de la Academia Kuoh y, con el paso de los años, una de sus más grandes aliadas.

Sin embargo, una de las personas en quien más confiaba le dedicó una sonrisa amable que apenas lograba ocultar el enojo que sentía. Después de tantos años trabajando a su lado, Issei conocía demasiado bien aquella expresión. Un escalofrío recorrió su espalda y, al comprender que estaba en serios problemas, apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Sona le sujetara las mejillas con ambas manos y tirara ligeramente de ellas. Sin borrar la sonrisa de su rostro, habló con una calma inquietante que contrastaba por completo con la dureza de su mirada.

—Hola, Issei-kun... ¿Se puede saber por qué, justo cuando estamos en el momento más importante de este encuentro entre las diferentes facciones, decidiste quedarte dormido?

Incapaz de apartarse mientras Sona seguía sujetándole las mejillas, respondió con una sonrisa nerviosa.

—Perdón, Sona-san... Aún no me recupero del todo de lo que ocurrió en la reunión de ayer. Además, me pasé la noche revisando toda la información que trataremos hoy. Como todavía faltaban unas horas para que comenzara la sesión, pensé que podría descansar un poco para recuperar energías.

La sonrisa de Sona permaneció intacta, aunque ahora resultaba claramente más forzada.

—Oh, qué pena... Nuestro “gran héroe” está muy cansado. Debe de haber sido realmente agotador pasarte la semana entera asistiendo a reuniones durante esta cumbre y permanecer despierto hasta altas horas de la noche revisando todos los informes que yo misma preparé para ti.

Hizo una breve pausa antes de continuar con un sarcasmo cada vez más evidente.

—En ese caso, lamento muchísimo lo que estás pasando. ¿Qué te parece si invento una excusa para justificar tu ausencia y te dejo descansar todo el día mientras yo me encargo absolutamente de todo?

Issei negó rápidamente con la cabeza.

—¡N-No es necesario! Si me dejas dormir unos quince minutos más, te prometo que podré encargarme de todo.

Aquellas palabras agotaron la escasa paciencia que aún le quedaba. Finalmente, la sonrisa desapareció por completo del rostro de Sona y, sin soltarle las mejillas, comenzó a sacudirlo con fuerza de un lado a otro. La cabeza de Issei se balanceaba violentamente mientras apenas lograba mantener la vista enfocada.

—¡Despierta de una vez, idiota! ¡Este es el mundo de los adultos! ¡¿Crees que eres el único que está agotado?! ¡Todos aquí llevamos días trabajando sin descanso! ¡Nadie recibe un trato especial, ni siquiera el gran Pilar de las Facciones! ¡Así que deja de quejarte y ponte de pie de una vez!

Tras unos segundos más, Sona soltó un largo suspiro, liberó las mejillas de Issei y acomodó sus gafas con elegancia, recuperando de inmediato la serenidad que la caracterizaba. Mientras tanto, él se las frotó con una evidente mueca de dolor.

—Muy bien. Ahora levántate, arréglate y procura parecer una persona presentable. La siguiente sesión comenzará dentro de veinte minutos y no pienso permitir que el Pilar de las Facciones llegue tarde.

—Entendido... —respondió Issei.

Sin protestar esta vez, Issei se puso de pie, estiró los brazos para aliviar la rigidez de su cuerpo y comenzó a acomodarse el traje, enderezando la corbata y alisando las arrugas de la chaqueta mientras Sona lo observaba en silencio antes de volver a hablar con un tono mucho más serio.

—Dime una cosa, Issei. ¿De verdad leíste toda la documentación que te entregué para esta sesión?

Issei asintió con tranquilidad.

—Sí. Revisé cada informe, cada propuesta y cada reporte de inteligencia. Incluso comparé la información con los archivos de las sesiones anteriores para asegurarme de que no hubiera contradicciones o datos que se nos escaparan.

Sona guardó silencio durante unos segundos, observándolo fijamente a través de sus gafas. Su expresión se suavizó y, tras dejar escapar un leve suspiro, habló con un tono mucho más sereno.

—Mira, Issei... Sé que estás cansado y, si fui un poco dura contigo, te pido disculpas. Pero también sabes lo difícil que ha sido llegar hasta este punto sin que haya surgido ningún conflicto. No podemos bajar la guardia, especialmente hoy, cuando vamos a tratar el asunto más importante de toda la cumbre.

Issei asintió con seriedad, comprendiendo perfectamente sus palabras. Luego le dedicó una leve sonrisa antes de responder.

—Lo sé, Sona-san. Entiendo perfectamente cómo te sientes. De hecho, si alguien ha cargado con el mayor peso durante esta cumbre, esa has sido tú. Has coordinado los horarios, organizado las reuniones, revisado cada informe y te has asegurado de que todas las facciones pudieran dialogar sin que estallara ningún conflicto. Sé mejor que nadie el enorme desgaste que todo eso ha representado para ti.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Y más aún con el tema que vamos a tratar hoy. No será una decisión sencilla y cualquier error podría afectar el equilibrio que tanto nos ha costado construir. Así que créeme cuando te digo que comprendo perfectamente por qué estás tan tensa.

Aunque Issei ostentaba el prestigioso título dePilar de las Faccionesy era admirado por gran parte del mundo sobrenatural, no todos aceptaban que ocupara aquella posición. Algunos líderes y altos cargos seguían rechazando sus decisiones, especialmente aquellas reformas impulsadas durante los últimos años que afectaban antiguos privilegios y estructuras de poder. Esta oposición llevó a ciertos sectores a organizar conspiraciones para apartarlo, pero todos esos intentos fueron frustrados por Issei y sus aliados, quienes lograron capturar a muchos de los responsables y llevarlos ante la justicia. Aun así, algunos de los verdaderos implicados consiguieron ocultar su participación y continuaron operando desde las sombras, formando nuevas organizaciones clandestinas para recuperar su influencia.

Entre todas ellas, una consiguió destacar por encima de las demás: el Santuario de la Diosa Caída. El origen de la organización y la identidad de sus líderes seguían siendo desconocidos. Lo único que las distintas facciones habían podido confirmar era su rápido crecimiento durante los últimos años, después de absorber numerosas células clandestinas y reunir bajo un mismo mando recursos, combatientes e información. Gracias a ello, su influencia aumentó hasta convertirse en una amenaza que preocupaba a todo el mundo sobrenatural.

Además, el Santuario había llevado a cabo varios ataques coordinados contra puntos estratégicos controlados por demonios, ángeles, ángeles caídos y otras razas, provocando importantes pérdidas materiales y numerosas bajas. Por esa razón, el principal objetivo de la cumbre era establecer una estrategia conjunta para identificar a sus líderes, desmantelar la organización y evitar que alcanzara un nivel de amenaza comparable al que en el pasado representaron la Khaos Brigade, Qlippoth o la Alianza Infernal.

El crecimiento del Santuario también había incrementado la presión sobre Issei. Algunos líderes comenzaban a cuestionar su capacidad para resolver la crisis, señalando que, pese a los esfuerzos realizados, la organización continuaba operando con libertad. Él era consciente de que aquella reunión sería decisiva, pues las decisiones tomadas durante el encuentro no solo podrían determinar el futuro del Santuario, sino también definir si su liderazgo comoPilar de las Faccionescontinuaba siendo aceptado. Por esa razón, había solicitado la ayuda de Sona durante la preparación de la reunión. Confiaba plenamente en su inteligencia, capacidad de análisis y habilidad para coordinar encuentros de aquella magnitud, ya que sabía que, en un momento tan delicado, ella era una de las pocas personas capaces de mantener la situación bajo control junto a él.

Finalmente, el ambiente entre ambos comenzó a relajarse. Después de unos instantes de silencio, Issei esbozó una ligera sonrisa.

—Bueno... ahora que las cosas entre nosotros se han calmado un poco, ¿qué te parece si tomamos un café antes de que empiece la reunión? Aún tenemos tiempo antes de que comience todo, y creo que nos vendrá bien para despejarnos y pensar con calma cómo afrontar los temas que se discutirán hoy.

Sona lo observó durante unos segundos y, finalmente, asintió con una leve sonrisa.

—No me parece una mala idea. La verdad es que un café no vendría nada mal.

Issei sonrió con satisfacción.

—Muy bien. Espérame aquí un momento. Iré a traerlos.

—De acuerdo.

Sin perder más tiempo, Issei salió de la habitación y comenzó a caminar por los amplios pasillos del edificio donde se celebraba la cumbre. A esas horas, el ambiente era relativamente tranquilo. Varios representantes de las distintas facciones se encontraban descansando en sus respectivos cuartos, mientras que otros aprovechaban el tiempo restante para revisar documentos y prepararse para la siguiente sesión.

Después de recorrer algunos pasillos, llegó a una zona de descanso donde había varias máquinas expendedoras. Se detuvo frente a una de ellas, introdujo unas monedas y, tras observar las distintas opciones, seleccionó dos vasos de café caliente.

La máquina emitió un suave zumbido antes de entregar los vasos. Issei tomó ambos con cuidado y emprendió el camino de regreso hacia la habitación donde lo esperaba Sona.

Mientras recorría los amplios pasillos del edificio, repasaba mentalmente los puntos que serían tratados durante la reunión. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que, al doblar una esquina, terminó chocando accidentalmente con otra persona.

—¡Ah...!

El impacto hizo que ambos perdieran ligeramente el equilibrio. Uno de los vasos de café escapó de la mano de Issei y salió despedido por el aire. Durante un instante, el tiempo pareció detenerse mientras el vaso giraba lentamente y el café caliente amenazaba con derramarse sobre la otra persona. Sin embargo, Issei reaccionó por puro instinto y lo atrapó en el último momento. Al mismo tiempo, un pequeño círculo mágico de color carmesí se desplegó bajo su mano y envolvió ambos vasos; un instante después, el café se desmaterializó en partículas de luz y fue transportado mediante magia antes de que pudiera derramarse. Al comprobar que todo había vuelto a la normalidad y que el círculo mágico se desvanecía, dejó escapar un leve suspiro de alivio. Mientras reflexionaba que debía prestar más atención al caminar, se volvió hacia la persona con la que había chocado e inclinó ligeramente la cabeza en señal de disculpa.

—Lo siento mucho. Venía distraído y no me fijé por dónde iba. ¿Se encuentra bien?

Issei levantó la vista para comprobar que la otra persona se encontraba bien, pero las palabras quedaron atrapadas en su garganta al contemplar a la mujer que tenía frente a él. Su belleza parecía desafiar toda lógica.

Su largo cabello rubio caía en elegantes rizos adornados con delicadas flores blancas, enmarcando un rostro de facciones suaves y una piel tan clara como el marfil. Sus profundos ojos azules transmitían una mezcla de elegancia, serenidad y un encanto difícil de describir. Vestía un refinado vestido blanco de inspiración griega, confeccionado con finas telas que envolvían su figura y dejaban al descubierto parte de su escote, su cintura y una de sus piernas. Varias joyas doradas adornaban sus muñecas y caderas, otorgándole un porte digno de la realeza divina. Su sola presencia irradiaba una elegancia y una belleza cautivadoras que la distinguían incluso entre los propios dioses.

Al observarla con mayor detenimiento, Issei la reconoció al instante. Sus ojos se abrieron ligeramente por la sorpresa.

—¡Diosa Afrodita!

La persona con la que Issei había chocado no era otra que la mismísima Afrodita, la diosa del amor. Ella parpadeó un par de veces antes de dirigir su mirada hacia el vaso de café que él había logrado atrapar en el último instante, evitando que el contenido terminara derramándose sobre ella.

Durante unos segundos, ambos permanecieron en silencio, sorprendidos por aquel encuentro completamente inesperado.

Issei recuperó rápidamente la compostura. Sujetando el otro vaso de café con una mano, se incorporó por completo y realizó una leve reverencia en señal de disculpa.

—¡Diosa Afrodita! Le ofrezco mis más sinceras disculpas por lo ocurrido. Venía distraído y no me fijé por dónde iba. Espero no haberle causado ninguna molestia.

Afrodita le dedicó una cálida sonrisa y negó suavemente con la cabeza.

—No te preocupes, Sekiryuutei-sama. Fue solo un accidente. Además, lograste evitar que el café terminara sobre mí, así que no hay nada que disculpar.

Aunque agradeció su comprensión, Issei no pudo evitar sentirse algo extrañado. Frunció ligeramente el ceño, intentando comprender la situación antes de formular su pregunta con cautela.

—Si me permite la pregunta, Lady Afrodita... me resulta un poco extraño encontrarla aquí. Según el edificio fue dividido por zonas para cada panteón. Hasta donde recuerdo, el piso reservado para el panteón griego se encuentra varios niveles más arriba.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—¿Ocurrió algo? Espero no estar siendo inoportuno con mi pregunta.

Afrodita pareció sorprenderse por un instante antes de soltar una pequeña risa, algo avergonzada.

—La verdad... no ocurrió nada grave. Simplemente me aburrí de permanecer todo el tiempo en mi piso mientras esperábamos la siguiente reunión. Pensé que un pequeño paseo por el edificio me ayudaría a despejar la mente.

Se llevó un dedo a los labios mientras sonreía con cierta timidez.

—El problema es que terminé caminando más de la cuenta... y creo que me perdí.

Issei permaneció unos segundos en silencio antes de dejar escapar una pequeña risa.

—Ya veo... eso explica cómo terminó aquí.

Con tranquilidad, señaló el camino correcto.

—Si sigue este pasillo hasta el final y luego gira a la derecha, encontrará el ascensor principal. Desde allí solo tendrá que subir tres pisos y llegará a la zona reservada para el panteón griego. Habrá personal de seguridad en la entrada, así que no tendrá problemas para ubicarse

—Entonces, si no hay nada más que tratar, le pido disculpas, pero debo retirarme. Tengo un asunto bastante importante del que debo encargarme.

Issei estaba a punto de continuar su camino cuando sintió que alguien sujetaba suavemente su brazo. Al girarse, descubrió que Afrodita lo detenía con delicadeza; debido a la cercanía entre ambos, su brazo había quedado apoyado accidentalmente contra ella. La diosa inclinó ligeramente la cabeza y le dedicó una sonrisa amable, con un tono dulce y un ligero matiz juguetón.

—Espere... ¿De verdad planeas irse? creí que alguien tan caballeroso como usted, Sekiryuutei-sama, me acompañaría de regreso.

Issei se sorprendió por un instante. Carraspeó discretamente, recuperó la compostura y respondió con educación.

—Lo lamento, Diosa Afrodita, pero en este momento no puedo hacerlo. Tengo un compromiso importante y debo regresar cuanto antes.

La diosa hizo un leve puchero, fingiendo cierta decepción.

—No seas tan serio, Sekiryuutei-sama. ¿Acaso planeas dejar sola a una pobre dama? Si vuelvo a perderme, ¿cómo podré regresar a mi habitación? Además... podría darte una recompensa por acompañarme.

Afrodita hizo una breve pausa y le dedicó una sonrisa misteriosa, como si sus palabras ocultaran una intención más profunda.

Aquellas palabras hicieron que Issei arqueara una ceja.

—¿Una recompensa?

Afrodita sonrió con un brillo enigmático en la mirada.

—Una recompensa muy especial. Estoy segura de que sera bastante de su agrado.

Durante unos segundos, Issei permaneció en silencio antes de negar suavemente con la cabeza.

—Le agradezco la oferta, pero de verdad no puedo. La reunión comenzará muy pronto y hay alguien esperándome.

Se dispuso a marcharse nuevamente, pero Afrodita volvió a sujetarlo suavemente por el brazo. Aunque su expresión permanecía amable, su sonrisa había adquirido un matiz más seductor, dejando entrever una ligera desesperación en su mirada.

—Parece que no ha entendido a qué me refería cuando mencioné una recompensa... especial.

Issei la observó con una expresión seria.

—Entonces, ¿podría explicarme exactamente qué quiso decir?

Afrodita dejó escapar una breve risa.

—No se haga el inocente conmigo, Sekiryuutei-sama. Sabe perfectamente a qué me refiero. Supongo que debe estar agotado y estresado por todo lo que ha implicado esta cumbre, y probablemente no ha tenido tiempo de atender ciertas... necesidades personales.

La diosa lo miró directamente a los ojos antes de acercarse lentamente y hablarle en un tono dulce y sugerente al oído.

—Así que pensé que, si usted me ayuda a regresar, yo también podría ayudarle a satisfacer esas necesidades suyas. Dígame, ¿acaso no es una recompensa bastante atractiva?

Sin embargo, lejos de reaccionar como ella esperaba, Issei se apartó de la diosa, tomando por sorpresa a Afrodita con aquella acción inesperada. Con una expresión tranquila, pero firme, la miró directamente a los ojos.

—Me temo que ha habido un malentendido entre nosotros, diosa Afrodita.

Con cuidado, apartó la mano de la diosa y dio un pequeño paso hacia atrás.

—Lo siento, pero voy a tener que rechazar esa oferta.

Las palabras de Issei dejaron a Afrodita completamente inmóvil. Durante unos segundos permaneció en silencio, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. La sorpresa dio paso a la incredulidad.

—¿...Me estás rechazando?

Issei asintió con serenidad.

—Así es.

La expresión de Afrodita cambió de inmediato. Su orgullo había recibido un golpe que jamás esperaba.

—¿Cómo te atreves a rechazar una oferta como la que acabo de hacerte? ¿Sabes cuántos hombres habrían suplicado por tener esta oportunidad? Muchos darían cualquier cosa por pasar una noche conmigo.

Issei no perdió la compostura y respondió con la misma tranquilidad.

—Lo siento, Diosa Afrodita, pero tendré que ser el primero en rechazarla. Además, nunca he sido fan del NTR. Estoy felizmente casado con mujeres verdaderamente maravillosas, a quienes amo con todo mi corazón. Si cree que pondría en riesgo la vida y la felicidad que hemos construido juntos por un simple momento de placer, entonces está muy equivocada.

Las palabras de Issei dejaron a Afrodita completamente inmóvil. Durante unos instantes, la diosa permaneció en silencio, procesando el firme rechazo que acababa de recibir. No estaba acostumbrada a que alguien rechazara sus encantos con tanta seguridad, y mucho menos que alguien defendiera con tanta convicción el vínculo que compartía con sus esposas.

Issei aprovechó ese momento para darse la vuelta y comenzar a alejarse con paso tranquilo.

—¿De verdad está tan seguro de que sus mujeres continúan siéndole fieles?

Aquellas palabras hicieron que Issei se detuviera. Permaneció en silencio durante unos segundos antes de girar lentamente la cabeza hacia ella. Afrodita dejó escapar una suave risa y, sin esperar una respuesta por parte de Issei, continuó hablando con un tono cargado de arrogancia, soberbia y provocación

—Dígame, Sekiryuutei... ¿Acaso cree realmente que, mientras usted se encuentra aquí, sus tan estimadas esposas permanecen en casa esperándolo obedientemente, tal como imagina? ¿O cree que, durante todo el tiempo que ha estado aquí, ninguna de ellas se ha sentido sola o insatisfecha y ha terminado buscando consuelo en la cama de otro hombre?

Issei la observó en silencio mientras la diosa continuaba hablando con una sonrisa burlona sigo hablando

—Había escuchado que era un esposo amoroso y atento con sus mujeres, Sekiryuutei... aunque, si me permite decirlo, también me parece bastante ingenuo al confiar tan ciegamente en ellas, especialmente en aquellas que pertenecen a la facción demoníaca. Es bien conocida la naturaleza apasionada y lujuriosa de los demonios; ni hablar de los miembros de la alta nobleza, cuyas constantes aventuras amorosas son prácticamente un secret

Sin embargo, antes de que pudiera terminar de pronunciar aquellas palabras, su sonrisa desapareció por completo. En ese instante, una abrumadora aura brotó del cuerpo de Issei y se extendió por todo el pasillo, haciendo que el ambiente se volviera pesado y opresivo. Afrodita sintió un violento escalofrío recorrerle el cuerpo mientras sus piernas comenzaban a temblar de forma involuntaria. Por primera vez en muchísimo tiempo, el miedo se apoderó de ella y una intensa sensación de desesperación oprimió su pecho, pues una gélida intención asesina dirigida exclusivamente hacia ella la envolvió por completo.

Lo que emanaba de Issei no era una explosión de ira descontrolada, sino una calma absoluta acompañada de una intención asesina tan fría e implacable que resultaba infinitamente más aterradora. Cuando terminó de girarse hacia ella, su expresión permanecía serena, pero sus ojos reflejaban una frialdad glacial que hizo que Afrodita sintiera un nudo en la garganta. Incapaz de apartar la mirada, tuvo la aterradora certeza de que, si Issei así lo decidía, podría acabar con su vida en ese mismo instante

Entonces, Issei habló con una voz calmada, pero firme.

—Diosa Afrodita... me parece que todavía hay algunas cosas que no han quedado claras entre nosotros, así que permítame decirlas una vez más. Estoy felizmente casado con mis esposas, y ellas son las únicas mujeres con las que mantengo ese tipo de intimidad. Y, en el hipotético caso de que algún día decidiera estar con otra mujer que no fueran ellas, esa persona tendría que cumplir ciertos requisitos.

Levantó un dedo.

—Primero, tendría que ser alguien a quien conociera profundamente y con quien existiera un amor sincero y mutuo.

Levantó un segundo dedo.

—Segundo, tendría que ser una persona en la que pudiera confiar plenamente; alguien que jamás me traicionara, que no se acercara a mí con intereses ocultos y que permaneciera a mi lado incluso en los momentos más difíciles.

Finalmente, levantó un tercer dedo.

—Y tercero, tendría que ganarse la confianza y la aprobación de todas mis esposas para, solo entonces, formar parte oficialmente de mi harén.

Issei guardó silencio durante unos segundos antes de mirarla directamente.

—Y permítame decirle algo con toda sinceridad, diosa Afrodita. Usted no cumple ninguno de esos requisitos, así que le agradecería que dejara de insinuarse y de intentar poner a prueba la confianza que existe entre mis esposas y yo, ya que no me gustaría provocar un altercado innecesario con la facción griega.

Tras pronunciar aquellas palabras, Issei se dio la vuelta y continuó su camino sin mirar atrás, dejando a Afrodita completamente petrificada. Solo cuando la presión de aquella aura comenzó a disiparse, la diosa recuperó lentamente el control de su cuerpo; sin embargo, sus piernas ya no pudieron sostenerla y terminó cayendo de rodillas al suelo mientras intentaba comprender lo que acababa de suceder. Durante toda su existencia como diosa del amor y la belleza, Afrodita jamás había enfrentado una situación semejante, pues a lo largo de los siglos innumerables seres habían quedado cautivados por sus encantos y habían buscado obtener su favor. Encontrarse con alguien capaz de mantenerse firme ante ella era algo que nunca había contemplado.

Pero Issei no solo había rechazado su propuesta sin vacilar, sino que además se había atrevido a mirarla directamente a los ojos y decirle que no cumplía los requisitos necesarios siquiera para que él aceptara compartir una noche con ella. Aquellas palabras fueron un golpe devastador para su orgullo, una humillación que jamás había experimentado en toda su existencia como diosa del amor y la belleza. La sorpresa inicial fue reemplazada rápidamente por una mezcla de miedo, ira y resentimiento que comenzó a apoderarse de ella. Sus manos se cerraron con fuerza mientras observaba la espalda de Issei alejándose por el pasillo, incapaz de apartar la mirada del hombre que había desafiado todo aquello que ella representaba.

Con la voz baja y cargada de resentimiento, Afrodita murmuró mientras su expresión se endurecía:

—Esto... esto no se va a quedar así, Sekiryuutei. Te arrepentirás de haberme tratado de esta manera

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