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Inmortales: Reencarnada por la luna

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Summary

¿Qué harías si la muerte no fuera el final? Bethany murió intentando escapar del hombre que la mantuvo cautiva durante años. Pero cuando abre los ojos, ya no es humana. Ahora es Nerea, una loba en un mundo gobernado por manadas, alfas y lunas. Acusada de brujería y condenada al destierro, deberá descubrir por qué reencarnó allí y qué secretos esconde su nueva vida. Porque quizá su muerte no fue el final... Quizá fue el comienzo de algo mucho más peligroso.

Genre
Fantasy
Author
SunnieG
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Capítulo #1

Me desperté a medianoche, como lo tenía planeado. El corazón me latía con fuerza y, por más extraño que pareciera, sentía que cada latido que daba se escuchaba por toda la oscura y silenciosa casa. Me maldecía a mí misma por no poder controlarme.

—Maldición, Bethany. Si no te controlas, nos matarán —murmuré para mí.

Y aquello no era solo palabrería. Conocía a Julián mejor que nadie y sabía que, si me encontraba, me mataría sin pensarlo dos veces.

Había terminado con él, no por gusto, sino por mi padre, quien me había ofrecido a cambio de una deuda que mantenía desde hacía varios años...

~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~

—Quédese con mi hija, Beth. Le aseguro que será de utilidad. Puede hacer con ella lo que desee, pero déjeme vivir.

~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~

Recordé las frías palabras de mi padre y la sonrisa macabra de Julián, quien parecía haber ganado un enorme premio. Después de eso, mi vida se convirtió en un enorme abismo y la casa, donde ahora estaba mi hogar, se sentía tan triste y fría.

Julián, a pesar de nunca llegar a golpearme, me amenazaba constantemente cada vez que mencionaba que quería salir a comprar alguna cosa que me hiciera falta o solo a distraerme. Tomaba un cuchillo y se acercaba a mí, apuntándome, recordándome que aún estaba viva porque él así lo deseaba, dejándome sin comer durante días con la excusa de que así aprendería a valorar mejor sus gestos de amabilidad hacia mí.

Pero hoy todo aquello habría terminado. Llevaba semanas planeando mi escape de esta prisión. Por fin sería libre.

Sonreí y terminé de empacar mis cosas, las cuales había estado moviendo para ocultarlas semana tras semana, con la excusa de que quizá se habían roto, manchado o simplemente extraviado en el viaje hacia la lavandería.

Colgué la pequeña bolsa sobre mis hombros y avancé hacia la puerta con aires de esperanza por una vida mejor. Tenía todo planeado en mi mente: cambiaría mi nombre, me iría del país, viviría de algún trabajo por internet que me evitara salir de casa si no era necesario, al menos durante los primeros años, mientras Julián se olvidaba de mí.

Giré la perilla de aquella enorme puerta y, en ese momento, debido a la gran euforia que sentía por poder ser libre, no me di cuenta de un detalle demasiado importante...

Todo estaba siendo muy fácil...

No recordé que Julián tenía ojos y oídos en cada rincón de esta maldita casa.

Y entonces, justo ahí, cruzando la puerta, estaba él, parado con las manos dentro de los bolsillos de su traje, sonriendo como la primera vez que lo vi. Sus ojos oscuros se clavaron en los míos.

—¿Adónde ibas, Bethany?

Su voz se escuchó melodiosa y condescendiente, pero detrás había un claro tono de amenaza que yo entendía a la perfección.

Debí correr, pero no podía moverme de mi sitio. Podía sentir el temblor por todo mi cuerpo. Incluso parecía que el corazón podía detenerse en cualquier momento por lo rápido que iba.

Él se acercó a mí, sacando una mano del bolsillo de su pantalón y sosteniendo una pequeña navaja, la cual reconocía muy bien. Era la misma con la que amenazaba a mi padre en sus días de cobro, la misma con la que dejaba cicatrices en rostros y más.

—Te di oportunidades, Beth, y aun así decidiste escapar de mí...

Aquello fue lo último que escuché decir antes de que aquella navaja fuera presionada sobre mi cuello con fuerza. Pude sentir cómo la carne se abría y entonces lo entendí.

Iba a morir.

Caí al suelo, sosteniendo mi cuello con fuerza. Traté de presionar lo más que pude, pero parecía no ser suficiente. Sentía cómo, poco a poco, perdía la fuerza. Miré la puerta, que se mantenía abierta, dándome una vista hacia el jardín, y traté de arrastrarme con mis últimas fuerzas.

Aún podía irme.

Aún podía ser libre...

~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~

Sentí mi frente húmeda y el tintineo de unas cadenas me hizo recobrar la conciencia. Intenté moverme, pero algo me sujetaba por las muñecas. Mis ojos se negaban a abrirse y, poco después, volví a caer en un profundo sueño.

No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando recobré la conciencia, parecía estar en un sitio completamente diferente al primero. Ahora las sensaciones eran frío e incomodidad. Podía sentir que estaba sobre algo duro. También sentía dolor en las muñecas, donde antes parecía tener algo que me sujetaba con fuerza.

Por más que lo intenté, mis ojos se negaban a abrirse todavía.

—Dejémosla aquí. Cuando se despierte, la vendremos a ver. Nos encargaron vigilarla hasta que su juicio se lleve a cabo.

¿Juicio? ¿Vigilarme?

No entendí nada. Incluso sabía que estaban diciendo otras cosas, algo así como nombres muy extraños y cosas que no comprendí del todo.

Nuevamente sentí cómo me quedaba dormida sin poder detenerlo.

—¡Oye, tú!

Alguien me dio un par de palmadas en la mejilla con brusquedad. Me quejé un poco, pues aquello me había dolido. No reconocía la voz, pero, por más que intentaba, mis fuerzas aún no eran suficientes para poder observar mi alrededor.

—Despierta ya, mocosa.

Aquellas palabras fueron acompañadas por un fuerte jaloneo que me tumbó de la superficie donde me encontraba. Fue ahí cuando finalmente pude despertar.

Mis ojos se abrieron lentamente y lo primero que vi fueron unas botas negras, un poco manchadas por el lodo.

—Muévete, niña, o nos encarcelarán a los tres juntos —dijo otra voz que se escuchaba lejana.

Un fuerte agarre me levantó del suelo, colocándome nuevamente sobre aquella superficie fría y dura. Entonces lo vi, un poco borroso aún y con molestias por la luz que entraba de no sé dónde.

Era un joven, quizá de la misma edad que yo. Su cabeza estaba cubierta por una especie de casco. Parecía algún tipo de militar o algo cercano a eso.

—Su juicio empezará pronto. Nos han enviado a recogerla.

¿Juicio? ¿De qué juicio hablan? ¿Dónde se supone que estoy? ¿Dónde está Julián?

Todas esas preguntas se arremolinaron en mi mente, pero mi boca no fue capaz de pronunciar ninguna.

La persona que se encontraba ajena a nuestra conversación se acercó por detrás y colocó lo que se sentían como unas esposas. El escozor de mis muñecas volvió. Parecía que las había tenido puestas durante mucho tiempo y me habían causado heridas en la piel, si es que aún tenía piel.

Me dieron un leve empujón por la espalda, obligándome a ponerme de pie y caminar. Obedecí a pesar de no entender nada.

Salimos y la luz me pegó de lleno. Mis ojos se cerraron por instinto. Me llenó un olor a hierba y tierra y me obligué a mirar el lugar donde me encontraba.

Era algo parecido a un bosquecillo. Estábamos rodeados de árboles y superficies rocosas. Me tomó un poco acostumbrarme a los distintos aromas y colores.

Giré la cabeza para ver dónde me había encontrado todo este tiempo. Era una pequeña casa de piedra. Me recordaba un poco a las casas que aparecían en los cuentos infantiles que leía de niña. No tenía ningún color por fuera; solo sobresalían las piedras con las que estaba construida y, junto a ella, no muy lejos, se encontraba una casa de campaña. Asumí que posiblemente era donde se encontraban las personas que ahora me acompañaban a mi dichoso juicio.

Caminamos no sé por cuánto tiempo. El silencio era incómodo. Ellos no hablaban más que lo necesario. Me decían que caminara más rápido o que me fijara por dónde iba; por mi parte, aún no lograba pronunciar palabra.

Finalmente llegamos.

En mi mente había escenarios distintos: una enorme mansión o quizá una prisión en medio de la nada donde me torturarían.

Seguía pensando en Julián. Me estremecí al recordar la sensación de su navaja contra mi cuello. Si tan solo tuviera las manos libres, podría tocarme la zona; así sabría si estaba soñando o si de verdad había pasado.

Todos los pensamientos de mi mente desaparecieron cuando me encontré frente al lugar de los "juicios".

Una enorme piedra redonda se encontraba en el centro de un círculo de gente. Emanaba un olor ácido mezclado con metal. No podría describir el olor, pero era insoportable. Mi estómago se revolvió a tal punto que estuve a punto de ponerme en cuclillas para vomitar.

Me sujetaron de los brazos cuando sentí que me caía. Fue entonces cuando bajé la mirada y me di cuenta de que estaba vestida con una especie de vestido, manchado por tierra, sangre y suciedad. Parecía que llevaba tiempo con él.

—Tráiganla.

Ordenó una fría y severa voz. Mi mirada no logró encontrar al propietario de esta.

Prácticamente tuvieron que arrastrarme hasta el sitio. Cuando me soltaron con brusquedad, caí sobre mis rodillas. Me estremecí del dolor y los ojos se me llenaron de lágrimas.

—Bien, empezaremos la ceremonia.

La misma voz habló, ahora detrás de mí. Todos los presentes estaban en silencio, pero poco a poco ocurriría algo que jamás habría pensado y, seguramente, si me lo hubiesen contado, tampoco lo habría creído. Habría tachado de loco a quien me lo dijera.

Uno a uno, los que se encontraban en el círculo se convertían en enormes lobos frente a mí. Todos eran de colores diferentes y, en ese momento, me convencí de que todo era un sueño. Estaba soñando o alucinando en mis momentos de agonía.

Sonreí.

Seguramente era eso. Estaba agonizando aún y empezaba a alucinar cosas que no estaban ahí.

—Nerea, tu sentencia ha sido dictada por nuestro Alfa y Luna.

Otra voz habló. Se escuchaba lejana, pero, por algún motivo, sentía que estaba cerca.

De pronto, un enorme lobo negro se colocó frente a mí. Sus enormes ojos rojos me miraban fijamente. Emanaba un aura amenazante, pero, aun así, me sentí hipnotizada por unos minutos, queriendo liberar mis manos y acariciar su pelaje.

Fue como si su presencia llenara mi alma, como si solo necesitara estar cerca suyo para saber que todo estaba bien.

Solo existíamos aquel lobo y yo.

Lo observé detenidamente. Sentí que él también me estaba estudiando con detenimiento. De repente, escuché una voz provenir de mi cabeza.

—Nerea, te rechazo como mi pareja a partir de ahora y para siempre. Además de eso, serás desterrada y vivirás a las afueras del bosque. Tienes prohibido acercarte a cualquier miembro de esta manada y no podrás ser acogida por ninguna manada que pertenezca a nuestra alianza.

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