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DC Infected Never Die

Summary

Un virus similar al de Crossed o The Sadness ha llegado al Universo DC. La Liga de la Justicia deberá enfrentar a sus compañeros convertidos en caníbales violadores, o caer como sus victimas.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

#1: The Infection Begins

«A lo largo de los años, he probado muchas formas de matar a Superman», pensaba Lex Luthor mientras el elevador donde se encontraba iba descendiendo a un ritmo ciertamente desesperante para sus apresurados anhelos. «Robots con kryptonita en el pecho.

Armaduras sumamente avanzadas.

Humanos con entrenamiento.

Humanos genéticamente alterados.

Clones imperfectos, que al final se pusieron de su lado.

Amenazas místicas.

Hasta manipule a miembros de su propia raza para que lo enfrenten.

Todos fallaron. Ese maldito boy scout siempre salió ganando».

Las puertas del elevador se abrieron, y Luthor camino por un pasillo largo y de un color gris metálico, únicamente iluminado por grandes lámparas rectangulares en el techo. «Casi me parece estúpido que esto no se me haya ocurrido antes». Luthor llegó hasta una enorme puerta, y al costado de esta se encontraba un traje hermético de color amarillo con una gran mascarilla de plástico. El magnate se lo empezó a colocar con rapidez y cuidado, mientras su mente de genio seguía trabajando. «Uno de los más grandes enemigos de la humanidad han sido los virus. Las enfermedades en general han diezmado países enteros y casi nos llevan a la extinción. ¿Por qué no podría pasar lo mismo con Superman?». Lex tocó unos botones en un panel y la enorme puerta se abrió, permitiéndole ingresar al área del laboratorio. Allí, como en días anteriores, lo estaba esperando su conejillo de indias.

—¿Cómo te sientes, Bizarro? —preguntó con falso intereses.

—Mi estar bien, pero no entender porque seguir inyectándome —preguntó Bizarro cuyo deforme cuerpo parecía incluso más grande que antes, aproximándose a las dimensiones de Solomon Grundy.

—Ya te lo expliqué, amiguito —dijo Lex con una amplia sonrisa mientras preparaba una jeringa—. Estas inyecciones te harán más fuerte que Superman. Eso es lo que quieres.

—Si mi ser más fuerte que Superman, ¿gente quererme más qué a Superman?

—Obviamente. Todos te amaran. «¿Quién podría amar a un ser tan monstruoso e idiota?» —pensó Luthor mientras veía al clon sonreír—. Ahora, estira tu brazo.

Bizarro obedeció sin quejas a la orden de su creador, el cual le acercó la jeringa —cuya aguja estaba hecha de kryptonita— hasta que perforó su piel. «Preferiría usar un espécimen en plenas condiciones, pero debo conformarme con esta bestia estúpida. De todas formar, fue una suerte encontrarlo hace tantos años» pensaba Luthor, mientras veía como el líquido abandonaba la jeringa.

—Muy bien, Bizarro, eso es todo por hoy. Recuerda que si sientes algo extraño debes apretar aquel botón y hablar —dijo mientras señalaba el botón, solo para asegurarse de que Bizarro entendiera.

—¿Mi deber quedarse aquí?

—Así es, por ahora. Mira un poco más de televisión.

—Esta bien —aceptó Bizarro, aunque no se veía muy feliz.

«Al menos estas dos semanas aquí abajo con la televisión mejoraron su habla», pensó Luthor mientras veía como el clon se recostaba en el sofá. «Si no logro que el virus lo infecte al menos podre decir que le enseñe a hablar a un chimpancé». Luthor salió de aquella habitación y dejó atrás su traje hermético. A paso firme, y con su mente ocupada, se encaminó al elevador. «He tenido acceso a cada muestra de las enfermedades más mortales y las más contagiosas a la que la humanidad se ha podido enfrentar, incluso a algunas enfermedades de origen alienígena, cortesía de los cuerpos de invasores que quedan por las calles cada que Superman y sus súper amigos hacen gala de su tan cacareado poder. Uniendo los genotipos de varias he logrado crear una nueva enfermedad degenerativa que se encuentra mutando constantemente, por lo que encontrar una cura sería casi imposible. Pero estoy intentando crear una enfermedad capaz de afectar a un kryptoniano, y eso se dificulta por su factor curativo. Pero con la base defectuosa del ADN de Bizarro, podré lograrlo. Después de todo, ¿Quién más podría hacerlo si no soy yo?».

Bizarro observaba plácidamente su televisión, cambiando de canales de forma aleatoria. Al lado suyo tenía una enorme bolsa llena de caramelos, de la cual agarraba grandes puñados con su mano. Y sin molestarse en sacarle los envoltorios, se los lanzaba a la boca para devorarlos. Masticando entre carcajadas, miró durante unos momentos una vieja repetición de Los Tres Chiflados. Pero esa carcajada pronto se volvió una fuerte tos seca, que obligó al “clon” a arrodillarse en el suelo. La cabeza le empezó a doler con gran intensidad, y hasta podía jurar que sentía su cerebro palpitar. Terminó vomitando una gran cantidad de sangre, en la cual se vio reflejado con gran temor. Pero ese temor se volvió una enorme furia hacia la persona que —según él— era el responsable de su malestar: Lex Luthor.

El magnate observaba desde la ventana de su pent-house como una tormenta se cernía sobre la ciudad. La oscuridad de la noche parecía intensificarse, con pequeños momentos donde los relámpagos encendían una luz. Y contemplando aquel bello escenario de la naturaleza con una copa de vino en su mano derecha, su mente no dejaba de trabajar.

—Lex —habló una mujer, cuyas manos no tardaron en rodear el torso del varón—. ¿Qué problemas aleja a un esposo del lecho donde lo espera su mujer?

—Lo mismo que las noches anteriores, Érica.

Érica Alexandra del Portanza era el nombre al que respondía la mujer, cuyo mentón se apoyaba sobre la clavícula de Luthor. Aunque la mayoría la conocía como Érica Luthor; esposa de Lex Luthor.

—¿Sigues intentando enfermar a Bizarro? —preguntó la mujer, apartándose de su marido.

—Probé un nuevo virus degenerativo —aseguró Lex—. Por los ensayos que hice en ratas, no sólo afectará su cuerpo, sino que también alterará su mente hasta el punto de la locura. Después su cerebro empezará a degradarse como el de una persona con cáncer cerebral o alzhéimer. Al final, después de un comportamiento errático y violento, simplemente quedará como un vegetal.

—¿Eso no provocaría la lastima de Metrópolis?

—Hay posibilidades muy altas de que lo asesinen antes de llegar a ese punto. Un Superman enloquecido es demasiado peligroso, y ya sea el Gobierno o sus propios compañeros, van a verse en la obligación de ir con todo contra él.

—Creí que tu querrías matarlo —aseguró la mujer.

—Ya sería demasiado evidente que yo tuve algo que ver —aseguró Luthor—. Y aunque me encantaría ver su mirada miserable apagarse bajo la presión de mi suela, me tendré que prohibir ese placer.

La conversación se vio interrumpida por un pequeño sonido proveniente del reloj de pulsera de Luthor. Este lo observó extrañado por un momento, notando el pequeño titilar de la luz roja. Tan pronto reaccionó se dirigió a paso firme hacia la laptop que guardaba en su mesa de luz, y al abrirla se metió directamente en las cámaras de seguridad de LexCorp.

—¿Pero qué...?

Luthor no pudo terminar la frase por la impresión. Varias cámaras habían sido destruidas junto con gran parte de sus instalaciones. Los cuerpos del personal nocturno se encontraban destrozados, e incluso algunos a medio devorar. Lex se centró en una de las cámaras, donde se veía como Bizarro avanzaba a paso lento hacia algunos guardias que le disparaban al pecho, pero sin efecto alguno.

—Luthor —vociferó Bizarro, cuyos ojos azules se habían vuelto completamente rojos—. ¡Tráiganme a Luthor! ¡Bizarro comerse las entrañas de Luthor!

Bizarro usó su aliento incendiario y, cual dragón medieval, escupió una gran cantidad de fuego que envolvió a los guardias. Entre gritos de inmenso dolor, los uniformados corrieron y se arrastraron de forma errática. El “clon” imperfecto corrió a gran velocidad hacia uno y lo tomó del cuello. Sin pensarlo mucho, le dio un gran mordisco en la cabeza. Al arrancarle un pedazo, empezó a masticar y saborear con gran placer los pedazos de cráneo y cerebro de su víctima. Y Luthor, junto a su esposa, observó en silencioso horror como Bizarro devoraba aquel cerebro como si se tratase de un zombi.

—¿Qué es eso? —preguntó con temor Érica.

—La enfermedad —afirmó Luthor—. Los Metallos con kryptonita se vieron incapaces de frenar a un Bizarro completamente enloquecido, y él logró salir del laboratorio subterráneo.

—¿Eso es lo qué querías provocar en Superman?

—Todo sigue bajo control —aseguró Luthor—. Superman aparecerá pronto para bañarse en la gloria de detener a Bizarro. Y después de que lo haga, solo me quedará poner un poco de este virus en la comida de Clark Kent. Es una lastima las personas que morirán en el proceso, pero es lo necesario para que haya un mundo mejor para nuestro hijo; un mundo sin Superman.

Las instalaciones de LexCorp se encontraban en llamas, con explosiones a cada momento. Bizarro sostenía del rostro a una científica que lloraba desconsolada, mientras luchaba inútilmente de apartar al “clon” con sus manos. Pero todo se detuvo cuando los dientes de Bizarro atravesaron su piel y cráneo, logrando arrancar pedazos de su cerebro. Y arrancó con sus dientes cada pedazos de cerebro, como un perro que come de su plato. Con sangre y saliva cayendo por su mandíbula, dejó caer el cuerpo inerte de la mujer al suelo. Pero sus ojos se fijaron en el prominente busto de la fémina, y en su alterada mente no pudo evitar preguntarse el sabor de aquellos senos. Cual animal rabioso, el ser deforme se arrojó sobre el cuerpo de la difunta y le arrancó de un tirón la tela que cubría sus voluminosos pechos. Bizarro llegó a babear encima de estos, aunque su saliva más bien parecía espuma. Y sin que se diera cuenta, una gran erección se hacía notar en sus pantalones. Sin poder soportar más sus bajos instintos, sumergió su rostro entre los pechos de la muerta, empezando a morderlos como un animal salvaje. Pedazos de carne, nervios y grasa salían desprendidos por las poderosas mordidas de aquella bestia, de cuyas mandíbulas caía la sangre de sus victimas. Bizarro devoraba con gran éxtasis, pero su banquete sería interrumpido por una figura que atravesó una de las paredes.

—Bizarro, ¿qué has hecho? —preguntó Superman.

—Los cerebros —habló Bizarro, con un pequeño temblor en su cuerpo—. Los cerebros son deliciosos, mucho más que los intestinos. Pero estos —dijo mientras alzaba entre sus manos los restos destrozados de los pechos de su victima—, son un manjar.

Bizarro dio un paso hacia adelante, pero Superman se mantuvo firme en su lugar. Con todos sus músculos tensos, el hombre de acero estaba preparado para el combate inminente.

—Luthor me hizo esto —murmuró, con la mirada perdida por unos segundos.

—Déjame ayudarte —pidió Superman, intentando calmar a su clon.

—Superman ayudar personas...

Bizarro rugió como un animal herido y corrió al ataque, pero Superman se movió rápidamente a un costado para esquivarlo.

—¡Bizarro siempre querer ser como Superman pero personas que Superman defender, odiarme! ¡Bizarro matar y comer a personas que Superman defender!

Bizarro y Superman chocaron, empezando un feroz forcejeo mientras el suelo se agrietaba bajo sus pies.

—¡Bizarro comer Luthor! ¡Y comer Superman también!

Bizarro escupió fuego directamente al rostro de Superman, provocándole un gran dolor al héroe. Sin embargo, este contraatacó con su aliento gélido hasta lograr congelar la boca de su enemigo. Rápidamente le conectó un veloz derechazo que mandó a volar al “clon” hasta salir del edificio. La lluvia bañó el cuerpo de Bizarro mientras se estrellaba contra el pavimento, dejando un enorme cráter. El infectado se levantó con furia, mientras los truenos y rayos explotaban por detrás suyo.

—¡Quédate en el suelo! —gritó Superman, desde el cielo—. ¡Lo único que quiero es ayudarte!

Superman aterrizó con cautela mientras Bizarro observaba a sus alrededores, notando las patrullas de policía, las ambulancias y los camiones de bomberos. Luego observó a Superman, y gruñendo de dolor se tomó de la cabeza. Bizarro se inclinó mientras gritaba con desesperación y observó con odio a aquel quien antes fue su mayor admiración.

—¡Dolor! —gritó de forma gutural, desgarrando su garganta—. ¡Tú provocar dolor en mi!

Bizarro clavó sus uñas en su cabeza, y con gran desesperación se empezó a desgarrar la piel. Con su propia sangre cayendo al suelo, provocó tal sorpresa en Superman que incluso lo logró hacer retroceder.

Bizarro voló hacia Superman y logró derribarlo, empezando a golpear con inmenso salvajismo al héroe. La sangre cubrió los puños del infectado, antes de que este se arrojara con la mandíbula abierta hacia el rostro del hombre de acero. Superman gritó de dolor mientras sentía como la piel de su mejilla era arrancada por los dientes de Bizarro, quien masticaba con gran placer. Los ojos del héroe resplandecieron antes de disparar con gran furia su visión de calor directo al rostro de Bizarro, logrando hacerlo retroceder. Cuando la visión de calor se detuvo, un golpe con los dos puños al pecho logró alejar al villano.

«Ha enloquecido. Nunca lo vi tan violento y desatado». Superman se puso de pie, mientras veía como Bizarro hacia lo propio entre gruñidos y rugidos. «No puedo contenerme con él. Si no lo detengo pronto, podría matarme. Lo siento, Bizarro».

—Superman lastimarme —vociferó Bizarro, dando pasos torpes hacia adelante—. El monstruo rojo matarme. Luthor lastimarme. ¡Superman matarme querer también! —Bizarro sacudió con furia la cabeza, como un perro rabioso que sacudía un gato en sus fauces. —¡Bizarro comerse sus cerebros! ¡Bizarro comerse sus corazones!

—Te has convertido en un monstruo, Bizarro —aseguró Superman mientras empezaba a elevarse del suelo—. Y voy a detenerte.

Superman y Bizarro salieron volando el uno hacia el otro, y sus puños chocaron con gran fuerza. Una onda expansiva hizo vibrar el suelo y los edificios, mientras los dedos de ambos kryptonianos se entrelazaban. Superman fue más rápido y le conectó un rodillazo a la mandíbula de su clon, antes de arrojarlo bruscamente hacia el cielo. Sin perder tiempo, salió volando hacia él mientras le disparaba su visión de calor al rostro y pecho. Con una furia que nacía de sus entrañas y cegaba sus ojos, Kal-El llegó hasta su enemigo para propinarle millones de golpes a la velocidad de la luz en el rostro y el torso. Bizarro escupió sangre y dientes antes de darle una patada frontal a Superman en el pecho, cosa que solo sirvió para alejarlo un poco. Los ojos del clon brillaron en azul y disparó su visión congelante mientras Superman hacía lo propio con su visión de calor. Ambos poderes chocaron sin que pudieran sobreponerse. Pero algo logró llamar la atención de Superman, al punto que casi le hizo perder la concentración. El héroe decidió moverse a un costado para esquivar el ataque de su enemigo, y rápidamente se le acercó para propinarle un izquierdazo en la mandíbula. Sabiendo que solo había ganado unos pocos segundos, descendió rápidamente para ver como las personas se estaban atacando entre ellas. Pero no era simplemente una pelea. Superman vio con horror como el caos y la barbarie parecía haber poseído a los ciudadanos, quienes se estaban masacrando entre ellos. Vio a una mujer arrancarle el miembro a un enfermero con los dientes. A un policía estrellar la cabeza de otro contra el parabrisas de la patrulla. Incluso había un grupo de bomberos sosteniendo a un perro que ladraba y lloraba de dolor al tener una manguera metida en su recto. Y su estómago se iba hinchando conforme el agua lo iba llenando.

Superman quedó en shock al ver un espectáculo tan dantesco tomar forma frente a sus ojos. Su mente —afectada por una creciente fiebre que recorría su ser— no podía procesar como en cuestión de minutos todo se había ido al infierno. Y en esos momentos, los pensamientos sobre su familia vinieron a su mente.

—¡Bizarro! —gritó Superman mientras se volteaba y alzaba la mirada, notando que su clon también observaba el caos—. ¿Qué es lo que le has hecho a estas personas?

—Bizarro comer —aseguró el clon—. Bizarro morder y comer, pero algunos más sabrosos que otros. Algunos saber mejor, y otros dejar de lado.

—Tú, maldito engendro —vocifero Superman, apretando los dientes y respirando con gran dificultad—. Maldito pedazo de mierda deforme. ¡Te voy a matar!

Superman, furioso y enloquecido, voló hacia Bizarro y le conectó un feroz golpe al hígado que le hizo vomitar grandes cantidades de sangre. Tras esto le propinó un golpe ascendente a la mandíbula, provocando que el clon se alzara por los cielos. Bizarro intentó estabilizarse pero Superman lo sujetó del símbolo invertido en su pecho antes de arrojarlo hacia la azotea de LexCorp, provocando que la atravesase. Fue tanta la fuerza, que le arrancó el escudo del traje. Y un trueno retumbó, con los rayos cruzando detrás del héroe enloquecido.

Superman descendió sobre Bizarro, pisándole las costillas con tanta fuerza que se las quebró. El clon escupió más sangre, casi ahogándose con ella, antes de recibir un poderoso derechazo en el rostro. Y tras el golpe recibió la visión de calor de Superman, quien decidió alternar ese ataque con los impactos de sus puños. Sin cesar los ataques, ambos combatientes iban destrozando el suelo y bajando de piso por la ya dañada torre.

—¡Nunca fuiste más que una maldita copia deforme de lo que yo soy! —gritó Superman, mientras sus puños se bañaban en la sangre de su enemigo—. ¿¡Realmente creíste qué podrías llegar a ser como yo!? —preguntó mientras su visión de calor quemaba parte de la piel del clon—. No eres diferente a un estúpido niño retrasado, a los que todos le dicen que es especial por lastima.

Superman se detuvo y tomó a Bizarro del cuello, con tanta fuerza que le impedía al clon respirar. Este se retorcía por la desesperación, pero Superman respondió disparándole su visión de calor directamente a los ojos.

—Sinceramente, Bizarro —exclamó Superman, sonriendo mientras descargaba su visión calorífica sobre su clon—. Los retrasados como tú no son más que abortos mal hechos—. Superman se detuvo y tomó del cuello a Bizarro, con tanta fuerza que amenazaba con rompérselo en cualquier momento. —¿Quieres la verdad, hijo? —preguntó de manera cínica—. Tú nunca fuiste un clon defectuoso —aseguró mientras aproximaba su rostro al del contrario—. Tú, pequeño aborto fallido, eres lo que pasa cuando una pequeña y puta kryptoniana seduce a su primo y termina embarazada.

Superman dejó caer a Bizarro y lo embistió con ambos puños en el pecho. Descendiendo entre puñetazos, la torre terminó por derrumbarse por las ondas expansivas.

Lois Lane, junto a su hijo Jon, observaban por una ventana como el edificio de LexCorp se derrumbaba. La mujer se llevó la mano a su pecho, sintiendo una fuerte punzada en este.

—Clark —murmuró Lane.

—¿Debería ir a ayudar a papá? —preguntó Jon Kent.

—No, Jon. Estoy segura que tu padre tiene la situación bajo control.

Superman se encontraba parado entre las ruinas, con las rodillas flexionadas y mirando sus manos cubiertas de sangre. La lluvia parecía querer cesar, pero un trueno la hizo empeorar cuando Superman apretó los puños. Y el resplandor en los cielos, provocado por los relámpagos, reveló la nueva naturaleza del más grande héroe de todos. «Bizarro estaba enfermo. Sea lo que sea que le haya hecho Luthor, logró contagiarlo a otros». Superman caminaba a pasos torpes, casi tropezando en más de una ocasión. El mayor héroe de todos cayó de rodillas al suelo y clavó sus dedos en este. Sujetando polvo y piedra, apretó los puños antes de gritar con furia e impotencia al cielo, el cual le respondió con truenos y rayos. «Siento mis tripas retorcerse. Siento una furia demencial apoderarse de mi ser, como un horrendo monstruo buscando salir de mi interior. Me desgarra y corrompe mi alma. Debo... debo advertirles». Superman se llevó su mano temblorosa al oído derecho, donde descansaba el pequeño auricular que los miembros de la Justice League usaban para comunicarse.

—Enviar mensaje de emergencia a todas las líneas codificadas —exclamó Superman, en medio de fuertes exhalaciones—. Aquí Superman para cualquier héroe que me este escuchando. Lex Luthor infectó a Bizarro con una especie de virus que lo enloqueció. Esta enfermedad ha infectado a varios ciudadanos de Metrópolis, obligándolos a matarse entre ellos y hacer todo tipo de actos inimaginables.

Superman gruñó mientras con su mano libre se tomaba del estómago. Un dolor punzante empezó allí, pero pronto se expandió por todo su cuerpo. Entre quejidos de dolor, el hombre de acero reunió fuerzas para continuar hablando.

—Sea lo que sea que tenía Bizarro, también me infectó a mi. Sospecho que esto se transmite a través de mordidas. Por favor, perdónenme por lo que haré. Yo... ¡los voy a matar! —gritó de forma gutural—. ¡Voy a violar sus putos cadáveres frente a todo el mundo!

Superman golpeó su cabeza contra el suelo, en un inútil intento por mantener la compostura.

—¡Deben detenerme! —rogó entre lágrimas el hombre de acero—. ¡No importa lo que deban hacerme, deben detenerme! Por favor, no permitan que esto salga de Metrópolis. Deben proteger al mundo de este virus. Por favor, no pierdan la esperanza. Sé que encontrarán una solución para esto. Sé que... sé que los mataré a todos, putos bastardos y maricones.

Superman gritó mientras se sujetaba con furia de la cabeza, como si intentara aplastarla. Gruñendo como animal, y con saliva saliendo de su boca, la infección le fue ganando al hombre de acero.

—Perdónenme...

Superman se cubrió los ojos con las manos y disparo su visión de calor con toda su fuerza, en un desesperado intento de quitarse la vida. Pero no funcionaria. Ya era demasiado tarde para salvarlo.

—Díganme que no estoy loco y también escucharon eso —pidió Red Hood, cruzado de brazos.

—Superman se escuchaba tan... —Huntress guardo silencio, sin querer terminar la frase.

—Él mismo lo dijo —aseguró Batman, sentado frente a la bati-computadora. El murciélago se puso de pie para caminar un poco, como si eso le ayudase a despejarse. Aunque su traje oscuro seguía reflejando el luto al que se había visto sometido por laultima risadel Joker, ahora su ovalo había vuelto a ser amarillo. Pero aquello no reflejaba un regreso a la luz, sino el recuerdo de aquel otro murciélago que lo había derrotado. Y la promesa, de algún día devolverle lo que le hizo—. Está infectado con un virus que afecta su mente. Debemos prepararnos para lo que pueda pasar.

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Good Writing

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