Chapter 1
*Nota: Algunas edades y situaciones del canon son cambiados a conveniencia de la historia.
Advertencias de contenido: A lo largo de la historia se describen temas sensibles que pueden afectar la sensibilidad del lector. Esta obra es una ficción y la inclusión de estas conductas no implica su aprobación.
-Sentir-
Ranma Saotome no recuerda mucho a su madre, sabe que se llama Nodoka y que fue una persona muy amorosa con él y con su padre cuando vivían juntos.
Recuerda que su padre quiso llevarlo desde pequeño a un entrenamiento largo para que aprendiera más sobre las artes marciales, pero Nodoka no estuvo de acuerdo con la decisión de su esposo. Ella quería criar a su hijo, verlo crecer y decir sus primeras palabras, estar junto a él cuando aprendiera a caminar y todo eso lo cumplió con éxito, hasta que falleció por una enfermedad cuando él pequeño Ranma cumplió ocho años, lo cual le dió la potestad a su padre de sacarlo de la protección de su casa.
Podía olvidar muchas cosas, pero jamás olvidaría cada uno de los consejos que su amada madre le dió. Incluso si cerraba los ojos era capaz de transportarse al momento exacto en el que escuchó cada una de esas palabras y siempre, siempre se repetía el primero de ellos.
“Nunca dejes ir al amor de tu vida, debes hacer todo lo posible para que se mantenga a tu lado.”
Su madre le había dicho que por parte de su familia materna, solo eran capaces de enamorarse de una persona en toda su vida, pero que no eran ellos quienes escogían al o la indicada, sino que esa persona se cruzaba en su camino en el momento adecuado.
Ranma siempre pensó que tendría que buscar a la mujer de sus sueños durante los diferentes viajes que realizó con su padre a lo largo de Japón y luego en China, pero no podía concentrarse en sentir lo que debía de sentir porque había una persona que lo tenía muy confundido.
Un chico que había conocido durante la escuela secundaria era el culpable.
¿Acaso era él el indicado?
Porque si era el caso, cometió entonces el peor error de todos. Lo más razonable era separarse de su progenitor y entonces, por fin, darse el tiempo de buscarlo y saber si se trataba de aquel que se supone que estaba esperando para que sea su otra mitad, pero su padre siempre tenía otros planes, jalando de su mano como si se tratara de un muñeco de trapo y eso solo le provocaba una ira que cada día crecía sin descanso. No sabía porque ese maldito viejo se interponía en cada una de las cosas que iba a hacer, pero por el momento no buscaba una respuesta a ello.
En primer lugar, lo llevaba a un lugar maldito donde terminó transformándose en un fenómeno que cambiaba de género según la temperatura del agua que lo tocara. ¡Ni siquiera fue capaz de investigar sobre los riesgos de la zona! ¡Y él como esúpido lo siguió! Y eso que, por el momento estaba “ignorando” que una loca chica amazona lo estaba persiguiendo para asesinarlo. O bueno, estaba persiguiendo a su versión femenina.
Pero no era su culpa que se tratara de una mujer tan débil.
En segundo lugar y lo peor que podía llegar a pasarle en definitiva, era que ese maldito hombre lo comprometía con una chica insoportable y no solo tenía que aguantar actitudes de esa mocosa, sino también las de toda esa familia de locos.
Ranma no se sentía feliz ni triste o asombrado respeto a todas las cosas que empezaron a suceder en su vida con tan solo 16 años, vivía en un constante estado de enojo que debía disimular bajo sonrisas y respuestas sarcásticas.
En realidad, podía comparar su sentir como si fuera una olla de presión que en cualquier momento explotaría, arrasando con todas las cosas a su alrededor.
O las cosas eran así hasta que finalmente ese chico apareció.
Se sentía... Se sentía como si millones de fuegos artificiales explotaran dentro de su cuerpo, renovándolo de energía por completo e incluso como si hubiera renacido. El mundo brillaba más y, en definitiva, sólo podía sentirse de esta manera estando junto a él.
Ryoga Hibiki se veía mucho más apuesto de lo que recordaba en aquellos tiempos de preadolescencia, con un cuerpo fornido y muy bien formado. Su cabello negro resaltaba gracias a esa pañoleta amarilla y sus ojos eran de un hermoso avellana tirando a oscuro, pero esa mirada no mostraba nada bueno.
Pensaba decirle a Hibiki lo que su simple presencia significaba para él, pero prefirió callar porque estaba seguro de que no recibiría nada positivo de su parte si se enteraba de sus sentimientos.
Más bien, era claro que recibiría algún tipo de amenaza de muerte si se acercaba más de lo permitido.
¿Cómo podía enamorarlo si Ryoga lo odiaba con todo su ser?
Las prioridades van cambiando dependiendo del contexto en el que se encontraran.
Tomó la decisión más lógica en ese momento, retroceder y ocultar lo que sentía dentro de su corazón, situación que ha durado por más de dos largos años.
Tenía que buscar la forma más lógica de acercarse a su Ryoga sin parecer un loco obsesionado y hacer que se interese en él, que los sentimientos sean mutuos y de esa manera no obligarlo a nada malo. Pero las cosas no son tan fáciles como pueden parecer y eso lo confirmaba cada vez que lo observaba sonrojarse y titubear cuando estaba conversando con otras mujeres.
Estaba siendo muy paciente, solo que todo tiene un límite y parece que finalmente estaba llegando al suyo.
Hasta que un día…








