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Miyu Sato es una joven bastante peculiar, a dónde va llama la atención por su gran energía y entusiasmo. Ante los ojos de la gente es una pequeña mujer mimada con aficiones muy marcadas, que apoya incondicionalmente a todo aquel que admira, sin perder los pies de la tierra, suponiendo siempre su lugar como fan...
Aunque si realidad interna es otra, desde que conoció a Sae Itoshi algo en ella se quebró, a tal punto de seguirlo a todas partes donde él va.
Al inicio todo era armado como algo casual, asistir a sus lugares favoritos en posibles horarios en los que el estaría y atinar por mero azar. Pero cuando se dio cuenta de que Itoshi era de una rutina muy marcada, ya no era casualidad.
La obsesión creció a tal punto de que ya no solo se trataba de Sae, sino de los jugadores más cercanos a él — cercanos no a nivel emocional, sino al de trabajo, básicamente. —, poco a poco se dio cuenta de que no solo el era interesante...
Normalmente las fans obsesivas compran información de sus favoritos para crear controversia, para destruir las carreras de los involucrados pero Miyu solo se lo quedaba para ella, comprar rumorcitos entre ellos o con la farándula era normal, hasta que se le atravesó la oportunidad de poder comprar una copia de las llaves del apartamento donde vivían los jugadores... La hija del casero también estaba loca y lo había robado, así que lo puso en venta sabiendo que ella era el cliente a quien le encantaría tenerlas.
En cuanto tuvo la dirección y las llaves comenzó a molestar, el plan siempre fue hacerles bromitas sin dejar huellas... Visibles.
La primer vez que entro fue para conocer el lugar, en los lugares de usos común había mucho orden, demasiado para siete hombres... Al comenzar a revisar las habitaciones todo hacia sentido. Pasó varios días solo observando, no se atrevía a tocar nada
Un fuerte rumo azotaba la tranquilidad de los jugadores de la New Generation World XI, supuestamente había alguien siguiéndolos muy, pero muy de cerca.
Al inicio no habían indicios de que fuera real, después de los entrenamientos todo seguía igual, sus cosas, los muebles, nada estaba fuera de órden o eso creía. Después de que se hizo pública la existencia de ese acosador, comenzaron a aparecer cosas extrañas.
La persona que entraba comenzó a mezclar la ropa interior de varios de ellos, a esconder objetos personales en lugar sin sentido... Pero la habitación de Sae siempre estaba igual, en ocasiones solo había rastros de que alguien se había recostado en su cama pero nada más...
A quien le hacía más bromas era a Vivian, no solo le guardaba la ropa interior de Julian sino también le rayaba sus libretas en blanco o de plano se las llevaba consigo. El nivel de conocimiento que esa persona tenía de cada uno era increíble, sabía con que molestarlos y eso era lo peor, ya que a los chicos aún no les parecía peligroso.
— Deberíamos dejarle un regalito al acosador. — Sugirió Julian. — Al menos dobla la ropa mejor que nosotros mismos.
— Como a ti no se te pierden cosas ... — se quejó Vivian.
— ¿Realmente creen que sea "un él"? — pregunto Lorenzo. — Dudo que un fanático venga a doblar ropa solo porque si.
— Dejen de pensar en estupideces, se les va a fundir el poco cerebro que les queda. — Se quejo Sae.— ¿Qué más da si es ella, él o una quimera?
— Seguro es fan tuyo o de Kaiser, tan insoportable como su ídolo. — la voz floja de Teddy se escuchó. — Supongo que debes estar acostumbrado, los dichosos fans de aquí son muchísimo más intensos que en el resto del mundo.
— Que joda, solo falta que se meta en la noche y nos haga algo. — Bromeo Bunny. — Aunque coincido con Lorenzo, debe ser una chica, demasiado cuidadosa... Seguro podríamos detenerla con una sola mano.
Sae se quedó pensativo, si bien en Asia eran muy comunes las fans obsesivas y acosadoras no era normal que pasará con deportistas, el hervidero de locas siempre era con cantantes o actores... Así que el comentario de Teddy se le resbaló por completo.
Tus bromitas subieron de tomo cuando le dejaste un regalito escondido entre su ropa... El cual escondió con una mezcla de vergüenza y posesión, poco a poco estabas dando señales de quién era tu objetivo. Una tanga evidentemente usada, ahí sin más, podías asumir que eso lo prefería y el solo pensarlo te emocionaba... Y poco a poco comenzaron un intercambio un poco particular, al principio Sae te dejo bóxers limpios, luego unos sucios... Y los últimos con fluidos, no necesitabas explicaciones sabías perfectamente que era y sobre todo como había llegado ahí, porque los dejo con las bragas que le habías dejado la semana anterior.
A Hugo le dejaste una nueva libreta, a Loki un llavero de un peluche de un gatito negro — el animal con el que te identificas— que rápidamente colgó en su maleta, dejabas caramelos por toda la cama de Don Lorenzo, ya no les escondes sus cosas y seguías acomodando el leve desorden que dejaban entre los entrenamientos y las noches pesadas.
Solo tenías un maltrato con Kaiser, a él le rompias su ropa o cualquier cosa a tu vista, le robabas sus perfumes. Para ti era el más insoportable de todos así que querías hacerlo sufrir, sin saber que eso lo atraería literalemente a ti.








