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I need the light

Summary

ʜᴇᴇʜᴏᴏɴ ᴏ.ꜱ -- 🎵🏁 Donde Park Sunghoon desea acabar con su vida, pero piensa en sus razones para seguir luchando. Así que decide quedarse, por Lee Heeseung, su lugar seguro. 🏎️. Historia original. 🏁. Tendencias suicidas, lenguaje vulgar, violencia doméstica. ⛽️. Historia ficticia. Los hechos narrados no representan a los artistas mencionados. @TWILIGHT_YOUNG2024

Genre
Other
Author
Cassie
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

only

Esa fría y oscura noche... La noche en la que sus vidas habían cambiado y finalmente pudieron tomar un respiro.

HeeSeung volvía de sus clases de boxeo y SungHoon lloraba en las gradas de la entrada. HeeSeung estaba abrigado con su cazadora negra, y SungHoon pasaba frío con sus ropas desgastadas. HeeSeung tenía su estómago lleno ya que sus amigos del club de boxeo y él habían comido pollo frito después de su entrenamiento, SungHoon no recordaba cuando había sido la última vez que había comido. HeeSeung golpeaba sacos diseñados para ser golpeados, y SungHoon era ese saco de boxeo personal para otra persona.

La diferencia entre ellos siempre fue notoria. HeeSeung era un adolescente normal que disfrutaba su vida, y SungHoon se hundía cada vez mas en un profundo agujero negro con ganas de acabar con esta.

HeeSeung recuerda todo claramente, recuerda esas noches en donde escuchaba gritos en la casa del frente. El sueño se le iba y la preocupación lo ahogaba. El estruendo del cinturón, de los adornos cayendo al suelo, de las botellas de licor estallándose. La ansiedad al mil y la impotencia subiendo por sus venas hasta apretarse alrededor de su cuello, como una soga castigadora.

Recuerda todas y cada una de las veces en las que su chico corrió hacia él y lloró. Recuerda como sus débiles brazos lo rodeaban y entre sollozos le pedía que se quedara con él, que no lo abandonara, que siguiera ahí.

Recuerda los cortes en sus delicadas muñecas y antebrazos, algunos ya cicatrizados por el paso del tiempo, otros recientes, otros en proceso de cicatrización. Recuerda su pálido rostro pintado con varias marcas de color púrpura, rojo, algunas incluso se veían casi negras.

Las marcas de dedos en sus brazos. Las marcas rojas de golpes de cinturón en su espalda. Sus piernas llenas de rasguños causados por él mismo para aliviar el estrés y liberar el dolor emocional. Los diversos moretones esparcidos alrededor de su cuerpo, marcando no solo su exterior, sino también coloreando en su alma.

Sus ojos se encontraron con los de su pequeño ángel. La preocupación lo llenó en un segundo al notar las lágrimas en las pálidas mejillas hinchadas del contrario. Su respiración era irregular y tomaba fuertes y exageradas bocanadas de aire, para llenar sus pulmones de algo de oxígeno.

Hoon se levantó del pequeño escalón frente a su casa y corrió en su dirección. Estando finalmente frente a él, lo abrazó rápidamente, envolviendo sus brazos alrededor del torso del más alto. Temblando, con miedo de que se fuera de su lado.

—Hee...— murmuró con la voz quebrada —Seunggie...— Se pegó más a él, casi como si tratara de convencer a su cerebro de que era real, de que estaba ahí.

El pecho del mayor dolía de solo verlo así. Sus brazos rodearon con una delicadeza digna de un ángel como el que tenía entre brazos, teniendo miedo de apretarlo muy fuerte y romperlo. Últimamente, SungHoon se sentía tan frágil cual trozo de porcelana refinada.

—Cielito, ¿qué pasa?— Se alejó un poco, inclinando su cabeza para poder ver su rostro rojo. El menor se negó a dejarse ver, ocultando su rostro en el pecho de Lee. Un sollozo roto escapó de la prisión que era su garganta, enviando una punzada directa al corazón del pelinegro.

Un fuerte ráfaga de corriente fría los envolvió, haciendo que los vellos de HeeSeung se erizaran, mientras que el cuerpo de Park temblaba entre sus brazos.

—Amor, vamos adentro. Podrías enfermarte si sigues aquí.— Se separó con dificultad, como si le fuese imposible apartar al menor. Envolvió su pálida mano, notando lo fría que esta se encontraba en cuanto hizo contraste con su piel caliente. Enlazó sus dedos y llevó su mano a sus labios, depositando un pequeño beso en esta, sin romper el contacto visual con su novio.

Park dejó salir una débil sonrisa entre ojos cristalinos, dejando que el mayor le guiara hacia la entrada de su casa, justo frente a la suya, del otro lado de la calle. HeeSeung fue consciente de la música country que resonaba haciendo eco al final de la calle, proveniente de la casa del castaño.

También llegó a escuchar los gritos de un par de adultos, por lo que se hizo una idea de lo que sucedía en esa casa. Aún más después de notar bien el aspecto del pálido.

Tenía puesta una camisa gris manga larga, tan desgastada que ya la tela casi transparentaba su piel, con un par de agujeros en la parte de la espalda y la parte de abajo, en el dobladillo; además, ese short negro deportivo dejaba sus piernas delgadas al descubierto, revelando su piel lampiña erizada por el frío clima que quien sabe desde qué hora estaba ahí soportando.

Y como cereza del pastel, estaba descalzo. Con la planta de los pies clavándose en la calle llena de pequeñas piedras, basura, polvo y probablemente también algún vidrio.

HeeSeung tomó la llave de su bolsillo y abrió la puerta para que el menor entrara antes que él. Este se adentró lo más sigiloso que pudo a la casa de su novio, siendo recibido por la perrita de los Lee, Layla, quien movía su cola feliz de verlo y daba vueltas alrededor del pequeño recibidor, jadeando y esperando recibir la atención del castaño.

Hoon sonrió sintiendo un calorcito en su pecho, y se sentó en el suelo, cercano a la esquina entre la pared de la entrada y la pared donde colgaban tres abrigos en el perchero horizontal, acariciando la cabeza del canino y rascándola un poco. Si había algo que le encantaba, eran los animales. Y a pesar de no poder tener mascotas, siempre trató a los animalitos de la calle, o en este caso a Layla, como si fuesen propios.

Veía en ellos libertad, inocencia y una genuina vida llena de felicidad, eran hermosos, aún si estaban sucios y llenos de parásitos, él podría quedarse horas acariciándolos y apreciando las hermosas vidas inocentes frente a él.

HeeSeung entró, cerrando la puerta tras él y dirigiéndose al mueble para zapatos frente a la puerta. Dejó sus llaves sobre este y sacó sus pantuflas para andar entre casa, dejando sus sucias zapatillas a un lado y colocando el suave calzado bajo sus pies.

Se volteó a mirar a SungHoon ligeramente, notado que este estaba demasiado concentrado en mimar a Layla, admirando como sus ojos tenían aquel brillo único de inocencia y pureza, justo como su alma.

Una sonrisa surcó por sus labios, y se agachó al lado de Park, tomando el pie de este y estirándolo hacia él. El castaño lo miró confundido mientras Lee sacudía un poco la planta de su pie y colocaba la primera pantufla de pingüino que tenía únicamente para él. Repitió el proceso con el otro pie y después se levantó, extendiéndole su mano para que se ayudara de él para levantarse.

SungHoon dio un último par de caricias a Layla antes de aceptar la mano del mayor, quien tiró de él hacia arriba y le levantó de un solo intento.

La sonrisa inocente en el rostro del pálido aún se mantenía intacta, mirando ligeramente hacia arriba para mantener el contacto visual con su amante. La sola interacción con Layla le había subido ligeramente el ánimo, y el estar ahora con HeeSeung, le hacía sentir seguro.

El pelinegro se inclinó ligeramente y dejó un beso en la frente del chico de ojos brillantes, acariciando sus mejillas con suavidad y cariño.

—¿Comiste algo, Hoon?— La sonrisa de este se desvaneció mientras negaba ligeramente, apretando sus labios en una línea tensa. Lee soltó un pequeño suspiro y asintió, quitándose su cazadora y estirándose a colgarla en el perchero. —Mamá preparó lasaña por el cumpleaños de la abuela hace unos días. Voy a recalentar un poco para que comas, ¿sí?—

El castañito asintió, tomando la mano de Lee. —Vayamos arriba primero, por favor...— sorbió su nariz para despejar sus vías respiratorias por el llanto anterior.

HeeSeung asintió y afianzó su agarre en su mano, caminando juntos hacia la escalera que daba a la segunda planta, de frente ante el tercer escalón, venía el hermano menor de HeeSeung, JaeYun, bajando junto a otro chico ligeramente más alto y bronceado que ambos hermanos Lee.

—Hyung, Hoon-ah...— saludó JaeYun, sonriéndole algo incómodo y forzado a su ex y apretando ligeramente la mano de su novio, JongSeong, quien le sonrió al menor de los cuatro con algo de incomodidad.

—HeeSeung hyung, SungHoon-ah, gusto en verlos.— El moreno bailó su mirada entre la pareja, deteniéndose a mirar a detalle al castaño.

Fijándose en el parchón morado en media mejilla y en sus ropas desgastadas sucias, manchadas con algo de sangre en la parte de los brazos. Notando también la rojez del rostro de SungHoon, el rastro de lágrimas en sus mejillas y sus ojos hinchados; pero lo ignoró y no mencionó nada al respecto para no hacerle sentir incómodo. El Park menor aclaró su garganta, sonriéndole ligeramente al castaño más oscuro.

—Jakey...— saludó a su cuñado y luego volvió a sonreír, esta vez al de cabello rubio. —JongSeong hyung, es bueno verte también.— Apretó dos veces la mano de HeeSeung, indicándole en un gesto silencioso que quería marcharse de ahí.

Había notado la mirada disimulada de JongSeong en el moretón en su mejilla y la para nada disimulada de JaeYun en su aspecto demacrado.

—Chicos...— murmuró el mayor de los cuatro, tomando la cintura del castaño para impulsarlo a que siguiera subiendo. Hizo un ligero contacto visual con la pareja, deteniéndose un par de segundos en su hermano, ambos compartiendo aquella mirada que bien conocían.

Cada que algo similar sucedía con SungHoon, de nuevo, esa mirada se hacía presente. Un silencioso “otra vez”, en respuesta de un aún más silencioso “voy a matarlo”.

—Uh, guys...— llamó JaeYun algo indeciso, haciendo que ambos voltearan a mirarlo. El cuerpo de SungHoon tembló ligeramente al volver a hacer contacto visual con JaeYun, y puede jurar que si HeeSeung no estuviese sujetando su cintura, los otros dos no hubiesen tardado medio segundo en notarlo. —Seong y yo pensábamos pedir una pizza, hornear algún postre y ver un par de películas. ¿Les gustaría unirse?—

HeeSeung miró a Park, cuestionando con su mirada si deseaba hacerlo. Hoon miró inseguro al trío, mordiendo su labio ligeramente. Lo meditó unos segundos antes de asentir, recibiendo una sonrisa de parte de la pareja contraria.

HeeSeung asintió levemente, volteándose hacia su hermano. —Solo déjenme darme una ducha y bajamos.— JaeYun asintió con su cabeza también, tomando la mano de JongSeong para terminar de bajar e ir a la cocina.

El boxeador dio un ligero apretón en la cintura de Park y ambos terminaron de subir a paso rápido. Pasaron por la puerta abierta de la habitación de la señora Lee, encontrándose esta vacía pues ella estaba de turno en el hospital.

Se dirigieron a la última habitación al fondo del pasillo, la de HeeSeung, quien abrió la puerta y estiró su mano dentro para encender la luz, dejando que el castaño pasara primero. HeeSeung cerró la puerta tras él y giró el seguro para que no abrieran la puerta.

SungHoon se volteó a mirarlo, y Lee notó como este trataba de contener las lágrimas acumuladas en sus ojos. Le dio un ligero asentimiento de cabeza y fue suficiente para que volviera a desarmarse. Sus brazos envolvieron suavemente el cuerpo de Lee y su rostro se hundió en su pecho debido a la diferencia de altura entre ellos.

HeeSeung caminó con SungHoon entre sus brazos, dirigiéndose hacia su cama. Se sentó al borde de esta, y el castaño no tardó en encontrar lugar en su firme muslo, sentándose sobre sus regazos y aferrándose a su cuerpo.

—¿Quieres contarme qué sucedió, ángel?— Park murmuró un pequeño “no” a penas audible. —¿No? Está bien, Hoonie. Si quieres contarme, sabes que estoy aquí para escucharte.— Depositó un suave besito en la punta de la cabeza del menor y llevó sus manos a su espalda, acariciando esta.

Park dejó escapar un siseo de dolor, encogiéndose en su lugar. Algo en la cabeza de HeeSeung hizo “click” y apartó sus manos, dejándolas sobre la espalda baja del menor.

Su visión se nubló de la rabia e impotencia y de su garganta escapó un ligero gruñido en disgusto. —Juro que voy a matarlo.— Park dejó salir un sollozo parecido a un gemido, negando sobre el hombro del pelinegro.

—Está bien, Hee...— murmuró, acariciando los fuertes brazos del boxeador, los cuales se sentían tensos, al igual que su cuello, como si se estuviese conteniendo de algo. —Estoy acostumbrado, ya-ya no duele...— pronunció suavemente, demasiado roto ante los ojos del mayor. SungHoon hasta mintiendo lucía tan inocente.

Tan inocente y puro para la asquerosa vida que el cielo le había asignado. Tan injusto e imparcial al darle una batalla tan grande a una persona que no la merecía.

—No deberías estarlo...— suspiró, dejando otro beso sobre su cabeza. Sus manos trazaban pequeños círculos en su espalda baja, relajando su llanto y poco a poco haciendo que su respiración se estabilizara un poco.

Estuvieron algunos minutos sin pronunciar palabra alguna. El silencio siendo interrumpido constantemente por los sollozos y las bocanadas de aire que tomaba SungHoon.

HeeSeung, dudando si debía decirle lo que estaba pensando, aclaró su garganta antes de pronunciar suavemente:

—¿Me dejarías ver? Debo de tratarlas antes de que se infecten, cielo.— El débil cuerpo de su pequeño aún temblaba y de sus labios escapaban débiles sollozos.

Porque SungHoon sufría. Sufría tanto que a HeeSeung le ardía la garganta en dolor, su pecho se encogía en impotencia, sus manos picaban en ansias por estrangular al causante de la agonía del pequeño ángel que tenía entre sus brazos.

Hoon solo pudo asentir, sabía que tarde o temprano debía mostrarle al mayor sus heridas, y aplazarlo era innecesario. Mientras más rápido pudiera vendar sus heridas y recostarse acurrucado con su novio, más rápido el dolor pasaría.

Al menos el físico.

Lee tomó el borde de la fina camisa manga larga que portaba Sung y la levantó con delicadeza, sosteniéndola a la altura de su mentón. El menor tomó la camisa y la deslizó sobre su cabeza, ayudándole el trabajo a HeeSeung y dejando caer esta al suelo.

Y HeeSeung sintió una vez más como la bilis le subía por la garganta y el vómito amenazaba expulsarse de sus labios. Odiaba el estado en el que SungHoon se encontraba, y constantemente se culpaba por no poder cambiar la situación en la que vivía.

Dejando de lado el hecho de que SungHoon era casi un esqueleto en ese momento por su delgadez, con sus costillas marcándose bruscas en la delgada capa de piel que las cubría y se adhería dolorosamente a estas, sus clavículas marcadas casi mostrando lo blanco de su hueso y su pequeña cintura siendo algo más triste que lindo; se veía tan destruido.

Su pecho y abdomen estaban llenos de grandes parchones de color púrpura, algunas con manchas de sangre seca o tonalidades de negro alrededor de los moretones. Sus delgados brazos delicados estaban llenos de nuevos cortes, de los cuales aún brotaba un poco de sangre, manchando anteriormente su camisa y su piel, mientras que otros tenían las manchas de sangre ya seca, pero la herida seguía viéndose fresca, dolorosa, real.

Porque era real, y eso era un hecho que miles de caricias, besos y promesas no lograrían borrar, por más que quisieran.

Con el corazón en la garganta y los ojos cristalinos, HeeSeung tomó las caderas de SungHoon y le ayudó a que se pusiera en pie, dándole la vuelta con delicadeza para que le mostrara la espalda.

Las lágrimas brotaron de sus ojos al verlo y con todas sus fuerzas sostuvo la arcada que amenazó su garganta, sin querer que SungHoon escuchara tal cosa y se sintiera rechazado o algo, era lo menos que sentiría hacia él. Pero ver el estado de su pequeño...

Grandes y gruesas marcas rojas creadas por aquel cinturón de cuero se entrecruzaban entre sí por toda su espalda, en las esquinas acumulándose puntitos de sangre, probablemente causados por la hebilla o el chillar del cuero contra su piel. También, tenía una gran cortada entre su nuca y su hombro izquierdo. La imagen simplemente era demasiado difícil de mirar sin sentir el estómago revuelto y el corazón vacío.

Nuevamente lo volteó, viéndose frente a frente. El roto corazón de Park se detuvo y se sacudió con fuerza dentro de su pecho al ver a HeeSeung llorar y verle con tanta culpabilidad y lástima en los ojos.

HeeSeung nunca dejaba que SungHoon le viera llorando, simplemente guardaba las lágrimas para la ducha o su almohada. Quería ser esa figura fuerte, valiente y de calma que SungHoon necesitaba. Ser esa figura protectora que nunca tuvo.

Pero simplemente, la situación le había desbordado. No podía fingir más que era fuerte cuando claramente no lo era. No era un insensible sin corazón el cual no sentía dolor cuando veía como a carne propia SungHoon era llevado a una muerte segura cada día.

No solo por su estado mental, sino por lo físico. Temía que algún día, uno de esos golpes acabara llevándose la vida de su pequeño. Temía que algún día, su cuerpo o sus órganos colapsaran debido al constante maltrato y poco tratamiento que se le daba.

El corazón de SungHoon volvió a pinchar con culpabilidad por hacer a HeeSeung llorar, y rápidamente volvió a tomar su lugar en el regazo de su amado, sintiendo como los fuertes brazos del boxeador rodeaban su cintura con firmeza y le sostenían casi que con miedo de que fuese a escapar.

Lee ocultó su rostro en la curvatura entre su cuello y hombro, mojando su piel de sus saladas lágrimas. El castaño volvió a lagrimear y enredó sus manos en ese cabello azabache que tanto le encantaba acariciar. Mantuvo a HeeSeung contra su cuello, acariciando el cabello en su nuca para darle apoyo.

—Lo-lo siento...— susurró el pálido, cerrando sus ojos y permitiéndose inspirar el aroma de HeeSeung. El mayor negó, apretando su mandíbula con fuerza y formando puños con sus manos.

—No deberías— gruñó molesto. —No deberías sentirlo, no deberías disculparte, no deberías estar acostumbrado. No es justo...— soltó, con su voz quebrándose al final.

—É-él...— inició, aún con los ojos cerrados. HeeSeung se separó de su cuello para mirarlo, volviendo a las caricias en su cintura para motivarlo a seguir hablando. —Cuando estaba preparando la cena dejé caer sin querer un plato en la cocina y se rajó un poco... él se molestó y terminó de quebrarlo en mi espalda. Y-y yo...— hipó, sin ser capaz de continuar. Su rostro se arrugó nuevamente, sollozando con fuerza.

—Está bien si no quieres seguir, Hoon...— murmuró después de deshacer un poco el nudo en su garganta, tomando la mejilla derecha del menor y acariciándola con su pulgar, barriendo las lágrimas que caían, al menos de ese lado.

Park negó, inspirando con fuerza para continuar, ahora con los ojos fijos en los del boxeador. —Al rato aparecieron sus amigos y de la nada la casa estaba llena de personas pidiéndome que les diera más alcohol...— hizo una pequeña pausa para respirar, todo bajo la atenta mirada de Lee. —Se molestaron cuando les dije que ya no había más y él me golpeó frente a todos hasta que se aburrió. Corrí al cuarto y yo no... No lo pensé cuando lo hice y-y...— comenzó a hiperventilarse, siendo interrumpido por el mayor.

—Shh~ está bien, ángel.— Lo acercó a su pecho, volviendo a rodearlo con sus brazos y dejando pequeñas caricias en su cabello con su mano libre. —Tranquilo, está bien...— Hoon negó contra su pecho, ahora sin contener sus sollozos.

HeeSeung miró hacia el techo, llenando sus pulmones de aire y conteniendo sus ganas de echarse a llorar junto a él. HeeSeung lo meditó por un segundo, con su garganta seca ante el pensamiento que surcó por su mente.

—¿Dejaste a YoonAh ahí sola?— logró relajar su respiración cuando el castaño volvió a negar.

—Llamé a una de sus amigas en cuanto vi que empezaron a llegar. Se quedará allí todo el fin de semana.— HeeSeung asintió más tranquilo, volviendo a darle leves caricias al cabello castaño. —No quiero seguir así, Hee... Es-estoy muy cansado...— susurró, soltando un gemido lastimero y alejándose del pecho del mayor para mirarlo al rostro nuevamente.

Lee apretó sus labios, llevando sus manos a las mejillas del menor y acariciando su rostro con delicadeza. Hoon se dejó deshacer en caricias, sorbiendo su roja nariz.

—Mamá y Yun no tendrían problema con tenerlos a ti y a tu hermana con nosotros. Lo sabes...— inició con cuidado, acomodando mejor al menor sobre su regazo y acariciando sus piernas. —Tú dormirías aquí conmigo, y YoonAh puede dormir en el cuarto con mamá. Ella siempre quiso una niña, y sabes que adora a Sully.— SungHoon suspiró cansado, negando con su cabeza.

—Él se volvería loco si me llevo a Sullyoon conmigo, HeeSeung, lo sabes. Sería capaz de echarme a la policía y al gobierno entero.— Formó una mueca de disgusto, parpadeando con fuerza para borrar las lágrimas que se intentaron formar nuevamente.

—Y entonces tú podrías denunciarlo por el maltrato que has recibido toda tu vida y echarle a servicios sociales.— Alentó HeeSeung.

—Y entonces acabaríamos en algún sucio orfanato donde posiblemente nos maltraten peor y la violen, me echarían en cuanto tenga la edad suficiente y la dejaría a ella sola mientras yo acabo viviendo en la calle.— Escupió SungHoon con rabia, haciendo el intento de levantarse del regazo de Lee.

El pelinegro tomó con fuerza su cintura y lo mantuvo en su lugar, sus ojos ahora le miraban con un deje de molestia.

—No si mamá demuestra que es capaz de hacerse cargo de ustedes— aclaró, suavizando su tono en cuanto notó que le había alzado la voz. —¿Por qué no te dejas ayudar?— sonó cansado, herido.

Pero no tan herido como el alma de SungHoon.

—Porque ya no tengo maldita salvación, HeeSeung.— Su mirada reflejó vulnerabilidad detrás de aquella ira e impotencia. —Haga lo que haga, no tengo ningún propósito aquí. Ambos sabemos cual va a ser mi final, y retrasarlo solo lo está haciendo peor.—

—No.— Gruñó HeeSeung, con la ira encendiéndose en sus ojos. —Tú estás empeñado en creerlo, pero no es así, SungHoon. ¿Qué crees que pasará si haces eso, mmh? Tu hermana quedará sola bajo las garras de ese hombre y quién sabe que podría hacerle cuando no estés tú para protegerla.— SungHoon bajó la mirada, apretando sus ojos con fuerza cuando más lágrimas se desbordaron como una cascada.

Su pecho dolía y su mente solo le repetía una y otra vez que acabara con esa tonta discusión, dejara que HeeSeung se fuese a bañar, dejara las cartas sobre la cama del mayor y se fuera de una vez por todas.

—¿Y qué hay de mi?— soltó con un hilo de voz. —Yo te necesito, SungHoon.— Afirmó, buscando desesperado la mirada de Park.

Estaba desesperado, aterrado. No sabía que hacer para sacar aquel pensamiento horrible de la cabeza del castaño. Pero SungHoon estaba cansado y convencido.

“HeeSeung estará bien, podrá salir adelante, encontrará a alguien más que pueda darle todo lo que se merece” se repetía a sí mismo una y otra vez.

Pero, ¿qué había de su hermana? Aquella niña que no tenía idea del mundo y dependía de él para salir adelante.

Un grito frustrado y de dolor escapó de su garganta, llevando sus manos a su cabeza y golpeándose a sí mismo, tironeando de su cabello y lanzando puñetazos a lo loco mientras sollozaba con fuerza.

En el proceso, se arrancó un par de mechones y se pegó varios golpes que lo descolocaron y dejaron mareado. No era la primera vez que tenía un ataque así frente a HeeSeung.

Lee se alarmó y tomó las muñecas de SungHoon, alejándolas de su cabeza para que dejara de hacerse daño, ganándose un gemido de dolor y más lágrimas. El castaño dejó caer su cabeza hacia el frente, pegando su frente en el hombro del boxeador.

—Me quiero ir, hyung. Por favor, déjame descansar...—suplicó entre sollozos, llevando sus manos a la fuerte espalda de HeeSeung y aferrándose a sus hombros. —Estoy muy cansado, po-por favor...— Lee soltó un sollozo, negando con su cabeza y fundiendo sus dedos con fuerza en la cintura del pálido, aferrándolo a él con fuerza.

Los sollozos de SungHoon llenaron la habitación, encerrándose entre las cuatro paredes y haciendo eco en los oídos de HeeSeung, quien no tardó en empapar la espalda de SungHoon con sus lágrimas.

—No puedes irte, SungHoon. Aún no es hora.— Murmuró quedito. —Podemos intentarlo de nuevo, sabes que no me iré de tu lado, por nada del mundo.— Prometió.

El llanto de ambos continuó por lo que fueron diez minutos más, donde sus cuerpos se aferraban desesperados al otro. Uno con miedo de que el otro se fuera, y el otro con miedo de irse.

La música proveniente de la casa de al frente retumbaba contra su ventana, con el cristal sirviendo como contención para que no terminara de llegar al cien por ciento a la pareja.

Cada cabeza hecha un lío, sumida en sus propios pensamientos. Pero llegando al final a la misma conclusión: no querían dejar al otro.

HeeSeung se negaba a dejar ir a SungHoon sin ayudarlo a luchar una vez más. Podría llamar a la policía en el momento en el que su madre llegara a su casa, que esta le ayudara a encerrar al padre de SungHoon tras las rejas y que reclamara la tenencia de los hermanos Park. Podría acompañar a SungHoon a terapia, estaría ahí con él para celebrar cada pequeño avance. Estaría con él para soportar cada recaída y ayudarlo a levantarse. Estaría para verle cumplir sus sueños, lejos de ahí.

Mientras SungHoon se negaba a ser tan egoísta como para dejar solo a HeeSeung. Él podría lastimar a cualquier otra persona en el mundo, menos a él. No era capaz de pensar en el mayor sufriendo al lado de su cuerpo sin vida, o llorando desoladamente por meses al lado de su tumba, pensar en él perdiendo su brillo y llevando una vida triste; por su culpa. Simplemente no podía ser tan egoísta como para lastimar también a HeeSeung.

También pensó en la señora Lee, MinYoung, quien siempre lo había tratado tan cálidamente, como si fuese su propio hijo. Ella lo recibía en su casa aún cuando HeeSeung y JaeYun estaban en la escuela y él volvía a pelear con su padre, le cocinaba sus comidas favoritas, le regalaba ropa nueva y hasta le compró un celular para que pudiera hablar con HeeSeung y tuviera una distracción cuando estaba dentro de su casa.

Pensó en JaeYun y en los momentos felices que tuvo con su cuñado cuando solía salir con él hace algunos años atrás. Donde el mayor lo llevó a algunos parques o cafeterías con el dinero de su madre, cuando le presentó a su hermano HeeSeung y a su perrita Layla. Cuando lo llevó a sus partidos de fútbol mientras su padre estaba trabajando y cuando lo llevó a patinar por primera vez en su vida, dejándole uno de los mejores recuerdos en sus diecisiete años mientras se deslizaba inexperto pero libre sobre la pista de hielo. Como después de terminar su relación, ambos lograron llevar una amistad y una buena relación de cuñados, como se preocupó por él cada vez que lo vio llorando o con un moretón o corte nuevos. Como el sin ser pareja, él seguía estando presente para cualquier cosa que necesitara.

También se le vino a la cabeza JongSeong, a quien nunca le tuvo rencor aún si fue la razón por la cual JaeYun lo dejó. El americano siempre se mostró arrepentido y fue amable con él, nunca le hizo mala cara o le hizo algún comentario despectivo por ser ex de su novio. Siempre que preparó alguna sorpresa para JaeYun, le pidió su opinión, y siempre que cocinaba algo, le pedía que lo probara y le dijera qué podía mejorar.

Su hermana menor, YoonAh, quien lo miraba como si fuese la cosa más preciada de su universo. De quien tuvo que hacerse cargo desde una temprana edad y por siempre veló y mantuvo un ojo abierto durante la noche para protegerla. La niña que lo buscaba siempre que tenía algún problema, y le explicaba lo que le enseñaban en la escuela para que él no se quedara tan rezagado por haber sido despojado de su derecho a la educación. Quien siempre lo abrazaba luego de oírlo pelear o de verlo siendo golpeado por su padre, y le prometía que ella lo protegería tal como él lo hacía con ella.

Pensó en Layla, la perrita de los Lee. La canina que siempre se ponía feliz con locura cuando lo veía, e incluso parecía sentir cuando se sentía mal pues siempre llegaba a echarse a sus pies cuando lloraba o se alteraba mucho.

En lo mucho que amaba ver los amaneceres. Sentir el frío de la madrugada colándose entre sus huesos, y sentir los primeros rayos del sol calentar el ambiente poco a poco. Ver los rayos dorados sobre el pavimento oscuro, iluminando parcial y lentamente la ciudad, mientras desaparecían el rastro de la luna y de sus noches estrelladas. En especial, lo mucho que amaba ver estos en conjunto al mayor, desde el sillón en su ventana, luego de hacer el amor hasta tarde.

Pensó en cuanto amaba salir con HeeSeung a conocer nuevos lugares. En como en cada cita, lograba escapar un rato de la prisión de su mente, en un lugar totalmente rodeado de gente que no conocía su historia, no lo criticaban ni lo maltrataban, simplemente lo dejaban ser libre y vivir. En lo mucho que le gustaban los parques con estanques a los que el mayor lo llevaba, en los pequeños picnics rodeados de flores, o los vacíos en el estómago mientras se balanceaban con altura de los columpios. En las cafeterías temáticas y sus dulces charlas acompañadas de chocolate caliente y deliciosos postres que dejaban su estómago hinchado de tanta azúcar. En los paseos y caminatas nocturnas, con charlas profundas y un fuego interno contrastando con el frío de la ciudad.

Y entonces, volvió a ser consciente de su respiración y de su entorno, sintiendo el cuerpo de HeeSeung tembloroso bajo el suyo. Sus manos tomando su cintura con necesidad de mantenerlo y sentirlo ahí, su respiración sobre su nuca siendo caliente en contraste con su piel descubierta.

No quería dejar este mundo. Solo quería dejar de sufrir.

Entonces, sus manos subieron al rostro del moreno, acunando sus mejillas con suavidad mientras se separaba para mirarlo.

Ambas miradas se conectaron, y finalmente SungHoon fue capaz de pronunciar aquellas palabras que tanto había deseado el mayor que dijera.

Con un tono bajo pero nítido murmuró:

—Por favor, ayúdame a salir de ahí, Hee...—

@twilight_young2024_RESUBIDOENINKITT2026

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