Capitulo 1
El Impulso del Miedo y la Primera Llamada
El silencio en mi habitación se había vuelto pesado, de esos que duelen en los oídos y se instalan en el pecho como una piedra. La noche anterior todo se había sentido desbordado. Después de ver cómo los minutos pasaban, esperando un espacio para hablar que nunca llegó, la frustración terminó por ahogarme. Sentía que cada intento por hacerme escuchar se convertía en una discusión más, en otra carga, en ser catalogada como "exagerada" o la causa del conflicto. Un cansancio profundo, no del cuerpo sino del alma, me dominó por completo.
Llegué a mi límite. En un acto desesperado por protegerme de más dolor y por cortar esa sensación de estar mendigando un poco de atención, tomé mi teléfono. Con las manos temblorosas y el corazón acelerado, empecé a borrarlo todo. Eliminé mis juegos, me salí de los grupos de chats, cerré mis redes sociales y apagué mis alertas. Quería distanciarme de todo y de todos. Pensaba que si desaparecía del mundo virtual, al menos por un rato, el ruido en mi cabeza finalmente se detendría.
Me acosté envuelta en las cobijas, pero la mente no me daba tregua. Fue una noche eterna, marcada por un llanto silencioso, de esos que se tragan para no hacer ruido. Me dolía el alma al recordar las palabras duras de peleas pasadas, la frialdad con la que a veces nos distanciábamos y esa terrible sospecha de que quizás ya no había solución entre nosotros. Lloré a solas, sintiendo que nadie podía ver la dimensión de mi tristeza, ocultando las lágrimas en la almohada para que nadie en casa se diera cuenta de lo rota que me sentía por dentro.
A la mañana siguiente me levanté sin ánimos de nada, sintiendo el cuerpo pesado y la mirada apagada. Mi mamá, al notar mi actitud y mi distancia, me preguntó temprano por él, buscando saber qué pasaba. Con el nudo apretándole la garganta y para no dar explicaciones ni revivir el dolor en voz alta, solo alcancé a mentirle: le dije que no estaba hablando con nadie y que simplemente no tenía ganas de conversar. No quería que nadie supiera lo vulnerable que me encontraba.
En la pantalla del teléfono, entre la distancia que yo intentaba poner y las notificaciones apagadas, descansaban sus llamadas pérdidas y mensajes de la noche. Él había intentado buscarme, preocupado, llamando insistentemente al notar mi ausencia. Sin embargo, en ese momento la angustia me superaba; entre el miedo a volver a salir lastimada y la necesidad de sanar, no sabía si contestar era el camino o si simplemente estaba presenciando el final de nuestra historia.
El punto de inflexión.
Narración: La desesperación te lleva a un punto límite. Decides alejarte ("diataciarme") para protegerte, borrando aplicaciones y aislandote. Tu madre pregunta por él y mientes. Describe la noche de angustia, las llamadas perdidas de él y tus propios llantos en soledad.








