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Pryatki

Summary

Universo Alternativo. Jack Conway es un niño soldado, uno que ha nacido para servir durante la guerra fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, a su corta edad de 16 años es enviado como espía a la fría Rusia. Donde no supo que conocería a su primer amor.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Rostov Veliki

Jack Conway era un hombre ya, como él decía ser. Con sus simples 16 años ya era todo un hombre. Tenía una mujer esperándole en casa, una puesta por su gobierno para intentar seguir creando el soldado perfecto.

Así era como había nacido él. Aunque ya ni recordaba las caras de sus padres. Habían sido ejecutados, acusados de traición. Él fue quién apretó el gatillo.

Ahora se encontraba en las calles rusas. Su misión: investigar.Diversión: Ninguna.

Lleva una simple semana allí, no entendía el idioma, no tenía dinero. Cuando le dijeron que iría a investigar no creía que se referían a que le hicieran ser un vagabundo. Pero allí estaba, en la hermosa ciudad de Rostov. Viendo cómo los soldados de reían entre ellos.

Se moría de hambre. Sus entrañas rugieron.

Decidió que con el estómago vacío no podía investigar, no podía hacer nada si moría en campo enemigo sin pasar información a su patria.

Eso fue lo que hizo que siguiera a los guardias al mercado central. Donde estos cogían lo que querían.

Había un hombre de pelo blanco que solo cogía bebidas, más y más bebidas alcohólicas mientras se reía con sus compañeros y hacia el idiota.

Le parecía un patán. Y más le pareció cuando golpeó con fuerza a una niña rubia que intentaba, por los gestos que hacía, que dejara de beber.

Jack cogió una manzana de un puesto, viendo el panorama y aprovechando que el mercante no estaba mirando. Guardándola entre sus ropas y desapareciendo de allí.

Escondiéndose entre callejones y robando más fruta mientras pasaba entre ellos, todo aquel que era despistado era saqueado por el muchacho moreno. Solo llevaba la ropa puesta y una mochila, la cual contenía la carta donde había sido enviado y para qué.

Esta solo se la habían dado en el avión. Y él, orgulloso, se la guardó para enseñársela a Julia cuando llegará a casa. Mostrando sugran valoren esa misión.

Terminó escondido en un callejón sin salida, uno que apestaba y que alejaba a todo el mundo de allí.Sin mucho de que gozar, sacó la manzana que había robado primero, decidiendo racionar lo poco que había conseguido robar. Estaba seguro de que volvería a ese sitio.

Clavó su navaja militar en esta, partiéndola por la mitad y lentamente en pequeñas fracciones para engañar a su estómago, haciéndole creer que de esa pequeña cantidad estaba comiendo el doble. Un truco viejo que le enseñó un compañero.

Pero, delante de él, apareció la muchacha que había sido golpeada. Con su pelo rubio todo desordenado y un gran cardenal desde su ojo hasta su barbilla. Vaya que le habían dado duro.

Se sintió incómodo al ver la mirada de la chica, pérdida y asustada. Seguramente por los golpes, sus brillantes ojos grises fijados en lo que este comía.

Conway no sabía si abrir la boca. No conocía el idioma y solo veía que la pálida chica parecía de desnutrición. Escuchó su estómago rugir, no el propio, era obvio que la muchacha estaba mirando con gula su manzana.

Estaba en territorio enemigo. Esa muchacha era su enemigo. Sin embargo, le tendió la mitad de su manzana. La chica con algo de miedo se acercó a él a cogerla de su mano. Se alejó rápidamente de él, tan pronto cogió la comida, se alejó como si ese hombre frente suyo quemará.

Jack siguió comiendo, aun sintiendo la insistente mirada de la chica. Esos ojos grises no lo dejaban de mirar y mostraban terror cuando veía como movía su navaja de 15cm.

Él no le dio importancia. No la volvería a ver.

Sin mediar palabra, por no conocer su idioma, se retiró de allí.

Un mes después seguía en ese maldito país. Sus músculos estaban bajando. Encontraba difícil incluso beber agua ahora con el puro invierno. Los vendedores ya lo conocían como elladrónlo que le imposibilitaba seguir robando. Ya había recibido palizas de los soldados. En especial, de ese hombre de pelo gris, el cual parecía disfrutarlo.

Ese día su estómago rugía de nuevo. Había perdido demasiado peso. Y en el mercado le era imposible robar.

Se encontraba en el mismo callejón en el que siempre se escondía.

Una manzana llegó rodando hasta él. Al ver el camino por el que había venido, vio a la niña de pelo rubio esconderse tras la esquina.

- Gracias... - Le susurró sin saber si está le había escuchado y muy posiblemente no le entendería, aunque lo había dicho en ruso, pero su acento era demasiado notorio.

La niña sonrió un poco y salió corriendo de allí con las mejillas sonrojadas. Abrazándose a las piernas de un joven soldado.

- ¿Ya te comiste la manzana, Alexandra? - Era un muchacho de pelo gris, con el uniforme típico de la URSS. Con sus grandes capas de piel contra el frío. - Que rápida eres. - Dijo cogiendo la botella de vodka nada más vio al viejo soldado de pelo gris aparecer.

- Vaya. Me han devuelto al maricón de mi hijo. - Le habló al muchacho nada más acercarse, quitándole la botella de vodka de un manotazo. - Viktor Volkov, recién graduado, ¿Eh? - Se río de él. - ¿Hiciste muchas amiguitas?

- No, padre. No hice amigas. - Le respondió cerrando su puño, dispuesto a darle un puñetazo.

Este se río al ver la acción. - Tranquila, ya sé lo que estuviste haciendo durante el entrenamiento militar obligatorio. - Hizo un gesto obsceno metiendo su dedo del medio en su boca. - Anda, aparta de mi vista, me das vergüenza. No podrías ni con un americano, seguro que terminarías comiéndole la polla. - Se alejó de ellos riéndose mientras seguía bebiendo su botella de vodka. - Maricón. - Fue lo último que dijo antes de mostrarle el dedo del medio y retirarse, dado por finalizada la conversación con sus hijos.

Viktor siguió su camino con rabia. Su padre era un simple borracho. No podía afectarle tanto. Cargando a su hermana se retiró del lugar. Irían a la granja. Donde su madre aún, aunque con poco tiempo de vida restante, seguía. Ella lo recibiría mejor.

Y así fue. Su madre había cocinado lo poco que tenían para él. Aunque estaba cansada y podía verse su dolor en sus ojos. Alexandra intentaba ayudarla.

La menor tuvo que salir al granero por unos huevos recién salidos de las gallinas. Estaba viendo cómo esos animales abrían y cerraban, imaginándose que así sería tener un hijo. Y no quiso pasar por eso. Viendo ese sufrimiento animal.

Sin embargo, un ruido en la parte interna del granero hizo que se asustará, cogiendo uno de las armas de su padre que este había dejado “por si acaso”. Aunque realmente solo servían para amenazar al mayor de los Volkov para que esté fuera un hombre. Aún recordaba cómo le ha la metido el cañón del arma en la boca amenazándolo con disparar si no dejaba de llorar cuando Viktor tenía 8 años.

Cuidado donde pisaba se acercó, apuntando con el arma. Cuando vio entre los bultos de paja al muchacho del mercado. Este le miraba con horror, al ver cómo le apuntaba con un arma. Este solo trataba de comer unos huevos crudos que había robado. Les había seguido hasta casa. Alexandra debería disparar, eso es loque papá decía.Apuntaba con el arma al mayor, sin tener las agallas para disparar. Pero sí fue capaz de robarle el huevo que tenía en la mano y salir corriendo, llevando consigo el arma. Dejándola a la entrada de la casa junto a la de su hermano, escondida tras una alfombra que había allí.

Tenía que decirle a su hermano, él sabría qué hacer. Sin embargo, este parecía demasiado cansado y mañana tendría que salir a patrullar, con los demás soldados.

Esa noche cenaron como reyes. Aunque Alexandra no podía dejar de pensar en el moreno de ojos ámbar que había en su granero.

Todos se habían ido a dormir. Su padre aún no llegaba, y dudaba que ya lo hiciera.

Con los pies de puntilla decidió bajar a la cocina, sirviendo un plato de comida restante. Ese pobre chico debía estar hambriento.

Abrió el granero, con una vela en su mano, en la otra el plato de comida y un tenedor de madera. Abrió con su trasero, intentando a su vez no hacer ruido.

Estaba muy oscuro. Demasiado para su gusto. Se acercó al montón de paja, donde había visto al hombre esconderse con anterioridad.

Este seguía despierto y con una mano entre sus ropajes, asumía que era donde guardaba ese monstruoso cuchillo.

Alexandra solo dejó el plato de comida a su vista. Retirándose de allí, cerrando la puerta del granero para que esté no tuviera frío.

- ¿Que hacías ahí dentro tú sola? - La voz de su hermano mayor le sorprendió, asustándola y haciendo que la vela casi cayera al suelo.

- ¡Nada! - Se marchó corriendo de allí.

Viktor por su parte se extrañó por el comportamiento de la menor, él no podía dormir. Tenía demasiadas pesadillas de sus correos meses como militar y necesitaba algo de aire fresco.

Pero viendo cómo está se había comportado, decidió darle un vistazo al granero. Sin ver nada raro. Ni escuchaba nada. Decidió entrar, indagando más, tal vez su hermana estaba escondiendo algo de su padre que tenía valor.

Pero tampoco vio nada. Se dio la vuelta para salir de allí, hacia demasiado frío con la puerta abierta, pero quería disfrutar del pecado que todo hombre Volkov tenía: el vodka.

Se sentó en la obscuridad. Disfrutando de una pequeña fogata que encendió, desabrochando un poco su chaqueta.

Jack dejó que ese ruso bebiera tranquilo, al menos, por unas horas. Pero sus huevos estaban tan adentro del frío que se planteó seriamente acercarse a él. Lo había visto esta mañana con el uniforme militar, pero dudaba que con la coroza que ahora mismo llevaba encima al día siguiente se acordará de que había un extranjero con él.

No podía más, sus dedos se estaban volviendo violetas.

Debía aguantar... O dejarse matar por un ruso cualquiera. Sin embargo, lo escuchó llorar un poco y finalmente quedar dormido.

Esa era su oportunidad. Vio al muchacho frente a él, parecía tener su edad. Abrazado a su botella, su gran compañía en esa velada de la que él tuviera consciencia.

Sin mucho cuestionar si se despertaría o no, se acercó a la fogata que aún estaba prendida en ese pequeño recipiente metálico. Calentó sus manos y pies. Dolían como diez mil demonios.

Viktor Volkov despertó horas después, con dolor de cabeza tremendo. Pero la resaca se cura con alcohol, se dijo a sí mismo. Y llevó la botella a sus labios, dando un largo trago que le hizo marearse. Dejando la botella en el granero, a medio terminar. Esa noche volvería.

Jack por su parte se quedó allí todo el día, él no había dormido nada, viendo cómo ese pálido chico dormía. Al principio se había sentido raro, y al final... También. Reconocía que ese pelo gris le hacía exótico, pero esa forma de beber como si quisiera acabar con su hígado era preocupante.

Viendo al despertar que el ruso había dejado la botella, decidió que era su turno de probarla.

Grande fue su asco tras el primer trago, casi vomitando todo lo poco que había comido.

¿Cómo podía gustarle eso o quién coño le había hecho tengo daño como para beber esa basura? Como echaba de menos su whisky.

Escuchó pasos, lo que le hizo esconderse rápidamente. Pero al ver que era la niña, buscándolo con unos huevos revueltos, le tendió el plato a cambio. Cada vez creía más que esa pequeña era un ángel. Un ángel caído en esa tierra.

Esta no dijo nada. Por días actuaron así. En las mañanas y la noche Jack recibía comida de Alexandra, a veces incluso llegaban a jugar algo si la madre salía de compras. Por las noches soportaba a un ruso borracho, el cual le parecía atractivo, pero debía ser porque hacía mucho no estaba con su mujer.

Esta hacía mucho que no iba al mercado, pero ese día le tocó.Jack vio como esa noche la niña entró llorando. Abrazándose a él en busca de refugio. Tenía un fuerte golpe en la mejilla y sus ropas inferiores estaban manchadas con pequeñas gotas de sangre.No quería saberlo. No quería imaginarse lo que había pasado.

Trató de tranquilizarla. Trató de estar para ella. Pero su rabia corría todo su cuerpo. Quería matar a quien la había tocado.

Esa noche Viktor por su parte llevó varias bebidas de alcohol. Había visto el vestido de su hermana menor. Y esta no le contaba quién había sido. Y como con todo: el alcohol era la mejor cura.

Pero escuchó algo moverse entre la paja. No había sido su imaginación. No había bebido aún. Ahí había alguien o algo con él. Llevando una mano a su espalda, donde escondía su navaja, se acercó con cautela. Clavando el cuchillo en aquel ser moviéndose en la oscuridad, recibiendo un aullido de dolor que poco tardó en devolver su golpe con otro cuchillazo. Ambos rodaron en una pelea hasta el lado de la hoguera. Dando puñetazos donde podían, donde sabían que dolía. Sin embargo, ambos se detuvieron al estar al lado del fuego. Viendo la cara del otro, uno por primera vez y el otro, desde tan cerca que su apetito por él solo hizo que incrementar. Jack sobre Viktor con ambas piernas alrededor de sus caderas, tratando de inmovilizarlo, con el puño levantado hacia su ojo derecho y Viktor por su parte en la parte baja, agarrando su pelo y con la otra mano a punto de darle un puñetazo en la quijada.

Ambos se detuvieron en seco, aún sin separarse. Atentos a lo que el otro haría. - Dime que no fuiste tú quién tocó a la niña. - Le susurró el americano, aún con su rabia concentrada en ese tema. Viktor pudo notar ese acento, un extranjero, sino solo su apariencia era exótica para él, su acento era demasiado cerrado.

- No. Dime qué no fuiste tú quien tocó a mi hermana. - Le susurró de vuelta y al ver que este lo soltaba con rabia lo dejó marchar. - ¿Que hace un extranjero en mi granero? - Le preguntó viendo como este se limpiaba algo de sangre de las heridas recién abiertas.

- Sobrevivir del frío. - Le dijo con sequedad. - Creía que tu hermana vendría a darme comida.

- ¿Alexandra te trae comida? - Abrió la botella de vodka empapando un pañuelo que llevaba en su bolsillo para curarse sus heridas, alejado del extranjero. Este asintió, sin decirle nada más sobre ese asunto. - ¿Cómo has sabido de lo que sucedió?

- Vino aquí. La vi. - No mencionó nada. No confiaba en él. Ese era un soldado ruso. Este le lanzó el pañuelo con el que se había limpiado las heridas y le ofreció la botella de vodka para que él mismo hiciera lo mismo.

Se quedaron en silencio, escuchando como el fuego crepitaba. En un momento dado Volkov solo empezó a beber. Él había ido allí para algo, al americano le sorprendió que no les echara a patadas de su propiedad. Sin embargo, este parecía más en sus pensamientos que importándole el hecho de delante suya hubiera un desconocido. De hecho, le dio una botella para que bebiera con él, dejando entre ambos la botella de vodka abierta con la que habían limpiado sus heridas. - Dime que lo encontraras y lo matarás. - Le pidió en mitad de la velada.

- Lo haré. - Le prometió sin dudar. - ¿Acaso eres un pretendiente de mi hermana? Es algo raro tener un hombre que no es de la familia preocupándose por ella.

- No. No me gustan las niñas. - Viktor alzó una ceja. No entendía a que se refería. Alexandra ya tenía 13 años y su padre estaba buscando un pretendiente.

Algo en su cabeza hizo clic. El pretendiente que su padre había decidido para ella. Miró al hombre frente a él. - ¿Acaso eres de los que les gustan los hombres?

- No. - Dijo con simpleza. - ¿Y tú? Porque no dejas de mirarme.

Viktor bebió mirándolo de arriba abajo. - No, solo eres raro para mí.

Una parte de Jack sabía que mentía. La otra, le daba igual. Simplemente asintió con la cabeza.

La velada pasó tranquila. No eran muy habladores y solo se dejaron calentar por el fuego, aunque Viktor no podía apartar la mirada de ese exótico hombre. Si bien en la milicia había tenido que esconderse sabiendo lo que les pasaba a los homosexuales, allí no había nadie de ella y podía disfrutar de la belleza de esa piel morena.

Raro fue para Jack ver cómo el ruso se levantaba para marcharse, normalmente dormía allí tras una buena cogorza. - Dzhek. - Dijo señalándose antes de que el ruso saliera.

El ruso se paró, extrañado por el nombre del otro y sin darle ninguna importancia. - Viktor. - Dijo para finalmente salir y entrar en la casa.

En la cual encontró a su padre, bebido y golpeando a su madre. Su rabia ya estaba acumulada, lo que hizo que apuntara al viejo Volkov con su arma. Este al percatarse solo se rio. - Ni que supieras como utilizarla, marica. - Le retó acercándose a él. Viktor no movía un dedo, acto que su padre aprovecho para coger el arma y darle un fuerte golpe con la culata en la nariz, la cual empezó a sangrar. - Nenaza. - Le escupió en el rostro.

Y sin más. Así fue su noche. No podía hacer nada contra su padre, le temía. Siempre había sido así. Ayudó a su madre a levantarse del suelo, a esta le costaba respirar más de la cuenta.

Viktor se dio cuenta que esa noche su madre partiría de su lado. Y lloró en silencio, abrazándose a ella y suplicando porque su padre no escuchará sus llantos y fuera a por él nuevamente para acabar lo que había empezado.

A las 4 am su madre falleció. Alexandra y él se encargaron del funeral, con lo poco que tenían.

Viktor no fue en varios días al granero. Y paseaba por el mercado, como soldado, haciendo sus rondas cerca de su hermana. Cuando vio quién estaba tocando a su hermana. Faddei. El pretendiente que su padre quería para su hermana.

Con rabia lo arrinconó. Delante de su hermana. Este suplicó. Sin embargo, sujetando sus manos rompió todos y cada uno de sus dedos. - Si abre la boca, le cortaré la lengua, si vuelve a tocarla, le cortaré ese gusano asqueroso. - Dijo empujándolo hacía un cubo con heces.

Jack dormía entre la paja esa noche cuando la puerta se abrió. Dejando entrar a un Viktor con la nariz aún rota. - Madre murió. - Le comunicó al extranjero. No sabía por qué quería hablar con él. Necesitaba desahogarse y sabía que él estaba ahí. Y él no lo conocía, no lo juzgaría tan a la ligera. Vio como este aparecía de su escondite tras la paja y el mismo encendía el recipiente metálico para hacer un fuego. Le tendió una botella de vodka y se sentó a su lado. - Disfrutó de la vida mientras pudo. - Le escuchaba hablar. - Hasta que conoció a padre. - Escupió a un lado. Jack asintió. - Él la mató a golpes. - Conway esta vez abrió los ojos con sorpresa viendo a Viktor beber toda la botella de un trago. Dudó un segundo, pero decidió hacer que bajara la botella lentamente con una mano, cuando esté lo miró unos segundos, vio toda esa tristeza. Con algo de temor lo atrajo a él por los hombros, brindándole un abrazo que dudaba que alguien le hubiera dado en mucho tiempo.

Lo escuchó sollozar, abrazándose aún más a él, aunque su nariz doliera necesitaba ese cariño. Un cariño negado por tantos años y le gustó la forma en la que esos brazos lo apretaban.

Cuando se alejó de él un poco lo miró a los ojos, aún demasiado cerca. Iba a descubrirlo si estaba tan cerca. Iba adescubrirsu secreto si seguía tan cerca de sus labios. Ambos estaban frente a frente, mirándose a los ojos cuando sus labios fueron a juntarse, pero un grito se escuchó del interior de la casa.

Alexandra estaba gritando, lo que hizo que Viktor empujara a ese hombre para ir a socorrer a su hermana.

Ni en sus peores sueños se hubiera imaginado lo que vería.

Ahí estaba Mijaíl Volkov con una mano en la boca de su hija y tratando de bajarle la ropa interior mientras esta pataleaba. Viktor reaccionó rápido lanzándose sobre él, pero alguien ya se había adelantado. Un fuerte pitido en su oído fue suficiente tras el arma siendo disparada. Mijaíl ahora tenía un gran agujero en su cabeza, junto los restos de sus sesos esparcidos por la habitación.

Aún con sus oídos pitando se giró a mirar al atacante de su padre. Y ahí estaba Dzhek, como se había presentado ante él, con una pistola que a saber de dónde había sacado. Alexandra se abrazaba con fuerza al pecho de su hermano, llorando y tratando de esconderse de todo mal.

A partir de ese día, Jack pasó a vivir en la casa familiar. Se había encargado él solo del cadáver, sin dejar que Alexandra viera nada.

Ahora fumaba un cigarrillo viendo cómo las hermosas flores silvestres del lugar florecían. La joven chica, cumplía años ese día, por lo que decidió recoger algunas flores para ella. Habían pasado 3 meses desde lo ocurrido, Alexandra parecía mejorar y su relación con Viktor parecía más cercana. De vez en cuando bebían juntos en la cocina por la noche. Este trataba de no mirarlo, pero llegaba un momento que Jack extrañaba demasiado estar con alguien. Seguramente extrañaba demasiado a su mujer; se autoconvencía a sí mismo.

Sobre todo, ahora, que tras terminar de recoger las flores vio como Viktor se acercaba a él después de haber terminado su turno nocturno. Lo bueno de la Rusia; nadie preguntaba por alguien desaparecido. Mientras ese hombre de dos metros se acercaba a él no pudo parar su imaginación de cómo sería arrancarle ese uniforme. Como se hubiera sentido ese beso de borrachos aquella noche de principios de primavera. - Bienvenido. - Le saludó cuando pasaba por su lado. Este asintió y vio las flores. - Son para Alexandra, es su cumpleaños.

- ¿Estás seguro que no deseas ser su pretendiente? Faddei hadesaparecido.- Jack entendió a que se refería, pero negó con la cabeza.

- Sigo pensando que es demasiado pequeña. - Ambos entraron en la casa, donde Alexandra cocinaba para ambos. - Feliz cumpleaños, Sasha. - Le dijo a la rubia tendiéndole el ramo de flores que había hecho para ella. Esta se alegró de sobremanera, abrazándolo y dándole un beso en la mejilla.

Viktor vio esa escena, con seriedad hasta que la mirada de su hermana cayó en él. Sacó un pequeño envoltorio de su bolsillo secreto. - Feliz cumpleaños. - Le dijo, viendo cómo está abría con rapidez el regalo. Dejando ver un pequeño colgante de plata con una luna en él. Era la primera joya que se habían podido permitir en mucho tiempo. Alexandra lo abrazó con fuerza, agradeciéndole sin parar.

Jack por su parte estaba muy confundido. Según tenía entendido los rusos no podíancomprarnada. Le hizo cuestionarse cómo habría obtenido ese obsequio.

Tras comer con la niña está se fue a seguir haciendo tareas de la casa. Jack, por su parte decidió ayudar lavando los platos sucios, aunque sus manos estaban congeladas. Viktor por su parte estaba limpiando su arma. Todos los días lo había hecho, aunque siempre tenía problemas ya que está se quedaba trabada. Conway, lo miraba mientras secaba los vasos tras finalizar de limpiar los platos, decidió que podía confiar en ese ruso. No sabía por qué, pero se sintió con la suficiente confianza de coger esas manos largas y finas para ayudarle con un golpe seco con la parte atascada. Viktor calló unos segundos, sin separarse y a su vez, silencioso, solo se atrevió a elevar la mirada y preguntar. - Dzhek, ¿De dónde eres y qué haces en Rusia?

Jack sujeto las manos de Viktor con más fuerza. - Solo soy un extranjero tratando de entender. - Volkov giró su cabeza para mirarlo.

- ¿Qué es lo que tratas de entender y por qué tienes conocimiento de armas o portas una? ¿De dónde eres?

Conway se separó de él, mirándolo fijamente unos segundos. - Trato de entender el comunismo. - Seguía sin decir de dónde era. - Soy de Francia.

- Dzhek no es un nombre muy francés. ¿Es ese tú nombre? - Jack se estaba agobiando. Suspiró.

- Vale, vale. Soy de Georgia. - Viktor arrugó el entrecejo. Nada de su historia encajaba. Ni su acento era georgiano, ni la forma que pronunciaba su nombre era correcta.

Viktor dejó el arma sobre la mesa y se giró para encararlo. Conway enfrentó su mirada. - Soy francés de padres georgianos. No aprendí ruso de pequeño y quería conocer... Esto. - Trató de explicar el americano. Una mentira que creía le estaba salvando la vida. Volkov seguía siendo un soldado ruso, uno que cargaba sus medallas con orgullo. ¿Cómo podía tener tantas medallas?

El hombre de mayor estatura no quería indagar. No quería saber. Tenía sospechas. Pero, ¿Por qué le había cogido cariño a ese moreno de ojos ámbar? Ahora no quería saber nada que pudiera enfrentarlos. Aunque ya tenía sus sospechas bien aseguradas. - Vale. - Fue lo único que dijo para coger su arma. - Hay otra cómo está en la entrada. - Dijo sin mirarlo. ¿Por qué estaba protegiendo al que era un traidor a su patria? Demasiadas preguntas que no quería responder.

Jack se sentó en la mesa una vez solo, encendiendo un cigarrillo mientras pensaba en lo sucedido. Era obvio que el ruso no creía en su historia, pero peor le pareció que ese hombre confiara en él.

Las horas volvieron a pasar, Alexandra jugaba con unas muñecas mientras Jack trataba de leer algo en ruso, estaba aprendiendo con la niña, pero ya se sentía capaz de leer lentamente. En un momento sintió la mirada de la chica, Viktor estaba fuera, le tocaba patrullar en la noche. - ¿Y si nos casamos y así podemos ser familia?

Ese comentario lo descolocó. - ¿No podemos ser familia sin casarnos? - Intentó ser suave con su rechazo.

- Mi hermano dice que serías un marido genial y sería una pena perderte, ayudas mucho en la granja. Así no te tendrías que ir nunca. - Jack sonrió un poco por la ingenuidad de la niña.

- Lo siento, Sasha, pero no quiero casarme contigo. - Dijo sonriendo ligeramente por la ingenuidad de la niña.

- ¿Es por qué te gusta mi hermano? - Ese comentario lo descolocó, avergonzándolo más de la cuenta mientras un gran sonrojo aparecía en sus mejillas, que se extendía hasta sus orejas. - ¡Te gusta mi hermano! Oh... Yo ya me veía en un vestido de princesa, Anastasia estaría tan celosa.

- No... No me gusta tu hermano, ambos somos hombres, eso no puede ser.

La niña lo miró unos segundos. - Oh. - Susurró y miró a sus muñecos. - A Viktor me gustaban los niños hasta que papá le hizo algo para que cambiará de gustos. Ahora tiene una novia, pero nunca la hemos visto. - Se giró a mirarlo. - Papá dijo que Viktor era un monstruo, cuando eso pasó mucha gente venía a la casa. - Siguió jugando con sus muñecas e hizo como si estás se pelearán, insultando en su idioma natal cosas que no entendía.

Viktor por su parte estaba fumando un cigarro, escondido de sus compañeros. Echaba de menos estar en casa.

- Oye, mariposa. ¿Y si me chupas la polla como hacías con tu padre? - Escuchó como le hablaban. Ignoró los comentarios. - ¿Es que acaso no eres un hombre? - Se acercó para patear su pierna. Fue suficiente cuando vio que tenía el miembro de este en su cara, ahí fue cuando decidió cortarlo. - Matadlo. - Ordenó alejándose de él.

Jack se encontraba intentando hacer un café cuando vio esa figura de dos metros aparecer a las 5 am. Viktor estaba irreconocible. Tenía sangre por todo su cuerpo, alguna seca y otras heridas abiertas que seguían sangrando. Arrastraba el arma sin detenerse al lado del moreno. - Hey... - Le tendió la mano, pero está fue golpeada por el de mayor estatura. - No seas así, déjame curarte. - Le pidió siguiéndolo.

- No necesito ayuda, soy un hombre. - Le respondió el ruso para ir a la cocina, abriendo la primera botella de alcohol que vio para darle un largo trago, cogiendo el trapo de la cocina y empapándolo con el alcohol.

- Solo eres un estúpido más si no dejas que otros te ayuden.- Le respondió arrancándole de las manos el pañuelo para enjuagarlo en uno de los pozales y lavar su cara, tras ello, empapó más alcohol y empezó a lavar las heridas, era un viejo truco que utilizaban los militares en el campo de batalla para curar sus heridas. – Quiero sus nombres. – Le susurró mientras limpiaba las heridas con el alcohol, apestando la habitación de este olor.

Viktor bajó la mirada con enfado al suelo, finalmente escupiendo algo de sangre y saliva. – No son nadie y son todos.

- No quiero ambigüedades, Viktor. No quiero saber nada de esa mierda, ¿quién te ha golpeado?

Volkov lo miró con rabia, esos ojos grises estaban cargados de odio, reconoció ese sentimiento, muchos habían muerto delante de él con esa mirada. En aquel momento poco le importaba, realmente creía que no eran nadie, pero ahora le dolía, lo que hizo que apretara el paño contra la mejilla de Viktor, respondiendo con la misma mirada.

No supieron muy bien el porqué, tal vez fue el momento pero volvieron a empezar la pelea que una vez dejaron en el granero. El ruso obviamente llevaba la desventaja, ya estaba herido. Los golpes iban y venían, sin calcular muy bien a dónde iban.

Hasta que Jack finalizó con las manos en el cuello de Viktor, en un intento de asfixiarlo. Vio los ojos del más alto cristalizarse, y al tratar de retirar sus manos, el contrario las sostuvo con más fuerza sin permitirle retirarlas de ese cuello ya dañado. - Hazlo, maldita sea. Ya no quiero estar aquí... - Sus ojos estaban aguados, por un momento la coraza de Viktor había caído.

Conway subió las manos a sus mejillas, aún descolocado por toda la acción ocurrida pero negó con la cabeza, bajando lentamente hasta quedar sobre su pecho y abrazarse a él con fuerza. Algo le decía que ese roto chico estaba sufriendo interiormente lo que él sufría. Esa soledad e incomprensión, esos ataques por parte de sus compañeros. - ¿Es por qué te gustan los hombres, verdad? – Viktor abrió los ojos con sorpresa e intentó retirarlo dándole empujones y golpes con fuerza, sin embargo este no se movió. Él también había soportado más golpes. – Te entiendo. No te juzgo. Eres mi único amigo. – Volkov juraría que casi se le baja la presión, ¿ese hombre extranjero le estaba apoyando en algo por lo que tantos golpes se había llevado? Se aferró a él. No solo abrazándose a él, pero su corazón palpito con fuerza. Sí que era un buen partido, ojalá hubiera aceptado casarse con su hermana. Y como desearía en ese momento ser su hermana para poder tratar de llamar su atención. Pero eso último solo fue un deseo estúpido, uno de sus tantos secretos. Había deseado ser mujer para ser normal, había intentado salir con mujeres, pero simplemente... no podía.

Se quedaron allí un buen rato, como si el suelo de la vieja cocina fuera su lugar, y como si abrazarse estuviera curándolos lentamente. Cuando decidieron separarse, el corazón de Viktor volvió a latir con fuerza. Jack le estaba sonriendo con cariño mientras con su mano desordenaba su pelo repeinado. – Estaré aquí, siempre. – Le prometió en un susurro. Volkov no quería cagarla, pero sentía que ya había metido la pata al aceptar a ese hombre viviendo con ellos. Desde el primer momento se dejó llevar. – Ahora dime sus nombres. – Su rostro completamente cambió tras aquello.

- Te los diré el día que me digas quién eres realmente. – Le respondió mirándole a los ojos. – Y al menos así sabré de quien me enamoré. -Pensó mirando aún esos ojos ámbar.

A los días Alexandra se quejaba de que tenía que compartir habitación con Viktor cuando había dos habitaciones, siendo que ellos dormían en la cama de matrimonio de sus padres y ella ya era suficiente mayor como para estar durmiendo con su hermano. El mayor de los Volkov le respondió que era algo normal. Lo cual parecía ser así, aunque Jack conocía poco de la realidad de otros rusos, parecía que eso era real. Después de todo así habían vivido desde el principio, incluso tras la muerte de su padre.

- ¿Entonces quieres compartir habitación con Dzhek? – Preguntó Viktor arreglándose su uniforme militar antes de salir.

- No, obviamente vosotros dos sois hombres, lo que sería más lógico es que vosotros compartierais habitación. – Rodó los ojos viendo como su hermano terminaba de arreglarse para colocarse las botas. Vio como paraba un segundo sus acciones para mirarla. Iba a negarse, pero en cierta manera tenía lógica lo que decía. Él tenía que esconderse en el baño para cambiarse para que su hermana no viera nada, y el otro era un hombre que vería lo mismo que él tenía.

- Pensaré acerca de ello. – Más bien pensaría en una forma de librarse de ello.

Jack por su parte estaba escribiendo algo, en ruso. Viktor se acercó por su espalda, viendo sobre su hombro que era lo que tanto escribía, descubriendo que estaba empezando el abecedario ruso. Vaya que le ponía empeño y apretaba demasiado.

Cuando Viktor volvió a las 5am, como siempre, su ropa ya no estaba en el cuarto ahora de su hermana. Parecía que ella había decidido por todos. Ahora toda su ropa se encontraba en el cuarto que Jack y él compartirían, afortunadamente, habían dos camas y no habría incomodidades, sería como volver a su época de recluta durmiendo con otro soldado al lado, o eso trataba de autoconvencerse.

Pero ahí estaba, observando como ese hombre dormía tranquilamente y roncando como diez mil demonios. Era ruidoso cuando estaba relajado. No recordaba haber escuchado esos ronquidos cuando entraba en el granero, suponía que era por el mero hecho de que este no dormía.

Lo vio moverse y eso hizo que se hiciera el dormido. Aunque realmente no supo por qué, pero abrió ligeramente los ojos cuando escuchó el cinturón del hombre moverse. Y así lo encontró, de espaldas a él, cambiándose de ropa. Toda su piel era tostada y pudo apreciar algunas cicatrices de lo que en su corta vida identificaría como látigos.

Cuando notó que se iba a dar la vuelta, cerró con fuerza los ojos, escuchando un gran bostezo y como salía de la habitación tras varios minutos. Se abría puesto las botas y una camiseta, llegaba el verano y empezaba ha hacer calor.

Suspiró, se sentía tan idiota por tener a ese hombre como amor platónico. Sin embargo, cuando despertó horas más tarde y lo vio cortando leña, no pudo apartar la mirada, de mirar como sus brazos se flexionaban, tensaban, sudaba... Y él también sudaba, pero no por un esfuerzo.

Alexandra al verlo observando al otro hombre, decidió acercarse a él con sigilo y golpearlo levemente con la espátula de madera con la que estaba cocinando. – Oye, deja de observar a mi futuro marido así. – Le recriminó con una pequeña sonrisa escapándose de sus labios. Provocando que el chico de pelo grisaceo se sintiera acorralado.

- No grites tanto. – Le susurró alejándola de la ventana. – No digas nada, no quiero que esto lo menciones con nadie, ¿de acuerdo? – Alexandra le fue a responder, pero su hermano la cortó. – Sasha, es ilegal, no puedo tan si quiera mirarlo, ¿entiendes? No quiero terminar ahorcado o fusilado. Solo... Guárdame el secreto. – La menor entendió entonces muchas cosas, cayendo en cuenta que si tan si quiera dejaba caer que su hermano fantaseaba con otros hombres, le estaría jurando la pena de muerte. Asintió con la cabeza.

- Lo siento, Vik... - Le susurró de vuelta. Ahora entendía porque su padre le llamaba así. Su propio padre había querido acabar con su vida. Se sintió terriblemente mal al saber lo que había ocurrido, dejando atrás las fantasías infantiles y comprendiendo un poco más el mundo de los adultos.

Viktor asintió y se alejó de ella, viendo como el moreno entraba por la puerta. El mayor salió de allí con la cabeza baja, Alexandra no comentó nada, mientras Jack metía la leña en el horno de la familia.

El día pasó tranquilo, el mayor de los Volkov no quería tan si quiera acercarse al otro chico, prefiriendo quedarse en su cuarto leyendo algunos libros, de los pocos, que estaban permitidos en ese país sobre América. Deseaba algún día poder conocer ese lado de la tierra, aunque sabía que sería imposible. Con la guerra que había entre ellos, y lo difícil que era salir de Rusia.

Jack entró al cuarto con algunas prendas de ropa, y cuando vio el libro que el ruso leía le llamó la atención. Sin dudarlo se sentó en la cama, cerca del chico de pelo gris. - ¿Quieres saber acerca de los Estados Unidos? – Le preguntó con una emoción que el ruso no entendió, pero este asintió con la cabeza, sintiéndose un poco incomodo con la cercanía de ese moreno, lo cual este último no pareció notar, ya que se tumbó a su lado cogiendo el libro de sus manos y reclinandose en su costado, quedando cara a cara. Cuando bajó el libro, este empezó a contarle miles de historias sobre Norte América, incluso de algunas guerras secretas que el gobierno Ruso no sabía. Apoyado en su codo con la cabeza elevada mirándolo directamente a los ojos. Volkov no sabía cómo reaccionar ante esa cercanía, claro que le gustaba pero, la estaba tomando de una forma que tal vez al otro chico le incomodaría. Sobre todo cuando dejó que todo fluyera, dejando que pasará lo que tuviera que pasar, con las ventanas cerradas y sin que nadie pudiera escuchar. Apoyando su mano en la cintura de Jack, este miró su acción, le costó unos minutos reaccionar ante este movimiento y vio como este también revisaba las ventanas y la puerta cerrada. Todo quedaba entre ellos , obteniendo por parte del más bajo una pequeña sonrisa.

Desde ese día se hicieron más cercanos. Pero solo dentro de la granja. No se permitían tan si quiera que Alexandra los viera. Era verano, esto incluía ese calor característico de la temporada, cuando ambos estaban dando un paseo.

Reían y jugaban como los niños que eran, pronto Jack estaría dos años en Rusia, lo que haría que cumpliera 18 años. Alexandra tendría pronto 16 y algunos pretendientes se acercaban a la casa, alejándose cuando veían a Jack con ella. Todos creían que él era su marido o su futuro marido.

Sin embargo, Conway disfrutaba más de las cálidas noches con Viktor. Escondidos de todos. El gobierno americano le pedía información, cada vez que iba al pueblo, alguien se acercaba a él con una carta nueva. Ya no sabía que hacer, se había perdido en los ojos grises de ese ruso y no quería traicionar lo que fuese que tenían. Pero ni un beso se habían dado, era obvio que él le gustaba, ¿por qué no lo besaba y ya?

Ni si quiera tenía una respuesta. Lanzó una piedra al aire, mientras caminaban por las afueras de la granja, y el ruso se reía por algo de lo que estaban hablando, ahí fue cuando su mundo se detuvo, cayendo en cuenta de algo.

- Oye. – Le habló repentinamente. – Si yo te hubiera mentido, estos dos años juntos. – Lo miró a los ojos viendo como el ruso cambiaba de actitud completamente. – Digo, una gran mentira, no como las que te digo que no me he comido tu postre antes de que llegaras a casa. ¿Aún me tratarías así?

Viktor jugó un poco con la piedra que tenía en sus manos. Alzó sus hombros sin saber que responder. – Supongo que no podría confiar nunca más en ti. Nuestra amistad se basaría en una mentira y nada sería real, ¿no?

A Jack se le rompió un poco el corazón escuchando eso. Asintió con la cabeza, con un nudo en la garganta.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos. Cuando Volkov volvió a hablar. – Me van a enviar a una misión por un tiempo, me gustaría que tomaras mi lugar en la casa.

- ¿Misión? ¿Cuánto tiempo? – El ruso movió los dedos pensando en el tiempo.

- Unos meses, no te puedo decir a dónde voy ni por qué, pero, ¿me harías ese favor?

A Conway no le gustó eso, sin embargo, asintió con la cabeza. – Solo vuelve con vida, Sasha lloraría demasiado si no es así. – Le comentó sin saber como indagar en algo más.

-Tú también llorarías. – Le dijo bromeando mientras lo atraía a él pasando un brazo por sus hombros.

- Sí. – Le respondió con seriedad, entrelazando sus dedos con los del ruso. – Yo también lloraría. – Lo miró a los ojos y sonrió tímidamente. – Por eso volverás con vida, ¿verdad? Sea lo que sea, solo demuestra que eres un bastardo fuerte y si no puedes, solo piensa en nosotros, te estaremos esperando. – Viktor estaba cautivado, apretando la mano del moreno con un sonrojo. Se sentía tan tosca y varonil. No pudo hablar, solo asintió con la cabeza. Era la primera vez que mostraban esa cercanía fuera de la habitación, y... le gustaba.

Lastimosamente vieron a alguien pasar, lo que hizo que se separaran. Volkov saludando moviendo su gorro con cortesía hacía la joven pareja que pasaba por su lado, la chica se le quedó mirando de una forma que a Jack no le gustó, pero no podía hacer nada.

Esa semana Viktor se dedicó a empacar. Tenía solamente que empacar lo necesario, algo de comida no le vendría mal. En el último día; Jack lo veía desde su cama, moviéndose de lado a lado, frunciendo el ceño si algo no encajaba. De nuevo tenía problemas consiguiendo encajar su arma, por lo que este se acercó a él, por la espalda, con cautela. Colocando de nuevo las manos sobre las del ruso, de nuevo repitiendo la acción, con un golpe seco. – No te olvides que es algo duro, no quiero que cometas un error allí. Quiero que vuelvas. – Le susurró en su oído, aunque este fuera más alto que él, se había acuclillado para intentar que fuera más fácil.

- Volveré. -Le prometió sin saber como decirle que su corazón le pertenecía, aún sin saber quien era realmente. - ¿Puedo saber tu nombre real? – Le susurró de vuelta. – Si muero quiero saber quien eres tú.

Jack suspiró, apoyándose más sobre la espalda de ese hombre.- No puedo darte esa información, Viktor. – Fue honesto con él, pasando sus manos por los brazos de él, dejando una suave caricia que terminó en su pelo. Haciendo que girara su cabeza con su otra mano. – Me encantaría que nos hubiéramos conocido en otra oportunidad. – Le susurró mirándolo a los ojos. Viktor lo miró confundido, sin comprender a que se refería.

Volkov esperó por algo que no llegó, pues este se alejó de él. El ruso dio por finalizada esa charla, terminando de empacar, se quitó la ropa, la cual dejaría allí. Imaginaba que era de noche, aunque las ventanas cubiertas no le dejaban ver, apagó la vela tras revisar que su compañero estuviera bien, este le daba la espalda, asumió que trataba de dormir. Se quedó mirando esa espalda hasta dormirse, imaginando como sería dormir junto a él. Estaba tan cerca y tan lejos...

Terminó durmiéndose con un amargo sabor de boca, sin embargo en mitad de la noche sintió un peso extra en la cama, lo que le hizo despertarse. Pensó que sería su hermana, sin embargo, era un cuerpo bastante más grande, fue a encender una vela, sin embargo una mano le detuvo. – No enciendas eso ahora. – Escuchó a Jack susurrar contra su cuello.

Viktor quería replicar, ¿por qué estaba sobre su cadera? Sin embargo, todo su pensamiento lógico se cortó cuando sintió los labios de ese hombre sobre los suyos, era un beso húmedo, que le cortaba el aire. – No... - Le susurró cubriéndose la boca.

- Nadie mira, nadie ve. Ni siquiera nosotros. – Le agarró las manos subiéndolas encima de su cabeza. – Déjame dartealgode mi antes de que te vayas. – Le susurró volviendo a besarlo, pidiendo permiso para introducir su lengua en la boca del más alto, permiso que fue concedido.

Sus caricias aumentaron en la oscuridad, Volkov deseaba ver, deseaba ver como apretaba esa carne, como Jack gemía su nombre bajo él.Quería verlo. Que verlo bajo él, por siempre.

Sin embargo, solo fue momentáneo, a la mañana siguiente este actúo como si nada hubiese pasado.

La vida en la granja se volvió más dura, aunque definitivamente la gente pensaba que Alexandra era la pareja de Jack, y pensaban que era demasiado raro que el hermano mayor viviera con ellos sin pareja.

Por lo que empezaron a enviar cartas ofreciendo a sus hijas en matrimonio, después de todo: Volkov era soldado.

Eso era un gran partido en aquel momento donde todo empeoró, donde los conflictos bélicos entre Norte América y la URSS se conocieron realmente.

Jack rezaba cada noche, rezaba que si tenía que morir un americano o Viktor, muriera su compatriota. Se sentía terrible traicionando de esa forma a su tierra, pero ya poco le faltaba de lo poco que podía entregarle al ruso. Desde esa última noche las cartas de su gobierno se volvían más persistentes, los mensajes también.

Una noche Jack Conway no volvió de su salida al pueblo. Alexandra estaba completamente sola, y Viktor había sido enviado a la guerra.

El mayor de los Volkov no comprendía que había pasado. Dzhek, como él lo conocía, era feliz allí. Temió lo peor.

Que el ejercito los hubiera descubierto y lo hubieran llevado al gulag.

Sus dudas se terminaron pronto. Allí, en Corea, lo encontró. Portando la bandera de sus enemigos.

Dzhek no era Dzhek, era un americano y le había estado mintiendo todo ese tiempo. Muchos flashbacks llegaron a su cabeza.

Le había usado para encontrar información. Su mandíbula se apretó con rabia, elevando el arma para dispararle.

Hasta que este se giró a mirarlo, cayendo en cuenta de quien era, bajo toda esa suciedad de tierra.

Viktor Volkov no pudo disparar y Jack Conway se vio completamente descubierto.

Ninguno de los dos podía decir nada.

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