Prologo
Hay personas que llegan a nuestra vida sin hacer ruido.
Se sientan a nuestro lado en un salón de clases, comparten contigo una canción, te hacen reír cuando tienes un mal día y, antes de que puedas darte cuenta, ya conocen partes de ti que nadie más conoce.
Ellos fueron eso, el uno para el otro.
Fueron mejores amigos y el lugar seguro del otro. Las personas con las que aprendieron que algunas canciones pueden decir lo que uno no se atreve a pronunciar.
Y quizás ese fue su error.
Creyeron que tenían tiempo.
Tiempo para decirse lo que sentían, para dejar de fingir que aquello era solamente amistad, tiempo para elegirse. Pero el tiempo no espera a que estén preparados.
Hay palabras que se escriben y después se borran, besos que nunca vuelven a ocurrir, personas que se van creyendo que no fueron amadas y decisiones que parecen pequeñas cuando las tomamos, pero terminan cambiándonos la vida.
Ella lucía un vestido verde olivo que dejaba relucir su cintura y la pierna derecha que sobresalía en una apertura. Él lleva un traje negro justo a su medida, con la corbata del mismo color que el vestido de la chica.
—Debimos haber escogido otro color —murmuró ella mientras se veía a través del espejo—. Este no brilla tanto para esta noche. Pasaremos desapercibidos.
Ella hizo una mueca parecida a un puchero, y él curvó una sonrisa mientras se acercaba a ella por la espalda para sujetarla de la cintura y atraerla a su pecho, mientras olía esa colonia de bebé usual en ella.
—Eres, sin duda, la más hermosa de la noche —se acercó despacio para besar la clavícula de la chica; aquello la hizo sonrojarse—. Ahora tu rostro está igual de rojo que tu cabello.
Se burlo mientras ella se avergonzaba, llevándose una mano al rostro para taparse. La risa de él resonó por la pequeña habitación y eso provocó que el corazón de la chica diera un vuelco; era la risa de él la que causó la risa de ella.
—Deja de molestarme.
Se gira para darle un manotazo suave; vuelve a reír porque aquello no le dolió para nada.
—¿Vas a pegarme en el día del baile? —Replica —Eso no es de una dama, señorita Alessia.
—Burlarse de una dama tampoco es de un caballero, señorito Gabriel.
Le encantaba cómo sonaba su nombre pronunciado por ella. Esa chica no debía jamás dejar de pronunciarlo. Él la miró a los ojos hasta que ellos bajaron a sus labios rojos y carnosos. No pudo evitar sentir aquella sensación de querer besarlos y morderlos, deleitarse con su sabor. Pero fue la joven quien tomó la iniciativa; no se resistió más y borró la distancia entre los dos.
Sus labios se juntaron con los de él, y pudo sentir el hambre, el deseo de no separarse por más que se quedaran sin aire, por más que sus labios se convirtieran en gelatina pegados uno con el otro.
Él la sostuvo de la cintura, pero ese agarre se intensificó cuando, tras la cintura, pasó a su trasero y lo apretó, lo que hizo que la chica soltara un pequeño gemido.
—Eso tampoco es de un caballero —le susurró en medio de un beso.
—Yo nunca he sido un caballero, mi linda.
Puede que el beso se haya profundizado, pero luego fueron interrumpidos por la hermana de ella, quien los llevó al baile de graduación de ambos y pasaron la noche más increíble, una que ninguno de los dos podría haber olvidado jamás.
Durante mucho tiempo, ambos pensaron que algunas cosas simplemente estaban destinadas a quedarse atrás. Hasta que se volvieron a encontrar y comprendieron que quizá el amor no siempre desaparece, a veces solo aprende a esperar.
Esta es la historia de todo lo que dejaron pendiente.
Busquen su mantita, tomen asiento, guarden silencio, que nadie l@s moleste, y que empiece el espectáculo.
Love.
FECHA DE PUBLICACIÓN EN INKITT: 13 de septiembre del 2026








