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Tu primer día en la universidad, no tenías amigos ni nadie se acercaba a ti. Te sentaste hasta al frente para no perderte viendo hacia la puerta esperando a ver a qué hora se terminaba la clase que aún no empezaba.
¿Por que tenías que elegir una carrera a los 17 años?, tu cerebro no está aún desarrollado como para tomar una decisión tan grande que influirá el resto de tu vida.
En tu cabeza habían dos pensamientos que denotan tu inocencia e ingenuidad, una parte de ti aún quería ver caricaturas y la otra ansiaba conocer a alguien y poder vivir un romance universitario... Un igual, no un profesor...
De repente, el murmullo del salón se cortó en seco. El sonido de unos pasos firmes y el golpe de un maletín sobre el escritorio te obligaron a levantar la vista.
No era el profesor aburrido que esperabas. Era un hombre joven, de unos 25 años, con una estatura imponente de casi un metro noventa que parecía absorber toda la luz del salón. Vestía un saco impecable sobre un suéter de cuello alto y guantes que ocultaba cualquier rastro de piel, y su cabello negro y rizado caía con un desorden extrañamente atractivo sobre su frente. Con una calma exasperante, se remangó el saco y escribió su nombre en el pizarrón con una caligrafía perfecta: Yamato Endo.
Cuando volteó, un olor a perfume caro inundó la primera fila. Sus ojos se clavaron justo en ti, Yu. No tenían calidez, tenían la seguridad del depredador que acababa de encontrar su objeto de estudio...
Indistintamente de que estabas al frente, tu apariencia llamaba la atención, una mezcla de ternura y sensualidad que ni tú misma sabías que tenías, lo cual provocó en el profesor una curiosidad que iba completamente en contra de su ética profesional, tu estabas poniendo atención a su clase porque estabas al frente, porque intentabas no distraerte y comenzar con el pie derecho.
El plan de estudios prometía los fundamentos de las ramas más importantes de la psicología. Lo que nunca imaginaste era que el conductismo, la terapia cognitivo-conductual y la psicología evolutiva te convertirían en el ejemplo práctico de tu profesor.
- Nena, ten cuidado... El profe te miraba raro. - te dijo un compañero. - si necesitas que me quedé contigo, dimelo, me llamo, Haruka Sakura.
- Gracias, pero no te preocupes. - le sonreíste pero no le hiciste caso, solo te colgaste la mochila y saliste. Dejando a ese compañero a solas con el profe.
- Con que le gusta meterse en asuntos que no son suyos, joven Sakura. - Aunque el profe parecía distraído pero lo escucho todo. - Deje de acosar a la señorita Takizawa y piense en traer bien su tarea la próxima semana.
- No se preocupe por mi tarea, Profe, ocúpese de que su mirada no se desvíe tanto de la pizarra hacia el asiento de mi compañera... es por ética profesional, ¿no? - se salió más que enojado de ahí, buscándote para no dejarte sola, las siguientes clases pasaron pesadas, entre el recuerdo del otro profe y los murmullos de tus compañeros, pensabas que estudiar psicología te iba a rodear de otro tipo de persona pero era todo lo contrario, si los profesores eran un asco no podías esperar otra cosa de tus compañeros.
En una semana sin quererlo encontraste a tu enamorado, aquel chico de cabello bicolor y ojos heterocromáticos que te defendía aún con la amenaza del profe de ser reportado por acosarte- falsamente- , te adora pero por tu propio bien no actúa tan cariñoso en clases o al menos no en la de Endo.
Paso un mes mientras intentaban aprender conceptos básicos sobre psicología, autores clave y demás, y no morir en el intento, solo eran novios de manita sudada; extraño para una chica de tu edad y aún más extraño para un chico de la edad de él. Él respetaba tu inocencia, le gustaba verte sonrojar solo por el pequeño roce que tenían sus manos y él también disfrutaba de ponerse rojo con solo pensarte.
Un día común se quedaron en el salón en lugar de ir a almorzar, estaban compartiendo un momento íntimo sentados juntitos mientras compartían una paleta de caramelo, era curioso que su primer intercambio de saliva fuera con un caramelo que parecía inofensivo, pero prendía fuego en él a cada lamida que daban.
–Te ves tan preciosa que te podría comer. - te dijo mientras te acariciaba las mejillas y con su dedo pulgar delineaba tus labios. - Me encantas. - Se inclinó a besarte por primera vez en un mes. Sus labios eran suaves, su aliento cálido y en su saliva aún permanecía el sabor a manzana verde del caramelo que acaban de compartir. Se perdieron tanto en las sensaciones que no se dieron cuenta de que el profesor había llegado pronto al salón y los estaba observando.
- Muy buen ejemplo de lo que veremos hoy en clase jóvenes... Ojos grandes, mejillas regordetas... Necesidad de proteger o devorar... - suspiro mientras se sentó a observarlos mientras se acomodaba los guantes.
Tú comportamiento cambio, justo al verlo así de autoritario te sentaste derecha y empujaste a tu novio hacia un lado abriendo tu vista, observando a Endo con esos mismos ojitos que parecían inofensivos, pero estaban un poco cegados por el deseo que tenías hacia tu novio, podían confundirlo con interés por él.
Por suerte la media hora de receso había acabado y tus demás compañeros regresaban, el sula se llenó y la tensión se disipó un poco.








