✧𝟎𝟏; 𝑷𝒓𝒖𝒆𝒃𝒂 𝒅𝒆 𝒆𝒎𝒃𝒂𝒓𝒂𝒛𝒐. 𖥻 ִ ۫
Hace tiempo que Goo había rescatado a Samuel de los garras de los workers, la misión, aunque simple; había sido más difícil de lo que realmente era. Estaba bastante convencido de que solo le patearía el culo a esos mocosos y regresaría con su amigo a beber como era su costumbre cuando algo salía bien.
Claro que las cosas nunca salían como uno quisiera. A veces pecaba de ingenuo o de bastante estúpido, o eso decía Sami.
Y está no había sido la excepción, para desgracia de Goo.
Lo que encontró en aquel lugar superó incluso las expectativas que tenía de ese nido de lunáticos. Y cuando creyó que nada podía empeorar, apareció Tom Lee.
El enfrentamiento fue una verdadera masacre a ojos de quien lo viera, sangre salpicada por todos lados, con heridas graves, en especial esas donde Tom había enterrado sus dedos en su abdomen y cuello. Para cualquier humano normal eso lo habría matado. No para alguien como Goo.
Eso era lo que lo desconcertaba, él no era alguien normal, muy rara la vez se enfermaba y cuando lo hacía nunca llegaba al extremo de dejarlo en cama.
Por eso mientras ponía vendas en su abdomen, hizo una mueca. Hacía tanto que una herida le dolía así.
Más tarde, llego a su departamento compartido, mas bien, el lugar que solía compartir con su amigo/rival y amante; Gun.
Hace bastante tiempo que Gun dejó de vivir ahí con él, y en su lugar se iba a ese depósito de chatarra. ¿A qué? Realmente dejo de interesarle mucho.
Así que entrar y verlo en medio de la cocina con una toalla en la cabeza y una taza de té lo dejó quieto. No esperaba verlo ahí, pero por alguna razón, eso hizo que el peso de la pelea fuera más ligero.
Gun ni siquiera lo miró al escucharlo entrar. Tomo un sorbo de su té verde, el favorito de Gun, como si lo estuviera esperando toda la tarde.
―Hasta que me honras con tu presencia ―dijo después de salir de la sorpresa para ir a sentarse en su sillón favorito.
Gun dejo de beber antes de responder.
―Vine para que me devuelvas el traje que te presté ―dio un rápido vistazo al rubio, levantó una ceja ―pero por lo que veo, ya no existe tal traje.
Goo soltó un suspiro pesado al tono hostil del otro, el traje, por supuesto. Había tenido que casi rogarle (le hizo sexo oral, en realidad) para que le prestará uno de esos trajes y le escribiera su mismo monólogo aburrido de siempre.
―Si, bueno. En mi defensa, el loco de mierda de Tom Lee lo hizo mierda ―se encogió de hombros―. Te compraré otro cuando pueda.
―No Goo. No quiero otro traje.
Goo volteó a verlo.
―¿Y por qué no?
―Ese estaba echó a mi medida.
―Exagerado.
―Irresponsable.
Goo rodo los ojos.
―Como sea, ¿Qué hay de cenar?
Gun se resignó en silencio, era el mismo cuento de siempre pero ese día no tenía ganas de discutir, así que sin más remedio fue a la cocina a calentar el curry japonés, el favorito de ambos.
Cuando la cena estuvo lista ambos se sientaron a comer, Gun como siempre le sirvió una porción más de arroz a Goo, sabía que le pediría mas. Goo no da las gracias, no las necesita de todos modos, era bastante común para ellos y así estaba bien.
Y mientras ve a Goo comer con calma que pocas veces hace, no puede evitar mirar las vendas en el cuello de Goo.
―Deberías acomodarte esas vendas, se ven horribles.
Goo traga su bocado, se encoge de hombros sin tomarle importancia.
―Después.
Continúan comiendo en silencio. No hablaron de su día como comúnmente hacían. Cuando los platos están casi vacios, Goo bosteza y Gun, en un acto de reflejo le sirve una taza de té, siempre hacía eso cuando Goo tenía sueño, le ayudaba a dormir mejor.
En silencio terminaron de cenar. Ninguno de los dos querían admitir que su relación estaba algo... tensa.
Desde que Gun se había mudado por motivos que nunca le quiso decir al rubio, las cosas se complicaron eventualmente. Primero fue por la distancia, había veces en que pasaban días o semanas que no tenían ningún contacto. No había pasado desde que tenían está... relación extraña.
No eran amigos. Eran rivales ocasionales. Dos personas que casi se matan más de dos veces, dejando incluso una enorme cicatriz entre los ojos del japonés. Y, aún así, una noche terminaron compartiendo la misma cama.
No hubo alcohol de promedio. Tampoco una confesión de amor. Simplemente sucedió. Si alguien le pregunta a Gun, probablemente respondería lo mismo.
Así eran ellos. Algunos días compartían la mesa. Otros intentaban arrancarse la cabeza. Y al momento siguiente, siempre terminaban entre las sábanas.
Nunca hablaron de lo que eran. Tampoco sintieron la necesidad de aclararlo. No había promesas, etiquetas ni compromisos. Hasta que, sin darse cuenta, ninguno volvió a mirar a alguien que no fuera el otro.
Y entonces, un día, Gun se fue. Sin dar explicaciones hasta dos días después, toda la confianza que el rubio le había dado se quebró.
Goo quería reclamarle, decirle ¿Por qué te fuiste?
No lo hizo, no tenía derecho a hacer esa pregunta. Él y Gun no eran nada y eso le dolía más de lo que quería admitir.
En ocasiones como está, donde podían compartir mesa y quedarse en silencio hasta que llegar a la cama y hacer más que dormir. Lo aprovechaban lo mejor que podían, porque al siguiente día Gun abandonaba su hogar y no volver a verse en días.
Pero hoy, después de casi morir en un lugar oscuro por rescatar a su mejor amigo, fue distinto.
Con los platos vacíos aún en la mesa. Estaba apunto de irse a dormir cuando su estómago se retorció de dolor, su semblante cambió. Se veía pálido.
―Goo, ¿Estás bien?
Goo estaba apunto de decir que estaba bien pero al momento siguiente estaba delante del retrete, devolviendo la cena en la taza. Atrás de él Gun lo miraba atento, se hacerco a él para tomar las vendas sueltas y parte de su cabello. No sé movió hasta que Goo termino de vomitar. Le ayudo a pararse e ir al lavabo a lavarse los dientes, no dijeron nada hasta estar en la habitación.
―¿Bebiste antes de venir? ―Gun pregunto con calma, mirando a Goo acostado.
Goo negó.
―No, estaba más ocupado en curar mis heridas que ir de copas. Además, Samuel quería irse a casa.
Gun asintió para si mismo. No quiso darle tantas vueltas al asunto, no era la primera vez que vomitaba después de una pelea intensa, a veces los intestinos le jugaban malas pasadas, a él mismo le pasaba en ocasiones.
Con calma, cambio los vendajes mal hechos, limpio con cuidado la herida en su abdomen, se había abierto un poco al esfuerzo de vomitar. Cuando terminó, apagó las luces y se acostó a su lado.
Decidió que esa noche no trataría de tocar al blondo, se veía cansado, sumando los eventos del día y lo que pasó momentos antes, lo mejor era dormir por esa ocasión.
A la mañana siguiente, el otro lado de la cama estaba vacía.
Pasaron los días y después de una semana, la salud de Goo había empeorando.
Empezó con la comida. El plato de chimichangas olía asqueroso, empujó el plato unos centímetros. Amaba las chimichangas pero por una extraña razón el olor le revolvió el estómago.
Hizo un puchero.
―Que desperdicio.
Lo siguiente fue el agua, sabía a rayos, trató con otras bebidas y en casi todas fueron lo mismo, lo único que toleraba era el té de fresa.
Así siguió, por un día estaba en perfecto estado y otros se la pasaba arrodillado en la taza del baño, vomitando todo lo que consumía, incluso el agua le hacía revólver el estómago.
Estaba empezando a hartarse.
No podía comer o oler sus comidas favoritas porque siempre terminaba en el drenaje.
En un principio, pensó que era alguna infección estomacal, se convenció de que era eso entonces lo dejo pasar, no quería ir a un hospital porque lo más seguro era que le quieran succionar su sangre con esas agujas infernales.
No gracias, prefiero vivir. Le había dicho por teléfono a Samuel cuando esté le habló por tercera vez en una semana.
Entonces paso lo inevitable, termino en cama, enfermo.
Enfermo. Él nunca se enfermaba.
Casi se ponía a llorar cundo en un estado de desesperación, llamo a la única persona en que podía confiar.
Samuel.
Bueno, decir que podía confiar en él era absurdo. Pero no podía llamar a Gun y contarle lo que estaba pasando, lo más seguro era que el bastardo se burlaría de él porque siempre dijo muy orgulloso.
"Yo jamás me enfermare y cuando lo haga, ¡Me pintare el pelo de rosa!"
Si... así de estúpido llegaba ser pasado de copas.
Por supuesto, Gun nunca lo dejaría pasar.
Samuel llegó exactamente en treinta minutos, al entrar a la habitación de Goo, miro el desastre, papel tirando fuera de la cesta, botellas de agua mineral vacías y una cubeta a lado de la cama.
Levanto una ceja.
―¿Cuántos días llevas así?
―Dos...
Samuel entrecerró los ojos, juzgado al rubio en cama.
―Ajá, ni tu te crees eso. Ven acá, iremos al hospital ¡Te guste o no!
―¡No!
Una persecución surgió y cuando lo atrapó lo obligó a ir al hospital a rastras. Hubo insultos y lloriqueos pero llegaron.
Al entrar y esperar su turno, Goo no dejaba de llorar diciendo tonterías. ¿Y si me muero? ¿Y se tengo cáncer? Pero aún ¿Y si me sacan sangre? ¡No quiero, no quiero!
Jura que una vena en su frente está apunto de explotar, afortunadamente llega una enfermera para dejarlos pasar. La consulta fue tranquila hasta que la misma enfermera entro con una jeringa.
Goo al verla trató de salir corriendo.
Está de más decir que Samuel tuvo que noquear a Goo para que se quedara quieto y pudieran la enfermera extraerle sangre para los análisis.
A los minutos Goo despierta aturdido y después se enojó por ver un pedacito de algodón en su brazo izquierdo.
Samuel se quedó a su lado aguantando sus quejas hasta que llegaron los resultados.
El médico entró a la sala con los análisis bajo el brazo, saludo con cordialidad siendo correspondido por ambos. Lee el expediente con el celo ligeramente fruncido.
―Sus análisis están bien, su salud no tiene problemas y sus heridas están en perfecto estado.
Goo soltero un suspiro de alivio.
―Sin embargo, hay algo que deberíamos hablar.
Tanto Samuel como Goo funcen el ceño.
―¿Qué cosa? ―preguntó Goo.
El médico sonrió.
―Felicidades. Tiene aproximadamente cuatro semanas de embarazo.
El mundo de Goo se quebró.









lo admito me gusta más la interfaz de esta plataforma que el de las demás tenías razón cuando dijiste que es más sostificada