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El Retorno de Nevermore

Summary

Tras el cierre de la academia, Merlina se embarca en en busca de Enid. Tyler mientras se refugia en un campamento con la ayuda de Capri. Tras la aparición de Enid, descubren qué Nevermore volverá a abrir sus puertas con una nueva directora, al volver a la academia merlina se encuentra con Tyler quien ingresó a la academia como nuevo alumno, ambos descubren que el sentimiento que alguna vez tuvieron seguía ahí y más fuerte que nunca.

Genre
Drama
Author
Cami
Status
8d ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Busco a Enid


Nevermore había cerrado sus puertas. Solo quedaron las sombras y el recuerdo de lo que alguna vez fue: un refugio donde los excluidos podían ser ellos mismos y un lugar que, aunque jamás lo admitiría en voz alta, Merlina Addams consideraba su segundo hogar.

Enid había resultado ser una loba alfa. Aquello implicaba el riesgo latente de no volver a transformarse jamás en humana, quedando condenada a vagar como una bestia solitaria a la que tarde o temprano cazarían. La pesadilla se materializó la noche en que salvó a Merlina de morir enterrada viva. Ahora, su amiga se ocultaba en las profundidades de las penumbras del bosque. Sin embargo, Merlina le había hecho una promesa antes de perderla de vista, y una Addams jamás rompe sus juramentos.


Para ejecutar el rescate, Merlina recurrió al tío Lucas, quien aceptó acompañarla sin hacer una sola pregunta. Durante el trayecto, mientras ella examinaba el antiguo diario de la tía Ophelia, una visión la sacudió por completo: vio a su tía en una habitación sombría, con el cabello blanco y suelto, adornada con una corona de flores secas, escribiendo con sangre en la pared la frase «Merlina debe morir». La tía Ophelia seguía viva y la familia albergaba más secretos de los proyectados. Para cualquiera, descubrir que tramaban su muerte resultaría alarmante; para Merlina, la oscuridad y la fatalidad siempre habían sido sus aliadas más leales.

Cerca de la medianoche se detuvieron para acampar. Mientras el tío Lucas y Dedos encendían una fogata, Merlina extendía el mapa sobre el capó del vehículo.

—Si la tía Ophelia realmente quiere matarte, sugiero que le pidamos la receta de ese veneno de contacto que preparaba en el verano del 94 —comentó Lucas, arrojando una rama seca al fuego con una sonrisa macabra—. Era brillante.

—Tendrá que ponerse en fila —respondió Merlina con tono gélido, sin apartar la mirada del mapa—. Y por su bien, espero que ejecute su intento con más elegancia que el resto.

En ese momento, el teléfono celular de Enid (el cual Merlina había tomado prestado para la misión) vibró en su bolsillo. Era un mensaje de Agnes, a quien le había encomendado monitorear cualquier avistamiento en la región. El mensaje contenía una fotografía tomada por un senderista: una loba de pelaje imponente bebiendo agua en la orilla de una laguna aislada.

—Enid —murmuró Merlina con sutil reconocimiento—. Sigue con vida y es más fuerte de lo que calculé.

—Esa chica tiene agallas —añadió Lucas, acercándose a mirar la pantalla—. ¿Ubicaste la laguna?

—Está un tres días de aquí, siguiendo el curso del río —contestó ella mientras marcaba el punto exacto sobre el papel—. Saldremos antes del amanecer.




Por otro lado, Capri conducía su vehículo llevando a Tyler como pasajero. Le había prometido llevarlo a un lugar seguro: un refugio oculto donde encontraría a otros excluidos. Tras adentrarse en la densidad del bosque y avanzar durante horas por caminos escarpados, finalmente arribaron a su destino.

El campamento se erigía escondido entre los árboles centenarios, conformado por serenas cabañas de madera rodeadas de vistosos jardines con flores silvestres.

—Llegamos, Tyler. Este es tu nuevo hogar —anunció Capri, apagando el motor.

Tyler suspiró en silencio. No pronunció palabra alguna y se limitó a obedecer; la apatía lo dominaba por completo y poco le importaba lo que el destino tuviera reservado para él.

Al bajar del auto, una anciana que se apoyaba en un bastón tallado se aproximó a ellos con paso firme.


—Bienvenidos a nuestro humilde hogar —dijo la mujer con voz pausada.

—Elodia —expresó Capri con calidez, adelantándose para darle un firme abrazo.

—Es un placer verte, querida —correspondió Elodia, para luego dirigir su mirada hacia el joven—. ¿Es él el muchacho del que me hablaste?

—Sí. Él es Tyler. Perdió a sus dos padres —explicó Capri con tono reservado.

—Lo lamento profundamente, hijo —expresó la anciana, observándolo con compasión.

—Descuide —respondió Tyler, manteniendo la mirada baja.

Elodia le dedicó una sonrisa serena y acogedora.

—Aquí tendrás una nueva familia, querido. Ven, te mostraré el lugar. ¿Nos acompañas, Capri?

—Me encantaría, pero debo retomar el viaje de inmediato. Solo venía a dejarlo —respondió Capri.

—Comprendo. Ve con mucho cuidado —asintió Elodia.

Capri se giró hacia el joven antes de subir de nuevo al vehículo.

—Espero que te sientas cómodo aquí, Tyler

Tyler se limitó a asentir ligeramente en silencio. Elodia comenzó a caminar entre las cabañas, indicándole el trayecto.

—Vamos, sígueme.

Tyler avanzó tras sus pasos, no sin antes dedicarle una última mirada evasiva a Capri mientras el auto se alejaba entre la vegetación.

Elodia avanzaba a paso cansino pero firme, mientras Tyler caminaba a pocos pasos detrás de ella.

—Por aquí, como ves, está el patio principal —explicaba la anciana, indicando con el bastón las distintas áreas del lugar—. Por allá tenemos el comedor comunitario y, por último, la zona donde te instalaremos.

Tyler la siguió en silencio hasta detenerse frente a una de las cabañas de madera. Elodia empujó la puerta con suavidad y gesticuló para que entrara.

—Esta será tu habitación y aquí están tus compañeros —anunció ella, alzando la voz hacia el interior—. Muchachos, saluden a Tyler Galpin, su nuevo compañero.

—Hola —murmuró sin levantar la cabeza un joven recostado sobre una de las literas, concentrado por completo en la pantalla de su teléfono.

—Él es Max. Es un hyde, igual que tú —añadió Elodia con calma.

Tyler alzó las cejas, incapaz de ocultar la sorpresa. La mera existencia de otro hyde en ese lugar rompía todo lo que creía saber sobre su naturaleza.

Antes de que pudiera procesarlo, otro muchacho se aproximó a la entrada con un gesto amable.

—Hola, abuela —saludó afectuosamente.

—Hola, mi niño —respondió Elodia con una cálida sonrisa—. Tyler, él es William. Y ella es Sara —presentó, señalando a una chica que terminaba de estirar las sábanas de una cama contigua.

—Hola —alcanzó a pronunciar Tyler.

Sara abandonó su tarea y caminó hacia él para darle la bienvenida.

—Hola, bienvenido, Tyler.

—Gracias —musitó él, manteniendo la cautela.

—Tyler, querido, ellos dos son mis nietos —explicó Elodia—. Al igual que tú, también perdieron a sus padres.

—Lo siento —dijo Tyler, desviando levemente la mirada.

—Descuida, ocurrió cuando éramos muy niños —intervino Sara con tono comprensivo—. Pero pasa, ponte cómodo. Ya preparé tu cama y en el baúl del fondo hay ropa limpia por si deseas cambiarte.

Elodia observó la escena complacida y dio un par de golpes ligeros con su bastón sobre el suelo de madera.

—Los dejo a su cargo. Y Sara, por favor, no permitas que los chicos conviertan esto en un desorden.

—No te preocupes. Gracias, abuela —respondió Sara mientras la anciana se despedía con un gesto de la mano y salía lentamente de la cabaña.

Tras la salida de Elodia, Sara cerró la puerta de madera y volvió la mirada hacia el recién llegado.

—Bien, Tyler. Espero que te sientas como en tu propia casa.

De pronto, la puerta del baño contiguo se abrió de par en par y un joven emergió secándose el cabello con una toalla.

—Hola —saludó con soltura.

—Él es Peter —presentó Sara.

En ese instante, la figura de Peter comenzó a distorsionarse: sus rasgos se amoldaron, su estatura se ajustó y, en cuestión de segundos, adoptó la apariencia exacta de Tyler.

Sara soltó una leve carcajada al ver la expresión atónita del huésped.

—Que no te sorprenda; es un cambiaformas.

—Impresionante... Jamás había visto a uno —admitió Tyler, dando un paso atrás.

Peter recuperó su aspecto original con una sonrisa de suficiencia.

—Pues ahora ya viste a uno, hermano. ¿Y tú qué eres?

—Es el monstruo de Jericho —intervino Max desde su litera, sin despegar la vista del teléfono.

—¡Max! —reprendió Sara inmediatamente.

—¿Qué? Solo digo la verdad —replicó Max encogiéndose de hombros.

—Ignóralo, Tyler, es un amargado —interrumpió William, acercándose para aligerar la tensión—. Mi hermanita y yo somos hombres lobo. Mellizos, para ser exactos.

—Por favor, Tyler, solo trata de que mi hermanito no te lave el cerebro con sus historias —bromeó Sara.

—¿Qué dijiste? —preguntó William alzando una ceja con diversión.

Antes de que Sara pudiera reaccionar, William la cargó sobre su hombro y echó a correr por el reducido espacio de la habitación.

—¡Bájame ahora mismo, idiota! —exclamó ella entre risas, dándole manotazos en la espalda.

Por primera vez en todo el día, una leve sonrisa se dibujó en el rostro de Tyler. Max se incorporó ligeramente sobre los codos y lo observó.

—Oye, hyde, más te vale irte acostumbrando. Esto no es ni la mitad de lo que verás aquí; estos dos están completamente locos.

—Oye, a mí no me incluyas en su locura —protestó Peter alzar las manos.

William finalmente bajó a Sara al suelo, despeinándola en el proceso.

—Eso es para que aprendas a respetar a tu hermano mayor, hermanita.

—¡Solo eres mayor por cinco minutos, tarado! —replicó Sara, acomodándose el cabello mientras le propinaba un leve empujón.

Max soltó una carcajada ante el pleito de los mellizos y luego desvió la mirada hacia la ventana.

—Ya oscureció —comentó al notar cómo la penumbra cubría por completo el bosque.

—Bien, es hora de que me vaya a la cabaña de chicas. Buenas noches, Tyler —se despidió Sara caminante a la salida.

—Buenas noches —respondió Tyler con voz baja.

Una vez que Sara cerró la puerta, Peter se apoyó contra el marco de una de las literas.

—Bueno, Tyler, bienvenido a nuestro cuchitril. Aquí puedes sentirte como en tu casa.

—Gracias... Creo que iré a ducharme —musitó Tyler.

—Claro, la cama de abajo es la tuya —le indicó Peter señalando la litera libre.

Tyler caminó despacio hacia el baúl del fondo, de donde extrajo una toalla y ropa limpia. Sin decir nada más, se adentró en el cuarto de baño y cerró la puerta tras de sí.

En el dormitorio, los tres muchachos se quedaron en silencio mirando hacia el baño.

—¿Qué le pasará? —preguntó Peter cruzándose de brazos.

—¿No es obvio? —respondió Max desde su cama, soltando un leve suspiro—. La abuela dijo que perdió a sus dos padres. Es evidente que esté así.

En el interior del baño, Tyler se despojó de la ropa gastada y abrió el grifo. El agua fría comenzó a caer sobre sus hombros mientras se adentraba bajo el chorro, buscando sofocar el cansancio del viaje. Sin embargo, en cuanto cerró los ojos, la oscuridad trajo consigo el eco resonante de una voz amarga.

«Eres un monstruo... Mataste a tu madre», retumbó la voz de su padre en su mente, clara y punzante como una herida abierta.

El dolor lo atravesó de golpe. Tyler se llevó las manos a la cabeza, presionando con fuerza mientras el agua se mezclaba con sus lágrimas. Sin poder sostenerse en pie por el peso de la culpa, se dejó caer de rodillas contra el suelo de la ducha, rompiendo a llorar en silencio bajo el constante murmullo del agua.

De pronto, tres golpes firmes en la puerta del baño interrumpieron el murmullo del agua. Era William.

—Oye, Tyler, ¿estás bien ahí dentro? —preguntó con genuina preocupación desde el otro lado.

Tyler cerró la llave de la ducha rápidamente, se pasó las manos por el rostro para limpiarse las lágrimas y tomó aire, intentando forzar un tono de voz normal.

—Estoy bien... solo me daba un baño.

—Está bien. Si necesitas algo, aquí estaremos —respondió William.

—Gracias.

William se retiró de la puerta, dejando a Tyler a solas unos momentos más. Minutos después, el joven salió del baño vistiendo ropa cómoda y sosteniendo en la mano la prenda gastada que llevaba al llegar.

Antes de que pudiera guardarla, Peter se la arrebató con agilidad y una sonrisa despreocupada.

—Esto podemos tirarlo a la basura, ya no sirve —dijo arrojando la prenda gastada a un cesto—. Tienes ropa nueva y una nueva vida, hermano.

Tyler solo asintió en silencio y caminó hacia la litera inferior para sentarse en la orilla.

William se acercó un par de pasos, observando el agotamiento reflejado en el rostro del recien llegado.

—¿Quieres hablar de lo que pasó?

—No, gracias. Estoy bien —respondió Tyler, desviando la mirada hacia el suelo—. Solo creo que estoy algo cansado y quiero dormir.

—De acuerdo. Descansa, entonces —comprendió William, dándole un leve palmadita en el hombro.

—Buenas noches —musitó Tyler.

Se acomodó en la cama, se cubrió con las mantas hasta los hombros y cerró los ojos, fingiendo haber caído en un sueño profundo. Minutos después, los muchachos apagarán las luces de la cabaña, sumergiendo la habitación en una absoluta y pacífica penumbra.






Por otro lado, en la ruta con dirección a Canadá, Merlina y el tío Lucas decidieron detener la marcha a un costado del camino.

—Hay que detenernos aquí —indicó Merlina, observando la densidad del paisaje nocturno—. Continuaremos mañana temprano.

—¡Qué suerte que traje pescados! —exclamó el tío Lucas con entusiasmo, dando un palmadita a su alforja—. Encenderé la fogata. Dedos, ayúdame.

Dedos hizo un firme ademán de asentimiento con los índices y lo acompañó entre la maleza a juntar leña seca. Mientras tanto, Merlina se encargó de armar un pequeño campamento provisional con precisión metódica.

Minutos después, Lucas y Dedos regresaron con la madera necesaria. Tras preparar el terreno y encender el fuego con una chispa rápida, colocaron las piezas sobre las brasas para asarlas.


—Merlina... ¿por qué liberaste al hyde? —preguntó de pronto el tío Lucas, rompiendo el silencio mientras vigilaba la cocción del pescado.

—Fue por estrategia —respondió ella de inmediato, con voz plana y desprovista de emoción.

Lucas soltó una carcajada estridente que resonó entre los árboles.

—Bien, fue una gran estrategia, lo admito. La pelea más épica jamás vista —comentó entre risas.

Merlina mantuvo el rostro inexpresivo y no agregó nada más, salvo una sentencia tajante:

—Tyler ya no es nuestro problema.

El tío Lucas la observó detenidamente durante unos segundos, estudiando su severa postura antes de comenzar a devorar una de las raciones con voracidad. Merlina, en cambio, apenas probó un par de bocados de la suya antes de ponerse de pie.

—Iré a dormir —anunció, dirigiéndose hacia su refugio.

—Dedos y yo vigilaremos un rato —respondió Lucas mientras masticaba—. Luego iremos a dormir también.

Esa misma noche, Tyler se agitaba inquieto en la litera, con la frente empapada en sudor frío. En el abismo de sus pesadillas, la imagen del cuerpo de su madre cayendo desde lo alto del edificio se repetía en un bucle tormentoso. Instantes después, la voz ronca y acusadora de Donovan Galpin resonó con fuerza en su mente:

«Mírate... ni siquiera pareces mi hijo. Te convertiste en un asesino; mataste a tu madre. Jamás serás digno de llevar mi apellido».

La voz de su padre volvió a retumbar en la oscuridad del sueño, más hiriente y despiadada que antes:

«Nadie podrá amarte jamás... Ni siquiera Merlina Addams».

Tyler se despertó de golpe, hiperventilando y con el corazón batiéndole desbocado en el pecho. Miró frenéticamente a su alrededor en la penumbra de la habitación, constatando que los demás continuaban durmiendo. Incapaz de sofocar el dolor que lo carcomía por dentro, se acurrucó en la esquina de la cama, rodeándose las piernas con los brazos, y rompió a llorar de forma desconsolada. Guardó silencio absoluto para no despertar a nadie, sufriendo en soledad hasta que, exhausto, el sueño volvió a vencerlo.

A la mañana siguiente, los primeros rayos del sol se filtraron por la ventana anunciando el amanecer. Tyler abrió los ojos pesadamente y notó que los chicos ya estaban levantados y completamente vestidos.

—Iremos al comedor a desayunar —anunció Peter acomodándose la chaqueta—. Si quieres venir, te esperamos afuera.

—Gracias... —alcanzó a musitar Tyler con la voz rasposa.

Max se aproximó a la litera y le propinó una leve palmadita en la espalda.

—Ey, anímate. Si quieres, más tarde vamos a dar un paseo por el bosque para despejar la mente.

Tyler forzó una pequeña y sincera sonrisa ante el gesto. Tras esto, Max, Peter y William abandonaron la cabaña, dejándole un momento a solas para prepararse.

Después de unos minutos, Tyler decidió levantarse de la litera, cambiar de ropa y salir de la cabaña. El sol matutino iluminaba el recinto mientras él caminaba con paso dudoso en dirección al comedor comunitario.

—¡Oye, hyde! —le gritó Max a lo lejos, alzando una charola—. ¡Te conseguimos el desayuno!

Tyler aceleró el paso para reunirse con ellos y tomó el plato con un gesto de gratitud.

—Muchas gracias, de verdad —expresó en voz baja.

—Nos vamos a sentar en el césped a comer, ¿vienes? —invitó Sara con una sonrisa amable.

Tyler asintió en silencio y caminó a la par del grupo. Buscaron una sombra bajo un gran roble y se acomodaron en el suelo.

—Oigan... ¿han oído hablar de Nevermore? —preguntó Peter de forma casual mientras masticaba un trozo de manzana.

Al escuchar ese nombre, Tyler se tensó al instante. Su cuerpo se volvió rígido y apretó los cubiertos con fuerza instintiva.

—Ah, sí. La famosa academia para excluidos —respondió Sara sin darle demasiada importancia.

—Esa misma —confirmó Max, acomodándose sobre el pasto—. Oí que cerró sus puertas recientemente.

—Sí, escuché lo mismo —intervino William—. Dijeron que quedó devastada tras los últimos incidentes.

—Así era —añadió Max, bajando el tono de voz con cierta intriga—, pero según escuché esta mañana, ya está en proceso de reparación y pronto volverá a abrir sus puertas. Al parecer, alguien multimillonario compró la propiedad.

Tyler mantuvo la mirada fija en su plato. No pronunció una sola palabra, limitándose a tragar el alimento en absoluto silencio mientras los recuerdos de la academia resonaban en su cabeza.

De pronto, las imágenes regresaron con una fuerza abrumadora: vio a su madre cayendo en picada desde el edificio y, casi de inmediato, la visión se transformó en la escena de Merlina Addams, atrapada y siendo enterrada viva en la oscuridad de la tierra.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Tyler dejó el plato sobre el pasto, respirando con dificultad.

—Iré a dar una vuelta... Creo que estoy mareado —anunció poniéndose de pie con torpeza.

—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Sara con evidente preocupación, deteniendo su bocado.

—No, gracias. Estaré bien, ustedes sigan con su desayuno —respondió Tyler rápidamente, intentando no delatar su turbación.

Los muchachos se quedaron en silencio, viéndolo alejarse con la mirada cargada de inquietud.

Tyler caminó hasta llegar a un pequeño puente de madera que cruzaba un arroyo de aguas cristalinas. Se apoyó contra la barandilla, dejando caer todo el peso de su cuerpo sobre los brazos mientras observaba el flujo del agua. Sin embargo, su mente volvió a jugarle en contra. Rememoró con amargura el instante en que Merlina lo liberó de las cadenas; recordó sus palabras frías y distantes, afirmando que solo lo dejaba ir porque había fallado, tratándolo como un experimento fallido.

—Piensas en ella, ¿verdad? —interrumpió de pronto una voz serena a sus espaldas.

Tyler dio un leve brinco y giró sobre sus talones. Detrás de él, apoyándose en su bastón tallado, se encontraba Elodia, observándolo con una mirada pacífica y comprensiva.


Elodia caminó despacio y se colocó a su lado, apoyando ambas manos sobre el bastón mientras contemplaba la corriente.

—¿De qué habla? —preguntó Tyler, esquivando la mirada.

—De la chica —respondió Elodia con apacible certeza.

—Usted no la conoce... Y tampoco me conoce a mí —replicó él, bajando el tono de voz con cierta incomodidad.

Elodia dibujó una leve sonrisa y lo observó de reojo.

—Los conozco a ambos. Y sé muy bien que terminarás estando con ella.

Tyler soltó una breve risa sarcástica, negando con la cabeza.

—Bromea, ¿cierto?

—No bromeo al decir que Merlina Addams será tu esposa —sentenció la anciana con absoluta seriedad.

La sonrisa de Tyler se desvaneció al instante. El eco del nombre de Merlina en boca de aquella desconocida lo dejó paralizado, mientras la confusión y el asombro lo invadían por completo.

—¿Cómo... cómo sabe su nombre? —logró formular, dando un paso atrás.

—Soy psíquica, mi niño —explicó Elodia con calma—. O, más bien, tengo la capacidad de ver el destino y los lazos del corazón. Y el lazo que te une a ella es demasiado fuerte como para romperlo.

Tyler volvió a girarse hacia el arroyo, aferrándose con fuerza a la barandilla de madera mientras apretaba la mandíbula.

—Ella no me ve de esa manera —murmuró con amargura—. Para ella solo soy un monstruo. Un error.

—Solo te diré una cosa —añadió Elodia, dándole un par de palmaditas suaves en el hombro—: recordaras mis palabras cuando ese día llegue.

Sin agregar nada más, la anciana dio media vuelta y comenzó a alejarse a paso lento con su bastón, dejando a Tyler a solas en el puente, sumido en una confusión aún más profunda de la que ya arrastraba.




Mientras tanto en otro lugar, Merlin y Lucas habían retomado la búsqueda a primera hora de la mañana. Lucas conducía a velocidad constante mientras Merlina lo guiaba por caminos secundarios. Tras unas horas de viaje, se adentraron en un sendero flanqueado por árboles espesos, sumido en una tranquilidad excesivamente sospechosa.

—Este silencio es delicioso —observó Lucas, tamborileando los dedos sobre el volante—. O alguien murió aquí recientemente, o estamos a punto de caer en una emboscada.

—Espero que sea la segunda opción. Conducir durante tres horas sin un intento de asesinato resulta aburrido —replicó Merlina.

En ese instante, Dedos le propinó un golpe firme en el hombro a Merlina y señaló enfáticamente hacia los arbustos de la derecha. Había detectado movimiento entre las ramas.

Antes de que Lucas pudiera acelerar, el vehículo se detuvo abruptamente. De entre los árboles surgieron hombres encapuchados vistiendo máscaras y armados con ballestas. Lucas reaccionó intentando alcanzar la palanca de cambios, pero un dardo lo impactó directamente en el cuello.

—Vaya... qué buen disparo —alcanzó a murmurar el tío Lucas antes de desplomarse sobre el volante.

Un segundo después, un dardo penetró en la nuca de Merlina. La visión comenzó a nublarse rápidamente y el calor del veneno paralizante recorrió su cuerpo. Antes de sumergirse por completo en la inconsciencia, guardó el rostro de sus atacantes en la memoria.






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Hello hello, cómo estamos por estos rumbos? 😏🫶🏻

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