Tu inocencia en cuestión.
Una criatura de origen ultramundano escondida tras tu rostro irrumpió una noche en mi lecho a convencerme sin palabras de algo que asumió yo no querría; frente a mi poca resistencia profanó mi cuerpo y procedió a la fuga. Aun ante tales circunstancias no fui víctima de la sorpresa, pero no puedo negar el exagerado desconcierto que me habita cuando una y otra vez me invaden recuerdos tan reales de aquella tú, imagen desnuda en una escena terriblemente femenina. No pido salvación, sé a dónde pertenezco, y a sabiendas de que bien pudieras no ser culpable desde luego te concederé la amnistía, mas mentiría si te dijese que ante mis ojos te mantienes en la condición de inocente cuando mediante alguna elegante artimaña simulas mi inexistencia, y que tu presuntuosa y despreocupada actitud no me convida al mismo comportamiento sexual delictivo. No sé si eras tú.








