Capitulo 1
Inicios 1939
Berlín, Alemania
Hola, sí, soy yo, y esta es mi historia.
Tengo 21 años, soy huérfano; mis padres fallecieron cuando yo tenía 5 años.
Fallecieron en Berlín un día de viaje. Y sí, ya no pude volver a mi casa. Soy originario de Corea. Si te preguntas mi nombre, es Park Jimin.
Así que me crié aquí, con una familia que me acogió desde que me encontró en la calle, solo y hambriento.
La familia Klein: Manfred Klein y Margaret Klein. Mi familia, unas personas demasiado buenas que jamás pudieron tener hijos, pero me tuvieron a mí.
Tenemos una pequeña librería en el centro de Berlín, la cual he amado estar ahí desde que recuerdo.
La verdad, hemos tenido una vida demasiado tranquila y buena...
Hasta ahora.........
Soy de una familia de militares y tengo 23 años.
Actualmente vivo en Berlín, Alemania.
Ya saben todo esto de una posible guerra. Mi familia está negociando trabajar y aliarnos con "Adolf Hitler".
La verdad, no entiendo ni comparto su filosofía, si es que así se le puede llamar, pero tampoco es que me interese tanto. Solo me interesa estar bien yo y mi familia.
Mis primos Taehyung y Namjoon los cuales mi familia adopto y veo como mis hermanos vinieron conmigo para unirse también a las tropas alemanas. Seremos un trío imparable.
Bueno, los amo.
Así que es hora de ir a la librería. Hace 6 meses llegaron más personas a nuestra familia: Hoseok y sus hermanos Yoongi y Jin, y su pequeña hermana Jenny, de solo 5 años.
Vinieron a refugiarse con nosotros porque, al parecer, va a haber una guerra. La cual espero no pase.
Mis padres son judíos y, aunque ellos jamás nos han inculcado sus creencias, están orgullosos de serlo.
-Mimi, dice mamá que bajes a desayunar. Tenemos que ir a acomodar los libros que faltaron ayer.
Y ¿cómo no amar a esa pequeña revoltosa?
-Ven acá, revoltosa, bajemos.
-Rubio, buenos días.
El saludo de siempre de parte de Yoongi.
Porque si de algún gen saqué "Rubio", el cabello.
-Buenos días, Jimin -saludó Hoseok.
Y Jin solo me hizo un ademán con la mano.
La misma rutina de todos los días que amo con mi familia.
-Mamá, apúrate, que tenemos que vender muchos libros.
-Voy, cariño. Ya estoy vieja para ser rápida.
-Mamá, solo tienes 60 años. Estás en la flor de la juventud.
-Mocoso grosero, la edad de una dama jamás se revela.
Las risas de todos los días en mi casa me hacen sentir lo afortunado que soy al tenerlos.
-Ustedes tendrían que hacer las compras -llegó papá con tono preocupado-. A nosotros, los judíos, a muchos locales no nos permiten el paso.
-Yo paso a hacer las compras, tranquilo, papá.
-Vamos, es hora de hacer nuestras actividades, familia Klein. Junten sus manos.
El mismo ejercicio de unión de nuestra familia.
-Amor, felicidad y salud.
-¡Y mucho dinerooo!
Esa fue mi revoltosa. En serio, ¿cómo no amarla?
Llegamos a la librería, un poco desgastada por los años. No somos una familia adinerada, nos alcanza lo justo. Pero todos metemos un granito para sobrellevarla y, además, el amor sobra.
-Hoy me toca a mí y Jenny acomodar y limpiar los libros. Hoseok, te toca repartir periódicos; Jin, el mandado, y Yoongi, a recepción. Ustedes descansen.
-Hijo, nosotros podemos limp...
-No, para eso ya estamos nosotros.
Todo marchaba normal hasta que la puerta se abrió, dejándome ver una mirada que cambiaría mi vida para siempre.
Unos ojos oscuros y grandes, unos ojos parecidos a los de un venado. Alto y musculoso. Un chico demasiado... ¿guapo?
-Jeon Jungkook, te dije que tenías que ir a comprar. ¡Levántate ahora!
Se me había hecho tarde para mi entrenamiento militar con mi padre.
Me levanté corriendo, claro, con el pie izquierdo, porque me pegué en el dedo pequeño con la base de la cama, choqué con la puerta y caí de las últimas escaleras intentando ponerme un zapato.
Peor, peor no podía ser, ¿verdad?
No, no lo hubiera dicho.
Sí pudo ser peor.
-Tu padre ya se fue con tu primo y con Nam a conocer un poco el lugar. Alcánzalos.
-Mamá, pero no conozco nada.
-Jeon, solo sal a conocer y regresa. Si pregunta, yo te mandé.
Y sí, aunque es una gritona, mi mamá es mi cómplice número uno.
Así es como salí de mi casa sin rumbo y perdiéndome en Berlín.
Salí, caminé y caminé, llegué al centro y no supe cómo regresar.
Y fue donde la vi: una pequeña librería, desgastada, pero por el vidrio de la puerta alcancé a notar a un chico rubio, de ascendencia asiática, delgado y con facciones delicadas, labios gruesos y de un tono rosa.
Su cabello semilargo, en rizos, mientras reía con una niña de cabello negro.
Su sonrisa hacía que sus ojos desaparecieran en sus mejillas regordetas.
Dios, ¿qué me pasa? Jamás había quedado cautivado de esta manera por nadie, ni por las chicas más hermosas con las que mi padre me ha emparejado.
Decidí entrar.
-Hola, buenas tardes.
¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy nervioso?
-Hola, buenas tardes. ¿En qué podemos ayudar? ¿Busca un libro? Tenemos muchos muy bonitos. Le enseño uno.
La niña salió corriendo a buscarme un libro. Dios, qué tierna.
-Hola.
Quise ser directo con el rubio.
-Ho... hola.
-Mi nombre es Jeon Jungkook y, mira, ya sé que soy un desconocido, pero estoy completamente perdido -mentira, no tan mentira-. ¿Me puedes ayudar? ¿Eres de Alemania?
-A... a sí, soy de aquí. Am... ¿a dónde quieres ir? Digo, te puedo decir cómo llegar.
Y así di mi dirección y decidí ir todos los días libres, porque sí, era el primer flechazo de mi vida y, aunque fuera un hombre en una época de guerra y homofobia, él era el primero en llamar realmente mi atención en toda mi vida.








