Prologo: El Efecto Mariposa
El bosque parecía más calmado y silencioso que de costumbre ese atardecer.
Era como si la luz del sol, reflejada entre hojas y ramas húmedas, se negara a partir por completo y dar paso a la penumbra.
El hombre caminaba silenciosamente, con pasos suaves, casi sentía que flotaba.
Sostenía una red de atrapa-mariposas en una mano, y en la otra una caja pequeña de madera forrada con terciopelo azul.
Iba con sus botas enlodadas y vestía una camisa color verde opaco y llevaba unos pantalones azules gastados que usualmente usaba para estos paseos.
Los ojos del hombre seguían el vaivén de un fugaz aleteo entre las sombras.
La mariposa roja con líneas negras volaba cerca, coqueta, hermosa. Como si se diera cuenta de lo especial que era.
Él sonrió.
-Ahí te encuentras, preciosa.
Alzo la red con una precisión de un cirujano y, con solo un movimiento, la mariposa quedo atrapada.
No violentamente, sino con una inquietante ternura y dulzura. Como si lo que acabara de atrapar fuera sagrado.
Abrió la pequeña caja de madera. En su interior se encontraban mariposas de diferentes colores: blanca, azul, ámbar, su favorita, una monarca de ese color naranja característico, entre otras, clavadas con alfileres. Organizadas como si descansaran. Cada una ocupaba su respectivo espacio, ordenadas por tonos de colores de más pálido a más profundo.
De forma firme, posiciono la nueva mariposa en el centro que estaba vacío.
-Roja, excelente, perfecta – Susurro-. Justo como le gusta a ella.
A la distancia casi imperceptible, se oyó una risa. No era suya.
Varios hombres hablaban entre carcajadas apagadas. Botellas cayendo al suelo. Chasquidos de ramas. Voces borrachas que se entremezclaban.
En otro lugar del bosque, no muy lejos, una mujer caminaba sola, entre flores y arboles enormes. Tenía el cabello largo, negro como la tinta. Llevaba un sencillo vestido, gris claro, algo suelto. Sus pisadas eran tiernas, puras, inocentes. Buscaba mariposas también.
No los oyó aproximarse.
Una botella cayo toscamente al suelo, rodo entre la hierba.
Ella se dio vuelta.
Tres figuras emergieron entre la niebla espesa que bajaba con la fría noche.
Risas burlonas. Un insulto.
La mujer dio unos pasos hacia atrás.
El seguía cerca de la carretera, viendo sus trofeos.
No escucho nada. O a lo mejor sí. Pero no quiso darle importancia.
El cielo prácticamente ya estaba oscuro, a punto de mostrar un mar de estrellas. El aire ya era más denso. Dentro de la caja, las mariposas parecían dormir.
De pronto, algo lo inquieto, algo lo detuvo.
Una sensación.
Una ausencia.
Un presentimiento.
Camino entre los árboles y la alta hierba.
Repentinamente comenzó a correr, su corazón latía con una fuerza que pocas veces en toda su vida había experimentado. Como si ya supiera lo que encontraría.
Ya en la distancia podía ver dos de los hombres sosteniéndola, subiendo su vestido de manera burlona, manoseaban bruscamente sus senos y trasero, riendo como dementes. Ella gritaba, lloraba, forcejeaba como podía pero sin éxito alguno.
-No Por favor!, Paren!, porque hacen esto!? -Dijo la mujer agotadamente.
Los dos hombres que la sostenían no hacían caso alguno, seguían riendo y manoseándola de maneras demasiado toscas, eran como animales que acabaran de atrapar una presa indefensa.
En eso llego el, iba corriendo hacia ellos, gritándoles fuertemente.
-Ey! Alto!, que hacen!?-Dijo el hombre con furia.
Cuando casi los alcanzaba, sintió que unas manos fuertes lo sujetaron desde atrás, paro en seco, como un auto que pisa repentinamente el freno.
Era el tercer hombre no lo había visto. Este era el más fuerte de los tres y el que había bebido más al parecer.
-Pero que tenemos aquí?, si es el hombre mariposa. -dijo el tercer hombre que lo sostenía.
Los otros hombres rieron fuertemente.
-Porque!?, que quieren, porque le hacen eso?, déjenla en paz por favor, podemos arreglarlo. –dijo el hombre retorciéndose.
Los dos hombres que sostenían a la mujer pararon por un momento y miraron fijamente al tercer hombre, el cual fríamente dijo:
-Ja!, porque?, es muy simple, imbécil!.
-Porque podemos.
-Y lo más importante, porque queremos hacerlo.
El hombre le sujeto la cara fuertemente forzándolo a mirar hacia la mujer, la cual tenía una mirada entre cansancio y resignación. Los dos hombres que la sostenían sonrían y miraban fijamente hacia él.
-Ves lo hermosa que es?, no la mereces en lo absoluto. –Le susurro el tercer hombre.
El hombre que hace un rato estaba contento y sonriente no se podía creer en la pesadilla en la que encontraba ahora, tenía toda mezcla de emociones, sentía que el mundo daba vueltas, dijo como si supiera que era su última carta que jugar:
-Por favor no, se lo suplico, no...
Antes de terminar sintió un fuerte golpe atrás de su cabeza, era el tercer hombre que lo tenía sujeto, le golpeo con tanta fuerza con la botella de cerveza que se rompió al contacto. No se desmayó de inmediato, comenzó a sangrar levemente de la herida, cayó al suelo con una sutileza que no contrastaba con todo lo anterior vivido.
Borrosamente lo último que vio antes de perder el conocimiento fue a los dos hombres sosteniendo a lo que más amaba en toda su vida y al tercer hombre caminando hacia ella bajándose el pantalón.
Una leve llovizna que caía ayudo a que el hombre emergiera más deprisa de ese sueño involuntario, le tomo varios segundos caer en cuenta de donde se encontraba y de lo anterior sucedido. La cabeza le dolía como el demonio, se sentía desorientado y no veía casi nada con tanta oscuridad a pesar que la luna brillaba como un farol.
Cuando la vista se le adapto un poco, se levantó, la vio tendida sobre las raíces de un gran roble, su vestido rasgado, la piel maltratada. Sus ojos aun abiertos, en el cuello eran visibles marcas de manos que la apretaron con demasiado fuerza hasta tatuar sus dedos en su delicada piel.
Camino hacia ella, cayo de rodillas. No grito, tampoco lloro.
Solamente apoyo la frente sobre el vientre ya inmóvil de la mujer.
En medio de la creciente oscuridad, con el rostro manchado de tierra, derramo una lágrima silenciosa, el hombre levanto la vista al cielo. Y dijo:
—Te lo juro, mi amor... —susurró, con la voz rota—. Encontraré la forma de enviarte mariposas.
La caja de las mariposas estaba abierta casi junto a ella. Una por una, eran arrastradas por el viento.
![Werewolf Hollow [GALATEA DATE TBA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_76bbf380fa2e8dc2f70694197487ab81.jpg)







