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Tu culpa, mi pecado | Sasusaku FANFIC +18

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Summary

-¿Qué es eso que llevas ahí? -Nada de tu incumbencia, Uchiha. -Lo que crece dentro de ti es toda mi incumbencia. Y lo protegeré de todo... incluso de ti. Él es un Uchiha. Yo, la ejecutora de su peor enemigo. Una sola noche de pasión prohibida bastó para unirnos para siempre. Ahora llevo a su hijo dentro de mí. Sasuke me mantiene encerrada en su mansión, convencido de que su apellido, su poder y sus hombres pueden protegernos de cualquier amenaza. Lo que no sabe es que la amenaza ya está dentro. Porque cada vez que me toca, cada vez que baja la guardia conmigo, cada secreto que susurra creyéndome suya... Le estoy entregando su mundo a su enemigo.

Status
1mo ago
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Las apariencias

Orochimaru acaba de donar una fortuna para un hospital infantil.

Aplaudo mientras posa junto a la anfitriona. Los fotógrafos le piden que se acerque un poco más y él obedece con una sonrisa paciente.

Me pregunto cuántas personas comprarán mañana el periódico y lo considerarán un buen hombre.

Cuando se retira la prensa, los empleados cierran las puertas. Permanecen quienes figuran en una segunda lista de invitados. Reconozco a políticos, empresarios y hombres cuyos negocios nunca aparecen asociados a sus nombres.

Uno se abre la chaqueta para sentarse. La pistola de su cintura golpea el brazo de la silla. Se disculpa por el ruido.

Por el arma, no.

—Haruno. —Orochimaru me entrega una carpeta—. ¿Tenemos la última propuesta?

—Con las condiciones pendientes señaladas. —Paso el pulgar por las pestañas de papel—. No aceptaré una exclusividad sin garantías.

—Confío en tu criterio.

Inclino la cabeza. He trabajado demasiado para oír esa frase como para permitirme mostrar lo que siento cada vez que la pronuncia.

El vestido negro me roza los tobillos al moverme. Su abertura deja visible la funda sujeta a mi muslo. Nadie se fija; aquí una pistola resulta menos llamativa que unos pendientes mal elegidos.

Un camarero me ofrece champán. Acepto una copa y levanto la vista.

Sasuke está al otro extremo del salón.

Me quedo inmóvil.

Itachi habla a su lado, pero durante unos segundos solo consigo reconocer detalles sueltos: el pelo negro, el perfil, los dedos apoyados en el borde de una copa.

Es él.

Han pasado cinco años y mi primera reacción es buscar algo en lo que apoyar la mano.

En el coche mencionaron una posible alianza con los Uchiha. Yo supuse que vendría Itachi, encargado de las negociaciones. Me aferré a esa posibilidad sin preguntar.

Sasuke parece más alto rodeado de hombres que esperan a que termine de hablar. Tiene los hombros más anchos y una forma de permanecer quieto que hace que los demás moderen sus gestos.

Sé que dirige la organización. Lo sé desde hace tiempo.

Pero recuerdo su cabeza sobre mis apuntes de medicina, sus dedos rodeando mi muñeca para impedir que me levantara todavía. Cinco minutos más, decía.

Le habría dado todas las mañanas.

—Ven conmigo —ordena Orochimaru.

Aparto los ojos demasiado tarde para evitar que siga mi mirada.

—Quiero presentarte a los Uchiha.

El champán se mueve contra el cristal. Dejo la copa en la bandeja de un camarero antes de que mi mano me delate.

—Claro.

Cruzamos el salón. Cuento los pasos porque necesito ocupar la cabeza en algo que no sea la idea de oír su voz.

Itachi nos ve primero.

Su mirada se queda en mi rostro. Después se vuelve hacia su hermano, pero Orochimaru ya está hablando.

—Uchiha. Espero que nuestra contribución anime a otros a ser generosos.

Sasuke se gira.

Lo veo reconocerme.

Su copa queda suspendida un instante. No saluda, no responde. Me mira con una incredulidad tan desnuda que siento el golpe antes de que consiga borrarla.

—Una causa admirable —interviene Itachi, ofreciéndole la mano a Orochimaru.

Ese segundo basta para que Sasuke recupere la expresión.

—Sakura Haruno —continúa Orochimaru—. Mi mano derecha. Se ocupará de las condiciones de nuestro acuerdo.

La mirada de Sasuke pasa de él a mí.

Sé lo que acaba de oír. Me gustaría saber qué está haciendo con ello.

—Nos conocemos —digo antes de que el silencio se vuelva extraño—. De la universidad.

Orochimaru ladea ligeramente la cabeza.

—Ah, ¿sí?

—Hace tiempo —responde Sasuke.

Su voz. Tengo que afianzar la carpeta contra el cuerpo.

Le ofrezco la mano.

Es una estupidez necesitar esa formalidad después de haber dormido tantas veces abrazada a él. Pero estamos rodeados de gente y no sé cómo tocarlo de otra manera.

Sasuke la acepta.

Su pulgar roza mis nudillos antes de quedarse quieto. ¿Ha sido deliberado? Me enfada estar haciéndome esa pregunta mientras Orochimaru nos observa.

Retiro la mano y avanzo para saludar a Itachi.

La abertura del vestido se separa.

Sasuke baja los ojos. Sigue el borde de la tela hasta la funda del muslo y su expresión cambia de nuevo.

Recuerdo una taza en lo alto de un estante. Su camiseta levantándose al alcanzarla. Yo, sentada entre apuntes, dejando de hablar al ver el arma.

Siempre se apresuraba a taparla.

Ahora mira la mía como si estuviera fuera de lugar.

No acomodo el vestido.

—Sakura —me saluda Itachi—. Ha pasado mucho tiempo.

—Cinco años. —Le suelto la mano—. Aproximadamente.

Sasuke ya ha vuelto a mi cara. No sé si está buscando miedo o una explicación.

No voy a darle ninguno delante de Orochimaru.

—Las condiciones generales están bastante avanzadas —dice Itachi, mirando la carpeta—. Queda concretar la exclusividad.

Me alegra que me dé algo sobre lo que sí puedo hablar.

—Y quién asume el riesgo durante las demoras —añado, abriendo el documento—. No son cuestiones separadas.

—Nuestros plazos son fiables.

—Entonces no tendrán inconveniente en respaldarlos por escrito.

Itachi mira la página que le ofrezco. Orochimaru permanece en silencio a mi lado.

Sasuke no mira el papel.

Me mira a mí.

—Estás pidiendo una garantía sin ofrecer duración mínima —interviene.

Alzo los ojos. Reconozco el tono: ha encontrado una objeción y espera que yo retroceda.

Antes discutíamos sobre quién tenía que ir a comprar café.

—La duración puede negociarse —respondo—. Pagar por un incumplimiento ajeno, no.

—¿Esa es tu posición definitiva?

—Es la posición con la que empiezo a escuchar una contrapropuesta.

Itachi cierra la carpeta con una leve sonrisa.

—Será una reunión interesante.

Sasuke tarda un instante en responder. Cuando lo hace, se dirige a mí.

—Dentro de un mes. Te enviaremos los cambios antes.

—Los revisaré.

No ha conseguido una respuesta sobre mí, pero acaba de asegurarse otra conversación.

Me pregunto si también está pensando en eso.

Orochimaru recoge el documento de manos de Itachi y me lo devuelve.

—Les dejo discutir sus garantías. Nos veremos en la cena.

Me vuelvo con él. Siento la mirada de Sasuke hasta que otra pareja nos intercepta.

—Una coincidencia curiosa —comenta Orochimaru en voz baja.

—La universidad estaba llena de gente con apellidos conocidos.

—No todos te miran así.

Lo miro con calma, aunque por dentro algo se me contrae.

—Tampoco todos me conocieron estudiando medicina.

Su sonrisa se alarga.

—Supongo que le habrá sorprendido tu carrera.

Sostengo su mirada un segundo más y después atiendo al hombre que se acerca a saludarlo.

No vuelvo a buscar a Sasuke.

Me basta con saber que sigue detrás.

Nos sientan en mesas distintas. Orochimaru ocupa la cabecera y yo quedo a su derecha, frente a un matrimonio que habla de colegios privados.

Respondo, sonrío, corto la comida en trozos pequeños.

No sabría decir a qué sabe.

A tres mesas de distancia, Sasuke escucha a una mujer de vestido azul. Tiene una mano apoyada sobre el mantel. La misma que me ha estrechado hace unos minutos.

Recuerdo el roce de su pulgar y dejo el tenedor.

¿De verdad voy a pasar la noche pensando en un apretón de manos?

—Ha defendido bien sus condiciones —comenta el hombre sentado frente a mí.

—Todavía no hemos llegado a un acuerdo.

—Los Uchiha no suelen ceder.

—Por eso nos han dado un mes para discutirlo —respondo, y su mujer se ríe suavemente.

Orochimaru me observa por encima de la copa, satisfecho.

El vino me calienta la garganta. Cuando el camarero se ofrece a rellenarlo, niego con la cabeza. Quiero volver a casa sin darle a nadie otra cosa que comentar.

Durante el postre, Orochimaru se levanta para hablar con los anfitriones. Lo veo detenerse a varios metros de distancia antes de que una voz conocida pronuncie mi nombre.

—Sakura.

Kakashi deja una tarjeta junto a mi plato.

—Sasuke quiere unos minutos contigo. Ala este, habitación doce.

—No, gracias. Hemos quedado dentro de un mes.

—No quiere hablar del acuerdo.

—Entonces tiene menos motivos para esperarme.

Kakashi guarda silencio. Agradezco que no intente fingir que ignora por qué.

Miro la tarjeta. Hay una parte de mí que lleva cinco años esperando una oportunidad así. Otra recuerda el precio de haber confiado en él.

—¿Sabe que puedes volver sin mí? —pregunto.

—Se lo he recordado.

Se me escapa una sonrisa pequeña. Desaparece cuando miro hacia Orochimaru.

—No voy a subir contigo.

—La escalera está junto a los guardarropas. Te indicaré la puerta desde allí.

Tomo la tarjeta y espero a que se aleje.

Podría dejarla bajo el plato.

La guardo en el bolso.

La habitación tiene un escritorio, dos sillones y unas puertas entreabiertas que dejan ver una cama. Una maleta cerrada descansa junto al armario.

Me detengo en el umbral.

Sasuke está junto a la ventana. Al verme, guarda el teléfono.

—Cinco minutos —digo.

—Entra.

—Ya no me das órdenes.

Su mirada pasa por mi mano, todavía en el picaporte.

—Lo sé.

Cierro la puerta y dejo mis cosas sobre una mesa. La quietud de la habitación me obliga a escuchar mi propia respiración.

Por primera vez esta noche, estamos solos.

—¿Desde cuándo trabajas para él? —pregunta.

—Bastante para saber que no debo hablar de la organización con su rival.

—Te lo estoy preguntando yo.

—Tú eres su rival, Sasuke.

Pronunciar su nombre sin testigos me cuesta más que toda la conversación de abajo.

Se acerca, pero se detiene antes de quedar demasiado cerca.

—¿Tienes problemas?

—Ahora mismo tengo a Orochimaru abajo y llevo varios minutos fuera de su vista. Si querías que te contara mi vida, has elegido una ocasión pésima.

Sasuke baja la cabeza apenas. Cuando vuelve a mirarme, abandona las preguntas sobre mi trabajo.

—No esperaba encontrarte aquí.

—Eso sí lo he notado.

Sus ojos se detienen en mi muñeca. La pulsera deja visible una línea pálida.

No la tapo, aunque me cuesta permanecer quieta.

—¿Quién te hizo eso?

La suavidad de su voz resulta más inquietante que una amenaza.

—No voy a darte una lista.

Aprieta la mandíbula. Sé qué palabra acaba de escuchar: lista.

No era eso lo que quería revelarle.

—Sakura...

—Ni vas a interrogar a nadie por mí. —Doy un paso hacia él—. ¿Me has entendido?

Me sostiene los ojos. Hace unos años yo habría esperado que decidiera cómo protegerme. Ahora necesito que comprenda que también puede ponerme en peligro.

—He visto cómo hablabas abajo —dice—. Sé que puedes defenderte.

—Entonces deja de buscar a la chica de la universidad.

—Eso no significa que vaya a quedarme mirando si alguien te hace daño.

Tengo que tragar antes de responder.

—Ya me lo hicieron. Tú no estabas.

El silencio que sigue me pesa enseguida. Hay demasiadas cosas dentro de esa frase, y él solo puede entender una parte.

Sasuke se quita la chaqueta. Su arma queda descubierta, pero mis ojos apenas se detienen en ella.

Él lo nota.

—Antes no podías ni mirarla.

—Antes me preocupaba suspender una asignatura.

Recuerdo el olor del café sobre los apuntes. Sus dedos apartándome el pelo mientras yo intentaba memorizar una página. Me enfada que esos recuerdos sigan intactos.

—¿Por qué te fuiste sin hablar conmigo? —pregunto.

Esta vez no le dejo dónde esconderse.

—Porque sabía que intentarías convencerme de quedarme.

—¿Y eso era tan terrible?

—Habrías podido hacerlo.

Me quedo sin respuesta.

Él se pasa el pulgar por un nudillo. Reconozco el gesto y por un instante vuelve a parecerme alguien con quien compartí una casa, aunque nunca llegáramos a llamarla nuestra.

—Mi padre iba a dejarme al frente. Ya estaban buscando formas de presionarme. No quería que te utilizaran.

—Así que decidiste por los dos.

—Sí.

—¡Yo también tenía derecho a elegir! —La voz me sale más alta de lo que pretendía. Respiro y lo intento de nuevo—. Podías haberme contado lo que pasaba.

—No habría soportado que te ocurriera algo por estar conmigo.

Miro la lámpara, el escritorio, cualquier cosa que me permita contener lo que siento.

Cuatro meses después abrí la puerta de mi casa y descubrí que el mundo podía alcanzarme sin su ayuda. Él todavía no sabe nada. No tengo intención de entregarle esa herida para que intente arreglarla.

—Irte también me hizo daño —digo.

—Lo sé.

—Lo sabes ahora.

Sasuke acepta la corrección sin apartar los ojos.

Esa falta de resistencia me desarma. Me había preparado para discutir con un hombre convencido de haber hecho lo correcto.

—Abajo me has dado la mano —digo de pronto.

Sasuke frunce apenas el ceño.

—Me la has ofrecido tú.

—Ya lo sé. —Miro mis dedos, incómoda con lo que estoy intentando explicarle—. Era lo que correspondía. Saludarte, hablar del acuerdo, seguir con la noche. Lo he hecho todo y aun así no consigo sentir que haya ocurrido de verdad.

Él mira la mano que he dejado caer junto al vestido.

—He estado a punto de decir tu nombre antes de que terminaran de presentarte.

Levanto los ojos.

—Menos mal que no lo has hecho.

—Sí.

Lo dice sin convicción y tengo que apartar la mirada. Durante unos segundos en el salón creí que solo yo estaba esforzándome por parecer una desconocida. Saber que a él también le ha costado me alivia de una forma que no quería necesitar.

—¿Y de qué sirvió? —pregunto, señalando apenas la funda del muslo—. Mírame.

Su mirada baja un instante y vuelve a mi cara.

—No he dejado de hacerlo desde que has entrado.

Quisiera que no me afectara. Quisiera poder recoger mis cosas y dejarlo aquí, tan desconcertado como me dejó a mí.

En cambio, me quedo.

El reloj marca bastante más de cinco minutos cuando me acerco a la puerta.

—Tengo que bajar.

Sasuke asiente y me entrega la carpeta, que ha quedado junto a su chaqueta. Nuestros dedos se rozan.

Los dos miramos nuestras manos.

Recuerdo el saludo de abajo. El esfuerzo por tratarlo como a un conocido mientras una parte de mí reconocía todo lo demás.

—¿Solo querías preguntarme por Orochimaru? —digo.

Sasuke niega lentamente.

—Quería oírte sin tenerlo al lado.

Aprieto la carpeta contra el cuerpo.

—No tienes derecho a ponerte celoso.

—Lo sé.

La respuesta me obliga a mirarlo. Esperaba que lo negara, que mencionara otra vez las negociaciones o el peligro que representa Orochimaru.

—No sabes nada de mi vida —digo, aunque ya no me sale con la misma firmeza.

—Y quiero saberlo. Lo que quieras contarme.

Hay una diferencia entre esa petición y las preguntas con las que me recibió. La noto precisamente porque me permite negarme.

Podría hablar de algo pequeño. De mi apartamento, de las mañanas en que estudio por mi cuenta para no olvidar lo aprendido. Durante un segundo imagino una conversación que no necesite esconder nada.

No sé si alguna vez podremos tenerla.

—Pues ya me has oído.

—Sí.

No intenta detenerme. Quizá por eso me cuesta tanto moverme.

Lo miro a la boca y después a los ojos. Veo cambiar su respiración.

Dejo mis cosas otra vez.

—No confundas esto con que te haya perdonado —advierto.

—No lo haré.

Le sujeto la camisa y lo beso antes de encontrar otra razón para marcharme.

Sasuke responde acercándome por la cintura. El gesto me resulta tan familiar que duele. Me separo un poco y él afloja la mano, atento a mi cara.

—¿Quieres parar? —pregunta.

Niego con la cabeza.

—Quiero que dejes de hablar un momento.

Fuera se oyen pasos. Nos quedamos quietos, pendientes de las voces que se acercan a la puerta y después siguen de largo.

Todavía podría recoger la carpeta. Recordarle que abajo nos esperan, que dentro de un mes tendremos que sentarnos frente a frente y fingir que nada de esto importa.

No suelto su camisa.

—Dime que quieres que me vaya —murmuro.

Sasuke me sostiene la mirada.

—No quiero que te vayas.

Yo tampoco.

Esta vez nos acercamos los dos.

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Holaaaa!!

Realmente es la primera vez que me atrevo a subir las historias que estoy escribiendo

Siempre he sido una fiel lectora de fanfics sasusaku y tenia varios borradores con mis propias historias. Estoy reescribiendo todas para poder publicarlas y daros más contenido para pasar horas con el teléfono pegado jajajaja

Muchas gracias por leerme y seguirme para enteraros de cuando actualizo!

Valoro mucho si votáis mis historias para darles apoyo y podéis comentar todo lo que queráis!

Besossss

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