ÂżQuieres Probarme?
El aire matutino en lo mĂĄs profundo del monte Paoz poseĂa un silencio distinto, mĂĄs amplio y sereno. En un claro independiente, apartado de la antigua residencia familiar pero rodeado por la misma vegetaciĂłn exuberante y los picos rocosos, se alzaba una pequeña casa de cĂșpula blanca y teja roja que Goku habĂa construido para sĂ mismo.
El sol de la mañana comenzaba a filtrar sus primeros rayos a travĂ©s de la copa del gran ĂĄrbol que custodiaba la entrada. Goku, con el torso desnudo y el sudor brilleĂĄndole en la piel, completaba su rutina diaria de flexiones sobre el camino de tierra seca. Cada elevaciĂłn era ejecutada con una fuerza impecable, sintiendo cĂłmo los mĂșsculos de sus brazos y espalda se tensaban tras años de entrenamiento continuo y el tiempo transcurrido en el otro mundo.
A diferencia de otros tiempos, esta vez no habĂa gritos desde la cocina ni el bullicio de una familia al despertar. Su muerte durante el Torneo de Cell y los años posteriores en el planeta de Kaio-sama habĂan dejado una huella imborrable. Al regresar a la vida, el marco legal e institucional determinĂł que su matrimonio con Milk habĂa quedado nulo por su fallecimiento, y ambos tomaron caminos separados.
Milk continuĂł su vida en la casa principal organizando el hogar, mientras que Gohan y Goten crecĂan junto a ella, aunque el lazo con su padre permanecĂa intacto.
De pronto, un silbido tenue en el aire cortĂł el silencio del valle. Dos rĂĄfagas de viento contundentes sacudieron las copas de los ĂĄrboles cercanos, haciendo ondear las hojas mientras dos siluetas descendĂan a gran velocidad desde el cielo.
âÂĄPapĂĄ! âse escuchĂł la alegre voz de Goten mientras se aproximaba volando hacia la casa.
Goku frenĂł el movimiento en seco, apoyĂł las palmas con firmeza y dio un salto ĂĄgil para ponerse de pie. SacudiĂł el polvo de sus pantalones naranjas y levantĂł la mirada con una sonrisa sincera iluminĂĄndole el rostro.
Las sombras de sus hijos se proyectaron sobre la tierra justo antes de que ambos tocaran suelo suavemente, rompiendo la soledad de la montaña para dar inicio a la visita del fin de semana.
El viento generado por el aterrizaje comenzĂł a asentarse, dejando volar apenas unas cuantas hojas alrededor del claro.
Goten, con los brazos abiertos en alto y la cara llena de alegrĂa, corriĂł unos pasos hacia adelante sin poder contener la emociĂłn.
âÂĄPapĂĄ! ÂĄLlegamos! âexclamĂł Goten con una enorme sonrisa.
Gohan, dando unos pasos mĂĄs pausados a su lado, levantĂł una mano a modo de saludo afable.
âHola, papĂĄ. Trajimos algunas cosas que mamĂĄ nos pidiĂł que te entregĂĄramos para el fin de semana.
Goku se llevĂł una mano a la nuca, sonriendo de oreja a oreja mientras los observaba. El sudor todavĂa le brillaba en el torso por las flexiones, pero su rostro reflejaba pura alegrĂa al ver a sus hijos en su pequeña casa.
âÂĄVaya, quĂ© rĂĄpido llegaron! ârespondiĂł con su habitual tono alegreâ. Me alegra mucho verlos. ÂĄJusto a tiempo, me morĂa de hambre! Pasen, pasen.
âMamĂĄ nos dio bastante comida empaquetada âcomentĂł Gohan, ajustĂĄndose la mochila en el hombroâ. Dijo que probablemente solo tendrĂas carne en la cocina.
Goten mirĂł a su padre de arriba abajo.
âÂĄPapĂĄ, estĂĄs lleno de sudor! ÂżEstabas entrenando desde muy temprano? âpreguntĂł con los ojos abiertos de par en par.
Goku soltĂł una carcajada fresca, inclinĂĄndose un poco para quedar a la altura de Goten mientras se sacudĂa el pecho con la mano.
âSolo un par de miles de flexiones para despertar bien el cuerpo ârespondiĂł Guiñåndole un ojoâ. Y quĂ© buena noticia lo de la Comida.
Al cruzar el umbral, el ambiente de la vivienda se sentĂa sereno y acogedor. Las paredes curvas de tono blanco cĂĄlido albergaban lo esencial: una pequeña cocina rustica en un costado, una repisa y, en el centro del espacio, una robusta mesa de madera maciza rodeada por bancas sencillas.
Gohan apoyó con cuidado el gran bolso térmico sobre la superficie de la mesa y comenzó a desempaquetar recipiente tras recipiente. El vapor aromåtico de los guisados, el arroz recién hervido y los cortes de carne marinada inundó el lugar en cuestión de segundos. Goten no perdió tiempo y se acomodó de un salto en una de las bancas, batiendo alegremente los pies en el aire mientras sus ojos brillaban ante el banquete.
Goku sacó un par de cuencos grandes, se sirvió una montaña de arroz y tomó varios tazones a la vez con una agilidad impresionante. Sin molestarse en ponerse la camiseta, se sentó al frente de sus hijos y juntó las palmas de las manos con un gesto de gratitud genuina.
âÂĄGracias por la comida! âdijeron los tres al unĂsono.
Lo que siguiĂł fue un festĂn al mĂĄs puro estilo de la familia Saiyajin. Goku devoraba plato tras plato a una velocidad pasmosa, usando los palillos con destreza para desaparecer porciones enteras de carne ante la mirada divertida de Gohan, quien comĂa de forma mĂĄs pausada mientras le servĂa mĂĄs guisado a su hermano menor.
Goten intentaba seguirle el ritmo a su padre, rĂendose con las mejillas llenas de comida mientras el vapor de los platillos mantenĂa una atmĂłsfera viva y familiar dentro del tranquilo refugio de la montaña.
âPapĂĄ, despacio, ÂĄte vas a ahogar!âdijo su hijo mayor entre risas, pasando una jarra de agua fresca al centro de la mesa.
Goku tragĂł un tazĂłn entero de ramen de un solo bocado, soltĂł un suspiro de pura satisfacciĂłn y se limpiĂł los labios con el reverso de la mano.
âÂĄEs que la comida de Milk siempre es la mejor!âexclamĂł con los ojos brillantes, sirviĂ©ndose de inmediato una presa de pollo asado. Luego, mirando a sus hijos con curiosidad, preguntĂłâ: ÂżY cĂłmo estĂĄn las cosas por allĂĄ? ÂżQuĂ© tal la escuela, Gohan?
Gohan sonriĂł de medio lado mientras masticaba con calma. â Todo va bien. Los estudios universitarios son algo pesados, pero me organizo para estudiar de noche. Goten tambiĂ©n ha estado practicando sus tareas, aunque a veces le cuesta concentrarse.
âÂĄEs que entrenar es mĂĄs divertido!â interrumpiĂł el infante con la boca llena de arroz, haciendo que un par de granos salieran volando.
âÂĄOye, no hables con la boca llena! âlo reprendiĂł Gohan, dĂĄndole un suave golpecito en el hombro.
El Saiyajin mayor soltĂł una carcajada abierta que resonĂł por toda la pequeña casa circular. Se recostĂł un poco en la silla, observando el bullicio de sus hijos. A pesar de la soledad en la que solĂa pasar los dĂas en esa montaña, momentos como este, compartiendo la mesa y escuchando sus historias, le devolvĂan esa calidez Ășnica que solo la familia podĂa darle.
La claridad fresca de las diez de la mañana inundaba por completo la habitaciĂłn de Ino, filtrĂĄndose enĂ©rgicamente a travĂ©s de la ventana abierta, donde el aire ya traĂa el leve bullicio de los vecinos y el movimiento cotidiano del vecindario. El sol matutino iluminaba de lleno el desorden de las sĂĄbanas y los cojines desparramados en su cama.
A pesar de ser ya media mañana, ella seguĂa disfrutando de su rato libre, acostada boca abajo con las piernas flexionadas en el aire y la barbilla apoyada en una mano. Sus ojos, cargados de una chispa de absoluta fascinaciĂłn, no se despegaban de la pantalla de su telĂ©fono.
En ella se desplegaba una fotografĂa que guardaba como un autĂ©ntico tesoro de un fin de semana anterior. Se la habĂan tomado en el parque durante un paseo improvisado: en el centro aparecĂa ella misma, radiante, al lado de Gohan, que sonreĂa con su habitual timidez de adolescente, y junto a ellos, Goku.
Ino hizo zoom con los dedos sobre la pantalla para enfocarlo a Ă©l. El padre de Gohan salĂa con una de sus caracterĂsticas sonrisas desarmantes y una camiseta que no ocultaba para nada su fĂsico tan marcado y formidable. Su cabello oscuro y desordenado apuntaba en todas direcciones bajo la luz natural de aquel dĂa. HabĂa algo en esa mezcla de fuerza natural, madurez y esa actitud tan espontĂĄnea y despreocupada que a Ino, sencillamente, la desarmaba por completo.
Un suspiro suave y algo resignado se le escapĂł de los labios, mientras sentĂa que el calor de la mañana no era el Ășnico responsable del ligero rubor en sus mejillas. Se mordiĂł el labio inferior, incapaz de apartar la mirada de esos hombros anchos y de la mirada tan vital del hombre.
âAy, por favor... âsusurrĂł para sĂ misma, con una voz cargada de una picardĂa que la habitaciĂłn solitaria no podĂa juzgarâ. El papĂĄ de Gohan estĂĄ demasiado guapo...
DeslizĂł el pulgar por la pantalla, como si pudiera rozar la imagen, y una sonrisa traviesa se le dibujĂł en el rostro.
âEs que de verdad... provoca comĂ©rselo â añadiĂł en un murmullo pĂcaro, soltando una risita contenida mientras se tapaba un poco la cara con la almohada, divertida por sus propios pensamientos y por el tremendo impacto que ese hombre, con toda su naturalidad, lograba causar en ella a esas horas de la mañana.
Con esa idea rondĂĄndole en la cabeza, Ino apagĂł la pantalla del telĂ©fono y se quedĂł mirando al techo durante un par de segundos, sintiendo cĂłmo el impulso crecĂa con una mezcla de osadĂa y diversiĂłn. Una sonrisa confiada se apoderĂł de sus labios mientras se giraba en la cama para sentarse de un brinco.
âA ver... si hoy es fin de semana y Gohan estĂĄ allĂĄ con Goten... âmurmurĂł para sĂ misma, apoyando los pies en el suelo fresco de la habitaciĂłnâ. Eso significa que no hay forma de que Goku estĂ© haciendo algo demasiado ocupado mĂĄs allĂĄ de comer o entrenar.
Se puso de pie decidida y caminĂł hacia el armario, abriĂ©ndolo de par en par para revisar sus opciones. Si iba a aparecerse de la nada en esa casa de la montaña, no podĂa ir vestida de cualquier manera. TenĂa que parecer algo casual, una visita amigable y desinteresada para saludar a los chicos y llevarles algĂșn detalle, pero con el toque suficiente para no pasar desapercibida.
EscogiĂł un conjunto cĂłmodo pero favorecedor: una blusa ligera y un pantalĂłn que resaltaba su figura de manera natural, manteniĂ©ndose fiel a su estilo coqueto. Se arreglĂł el cabello frente al espejo, ajustando su caracterĂstica coleta alta mientras se miraba con complicidad.
âUna pequeña visita de sorpresa no le hace daño a nadie âdijo frente al reflejo, guiñåndose un ojo con pura picardĂaâ AdemĂĄs, alguien tiene que asegurarse de que ese hombre no estĂ© viviendo Ășnicamente a base de carne asada.
Tomó su bolso, las llaves de la casa y su teléfono, lista para ponerse en marcha hacia el monte Paoz. La perspectiva de ver la reacción de Goku al encontrarla en la puerta de su refugio, tan lejos de la ciudad y en pleno fin de semana, era un pensamiento demasiado tentador como para dejarlo pasar.
Tras un trayecto tranquilo en su vehĂculo y una caminata corta por el sendero que serpenteaba entre la densa vegetaciĂłn del monte Paoz, el paisaje comenzĂł a abrirse, revelando el claro tranquilo donde se alzaba la modesta casa circular de Goku.
El aroma a comida casera y el murmullo de risas masculinas llegaban hasta el camino de tierra. Ino se detuvo a unos metros de la entrada, ajustĂĄndose la correa del bolso sobre el hombro mientras se dibujaba en su rostro esa sonrisa coqueta y calculada.
AcercĂĄndose a la puerta abierta, dio dos golpecitos suaves sobre el marco de madera.
âÂżSe puede pasar o hay que pedir permiso a los dueños de casa? âdijo con un tono de voz dulce y coqueto, haciendo resonar su presencia en todo el lugar.
Adentro, la escena se congelĂł por un segundo. Goku, que estaba a punto de meterse una presa de pollo entera a la boca, se detuvo a medio camino con los palillos en el aire y la boca abierta de par en par. Gohan casi se ahoga con el sorbo de agua que acababa de tomar, mientras Goten miraba hacia la puerta con curiosidad y la boca llena de arroz.
âÂżIno? âexclamĂł Gohan, tragando rĂĄpido y levantĂĄndose de la mesa a toda prisa, con el rostro teñido de una ligera sorpresaâ. ÂżQuĂ©... quĂ© haces por aquĂ?
âÂĄHola, Gohan! ârespondiĂł ella entrando con total naturalidad, dejando que sus ojos recorrieran el espacio hasta posarse directamente en la figura de Goku.
El saiyajin permanecĂa sentado al frente, con el torso completamente al descubierto, la piel aĂșn con un tenue brillo por el esfuerzo de las flexiones matutinas y el cabello desordenado como siempre. La vista de cerca era, sin duda, incluso mejor que en la fotografĂa.
Goku dejĂł el tazĂłn sobre la mesa y se pasĂł una mano por la nuca, soltando una risa despreocupada mientras le dedicaba una amplia sonrisa.
âÂĄVaya! Pero si eres la amiga de Gohan âdijo Goku con su habitual tono alegre y sin un ĂĄpice de pena por su falta de camisetaâ. ÂĄQuĂ© sorpresa! ÂżTĂș tambiĂ©n vienes a comer? ÂĄPasa, pasa, hay un montĂłn de comida que trajeron los muchachos!
Ino dio un par de pasos mĂĄs hacia el interior de la pequeña casa redonda, dejando que el taconeo suave de sus sandalias rompiera el ambiente atĂłnito de los tres hombres. El lugar, aunque austero y decorado de forma sumamente sencilla, tenĂa una calidez rĂșstica que reflejaba bastante bien la personalidad de su dueño. OlĂa a madera, a aire fresco de montaña y, en ese preciso instante, a una mezcla irresistible de carne asada, arroz al vapor y especias.
âÂĄHola a todos! âsaludĂł Ino con una sonrisa radiante y juguetona, inclinando levemente la cabeza mientras cruzaba las manos por detrĂĄs de su espaldaâ. Espero no estar interrumpiendo nada importante. TraĂa unos dulces que comprĂ© en la ciudad y pensĂ© que a cierto par de chicos les gustarĂa tener algo de postre. Pero veo que se me adelantaron con un banquete completo.
Gohan, que todavĂa estaba con la mano en el respaldo de su silla, parpadeĂł un par de veces intentando procesar la escena. MirĂł a Ino, luego mirĂł a su padre, que continuaba sentado tan tranquilo sin camiseta, y finalmente suspirĂł con una sonrisa resignada.
âNo interrumpes para nada, Ino. Solo... nos tomĂł un poco por sorpresa âadmitiĂł el, rascĂĄndose la mejillaâ. No sabĂa que tenĂas pensado venir hasta el monte Paoz hoy.
âBueno, el dĂa estaba demasiado bonito como para quedarse encerrada en la ciudad â respondiĂł ella con total desenvoltura, dando un paso mĂĄs hacia la mesaâ. AdemĂĄs, tenĂa tiempo de sobra. Y debo decir que este lugar tiene un aire increĂblemente fresco. Es muy distinto al ruido del centro.
âÂĄIno! ÂżTrajiste pastelitos de crema?â preguntĂł el pequeño con los ojos resplandecientes de ilusiĂłn, olvidando por completo la etiqueta de la mesa.
âÂĄGoten! âlo reprendiĂł Gohan de inmediato, cruzĂĄndose de brazosâ. Primero termina lo que tienes en el plato antes de pensar en el postre. Y saluda como es debido.
âÂĄPerdĂłn! âse disculpĂł el niño de inmediato, riendo con ingenuidad mientras agitaba una manoâ. ÂĄHola, Ino!
Goku, por su parte, miraba la interacciĂłn entre todos con su clĂĄsica expresiĂłn ingenua y jovial. Sin mostrar el menor atisbo de vergĂŒenza por su falta de ropa en la parte superior, tomĂł la servilleta de tela que tenĂa a un lado, se limpiĂł de forma rĂĄpida la comisura de los labios y le ofreciĂł a Ino un espacio libreâŠ
âÂĄPasa y siĂ©ntate, Ino! âdijo el saiyajin con entusiasmo contagioso, señalando la silla vacĂa justo a su ladoâ. EstĂĄs en tu casa. Hay muchĂsima comida. Milk les mandĂł de todo a los muchachos, asĂ que si no nos ayudas, me voy a tener que comer todo yo solo... aunque la verdad, eso no serĂa ningĂșn problema para mĂ.
Ino dejĂł escapar una risita encantadora, un sonido suave que resonĂł con gracia entre las paredes curvas de la casa. Se acercĂł a la mesa y ocupĂł la silla de madera, quedando lo suficientemente cerca de Goku como para percibir la radiaciĂłn de calor que emanaba de su cuerpo tras el entrenamiento matutino. Desde esa distancia, la definiciĂłn de los mĂșsculos de su espalda, la anchura de sus hombros y la piel ligeramente humedecida por el sudor eran mil veces mĂĄs impactantes que en la fotografĂa del telĂ©fono. Era una fuerza fĂsica abrumadora disfrazada de la actitud mĂĄs despreocupada del mundo.
âMuchas gracias, Goku ârespondiĂł ella, mirĂĄndolo fijamente a los ojos con esa chispa de coqueterĂa bien disimuladaâ. Pero de verdad no quiero quitarles su comida. Ya desayunĂ© en casa. Aunque aceptarĂa un vaso con agua si no es mucha molestia.
âÂĄYo te sirvo! âse ofreciĂł Gohan rĂĄpidamente, tomando una jarra limpia del mostrador de la cocina. SirviĂł el agua con cuidado y le entregĂł el vaso a la muchachaâ. AquĂ tienes.
âGracias, Gohan. Eres todo un caballeroâle dice tomando el cristal y rozando apenas los dedos del joven de forma cordial antes de llevarse el vaso a los labios.
La comida continuĂł durante los siguientes cuarenta minutos entre charlas animadas, anĂ©cdotas y un ritmo de degluciĂłn por parte de los tres saiyajin que no dejaba de maravillar a la joven rubia. Aunque ya sabĂa que comĂan bastante, ver a Goku devorar cuencos gigantescos de arroz y platillos enteros de carne de tres en tres era un espectĂĄculo digno de ver. Ino observaba cada movimiento de Goku: la forma en que sus bĂceps se contraĂan al levantar los tazones, la soltura con la que se reĂa de los comentarios de Goten y esa vibra tan pura, salvaje y atractiva que parecĂa no tener filtro alguno.
A medida que los platos quedaban limpios uno tras otro, la montaña de loza vacĂa en el centro de la mesa alcanzaba alturas casi cĂłmicas. Goku se echĂł hacia atrĂĄs en la silla, dĂĄndose unas palmaditas en el estĂłmago con una cara de felicidad absoluta.
âÂĄAhhh! ÂĄEso estuvo increĂble! âexclamĂł con un suspiro de profunda satisfacciĂłnâ. No hay nada como una buena comida despuĂ©s de diez mil flexiones. Siento que recuperĂ© todas las energĂas.
âDiez mil... âmurmurĂł Ino para sĂ misma, arqueando una ceja con una sonrisa incrĂ©dulaâ. Vaya, con razĂłn tienes esa contextura. No cualquiera aguantarĂa un ritmo asĂ.
âÂĄBah, eso no es nada! âintervino Goten con orgullo, alzando los brazosâ. ÂĄMi papĂĄ puede hacer muchĂsimas mĂĄs si se lo propone! ÂĄA veces entrena con pesas gigantescas que romperĂan el suelo!
âEstoy segura de que sĂ ârespondiĂł Ino, devolviĂ©ndole la mirada a Goku, cuyos ojos oscuros y brillantes se cruzaron con los de ella por un segundo. El saiyajin solo le sonriĂł de forma abierta, totalmente ajeno a los pensamientos que rondaban la cabeza de la rubia.
Gohan miró el reloj de pared que colgaba cerca de la pequeña ventana y luego revisó la hora en su teléfono móvil. Suspiró levemente, borrando la sonrisa relajada para adoptar una postura mås formal.
âBueno, papĂĄ... se nos estĂĄ haciendo un poco tarde âanunciĂł el, poniĂ©ndose de pie y empezando a recoger los platos y tazones vacĂos para llevarlos al fregaderoâ. Le prometĂ a mamĂĄ que regresarĂamos antes de mediodĂa para ayudarla con unas compras en el pueblo y organizar algunas cosas de la casa.
Goten soltó un pequeño gemido de protesta, dejando caer los hombros con dramatismo.
âÂżTan rĂĄpido? ÂĄPero si apenas llegamos! Yo querĂa que hiciĂ©ramos un poco de combate en el bosque con papĂĄ.
Goku se levantĂł de la Silla, revolviĂ©ndole el cabello a Goten con la mano derecha mientras sonreĂa con ternura.
âNo te preocupes, Goten. El prĂłximo fin de semana tendremos tiempo de sobra para entrenar todo el dĂa. Hazle caso a tu hermano y ayuda a tu mamĂĄ, Âżde acuerdo? Recuerda que ella se preocupa mucho por ustedes.
âEstĂĄ bien... âaceptĂł el pequeño saiyajin, esbozando de nuevo una sonrisa resignada pero alegreâ. ÂĄPero me prometes que me enseñarĂĄs ese nuevo golpe!
âÂĄHecho!
Gohan terminĂł de enjuagar los platos principales con rapidez y eficacia, secĂĄndose las manos con una toalla limpia. Luego caminĂł hacia la entrada para recoger su mochila. Al darse la vuelta, mirĂł a Ino, quien continuaba sentada cĂłmodamente, cruzada de piernas y observando la escena con total serenidad.
âIno âdijo Gohan con tono amableâ, nosotros ya nos vamos. ÂżQuieres que te acompañe hasta tu auto o te lleve de regreso a la ciudad?
Ino acomodĂł un mechĂłn de su cabello rubio detrĂĄs de la oreja, cruzĂł los brazos de forma elegante sobre la mesa y le dirigiĂł a Gohan una sonrisa dulce, perfectamente calculada para sonar natural y despreocupada.
âOh, no te preocupes para nada, Gohan. No quiero que se les haga tarde por mi culpa y hagan esperar a su mamĂĄ ârespondiĂł ella con tono suave y pausadoâ. La verdad es que el aire de la montaña me sentĂł de maravilla y la caminata me relajĂł muchĂsimo. Pensaba quedarme un ratito mĂĄs disfrutando del paisaje y de la tranquilidad antes de volver al bullicio de la ciudad. Si a tu papĂĄ no le molesta la compañĂa, claro.
Goku, que estaba estirando los brazos por encima de su cabeza haciendo crujir sus hombros con fuerza, volteĂł a verla de inmediato y soltĂł una de sus francas sonrisas.
âÂĄPara nada! A mĂ no me molesta en absoluto âdijo con su alegrĂa habitualâ. La verdad es que casi nunca tengo visitas por aquĂ, asĂ que puedes quedarte todo el tiempo que quieras, Ino. De todas formas, no tengo nada urgente que hacer hoy mĂĄs que seguir entrenando un rato mĂĄs tarde.
Gohan mirĂł a su padre, luego a Ino, y por un brevĂsimo instante pareciĂł notar algo extraño en el ambiente, pero dada la total inocencia de su padre y la actitud relajada de la chica, simplemente decidiĂł no darle mĂĄs vueltas al asunto.
âEstĂĄ bien entonces âdijo Gohan sonriendoâ. Nos vemos luego, Ino. Gracias por los dulces que trajiste.
âDe nada, Gohan. CuĂdense mucho en el camino.
âÂĄAdiĂłs, Ino! ÂĄAdiĂłs, papĂĄ! âexclamĂł Goten, saliendo en carrera por la puerta abierta.
Goku los acompañó hasta el umbral del claro. Ino se levantó despacio de la silla y caminó hacia la puerta para observar la partida. Afuera, bajo el sol radiante de las once de la mañana, los dos jóvenes saiyajin se elevaron suavemente en el aire, impulsados por un aura invisible que apenas levantó unas cuantas hojas secas del suelo, para luego salir disparados hacia el horizonte como dos centellas que cortaban el cielo azul.
Goku levantĂł el brazo y agitĂł la mano despidiĂ©ndose de ellos hasta que sus siluetas se perdieron por completo entre las nubes lejanas. El silencio de la montaña, denso, pacĂfico y rodeado Ășnicamente por el murmullo del viento en las copas de los ĂĄrboles, volviĂł a apoderarse de todo el lugar.
El Saiyajin suspirĂł profundamente, con una sonrisa nostĂĄlgica pero feliz en los labios, y se girĂł lentamente sobre sus talones para regresar al interior de la casa. Al darse la vuelta, se encontrĂł de frente con Ino, que estaba recostada contra el marco de la puerta, observĂĄndolo de arriba abajo con una mirada intensa, cargada de una picardĂa abierta que ya no intentaba disimular en lo mĂĄs mĂnimo.
El saiyajin, completamente ajeno a las intenciones de la muchacha, se rascĂł la nuca y le sonriĂł con candor.
âSe van volando tan rĂĄpido que a veces olvido lo mucho que han crecido âcomentĂł Goku, dando un paso hacia adentroâ. Bueno, Ino, ÂżquĂ© te gustarĂa hacer? Si quieres puedo mostrarte un poco los alrededores de la montaña, o si prefieres estar a la sombra, podemos quedarnos aquĂ adentro.
La joven rubia dio un paso lento hacia adelante, acortando la distancia entre ambos. La luz del mañana entraba de lado, resaltando su silueta y el tono dorado de su cabello. Mantuvo sus ojos fijos en la mirada del mayor, descendiendo por un segundo hacia su torso marcado y regresando a su rostro.
âLa verdad, Goku... âdijo ella con una voz mĂĄs baja, suave y profundamente coqueta, esbozando una sonrisa irresistibleâ, me parece que aquĂ adentro estamos bastante cĂłmodos. Y ya que tus hijos se fueron... me gustarĂa platicar un poco mĂĄs contigo.
Goku la observĂł fijamente durante un segundo, parpadeando con cierta sorpresa ante el tono pausado y la cercanĂa de Ino. Aunque su naturaleza siempre habĂa sido transparente y directa, la madurez adquirida tras haber contemplado la vida desde el otro mundo, sumada a la experiencia de los años y las batallas, le otorgaba una presencia mucho mĂĄs calmada y perceptiva. No era el sujeto ingenuo que pasaba por alto el entorno; simplemente elegĂa abordar las cosas con aplomo.
âMe parece bien.âComentĂł, cruzĂĄndose de brazos mientras su mirada serena sostenĂa la de la muchachaâ. La verdad es que no suelo tener muchas visitas por aquĂ que no vengan a pedirme que entrene o a traerme recados.
El saiyajin dio un paso hacia el centro de la estancia, indicĂĄndole con un gesto tranquilo que se pusiera cĂłmoda.
âSi quieres platicar, podemos sentarnos afuera. Hay mejor brisa que aquĂ adentro y la vista de la montaña es bastante buena a esta hora.
Ino entornĂł levemente los ojos, sonriendo con fascinaciĂłn contenida. La actitud de Goku no era la de un hombre azorado o torpe; transmitĂa una seguridad aplastante, una templanza fĂsica y mental que la atraĂa todavĂa mĂĄs.
âMe parece una idea excelente ârespondiĂł ella, caminando a su lado hacia el exteriorâ Aunque debo confesar que no vine solo a admirar el paisaje de la montaña. TenĂa curiosidad por saber cĂłmo vive alguien que ha salvado al mundo mĂĄs de una vez... y que ahora prefiere la soledad de este claro.
Goku soltĂł una breve risa baja, un sonido firme y profundo mientras caminaban juntos hacia el pasto.
âNo hay mucho misterio en eso, Ino âdijo Ă©l, deteniĂ©ndose junto al tronco del roble ancestral y contemplando el horizonteâ. Me gusta la tranquilidad. DespuĂ©s de todo lo que ha pasado, tener un lugar propio para respirar, entrenar a mi propio ritmo y recibir a mis hijos cuando vienen de visita es mĂĄs que suficiente para mĂ.
âUn hombre de gustos sencillos... âmurmurĂł, acortando la distancia entre ambos hasta quedar a un solo paso de su pecho desnudo, sintiendo la firmeza de su posturaâ. Pero a veces la tranquilidad es mejor cuando se comparte con la compañĂa adecuada.
El la mirĂł de frente, dibujando en sus labios una sonrisa madura y tranquila, manteniendo el temple ante la audacia de la joven.
Ino observĂł con detenimiento el rostro de Goku. La mirada del luchador no reflejaba la ingenuidad de años atrĂĄs; los sucesos del torneo de Cell, los años de contemplaciĂłn en el otro mundo y la madurez de su vida presente le otorgaban un aire de serenidad absoluta, una firmeza templada que la atraĂa de manera irrefrenable.
âDime una cosa, Goku... âcomenzĂł Ino con voz baja, dando un paso casi imperceptible hacia adelante mientras ladeaba levemente la cabezaâ. ÂżNo te sientes solo a veces en este lugar? sin nadie a quien contarle cĂłmo estuvo tu dĂa.
la miró fijamente a los ojos, manteniendo una postura erguida y madura. Cruzó los brazos sobre el pecho con pausada tranquilidad, sintiendo la mirada intensa de la rubia sobre él.
âAl principio era raro ârespondiĂł con su habitual tono sereno y francoâ. Estuve acostumbrado a estar rodeado de gente o a entrenar en el planeta de Kaio-sama. Pero con el tiempo te acostumbras al silencio. Me permite concentrarme, medir mi Ki y entender mejor mi cuerpo. AdemĂĄs, mis hijos vienen a verme seguido. No siento que me haga falta mucho mĂĄs.
La Rubia dejĂł escapar un suspiro suave, una sonrisa juguetona dibujĂĄndose en las comisuras de sus labios. LevantĂł una mano y, de forma sumamente pausada, extendiĂł un dedo para rozar apenas la tela del pantalĂłn de entrenamiento del guerrero, subiendo despacio hasta tocar la piel tibia de su abdomen, justo por encima de la cinta azul de la cintura.
âEso es porque solo piensas en pelear y en fortalecerte âmurmurĂł ella, elevando la mirada hacia los ojos oscuros del saiyajinâ. Hay otros aspectos de la vida que tambiĂ©n reconfortan el cuerpo, Goku. Cosas que no tienen que ver con lanzar rĂĄfagas de energĂa ni con levantar rocas gigantescas.
Goku no se apartĂł. SentĂa el tacto suave de la yema del dedo de Ino trazando una lĂnea lenta sobre sus mĂșsculos abdominales. Sus ojos se entrecerraron levemente, no por desconfianza, sino por una curiosidad reflexiva. La presencia de la joven emanaba un perfume dulce y floral que contrastaba fuertemente con el olor a pino y tierra del monte Paoz.
âÂżA quĂ© te refieres exactamente? âpreguntĂł el, manteniendo la voz firme y profunda, observando cĂłmo la audacia de la chica aumentaba a cada segundo.
Ino dio otro paso, acortando la distancia de tal manera que el frente de su blusa rozĂł ligeramente el pecho al descubierto del saiyajin. La diferencia de altura hacĂa que ella tuviera que inclinar la cabeza hacia arriba para sostenerle la mirada, lo que resaltaba la curva de su cuello y la firmeza de su postura coqueta.
âMe refiero al contacto... a la compañĂa real â susurro pausado, deslizando ambas palmas con lentitud sobre los amplios pectorales del hombre, sintiendo la dureza de los mĂșsculos y el calor interno que latĂa debajo de su pielâ Eres un hombre libre. vives solo y no le debes explicaciones a nadie. Yo tampoco tengo compromisos con nadie. ÂżNunca se te ha ocurrido que podrĂas disfrutar de la vida de una manera diferente?
El guerrero permaneciĂł en silencio unos instantes, procesando las palabras y la proximidad fĂsica de la muchacha. Su mente repasĂł su situaciĂłn actual con absoluta claridad. Era cierto. Su vĂnculo legal y conyugal con Milk habĂa quedado disuelto tras su muerte en la batalla contra Cell; ambos habĂan aceptado tomar caminos independientes al regresar Ă©l a la vida. No habĂa engaños, no habĂa promesas rotas ni ataduras con nadie. Era un hombre maduro, soltero, viviendo en su propio espacio.
Ino continuĂł su avance sutil pero decidido. DeslizĂł sus manos desde el pecho de Goku hasta rodear levemente sus hombros anchos, apoyando el peso de su cuerpo contra el suyo. PodĂa sentir la solidez formidable del saiyajin, una estructura fĂsica perfecta moldeada por dĂ©cadas de batallas y disciplina, lo que enviĂł un escalofrĂo elĂ©ctrico por la espalda de la joven.
âMĂrate... âcontinuĂł ella, bajando el tono de su voz a un murmullo Ăntimo que resonĂł directamente cerca de la oreja del guerreroâ. Tienes una fuerza increĂble, una presencia que impone a cualquiera, y sin embargo estĂĄs aquĂ solo, dejando que los dĂas pasen entre flexiones y meditaciĂłn. A veces es bueno dejar de lado la disciplina y entregarse a un deseo simple.
Ăl bajĂł la mirada hacia el rostro de la chica. ObservĂł la firmeza en sus ojos azules, el ligero rubor que teñĂa sus mejillas y la sonrisa confiada que mantenĂa a escasos milĂmetros de sus labios. El saiyajin relajĂł los brazos, dejĂĄndolos caer a los lados de su cuerpo.
La idea, planteada de esa forma tan directa por una mujer atractiva y decidida, comenzĂł a cobrar un sentido bastante claro en su mente. Sin presiones, sin batallas por el destino del universo, Ășnicamente dos personas adultas compartiendo un momento de complacencia mutua en la soledad de la montaña.
âTienes razĂłn en algo, Ino âdijo Goku con una sonrisa serena y un matiz mĂĄs bajo en su voz, posando una de sus grandes y calurosas manos en la cintura de la chica, sujetĂĄndola con firmeza pero sin brusquedadâ. No tengo compromisos con nadie. Y si ambos estamos de acuerdo, no veo por quĂ© tendrĂamos que negarnos a pasar un buen rato.
Al sentir el contacto directo de la mano de Goku en su cintura y notar la aceptaciĂłn tranquila pero madura en la mirada del saiyajin, a Ino le dio un vuelco el corazĂłn. La sorpresa inicial de ver que el gran guerrero cedĂa ante su juego de seducciĂłn se transformĂł de inmediato en una satisfacciĂłn triunfal.
SonriĂł con absoluta picardĂa, deslizando una mano desde la nuca del Saiya hasta la comisura de sus labios, acariciando suavemente su rostro antes de inclinarse apenas un poco mĂĄs hacia Ă©l.
âÂżAh, sĂ? âmurmurĂł ella con una voz cargada de intenciĂłn y coqueterĂa, fijando sus ojos en los de Ă©l para asegurarse por completo de lo que estaba a punto de sucederâ... ÂżEntonces quieres probarme?
Goku no vacilĂł. Con la serenidad intacta de quien conoce perfectamente cada centĂmetro de su fuerza, afianzĂł el agarre en la cintura de Ino, pegando el cuerpo de la joven contra el suyo sin ningĂșn tipo de rodeos. La diferencia de temperatura entre ambos era abrumadora; el calor que emanaba de la piel del saiyajin parecĂa envolverla por completo, tan denso y caliente como la brisa misma del mediodĂa.
âNo soy mucho de andar con rodeos, Niñaâ respondiĂł Goku con una voz grave, profunda y desprovista de cualquier atisbo de dudaâ. Si estĂĄs aquĂ y me lo pides asĂ, no tengo ninguna razĂłn para decirte que no.
Ino sintiĂł cĂłmo la respiraciĂłn se le aceleraba de golpe. La firmeza en las manos del mayor no era torpe ni vacilante; era la presiĂłn exacta de un hombre seguro, libre de ataduras y consciente del impacto que causaba en ella.
Su mirada se clavĂł directo en la Suya, intensa y directa, mientras su mano libre subĂa con parsimonia desde el costado de la chica hasta afianzarse en la nuca de la rubia, enredando los dedos entre su cabello dorado.
âAsĂ que... vamos adentro âañadiĂł esbozando una sonrisa inclinada, madura y confiada, antes de inclinar el rostro para romper la distancia.
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ÂżQuĂ© le espera a Ino en el siguiente capĂtulo?
Lo que se viene es sumamente potente, asĂ que no se despeguen. Gracias por llegar hasta aquĂ; si la lectura los atrapĂł tanto, objetivo cumplido. ÂĄNos vemos en la prĂłxima actualizaciĂłn! đ








