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HentaiLover

Summary

Advertencia: Esta historia contiene escenas explĂ­citas de contenido sexual, lenguaje carnal y situaciones de Ă­ndole adulta. Si eres menor de edad o te incomoda este tipo de material, no continĂșes leyendo. Pero si decides quedarte... prepĂĄrate para descubrir a un Goku que jamĂĄs imaginaste. Lejos del campo de batalla, el guerrero mĂĄs fuerte del universo enfrenta un desafĂ­o completamente distinto: dejarse llevar por el deseo y llevar a cada una de ellas hasta el lĂ­mite. Sin filtros, sin censura, sin pausas. AquĂ­ no hay golpes ni energĂ­a... solo piel, saliva, gemidos y un saiyajin que, por primera vez, no pelea para ganar.

Status
11h ago
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

ÂżQuieres Probarme?

El aire matutino en lo mĂĄs profundo del monte Paoz poseĂ­a un silencio distinto, mĂĄs amplio y sereno. En un claro independiente, apartado de la antigua residencia familiar pero rodeado por la misma vegetaciĂłn exuberante y los picos rocosos, se alzaba una pequeña casa de cĂșpula blanca y teja roja que Goku habĂ­a construido para sĂ­ mismo.

El sol de la mañana comenzaba a filtrar sus primeros rayos a travĂ©s de la copa del gran ĂĄrbol que custodiaba la entrada. Goku, con el torso desnudo y el sudor brilleĂĄndole en la piel, completaba su rutina diaria de flexiones sobre el camino de tierra seca. Cada elevaciĂłn era ejecutada con una fuerza impecable, sintiendo cĂłmo los mĂșsculos de sus brazos y espalda se tensaban tras años de entrenamiento continuo y el tiempo transcurrido en el otro mundo.

A diferencia de otros tiempos, esta vez no había gritos desde la cocina ni el bullicio de una familia al despertar. Su muerte durante el Torneo de Cell y los años posteriores en el planeta de Kaio-sama habían dejado una huella imborrable. Al regresar a la vida, el marco legal e institucional determinó que su matrimonio con Milk había quedado nulo por su fallecimiento, y ambos tomaron caminos separados.

Milk continuĂł su vida en la casa principal organizando el hogar, mientras que Gohan y Goten crecĂ­an junto a ella, aunque el lazo con su padre permanecĂ­a intacto.

De pronto, un silbido tenue en el aire cortĂł el silencio del valle. Dos rĂĄfagas de viento contundentes sacudieron las copas de los ĂĄrboles cercanos, haciendo ondear las hojas mientras dos siluetas descendĂ­an a gran velocidad desde el cielo.

—¡Papá! —se escuchó la alegre voz de Goten mientras se aproximaba volando hacia la casa.

Goku frenĂł el movimiento en seco, apoyĂł las palmas con firmeza y dio un salto ĂĄgil para ponerse de pie. SacudiĂł el polvo de sus pantalones naranjas y levantĂł la mirada con una sonrisa sincera iluminĂĄndole el rostro.

Las sombras de sus hijos se proyectaron sobre la tierra justo antes de que ambos tocaran suelo suavemente, rompiendo la soledad de la montaña para dar inicio a la visita del fin de semana.

El viento generado por el aterrizaje comenzĂł a asentarse, dejando volar apenas unas cuantas hojas alrededor del claro.

Goten, con los brazos abiertos en alto y la cara llena de alegrĂ­a, corriĂł unos pasos hacia adelante sin poder contener la emociĂłn.

—¡Papá! ¡Llegamos! —exclamó Goten con una enorme sonrisa.

Gohan, dando unos pasos mĂĄs pausados a su lado, levantĂł una mano a modo de saludo afable.

—Hola, papá. Trajimos algunas cosas que mamá nos pidió que te entregáramos para el fin de semana.

Goku se llevó una mano a la nuca, sonriendo de oreja a oreja mientras los observaba. El sudor todavía le brillaba en el torso por las flexiones, pero su rostro reflejaba pura alegría al ver a sus hijos en su pequeña casa.

—¡Vaya, quĂ© rĂĄpido llegaron! —respondiĂł con su habitual tono alegre—. Me alegra mucho verlos. ÂĄJusto a tiempo, me morĂ­a de hambre! Pasen, pasen.

—Mamá nos dio bastante comida empaquetada —comentó Gohan, ajustándose la mochila en el hombro—. Dijo que probablemente solo tendrías carne en la cocina.

Goten mirĂł a su padre de arriba abajo.

—¡Papá, estás lleno de sudor! ¿Estabas entrenando desde muy temprano? —preguntó con los ojos abiertos de par en par.

Goku soltĂł una carcajada fresca, inclinĂĄndose un poco para quedar a la altura de Goten mientras se sacudĂ­a el pecho con la mano.

—Solo un par de miles de flexiones para despertar bien el cuerpo —respondiĂł Guiñåndole un ojo—. Y quĂ© buena noticia lo de la Comida.

Al cruzar el umbral, el ambiente de la vivienda se sentía sereno y acogedor. Las paredes curvas de tono blanco cålido albergaban lo esencial: una pequeña cocina rustica en un costado, una repisa y, en el centro del espacio, una robusta mesa de madera maciza rodeada por bancas sencillas.

Gohan apoyó con cuidado el gran bolso térmico sobre la superficie de la mesa y comenzó a desempaquetar recipiente tras recipiente. El vapor aromåtico de los guisados, el arroz recién hervido y los cortes de carne marinada inundó el lugar en cuestión de segundos. Goten no perdió tiempo y se acomodó de un salto en una de las bancas, batiendo alegremente los pies en el aire mientras sus ojos brillaban ante el banquete.

Goku sacó un par de cuencos grandes, se sirvió una montaña de arroz y tomó varios tazones a la vez con una agilidad impresionante. Sin molestarse en ponerse la camiseta, se sentó al frente de sus hijos y juntó las palmas de las manos con un gesto de gratitud genuina.

—¡Gracias por la comida! —dijeron los tres al unísono.

Lo que siguiĂł fue un festĂ­n al mĂĄs puro estilo de la familia Saiyajin. Goku devoraba plato tras plato a una velocidad pasmosa, usando los palillos con destreza para desaparecer porciones enteras de carne ante la mirada divertida de Gohan, quien comĂ­a de forma mĂĄs pausada mientras le servĂ­a mĂĄs guisado a su hermano menor.

Goten intentaba seguirle el ritmo a su padre, ríendose con las mejillas llenas de comida mientras el vapor de los platillos mantenía una atmósfera viva y familiar dentro del tranquilo refugio de la montaña.

—Papá, despacio, ¡te vas a ahogar!—dijo su hijo mayor entre risas, pasando una jarra de agua fresca al centro de la mesa.

Goku tragĂł un tazĂłn entero de ramen de un solo bocado, soltĂł un suspiro de pura satisfacciĂłn y se limpiĂł los labios con el reverso de la mano.

—¡Es que la comida de Milk siempre es la mejor!—exclamĂł con los ojos brillantes, sirviĂ©ndose de inmediato una presa de pollo asado. Luego, mirando a sus hijos con curiosidad, preguntó—: ÂżY cĂłmo estĂĄn las cosas por allĂĄ? ÂżQuĂ© tal la escuela, Gohan?

Gohan sonriĂł de medio lado mientras masticaba con calma. — Todo va bien. Los estudios universitarios son algo pesados, pero me organizo para estudiar de noche. Goten tambiĂ©n ha estado practicando sus tareas, aunque a veces le cuesta concentrarse.

—¡Es que entrenar es más divertido!— interrumpió el infante con la boca llena de arroz, haciendo que un par de granos salieran volando.

—¡Oye, no hables con la boca llena! —lo reprendió Gohan, dándole un suave golpecito en el hombro.

El Saiyajin mayor soltĂł una carcajada abierta que resonĂł por toda la pequeña casa circular. Se recostĂł un poco en la silla, observando el bullicio de sus hijos. A pesar de la soledad en la que solĂ­a pasar los dĂ­as en esa montaña, momentos como este, compartiendo la mesa y escuchando sus historias, le devolvĂ­an esa calidez Ășnica que solo la familia podĂ­a darle.

La claridad fresca de las diez de la mañana inundaba por completo la habitación de Ino, filtråndose enérgicamente a través de la ventana abierta, donde el aire ya traía el leve bullicio de los vecinos y el movimiento cotidiano del vecindario. El sol matutino iluminaba de lleno el desorden de las såbanas y los cojines desparramados en su cama.

A pesar de ser ya media mañana, ella seguía disfrutando de su rato libre, acostada boca abajo con las piernas flexionadas en el aire y la barbilla apoyada en una mano. Sus ojos, cargados de una chispa de absoluta fascinación, no se despegaban de la pantalla de su teléfono.

En ella se desplegaba una fotografía que guardaba como un auténtico tesoro de un fin de semana anterior. Se la habían tomado en el parque durante un paseo improvisado: en el centro aparecía ella misma, radiante, al lado de Gohan, que sonreía con su habitual timidez de adolescente, y junto a ellos, Goku.

Ino hizo zoom con los dedos sobre la pantalla para enfocarlo a él. El padre de Gohan salía con una de sus características sonrisas desarmantes y una camiseta que no ocultaba para nada su físico tan marcado y formidable. Su cabello oscuro y desordenado apuntaba en todas direcciones bajo la luz natural de aquel día. Había algo en esa mezcla de fuerza natural, madurez y esa actitud tan espontånea y despreocupada que a Ino, sencillamente, la desarmaba por completo.

Un suspiro suave y algo resignado se le escapĂł de los labios, mientras sentĂ­a que el calor de la mañana no era el Ășnico responsable del ligero rubor en sus mejillas. Se mordiĂł el labio inferior, incapaz de apartar la mirada de esos hombros anchos y de la mirada tan vital del hombre.

—Ay, por favor... —susurró para sí misma, con una voz cargada de una picardía que la habitación solitaria no podía juzgar—. El papá de Gohan está demasiado guapo...

DeslizĂł el pulgar por la pantalla, como si pudiera rozar la imagen, y una sonrisa traviesa se le dibujĂł en el rostro.

—Es que de verdad... provoca comĂ©rselo — añadiĂł en un murmullo pĂ­caro, soltando una risita contenida mientras se tapaba un poco la cara con la almohada, divertida por sus propios pensamientos y por el tremendo impacto que ese hombre, con toda su naturalidad, lograba causar en ella a esas horas de la mañana.

Con esa idea rondåndole en la cabeza, Ino apagó la pantalla del teléfono y se quedó mirando al techo durante un par de segundos, sintiendo cómo el impulso crecía con una mezcla de osadía y diversión. Una sonrisa confiada se apoderó de sus labios mientras se giraba en la cama para sentarse de un brinco.

—A ver... si hoy es fin de semana y Gohan estĂĄ allĂĄ con Goten... —murmurĂł para sĂ­ misma, apoyando los pies en el suelo fresco de la habitaciĂłn—. Eso significa que no hay forma de que Goku estĂ© haciendo algo demasiado ocupado mĂĄs allĂĄ de comer o entrenar.

Se puso de pie decidida y caminĂł hacia el armario, abriĂ©ndolo de par en par para revisar sus opciones. Si iba a aparecerse de la nada en esa casa de la montaña, no podĂ­a ir vestida de cualquier manera. TenĂ­a que parecer algo casual, una visita amigable y desinteresada para saludar a los chicos y llevarles algĂșn detalle, pero con el toque suficiente para no pasar desapercibida.

Escogió un conjunto cómodo pero favorecedor: una blusa ligera y un pantalón que resaltaba su figura de manera natural, manteniéndose fiel a su estilo coqueto. Se arregló el cabello frente al espejo, ajustando su característica coleta alta mientras se miraba con complicidad.

—Una pequeña visita de sorpresa no le hace daño a nadie —dijo frente al reflejo, guiñåndose un ojo con pura picardĂ­a— AdemĂĄs, alguien tiene que asegurarse de que ese hombre no estĂ© viviendo Ășnicamente a base de carne asada.

Tomó su bolso, las llaves de la casa y su teléfono, lista para ponerse en marcha hacia el monte Paoz. La perspectiva de ver la reacción de Goku al encontrarla en la puerta de su refugio, tan lejos de la ciudad y en pleno fin de semana, era un pensamiento demasiado tentador como para dejarlo pasar.

Tras un trayecto tranquilo en su vehĂ­culo y una caminata corta por el sendero que serpenteaba entre la densa vegetaciĂłn del monte Paoz, el paisaje comenzĂł a abrirse, revelando el claro tranquilo donde se alzaba la modesta casa circular de Goku.

El aroma a comida casera y el murmullo de risas masculinas llegaban hasta el camino de tierra. Ino se detuvo a unos metros de la entrada, ajustĂĄndose la correa del bolso sobre el hombro mientras se dibujaba en su rostro esa sonrisa coqueta y calculada.

AcercĂĄndose a la puerta abierta, dio dos golpecitos suaves sobre el marco de madera.

—¿Se puede pasar o hay que pedir permiso a los dueños de casa? —dijo con un tono de voz dulce y coqueto, haciendo resonar su presencia en todo el lugar.

Adentro, la escena se congelĂł por un segundo. Goku, que estaba a punto de meterse una presa de pollo entera a la boca, se detuvo a medio camino con los palillos en el aire y la boca abierta de par en par. Gohan casi se ahoga con el sorbo de agua que acababa de tomar, mientras Goten miraba hacia la puerta con curiosidad y la boca llena de arroz.

—¿Ino? —exclamĂł Gohan, tragando rĂĄpido y levantĂĄndose de la mesa a toda prisa, con el rostro teñido de una ligera sorpresa—. ÂżQuĂ©... quĂ© haces por aquĂ­?

—¡Hola, Gohan! —respondió ella entrando con total naturalidad, dejando que sus ojos recorrieran el espacio hasta posarse directamente en la figura de Goku.

El saiyajin permanecĂ­a sentado al frente, con el torso completamente al descubierto, la piel aĂșn con un tenue brillo por el esfuerzo de las flexiones matutinas y el cabello desordenado como siempre. La vista de cerca era, sin duda, incluso mejor que en la fotografĂ­a.

Goku dejĂł el tazĂłn sobre la mesa y se pasĂł una mano por la nuca, soltando una risa despreocupada mientras le dedicaba una amplia sonrisa.

—¡Vaya! Pero si eres la amiga de Gohan —dijo Goku con su habitual tono alegre y sin un ĂĄpice de pena por su falta de camiseta—. ÂĄQuĂ© sorpresa! ÂżTĂș tambiĂ©n vienes a comer? ÂĄPasa, pasa, hay un montĂłn de comida que trajeron los muchachos!

Ino dio un par de pasos mĂĄs hacia el interior de la pequeña casa redonda, dejando que el taconeo suave de sus sandalias rompiera el ambiente atĂłnito de los tres hombres. El lugar, aunque austero y decorado de forma sumamente sencilla, tenĂ­a una calidez rĂșstica que reflejaba bastante bien la personalidad de su dueño. OlĂ­a a madera, a aire fresco de montaña y, en ese preciso instante, a una mezcla irresistible de carne asada, arroz al vapor y especias.

—¡Hola a todos! —saludĂł Ino con una sonrisa radiante y juguetona, inclinando levemente la cabeza mientras cruzaba las manos por detrĂĄs de su espalda—. Espero no estar interrumpiendo nada importante. TraĂ­a unos dulces que comprĂ© en la ciudad y pensĂ© que a cierto par de chicos les gustarĂ­a tener algo de postre. Pero veo que se me adelantaron con un banquete completo.

Gohan, que todavĂ­a estaba con la mano en el respaldo de su silla, parpadeĂł un par de veces intentando procesar la escena. MirĂł a Ino, luego mirĂł a su padre, que continuaba sentado tan tranquilo sin camiseta, y finalmente suspirĂł con una sonrisa resignada.

—No interrumpes para nada, Ino. Solo... nos tomó un poco por sorpresa —admitió el, rascándose la mejilla—. No sabía que tenías pensado venir hasta el monte Paoz hoy.

—Bueno, el día estaba demasiado bonito como para quedarse encerrada en la ciudad — respondió ella con total desenvoltura, dando un paso más hacia la mesa—. Además, tenía tiempo de sobra. Y debo decir que este lugar tiene un aire increíblemente fresco. Es muy distinto al ruido del centro.

—¡Ino! ÂżTrajiste pastelitos de crema?— preguntĂł el pequeño con los ojos resplandecientes de ilusiĂłn, olvidando por completo la etiqueta de la mesa.

—¡Goten! —lo reprendió Gohan de inmediato, cruzándose de brazos—. Primero termina lo que tienes en el plato antes de pensar en el postre. Y saluda como es debido.

—¡PerdĂłn! —se disculpĂł el niño de inmediato, riendo con ingenuidad mientras agitaba una mano—. ÂĄHola, Ino!

Goku, por su parte, miraba la interacciĂłn entre todos con su clĂĄsica expresiĂłn ingenua y jovial. Sin mostrar el menor atisbo de vergĂŒenza por su falta de ropa en la parte superior, tomĂł la servilleta de tela que tenĂ­a a un lado, se limpiĂł de forma rĂĄpida la comisura de los labios y le ofreciĂł a Ino un espacio libre


—¡Pasa y siĂ©ntate, Ino! —dijo el saiyajin con entusiasmo contagioso, señalando la silla vacĂ­a justo a su lado—. EstĂĄs en tu casa. Hay muchĂ­sima comida. Milk les mandĂł de todo a los muchachos, asĂ­ que si no nos ayudas, me voy a tener que comer todo yo solo... aunque la verdad, eso no serĂ­a ningĂșn problema para mĂ­.

Ino dejĂł escapar una risita encantadora, un sonido suave que resonĂł con gracia entre las paredes curvas de la casa. Se acercĂł a la mesa y ocupĂł la silla de madera, quedando lo suficientemente cerca de Goku como para percibir la radiaciĂłn de calor que emanaba de su cuerpo tras el entrenamiento matutino. Desde esa distancia, la definiciĂłn de los mĂșsculos de su espalda, la anchura de sus hombros y la piel ligeramente humedecida por el sudor eran mil veces mĂĄs impactantes que en la fotografĂ­a del telĂ©fono. Era una fuerza fĂ­sica abrumadora disfrazada de la actitud mĂĄs despreocupada del mundo.

—Muchas gracias, Goku —respondiĂł ella, mirĂĄndolo fijamente a los ojos con esa chispa de coqueterĂ­a bien disimulada—. Pero de verdad no quiero quitarles su comida. Ya desayunĂ© en casa. Aunque aceptarĂ­a un vaso con agua si no es mucha molestia.

—¡Yo te sirvo! —se ofreció Gohan rápidamente, tomando una jarra limpia del mostrador de la cocina. Sirvió el agua con cuidado y le entregó el vaso a la muchacha—. Aquí tienes.

—Gracias, Gohan. Eres todo un caballero—le dice tomando el cristal y rozando apenas los dedos del joven de forma cordial antes de llevarse el vaso a los labios.

La comida continuó durante los siguientes cuarenta minutos entre charlas animadas, anécdotas y un ritmo de deglución por parte de los tres saiyajin que no dejaba de maravillar a la joven rubia. Aunque ya sabía que comían bastante, ver a Goku devorar cuencos gigantescos de arroz y platillos enteros de carne de tres en tres era un espectåculo digno de ver. Ino observaba cada movimiento de Goku: la forma en que sus bíceps se contraían al levantar los tazones, la soltura con la que se reía de los comentarios de Goten y esa vibra tan pura, salvaje y atractiva que parecía no tener filtro alguno.

A medida que los platos quedaban limpios uno tras otro, la montaña de loza vacía en el centro de la mesa alcanzaba alturas casi cómicas. Goku se echó hacia atrås en la silla, dåndose unas palmaditas en el estómago con una cara de felicidad absoluta.

—¡Ahhh! ÂĄEso estuvo increĂ­ble! —exclamĂł con un suspiro de profunda satisfacciĂłn—. No hay nada como una buena comida despuĂ©s de diez mil flexiones. Siento que recuperĂ© todas las energĂ­as.

—Diez mil... —murmurĂł Ino para sĂ­ misma, arqueando una ceja con una sonrisa incrĂ©dula—. Vaya, con razĂłn tienes esa contextura. No cualquiera aguantarĂ­a un ritmo asĂ­.

—¡Bah, eso no es nada! —intervino Goten con orgullo, alzando los brazos—. ¡Mi papá puede hacer muchísimas más si se lo propone! ¡A veces entrena con pesas gigantescas que romperían el suelo!

—Estoy segura de que sĂ­ —respondiĂł Ino, devolviĂ©ndole la mirada a Goku, cuyos ojos oscuros y brillantes se cruzaron con los de ella por un segundo. El saiyajin solo le sonriĂł de forma abierta, totalmente ajeno a los pensamientos que rondaban la cabeza de la rubia.

Gohan miró el reloj de pared que colgaba cerca de la pequeña ventana y luego revisó la hora en su teléfono móvil. Suspiró levemente, borrando la sonrisa relajada para adoptar una postura mås formal.

—Bueno, papĂĄ... se nos estĂĄ haciendo un poco tarde —anunciĂł el, poniĂ©ndose de pie y empezando a recoger los platos y tazones vacĂ­os para llevarlos al fregadero—. Le prometĂ­ a mamĂĄ que regresarĂ­amos antes de mediodĂ­a para ayudarla con unas compras en el pueblo y organizar algunas cosas de la casa.

Goten soltó un pequeño gemido de protesta, dejando caer los hombros con dramatismo.

—¿Tan rĂĄpido? ÂĄPero si apenas llegamos! Yo querĂ­a que hiciĂ©ramos un poco de combate en el bosque con papĂĄ.

Goku se levantó de la Silla, revolviéndole el cabello a Goten con la mano derecha mientras sonreía con ternura.

—No te preocupes, Goten. El próximo fin de semana tendremos tiempo de sobra para entrenar todo el día. Hazle caso a tu hermano y ayuda a tu mamá, ¿de acuerdo? Recuerda que ella se preocupa mucho por ustedes.

—EstĂĄ bien... —aceptĂł el pequeño saiyajin, esbozando de nuevo una sonrisa resignada pero alegre—. ÂĄPero me prometes que me enseñarĂĄs ese nuevo golpe!

—¡Hecho!

Gohan terminĂł de enjuagar los platos principales con rapidez y eficacia, secĂĄndose las manos con una toalla limpia. Luego caminĂł hacia la entrada para recoger su mochila. Al darse la vuelta, mirĂł a Ino, quien continuaba sentada cĂłmodamente, cruzada de piernas y observando la escena con total serenidad.

—Ino —dijo Gohan con tono amable—, nosotros ya nos vamos. ÂżQuieres que te acompañe hasta tu auto o te lleve de regreso a la ciudad?

Ino acomodĂł un mechĂłn de su cabello rubio detrĂĄs de la oreja, cruzĂł los brazos de forma elegante sobre la mesa y le dirigiĂł a Gohan una sonrisa dulce, perfectamente calculada para sonar natural y despreocupada.

—Oh, no te preocupes para nada, Gohan. No quiero que se les haga tarde por mi culpa y hagan esperar a su mamĂĄ —respondiĂł ella con tono suave y pausado—. La verdad es que el aire de la montaña me sentĂł de maravilla y la caminata me relajĂł muchĂ­simo. Pensaba quedarme un ratito mĂĄs disfrutando del paisaje y de la tranquilidad antes de volver al bullicio de la ciudad. Si a tu papĂĄ no le molesta la compañía, claro.

Goku, que estaba estirando los brazos por encima de su cabeza haciendo crujir sus hombros con fuerza, volteĂł a verla de inmediato y soltĂł una de sus francas sonrisas.

—¡Para nada! A mí no me molesta en absoluto —dijo con su alegría habitual—. La verdad es que casi nunca tengo visitas por aquí, así que puedes quedarte todo el tiempo que quieras, Ino. De todas formas, no tengo nada urgente que hacer hoy más que seguir entrenando un rato más tarde.

Gohan miró a su padre, luego a Ino, y por un brevísimo instante pareció notar algo extraño en el ambiente, pero dada la total inocencia de su padre y la actitud relajada de la chica, simplemente decidió no darle mås vueltas al asunto.

—Está bien entonces —dijo Gohan sonriendo—. Nos vemos luego, Ino. Gracias por los dulces que trajiste.

—De nada, Gohan. Cuídense mucho en el camino.

—¡Adiós, Ino! ¡Adiós, papá! —exclamó Goten, saliendo en carrera por la puerta abierta.

Goku los acompañó hasta el umbral del claro. Ino se levantó despacio de la silla y caminó hacia la puerta para observar la partida. Afuera, bajo el sol radiante de las once de la mañana, los dos jóvenes saiyajin se elevaron suavemente en el aire, impulsados por un aura invisible que apenas levantó unas cuantas hojas secas del suelo, para luego salir disparados hacia el horizonte como dos centellas que cortaban el cielo azul.

Goku levantĂł el brazo y agitĂł la mano despidiĂ©ndose de ellos hasta que sus siluetas se perdieron por completo entre las nubes lejanas. El silencio de la montaña, denso, pacĂ­fico y rodeado Ășnicamente por el murmullo del viento en las copas de los ĂĄrboles, volviĂł a apoderarse de todo el lugar.

El Saiyajin suspirĂł profundamente, con una sonrisa nostĂĄlgica pero feliz en los labios, y se girĂł lentamente sobre sus talones para regresar al interior de la casa. Al darse la vuelta, se encontrĂł de frente con Ino, que estaba recostada contra el marco de la puerta, observĂĄndolo de arriba abajo con una mirada intensa, cargada de una picardĂ­a abierta que ya no intentaba disimular en lo mĂĄs mĂ­nimo.

El saiyajin, completamente ajeno a las intenciones de la muchacha, se rascĂł la nuca y le sonriĂł con candor.

—Se van volando tan rĂĄpido que a veces olvido lo mucho que han crecido —comentĂł Goku, dando un paso hacia adentro—. Bueno, Ino, ÂżquĂ© te gustarĂ­a hacer? Si quieres puedo mostrarte un poco los alrededores de la montaña, o si prefieres estar a la sombra, podemos quedarnos aquĂ­ adentro.

La joven rubia dio un paso lento hacia adelante, acortando la distancia entre ambos. La luz del mañana entraba de lado, resaltando su silueta y el tono dorado de su cabello. Mantuvo sus ojos fijos en la mirada del mayor, descendiendo por un segundo hacia su torso marcado y regresando a su rostro.

—La verdad, Goku... —dijo ella con una voz más baja, suave y profundamente coqueta, esbozando una sonrisa irresistible—, me parece que aquí adentro estamos bastante cómodos. Y ya que tus hijos se fueron... me gustaría platicar un poco más contigo.

Goku la observó fijamente durante un segundo, parpadeando con cierta sorpresa ante el tono pausado y la cercanía de Ino. Aunque su naturaleza siempre había sido transparente y directa, la madurez adquirida tras haber contemplado la vida desde el otro mundo, sumada a la experiencia de los años y las batallas, le otorgaba una presencia mucho mås calmada y perceptiva. No era el sujeto ingenuo que pasaba por alto el entorno; simplemente elegía abordar las cosas con aplomo.

—Me parece bien.—Comentó, cruzándose de brazos mientras su mirada serena sostenía la de la muchacha—. La verdad es que no suelo tener muchas visitas por aquí que no vengan a pedirme que entrene o a traerme recados.

El saiyajin dio un paso hacia el centro de la estancia, indicĂĄndole con un gesto tranquilo que se pusiera cĂłmoda.

—Si quieres platicar, podemos sentarnos afuera. Hay mejor brisa que aquĂ­ adentro y la vista de la montaña es bastante buena a esta hora.

Ino entornĂł levemente los ojos, sonriendo con fascinaciĂłn contenida. La actitud de Goku no era la de un hombre azorado o torpe; transmitĂ­a una seguridad aplastante, una templanza fĂ­sica y mental que la atraĂ­a todavĂ­a mĂĄs.

—Me parece una idea excelente —respondiĂł ella, caminando a su lado hacia el exterior— Aunque debo confesar que no vine solo a admirar el paisaje de la montaña. TenĂ­a curiosidad por saber cĂłmo vive alguien que ha salvado al mundo mĂĄs de una vez... y que ahora prefiere la soledad de este claro.

Goku soltĂł una breve risa baja, un sonido firme y profundo mientras caminaban juntos hacia el pasto.

—No hay mucho misterio en eso, Ino —dijo Ă©l, deteniĂ©ndose junto al tronco del roble ancestral y contemplando el horizonte—. Me gusta la tranquilidad. DespuĂ©s de todo lo que ha pasado, tener un lugar propio para respirar, entrenar a mi propio ritmo y recibir a mis hijos cuando vienen de visita es mĂĄs que suficiente para mĂ­.

—Un hombre de gustos sencillos... —murmurĂł, acortando la distancia entre ambos hasta quedar a un solo paso de su pecho desnudo, sintiendo la firmeza de su postura—. Pero a veces la tranquilidad es mejor cuando se comparte con la compañía adecuada.

El la mirĂł de frente, dibujando en sus labios una sonrisa madura y tranquila, manteniendo el temple ante la audacia de la joven.

Ino observó con detenimiento el rostro de Goku. La mirada del luchador no reflejaba la ingenuidad de años atrås; los sucesos del torneo de Cell, los años de contemplación en el otro mundo y la madurez de su vida presente le otorgaban un aire de serenidad absoluta, una firmeza templada que la atraía de manera irrefrenable.

—Dime una cosa, Goku... —comenzó Ino con voz baja, dando un paso casi imperceptible hacia adelante mientras ladeaba levemente la cabeza—. ¿No te sientes solo a veces en este lugar? sin nadie a quien contarle cómo estuvo tu día.

la miró fijamente a los ojos, manteniendo una postura erguida y madura. Cruzó los brazos sobre el pecho con pausada tranquilidad, sintiendo la mirada intensa de la rubia sobre él.

—Al principio era raro —respondió con su habitual tono sereno y franco—. Estuve acostumbrado a estar rodeado de gente o a entrenar en el planeta de Kaio-sama. Pero con el tiempo te acostumbras al silencio. Me permite concentrarme, medir mi Ki y entender mejor mi cuerpo. Además, mis hijos vienen a verme seguido. No siento que me haga falta mucho más.

La Rubia dejĂł escapar un suspiro suave, una sonrisa juguetona dibujĂĄndose en las comisuras de sus labios. LevantĂł una mano y, de forma sumamente pausada, extendiĂł un dedo para rozar apenas la tela del pantalĂłn de entrenamiento del guerrero, subiendo despacio hasta tocar la piel tibia de su abdomen, justo por encima de la cinta azul de la cintura.

—Eso es porque solo piensas en pelear y en fortalecerte —murmurĂł ella, elevando la mirada hacia los ojos oscuros del saiyajin—. Hay otros aspectos de la vida que tambiĂ©n reconfortan el cuerpo, Goku. Cosas que no tienen que ver con lanzar rĂĄfagas de energĂ­a ni con levantar rocas gigantescas.

Goku no se apartĂł. SentĂ­a el tacto suave de la yema del dedo de Ino trazando una lĂ­nea lenta sobre sus mĂșsculos abdominales. Sus ojos se entrecerraron levemente, no por desconfianza, sino por una curiosidad reflexiva. La presencia de la joven emanaba un perfume dulce y floral que contrastaba fuertemente con el olor a pino y tierra del monte Paoz.

—¿A quĂ© te refieres exactamente? —preguntĂł el, manteniendo la voz firme y profunda, observando cĂłmo la audacia de la chica aumentaba a cada segundo.

Ino dio otro paso, acortando la distancia de tal manera que el frente de su blusa rozĂł ligeramente el pecho al descubierto del saiyajin. La diferencia de altura hacĂ­a que ella tuviera que inclinar la cabeza hacia arriba para sostenerle la mirada, lo que resaltaba la curva de su cuello y la firmeza de su postura coqueta.

—Me refiero al contacto... a la compañía real — susurro pausado, deslizando ambas palmas con lentitud sobre los amplios pectorales del hombre, sintiendo la dureza de los mĂșsculos y el calor interno que latĂ­a debajo de su piel— Eres un hombre libre. vives solo y no le debes explicaciones a nadie. Yo tampoco tengo compromisos con nadie. ÂżNunca se te ha ocurrido que podrĂ­as disfrutar de la vida de una manera diferente?

El guerrero permaneció en silencio unos instantes, procesando las palabras y la proximidad física de la muchacha. Su mente repasó su situación actual con absoluta claridad. Era cierto. Su vínculo legal y conyugal con Milk había quedado disuelto tras su muerte en la batalla contra Cell; ambos habían aceptado tomar caminos independientes al regresar él a la vida. No había engaños, no había promesas rotas ni ataduras con nadie. Era un hombre maduro, soltero, viviendo en su propio espacio.

Ino continuó su avance sutil pero decidido. Deslizó sus manos desde el pecho de Goku hasta rodear levemente sus hombros anchos, apoyando el peso de su cuerpo contra el suyo. Podía sentir la solidez formidable del saiyajin, una estructura física perfecta moldeada por décadas de batallas y disciplina, lo que envió un escalofrío eléctrico por la espalda de la joven.

—Mírate... —continuó ella, bajando el tono de su voz a un murmullo íntimo que resonó directamente cerca de la oreja del guerrero—. Tienes una fuerza increíble, una presencia que impone a cualquiera, y sin embargo estás aquí solo, dejando que los días pasen entre flexiones y meditación. A veces es bueno dejar de lado la disciplina y entregarse a un deseo simple.

Él bajĂł la mirada hacia el rostro de la chica. ObservĂł la firmeza en sus ojos azules, el ligero rubor que teñía sus mejillas y la sonrisa confiada que mantenĂ­a a escasos milĂ­metros de sus labios. El saiyajin relajĂł los brazos, dejĂĄndolos caer a los lados de su cuerpo.

La idea, planteada de esa forma tan directa por una mujer atractiva y decidida, comenzĂł a cobrar un sentido bastante claro en su mente. Sin presiones, sin batallas por el destino del universo, Ășnicamente dos personas adultas compartiendo un momento de complacencia mutua en la soledad de la montaña.

—Tienes razĂłn en algo, Ino —dijo Goku con una sonrisa serena y un matiz mĂĄs bajo en su voz, posando una de sus grandes y calurosas manos en la cintura de la chica, sujetĂĄndola con firmeza pero sin brusquedad—. No tengo compromisos con nadie. Y si ambos estamos de acuerdo, no veo por quĂ© tendrĂ­amos que negarnos a pasar un buen rato.

Al sentir el contacto directo de la mano de Goku en su cintura y notar la aceptaciĂłn tranquila pero madura en la mirada del saiyajin, a Ino le dio un vuelco el corazĂłn. La sorpresa inicial de ver que el gran guerrero cedĂ­a ante su juego de seducciĂłn se transformĂł de inmediato en una satisfacciĂłn triunfal.

Sonrió con absoluta picardía, deslizando una mano desde la nuca del Saiya hasta la comisura de sus labios, acariciando suavemente su rostro antes de inclinarse apenas un poco mås hacia él.

—¿Ah, sĂ­? —murmurĂł ella con una voz cargada de intenciĂłn y coqueterĂ­a, fijando sus ojos en los de Ă©l para asegurarse por completo de lo que estaba a punto de suceder—... ÂżEntonces quieres probarme?

Goku no vacilĂł. Con la serenidad intacta de quien conoce perfectamente cada centĂ­metro de su fuerza, afianzĂł el agarre en la cintura de Ino, pegando el cuerpo de la joven contra el suyo sin ningĂșn tipo de rodeos. La diferencia de temperatura entre ambos era abrumadora; el calor que emanaba de la piel del saiyajin parecĂ­a envolverla por completo, tan denso y caliente como la brisa misma del mediodĂ­a.

—No soy mucho de andar con rodeos, Niña— respondiĂł Goku con una voz grave, profunda y desprovista de cualquier atisbo de duda—. Si estĂĄs aquĂ­ y me lo pides asĂ­, no tengo ninguna razĂłn para decirte que no.

Ino sintiĂł cĂłmo la respiraciĂłn se le aceleraba de golpe. La firmeza en las manos del mayor no era torpe ni vacilante; era la presiĂłn exacta de un hombre seguro, libre de ataduras y consciente del impacto que causaba en ella.

Su mirada se clavĂł directo en la Suya, intensa y directa, mientras su mano libre subĂ­a con parsimonia desde el costado de la chica hasta afianzarse en la nuca de la rubia, enredando los dedos entre su cabello dorado.

—AsĂ­ que... vamos adentro —añadiĂł esbozando una sonrisa inclinada, madura y confiada, antes de inclinar el rostro para romper la distancia.

.

..

¿Qué le espera a Ino en el siguiente capítulo?

Lo que se viene es sumamente potente, así que no se despeguen. Gracias por llegar hasta aquí; si la lectura los atrapó tanto, objetivo cumplido. ¡Nos vemos en la próxima actualización! 🚀



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