Capítulo 1
Ocho años atrás...
La lluvia golpeaba los cristales con tanta fuerza que Sora apenas podía escuchar la voz de su madre.
—Sora, mírame.
La niña levantó la cabeza.
Su madre estaba arrodillada frente a ella. Tenía los ojos llenos de lágrimas, pero hacía todo lo posible por no llorar.
—¿Por qué estás llorando? —preguntó Sora.
Su madre no respondió.
En cambio, llevó una mano hasta su cuello y sacó una pequeña cadena plateada.
De ella colgaba una luna.
Era pequeña, delicada y fría contra la piel de Sora cuando su madre se la colocó.
—Quiero que la conserves.
Sora tocó el colgante.
—¿Por qué?
Su madre la miró durante unos segundos antes de responder.
—Porque algún día vas a necesitar recordar de dónde vienes.
La niña frunció el ceño.
—¿De dónde vengo?
Su madre sonrió, pero aquella sonrisa no tenía nada de felicidad.
—No importa lo que pase esta noche. No te quites esta cadena.
Sora asintió lentamente.
Entonces escuchó un ruido.
Tres golpes en la puerta.
Su madre se quedó inmóvil.
El rostro se le transformó por completo.
Ya no parecía asustada.
Parecía aterrada.
—Mami...
—Escúchame con atención.
Su madre tomó las manos de Sora.
—Voy a esconderte. No salgas, pase lo que pase.
—Pero...
—Sora.
La voz de su madre tembló.
—Prométemelo.
La niña asintió.
— Lo prometo.
Su madre la llevó hasta un pequeño armario y abrió la puerta.
Antes de esconderla, se agachó y le acomodó el cabello detrás de la oreja.
—Y recuerda una cosa.
—¿Qué?
Su madre miró hacia la puerta.
—No confíes en nadie que diga conocerte.
Sora no entendió.
—¿Quién viene?
Por primera vez, su madre dejó caer una lágrima.
—Alguien que nunca debió encontrarnos.
La puerta volvió a estremecerse.
Tres golpes más.
Su madre cerró los ojos durante un instante.
Después abrazó a Sora con fuerza.
—Te amo mi niña.
—Yo también te amo mami.
La niña entró en el armario.
Antes de cerrar la puerta, vio a su madre alejarse.
La oscuridad la envolvió.
Sora se quedó quieta, abrazando sus rodillas y apretando la pequeña luna contra su pecho.
Escuchó cómo se abría la puerta de la casa.
Después, una voz.
Una voz que no reconoció.
Luego...
Silencio.
Esperó.
Un minuto.
Dos.
Cinco.
—¿Mami?
Nadie respondió.
Sora salió lentamente del armario.
La habitación estaba vacía.
Su madre había desaparecido.
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Ocho años después...
Sora despertó de golpe.
Respiraba con dificultad.
Durante unos segundos no supo dónde estaba.
La lluvia golpeaba la ventana de su habitación en Seúl.
Otra vez la lluvia.
Otra vez aquel sueño.
Sora se llevó una mano al cuello.
La pequeña luna seguía allí.
Durante años había pensado que aquello no era más que un recuerdo incompleto de su infancia.
Una pesadilla que su mente había construido alrededor de algo que ya no podía recordar.
Hasta aquella noche.
Hasta que encontró una fotografía.
Una fotografía que no debía existir.
Y en ella había una mujer.
No era idéntica a Sora.
Pero había algo en sus ojos que le resultaba extrañamente familiar.
Lo que realmente hizo que el corazón de Sora se detuviera fue otra cosa.
La mujer llevaba una pequeña luna plateada alrededor del cuello.
La misma luna.
La misma que su madre le había entregado aquella noche.
Sora sostuvo la fotografía entre sus dedos.
Por primera vez en ocho años, una pregunta que había enterrado muy profundo volvió a su mente:
¿Qué había ocurrido realmente aquella noche?
Todavía no sabía que aquella fotografía la llevaría hasta Jungkook.
Tampoco sabía que él llevaba ocho años buscando respuestas sobre aquella mujer.
Y ninguno de los dos imaginaba que, al intentar descubrir la verdad...
terminarían encontrándose el uno al otro.
Y que, desde aquella noche, nada volvería a ser como antes.








