Capítulo único...Es una promesa
¡Hola mi gente! :3
Disclaimer: Rurouni Kenshin pertenece a su creador, lo único que me pertenece es mi OC.
Aquí les dejo:
#-#-#- Surgió de las sombras -#-#-#
Capítulo único... Es una promesa
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Bakumatsu, año dos del fin del Shogunato. Kioto.
La noche era oscura. Las estrellas apenas brillaban, y la luna era constantemente tapada por las nubes. El viento soplaba con calma, meciendo suavemente a los árboles. Un contraste bastante diferente de lo que ocurría alrededor.
Gritos desgarradores llenaban el aire junto con el olor de la sangre y los bramidos de guerra. Espadas chocaban entre sí generando chispas hasta alcanzar al oponente, cortando su carne con estocadas firmes.
Él luchaba incansablemente, acabando con sus rivales uno tras otro, hasta que no quedó ninguno.
—Vaya, realmente eres despiadado —comenta alguien escondido en algún sitio, en las sombras.
—¿Qué es lo que quieres? —cuestiona el pelirrojo con algo de hostilidad mirando por sobre su hombro hacia una figura encapuchada sentada en un árbol cercano.
—Nuevas órdenes —responde la figura lanzándole un papel que él atrapó sin problema—. Ese es tu nuevo objetivo.
El joven desdobló el papel, leyendo la información que en él se encontraba. Su nuevo objetivo estaba cerca de ahí.
—¿Seguridad? —pregunta, guardando el papel en su haori azul y oscuro como la noche.
—Moderada. No te costará mucho llegar a él —responde la figura levantándose sobre la rama.
—¿Ubicación exacta?
—Tercer piso, habitación del fondo.
El ojiamatista asintió y comenzó a caminar hacia su objetivo mientras la encapuchada lo observaba alejarse.
—”Esa cicatriz en su rostro... es nueva" —piensa mirándolo con preocupación. La última vez que lo vio no tenía esa marca—. ”Cada día... se va perdiendo más y más, y eso me preocupa."
Cuando conoció a ese chico hace casi dos años, era un chico serio, pero bastante agradable y hablador. Sin embargo, desde que mató a su primer objetivo, la alegría en sus ojos se fue apagando poco a poco, y conforme más vidas iba tomando... más se perdía a sí mismo, convirtiéndose en un asesino a sangre fría.
A pesar de que su trabajo consistía en reunir información y dársela a él por parte de los altos mandos, ella también ha matado a mucha gente hasta ese día, pero ella era muy diferente a Himura. Ella perteneció a una organización de asesinos siendo solo una niña, una organización que fue aniquilada hace mucho ya, siendo ella una de los pocos sobrevivientes. Su corazón ha estado manchado casi desde que nació, muy diferente a ese chico, quien antes de unirse a la guerra solía tener un corazón limpio e inocente. Pero ahora...
—”Su corazón ya está manchado, y me pregunto si algún día será capaz de limpiarlo y volver a ser lo que era" —piensa la figura siguiéndolo de árbol en árbol.
Ella nació y creció en aquella organización, por lo que ver sangre a diario era algo común para ella, pero nunca podrá olvidar la reacción del pelirrojo cuando mató a alguien por primera vez. Su rostro pálido, salpicado con la sangre de su objetivo. Sus ojos dilatados y abiertos desmesuradamente, como si no hubiera podido creer que acababa de arrebatarle la vida a otra persona. Era sin duda la reacción de alguien que nunca antes se había manchado las manos de sangre.
Y ahora... casi parecía estar a punto de volverse loco, y no podía culparlo.
—”Supongo que lo único que puedo hacer ahora es seguir a su lado... y cuidarlo lo mejor que pueda" —piensa deteniéndose en un árbol, frente al edificio donde se encontraba el nuevo objetivo de Himura.
Esperó afuera, escuchando los gritos del interior. Al cabo de unos minutos, el hitokiri salió del edificio con sangre en todas partes. La chica suspiró y bajó de un salto, parándose frente a él.
—Mírate nada más, estás hecho un completo desastre —dice, examinándolo de pies a cabeza. Suspiró—. Por hoy ya no hay más por hacer. Vayamos a que te limpies un poco —dice tomándolo de una muñeca para comenzar a jalarlo en otra dirección.
Himura se dejó llevar sin objeciones, pues sabía que discutir con ella sería lo mismo que hablar con una pared... una que se creía su madre. Luego de caminar un buen rato llegaron a un río, dónde la chica dejó al pelirrojo bañándose mientras ella vigilaba. Pronto amanecería, así que debían buscar un lugar dónde descansar por algunas horas y comer algo. Luego de que ambos se bañaran, entraron a una cueva detrás de la cascada, donde la chica asó unos pescados y ambos comieron antes de dormir un poco, turnándose para vigilar.
Esa era su rutina diaria. Peleaban por la noche y por el día descansaban un poco para recuperar energías y volver a la carga. Se había vuelto algo a lo que ambos terminaron acostumbrándose... hasta que algo terminó por cambiar esa rutina.
Una batalla contra numerosos enemigos en la que terminaron separándose. La chica lo buscó por todas partes, pero no pudo dar con él. Debido a esto, se le ordenó ayudar a otros hitokiris hasta que Himura volviera. Pero nunca era lo mismo.
—”¿Dónde diablos te metiste, idiota?" —piensa caminando por la oscura calle, alerta por si aparecía algún enemigo.
Después de unos minutos caminando, sintió una presencia cerca. Rápidamente saltó hacia un árbol para esconderse, esperando a que aquel ser se dejara ver. Sus ojos no podían abrirse más porque se saldrían de sus cuencas.
Caminando con la cabeza gacha y la mirada oculta por el fleco, se acercaba Himura. Su aspecto parecía cansado, y podía sentir un aura muy pesada a su alrededor.
—¡Himura! —exclama la encapuchada bajándose rápido del árbol al verlo tambalearse peligrosamente, logrando atraparlo antes de que tocara el suelo.
—Inamoto —murmura él con voz apagada antes de caer inconsciente.
—”¿Qué fue lo que te sucedió?" —se pregunta ella mirándolo con preocupación. Parecía haber pasado por algo bastante serio.
Decidiendo dejar las preguntas para más tarde, cargó a Himura en su espalda y subió a los árboles, comenzando a saltar entre ellos hasta llegar a un templo abandonado en el bosque. Entró y dejó al pelirrojo en el suelo, notando la nueva cicatriz en su rostro, la cual ahora formaba una cruz.
Eso solo la llenó de más preguntas, queriendo saber dónde demonios estuvo metido los últimos meses. Sin embargo, algo dentro de ella le decía que no preguntara. No sabía si era por su aspecto o el aura tan llena de tristeza que sentía alrededor de él, pero debía mantener la boca cerrada y no hacer preguntas... al menos por ahora.
Al cabo de unas horas, el chico al fin despertó. Ella ya tenía comida y medicina para darle, pues las heridas que tenía eran terribles. Cuando Himura terminó de comer, un silencio algo tenso se hizo en el lugar, hasta que Inamoto decidió romperlo.
—No sé qué fue lo que te pasó, tampoco pienso preguntar —comenta, levantándose para tirar las espinas de pescado por la puerta—. Pero... sabes que si necesitas hablar, de lo que sea, aquí estoy para escucharte —dice mirándolo por sobre el hombro.
Himura solo se limitó a asentir, no sintiéndose muy bien como para hablar ahora mismo. La chica suspiró y se acomodó la tela que suele cubrir la mitad de su rostro.
—Deberías dormir un poco más, te ves muy agotado —dice acomodándose la capucha—. Yo iré con los altos mandos para avisarles que estás de vuelta, y que cuando te recuperes lo suficiente, volverás a la batalla.
El pelirrojo volvió a asentir en completo silencio. Ella lo miró por un momento más antes de salir del templo cerrando la puerta. Estando afuera, volvió a suspirar y se marchó.
Por su parte, Himura se recostó a la pared con la mirada todavía fija en el suelo. Todo lo ocurrido esos meses volvió a su mente, clavándose en su corazón como un puñal. Llevó la mano a su cicatriz, trazándola con los dedos de forma lenta. Esa marca permanecerá para siempre en su rostro, recordándole constantemente lo que había hecho.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, y al estar solo, se permitió llorar en silencio.
#-#-#- Surgió de las sombras -#-#-#
Aunque no lo mostraba en sus facciones, estaba muy sorprendida por lo que le había contado. Ya intuía que Himura había pasado por algo difícil, pero no imaginaba que fuera algo tan terrible.
—Cuando la guerra termine... pienso desaparecer y cumplir mi promesa de no volver a matar nunca más —dice el pelirrojo con decisión—. ¿Y tú... qué harás, Inamoto? —pregunta, mirándola.
Ella se sorprendió un poco por la pregunta, y es que eso era algo que ella no había pensado. Con la vida que llevó en el pasado debido a su crianza, la única esperanza que tenía era morir durante la guerra para expiar sus propios pecados, por lo que no había pensado en qué haría si sobrevivía.
—No lo sé —responde con sinceridad—. Supongo que ya pensaré en algo cuando ese día llegue. Hasta entonces solo me enfocaré en lo que sucede ahora y en traer la nueva era a este país.
Himura la miró algo asombrado por su respuesta, aunque conociéndola como la conocía, no debería. Se les había prohibido hacerse amigos, pues en una guerra como en la que estaban era normal que hubiera traidores en ambos bandos, pero ellos terminaron confiando tanto el uno en el otro que al final se hicieron bastante cercanos, llegando a conocer el pasado de cada uno. Él sabía que Inamoto se había unido a la guerra únicamente para morir, pero él se las había ingeniado para mantenerla a salvo sin que se diera cuenta, pues no iba a permitirle morir de ese modo.
—Entiendo. Supongo que es mejor así —dice con calma—. En ese caso, prométeme algo —dice volviendo a mirarla—. Cuando la guerra termine, no busques nuevas formas de morir —pide con seriedad, sorprendiéndola—. Encuentra una nueva forma de vivir en la nueva era, una en la que puedas saldar tus cuentas en vida.
Inamoto abrió bastante los ojos ante su petición. No sabía que había llegado a conocerla hasta ese punto. Suspiró.
—Está bien, lo prometo —dice con resignación, sabiendo que si le decía que no, él insistiría hasta que accediera a prometérselo.
Himura sonrió levemente, aliviado de saber que ella haría lo que le pedía, y es que ella se merecía la oportunidad de cambiar su vida, de seguir un camino diferente al camino en el que fue criada.
Y así pasó el tiempo.
Aquella guerra que duró otros tres años por fin concluyó. Himura e Inamoto desaparecieron, dejando atrás todas las cosas que vivieron durante ese infierno. Se separaron y tomaron caminos distintos, Himura convirtiéndose en un simple vagabundo que hoy en día viaja por el país ayudando a quienes lo necesitan, mientras que Inamoto... realmente no se sabe qué pasó con ella.
Himura perdió todo contacto con ella después de la guerra, y no volvió a saber nada de ella en más de diez años. Lo único que sabía era que ella estaba cumpliendo su promesa, y que sea lo que sea que haya sido de ella en esos años, ahora vive tranquila en algún lugar, y eso era suficiente para él.
-.-.-Fin-.-.-
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Espero que les haya gustado... si este One Shot tiene mucho apoyo, probablemente lo convierta en un longfic y cambie a mi OC por la lectora, pero por ahora, así se queda :v
Ene fine...
¡JA NE :D!








