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GEMELOS DEL TERROR

PEMBROKE, LONDRES [1370]
En la mitad de la noche, todos los ciudadanos del pequeño pueblo de Pembroke llegaban al castillo con antorchas, hachas, dagas, lanzas, alabardas, navajas, látigos, fustas, cuchillos, arcos, mazas y ballestas. Todos ellos con el mismo objetivo en la mente.
Asesinar a los gemelos del terror.
No importaba cómo, ni quién, solo querían deshacerse de los adolescentes que creían que traían el caos a su pueblo.
—¡Alysea, despierta! —el chico zarandea a su hermana, tratando de despertarla de su pesado sueño. —¡MALDITA SEA, DESPIERTA DE UNA VEZ!
La chica despierta asustada, luego del fuerte golpe que su hermano le propina en la espalda.
—¿Qué pasa?
—Debemos salir, todos se reunieron afuera. Creo que quieren matarnos, Aly.
La chica de un solo movimiento fluido se levanta de la cama y se coloca el primer par de zapatos que encuentra, sin importarle estar en camisón.
—Vamos —agarra la mano de Lyssander—, no te preocupes, estaremos bien —susurra mientras lo arrastra por los pasillos vacíos hasta una compuerta secreta del castillo.
—Tengo miedo —admite el menor.
—Lo sé, también yo.
Ambos aprietan su agarre en sus manos unidas y corren por el pasadizo hasta el final, donde con discreción salen y se internan en el bosque.
—¡Hey, ustedes! —grita un ciudadano.
Los gemelos voltean por un segundo, pero vuelven a acelerar el paso al ver a todos perseguirlos con el odio en sus ojos. Los mismos ciudadanos a los cuales ayudaron en sus peores momentos ahora querían asesinar a los que consideraban su realeza.
Esquivaban las ramas y raíces de los árboles tratando de no caer y ser aprendidos, sabían lo que les esperaba, la hoguera.
—Alysea, ya no puedo más —Lyssander desciende su ritmo con cansancio.
—No podemos parar, Lys. Si nos atrapan, será el fin.
El chico estaba por decir algo cuando una flecha se clavó en la espalda de su hermana. Ella abre la boca de la impresión y el dolor, la sangre brotando por su boca.
—Corre —susurra—, Lyssander, corre.
—No me hagas dejarte.
—¡Corre lejos! —lo empujó para impulsarlo—; es mejor que uno de nosotros sobreviva. Yo los distraeré.
—¡No te dejaré!
Carga a su hermana en su hombro y empieza a avanzar lo más rápido que sus piernas le permiten.
—Por favor, Lyssander, soy una carga.
—No digas eso.
Ambos caen cuando el látigo de uno de los ciudadanos se enrosca en el tobillo del chico.
—Vaya, vaya —dice el que parece el líder— Quién pensaría que la dinastía Pembroke llegaría a su fin.
Ambos chicos se abrazaron totalmente atemorizados. Retrocedían poco a poco, hasta que chocaron con el tronco de un árbol. Alysea grita de dolor cuando la flecha en su espalda se incrusta más a su carne.
—Por favor —suplica el chico; mira a su hermana con desesperación, pero ella mira fijamente los ojos del hombre frente a ellos.
—No quieres hacer esto, Aminan —la chica trata de convencerlo. El hombre inclina su cabeza, dudando—. Sólo déjanos ir, tú nos conoces, sabes que no estamos malditos.
Aminan estuvo a punto de caer en la persuasión de la castaña, pero su convicción en sus creencias era mayor que el poder de la chica sobre él.
—¿No lo haz visto? —preguntó desesperada al ver al hombre empuñar más su lanza—. Sangro como todos ustedes, nos cansamos como ustedes, sentimos como ustedes. ¿Qué más pruebas quieres de que somos como ustedes?
Iba a seguir replicando, pero la lanza del hombre en el pecho de su hermano la calló por un segundo.
—¡LYSANDER! —grita la chica sumida en la desesperación, el dolor y el miedo. El chico daba una bocanada, tratando de respirar, pues por dentro su pulmón destrozado le hacía difícil esa tarea.
—Acábenlos.
Los ciudadanos se abalanzaron hacia los gemelos, que lo único que pudieron hacer fue abrazarse y agradecer perecer juntos.
[🩸]
Alysea abre los ojos, confundida de despertar de nuevo. Mira a su alrededor, dándose cuenta de que lo que pasó no era un sueño; en realidad los ciudadanos se revelaron.
Mira a su costado dónde Lyssander sigue con los ojos cerrados.
—Lys, despierta —susurra agarrándolo de los hombros para zarandearlo.
—¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?
—No lo sé, acabo de despertar.
—¿En verdad sucedió?
La chica se queda callada, pero asiente con la cabeza, sin saber muy bien qué decir.
Escuchan un quejido, y luego un apetitoso aroma inundó sus fosas nasales.
Ambos se levantaron con una velocidad inhumana, de la cual no se dieron cuenta por querer seguir el aroma que les había hecho darse cuenta de la sed que tenían.
Una vez cerca, no repararon en la mujer frente a ellos, solo se abalanzaron sobre ella, clavaron sus colmillos en su cuello y bebieron. Bebieron todo.
Una vez terminaron y se separaron del cuello de la mujer, el entendimiento se dio paso a través de la sed ya saciada y cayeron en cuenta de lo que habían hecho.
Lyssander se quedó estático; Alysea, por su parte, dio un paso hacia atrás y tropezó con su pie, cayendo sobre la tierra.
—¿Qué hemos hecho?
Ambos se miran aterrados y empiezan a alejarse del cadáver en la oscuridad de la noche, iluminados por la luna y siendo guiados por las estrellas.
[🩸]
DENALI, ALASKA [1984]
Los gemelos acorralaron a la pareja aterrorizada por sus ojos rojos y las venas negras que sobresalían de debajo de sus ojos.
Cada vampiro se centró en una de las víctimas y se alimentaron de ellos, sin escuchar a la familia, que se acercaba a ellos a gran velocidad.
Alysea salió disparada lejos, chocando su espalda con un tronco, luego de que un vampiro del grupo la empujó lejos del humano.
En menos de un segundo, la chica ya estaba de pie, luciendo muy molesta de que la interrumpieran.
—Está bien —le dice el vampiro que parece mayor al humano, revisándolo.
—No dirá nada —le advierte la castaña con una sonrisa ladina.
—Nosotros no hacemos esto por aquí —dice el cobrizo desconocido para los gemelos.
—Bueno, sólo estamos de paso —contesta Lyssander, se acerca a su hermana y la agarra de la mano al entender sus intenciones.
—Nosotros somos 10, ustedes son 2 —dice el cobrizo luego de leer la mente de la chica—; no te conviene un enfrentamiento.
La castaña queda confundida por sus palabras.
—Nos gustan los desafíos —los gemelos hablan a la vez.
—Escalofriante —murmura un chico azabache, con complexión musculosa.
Alice, anticipando los movimientos de la chica de atacar al cobrizo, la agarra de la muñeca.
—No lleguemos a eso, por favor.
—Suéltame —pide Alysea—, no me hagas obligarte.
—Oye, retrocede —dice el castaño—, ella es temperamental y ya le hicieron enojar al no dejarla comer.
Edward, al leer la mente del chico, se da cuenta que lo que dice es verdad, por lo que asiente a su hermana, la cual suelta a la Pembroke.
—Sólo queremos hablar —pide Carlisle.
Los gemelos se miran por un par de segundos, voltean a ver al Cullen y asientan, todo eso a la vez, incomodando a los otros vampiros.
Una vez en la casa, los Pembroke se sienten en el sofá como si fuera su casa.
—Entonces... —Empieza el chico, esperando que los vegetarianos empezaran a hablar.
—Soy Carlisle —se presenta el hombre rubio—; esta es mi familia, Alice, Jasper, Tania, Kate, Irina, Esme, Eleazar, Carmen, Edward, Rosalie y Emmett —señala a cada uno—. Somos el clan Cullen.
—Soy Lyssander —el chico se levanta y estrecha la mano con Carlisle—; ella es mi hermana, Alysea. Somos los Pembroke.
—¿Cómo la familia Pembroke? ¿La de los gemelos del terror? —pregunta el hombre que señalaron como Eleazar.
—Los mismos —dice la chica, levantándose también—, aunque ese apodo es un poco viejo —se burla.
—¿Qué dices? —le sigue la corriente su hermano—; sólo tiene 514 años.
—518 —le corrige—, nos llamaban así antes de que nos convirtiéramos.
—Es cierto.
Ambos se miran divertidos. El carraspeo del cobrizo les hace apartar la vista del otro.
—¿Algo que quieras decir? —ambos lo miran con desafío, dejando ver sus ojos rojos, antes cafés, y las venas relucir en un tono negro.
—Jamás había visto algo como eso —se maravilla Carlisle.
—Yo no había sentido tanto poder en mi vida —le sigue Eleazar—. Control mental, ¿verdad?
—¿Cómo lo supiste? —la chica se sorprende.
—Es mi don —responde simple—, tu don es oscuro y descontrolado —se dirige al chico.
—Lo es. Es difícil controlarlo en ocasiones.
—Increíble.

Ninguno quería dejar atrás al otro.

Lo único que pudieron hacer fue abrazarse y agradecer perecer juntos.

Alysea en su encuentro con los Cullen.

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Con amor, Ray.