Prólogo
Todo sucedió demasiado rápido. Oculta entre los arbustos, presencié el desastre. El olor a ozono y tierra quemada saturaba el aire; lo que antes era una pradera verde, ahora lucía como un paisaje lunar marcado por cráteres humeantes y surcos de energía caótica. En medio de la destrucción, el silencio resultaba casi más aterrador que las explosiones previas.
Shadow the Hedgehog permanecía de pie, con los puños cerrados y las vetas rojas de sus púas brillando con una intensidad peligrosa. A su espalda, Rouge y Omega observaban con la guardia alta, listos para terminar el trabajo.
—Se acabó, Eclipse —sentenció Shadow con voz gélida—. Ya has causado suficiente daño. No permitiré que tu especie sea una amenaza para este mundo nunca más.
El erizo levantó una mano y una chispa de energía amarilla comenzó a concentrarse en su palma. El Chaos Spear estaba cargado.
Frente a él yacía Eclipse the Darkling. Intentaba levantarse, pero su cuerpo fallaba. Me sentí impotente; mis extremidades temblaban ante la idea de ver a aquel erizo oscuro arrebatarle la vida. En mis brazos, las cuatro pequeñas criaturas también se estremecían de pavor al ver a su guía en ese estado.
—Hazlo... —susurró Eclipse con voz quebrada. No, por favor, no puedes rendirte así. —Debí liquidarte cuando mi maestro lo ordenó... cometí un error al pensar que eras mi hermano y dejarte con vida.
Eclipse bajó la mirada, resignado a su final. ¡No, no lo voy a permitir!
—Quédense aquí —les ordené a los pequeños en un susurro.
Shadow estaba a punto de dar el golpe de gracia, pero el impacto nunca llegó. En un movimiento impulsivo, salí disparada de mi escondite y me interpuse entre ambos.
—¡Alto! —grité con todas mis fuerzas, haciendo que mi voz resonara en todo el claro.
Mis piernas flaqueaban y el sudor frío me recorría la frente; sin embargo, extendí mis brazos de par en par, creando una barrera humana. Estaba dispuesta a recibir lo que fuera con tal de salvarlo. El asombro en los rostros de los presentes fue instantáneo.
—¡¿María...?! —exclamó Eclipse. Su voz, aunque débil, estaba cargada de desconcierto—. No hagas esto... debías quedarte oculta.
Escucharlo así me estrujó el corazón. El Team Dark estaba paralizado.
—Chica, por favor, no te metas en esto —pidió la murciélago, intentando sonar dulce a pesar del desconcierto—. Sal de en medio.
—No... —negué con la cabeza, apenas en un murmullo firme.
—El comportamiento de esta humana es ilógico. Es probable que el enemigo controle su mente para usarla como protección —analizó el robot.
Shadow lanzó una mirada de repulsión ante esas palabras.
—¿En serio eres tan rastrero como para usar control mental en esta chica? —Nuevos rayos de energía bailaron en su mano—. ¡¿No te bastó con secuestrarla?!
La rabia inundó mi cuerpo y, sin pensarlo, mi mano impactó con fuerza en la mejilla del erizo negro. Un nuevo silencio sepulcral invadió la pradera.
—¡A mí nadie me tiene secuestrada ni me ha lavado el cerebro! —rugí con furia—. ¡Y no voy a irme! ¡No permitiré que lo maten! ¡Si vas a hacerlo, tendrás que pasar sobre mí primero! Lo cual no te costará mucho, ¿cierto? ¡Ya que trabajas para la misma organización que mató a tu "querida amiga" hace cincuenta años!
Rouge se llevó las manos a la boca por la impresión y Omega pareció entrar en un bucle lógico. Shadow mantenía el rostro ladeado, con la marca de mi mano roja en su piel y una expresión de puro estupor. Eclipse, por su parte, me miraba atónito.
¿Cómo demonios terminó todo así? ¿Por qué terminé envuelta en este jaleo con GUN? Y lo más importante... ¿por qué estoy haciendo esto?








