Customize readability
Aa

White Love [YeHyun/YeKyu]

Summary

Yesung y KyuHyun han sido novios por más de siete años. KyuHyun cree que es el momento de dar el siguiente paso en su relación, lo que implica conocer a los padres de su novio. Así es cómo ambos viajan a Gangneung para conocer a la familia Kim, pero algo parece estar mal con Yesung, quien no luce muy contento de que vayan allá. ¿Habrá algo malo con su familia? No se permite copia ni adaptación de ninguna de mis obras originales ni intervenidas. Esta historia no esta hecha con la finalidad de ofender a nadie. Si no eres fan de la pareja o de los temas a tratar, se te recomienda no leerla. ¡Gracias! White Love [YeHyun] 2025

Genre
Romance
Author
KyuBaby88
Status
2d ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

White Love Pt I.

White Love

*¨¨* ≈☆≈ *¨¨*

05 de diciembre

Es ciertos que los inviernos en Seúl siempre tan sido duros e implacables desde que él tenía memoria, pero también es cierto que uno le toma más importancia de la merecida a ciertas cosas cuando se encuentra solo, es decir, son el tipo de pensamientos que uno tiene de vez en cuando. Por ejemplo, estar enfermo siempre es un asco, sin embargo, cuando tienes a alguien cerca que te cuida y se preocupa por ti, el panorama no pinta tan mal de pronto. Ir de paseo solo suele ser aburrido para la mayoría, pero siempre y cuando tengas la oportunidad de aferrarte fuerte a la mano de alguien persona, algo tan normal como caminar deja de ser monótono y se vuelve especial. En su caso, durante los inviernos solía pensar: Ah, creo que no me sentiría tan nostálgico si tuviese a alguien a mi lado.

Luego, para tu mala suerte, descubres lo deliciosa que es la soledad.

Muchos asocian el invierno con la perdida, el final de un ciclo y el inicio de otro. Silencio abrumador. Soledad. Abandono. Pero en realidad también es sinónimo de fortaleza, refugio, resiliencia y necesidad. La inevitable necesidad humana que nos empuja irrevocablemente al cobijo cálido y reconfortante que solo puede poseer otro humano.

Y de repente descubres que la soledad no es tan buena como creías.

—Cariño, ¿quieres un poco de palomitas? —preguntó el castaño desde la cocina.

—¿Necesitas ayuda, Kyunnie? —no recibió una respuesta inmediata, aun así, se levantó del sofá y camino hasta la cocina. Una vez detrás de su novio, colocó su mentón sobre el hombre de este y sonrió—. Eso se ve bien, amor —quiso jugar un poco con la paciencia del castaño tratando de besar su cuello.

—Yeye~ —se removió inquietamente—. Mantén tus manos quietas —giró a verlo de reojo—. ¿Por qué no subes la calefacción? Kkoming y Taro deben estar muriéndose de frío.

Yesung sonrió, pero antes de retirarse le dio un pequeño beso en la mejilla a su lindo y refunfuñón castaño—. Bien, lo que tu digas, amor —también le dio una pequeña nalgada.

—¡Kim Kang Hoon! —Kyu Hyun lo llamaba de esa forma, por su nombre completo, cuando el pelinegro lograba sacarlo un poco de quicio.

—Ya oyeron a mamá, mejor nos vamos todos de aquí —tomó en brazos a sus mascotas, la cachorrita de pelaje negro con marrón y a ese gato glotón de un intenso gris oscuro que el castaño trajo a vivir con ellos hace más de dos años. Por suerte, Kkoming y el lindo Taro se llevaban bien, como si ambos fuesen de la misma especie; era un poco como funcionaban las cosas entre Kyu Hyun y él.

K.B.: Yenyang y Kyumae

El joven de cabellos castaños oscuros negó suavemente. Deslizó su mirada fuera del sartén frente a él y siguió a su novio hasta la sala. Este se alejó con sus dos crías en brazos mientras le repartía los cariños habituales a cada uno. Lo observó de soslayo y no pudo privarse de sonreír. Pronto se dio cuenta de cómo su corazón se agitaba. Se sentía como el primer día, el día que conoció a este apuesto pelinegro, la persona que le robó el corazón de manera insistente.

Siendo sincero, jamás creyó que su relación llegaría tan lejos. Relacionarse con otra persona era difícil. Cargar con las emociones y preocupaciones de alguien más, cuando apenas podía hacer el intento de comprender las suyas, era un camino pedrusco en el que no quería tener nada que ver. Ansiaba la cercanía de alguien que lo comprendiera, pero tenía miedo de las separaciones que dicha cercanía conllevaba. Aun así, no se arrepentía de sus decisiones. Gracias a ellas es que ahora vivía felizmente al lado de Yesung desde hace siete años.

Había estudiado en la universidad de arte de Seúl especializado en el campo de la fotografía. Yesung también lo había hecho, pero en el campo de canto y música. Allí fue donde se conocieron a los veintiún años. Ambos eran diferentes, no hizo falta mucho para averiguarlo. Lo supieron desde la primera cita, la primera semana, la primera ruptura y la primera de algunas reconciliaciones. También se dieron cuenta de que habían comenzado a quererse demasiado como para pretender que lo que había entre ellos era solo otro corto paseo por la vida del otro. Fue así que se propusieron intentarlo, intentarlo con todas sus fuerzas. Tuvieron que aprender a lidiar y aceptar sus diferencias, aceptarse el uno al otro tal y como eran.

No iba a mentir diciendo que no había sido difícil, pero aquí estaban. Era otro helado invierno en Seúl que pasaban dentro del apartamento que ambos pagaban mes con mes, el espacio que ambos habían elegido y decorado con sus gustos, propios y combinados. Yesung tenía un trabajo estable en la orquesta de Seúl. De vez en cuando se le encomendaba salir de viaje, a veces a Japón o China y él lo acompañaba algunas veces. Ahora estaban a unas semanas de que terminasen sus presentaciones del ballet El Lago de los Cisnes en el teatro Jeongdong. Kyu Hyun había ido a verlo un par de veces y por supuesto le había llevado flores. Jamás olvidaría cómo Yesung lo recibió fogosamente dentro de su camerino, pero se veía tan atractivo con la frente descubierta y ese traje negro con moño ajustado al cuello, que no pudo resistirse.

Kyu Hyun tenía su pequeño y propio estudio de fotografía, el que le daba lo suficiente para coexistir con los respectivos gastos junto a su pareja. Yesung y él habitaban en una impecable balanza que le hacía sentir, por primera vez en su vida, que todo era perfecto.

Agradecía haber podido conocer a este hombre. Ser homosexual en un lugar como Seúl era dejar de existir para la sociedad, significaba constante critica y desprecio por la mayoría de personas. Para los dos fue difícil. Para él, por ejemplo, tuvieron que pasar poco más de tres años para que sus padres volvieran a dirigirle la palabra justo después de que se descubrió cuando tenía diecinueve años. Les dijo lo que la mayoría. Soy de esta forma y no hay nada que puedan hacer al respecto, salvo, desheredarme, si eso es lo que quieren. Sus padres le tomaron la palabra. Cortaron sus fondos y retiraron su apoyo luego de haber invertido un año en la universidad de derecho para que él la abandonara por la de arte.

No le gustaba rememorar aquellos años. Su vida había sido un poco difícil, no solo académica, sino, sentimentalmente. La mayoría de chicos con los que llegó a salir se decían abiertamente homosexuales, pero la mayoría resultaron siendo solo hetero curiosos o no tenían la suficiente valentía para enfrentarse a un mundo que estaba listo para juzgarlos. Fue así que dejó de confiar en los hombres y se privo de las relaciones a largo plazo. Tratar con los sentimientos de otra persona era demasiado complicado y no tenía sentido si igual iba a salir lastimado.

Eso hasta que apareció este persuasivo y terriblemente atractivo pelinegro. Todo se volvió mejor cuando lo conoció. Con él, la vida por fin había comenzado a tomar sentido. Todo lo que quería era a alguien especial dentro de su corazón, y, con suerte, esa persona tendría un pequeño hueco para él en el suyo. Con la ternura, la comprensión y el inmenso amor que Yesung le demostraba en cada pequeña acción, sus miedos se disiparon y se dejó envolver por él enteramente.

No podía desear nada más. Si tenía a Kim Kang Hoon, a Yeye, en su vida, lo tenía todo.

—Ven aquí, bebé —le dijo y abrió sus brazos. Kyu Hyun sostenía un tazón con palomitas en sus manos y un par de bebidas. Luego de dejar estas sobre la mesa frente al televisor, se dejó caer sobre el regazo de su novio. Yesung se aferró a su vientre y los cobijó a ambos con una frazada.

Recargó su cabeza sobre el pecho del pelinegro. Fue imposible no sonreír por la acción, aun así, intentó centrar su atención en la película y no en las manos inquietas de su novio.

Tal vez era cosa suya, pero el invierno llenaba la casa de un aroma peculiar. El invierno era esa época impregnada de una sensación que volvía todo diferente al resto del año. Podía deberse a las bajas temperaturas nada más, o, contrario a ello, a la sensación cálida en el apartamento. Había un intenso aroma a canela, producto de la nueva vela aromática que había comprado hace poco. También compró un poco de jengibre, con el tenía planeado preparar algunas galletas que él y Yesung compartirían con una rica taza de chocolate caliente. Todo se sentía tan acogedor y reconfortante.

Una de las mejores cosas del invierno era despertarse en las madrugadas, despertarse y darse cuenta de que no estaba solo. Yeye se encontraba a su lado, aferrado a su cuerpo y escondiéndose en el espacio entre su hombro y su cuello.

Kim Kang Hoon era ese lugar acogedor. Kim Kang Hoon era quien saciaba su necesidad de calor. Cada invierno a su lado se sentía como un renacimiento.

—¿Cuánto deberíamos poner el árbol? —preguntó al pelinegro mientras le ofrecía un palomita en la boca.

Yesung la recibió gustoso—. No lo sé. Podría hacerle un espacio cerca del sofá y el mueble de allá ¿Qué opinas? ¿Quieres comprar nuevos adornos o reutilizaremos los del años pasado?

—Mmmm, no lo he pensado —lo meditó un momento—. Dime, ¿a tus padres de verdad no les molesta que pases navidad conmigo todos los años?

—¿Eh?

—Es decir, ya hemos pasado navidad con mis padres. El año pasado fuimos de vacaciones a Jeju y este año tampoco has dicho nada al respecto —lo dijo con un cierto grado de curiosidad. Hablar de los padres del pelinegro era algo que no hacían muy a menudo por alguna razón—. No quiero que piensen que estoy tratando de alejarlos de su hijo o algo parecido.

No quería tener ningún problema con la familia de su adorado novio, es decir, ningún tipo de problema que pusiera en juego la estabilidad que tenían como pareja. El tema de ganarse a la familia era algo esencial. Desafortunadamente, no había tenido la oportunidad de presentarse desde que Yesung y él formalizaron su relación.

—Ellos no piensan eso, cariño —lo abrazó con más fuerza.

Sonrió ante las atenciones. El calor que se desprendía de Yesung, junto son su delicado y dulce aroma, siempre lo tranquilizaban—. Aun así, ¿no te gustaría que los visitemos esta navidad? Por mi no hay problema, lo digo en serio. Podemos encargarle a Kkoming y Taro a Henry, él los ama —giró a verlo. Cuando lo hizo, Yesung se veía con la mirada perdida—. ¿No te gustaría?

—Yo.... bueno, claro que sí, es solo.... —sus ojos vagaron de un lado a otro—. No creo que mis padres se encuentren en casa este año. Hace que tiempo hablamos dijeron algo sobre salir de viaje junto con mi hermano. No sería justo arruinárselos sin haberles avisado con más anticipación.

—¿En serio? —apretó sus labios—. Supongo que tienes razón. Sería egoísta de nuestra parte —Yesung asintió, concordando con sus palabras—. Mmm, que lástima. Habría sido una buena primera oportunidad para conocerlos —se acurrucó contra el pecho de su novio—. ¿Les has hablado cosas buenas de mí, no es así?

El pelinegro rio—. ¿Cómo qué? ¿Lo bueno que eres en la cama? —recibió un codazo de su parte—. Tranquilo, Kyunnie. Mis padres saben lo encantador y hermoso que eres. Dicen que tuve suerte al encontrarme con un lindo castañito como tú.

El menor se sonrojo—. Santurrón —desvió la mirada.

—Lo digo en serio —besó la nuca del castaño—. No hay otra persona que me vuelva tan loco como tú.

El castaño sonrió—. ¿Podemos comprar un pastel de navidad este año? —se dio la vuelta entre los brazos que los sostenía y abrazó a Yesung del cuello.

El pelinegro juntó las narices de ambos, rozándolas en un tierno beso esquimal—. Lo que mi lindo novio quiera.

Kyu Hyun lo besó—. Te adoro, Yeye~ —confesó con toda la sinceridad del mundo.

El pelinegro le miró con un brillo especial e igualmente sincero en los ojos—. Y yo a ti, mi bello Kyunnie~

. . .

08 de diciembre

Las noches de invierno en Seúl eran tremendamente heladas. No había nada que pudiese hacerse con las ventiscas y fuertes nevadas. Las ventanas crujían incesantemente y podían escuchar el silbido del viento. Cuando salió de su casa —cuando lo echaron— tuvo que quedarse en los dormitorios de la facultad de arte. Hubo un invierno en específico que al calentador de gas se le ocurrió descomponerse. Esa noche había tenido que aferrarse a sí mismo aparte de al montón de frazadas que había comprado con lo poco que tenía de dinero. La sensación se quedó grabada en su piel y en todo su sistema, fue desagradable, fue abrumadora y casi insoportable. Se sentía como si alguna fuerza divina hubiese confabulado para echarle en cara lo solo que estaba. Sin su familia y perdiéndose a sí mismo cada día más y más. Aparte de las frazadas, contaba con unos cuantos peluches de pingüino. Estos, además se darle un poco más de compañía, alejaban sus pesadillas, lo mantenían calentito y eran los únicos que le otorgaban la posibilidad de aferrarse a algo más o menos tibio. Esto le proporcionaba un poco de consuelo.

La búsqueda del calor. Créanlo o no, le tomó gusto a esa sensación. Sus pies helándose, sus mejillas a punto de congelarse y la sensación vacía como un recordatorio persistente. La soledad se volvió su amiga y aliada, un arma de doble filo también, pero para él era mejor aprender a convivir con ella que permanecer atado a alguien que jamás iba a amarlo como correspondía. Aun si se estuviese muriendo de frío, ¿qué sentido tenía aferrarse a una persona como esa?

Sus noches fueron todas heladas hasta que conoció a Kim Kang Hoon. El calor que le proporcionaba ese hombre era desbordante. Desbordante en todos los sentidos.

—Yeye~ —salió en forma de un suspiró cálido. Sus codos se hundieron sobre la cama mientras sus manos se cerraban en torno a las sábanas. Sus rodillas se doblaron y su espalda se arqueó profundamente.

Las noches heladas habían sido dejadas atrás gracias a Yesung. El pelinegro lo había mal acostumbrado. Desde la primera vez que tuvieron sexo, este no había parado. Su novio era lo más parecido a una máquina insaciable, siempre con una mala excusa con la que le lavaba el cerebro. Lo llamaba “Kyunnie”. Lo hacía lleno de esos aires caballerosos y embaucadores. Yesung lo miraba fijamente con esos rebeldes ojos alargados. Poseía una mirada que lo seducía en cuestión de segundos, eso junto una sexi y vaporosa voz que podía taladrar con fuerza cada pequeña vertebra y tendón de su cuerpo.

Esa noche volvía a deleitarse con el cuerpo bronceado de Yesung, quien estaba entre sus piernas, pero aún no había entrado en él. Las facetas del contrario eran algo contradictorias unas de las otras mientras estaban en la cama. Yesung podía ser una bestia libidinosa la mayor parte del tiempo, pero también gustaba de tomarse su tiempo. En noches como estas, por ejemplo, especialmente frías y tormentosas, cuando la necesidad del calor que se desprendía del otro solo los incitaba aún más, le hacía el amor de una forma dulce, pero tortuosamente lenta con esas pequeñas y hábiles manos.

Yesung sostenía sus caderas con ambas manos mientras él tenía las piernas abiertas. Sus muslos reposaban sobre los muslos del pelinegro, quien estaba de rodillas sobre la cama. Sintió los labios húmedos de su novio sobre su vientre. No pudo hacer otra cosa más que cerrar los ojos y disfrutar de la sensación, eso mientras Yesung intentaba saciarse de la dulzura que desprendía su novio castaño, lo hizo hasta que sus labios alcanzaron aquel diminuto espacio divisor entre la pelvis y la entrepierna ya despierta del más alto.

—Mi Kyunnie —dejó un besó en su muslo interno. Su lengua y labios dejaron pequeños roces sobre todo su cuerpo hasta que se encontró con la boca de Kyu Hyun, quien lo recibió con una pequeña y afogada sonrisa—. Te quiero. No tienes idea de cuánto te amo —acarició su cabello castaño—. Podría hacerte el amor toda la noche.

Llevó su diestra hasta una de las mejillas de Yesung—. Es aterrador que lo digas, porque sé que estás hablando en serio —alcanzó sus labios—. Te amo —juntó las frente de ambos.

Desde que Yesung apareció, todo en su vida cambió. Le costó un poco confiar en él, también le costó un poco caer en cuenta de que ya no dormiría solo en una habitación fría a expensas de su propio y limitado calor corporal. Algunas veces despertaba en medio de la madrugada, sus ojos se sentían como cubiertos por una delgada tela borrosa y cristalina en medio de la oscuridad. Sus manos buscaban instintivamente el cuerpo de su novio. Allí estaba él, casi siempre igualmente desnudo, pero durmiendo a su lado. Era la primera vez en toda su vida que un brazo delgado y un cuello cálido le parecían la mejor almohada del mundo. Ahí era cuando sonreía. Entonces dejaba caer su cabeza sobre el brazo de Yesung y enterraba su cara en su pecho; tal y como lo hacía Taro, su pequeño gato, cuando buscaba algunos mimos. Yesung le correspondería, lo abrazaría con fuerza y dejaría un pequeño beso en su frente o en su mejilla.

—¿Tienes frío? —preguntó el pelinegro.

Él negó.

—Mentiroso —tomó una de las frazadas y cubrió al castaño por encima del hombro.

Le gustaba que Yesung lo cuidara de esa forma aun cuando fuese necio algunas veces. Había muchas cosas que amaba de él. Por ejemplo, el aroma de ambos y cómo este se mezclaba entre las sábanas. Amaba sus caricias, del tipo de toques que solo podían ofrecerse el uno al otro para saciarse por completo. Sus miradas traviesas, algunas más añorantes que otras. Él algunas veces se hallaba a sí mismo viendo a Yesung con un sentimiento temeroso en su interior. No quería perderlo. Se había vuelto su mundo entero. Jamás pensó que pensaría de esa forma, pero su existencia estaba reducida a la de otra persona. Ahora estaban juntos. Si uno sonreía, el otro también lo hacía. Si Yesung se movía, él iría tras él.

—¿En qué piensas? —preguntó tras un largo silencio, uno nada incómodo. Ambos estaban bajo las sabanas y Yesung le estaba ofreciendo sus típicas caricias luego de haberlo hecho gritar hace un rato.

Dejó un besó sobre el pecho desnudo del pelinegro antes de verlo a los ojos—. En lo bueno que eres para esto—bromeó.

—¿Ahora es que te das cuenta? —rieron estando aferrados el uno al otro—. Es una suerte que mi amante sea igual de hábil que yo —observó esos bellos ojos marrones que lo enamoraban cada día más y más—. Jamás voy a dejarte ir, ¿lo sabes, no es así?

—Yesung....

—Mi necio, gruñón y mal hablado castañito —lo hizo refunfuñar—eres lo más maravilloso que pudo sucederme.

Sonrió cálidamente, lo hizo antes de dar vuelta sobre la cama y subirse al cuerpo de Yesung, quien acunó su cintura con ambas manos y lo observó con curiosidad.

—¿Puedes prometerme algo? —preguntó el castaño.

—Lo que sea —lo miró ladinamente.

Lo observó fijamente y mordió su labio inferior—. Ámame para siempre, Kim Kang Hoon —dijo seriamente—. Sin importar qué, nunca te alejes de mí.

Yesung sonrió—. Trato hecho.

*¨¨* ≈☆≈ *¨¨*

13 de diciembre

—Eso es todo, señores Choi —despegó su rostro de la cámara sobre el tripie, uno que él mismo había adornado con una serie de luces navideñas, esto en un intento por otorgarle más presencia al estudio en esta época.

Tomarse fotos en familia, con un árbol navideño y la villa de santa como fondo, estaba de moda. Había perdido la cuenta de cuántas familias había retratado el día de hoy, pero no podía quejarse, el trabajo era trabajo.

Estaba con la familia del señor Choi Ji Woon. Tal y como su nombre lo indicaba, se trataba de un hombre de unos cuarenta años que transmitía un sentimiento de inteligencia y sabiduría. Venía acompañado de sus esposa, la linda y siempre abnegada señora Soo Min. Una mujer unos años menor que él, pero que ya contaba con unas cuantas canas en su perfecto cabello pelinegro recogido y adornado con caireles desordenados por encima de sus hombros. La pareja tenía dos hijos, dos adolescentes que estaban más interesados en cualquier otra cosa, menos en convivir con sus padres. Aun así, tenía que darles algunos puntos por haberse esforzado en poner su mejor sonrisa frente a la cámara, antes de que el señor Choi los reprendiera con una mirada severa.

Denles algo de crédito. Para dos adolescentes, de quince y dieciséis años respectivamente, usar el mismo suéter ridículo que sus padres con la cara regordeta y sonrojada de santa, no era razón para sonreír.

—No se preocupe, las tendré listas en tres días, antes de vacaciones —el señor Choi se colocó su abrigó negro y ayudó a su esposa a ponerse el suyo.

—Se lo agradecería mucho, joven Cho —ya alguna vez le había dicho que no eran necesarias esas formalidades, pero no podía hacer nada, el señor Choi era alguien chapado a la antigua. Los modales y formalidades eran propios de su esencia.

—No se preocupe, señor —se inclinó levemente—. Nos vemos, señora Choi, le apuesto a que saldrá encantadora en las fotos.

—¿Puedes hacer algo con las arrugas de esta vieja cara?

Alzó su mano en un gesto que le restaba importancia al comentario de la mujer—. ¿Qué dice? No necesito hacer nada con su rostro, su piel es perfecta —a toda mujer le gustaban los halagos, y, aunque él nunca se destacó por ser una persona considerablemente amable, tuvo que aprender a decirle a las personas lo que querían escuchar.

La señora Choi imitó su gesto—. Eres incorregible —sonrió a la par del señor Choi y los únicos que giraron sus ojos con incomodidad fueron los dos adolescentes detrás de ellos, quienes estaban desesperados por marcharse.

—Felices fiestas —les sonrío mientras salían del estudio. En eso, mientras la familia desaparecía, Kyu Hyun vio entrar a una mujer, alguien de quien conocía el rostro tan bien como el suyo—. Noona —ella sonrió y corrió hacía él—. ¿Qué haces aquí?

Cho Ahra, su hermana mayor.

—¿Qué dices, mocoso? Hace semanas que no te veo —ambos seguían siendo de lo más cercanos desde que eran niños. Ni siquiera aquellos años donde su relación se vio fracturada por la intervención de sus padres, por el tema de sexualidad, afectó el vínculo entre ambos.

Ahra había sido de las únicas personas en su familia que lo apoyó incondicionalmente en un enorme esfuerzo por entenderlo. Al principio, como el resto, se resistió a creerlo, pero terminó comprendiendo que amaba más a su hermano, tal y como era, y no a la ilusa idea de que podía cambiarlo para encajar en los estándares de perfección que buscaban desesperadamente sus padres en él.

—Omma se volvió loca, compró cien repollos ¡Cien! —el menor rio—. Tú puedes reír, debes estar tan ocupado que no tuviste tiempo de ir a ayudarnos con el kimchi. Ha Jun y Ye Jun han estado preguntando desesperadamente por ti.

—Lamento eso, de verdad, pero he estado muy ajetreado estas últimas semanas. Todos pierden la razón en navidad. Apenas y puedo moverme de un lugar a otro por el tráfico —el castaño se dirigió hasta su amada cámara. Ya era momento de darle un pequeño descanso, así él también podría salir a almorzar.

Guardó el costoso aparato dentro de su estuche cuidadosamente. Él era de esa forma. Le gustaba la limpieza y era muy meticuloso. Sus manos, grandes, alargadas y pálidas, se movían suavemente en finos movimientos, unos que llegaban a ser incluso hipnotizantes. Su hermana lo observó con curiosidad. Mucho había pasado desde que sus padres descubrieron y aceptaron que su hijo era homosexual. Muchas cosas habían cambiado también, todo iba bien para los Cho, su padre ahora incluso preguntaba por su hijo menor con emoción y lo esperaba con una sonrisa en el rostro cuando hace un par de años se negaba a su existencia. Si, a su padre le costó mucho aceptarlo, fue cruel y desentendido de los sentimientos de su hijo, pero las cosas iban bien entre ellos ahora.

Cho Ahra conocía muy bien al hombre que había robado el corazón de su pequeño hermano. Ni para qué decirlo, su dongsaeng tenía un buen gusto para los hombres. Ese pelinegro, Kim Kang Hoon, era un espécimen atractivo sin duda alguna, un hombre con una presencia ineludible, eso además de carácter un poco más enérgico que el de su hermano y con una sonrisa cautivadora. El hombre, Kim Kang Hoon, también tenía un don para la música, un hombre de las artes igual que Kyu Hyun. Ella tocaba el violín. No hace mucho, tres meses si no recordaba mal, había compartido puesta en escena con la orquesta a la que pertenecía su cuñado. Los padres de ambos y Kyu Hyun habían ido a presenciar la obra. Su omma, a quien el pelinegro ya había conquistado poco a poco, quedó completamente encantada por el talento que poseía el novio de su hijo; claro, que, el traje negro, camisa blanca y frente descubierta, ayudaron un poco a incrementar la presencia y atractivo del pelinegro. Su appa también alabó su destreza. Por supuesto, su hermanito, saltó a los brazos de Kang Hoon apenas lo vio salir de vestidores.

Conocieron a Kim Kang Hoon en una cena familiar hace cuatro años en una cena familiar. Kyu Hyun, quien llevaba dos años tratando de arreglar las cosas con sus padres, lo presentó con temor a su appa. Ese fue el momento más tenso que vivieron como familia. El resto de la familia Cho, incluido el castaño, esperaron pacientemente a la reacción del señor Cho. ¿Estrecharía la mano de ese joven o seguiría en su negativa y se encerraría en su estudio para evadir la situación? Por fortuna, eso no sucedió. Su padre estrechó la mano de Kang Hoon y luego palmeó su hombro. Fue entonces que todos los presentes soltaron un suspiro, uno que llenó toda la habitación; incluso el esposo de Ahra, quien estaba algo desentendido de la situación, pudo sentir cómo ese momento fue crucial para que la familia Cho se reconciliara por fin.

—Vamos, te invitó a almorzar —dijo el menor luego de haberse puesto su abrigo marrón oscuro y una bufanda al cuello.

—Mi hermanito ya creció. Ahora gana su propio dinero para invitar a su noona a comer —Ahra lo rodeó del brazo.

—Basta, aún tengo que cerrar —se alejó lentamente. Metió la llave dentro de la cerradura y también se aseguró de colocar la contraseña en el monitor eléctrico antes de que ambos bajaran las estrechas escaleras hasta el primer piso.

No hacía falta decir que las calles de Seúl estaban echas un completo desastre en estas fechas. Era como si a todo el poblado se le accionara un interruptor de compras compulsivas e innecesarias, como si esas decisiones precipitadas no fuesen a causarles un sinfín de deudas exorbitantes de las que se estarían quejándose a inicios de año. Bueno, eso también se había vuelto parte del espíritu navideño, una parte que él no comprendía del todo. Aun así, mientras paseaba por las calles del brazo de su noona, varias veces se quedó viendo detrás de los aparadores de cristal, esos que estaban adornados con escarcha de todos colores alrededor. Observó esos suéteres de pareja en los maniquíes, unos bastante parecidos a los que traían puestos los señores Choi y sus hijos. Se veían tan ridículos. Aun así ¿por qué quería comprar ese par de suéteres y hacerle usar uno a Yesung? Incluso podría ingeniárselas y comprar otro par de prendas iguales para sus dos pequeñas mascotas para tomarse una foto familiar.

—¿Ya pensaste en dónde pasaran la navidad este año?

Kyu Hyun regresó la vista a su noona.

Meditó un momento la pregunta—. Probablemente lo hagamos en el apartamento —sonrió mientras fijaba la vista al frente—. Yesung dijo que sus padres están planeando un viaje junto a su hermano menor, así que no podemos ir a Gangneung —ese era el pueblo natal de Yesung.

—Puedes venir conmigo y los niños, a los padres de mi esposo no les molestará —el castaño negó suavemente.

—¿Pasar la noche buena con tus suegros? No suena como una buena idea —ladeó su cabeza con incredulidad—. ¿Les has hablado de tu hermano gay y su apuesto novio?

—Por supuesto; ellos lucen muy abiertos de mente — la miró con duda. Con las familias tradicionales coreanas jamás se sabía y, aunque poco le importaba si los padres de su cuñado estaban de acuerdo o no, no quería provocarles un disgusto con Ahra—. Entonces, pueden acompañar a nuestros padres en su viaje a Jeju.

Negó suavemente—.Sé que te preocupa que pase estas navidades aburrido en mi apartamento en Seúl, pero créeme, a Yeye y a mí no nos molesta en lo absoluto. No hay nada mejor que tenernos el uno al otro —el castaño empujó la puerta de aquel restaurante familia. Ahra se le adelanto y lo vio a los ojos antes de entrar.

—Deja de presumir —golpeó su hombro y el castaño volvió a sonreír con autosuficiencia, entonces los dos entraron al cálido lugar en donde tomaron asiento junto a la ventana.

Desde pequeños siempre habían sido muy cercanos, eso aun cuando Ahra le llevara cinco años de diferencia. Cuando su omma llegó con el pequeño Kyu en brazos, en lugar de sentirse amenazada por la presencia de un nuevo y adorable integrante en la casa, lo que su noona hizo fue verlo como a uno de sus bebés de juguetes, uno tan regordete y tierno que era imposible no amarlo de inmediato. Ahra fue otra de las personas que más sufrió cuando su padre lo echó de la casa. Cuando Kyu Hyun y su appa hicieron las pases, tanto su omma, como ella, pudieron volver a respirar. Ahora que las cosas estaban bien entre su hermanito y su padre, ella podría preocuparse de llevar adelante su maternidad de manera plena y sin preocupaciones extra; claro, exceptuando el hecho de que ahora debía cuidar de dos diablillos que no dejaban de hacer destrozos. Al único que oían de vez en cuando era a KyuHyun, este los tenía un poco malcriados en ese aspecto.

¿Qué más podía hacer? Amaba a sus sobrinos, era lo más cercano a la idea de tener un hijo, esa que jamás se le había pasado por la cabeza. Su vida era perfecta tal y como estaba, al lado de Yesung y sus dos pequeñas mascotas tomando el papel del único trío que quería que le causara problemas.

—¿Kang Hoon te está alimentando bien? —su hermana se deshizo de su saco junto con un pequeño gorro blanco tejido. Uno se los meseros se apresuró en acercarle un perchero de pie al lado de la mesa.

Él también se deshizo de su saco y lo colocó en el otro gancho junto a la ropa de su hermana.

—¿Por qué lo dices, me veo más gordo? —Ahra negó. La mujer rio levemente, mientras tanto, el mesero de antes les tendió dos menús—. Gracias —Kyu Hyun le sonrió como lo haría con cualquiera, a modo de un simple gesto de amabilidad. Sin embargo, se encontró con la mirada acusadora de su hermana—. ¿Ahora qué?

—No deberías coquetear con los meseros, no creo que a mi querido cuñado le agrade si se lo digo —bromeó.

—¿Quién está coqueteando? —sonrió a la par de ella mientras le arrojaba una mirada de reproche, pero uno fingido—. No le mestas ideas raras en la cabeza, Yeye tiene demasiada imaginación.

Sí, su novio, aparte de ser el hombre encantador que todos conocían, tenía un lado celoso que muchas veces lo había metido en aprietos por culpa de una que otra confusión. Por ejemplo, sucedió aquella ocasión en que bebía solo en bar, estaba esperando a Yesung, y un tipo se le acercó para brindar. Le preguntó si quería unírseles, pero antes de que pudiera decirle que tenía novio y que no estaba interesado, Yesung apareció y le reventó la cara.

Ese pelinegro daba demasiado miedo cuando estaba enojado. Luego de haberle roto la nariz al sujeto, llevó a Kyu Hyun al apartamento y se encargó de este en la cama.

Ahra lo observó con curiosidad—. Ya lo creo —tomó el menú entre sus manos. La temporada invernal daba para un buen guiso de carne con vegetales. Los hermanos Cho, aparte de su buen aguante para el alcohol, les encantaba la carne—. Pediré un *sundubu jjigae de carne.

—Yo quiero un *manduguk —dijo el castaño—. No puedo beber durante mi horario de trabajo.

—No te preocupes por eso, ya podremos hacerlo en navidad y año nuevo. Por el momento ¿te parece un *hwachae?

El castaño se encogió de hombros. Nada reemplazaba un buen vaso de soju, pero debía controlarse.

—Me parece bien —aceptó finalmente.

El mesero que les dio los menús, la misma persona que Ahra creía estaba interesado en él, regresó a tomar sus órdenes. Ambos hermanos castaños le agradecieron y el chico no se alejó sin antes decirles que en un momento estaría lista su comida, pero que si necesitaban algo más, no dudaran en hacérselo saber. Tras esto, el chico finalmente se marchó luego de sonreírle al castaño.

—¿Te encargarás de la propina? —preguntó su hermana con claras intenciones de molestarlo.

—Basta.

Mientras esperaban, él observó hacia la avenida. La nieve aún caía implacablemente desde esas nubes negrecidas. Todo estaba pintado de un grisáceo urbano intenso y oscuro. Las calles pavimentadas, húmedas y brillantes, eran la única zona que permanecía despejaba para el transito de los vehículos. Los automovilistas debían asegurarse de equipar a sus autos con llantas anti deslizantes para así evitar accidentes. Yesung, por ejemplo, había hecho cambiar no solo las llantas, sino también los limpia parabrisas del coche, además, había arreglado el faro del lado derecho que tenía un tiempo fallando. Su lindo pelinegro, aun cuando no lo decía claramente, no confiaba en sus habilidades de manejo. Yesung le dijo que debía mantener el auto en perfectas condiciones, eso para que, cuando tuviese que salir y él no pudiese acompañarlo, viajara lo más seguro posible.

Yesung lo había dejado en el trabajo el día de hoy y se llevó el auto consigo. Tenía algunos asuntos pendientes en la orquesta, ensayos y demás antes de la última presentación del ballet en dos días, pero le aseguró que pasaría a recogerlo a la misma hora de siempre.

Kyu Hyun tomó su celular, el que permanecía sobre la mesa. La bandeja de mensajes estaba llena. Había estado intercambiando textos con su novio a lo largo del día. Yesung, a lo largo de la mañana y la tarde, le había dicho:“Que tengas un lindo día, te amo” “Recuerda almorzar” “No olvides que pasaré por ti, por favor no esperes fuera, está haciendo frío”

Sonrió como un tonto mientras bajaba en la pantalla; esta no era la primera vez que se ponían melosos por mensaje, pero casi se sentía de esa forma. Él le respondió: “Cuídate” “Dá lo mejor” Recuerda que empaqué tu café caliente y un pequeño emparedado”.

Sí, puede que él no tuviese tiempo para prepararse un almuerzo y casi siempre prefería salir a a algún restaurante, pero siempre se daba el tiempo para empacarle algo delicioso a su lindo novio. No solo se trataba de eso, la verdad es que el castaño prefería la comida de afuera a la suya —dicen que les pasa a muchos cocineros—. No, no era un cocinero experto, pero poco o mucho había aprendido en esos años que tuvo que valerse por sí mismo. Aun así, y como buen novio, Yesung siempre le decía que todo lo que cocinaba estaba delicioso.

Kyu Hyun envió el mensaje y regresó la vista a la ventana, la cual permanecía evidentemente empañada debido a la calefacción dentro del restaurante y al calor corporal de todas las personas dentro. A través de la “O” del restaurante Nakwon, logró divisar a lo lejos una figura, la figura de un hombre, que tenía tan bien conocida como la suya. El pelinegro estaba envuelto en el mismo abrigo negro que casi le rozaba los tobillos, prenda con la que lo había visto salir esta mañana luego de haberlo despedido con un beso en la entrada del apartamento.

El castaño parpadeó un par de veces en un intento por asegurarse de que no estuviera en un error. Tenía mala visión y una tendencia a solo usar sus gafas horrendas cuando estaba en casa. Usaba pupilentes, pero había olvidado pasar por el par nuevo que ya estaba listo desde hace unos días.

Elevó una de sus manos hasta la superficie empañada y la limpió suavemente con la palma de su mano.

Ahra, quien había estado entretenida con una llamada con su esposo, reparó en su hermano—¿Pasa algo?

Se la pensó. ¿Debería hacer este asunto más grande? Se preguntó—. Ahra, esa persona de allá —apuntó suavemente— ¿puedes decirme si se trata de Yesung?

—¿Mmm? ¿Dónde? —colocó sus manos sobre la mesa y se inclinó hacia la ventana. Imitando el gesto de su hermano, también, dibujo un pequeño círculo con la palma de su mano. Si alguien los viera desde fuera, se parecerían a una de esas típicas escenas de caricatura—. Omo, tienes razón —entrecerró sus ojos. Sí, ese definitivamente era su cuñado—. Creí que habías dicho que estaba ensayando.

—Eso se suponía —el teatro estaba muy lejos como para que Yesung n quisiera venir a comer aquí habiendo restaurantes cercanos, además, le había mandado un rico emparedado—. Quizá lo invitaron a comer —era la única posibilidad que se le venía a la cabeza.

—Uhm, creo que estoy viendo doble —su hermana talló sus ojos—. Ese otro sujeto es idéntico a Kang Hoon.

—¿Ah? ¿De qué estás.... —al principio pensó que su hermana estaba alucinando, o bien, que le estaba jugando otra de sus bromas, pero no era así. Ese otro hombre junto a Yesung, a excepción de su altura y de su corte de cabello, era muy similar a su pelinegro—. Eso... —recordó que alguna vez que Yesung le mostró fotos de su familia. También recordó que él mismo se lo dijo, lo mucho que parecían él y su hermano menor—. ¿Es él?

—¿Quién? —intentó indagar la castaña—. ¿Quién es?

Kyu Hyun negó levemente—. No estoy completamente seguro, pero creo que podría tratarse del dongsaeng de Yesung.

—¿En serio? —los ojos de su hermana se agrandaron—. Vaya, los genes Kim son fuertes.

Kyu Hyun agrandó sus ojos—. No me dijo que su hermano vendría de visita, de hecho, dijo que toda su familia estaría demasiado ocupada con los preparativos del viaje como para llamarlo —todo desencajaba—. ¿Habrán cambiado de opinión? Pero ¿por qué venir hasta aquí? Pudo solo llamar a Yesung.

—Si no lo sabes tú —dijo su hermana—, pero, si me lo preguntas, deberías ir allá.

—¿Eh?

—¿Qué sucede? Eres el novio de Kang Hoon desde hace siete años y jamás te has presentado formalmente con su familia. Es solo su hermano menor, pero podrías presentarle tus respetos como el lindo novio de su hyung, ¿no lo crees? —vaya, lo que estaba diciendo su hermana tenía mucho sentido y, de alguna manera, sonaba muy tentador.

Aun así.

Negó y se acomodó en su asiento—. Se lo preguntaré después. Si no se trata de su hermano, estaría inmiscuyéndome en su trabajo y esa no es buena idea —desvió la mirada y buscó al mesero de antes. ¿Qué le está tomando tanto tiempo? Se preguntó.

Kyu Hyun estaba dándole a Ahra la mejor actuación de su vida al fingir que en realidad el asunto no le daba ni un poco de curiosidad, cuando obviamente no era así.

—Uhh, mi hermanito es todo un esposo maduro —la castaña lo imitó y se acomodó en el lugar—. Pero, hazme un favor ¿sí, dongsaeng?

—¿Qué es?

—Dame todos los detalles apenas se lo preguntes —mordió su labio inferior y lo observó fijamente. Ahra le daba miedo algunas veces.

—Aquí está su comida —anunció el atento joven. Kyu Hyun le agradeció nuevamente con una sonrisa y el chico le repitió de nueva cuenta que no dudaran en pedirle cualquier otra cosa.

—Alguien tiene un nuevo admirador —continuó Ahra—. Deberías ponerte un letrero en la frente que diga, tengo novio, o mejor aún, Kang Hoon debería ponerte un collar con su nombre.

Eso lo hizo reír nuevamente—. Anda, come. Tengo que regresar al trabajo y tú tienes que regresar con tu dúo de diablillos —tomó los palillos y se hizo de un apetitoso dumpling. Mientras lo llevaba a su boca, no pudo evitar girar de soslayo hacia la ventana, pero Kang Hoon y quién quiera que fuese esa persona, ya no estaban allí.

—Han aprendido malas mañas de ti.

Al final continuó comiendo y pasando un rato ameno con su hermana. Lo mejor sería no darle demasiadas vueltas a un asunto como ese. Seguramente no era nada, pero ya tendría tiempo de preguntarle a Yesung más tarde.

. . .

Ocho sesiones más de fotos navideñas. Los último clientes eran una pareja de novios. El tema: Paisaje nevado. Bien podrían beneficiarse de las fuertes ventiscas, la nieve en las avenidas y el paisaje congelado en el parque más cercano, pero en su lugar prefirió colocar un fondo de los que ya tenía, esto era mejor que obligar a los novios y a sí mismo a pescar una pulmonía a merced de esos deliciosos 8° bajo cero.

El novio se veía bien con el smoking, tenía la figura y la presencia, además era bastante joven como su prometida. El vestido de la novia, de mangas traslucidas y cintura apretada, le hacía lucir una imagen pulcra y virginal, lo que todo novio tradicional buscaba en su pareja aún en estos días.

Algunas veces fantaseaba consigo mismo y Yesung en su propia boda. El pelinegro seguramente opacaría a este novio y a cualquiera con esa envidiable y sensual figura. Los dos de traje junto al altar. Si los padres de Yesung eran como los de este chico, ilusionados con la idea de una boda de dos novios virginales, iba a decepcionarlos, pues su hijo ya había tomado la suya desde hace tiempo.

—Es todo por hoy —le dijo a ambos novios. Ambos jóvenes aún estaban en esa faceta de arrumacos a cada segundo y hora del día. Se decían te amo tantas veces como respiraban o parpadeaban. El castaño se halló preguntándose si él y Yesung se veían de esa forma a los ojos de los demás—. Sus fotografías estarán listas para enero.

El clima en Seúl seguía siendo malo en enero, pero al menos la ceremonia sería en un lugar cerrado y no al aire libre.

—Gracias —le dijeron al unísono, eso mientras el novio ayudaba a su futura esposa a ponerse su afelpado abrigo. Acto seguido, él también se puso el suyo y tomó la mano de ella—. Estaremos en contacto.

Asintió—. Tengan felices fiestas —había perdido la cuenta de las veces que había dicho lo mismo a lo largo del día y de las últimas semanas. Afortunadamente, sus pendientes durarían solo hasta el viernes y entonces estaría de vacaciones junto con Yesung. Y sí, planeaba pasar cada segundo libre con su amado y sexi novio.

Si la decisión fuese de Yesung, la idea de pasar estas fiestas consistía en ambos y una cama; claro, no se quejaba en lo absoluto, pero esta navidad su itinerario estaría lleno de otras cosas divertidas además del sexo.

Acompañó a la pareja a la salida. Su estudio se encontraba en el segundo piso de un viejo edificio que compartía con una vieja pareja de ancianos con una mueblería en la parte de abajo; allí fue donde consiguieron el sofá en liquidación. La puerta de metal de su estudio tenía grabado en el cristal el nombre “Daydream”. Yesung y él lo habían elegido juntos. Su mayor sueño era ver ese nombre en un enorme ventanal junto a la avenida. Aún era demasiado pronto para pensar en eso, pero trabajaría con todas sus fuerzas para ver crecer este pequeño lugar.

Kyu Hyun acarició las letras en la puerta justo antes de cerrarla. Casi daban las ocho de la noche y Yesung no tardaría en pasar por él. Se apresuró y guardó todo su equipo de valor en ese armario con llave. Guardó todo, excepto su cámara. Aún tenía que pasar algunos archivos a la computadora y convertir los formatos para sus impresiones, cosa que haría en casa. Metió aquella canon en el mismo bolso marrón de cuero que tenía consigo desde sus días como estudiante.

Apagó las luces al lado del set nevado y también desconectó sus arreglos navideños. Aún se encontraba empacando algunas cosas dentro de su maletín cuando escuchó claramente como la puerta se abría. Mostró una pequeña sonrisa a sabiendas de quién era y se quedó en su lugar. Pronto sintió como unos delgados brazos, unos muy conocidos, lo rodeaban desde atrás y se aferraban a la parte de su vientre. El aroma fresco, varonil y embriagante de Yesung era inconfundible e incluso estimulante.

—Buen trabajo —la voz rasposa y sexi de Yesung descendió lentamente por cada vertebra de su espalda y se agolpó como mariposas inquietas dentro de su estómago. La voz de este pelinegro era la más perfecta de las melodías.

Sonrió suavemente y acarició esas pequeñas manos, las que estaban calentitas—. Justo a tiempo —lo miró de soslayo por sobre su hombro—. ¿Tuviste un buen día?

Yesung asintió—. ¿Cómo no iba a tenerlo, cuando mi bello novio me envió tan delicioso café?

Kyu Hyun casi olvida ese asunto, pero cuando el contrario mencionó lo del café, inmediatamente recordó lo que había pasado esta tarde cuando estaba con su noona. La verdad es que había estado reparando en ello casi todo el día, la clase de pensamientos que eran más o menos sosegados por todo el trabajo que tenía y en donde debía ocupar por completo su mente. Aun así, no le había dado vuelta a la página.

Se quedó observando los bellos ojos rasgados y profundos de Yesung. Podía ver a través de ese brillo tan singular y reconfortante. Este hombre de aquí jamás le guardaría secretos. Yesung, su amado pelinegro, sabía cuánto odiaba él las mentiras y jamás se atrevería a ocultarle nada, mucho menos a sabiendas de que esto tenía algo que ver con su familia, un tema que, para él como su novio, era importante.

El castaño giró entre los brazos del contrario—. ¿Tuviste tiempo de almorzar? —jugó con los botones en el saco del pelinegro, incluso le sacudió un poco y dejó un pequeño beso en su mejilla.

Yesung rascó su nuca con una de sus manos mientras que con la otra sostenía la cintura de Kyu Hyun—. No pude comer tu almuerzo —por fin lo soltó. Lo hizo para juntar las palmas de sus manos, en un acto que reflejaba arrepentimiento—. Tuve que salir fuera del teatro. El maestro Yun insistió en eso de convivir con los músicos japoneses, los que estuvieron participando con nosotros esta temporada, antes de que regresen a su país.

¿Ves? Eso lo explica todo. Pensó.

—Ya veo —besó la mejilla de su novio una vez más—. Vamos, tengo hambre —entrelazaron sus manos y caminaron de esa forma hasta la salida. Allí, el castaño bajó los interruptores y todo quedó a oscuras. Al salir, y como las escaleras eran un poco angostas, el pelinegro fue por delante, pero sin soltar su mano ni un solo momento.

—Te dije que debías usar tus guantes —dijo Yesung mientras tomaba sus manos y las llevaba a sus labios—. Pareces parte del paisaje nevado, Kyunnie —exhaló parte de su aliento cálido sobre la piel temblorosa del castaño—. Oh, ahora se pusieron rosas.

—Olvidé comprar unos. Taro acabó con el último par que compré como si fueran una bola de estambre —deshizo el agarre de Yesung en sus manos y llevó estas a la bufanda en el cuello de Yesung y ajustó esta suavemente—. ¿Debería comprarte una nueva? ¿Tienes frío? —acarició las orejas del pelinegro—. ¿Y unas orejeras también?

Yesung coló una de sus manos a su cintura y lo presionó contra su cuerpo—. Si estás tan preocupado por mantener elevada mi temperatura corporal, podemos calentarlos el uno al otro bajo las sábanas —escurridizo como siempre, los labios de Yesung llegaron a su cuello. Kyu Hyun sonrió cuando el cálido aliento chocó contra su piel—. Si estamos desnudos es más sencillo.

—Eres un pervertido —negó suavemente, pero es que esa preciosa sonrisa. Yesung era tan cautivador solo respirando—. ¿Qué opinas de un estofado caliente? ¿No te vendría mejor?—Yesung le hizo cosquillas con sus labios.

El pelinegro hizo ademán de estarlo pensando. Sus dos manos estaban en la espalda del castaño. Los cuerpos de ambos eran iluminados por la luz ocre que se deslizaba en diagonal desde uno de los faros al lado de la avenida. Una imagen digna de retratar. Los grises y azules urbanos y fríos, esas tonalidades verdosas y grises que los rodeaban; Kyu Hyun pensó en la sesión de fotos invernal de esos novios. El abrigo negro de Yesung y el suyo marrón, el mismo contraste que había entre ambos. La piel pálida de Kyu Hyun, semejante a la nieve que caía sobre sus cabezas. La piel aceitunada de Yesung y esos profundos ojos oscuros. El rostro del otro creaba una pequeña sombra sobre las mejillas del otro. Por un segundo, se les olvidó que estaban congelándose.

—No te salvarás con eso, cariño —rozó su nariz fría sobre la de Kyu Hyun—. Mi lindo pingüinito.

—Que horror —el castaño escuchó una voz desconocida—. ¿Cómo se puede ser tan descarados a la vista de todo el mundo? —murmuró la voz femenina.

Los dos giraron hacia la mujer. Esta llevaba un afelpado abrigo con un gorro el triple de grande que su cabeza. Su rostro estaba lleno de arrugas, mismas que se enmarcaban aún más con esa expresión de despreció. Pasó al lado de la pareja. Sus ojos los juzgaron de arriba abajo un par de veces, estos eran grises y fieros, como los de un animal carroñero. El castaño le regresó el gesto con una mala mueca y se apartó del abrazo de Yesung para verla fijamente.

—¿Por qué no se mete en sus propios asuntos? —le respondió con firmeza. La mujer se sorprendió tanto que solo atinó a abrir su boca con una evidente sorpresa—. No estamos haciendo nada inmoral.

Kyu Hyun sabía que los homosexuales en Corea del Sur acostumbraban ser objetos de burlas y desprecios, sin siquiera tener la posibilidad de repelar en contra porque ellos mismos estaban convencidos de que debían avergonzarse de sí mismos. Todos, menos él. Había luchado y sufrido tanto para defender su forma de pensar y de amar como para quedarse callado ante cualquier persona que se sintiera con el derecho de juzgarlo.

—Kyu.... —Yesung lo sostuvo del brazo, esto mientras que cuerpo del Kyu Hyun estaba ligeramente inclinado hacia la mujer. Esta última solo terminó soltando un bufido de derrota. Cerró sus manos de manera escandalosa y se alejó de manera desordenada sobre la nieve—. No deberías pelear con pobres ancianas.

El castaño suspiró—. No la defiendas —le reprochó—. Todo Seúl está lleno de ancianos con pensamientos como esos. Esa mujer tiene hijos y nietos que piensan igual a ella —apretó sus labios—. Estoy harto de que nos vean como un par de bichos raros.

Yesung apretó su mano—. Ven aquí —lo abrazó con fuerza—. Te amo tanto, mi pequeña fiera.

—¡Yah! —se alejó y golpeó el pecho del pelinegro con el dorso de su mano—. Pudiste haber dicho algo en lugar de esconderte detrás de mí—dijo mientras ambos retomaban el camino hasta el auto.

—¿Yo? Pero si tenías todo perfectamente controlado —se burló un poco—. De haberme metido, lo más seguro es que me hubiese ido peor que a ella —el castaño le reprochó con el ceño fruncido—. ¿Yo preparo la cena?

—Igual ibas a hacerlo —dijo con una sonrisa ladina en sus labios y ambos subieron al auto.

Así es, no había nada que no estuviese dispuesto a hacer para complacer a su castaño.

A Yesung le gustaba que todo a su alrededor estuviese lleno de música; para un cantante, músico y compositor de orquesta no era de extrañarse dicha fascinación. Kyu Hyun se acostumbró rápidamente, esto gracias a que, contrario a Yesung, él no tenía tanta fascinación por la música, sino por la voz de su novio. La voz de Kim Kang Hoon, una melodía potente, casi irreal, pero suave y tan reconfortante al mismo tiempo. Cuando alcanzaba las notas altas, incluso cuando su garganta vibraba en las notas bajas, siempre lograba que los vellos de sus brazos se erizaran y a Kyu Hyun se le presionaba dolorosamente el corazón. Lo mejor de todo es que este hombre era suyo. Se pertenecían el uno al otro.

Kyu Hyun sonrió mientras bajaba el volumen de la radio.

—Hey, me gusta esa canción —se quejó el pelinegro.

—Canta algo —susurró mientras recostaba su cabeza sobre el hombro del contrario y cerró sus ojos suavemente—. Me encanta tu voz.

Yesung sonrió enternecido—. ¿Eres mi fan número uno?

Kyu Hyun alzó su dedo índice—. El número uno, señor Kim. Por favor complázcame con su bella voz.

—¿Qué puedo hacer cuando un joven con tan buen gusto lo pide de esa manera? —se encogió de hombros—. Geuttaero na doraga (viajaré a esos momentos) Neol kkok kkeureoango seo isseullae (quiero abrazarte fuerte y quedarme así) —cantó suave y controladamente. Kyu Hyun sintió como vibraba su corazón, cómo este se llenaba de una inexplicable calidez que dejaba atrás el invierno—Negero sesang geu nuguboda (contigo, de vuelta a esos tiempos) Nareul sum swige han geuttaero (cuando me hacías respirar más que cualquier otra cosa en el mundo)

—Waaa —aplaudió con fuerza, luego dejó un cálido beso sobre la mejilla de Yesung—. Eres el mejor en todo.

—¿Recién lo notas? —le mostró una radiante sonrisa.

Amo tanto a este hombre. Pensó mientras regresaba su vista hacia el frente. Una vez en casa, entre jugueteos y unos cuantos toqueteos, atravesaron la puerta. Allí se deshicieron de sus zapatos y sus abrigos. Las luces automáticas se encendieron en el pequeño espacio que dividía el recibidor del pasillo hasta la sala, ese en donde se encontraban las sandalias y zapatos. Sobre el pequeño escaloncito se encontraban esos dos pares de ojos brillantes y cristalinos que habían estado esperándolos casi todo el día.

—Mis bebés —dijo mientras los tomaba a ambos en brazos—. Su appa se encargara de la cena —la pequeña Kkoming lamió la mejilla de Kyu Hyun y Taro, con esa indiferencia de todo gato, lo miró fijamente.

—Dije que haría la cena para ti, al menos dales de comer —dijo Yesung al mismo tiempo que colgaba los abrigos de ambos en el perchero de madera al lado de la puerta.

—Uhh, su appa es un malvado —caminó con ellos dentro del apartamento hasta la cocina, en donde estaban los tazones de ambos animalitos—. No se preocupen, yo me hago cargo.

Kkoming ladró suavemente y el minino movió su cola con impaciencia mientras iba de un lado a otro entre sus piernas. Kyu Hyun tomó la bolsa de alimento cada uno y vertió un taza en los tazones. Después, se aseguró de que la fuente eléctrica de ambos tuviese agua limpia —había cambiado los filtros hace poco, así que no había problema—, además, la calefacción dentro de la casa favorecía a que sus pequeños no resintieran tanto el clima y no se negaran a tomar agua con frecuencia.

—¿Tomarás una ducha? —preguntó mientras caminaba a la habitación.

—¿Nos duchamos juntos? —propuso Yesung.

—Olvídalo, quiero cenar. Si ambos entramos al baño, nos dará media noche —se acercó al pelinegro y palmeó suavemente su trasero—. Báñate primero, yo lo haré mientras cocinas la cena.

Yesung soltó un pequeño suspiro—. Está bien —aceptó y se quitó el suéter de cuello alto que llevaba puesto. Su torso quedó desnudo, lo que claramente era un incentivo. Yesung gustaba de jugar con su poco auto control.

Kyu Hyun sintió que se le salía la baba de entre la comisura de los labios—. No, no —cubrió sus ojos con ambas manos—. Ve a ducharte ahora mismo, exhibicionista.

—Como si no te encantara, Cho Kyu Hyun.

—Ninguna de las dos cosas está a discusión —con sus ojos aún cubiertos caminó hasta la sala.

Yesung rio suavemente—. No tardaré demasiado —dijo, caminó por el pasillo y cerró la puerta del baño detrás de él. Kyu Hyun escuchó el sonido del agua cayendo unos segundos después.

Soltó un pequeño suspiro—. Eso estuvo cerca —llevó una mano a su pecho—. ¿Hm? —el celular de Yesung comenzó a sonar de pronto. El sonido provenía del saco que el pelinegro había dejado en el perchero junto con el suyo—. ¿Quién será? —se acercó a la prenda, en donde hurgó dentro del bolsillo iluminado por la luz de la pantalla del aparato—. Colgaron —observó el registro en la pantalla de bloqueo—. Jong Jin.

¿En dónde he escuchado ese nombre? Se preguntó. Hizo memoria, pero por más que se esforzó, no pudo dar con nada. Al final decidió solo ignorarlo y dejó el celular en el mismo lugar que lo encontró. Acto seguido, y cuando apenas había llegado al sofá a encender el televisor, este volvió a sonar. Más por pereza que por otra cosa, decidió quedarse allí hasta que el ruido cesó. Sin embargo, el timbre volvió a sonar una tercera vez y esto, aun cuando era algo a lo que no quería darle demasiada importancia, estaba acabando con su paciencia.

—¿Por qué no deja de insistir? —preguntó entre el sonido de su propia voz y el sonido del celular.

—¿Pasa algo? —el castaño giró a ver a Yesung. Este venía del cuarto de baño con una playera holgada y de manga corta blanca junto con unos pantaloncillos para dormir negros. Yesung llevaba una pequeña toalla al cuello, sacudiendo esta rápidamente sobre su cabello húmedo.

Se levantó del sofá—. Alguien ha estado llamándote —no quiso decir el nombre, esto conllevaría a tener que decirle que había espiado su celular por accidente—. Quizá es algo importante —dijo y pasó junto a Yesung en dirección al baño—. Mejor ve qué es lo que quiere —dijo antes de encerrarse en el baño.

Yesung se quedó como aturdido un momento. Caminó lentamente hasta su abrigo y tomó el celular entre sus manos. Tal y como temía, se trataba de su hermano menor.

—Deja de molestar —silenció el celular junto con las notificaciones.

Unos quince minutos después Kyu Hyun salió del baño. El castaño se encontraba en las mismas fachas que su novio, con ropa holgada y el cabello húmedo. Por otro lado, con los estómagos llenos, sus dos mascotas descansaban sobre la frazada que había en el sofá. Kyu Hyun acarició a cada uno antes de divisar la delgada espalda de Yesung detrás de la encimera, una que imitaba el mármol negro. El pelinegro lucía demasiado ocupado frente a la estufa.

—Huele bien —dijo una vez que estuvo a su lado. Kang Hoon era un buen cocinero, quizá mucho mejor que él gracias esos dotes artísticos que tenía en las manos, pero a este le gustaba actuar con modestia.

—Espero no haberlo arruinado —dijo mientras sofreía algunos pimientos con un poco de cebolla.

El castaño lo observó con curiosidad—. ¿Quién era? ¿Hablaste con esa persona?

Yesung se encogió de hombros, un gesto que le restaba importancia a la situación—. No es nada.

Kyu Hyun insistió—. ¿Se trata de alguno de esos músicos japoneses?

Yesung apretó sus labios, pero luego asintió—. Así es, pero fue algo sin importancia. Querían que les enviara el nombre de los platillos que comimos esta tarde, solo eso.

Eso sonaba como algo creíble—. Oh, ya veo —aceptó con facilidad antes de caminar de regresó al sofá, lugar donde se acurrucó al lado de Taro y Kkoming, quienes seguían durmiendo plácidamente.

Sí, sonaba como algo creíble, pero algo no le convencía del todo. Había algo en la mirada renuente de Yesung que no encajaba. Pero ¿qué podía ser?

. . .

15 de diciembre

Dos días después, Kyu Hyun le dijo a su novio que necesitaba el auto para entregar algunos álbumes antes de que comenzaran oficialmente sus vacaciones. Kang Hoon le dijo que no había problema y que, por ese día, podía dejarlo en el teatro y luego el auto sería todo suyo. Hoy también era la última presentación del ballet y debía recoger a su novio. Había quedado a las siete con treinta minutos, pero el tráfico, increíblemente, se encontraba apacible ese día a pesar de las compras navideñas y fue así que pudo terminar antes. Allí estaba, a las afueras del imponente teatro, el cual continuaba lleno de la propaganda esparcida en forma de enormes cartelones por todos lados. Su familia y él se habían tomado una foto frente a uno de estos haces unas semanas. Aún recordaba a su omma y appa dándole ese ramo de rosas rojas a Yesung.

Un poco aburrido, y con veinte minutos libres para esperar a su novio, Kyu Hyun bajó del auto con una bufanda anudada a su cuello. Esta vez si que había cargado con su guantes, los mismos que hacían juego con su abrigo gris oscuro. Frotó las palmas de sus manos al mismo tiempo que se encogía detrás del cuello de su abrigo y caminó sobre la acera repleta de nieve entre crujidos y respiraciones cálidas que se evaporaron apenas salieron de sus labios.

—Vaya —observó el enorme cartelón en vertical. Allí estaba, debajo de la pareja que interpretaba a Odette y Sigfrido, el nombre de su lindo y talentoso novio—. Mi Yeye —observó el nombre de su novio con admiración. Lo hizo hasta que escuchó un enorme escándalo.

—Deja de insistir —¿mm? ¿Es la voz de Yesung? La pregunta era estúpida. Nadie mejor que él podría reconocer esa voz con la que estaba tan obsesionado. Esa es la voz de Yesung.

—Han pasado cinco años desde que no te vemos —dijo esa otra vos desconocida—. Dime, ¿te complace hacer sufrir a nuestros padres de esa manera, hyung? ¿De verdad eres tan inconsciente?

¿Hyung?

—Por supuesto que no —dijo con una voz entre dolorida y fastidiada—. No es lo que quiero, pero no puedo ir este año, tengo cosas importantes de las que debo hacerme cargo. Tengo un viaje a Japón que no puedo posponer.

¿Eh? ¿Un viaje a Japón? Hasta donde sabía, eso era una mentira. Kyu Hyun se mantuvo bien quieto detrás de aquel cartel. Su cabellera castaña apenas se asomó suavemente entre uno de los espacios que había entre la manta y el soporte de metal a la que estaba anclada, pero no pudo ver el rostro de ese otro hombre. Esa persona lo había llamado hyung. Debía tratarse de su hermano menor, pero espera un segundo. ¿Sus padres y su hermano no estaban preparándose para viajar?

—Siempre dices lo mismo. Sabemos lo comprometido que estás con tu carrera, pero no es justo que nos dejes de lado. Mi esposa ni siquiera te conoce y mis hijos tampoco —explicó aquel chico de una estatura un poco más baja que la de Kang Hoon.

Yesung lucía exaltado—. Les enviaré obsequios a todos, pero deja de aparecer de la nada a entrometerte en mi vida —sentenció—. No tengo nada más de qué hablar contigo.

—Pero....

—Como tu hyung, espero que comprendas que hay cosas mucho más importantes que debo anteponer —una persona que es más importante que cualquier otra cosa. Pensó.

—No me iré hasta que te lleve conmigo a casa —se cruzó de brazos—. Nada es más importante que estar con tu familia.

Si ese viaje a Japón era una clara mentira, ¿de qué estaba hablando Yesung? ¿Qué era eso tan importante que lo retenía en Seúl lejos de su familia? Se preguntó el castaño en un intento de ver a la cara de ese hombre que hablaba con su novio.

—Acaso... —los labios del castaño se entreabrieron y cayó en cuenta de todo—. ¿Es por mí?

—Jong Jin....

Es la persona que le llamó el otro día. Pensó Kyu Hyun. ¿Él me mintió?

Eso no podía ser verdad. Debía comprobarlo por su cuenta.

Kyu Hyun salió de detrás de su escondite—. Kang Hoon —ambos pelinegros giraron inmediatamente hacia el castaño—. Llegué un poco temprano, lo sé, pero es que terminé antes de lo que esperaba.

Caminó lentamente con el crujir de la nieva bajo sus zapatos de vestir como la única melodía que lo acompañaba en medio de ese sepulcral silencio que se había formado entre ambos hombres. Conforme fue acortando la distancia, se dio cuenta de dos cosas. La persona que estaba hablando con Kang Hoon, quien obviamente era su hermano, quien lo había llamado la otra noche, también era la misma con quien lo había visto hablar cuando estaba almorzando con su noona. Y por último, Yesung, su sonriente pelinegro, por primera vez desde que se conocieron, no lucía feliz de verlo.

—¿Quién.... —intentó preguntar su dongsaeng.

Yesung ignoró la presencia de su hermano—. Regresa al coche, Kyu Hyun —dijo con un tono frío que a Kyu Hyun le caló aún más que la nieve que caía sobre su rostro.

El castaño, como el necio que era, hizo caso omiso a Kang Hoon y se acercó al hombre de abrigo negro casi idéntico al de su novio.

—Un placer, mi nombre es Cho Kyu Hyun —hizo una pequeña reverencia que, Jong Jin, sin entender muy bien qué estaba sucediendo, le respondió con un inclinamiento de cabeza—. ¿Eres el hermano de Kang Hoon, no es así?

Jong Jin comenzó a comprender—. Y usted es....

—Eso no... —intentó decir Yesung mientras se acercaba a tomar, de forma poco amable, el brazo del castaño.

—Su novio.

Los ojos del hermano menor del pelinegro se agrandaron y hubo otro helado e incómodo silencio después de eso.

El hermano menor del pelinegro lo observó fijamente, luego lo vio tragar con un poco de dificultad—. Ya veo —dirigió su vista a Yesung—. Así que esta es la razón de que no hayas ido a vernos —observó atentamente al castaño, como recriminándole abiertamente, pero este no lo notó. Estaba demasiado inmerso en el sentimiento de conocer por fin a un miembro de la familia de Yesung, que no reparó en la actitud de este.

Kyu Hyun se apresuró a negar—. No, yo jamás le he impedido a Kang Hoon que vaya a ver a sus padres.

—Basta, Kyu Hyun.

—De hecho, estaría encantado de conocerlos.

Jong Jin sonrió de una forma fría, una que fue bastante evidente para su hermano, pero no para Kyu Hyun.

El menor habló mientras movía sus manos—. Si, hyung ¿por qué no les has presentado a alguien tan encantador a nuestros padres? —dijo en un torno de burla que Yesung tomó como una ofensa.

El pelinegro se posicionó frente al cuerpo de Kyu Hyun, lucía como un animal que intentaba proteger a su pareja—. Cierra la boca.

—Kang Hoon —le reprochó Kyu Hyun mientras colocaba una de sus manos sobre el hombro de Yesung.

—¿Por qué no vienes a pasar la navidad con nuestra familia? —dijo el hermano menor—. Nuestros padres estarán encantados de recibirte a ti a tu novio.

Kyu Hyun sonrió alegremente—. Nos encantaría....

—Ni hablar —tomó la mano del castaño con fuerza—. Nos vamos —jaló del brazo de este hasta el auto.

—Yah, Kim Kang Hoon ¡¿Qué demonios te pasa?! —intentó resistirse—¿Cómo dejas a tu hermano de esa forma tan grosera? —su novio lo ignoró—¿No me escuchas? ¡Yah! —el pelinegro intentó abrir la puerta, pero esta estaba cerrada y Kyu Hyun tenía las llaves.

—Abre el auto y vámonos de aquí.

—No hasta que me digas qué demonios pasa contigo —giró sobre su hombro, pero el hermano de Yesung ya no estaba allí—. ¿Por qué no me dijiste que tu hermano estaba en la ciudad?

Esperó un momento para responder—. Recién acaba de llegar.

Otra mentira. Pensó.

—Mientes —Yesung le miró como si estuviese ofendido por su acusación—. Los vi a ambos hablando cerca del estudio el día que, según tú, fuiste a comer con los japoneses. Y no solo eso. le dijiste que tenías un viaje a Japón y los dos sabemos que eso no es verdad —le recriminó—. También me dijiste que tus padres estarían de viaje y que no podíamos pasar la navidad con ellos, y, oh sorpresa, eso tampoco es cierto.

Yesung agitó su cabello con una de sus manos—. Solo vámonos, Kyu Hyun, te lo ruego.

—¿Qué sucede? —se zafó de su agarré y lo miró con el ceño fruncido—. ¿Por qué no quieres ir a ver a tus padres? ¿Estás enojado con ellos por algo?

Negó—. No es así.

—¿Se trata de tu hermano o —apretó sus labios— de mí? —dijo con temor—. ¿Es sobre mí?

Lo último que quería era que su lindo castaño pensara algo como eso—. No, Kyu Hyun, no tiene nada que ver contigo —intentó tomar su mano.

—¡Entonces dime qué es lo que te pasa! —gritó con fuerza y rehuyó su contacto.

Yesung cerró sus ojos, tomó un poco de aire helado y mandó su cabeza hacia atrás.

—Si te digo que tengo una buena explicación para todo esto —dijo en voz baja y grave— ¿podemos olvidarnos de esto?

Kyu Hyun negó—. No lo olvidaremos.

—Kyu...

Apretó sus manos y se armó de valor—. ¿Sabes cuál es la única forma de que olvide que me mentiste? —el pelinegro lo miró con cierta intriga—. Quiero conocer a tus padres.

—Eso no....

—Si no me presentas a tu familia, jamás te perdonaré —okey, estaba yendo muy lejos—. Es más, si no lo haces, puedes dar por terminado lo nuestro —no, ahora si había ido muy lejos.

El cuerpo del pelinegro palideció Sus ojos se tornaron aún más oscuros que de costumbre, eso mientras que su corazón dejó de latir por un momento.

—No estás hablando en serio....

Kyu Hyun se tensó en su lugar—. Lo estoy —se cruzó de brazos—. Será mejor que tomes una decisión ahora mismo , Kim.

¿De verdad estoy hablando en serio? Se preguntó el castaño.

*¨¨* ≈☆≈ *¨¨*

17 de diciembre

—Sabes que no tengo problema en cuidarlos, pero creí que Kang Hoon y tú iban a quedarse en Seúl esta navidad —Henry, luego de que el día anterior le había enviado un mensaje preguntándole si podía cuidar de Kkoming y Taro, este lo recibió en su apartamento el día de hoy, domingo, con una taza de té y una que otra pregunta.

—Es más complicado de lo que parece —dijo el castaño, eso mientras observaba la decoración en el lugar. Henry había adornado ese imponente árbol de navidad de dos metros con un enorme lazo turquesa junto a unas inmensas esferas que hacían juego con este.

Todo alrededor olía lo más parecido a ponche de frutas, canela y naranja; probablemente se debía al par de velas aromáticas en el centro de la pequeña mesa que cristal frente a ambos, esa en donde también se encontraban cuatro reposa vasos. Había uno con la cara de santa, otro con la cara de un lindo pingüino, de un reno y, por último, un árbol de navidad en miniatura. Debajo de dichos adornos había una lindo mantel rojo con diseños navideños en un llamativo color blanco. El castaño alzó la vista y se fijo en el par de puertas de cristal que daban al pequeño balcón, el que desde afuera destacaba por las cientos de lucecitas brillantes en el barandal. Sí, Henry se había esmerado, pero con todo lo sucedido, él ni siquiera había podido poner el maldito árbol.

—¿Te agradó su dongsaeng?

Bebió de su taza—. Me gustaría decir que así fue, pero la verdad es ni siquiera tuve tiempo de hablar con él —acarició el pelaje de Taro, quien, al contrario de Kkoming , quien estaba explorando, el pequeño felino estaba sobre su regazo como acostumbraba en casa—. Se parece mucho a Yesung. Hace tiempo que me enseñó un álbum de fotos de sus padres. Su hermano menor es como su omma, pero Yeye sin duda heredó el encanto masculino de su padre —sonrió—. Creo que podríamos llevarnos bien si nos tratamos más.

—Dices que está casado ¿no es así?

—Lo está, pero por lo que oí ayer, Yesung ni siquiera ha conocido a sus sobrinos —soltó un pequeño suspiro—. Henry, sé que fue mi idea ir a casa de sus padres y que incluso lo amenacé, pero tengo miedo de que todo esto sea por mi culpa.

—¿De qué hablas?

—¿Y si es por mí que se alejó de su familia? —bajó la mirada—. Siempre le insistí para que pasáramos estas fechas con ellos, pero siempre se negaba —apretó sus labios—. No lo sé, puede que haya pensado que no encajaría con ellos, no tengo idea, por más que le he dado vueltas, no puedo entenderlo.

—¿Crees que tenga otro motivo? —inquirió el más bajo.

—¿Cómo cuál? Él jamás me guarda secretos, o bueno, no lo hacía hasta que apareció su hermano —suspiró—. Aun así, si algo anduviese mal, me lo habría dicho, estoy completamente seguro —dijo con demasiada convicción. Luego desvió la mirada hacia el reloj de Henry, ese blanco en el muro—. Ya es hora, tengo que preparar mis maletas —tomó a Taro y lo acomodó gentilmente en el sofá—. Adiós, mis pequeños —llamó a Kkoming y les dio un beso a ambos—. Te dejé todo lo que necesitan para una semana, de cualquier forma, tienes las llaves de mi apartamento —su amigo lo acompañó hasta la puerta—. Y dile a Kibum que lamento las molestias.

Henry sacudió su mano en el aire—. No es ninguna molestia, Kibum probablemente ame más a Taro que a mí —ambos rieron—. Suerte, si tienes problemas, no dudes en contactarme —lo abrazó con fuerza—. Y tranquilo, Kyu, tienen que adorarte tanto como Kang Hoon lo hace.

El castaño asintió, más para darse ánimos que por otra cosa—. Nos vemos en una semana —tomó su abrigo, se calzó los zapatos y salió de allí.

Habían pasado dos días desde ese encuentro con el hermano de Yesung, dos días desde aquella discusión que tuvieron. Al final, y por supuesto, el pelinegro terminó cediendo a regañadientes con esa clara amenaza suya de terminar su relación. Dijo que estaba bien, que lo llevaría a conocer a su familia en Gangneung. También aseguró que le llamaría a su hermano para confirmarle su visita y que este se encargaría de poner al tanto a los señores Kim.

Bien, él fue quien insistió desmedidamente con el tema, pero ya llego el día en que finalmente conocería a la familia de su amado novio, de quien había estado siendo su novio durante casi siete años, los nervios comenzaron a apoderarse de él.

Luego de dejar a sus amadas mascotas con Henry, cuando entró a su apartamento no pudo evitar sentirse un poco abandonado, esto porque estaba acostumbrado a que esos dos pares de ojos brillantes lo recibieran apenas abriera la puerta. Contuvo el sentimiento, se sacó los zapatos junto con su abrigo y se encaminó a su habitación. Yesung no estaba. Las presentaciones del ballet por fin habían terminado. Los japoneses regresarían a su país y él tenía que hacerse cargo de algunos pendientes antes de decirles a todo el teatro que saldría de viaje fuera de Seúl. Lo último que le dijo esta mañana era que regresaría a tiempo para hacer sus maletas. No sonaba nada emocionado. Seguramente la idea de subir al auto y pasar tres horas conduciendo no le era de lo más tentadora, porque sí, estos dos días trato de persuadirlo para que no fueran a Gangneung.

Fue a la habitación, sacó del closet dos maletas y dejó ambas sobre la cama. Acto seguido, fue hasta el closet y tomó sus montones de ropa. Las dos maletas eran del mismo color y del mismo tamaño, eran maletas gemelas que él y Yesung habían comprado, pero a las que les habían hecho grabar la inicial de cada uno en el frente. No tenía idea de si la ropa que llevaba era suficiente o muy poco, después de todo, tenía que darle una buena impresión a los padres de su novio. Lo último que deseaba era que estos pensaran que Yesung estaba saliendo con un vago desempleado. Por suerte, había ido de compras a finales de noviembre, cuando las tiendas no estaban tan abarrotadas y cuando el trabajo en el estudio no era demasiado. Pronto se halló metiendo dentro de la maleta diez de sus mejores camisas, cinco jeans y tres pantalones de vestir con su respectivo saco y corbatas. Empacó ocho suéteres, la suficiente ropa interior, tres pijamas y cuatro pares de zapatos; claro, no iba a dejar sus confiables y cómodas sandalias. Junto a todo eso, también se encargó de equipar la maleta con todos sus objetos de higiene personal.

Esta mañana, luego de que Yesung se fue y antes de dejar a Kkoming y Taro con Henry, salió al centro a comprarle un enorme regalo a los padres de su novio. Compró obsequios para todo el mundo, para el hermano menor y su esposa y para los dos sobrinos del pelinegro. Una vez terminó de empacar sus cosas, observó la enorme maleta sobre la cama y soltó un pequeño suspiro. Apenas daban las tres de la tarde y Yesung llegaría en cualquier momento.

Salió de la habitación a la sala, en donde se encontraban todas sus compras navideñas de este año—. ¿Debería haber comprado algo más grande? —observó la enorme cesta de frutas que llevaba a los padres del pelinegro.

Acto seguido a su pregunta, escuchó el característico sonido de la puerta de la entrada.

—Estoy en casa —dijo un Yesung con voz perezosa.

—Bienvenido, cariño —dijo desde la sala. Yesung lo escuchó desde allá y se acercó lentamente a su lado—. Dime la verdad, ¿debí haber comprado algo más costoso?

Yesung agrandó sus ojos y casi se va de espaldas—. Cho Kyu Hyun, ¿qué demonios es todo esto? —observó la montaña de regalos—. Te dije que con que les lleváramos algo pequeño, sería suficiente. No tenías por qué gastar tu dinero de esa forma.

—Es de tus padres de quienes estás hablando y esta es mi primera vez conociéndolos —giró a verlo con cierto reproche—. Es obvio que quiera darles una buena impresión. Tú incluso le regalaste un collar de plata a mamá y a papá una caja de puros.

—Aun así, esto es demasiado —el humor de Yesung solo empeoraba conforme avanzaban los minutos, cuando más cerca estaban de subirse al auto—. Podemos regresar todo —Kyu Hyun giró a verlo con el ceño fruncido. Cuando Yesung se acercó a los regalos, con claras intenciones de tomarlos en brazos, él se apresuró a sujetarlo con fuerza.

—Basta ya, Kim Kang Hoon —tenía tiempo llamándolo de esa forma. Cuando lo hacía quería decir que algo andaba muy mal, pero no tenía ni la mínima idea de qué podía ser—. Ve a preparar tu maleta y todo lo que necesites para esta semana. Nos iremos en una hora ¿entendido?

Yesung frunció los labios—. Sigo pensando que no es buena idea.

Kyu Hyun refunfuñó—. Y sigues sin darme ninguna buena razón —se cruzó de brazos—. Anda, si la hay, dámela y te prometo que nos quedaremos aquí en Seúl, si no es así, mejor date prisa y sube tu trasero al auto.

Yesung soltó un suspiro y apretó sus manos—. Al menos déjame darte la mitad de lo que gastaste —insistió.

—Para eso gano mi propio dinero —vaya, el ambiente nunca había estado así de tenso y frío entre ambos. Kyu Hyun no se sentía nada bien al respecto, pero la actitud de Yesung no le estaba dando para más—. Cargaré esto en el auto —pasó al lado del pelinegro hacía la pila de regalos.

Sus hombros se rozaron débilmente y Yesung lo observó en silencio. Ofreció su ayuda, pero Kyu Hyun también estaba de mal humor y se apresuró en salir rápidamente del apartamento con todo eso en las manos.

—Mierda.... —sacudió su cabello. Arrojó su maletín a cualquier lado y caminó con pasos pesados hasta su habitación. Lo último que quería era preparar su maleta. Quería quedarse justo aquí como lo había hecho todos estos maravillosos años con su lindo castaño. Y lo que era más importante, quería mantener a Kyu Hyun lo más lejos posible de su familia.

—¿Qué le sucede? Jamás había actuado así de gruñón antes —su ceño estaba fruncido y hablaba entre dientes mientras cargaba su maleta dentro de la cajuela junto a los regalos que había comprado para los Kim, poniendo especial cuidado en el regalo de los padres de Yesung—. ¿Será que de verdad está disgustado con ellos? —él también duró un tiempo sin hablarle a sus padres y sabía lo duro que podía ser—. Si es así ¿por qué no me lo dice? Podríamos solucionarlo juntos.

Bajó la tapa de la cajuela, se dio la vuelta y recargó su espalda contra el frío metal. La situación solo empeoraba y empeorada, y no le gustaba en lo absoluto. No le gustaba esta sensación, como si hubiese algo que Yesung le estuviese ocultando. Pensar de esa manera era problemático por muchos motivos. La idea de que hubiese algo de Yesung que, a pesar de los años que llevaba juntos, este no tuviese la confianza para decírselo, lo ponía mal. Si algo no estaba bien, ambos podían enfrentarlo juntos como siempre ¿verdad?

—Está haciendo frío.... —el cielo estaba aún más nublado y oscuro que otros días.

Las noches de invierno siempre son más largas. Le había tomado cariño a ese sentimiento reconfortante y cálido, pero, por alguna razón, este invierno se sentía diferente al resto, casi como si algo estuviese a punto de suceder.

Negó suavemente. Ahora sí que estoy exagerando. Se dijo a sí mismo mientras caminaba de regreso al edificio. Abrió la puerta del apartamento y dejó sus zapatos en la entrada. Cuando regresó a la habitación, halló a Yesung aún frente a su maleta mientras empacaba algo de ropa y varios de sus artículos personales. Entre ellos, algunos libros y una bolsa de su propio café, mismo que había comprado hace una semana. Una de las cosas buenas de Yesung es que, de alguna u otra forma, siempre olía a café.

Observó su perfil y también lo observó suspirar. Se sentía como si su mirada estuviese perdida sobre el pequeño monte mal ordenado de ropa dentro de su maleta. Yesung observaba aquello como si el panorama fuese lo más interesante que hubiese visto en siglos, como si se tratase de una obra dentro de una de esas exposiciones a las que gustaba de ir de vez en cuando. A él le encantaba verlo de esa forma, tan concentrado e inmerso en algo. Este hombre de aquí era completamente cautivador aunque solo estuviese allí parado, existiendo. Fue desconcertante. Se veía como un prisionero condenado a muerte.

¿Tan malos son sus padres? Se preguntó seriamente.

La realidad es que Yesung no hablaba mucho de ellos. Como ahora, hace cinco años, y gracias a su inapacible insistencia, fue que el pelinegro accedió por fin mostrarle un viejo álbum de fotos de la familia Kim. Empezando por su omma, su carita redonda, sonrojada y esos ojos rasgados tan similares a los de Yesung —como una alargada almendra— se veía absolutamente adorable. Su cabello rizado no tenía nada que ver con el cabello lacio de Yesung, pero toda la familia era pelinegra. Sus mejillas redondas eran tan iguales a las de Yesung cuando este sonreía por cualquier cosa o cuando llenaba su boca con comida.

Luego de su omma, estaba el señor Kim. Con solo verlo, Kyu Hyun estuvo convencido de que Yesung había heredado completamente el atractivo de su padre. Tez aceitunada, ojos penetrantes, mirada seria y un poco intimidante, también la forma de su cara y su porte recto. Durante su juventud, el señor Kim le dio la impresión se haber pertenecido a una pandilla, pero Yesung dijo que no había sido así. En las fotos más actuales su cabello largo y pelinegro se había vuelto blanco mayormente y le quedaba poco en su cabeza. Yesung solía bromear a veces con cosas como, si acaso lo seguiría queriendo si llegaba a quedarse calvo; obviamente lo haría. Por último, el hermano menor. Yesung y él eran bastante parecidos, aun así, se sentía casi como si la señora Kim hubiese puesto la mayor parte de sus rasgos en su hijo menor y los rasgos de su esposo en Yesung .

Había fotos de los hermanos Kim de niños. Yesung bebé y un Jong Jin aún más, eran absolutamente la cosa más tierna que había visto en toda su vida. Había una hermosa foto de su lindo novio cuando era bebé, tenía los labios inclinados hacia abajo, los ojos cristalinos y casi nada de pelo en su cabeza. Estaba llorando, una pose bastante peculiar para una foto, pero es lo que hacen los padres, captan tus más vergonzosos momentos para recordártelo de por vida. Mientras veían las fotos de él y su hermano, Yesung le dijo que amaba a su dongsaeng, que ambos eran los más unidos cuando aún vivía en Gangneung. Al parecer se habían distanciado, pero Yeye nunca le dijo la razón.

Kyu Hyun caminó a la cocina sin decir nada. Tenía en mente preparar un pequeño almuerzo para ambos. Quizá no era necesario, siempre podían parar en algún centro de comida al lado de la carretera, pero en caso de que no fuese así, lo mejor era ir preparados. Vertió el café de su novio en su termo favorito, también preparó una caja de almuerzo para ambos con un poco de arroz, algunos rollos de huevo con tocino y algunas verduras que habían sobrado de ayer. También se encargó de preparar un poco de té para él. Una vez terminó, metió todo dentro de una pequeña hielera.

—Listo —suspiró mientras apoyaba las palmas de sus manos sobre la encimera.

Luego de un rato Yesung salió de la habitación. Se arrastraba pesadamente a la par de maleta de cuatro ruedas sobre el piso de madera. Llevaba la mirada baja, su cabello estaba despeinado y ni siquiera se había cambiado de ropa. Se veía como todo un mártir.

—¿Quieres que te ayude a subirla al auto? —preguntó, pero Yesung ni siquiera respondió, solo caminó con la maleta hasta la puerta. Allí giró a verlo, le dirigió una mirada que decía: Vámonos de una vez—. Bien, vámonos entonces.

Por muy afligido y desesperado que se viese su novio, él no planeaba cambiar de opinión. Después de todo, este aún no podía darle ni una pequeña razón de por qué se negaba a ir. Kyu Hyun cerró el apartamento con llave y colocó la contraseña en la cerradura. Ambos bajaron por el elevador en silencio hasta el estacionamiento. Yesung metió la valija en el maletero y luego se metió en el auto sin decir una palabra. Mientras tanto, Kyu Hyun cargó la pequeña hielera en la parte de atrás del asiento.

Yesung se puso el cinturón de seguridad, tomó el volante con ambas manos y encendió el auto. Ninguno dijo nada, no lo hizo aun cuando difícilmente podían quedarse callados cuando estaban uno al lado del otro. Así es, viajes como estos solían estar llenos de conversaciones sin fin, o bien, silencios que no se sentían fríos e incómodos. ¿Necesitaba otra prueba que respaldara el mal humor de Yesung? Vamos, este ni siquiera se molestó en encender la radio y tampoco giró a verlo coquetamente con una sonrisa como lo hacia siempre. La vista del pelinegro se quedó fija en la carretera. Su mirada no hizo otra cosa que vagar hacia el retrovisor y a los espejos laterales; por un momento, Kyu Hyun creyó que su novio estaba buscando la forma de dar vuelta en U en cualquier momento.

Él se mantuvo al margen. No quería ponerse a discutir nuevamente; lo que venían haciendo desde lo de su hermano. No le gustaba este silencio, pero quedarse callados era la única forma de asegurar que ambos llegarían en una sola pieza a Gangneung.

Aun así—. ¿Tienes hambre? —preguntó luego de una hora de viaje en completo silencio, uno que era mayormente llenado por el sonido de su voz—. ¿Quieres un poco de café?

—No, gracias —dijo con la vista en la carretera y sin ninguna señal de sonrisa alguna en sus delgados y lindos labios.

—Como quieras —respondió en un intento por hacerle ver que poco le importaba lo enojado que pudiese estar. Entonces tomó su propia caja de almuerzo y comenzó a comer.

El humor de Yesung empeoraba conforme los letreros al lado de la carretera, los que marcaban los kilómetros y señalaban las ciudades que dejaban atrás, les mostraron números con dos dígitos en lugar de tres. Los dedos del pelinegro, los mismos que se habían quedado anclados a la misma distancia sobre el volante, se movieron inquietamente. El dedo índice de Yesung iba de arriba abajo, creando un pequeño tic tac algo ensordecedor.

Luego de una hora y media en carretera, Kyu Hyun se sintió un poco somnoliento. Conforme se alejaban de Seúl a la costa, las fuertes nevadas comenzaron a disiparse rápidamente. Si bien, en Gangneung el clima no variaba mucho de Seúl a pesar de estar cerca del océano, estaba unos grados más arriba que la gran ciudad. Con sus dedos, el castaño, hizo figuras ilegibles en el vidrio empañado. Sus ojos fueron sintiéndose más y más pesados, hasta que finalmente se quedó dormido; el movimiento del auto siempre lo arrullaba en viajes así de largos como este, era así desde que era un niño.

No tuvo idea de cuánto tiempo transcurrió. Cuando abrió sus ojos, el cielo ya era una mezcla desteñida de amarillos, naranjas y violetas cargados de un azul intenso que poco a poco se apoderaba de la parte más alta en esa gama de degradados. Apretó sus ojos se acomodó mejor sobresobre el asiento. Le dolía un poco el cuello; había sido su culpa por dormirse en una posición nada adecuada y sin una almohada. Llevó la mano a su vientre y de su bolsillo sacó su celular. Casi daban las siete treinta. Según el GPS, quedaba media hora para llegar a Gangneung y de allí sería otro corto tramo a la casa de Yesung.

Estiró sus brazos y piernas. Una vez más espabilado, giró a ver a Yesung. La espalda de este seguía recta sobre el asiento, sus ojos permanecían bien fijos en la carretera como lo estuvieron todo el tiempo desde el momento que salieron de Seúl. Sus manos seguían dentro de ese juego inquietante sobre el volante y mordía sus labios con un sentimiento de impaciencia más sofocante que la temperatura de la calefacción en el auto.

—¿Está todo bien? —se atrevió a preguntar. Yesung no respondió—. ¿De verdad vas a actuar así? ¿Qué te molesta tanto de que pasemos la navidad con tus padres?

Se tomó su tiempo en responder—. No hagas esto, Kyu Hyun —dijo en un tono lastimero.

—No me vengas con eso —negó, luego cerró sus ojos con fuerza, cuando volvió a abrirlos tomó un poco de aire—. Dímelo ahora mismo. ¿Cuál es la razón de que estés comportándote de esta manera?

—No puedo.

—¿Eh?

—Maldición.... —lo último que hubiese esperado era que Yesung detuviera el auto abruptamente al lado de la carretera, justo frente del letrero que indicaba que Gangneung estaba a solos diez kilómetros más adelante.

Kyu Hyun se aferró al cinturón de seguridad incluso después de que el auto se hubiese detenido.

—¿Qué demonios....

Lo interrumpió—. Escúchame —comenzó a decir el pelinegro—. Por favor, tienes que escucharme, pero más importante, tienes que prometerme, por favor prométeme —hizo una pausa, al mismo tiempo, su cabeza se dejó caer pesadamente sobre el volante— que tratarás de entenderme.

Kyu Hyun acercó una mano al hombro de Yesung—. ¿Qué sucede, Yeye? —su novio se veía demasiado mal.

Yesung tomó un poco más de aire una, dos, tres veces y Kyu Hyun ya estaba demasiado preocupado.

—¿Estás bien? ¿Qué es lo que....

—Mis padres —apretó el volante con fuerza. Su voz sonaba estrangulada, casi como si alguien estuviese tirando con fuerza de sus cuerda vocales— mis padres no saben de ti.

—¿Eh? No entiendo, ¿no les dijiste que me traerías? —preguntó con confusión—. Eso no es problema, será una pequeña sorpresa, pero estaremos bien —le sonrió y esa sonrisa le dolió como nunca al pelinegro.

Yesung alzó lentamente su cabeza, pero no lo vio a los ojos.

—No, Kyu Hyun —su respiración se alteró—. Mis padres no tienen idea de que tengo novio, de que lo he tenido por siete años —apretó sus labios con impotencia—. Ellos ni siquiera saben —de nuevo hizo una infernal y demasiado eterna pausa. En este punto, Kyu Hyun pensó que estaba soñando. Hubiese querido que fuera de esa forma— que soy gay.

*¨¨* ≈☆≈ *¨¨*

Kyu Hyun salió del auto y azotó la puerta de este con fuerza. No tenía idea de nada, ni siquiera estaba pensando, incluso se le había olvidado que estaba en medio de una carretera a cientos de kilómetros de casa, pero lo único que quería era regresar a Seúl. Yesung, asustado y en pánico, se apresuró a salir del auto. Rodeó este rápidamente para detener al castaño. Lo hizo, pero cuando intentó tocarlo, por primera vez desde que su relación inicio, Kyu Hyun le rehuyó a su toque, no solo eso, Yesung vio sus ojos y sintió como si el castaño de pronto sintiera repulsión por él.

—No te atrevas —alzó ambas manos frente a Yesung para advertirle que se alejara—. ¿Esa es la maldita razón de que jamás hayas querido presentármelos? ¿En siete malditos años no pudiste hablarles sobre mí? —no, no se trataba solo de eso. Con una mierda, no era solo eso—. ¿Ahora me dices que ni siquiera saben que eres homosexual?¡¿Qué demonios está mal contigo?!

—Por favor, Kyu Hyun. Dijiste que tratarías de entender...

A la mierda todo—. ¡Vete al carajo, Kim! —soltó con rabia—. ¿¡Cómo puedo entender que mi novio, con quien llevo saliendo siete malditos años, me estuvo escondiendo de su familia porque se avergüenza de mí y de su orientación sexual?

Yesung negó—. No digas eso....

—¡¿Qué quieres que te diga?! Joder. ¿Qué debería entender? —gritó con fuerza. Sintió como si su corazón estuviese a punto de estallar. Yesung la persona a quien se lo había entregado por completo, acababa de destrozarlo en una simple oración—. ¿Cómo pudiste engañarme de esa forma? ¡Me engañaste todo este jodido tiempo, imbécil!

Volvió a negar con desesperación—. Jamás te engañé —aseguró—. Kyu Hyun, por favor, sabes cuánto te amo, sabes que te amo más que a nada....

—Cierra la boca, no quiero oír más de eso —tensó su cuerpo—. Solo eres un maldito mentiroso —comenzó a llorar, no pudo evitarlo, y a Yesung se le despedazó el alma—. Creí que de verdad.... que tú de verdad me amabas.... —Yesung intentó tocarlo, pero se ganó una bofetada—. Me largo de aquí —caminó hacia el lado contrario—. Esto se terminó.

—¿Qué quieres decir? —corrió para alcanzarlo y por fin lo sostuvo del brazo.

No me toques—.Exactamente lo que piensas —volvió a zafarse, lo hizo en un violento movimiento que reflejaba toda su frustración y dolor—. Lo nuestro, todo lo que construimos estos siete años en base a mentiras, se terminó, Kim. Ya no tienes que cargar con el peso de mentirle a tu familia —limpió las lágrimas que caían por sus mejillas—. Ya no tienes que cargar conmigo.

Los ojos de Yesung también se humedecieron—. Por favor, por favor Kyunnie —lo abrazó por detrás por mucho que este se resistió e intentó golpearlo—. Voy a contárselos todo —dijo muy cerca del oído del castaño—. Les diré la verdad, pero por favor —también dejó que unas cuantas lágrimas salieran— no vuelvas a decir algo tan horrible como eso, nunca.

Intentó aventarlo—. No te creo....

—Lo haré, te lo juro, bebé —se aferró a él con fuerza, con el miedo inminente de que Kyu Hyun realmente fuese a desaparecer—. Se los diré todo.

—Yesung....

—Te amo —hizo que Kyu Hyun girara entre sus brazos—. Jamás me burlé de ti, ni de tus sentimientos, de la clase de persona maravillosa que eres. Tú, mejor que nadie, sabes que te amo como a nadie en este mundo, Cho Kyu Hyun —acarició su rostro lloroso—. No me avergüenzo de lo que siento, de lo mucho que te adoro. Y sé que fui un maldito cobarde al pretender esconderme de mis padres. Lo sé, soy un maldito miserable, pero también sé que no soportaría perderte. No puedo perderte.

—Eso no...

—Dame solo esta oportunidad, solo esta, por favor, te lo ruego —lo miró directo a los ojos—. Te compensaré, lo prometo y jamás, nunca en mi vida, volveré a hacerte llorar de esta forma, Kyu Hyun —acarició suavemente sus mejillas, las que estaban llenas de surcos de lágrimas—. No puedo renunciar a ti, Kyunnie —sonrió levemente, también con lágrimas en sus ojos—. Y si me amas tanto como creo que lo haces, sé que tampoco quieres que lo nuestro termine.

Por más herido que estuviese, por más sangrante y agonizante que se sintiera en ese momento, Yesung tenía la razón, tenía toda la jodida razón. Estaba enojado, estaba herido y totalmente desesperado. La persona en quien más confiaba, a quien le había entregado completamente todo lo que era, alguien que no era solo su novio, sino su mejor amigo, su confidente, su paño de lágrimas y su lugar seguro, le había mentido. No podía sentirse más destrozado y lastimado. Quería desaparecer junto con todas esas promesas que habían hecho juntos, entre ellas, jamás mentirse. Yesung sabía la historia con sus padres, sabía sobre el odio que le tenía a las personas que juzgaban su orientación sexual. Y lo más importante, Yesung sabía cuánto confiaba en él, ciegamente, y decidió mentirle de esta forma.

Los señores Kim no sabían de su existencia. No solo eso, para empeorar las cosas, ellos ni siquiera sabían que su hijo era homosexual.

¿Cómo podía perdonarle algo como eso? En un intento por salva guardar su orgullo, lo mejor sería que diese la vuelta, tomara sus maletas y regresara a Seúl. Sí, es lo único que quería, regresar a casa con sus padres, con su hermana, quería llorar horas y horas con ella mientras se aferraba a una almohada. Sonaba tan irreal que este viaje hubiese significado algo más que el siguiente paso en su relación, algo como el posible fin de esta. Ahora mismo sentía que jamás podría volver a confiar en Yesung, pero ¿terminar con él? ¿Sería lo más lógico, no es así? Es decir ¿Yesung no esperaba que lo recibiría con los brazos abiertos, verdad?

¿Dejarlo? ¿Dejar a esta persona? ¿Cómo iba a dejarlo cuando, a pesar de lo que le hizo, su corazón le dolía más ante la idea de perderlo que ante la idea del engaño? ¿Era demasiado idiota o Yesung realmente se merecía otra oportunidad?

Kyu Hyun dejó que Yesung se aferrara a él, pero se resistió a la idea de corresponderle. El pelinegro no dejaba de suplicar, entre leves jadeos entrecortados, que lo perdonara y que, sin importar nada, él iba a solucionar todo. ¿Cuántas veces los hombres hacían ese tipo de promesas? ¿Y cuántas veces las cosas salían mal cuando las hacían? Pero se trataba de Yesung, así que, por esta ocasión, por esta única vez, quiso creer que él era diferente.

Quería creer que esto definitivamente podía arreglarse. Iba a creerlo porque su corazón no soportaba la idea de alejarse de Yesung. Era un idiota, pero amaba demasiado a este bastardo.

Kyu Hyun finalmente golpeó el pecho del pelinegro repetidas veces hasta que este se alejó. Limpió las lágrimas que seguían cayendo en sus mejillas y esquivó la mirada de su, todavía, novio.

—Escúchame bien, Kim Kang Hoon —dijo en un pésimo intento de voz grave, pero esta fue aplastada y sometida por el nudo en su garganta—. No voy a perdonarte —Yesung sintió como todo el peso del mundo, de sus propios actos, le caían encima y acababan con su vida—. No lo haré, así que olvídate de eso.

—Kyu Hyun, yo....

No lo dejó seguir—. Eres un jodido imbécil mentiroso y sé que no te mereces esta oportunidad —las palabras de su castaño, la persona que era todo su mundo, dolían de una forma inimaginable—. Aun así.

—¿Aun así?

—Aun así, voy a dártela —apretó sus labios—. Más te vale que arregles toda esta mierda. Tienes que decirles a tus padres la verdad, la verdad sobre tu orientación sexual, sobre tu vida en Seúl y sobre mí ¿Entendiste? —Yesung asintió como un perrito obediente a quien Kyu Hyun le tenía bien corta la correa—. Te juro que si estás mintiendo de nuevo, tomaré mis cosas y me olvidaré de que existes...

—¡Jamás! ¡Te lo juro! —tomó sus manos pálidas y frías.

Kyu Hyun se deshizo del agarre de forma violenta—. Y ni pienses que esto amortigua de alguna manera lo enojado que estoy contigo —le apuntó con su dedo índice mientras fruncía el ceño. Sus ojos estaban hinchados y sus mejillas aún estaban húmedas. Su semblante no era muy convincente. Más que enojado, se veía profundamente herido y Yesung se sintió tan miserable por hacer llorar a su castañito—. Vamos —caminó de regreso a la puerta de copiloto—. Está oscureciendo.

Yesung no hizo otra cosa más que observar cómo la figura de Kyu Hyun se alejaba hasta el auto.

Lo sabía, sabía mejor que nadie que lo había arruinado en grande. Él, quien le prometió a Kyu Hyun, no una, sino cientos de veces, que jamás iba a hacerle daño, terminó haciéndolo de la peor manera. Tenía que remediar las cosas. Su novio tenía razón, no se merecía una oportunidad. Kyu Hyun era una persona maravillosa, valiente y leal a sus creencias. Él era solo un maldito cobarde que siempre huyó de la realidad. No merecía otra oportunidad, pero la necesitaba y le agradecía inmensamente a su bello castaño por dársela. Después de todo, el amor que se tenían era demasiado fuerte. Yesung lo había defraudado, pero planeaba arreglar las cosas. Antes que todo en este mundo, incluso que el incondicional amor que le tenía a su familia, estaba el inmenso e irrevocable amor que le tenía a Cho Kyu Hyun.

Yesung observó hacia arriba. El cielo, teñido en su totalidad de un intenso azul ultramar, lo hizo sentir aún peor de lo que ya lo hacía. Gangneung estaba a solo diez kilómetros más. Ya habían dejado a Seúl atrás. En la costa las estrellas se veían con más claridad, un panorama que debía transmitirle calma, pero que, todo lo contrario, lo hizo sentir sofocado, como si estuviese regresando a aquella jaula con aroma a agua salada de la que había salido huyendo hace más de nueve años. Lo último que hubiese querido era que las cosas se dieran de esta manera. No planeaba mentirle a Kyu Hyun, tampoco quería herirlo. Si todo se hubiese dado en otras circunstancias, sin la intromisión de su dongsaeng o de sus padres, habría obtenido el valor para decirles que era gay, que tenía un maravilloso novio a quien adoraba más que a otra cosa en el mundo y que poco le importaba si a ellos les parecía o no. Por desgracia, las cosas se habían dado así, había lastimado a Kyu Hyun y se sentía como una mierda.

—Voy arreglarlo todo —dijo para sí mismo. Tras esto, caminó de regresó al auto donde Kyu Hyun estaba sobre el asiento abrazado a sus rodillas. Su cabeza se encontraba recargada contra la ventanilla, negado a verlo a la cara.

Kyu Hyun no quería hablar con él, no quería que sus lamentables lágrimas se desbordaran nuevamente o que su tonto corazón lo traicionara. La única persona que podía calmarlo era la misma que lo había puesto así. Estaba herido, pero ya había tomado una decisión, la de darle una última oportunidad a Yesung. Eso estaba decidido, pero por ahora quería mantenerse al margen de él, al menos, hasta que llegaran a la casa de los Kim, entonces tendría que dar su mejor esfuerzo por fingir.

No quería dirigirle la palabra, aun así, tenía algunas preguntas—. Tu hermano ya lo sabe —dijo, sus labios se movieron suavemente y su aliento chocó contra el vidrio—. ¿Qué harás con eso?

—Él no les dirá nada —dijo con una certeza que a Kyu Hyun lo puso nervioso.

—¿Cómo es que me presentarás cuando lleguemos? Seguramente ya tenías todo pensado ¿no es así? —le acusó con reproche y tintes de enojo en su voz.

Yesung encendió el auto y se puso en marcha—. Jong Jin les dijo que estaba viviendo con un ex compañero de la universidad —por primera vez en todo el viaje, Yesung despegó la vista del pavimento iluminado por los faros del auto y vio a Kyu Hyun, pero este seguía con el cuerpo girado en dirección a la ventanilla, renuente a verlo—. Se los diré antes de navidad, lo prometo.

¿Ahora eso es lo que soy, un compañero de universidad? Sus labios temblaron nuevamente.

—Bien —dijo en un tono seco.

Yesung sintió una fuerte opresión en sus costillas y en los músculos de su pecho. Maldición. No podía sentirse peor.

A partir de allí el silencio fue algo inevitable. Todo el camino hasta Kyu Hyun había estado insistiéndole en que tomara café o en si tenía hambre, pero este no volvió a decir una sola palabra y tuvo que arreglárselas por su cuenta. Yesung vio el letrero de “Bienvenidos a Gangneung”. Hace tiempo que no venía de visita. Antes de conocer a Kyu Hyun sus padres lo obligaban a visitarlos cada verano y vacaciones de invierno. Siempre le tenían la misma pregunta, la pregunta que tiene todo padre conservador cuando ve que su hijo está pasando los veintes: ¿Estás saliendo con alguien? La respuesta siempre era la misma: No. Luego de cumplir los veintiuno, casi como una señal del universo, conoció a Kyu Hyun, pero no comenzaron a salir sino algunos meses después.

Yesung había experimentado algunos romances pasajeros durante su estadía en la universidad de arte, pero nada serio. Puede que muy en el fondo estuviese convencido de que aún había una pequeña esperanza para él, la de encontrar a una mujer que le entusiasmara más que cualquier chico con los que hubiese salido. Había salido con chicas en el pasado cuando aún vivía en Gangneung, pero tampoco funcionó. Salió con muchos chicos lindos que tenían lo suyo, pero ninguno que le despertara el deseo de formalizar, ninguno que lo hiciera plantearse la posibilidad de desenmascararse con sus padres.

Entonces conoció a Cho Kyu Hyun. Desde ese momento hubo, había y siempre habría una única cosa cierta en este mundo, y es que arriesgaría todo lo que tenía con tal de no perderlo. Kyu Hyun era lo único que le daba sentido a su vida. Desde que lo conoció, el chico se había vuelto su motor, su aliento y su razón de ser, casi como si su vida por fin hubiese encontrado el sendero correcto, el camino que lo haría feliz, tan feliz como jamás lo había sido. Kyu Hyun era ese algo que todos viven y mueren buscando y él lo había encontrado. No iba a permitir que su propia estupidez y sus malditas mentiras lo alejaran del amor de su vida.

Fue un trayecto de unos treinta minutos más hasta la casa de sus padres, la que estaba a orillas del pueblo, en una de las tantas colinas junto al viejo puerto y mercado de pescadores. Aún en la carretera, entre calles estrechas e inclinadas, Kyu Hyun observó el horizonte. Era la hora en que el océano y el cielo permanecían fundidos en uno solo, no podía distinguir en dónde terminaba uno y comenzaba el otro.

—Llegamos —anunció cuando el auto se detuvo—. Kyunnie....

—No digas nada —se quitó el cinturón—. Estoy cansado, quiero dormir —bajó y se dirigió a la cajuela.

No quiero que hables. Comenzaré a llorar de nuevo y no podré parar, idiota. Pensó mientras apretaba sus ojos para evitar que las lágrimas salieran.

Yesung, devastado por el sentimiento frío de abandono, por una actitud que Kyu Hyun jamás había tenido con él, se apresuró a alcanzarlo y lo sostuvo de ambos brazos—. Por favor, sé que no tengo derecho a pedirte nada, pero no te comportes así —buscó su dulce mirada, pero no la encontró—. Jamás quise que pasáramos estas fechas de esta forma. Por favor, cariño. Si hubiese podido evitarlo....

—¿Y cómo quieres que me comporte? —lo vio a los ojos—. No estás en condiciones de exigir nada, Kim —resopló—. ¿Evitarlo? ¿Hasta cuándo ibas a seguir con tus mentiras? —intentó soltarse—. Ni siquiera sé si debería confiar en cualquier cosa que sale de tus labios....

—Te amo, Kyu Hyun —acarició su rostro. El sentimiento de añoranza y desesperación se fundieron en uno solo, como el océano y el cielo nocturno—. Lo sabes, sabes que es verdad —acercó el rostro al del castaño—. Por favor, hagamos el intento y pasemos estos días juntos ¿si? Es lo que más deseo, estar contigo a cada momento. Es la única razón por la que acepté venir aquí, para pasar buenos momentos a tu lado, pero no puedo sentirse así de indiferente —se aceró a sus labios. Ese aroma y esa calidez tan familiar rozaron la piel de Kyu Hyun. Se volvió débil, tan débil—. Mi Kyunnie.

—Yeye.... —el aliento dulce de Yesung quemaba. El dolor jamás fue tan tentador.

—¡Por fin llegaron!

Chapters
1. White Love Pt I.
Let KyuBaby88 know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Silver's Second Chance

Beth Willyoung: This is definitely a great site all the rest make you read and pay this one is the most legitimate site.

Read Now
Crowned in Blood: Fated to the enemy

Happiness Aghogho: I love this.... so thrilling. Looking forward to the end

Read Now
Light at the End of the Track

Sarah: Not a totally original plot but well handled. I think Lucas would have been much more persistent possibly demanding legal access to his son.

Read Now
My Blacksmith Savior

ROB: This was honestly one of the best simple stories I have ever read.There was no repetitiveness, no over the top drama, lots of love and no miscommunication between the leads.Thank you so much for this gem.God bless you! 💜

Read Now
[Moving to Galatea] What We Never Healed

zpnkhz4h9k: Omg I can’t believe I cried 😭 I love it and I don’t want it to end

Read Now
Exile in Flames

karenfancp: I think Isla forgave him a little too soon, but it is probably what was needed for the story line. I do like how the story is unfolding, and the suspense that is building in whom is responsible for the attacks.

Read Now
Bear Roberts

Gianna: I really enjoyed reading this! It was super funny and all of the characters felt real, none of them were robotic or anything disappointing. I enjoyed how everyone felt like they all had their own personalities and lives! The storyline was also very good, it caught me off guard during some parts as w...

Read Now
The Contract Wife

Linda: Plot is good but a little repetitive. Recommend for readers who like an easy ready, simple storyline.

Read Now
Mystic Wolf

Robin: Loved the book. I couldn't put it down. I read it way faster than most books!

Read Now