Pʀᴏ́ʟᴏɢᴏ | La Cuna de la Creación
El Valle del Equilibrio no conocía la guerra.
Aislada entre montañas que acariciaban las nubes, la aldea del Clan Ying Yang era un paraíso de paz. El aire olía a incienso y a tierra mojada, y el sonido del río que dividía el asentamiento era una melodía constante de serenidad.
El Gran Maestro del clan mantenía todo en orden y armonía. Las personas que avitaban esa aldea nunca vieron a su gente pelear ni luchar. Entre ellos se apoyaban y se ayudaban, pero no era un clan cualquiera, el clan Ying Yang tenía un poder increíble que era dar o crear vida. Habían niños creando la vida de animales hechos de tierra, los ancianos en ese clan tenían hasta más de 200 años gracias a ese poder. Ellos no lo usaban ese poder para el mal.
El Gran Maestro fui directamente hacía su finca donde descansaba su esposa embarazada de ocho meses. Su esposa era una mujer hermosa y elegante. Con los rasgos más finos y preciosos que pudo haber tenido una mujer. Esa misma noche mientras la aldea estaba llena de vida y música, personas bailando y riendo, en medio de todo eso, un llanto de vida vino desde la finca del Gran Maestro del clan. Todos fueron a acercarse, preocupados y con dudas de lo que sucedía.
Su esposa, con la respiración entrecortada y una sonrisa de agotamiento puro, la sostuvo en sus brazos. El Gran Maestro se acercó, su rostro severo suavizado por una emoción inusual. Cuando extendió su dedo para acariciar la mejilla de su hija, una mariposa nocturna, de alas oscuras como el ébano, se posó suavemente en la frente de la bebé.
El Gran Maestro sonrió. Pero entonces, la criatura abrió sus alas. No eran negras. De ellas brotaron destellos dorados, una energía cálida y vibrante que iluminó la habitación por un segundo. La mariposa, como si hubiera sido bendecida por una divinidad, alzó el vuelo, dejando un rastro de polvo de oro detrás de ella antes de perderse en la noche.
— Eso es... polvo dorado — Sus ojos seguían a la mariposa hasta que se desapareció en la oscuridad. — ¿Acaso mi hija ya sabe usar su poder desde que nace? — Acarició a la pequeña recién nacida mientras su esposa miraba con una sonrisa cansada.
— ¿Cómo la llamaremos querido? — Preguntó su esposa mientras sus ojos no dejaban de ver como su marido acariciaba a la pequeña con cuidado.
— Elizabeth... me gusta mucho Elizabeth — Su argumento fue directa y decidida sin dejar pasar dudas a su decisión.
— Me gusta como suena. Ahora serás la pequeña Elizabeth — Su voz llena de dulzura y cuidado mientras las enfermeras se llevaban a la bebé para bañarla y vestirla.
El Gran Maestro se asomó por el balcón y vio a toda su gente al rededor de su finca preocupados y entre toda la multitud se escuchaban murmullos antes de que se silencieran al ver al Gran Maestro.
— ¡Mi gente! ¡Tengo el honor de dárselo a conocer a ustedes! ¡El día de hoy acaba de nacer mi hija! —
La multitud gritaba y saltaba de felicidad al escuchar la noticia. La gente ponía música y bailaba. Otros fueron a regalarle cosas a la bebé y a la esposa del Gran Maestro. La pequeña fue presentada al padre de la una iglesia.
La multitud celebraba y felicitaban al Gran Maestro y a su esposa por haber tenido su primera hija y su descendiente.








