Imperium
2100. No sé cómo el tiempo sigue existiendo. Se ha vuelto un juguete para la humanidad. Lo reforman, desorganizan, cambian y deforman a su gusto, tan fácil como personalizar tu habitación, cambiar la organización de un álbum de fotos o elegir por qué lugar caminar.
Teniendo la posibilidad de volver al pasado y remendar tus errores ¿No lo harías también? ¿No amarías el hecho de viajar al año más feliz de tu vida? Incluso ver qué pasará en unos años es una idea tentadora. Y todo eso es posible.
Gracias a unos artefactos llamados “Imperium” todos tenemos la posibilidad de experimentar con el tiempo. Los prácticos artefactos pueden llevarse en forma de anillo, collar, pulsera o incluso puede incrustarse bajo la piel. Este abrumador avance llevó años y produjo la decadencia de todos los otros avances tecnológicos de la sociedad, generando locura y ambición. Lo cierto es que, actualmente, lo extraño es no utilizar el tiempo en beneficio propio e incluso más impactante ver a alguien sin un Imperium.
Por lo tanto, yo era un ser peculiar. Preguntas repetitivas llegaban a mí por el único motivo de no haber reformado nada en mi vida con el uso del tiempo. Realmente me parecía innecesario, me causaba rechazo abusar de lo más importante que tenemos, porque ¿Qué sería de nosotros sin tiempo? Nunca había usado el pequeño artefacto. De vez en cuando lo sacaba para observarlo, imaginar que pasaría si lo usara y finalmente guardarlo.
Cada día me horrorizaba de la inconsciencia de las personas respecto a sus actos con el tiempo y me hacía incontables preguntas acerca del oculto funcionamiento y procedencia de los Imperium o de qué podían ocasionar en quienes los usaban, ¿Qué tanto podría trastornarte ver el futuro y revivir el pasado?
Desde que todos empezaron a viajar la vida cambió. El tiempo parecía una masa amorfa en constante transformación. Cosas inimaginables hace unas décadas ahora eran visibles por las calles: Gente que se iba desvaneciendo por ir al futuro o al pasado, personas desintegrándose en un instante porque alguien había evitado su nacimiento o gente tirada en el piso llorando y gritando por lo que pasaría en unos años. Pero a pesar de todo, parecíamos pocos los que reparábamos en esa catástrofe.
Miré con recelo los viajes temporales hasta ese día de agosto, ese día en el que mi padre murió.
Fue el peor día de mi vida, nada explicaba la sensación que tenía en todo el cuerpo y la mente, el sufrimiento. Todo había sucedido casi sin que me percatara, como si nada fuera real. Caminé por toda mi casa pensando en él, imaginando que seguía frente a mí y que aún podía escuchar su voz, hablar con él; hasta que la idea voraz de que sí podía tenerlo nuevamente se cruzó. Me dirigí a mi habitación automáticamente chocando con lo que sea que se me cruzaba. Había tomado una decisión. Podía cambiarlo todo. En un instante. ¿Qué podría pasar? Todo el mundo lo hacía. Abrí el cajón de mi mesa de luz y saqué raudamente el Imperium tomándolo entre mis manos para observarlo, pero sin guardarlo nuevamente como antes. Respiré profundo masticando la idea nuevamente, recordando mis dudas e inseguridades, pero con la nítida imagen de mi padre presente. Recordé cómo se utilizaba, me lo puse y por primera vez lo activé.
De todas las cosas que había imaginado nunca se me había ocurrido que la experiencia pudiera ser tal. En el instante en el que lo activé supe de dónde sacaban su poder los artefactos porque pude sentir como lo arrancaba de mí, desgarraba mi alma sólo para tomar un pedazo de ella y utilizar su energía, como una mano hundiéndose en mi pecho y otra atravesando mi mente. Un vacío se me formaba y no sabía ni donde estaba, el aire escapaba de mí al igual que mi alma para sólo ser utilizada con un fin. El nudo de mi garganta ahora se extendía por todo mi cuerpo y percibía heladas lágrimas caer pesadas por mi rostro. Volvería con mi padre, pero, ¿cómo disfrutabas de una persona sin tener alma, sin sentir? Porque, claramente, viajar en el tiempo era un sacrificio.








