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Historia sin título

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Summary

Algunos desean la muerte, pero ella es cruel. No la otorga a quienes lo piden y juega con quienes luchan contra ella. Roswell solo quería ser feliz y para hacerlo debía cumplir una lista con los mayores retos para su vida, comer bien, tomar agua y exponerse al mundo que tanto teme. Y, fue ese día cuando todo cambió. Un cometa sobrevoló la tierra y brindo de poderes extraordinarios los habitante de la tierra. Los héroes nacieron, también los villanos, convirtiéndose en el nuevo mercado listo para ser explotado por las corporaciones. En un mundo donde los milagros se convierten en entretenimiento, los héroes en celebridades y los criminales también tienen poderes, Roswell tendrá que descubrir qué significa realmente ser un héroe. Aunque para hacerlo primero tendrá que sobrevivir a su propia vida. Porque tener poderes es fácil. Lo difícil es decidir qué hacer con ellos.

Status
7h ago
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Demuestralo

Quien piense que el dinero no compra la felicidad, que me regale el suyo.

El dinero siempre ha formado parte de una fuente de poder con el que dominar a otros. Gracias a él puedes conseguir patrimonio, privilegios y lujos. Es una forma elegante de decir que, mientras otros caminan por la escalera del éxito, alguien con dinero paga para ser cargado hasta la cima.

Hay muchas cosas que el dinero puede comprar; la salud es una de ellas o al menos los salvavidas cuando la negligencia del propio cuerpo llega a su límite.

El entretenimiento y el ocio se encuentran ante el enfrentamiento y juicio público cuando dos particulares de diferentes estratos sociales comparten dichos comportamientos.

Si alguien pobre busca un empleo que requiera poco esfuerzo y desgaste físico, no se esfuerza lo suficiente, pero si un rico contrata al pobre anterior para hacer su trabajo, es un emprendedor… Al final, lo que ambos buscan es ocio, pero solo uno es recompensado.

Es irónico que las cosas más hermosas de la vida hayan sido creadas en momentos donde el ser no es productivo… cuando es… inútil a la productividad.

Pan y circo para el pueblo, pan y circo gratis para satisfacer la inconsciencia social; lo repiten tanto que ya ha perdido su significado. Cortinas de humo para evitar que la sociedad despierte, que vea los problemas que los rodean.

Es en uno de estos eventos de “pan y circo” donde la comunidad de Estigma se reúne. Los animales se reúnen; consiguieron formar comunidades avanzadas, ciudades, países, riqueza y religiones. Como todo ser complejo, necesitaban algo en que creer y por eso crearon dioses: algunos esculpidos en mármol, otros en cerámica, barro o tela… y algunos más ejidos en redes sociales con críticas sociales y opiniones populistas que no hacen más que polarizar al pueblo.

Al centro de la ciudad, cerca de la catedral más grande de Estigma, hay una explanada que ha sido decorada y cubierta por puestos a la redonda. Ahí se llevaría a cabo un espectáculo para el entretenimiento del preocupado pueblo… Las noticias sobre el desempleo, los impuestos al alza y el precio de su moneda no han sido muy favorables…

Tienen miedo del futuro, no el suyo, sino el de sus hijos. Los jóvenes protestan, pero de poco sirve si la sociedad los mira con rechazo.

Hoy parece ser un día soleado; el grupo musical está ajustando su equipo y haciendo las pruebas preliminares para dar comienzo a su concierto patrocinado por el propio dinero de impuestos.

Un grupo de animales protesta pacíficamente a la entrada de la explanada; sostienen pancartas y carteles que llaman a esta una cortina de humo para que se ignore la injusticia social que vive el país de Dantalion y su ciudad. La gente lo sabe, lo reconoce… pero decide aferrarse a esa tarde de alegría, antes que encerrarse en el estrés de sus pensamientos.

Un chico observa la manifestación, toma una fotografía, la comparte en sus redes, pero no hace nada más…

Ese día tiene una cita y no quiere hacer esperar a su pareja; ella está sentada en una banca debajo de un árbol, está haciendo tarea desde su computadora, mientras él consigue unas flores: rojas, marchitas, tal y como le gustan.

Fue el movimiento de las flores que liberasen polen, cayéndole muy mal a un pequeño niño, teniendo que ir al puesto de Protección Civil acompañado de sus padres, aumentando el trabajo al pobre médico y paramédicos que se tienen que atender a animales insolados.

—Disculpa, amigo, ¿qué compañía de teléfono utilizas? —preguntó un vendedor de chips para celular, un murciélago de pelaje oscuro, pero que al contacto con el sol pareciera tener un matiz morado.

Es muy difícil conseguir la atención para un empleado como él; la gente suele responder sin interés o sin siquiera dirigirte la mirada, pero no fue esta la ocasión.

Para su buena… o mala suerte.

Roswell fue su cliente, una cabra de pelaje negro, cuernos largos y puntiagudos, la corona del demonio ante muchas creencias y quien no pasa por su mejor momento.

—Yo… usaba, uso Telzoo —respondió Roswell, guardando sus manos dentro de su sudadera con el logo de Legend of Zelda.

—¿Sabías que con P&T puedes conseguir megas ilimitados para redes sociales y de comunicación con nuestro plan especial a tan solo cien pesos al mes? Pero por ser tú, el día de hoy puedo darte ese mismo plan con tu mismo número y a cincuenta pesos durante dos meses.

Roswell consiguió tomar asiento en una banca; sabe que si él está en ella, los animales evitan sentarse a su lado. La razón… últimamente en medios de comunicación han satanizado el pelaje de color negro; aparentemente, un país altamente religioso y extremista ha declarado a ese color como marca del diablo.

Esto no debería afectar a un país que se hace llamar laico y, sin embargo, lo hace.

De su sudadera sacó una libreta y un lápiz; dentro contiene una lista de tareas que ha solicitado su psicóloga.

Presentarse con un desconocido.

Preguntar la hora.

Mantener una conversación durante cinco minutos.

Conseguir sexo.

Conseguir pareja.

Ser popular.

Invitar a alguien a tomar un café.

Dar un cumplido.

Aceptar un cumplido sin negarlo.

Llamar por teléfono en vez de mandar un mensaje.

Asistir a una reunión sin marcharse antes.

Ir solo a un restaurante.

Llorar sin esconderse.

Decir “necesito ayuda”.

Perdonarse por un error.

Dormir ocho horas.

Comer tres veces al día durante una semana.

Salir a caminar treinta minutos.

Tirar objetos que solo conserva por culpa.

Comprar ropa que realmente le guste.

Mirarse al espejo durante un minuto.

Ir a un concierto.

Bailar con alguien.

Aprender una receta.

Viajar sin compañía.

Tener una cita.

Dar un beso.

Dormir abrazando a alguien.

Decir “te amo” solo si realmente lo siente.

Conseguir un amigo.

Ser feliz.

«Un paso a la vez», se repite en su mente, no porque lo crea, sino porque es lo que debe creer, ya que una parte de él entiende que si esto no funciona, nada más lo hará.

Este era su gran paso, exponerse a un ambiente social, hacer algo que le gusta… y permanecer en el lugar sin importar qué ocurra. Así llueva o el sol sea insoportable, tenía que hacer esto, por su bien.

«Por mi bienestar», se repetía.

El show estaba por comenzar; el grupo invitado despertaba a la audiencia, la colocaba de humor para la tan esperada presentación. Roswell se acercó a la multitud, no demasiado; apenas podía ver la pantalla que transmite lo ocurrido en el escenario. Se sentía tranquilo, disfrutaba del ambiente, el viento, la música… y entonces sucedió.

La tarde soleada se volvió oscura. Parecía que la noche había consumido al sol, provocando que el público mirase al cielo.

Quedaron maravillados por la lluvia de estrellas que ocurría sobre el planeta. Nadie parece tener conocimiento de ello; era un evento tan masivo que parecía imposible que el gobierno o los astrónomos no lo notasen.

Lo que parecía un espectáculo celestial provocó el caos y el desorden. En medio del escenario, aquel cantante que sostiene el micrófono sintió la emoción del público ante tal espectáculo, lanzando un grito tan poderoso que aturdió a todo el público, llegando a tirar al suelo a la gran mayoría delante de él.

El guitarrista a su lado permanecía con los ojos cerrados; la misma euforia hizo que sus acordes arrojaran ondas musicales que golpeaban como la velocidad de la hoja de una katana… y cortaban igual…

Una nota alta liberó un corte delante que cortó las cabezas de varios espectadores, provocando el caos que no reconoció hasta que abrió los ojos y notó el grupo de animales tirados en el suelo.

El caos no se hizo esperar. Todos corrieron, pero ninguno a la misma velocidad. La vista de una cabra le permitió a Roswell ver el momento cuando una cebra se cubrió en fuego, pero sin sufrir de quemadura alguna. Vio a un chita correr a tanta velocidad que se estrelló contra un puesto de ropa y, como un gato, se elevó por el aire.

Y cuando el caos comenzó a empujarlo y arrinconarlo… su cuerpo cayó sobre una banca del parque, golpeó su cabeza con el metal y murió…

O al menos eso dijeron los médicos forenses cuando llegaron al lugar. Lo encontraron sin vida; su cuerpo carecía de pulso o actividad cerebral. Fue recogido como los demás cadáveres, pero él no era como los demás.

Roswell sí estaba ahí, pero no dentro de su cuerpo físico, su alma o… espíritu, ¿conciencia? O algo más permaneció de pie a su lado. Desde que cayó inconsciente, abrió los ojos a la multitud hacerse pedazos en su huida; quiso seguirlos, pero cuando llegó a la entrada de la explanada, notó un gran cansancio, como si su fuerza vital se desvaneciera.

Ahí miró sus manos, espectrales, y una llama atravesó su cuerpo como si nada.

«Esto es la muerte», pensó al regresar por su camino y ver su cuerpo tendido en la banca, ignorado por todos… hasta que los peritos llegaron.

Vio cómo todos eran guardados en bolsas negras, la frialdad del momento, cómo nadie puede dar unas palabras o explicar tan trágico evento. Luego fue su turno… Vio cómo un basilisco se acercó a su cuerpo y Roswell la empujó.

No esperaba que la chica retrocediese ante su tacto. Estaba tan asustada como él, para ella, había sido atacada por un… fantasma.

—¡Perdón, lo lamento! —gritó Roswell, mirando de nuevo a su cuerpo, tratando de arrastrarlo lejos de ahí, pero entonces regresó.

Volvió a respirar, su corazón dio una explosión de latidos y su cerebro se sacudió como en la silla eléctrica. Volvió a la vida, vio a la basilisco llena de terror y solo pudo decir.

—¡Perdón! —dijo antes de salir corriendo del lugar.

Atravesó el cerco policial, a la multitud de animales entrometidos y huyó sin mirar atrás, sin entender lo que había pasado.

Los científicos tardaron mucho tiempo en dar una declaración.

Lo que dijeron fue que la lluvia de cometas que rodeó la Tierra la infectó con una especie de radiación, una que despierta un gen que ha permanecido inactivo y en muchos animales simplemente no existe. Gen con la propiedad de explotar cualidades de cada ser que lo contenga. Fueron pocos, pero quienes contaban con la suerte de tenerlo consiguieron habilidades únicas.

Algunos animales corrían más rápido que un auto, algunos hasta más que un jet. Otros volaban, otros controlaban el largo de su cabello, unos hacían ropa desde sus axilas, controlaban peluches, eran inmunes a enfermedades y aun así contenían todas.

Existió el caso de un médico de traumatología que cuenta con la capacidad de crear huesos fuera de su cuerpo, produciendo un gran avance para la medicina moderna; así también surgieron profesionales de la salud con habilidades para sanar, regenerar el tejido dañado y más.

Una atleta olímpica ganó el primer lugar al descubrirse su superelasticidad. Otro animal, un canguro profesional del box, podía mover sus puños a velocidades tan altas que un parpadeo en el momento incorrecto era un nocaut asegurado.

Lo mismo sucedió con un profesor de idiomas que adquirió la capacidad de entender cualquier lengua en el mundo; incluso le hicieron un documental exponiéndolo a una comunidad indígena oculta en el Amazonas para descubrir si puede hablar con ellos.

Aparentemente, el gen estaba fuertemente ligado a la personalidad del individuo…

No tardó mucho tiempo para que alguien tomase provecho de sus poderes.

La noticia fue muy sonada: una ardilla se hizo popular por su capacidad de afectar la grabación de cámaras de seguridad. De una forma u otra, su rostro siempre se desenfocaba o distorsionaba ante la cámara. Atracaba bancos pequeños y cajeros automáticos.

En un atraco a un banco a las orillas de la ciudad que fue detenido por un justiciero.

No fue el primer superhéroe registrado, pero sí el primero en Estigma.

Se hizo llamar Golden. Era un golden retriever, gran tipo, contaba con la capacidad de volar y respirar fuera del espacio; algunos chismosos decían que tenía la capacidad de ver a través de la ropa de los animales, pero él siempre lo desmintió.

Murió en uno de sus muchos rescates. Intentó detener un tren en movimiento empujándolo desde la parte de adelante, pero su espalda no pudo resistirlo.

Fue una gran inspiración para muchos héroes emergentes, quienes no tardaron en asociarse con marcas corporativas; pronto ellos se convirtieron en los verdaderos famosos.

Parecía increíble que, después de ser el salvador de alguien, terminaras participando en tus propias películas de acción. Siendo influencer o buscando una forma de sacar provecho con tus superpoderes.

No voy a entrar en detalles dentro de las grandes industrias de cine; solo diré que una capibara podía cambiar su apariencia a cualquier otra, nunca a alguien conocido, y un caballo protagonizó un sinnúmero de filmes porno.

Los poderes se volvieron la sensación. La población de portadores en el mundo era menor al 1%, y gran parte de ellos eran inútiles… como las tortugas gemelas que podían leerse la mente a menos de un metro de distancia o la de una jirafa que podía cambiar su pelaje de color, pero solo colores fosforescentes.

—¿Y cómo has estado llevando todo esto, Roswell? —preguntó una leona, la psicóloga de Roswell, que responde al nombre de Azucena—. La sesión anterior me comentaste que tienes problemas para dormir.

—Yo he… sí… cada que duermo tiendo a… divagar por mi cuarto —respondió Roswell—. Mi alma sale de mi cuerpo y… si intento regresar, despierto, así que busco algo que hacer. Trato de dormir en mi sofá, pero… no puedo hacerlo… y también…

—Aja… —murmuró Azucena.

—He llegado a salir de mi hogar. Cada vez consigo alejarme más de mi cuerpo. Ayer conseguí llegar hasta el parque a dos cuadras de mi casa.

—Te he comentado que es peligroso hacer eso, Roswell. Los médicos te informaron que desconocen los límites de tu desconexión y el umbral que te ata a tu ser —comentó la psicóloga.

—Lo sé, pero… es mejor a no hacer nada —bostezó—. Hace dos días… vi un asalto. Un pez payaso caminaba por la calle y vi cómo un tigre se acercó en su motocicleta y forcejearon. Estuve pensando…

—¿Quieres ser un héroe? —presumió la mujer—, podría ser una buena forma de sobrellevar tus habilidades, ver las fortalezas en ellas y ayudar a quienes lo necesiten, tomando en cuenta que no pueden lastimarte siendo un fantasma. Aunque lo ideal es que descanses mientras duermes.

—No me gustan las pastillas. No escucho el despertador, tengo que ir a trabajar y siempre llego tarde —exclamó Roswell—. Al menos sé que mi cuerpo descansa.

—El medicamento recetado es por tu bienestar; verás que después de una temporada los efectos secundarios se detendrán. Solo, concéntrate en el proceso… ¿Cómo has seguido con tu lista?

Roswell trabaja como empleado en la cafetería de un lemur llamado Benjamin… Es un buen lugar para trabajar; casi siempre es explotado laboralmente, pero puede descansar dos días entre semana; los fines de semana son los fuertes y lo mejor es que le permite trabajar durmiendo.

Dar un cumplido.

—Aquí tienes. Una rebanada de pastel de chocolate, un capuchino frío y dos galletas —enunció un Roswell de mandil y gorra, frente a la comadreja que sonríe del otro lado del mostrador—. Me gustan, me gusta, eh, lindo arete.

—Gracias —respondió sonriente, tomando sus cosas para luego darse media vuelta, dejando ver a la cabra que llevaba puestos audífonos y su cumplido pasó de largo.

Dar un cumplido y que te escuchen.

La cabra se encontraba mirando televisión del otro lado del mostrador cuando la campana de la entrada le hizo levantarse; no pudo identificarlo para cuando escuchó.

—¿Aceptas tarjeta o transferencia? —se trataba de un murciélago, alto, cubierto por la capucha de su sudadera; usaban guantes en las manos y un cubrebocas.

—Claro, ¿qué te puedo servir? —La orden no fue demasiado compleja, solo una hamburguesa, pizza, palomitas de maíz, nachos… toda una comida completa—. Serían $312 pesos… Si necesitas el número de cuenta, está…

—No, solo… ¿Tienes la terminal? —preguntó el encapuchado, haciendo que la confundida cabra acercase la terminal y observó cómo aquel extraño retiró uno de sus guantes y, al tocar el sensor, el cargo había sido hecho, generando el ticket de la compra.

—Oh… waw… ehh, te daré tu orden en seguida.

El día continuó con normalidad. Roswell intentó hacer algo de su lista, pero había acordado con su psicóloga que iba a intentar hacer la mayoría fuera de su horario laboral para permitirse abrir su rutina.

Lo que sí podía hacer era planear su siguiente objetivo: tener una cita.

Descargó una app bastante popular, según la tienda de aplicaciones. El día de hoy se vería por primera vez con Nando, 28, 17… un nombre bastante extraño, pero era la primera vez de Roswell utilizando una aplicación como esta.

Estaba a punto de terminar su turno cuando su jefe lo detuvo en la puerta.

—Niño… —Exclamó Benjamin desde la oficina a un lado del mostrador, realizando el cierre de la tienda.

—¿Sí? —respondió Roswell en la puerta, colocándose su sudadera.

—Hay una venta de trescientos doce pesos registrada... pero el banco nunca recibió el depósito —comentó el lemur.

Tuvo que pagar ese dinero perdido él si no quería llegar tarde a su cita. Apresurado y con el tiempo medido, Roswell encontró a Nando parado frente a la entrada del cine; se saludaron casualmente, confirmaron su identidad y, tras una charla corta, decidieron qué película ver.

—¿Quieres los asientos hasta el final? Yo elijo usualmente estos del fondo —señaló el águila calva con una sonrisa pícara.

—Oh, pues sí… está bien ese lugar. ¿De qué sabor quieres las palomitas? —preguntó la cabra, bastante nervioso por conocer a su pretendiente—, y… ¿Llevas mucho tiempo en la app?

—Algo, ¿es tu primera vez? —rio Nando, tomando las cosas para acompañar a Roswell al interior de la sala—. Lo haces bien, eeh, nadie me ha invitado al cine nunca.

—Fue lo primero que se me ocurrió —rio Roswell, caminando por el pasillo hasta ingresar a la sala, un espacio bastante grande, más grande que una sala regular—. Está muy solo…

—Qué suerte, ¿verdad? —bromeó Nando, sentándose junto a la cabra en la sala cuya función atenta a empezar en diez minutos—. Y bueno, ¿quieres empezar?

—Eeh… ¿Cómo? —preguntó la tonta cabra confundida.

—Pues… —Nando se acercó, suspiró cerca del cuello de Roswell y luego posó su mano sobre su entrepierna—. También es mi primera vez en un cine… ¿Quieres que empiece yo?

Cuanto menos lo esperó, Nando ya estaba acariciando la entrepierna de Roswell; la cabra se paralizó de inmediato como un instinto natural, algo que le hizo creer a Nando que podía continuar.

Metió su mano dentro de su pantalón y comenzó a acariciar el miembro de la cabra. El águila se llevó una gran sorpresa cuando desabrochó el pantalón de Roswell. Era largo, grueso y estaba empapado para cuando Nando comenzó a jugar con él al aire libre.

—Es hermoso, ¿quieres que te lo chupe? ¿Roswell? —preguntó Nando, pero el espiritu de Roswell estaba al borde del orgasmo como para responder—, ¿Roswell? —lo movió… y el cadáver de la cabra cayó frente a las palomitas, tirando la charola con las palomitas y el refresco.

El ruido, el masturbar a un cadáver y el total desastre sobre el cuerpo de Roswell provocaron que el águila saliera despavorida. Dejando a Roswell recuperar su cuerpo una vez que los trabajadores del cine habían llegado, encontrándolo con los pantalones abajo, cubierto de refresco y palomitas.

Para cuando llegó a casa, su ropa estaba caramelizada; estrelló su puerta, arrojó sus llaves, cartera y teléfono a una dirección distinta cada uno.

Quería tomar una ducha, quería masturbarse… La situación no solo le rompió el corazón, lo humilló, le hizo sentir estúpido… imbécil.

Se masturbó dos veces mientras se duchaba, luego otra en cama y una última cuando desinstaló la aplicación.

—No sirvo para nada —murmuró desnudo sobre su cama, mirando la lista en sus manos.

Conseguir sexo.

Conseguir pareja.

Arrojó la libreta contra la pared delante de él y se tumbó en la cama a llorar.

—¿Qué clase de animal patético soy? —se dijo a sí mismo para luego abrazar su almohada, permaneciendo desnudo, y se durmió.

Pero el dormir no significa descanso para su mente. Su alma salió de su cuerpo una vez más, notando que, al igual que su cuerpo, estaba desnudo. Aquel lado pervertido y falto de afecto provocó que la cabra comenzara a masturbar su cuerpo en cama; luego pensó seriamente en dar el siguiente paso… pero para cuando había acercado su hocico a su miembro, escuchó un grito proveniente de la ventana.

Una chica estaba siendo asaltada al otro lado de la calle; se trataba de una coyote de vestido rojo y bolso café, que forcejea contra una serpiente.

La lucha continuaba mientras que Roswell solo observa desde la ventana, queriendo hacer algo, pero a la vez algo dentro de su corazón le impedía actuar; entonces la serpiente le arrebató el bolso.

Roswell pensó que todo terminaría ahí, pero cuando la chica cayó al suelo, la víbora la rodeó de una pierna y la arrastró al interior de un callejón oscuro.

—Cállate y ven conmigo. Me golpeaste muy duro, puta. Ahora me las vas a pagar —pudo escucharse desde el exterior del callejón oscuro.

Roswell se armó de valor e ingresó a la oscuridad, encontrando una escena totalmente desagradable. El asaltante trataba de forzar a la coyote a bajarse las bragas; él ya tenía el miembro de fuera y solo podían escucharse los llantos de la chica.

El primer instinto de la cabra fue empujar a la serpiente, separarla, alejarla como fuese. Aquello asustó mucho al asaltante, quien pensó que la mujer tenía un poder telequinético, por lo que la rodeó de la cintura con la cola y la arrastraba hacia él.

—Ven aquí, puta, ven —reiteró el horrible ser, recibiendo un puñetazo en el rostro por parte de Roswell—. ¡Ni creas que!

Luego otro… Roswell tenía la facilidad de levitar y así consiguió patearle la cabeza, jalarlo lejos de la chica, pero todo aquello provocó que la víbora enfureciera, escupiendo un cúmulo de saliva directo en la espalda de la chica, que pronto hizo reacción contra su piel, como un ácido corrosivo que le comenzó a quemar y con ello dejó de forcejear.

—Es un… es un super… —Murmuró Roswell, cerca del oído de la víbora, la cual se giró en su dirección y gritó.

—¿¡Quien dijo eso!?

—¡¡Ayúdenme, por favor!! —gritó la chica, provocando que el asaltante la golpee contra un contenedor de basura, preparando un nuevo escupitajo de ácido.

Roswell quiso interponerse entre él, pero no lo consiguió, y el ácido tocó ahora la pierna de la chica, provocándole un desgarrador grito.

—¡Cállate, cállate! Déjame hacerlo rápido —murmuró la serpiente, cubriendo el hocico de la chica con sus brazos, pero entonces se escuchó el impacto del metal contra el concreto.

Un hacha había atravesado la cola de la serpiente, separándola del resto del torso.

La víbora cayó sobre su espalda al piso, descubriendo que sobre los tejados se encontraba un vigilante enmascarado.

Su rabia y dolor le permitieron ver a esa figura cubierta por un traje hecho de kevlar, una máscara que le da forma a su hocico como el de un dragón y un antifaz que hace resaltar sus ojos rojos. Detrás de él, su capa ondea con el viento, pero lo que transmitía no era justicia, sino terror… un terror que la serpiente comprendió rápidamente.

Roswell ayudó a que la chacal se pusiera de pie, le acercó el bolso y esta misma salió corriendo del lugar, callejón sin mirar atrás.

Por otro lado, el enmascarado saltó desde lo alto, sacudiendo el suelo en cuanto sus botas impactaron contra él. Recuperó su hacha y caminó hasta la serpiente, cuya cola aún se retuerce ya cercenada.

—¡¡Hijo de tu puta madre!! Te voy a matar, puto heroesito de mierda. ¡¿Qué crees que dirán los policías cuando me vean?! Te irás al bote junto conmigo —gritoneó la serpiente arrastrándose a la salida.

El justiciero se acercó, recargó su hacha contra su hombro y, cuando se acercó lo suficiente, la serpiente dio media vuelta, clavando un destornillador en la garganta del héroe.

Roswell pateó la mano de la serpiente y luego abrazó sus manos para evitar que se moviese, y observó con el mismo temor que la serpiente, cómo aquel encapuchado de traje negro y grabados de dragones chinos toma el mango del destornillador y lo saca de su garganta, creando un charco de sangre sobre el pecho de la víbora.

—Hijo de… ¿Cómo? —tartamudeó el asaltante—. No, no, por favor… no, no.

Creó un escupitajo de ácido, pero cuando estuvo a punto de lanzarlo, el… asesino clavó el mismo destornillador entre su hocico, provocando que tuviese que tragar su propio veneno.

Roswell y Justiciero descubrieron que la serpiente no es inmune a sí misma, pues su garganta comenzó a burbujear, sus ojos se inyectaron en sangre y ácido comenzó a ser expulsado por su nariz, ojos y oídos.

—Yo no soy un superhéroe —pronunció aquel hombre debajo de la máscara de dragón—, yo los mato.

El justiciero se apartó de la víbora, desenfundó una pistola con silenciador y entonces apuntó a la cabeza del reptil. Disparó sin titubear…

Después volvió al tejido de la torre de departamentos desde las escaleras de incendios. Roswell lo acompañó en silencio; tenía que verlo más de cerca.

Observó al justiciero limpiar la hoja de su hacha, reponer la bala que había gastado y comprobar que la chacal hubiese huido sana y salva. Pero entonces algo nuevo sucedió.

Las orejas del encapuchado se movieron, su olfato se agudizó y, dando media vuelta, disparó directamente en el pecho de Roswell.

—¡Ah! —gritó la confundida cabra, pero era evidente que no había daño alguno—. ¡¿Por qué?! Espera…

Lo estaba viendo…

El justiciero movía la cabeza, analizando de pies a cabeza el cuerpo del espectro, y notó con entera confusión su cuerpo desnudo.

—¿Qué… eres? —le preguntó, y el primer instinto de Roswell fue huir del lugar, regresando a su casa e ingresando de vuelta a su cuerpo.

El corazón de Roswell latía a mil por hora; su mente tardó segundos en coordinar sus extremidades, por lo que cayó de la cama cuando intentó cerrar las cortinas.

Le costó, pero cuando finalmente llegó a la ventana, ahí estaba el justiciero y fue él quien abrió la ventana, apoyándose en el marco de la misma.

—¡Aaah! ¡No me hagas daño, por favor! —suplicó Roswel, cayendo al suelo de la impresión, retrocediendo en cuanto vio a esa cosa entrar a su hogar—. No, no diré nada. No diré nada, lo prometo. Se lo merecia, intentó violar a esa chica y y me ayudas a salvarla.

—¿Eras tú quien le sostenía los brazos? ¡Quién lo apartaba para que ese enfermo le hiciera algo mucho peor! —preguntó aquel hombre, avanzando tanto como Roswell se arrastra lejos de él.

—Sí, sí… la verdad no sé qué estaba haciendo… solo quise hacer algo y y bueno. ¿Vas a… vas a matarme? —preguntó la cabra con lágrimas en los ojos.

—Respóndeme primero. ¡¿Por qué carajos estás desnudo y estás por ahí flotando por la ciudad con esa… cosa colgando por todas partes!? —renegó el enmascarado, tomando a Roswell de un cuerno.

—Eh, es que… —¿Qué iba a decirle? ¿Que tuvo un mal día? ¿Qué es un ser tan patético que estuvo por chupársela a sí mismo?—. Quería… chupármela…

—¡¿Qué?! —gritó el justiciero y en ese preciso momento Roswell comenzó a contarle todo el día de mierda que había tenido hasta ahora.

Al final de la historia, Roswell tuvo de nuevo ese brote de culpa y comenzó a llorar desconsolado, mientras oculta su cintura bajo sus cobijas.

—Ya lo sé… Soy un imbécil… —Chilló la cabra.

—La app que usaste… es para encuentros casuales —suspiró el justiciero sentado en un extremo de la cama, recapitulando el largo día de Roswell—. No puede ser, ¿qué?... ¡¿Qué carajo estabas pensando?!

—Que podía tener a alguien que me quiera… —Confesó Roswell, abrazando su almohada para comenzar a llorar.

Ahí, el justiciero miró al suelo y notó la libreta de la cabra y la lista escrita en su interior.

Metas de terapia

Presentarse con un desconocido.

Preguntar la hora.

Mantener una conversación durante cinco minutos.

Conseguir sexo.

Conseguir pareja.

Ser popular.

Invitar a alguien a tomar un café.

Dar un cumplido y que te escuchen.

Tener un amigo

Ahí, el justiciero miró al suelo y notó la libreta de la cabra y la lista escrita en su interior.

—No es broma, ¿verdad? —preguntó el justiciero, quien… quizá por pena o lástima le regresó la libreta, lanzándosela contra la almohada que abraza.

Roswell la miró.

Presentarse con un desconocido.

—¿Cómo te llamas? —preguntó el justiciero.

—Ro… Roswell… —respondió.

—Eres un supervillano, ¿Roswell? —preguntó el justiciero, a lo que la cabra negó con la cabeza—. ¿Le haces daño a los demás? —de nuevo negó con la cabeza—. ¿Usas tus poderes para espiar a tus vecinos mientras se duchan o tienen sexo?

Roswell levantó la cabeza, pero de inmediato negó.

—No se me había ocurrido jamás, a decir verdad —confesó la cabra; imaginó la posibilidad, pero el aura que rodea a la justicia le hizo rechazar la idea de inmediato—. Yo llegué a querer ser un héroe, pero nunca me atreví a hacer algo… hasta hoy.

—Demuéstralo.

—¿Disculpa? —preguntó confundido.

—Demuéstralo, acompáñame a matar a un maldito y te creeré. Creeré que formas parte del minúsculo grupo de supers que no son una basura inmunda. Te creeré y así evitaré enterrarte una bala en la cabeza —amenazó el justiciero—. Vámonos…

—¿Ahora? —cuestionó la cabra, pero el mero semblante del justiciero le hizo ponerse de pie y vestirse rápidamente—. ¿Pero qué, qué? ¿A quién vamos a…? Es alguien malo, ¿verdad?

—Es un maldito carnívoro que controla la mente de sus víctimas y hace que lo obedezcan en todo lo que él quiera —respondió el justiciero.

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