[ El encuentro ]
En la plenitud de la noche invernal, con un paisaje sumido en la oscuridad donde solo la luna llena otorgaba guía, el bosque se encontraba azotado por los vientos provenientes de las montañas desoladas, creando un eco que bailaba junto a las ramas desnudas de los árboles antiguos. Pocos eran los animales presentes en dichas tierras por haber partido hacia las tierras cálidas buscando la calidez del sol, otros se refugiaron en profundas cuevas para entrar en un largo sueño hasta la primavera, y unos pocos salían de vez en cuando de sus nidos en búsqueda de alguna fuente de alimento.
Y eran las pequeñas aves, refugiadas en la seguridad de sus nidos, las únicas espectadoras de la desesperación del pequeño niño que corría en búsqueda de la salvación, con la nieve cruel intentando frenar su paso.
Su apariencia lastimada era visible aún entre las sombras. Vestía con una túnica de seda fina destrozada, mojada y pegada a su cuerpo magullado, evidencias mudas del tiempo encerrado. El gélido viento lo golpeaba sin piedad alguna dificultando su respiración y quemando sus pulmones, un dolor más que el infante ignoraba en favor de su huida, aun cuando su vista se volvía borrosa por las lágrimas que ya no era capaz de contener.
De sus labios rotos y resecos salían gemidos lastimeros. Sus manos destrozadas dejaban manchas escarlatas en los troncos negros del bosque que eran lavadas por la lluvia, una de sus muñecas se encontraba inflamada y amoratada. Sus pies descalzos y sucios lo hacían morder sus labios por el dolor de sus heridas abiertas, mismas que no dejaban de manchar la nieve con su sangre, si tenía ramas incrustadas o resbalaba con la punta afilada de una roca se tragó sus gritos.
No deseaba alertar a la criatura que lo perseguía, aun cuando la escuchaba detrás suyo guiado por su arroma, marcado por el terror que dominaba su interior.
-(¡¡NO QUIERO MORIR!! ¡¡DIOS MÍO NO QUIERO MORIR!! ¡¡SEÑOR TEN PIEDAD DE MI ALMA!! ¡¡TE LO RUEGO!!)-.
Tragando la tierra húmeda de su caída se arrastró entre la maleza congelada, sintiendo las ramas perforar su piel, aun cuando sintió como su parpado inflamado era rasgado siguió su huida levantándose una vez más chocando contra árboles y raíces levantadas que se hallaban escondidas entre la nieve pura. A lo lejos pudo escuchar el revoloteo frenético de las aves que al igual que él buscaban alejarse de esa criatura que ya no pertenecía al mundo de los vivos… como desearía tener alas para hacer lo mismo.
Sus piernas lo llevaron a salir de entre los árboles, la poca luz que se filtraba entre las nubes grises cegó su vista debilitada. El sonido de un río lleno sus oídos al tiempo que las frenéticas pisadas persecutoras lo acorralaban, haciendo que sin pensarlo se lanzará a sus aguas heladas y nadara con las fuerzas que le quedaban a su cuerpo herido. La corriente lo arrastró sin remordimientos, haciendo que chocara con las rocas del fondo oscuro llenando sus pulmones hasta que le fue posible sujetarse de un tronco mohoso, arrastrándose a la orilla, el vómito que tiño las piedras era una combinación de líquido rojizo y cáscaras secas de alimentos desechados.
Aun con su ropa chorreando y un temblor incontrolable intentó levantarse… solo para caer lanzando un alarido que carecía de cualquier rastro humano, fue un sonido tan hueco nacido de sus entrañas que desgarraron su garganta, sus manos fueron cubiertas por la calidez de la sangre que salía a borbotones de uno de sus pies, perforado por una rama que no había visto al arrastrarse, el colapso fue inevitable.
Desesperado intentó liberarse con movimientos violentos, como los de un animal caído en la trampa de un cazador que ya pensaba en cómo disfrutarlo.
Y su cazador ya lo había alcanzado.
El rugido gutural de la criatura detuvo sus movimientos. Entre su cabello desordenado sus ojos lagrimosos se contrajeron, sacudiendo la cabeza mientras el terror inundaba su rostro infantil.
-(No… no no no no ¡¡NO NO NO NO!! ¡¡POR DÍOS NO!!)-
Ni siquiera pudo pronunciar un grito al ver a la criatura saltar una vez llegó a la orilla, entre sus cabellos enmarañados de tierra y mugre pudo ver unos ojos blanquecinos desprovistos de toda compasión humana, rodeados de venas negras que adornaban su cuerpo descompuesto, sus ropajes fúnebres bailaba al son del viento, sucios y asquerosos como la sangre que cubría sus manos, dotadas de garras amarillentas como sus dientes descolocados.
Finalmente… había sido alcanzado por esa cosa, una de las criaturas que habían devorado a los guardias de la prisión donde, con esfuerzo, había escapado.
Tanto para escapar... solo para terminar de esta manera.
-¡¡SÁLVEME!! ¡¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!!-.
Sus manos se apretaron contra su pecho jadeante, abrazando con fuerza esos amados objetos que no pudieron arrebatarle en medio de golpizas y azotes, encogiéndose entre las rocas en un intento de ser tragado por la tierra del frío río. Antes de cerrar sus ojos en su mente se quedó grabada la imagen de la criatura que alzaba sus manos hacia su carne, con una boca pestilente abierta más allá de la capacidad humana, cubierta por los restos de carne humana.
-(Si puedo reencarnar otra vez…
La sombra del cadáver feroz se alzó sobre él como una cruel certeza de su destino, devorado teniendo aun en su tobillo el grillete que lo había encadenado toda su vida.
¡¡QUIERO SER LIBRE!!)-.

Hasta ese punto de su vida, el mundo moderno al que una vez había pertenecido le era un lejano recuerdo entre islas soleadas, mares eternos y mansiones vacías, 8 años habían pasado ya desde su muerte en ese lejano lugar más allá del tiempo, donde su vida había dado un vuelco al ser arrojada a las líneas del tren al intentar regresar a su hogar.
Hogar… incluso esa palabra ahora le resultaba extraña.
Recordaba haber sido una mujer en esa vida. En un mundo de cielos contaminados, rodeada de edificios brillantes que rozaban las nubes, ropajes que rompían las normas del decoro antiguo e inventos que ahora consideraba lejanos, vivía su vida entre clases universitarias, amigos que se juntaban a quejarse de maestros y amores perdidos, deberes familiares e incluso una mascota que saltaba a sus brazos al verle llegar a salvo cada atardecer.
Sin sobresaltos ni grandes proezas, era solo una persona que, si no se encontraba entre libros pesados o caminando en las calles estaba metida en internet, en ese mágico lugar pasaba sus noches disfrutando de historias románticas que le hacian reir y llorar sin control alguno, un gusto culposo cultivado desde su infancia entre obras japonesas, coreanas y chinas, incluso animandose a escribir las propias cuando el tiempo se lo permitía.
La reencarnación era sin duda uno de sus clichés más apreciados. Escenas cómicas entre los personajes que un día para el otro cambiaban de actitud, invenciones en mundos antiguos, aventuras contra un malvado villano y un final donde al amor supera las dificultades para tener un final feliz, que años más dulces fueron.
Solo para que todo terminara en las vías, entre gritos de horror y un dolor que aún le acompañaba cada vez que se encontraba cerca de un carruaje, el hecho de no haber muerto de inmediato aún causaba sus desvelos, las manos de los rescatistas arrastrando su cuerpo entre cables y aceite fue lo último que vio de su mundo antes de renacer.
Llegar a un nuevo mundo debió de causar alguna alegría en su ser como a esos protagonistas que alguna vez había leído pero en realidad… solo le produjo tristeza, después de todo tenía una vida, un mundo conocido, una familia… alguien a quien amar ya.
Había nacido en una pequeña choza costera como Omega. El suave sonido de las olas que pasaban debajo le dio la bienvenida al mundo, donde unos brazos cariñosos que lo envolvieron y le brindaron besos, un nuevo padre de risa estridente, una nueva madre de suave trato y un hermano que no dejaba de cargarlo.
En su memoria aún estaba fresca la sensación de la arena entre sus dedos, tener ante sus ojos la inmensidad del océano azul, caminar entre árboles inmensos de hojas que utilizaba para hacer canastas, noches cálidas bajo cielos estrellados alrededor de hogueras, una canoa que se aventuraban entre las olas y canciones en una lengua que hasta hoy recordaba, a miles de kilómetros del lugar que pudo llamar hogar una vez más.
Ese lugar que sus amos llamaban Nanyang, las lejanas islas del océano del sur, esa tierra donde se le había dado el nombre de Banyu y solo era hijo del pescador Wira con la tejedora Ndari, hermano menor de Fajar, una de las tantas familias que habitaban las costas de esa gran isla que llamaban Yavadvīpa, el gran hogar de la cebada.
Y ese origen lo hizo perfecto para los traficantes del océano quienes lo entregaron al mercado negro de las Tierras Centrales.

El grito final que sacudió el bosque fue, ante todo pronóstico, pronunciado por la bestia.
En medio de la noche, donde a la distancia las llamas de la ciudad se alzaban al cielo en columnas de humo, y la luz de la luna iluminaba el agua del río helado, el silbido de una espada cortando el aire se hizo presente junto a la melodía de una flauta suave.
Con el temor recorriendo su cuerpo frágil el pequeño esclavo abrio sus ojos, negros pozos de tinta que se abrieron de par en par como dos canicas pulidas. En su rostro demacrado se lleno de un asombro esperanzado que quedaría marcada en los corazones de las dos mujeres que, sin saberlo ni sospecharlo, acaban de encontrar la pieza que cambiaria el mundo de la cultivación para siempre.
El camino a Gusu comenzaba finalmente en esa noche cruel.
[Glosario]
-Yavadvīpa: Es uno de los nombres que algunos escritos le dan a la Isla de Java en Indonesia, es el hogar de origen de nuestro protagonista. Este nombre viene de crónicas sánscritas y se pueden traducir como “isla de la cebada” o “isla del mijo”, son textos de la India.
-Nanyang: Es el término histórico chino para referirse a la región marítima del sudeste asiático, esto incluye a países marítimos como Filipinas, Singapur, Malasia, Indonesia, Tailandia y Vietnam.
-Tierras Centrales: Es el nombre que usaban los chinos para referirse a su territorio antiguamente, el nombre “China” vendría mucho después. El concepto de “Tierras Centrales” hace referencia al origen de la civilización china en la cuenca del río Amarrillo, naciendo el concepto “Zhongguo” (País/Reino del Centro)
-Palabras en cursiva: Se usará la cursiva para el javanes antiguo, la lengua materna de nuestro protagonista Banyu.








