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La Guardiana del Vampiro

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Summary

Ambientado a principios de los 2000, en un pueblito remoto, Ív, una joven deprimida, se encuentra con un vampiro durante la peor noche de su vida. Blake le propone un trato peligroso y ella acepta. Cuando decide contarle lo sucedido a su mejor amiga Bianca, una bruja implacable, ésta le pide ayuda para intentar regresar a su cuerpo a un joven amigo que se ha quedado atrapado en el plano astral. Ambas se ven envueltas en una extraña aventura donde la antigua magia, el origen de los vampiros y los misteriosos acontecimientos ocurridos en el pueblo, las seducen irremediablemente.

Status
1d ago
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

El Pacto

Le encantaba observar cómo mataba. Esa manera sensual y felina de moverse como si su cuerpo fuera líquido, su agitación, su rostro alterado por la emoción; la excitaban. Era como un gato al acecho, acorralando y jugando con el ratón, saboreando a su presa antes de probarla mientras en su mente macabra diseñaba el ataque final. Luego se transformaba en ese hermoso y pervertido príncipe oscuro despojador de alientos, con el sudor sanguinolento acariciando aquel rostro perfeccionado por el paso del tiempo. Un rostro antinatural, inhumano.

Su víctima le estaba dando una buena pelea y aunque para el sólo se trataba de un juego, desde luego que estaba encantado y cuando por fin llegó el momento de la sangre ella tuvo que contener un jadeo de asombro.

—Ív. Te dije que te fueras —le dijo a la muchacha con voz profunda y sedosa, casi somnolienta al tiempo que inclinaba la cabeza hacia un lado y cerrando los ojos se lamia los labios carmesíes por la matanza. El cuerpo cayó pesadamente contra el suelo.

—Perdón, pero me paralicé. No pude largarme así nada más, estaba desprevenida—Le reprochó acusándolo con su dedo índice mientras intentaba tranquilizar a su desbocado corazón. Decía esto mientras en su interior se libraba una ya acostumbrada batalla entre miedo, repulsión y lujuria. Ese era el efecto que causaba un vampiro.

Había regresado en busca de su chaqueta olvidada y en minutos quedó prendada de la escena casi hipnotizante, presa de la mórbida belleza de sus movimientos, no pudo ni quiso moverse.

--—Bueno, ambos sabemos que estas loca cariño—Susurró el vampiro acercándose pasmosamente rápido a la muchacha para luego acariciar su corta melena teñida de rojo. Blake tenía poco más de cuatrocientos años. Para Ív su edad era inverosímil, pero para los de su clase, él era muy joven.

Era alto y bastante delgado, pero de constitución fuerte y masculina a pesar de tener facciones finas y un tanto andróginas. Poseía una hermosa cabellera castaña oscura con matices rojizos, ondulada. Ojos verdes oscuros y profundos enmarcados por cenicientas ojeras y bañados de algo que no sabía identificar muy bien, pero que a ella le parecía como si aquellos ojos contemplaran la inmensidad del infinito con cada mirada, no tenía claro si este extraño rasgo había sido parte de él en vida o sólo otorgado en la muerte. Poseía una exquisita voz que la dejaba temblando de miedo cuando lograba distinguir con sus oídos mortales cada uno de sus matices.

—Exactamente. Estoy loca y debes tenerlo presente todo el tiempo, porque a veces me tratas como si fuera normal —le dijo alzando las cejas y abriendo sus grandes ojos oscuros.

—Me alteras niña, y ese es un juego peligroso —le advirtió con voz siniestra alzando una de sus majestuosas cejas.

—Ambos sabemos que adoras los juegos peligrosos —murmuró ella intentando sonar desafiante pero el aliento le falló un poco.

—Amo hacer daño —puntualizó el vampiro enseñándole un largo, delgado y pálido dedo índice—. Seguiré aguardando a que vuelvas a apreciar la vida para así acabar contigo de una buena vez—concluyó la frase con un matiz de desesperación con su voz grave. Luego de dedicar una última mirada a la muchacha petrificada bajo la luz de la luna, se dio la media vuelta demasiado sutil y lentamente para pasar como humano y comenzó a silbar una tétrica melodía al tiempo que salía del claro para adentrarse en el bosque. Ív echó un vistazo al cadáver del ladrón que había escogido un mal camino esa noche. Sabía que Blake sólo mataba a gente abominable, pero no se sentía muy segura de si eso la consolaba. No era la primera vez que lo observaba alimentándose, aunque anteriormente la muchacha no había estado en sus cinco sentidos. Poco a poco lo que era aterrador de presenciar, se había vuelto cautivante, pero sin dejar de inquietarla. Sea como fuere, ya había dejado de horrorizarse por esto, no podía hacer nada al respecto. Había probado con cada argumento posible al defender la vida de las víctimas del vampiro, pero sus palabras lo tenían sin cuidado. Debía matar para subsistir.

Con las mejillas arreboladas lo siguió sujetando su chaqueta de cuero negro bajo el brazo. Decidió que no deseaba vagar sola por el pueblo aquella noche.

—¿No más presas esta noche? —preguntó desconcertada.

—No lo creo. Este pueblucho me está aburriendo, son todos unos santurrones idiotas que viven por inercia y rezan por costumbre, ya ni siquiera queda alguno que posea algo de genuina fe y eso hace que matarlos carezca de emoción.

—Pero al menos temen a la muerte. ¿Eso no cuenta?

—Eso es precisamente la única maldita razón que me mueve a matarlos. Si bien hay muchos que están hartos de sus vidas, muy pocos seres humanos anhelan la muerte sinceramente y de eso estoy agradecido pues de lo contrario no tendría como disfrutar la comida.

Al terminar de hablar se echó a reír impulsivamente como era su costumbre. Una risa descarriada, malévola y por supuesto—pensó Ív —muy sexy.

—Pero para mi desgracia—prosiguió el vampiro como si jamás se hubiese interrumpido. —mi agridulce y largo camino tuvo que cruzarse con el tuyo, una de las pocas malditas excepciones—dijo lentamente arrastrando las palabras como si fuera dueño del tiempo. La observó detenidamente con una media sonrisa en sus labios carnosos y con la mirada ardiente. Peligrosa. Ella vio un bosque ardiente en el fuego de sus ojos verdes.

A Ív le dio un tic en el ojo izquierdo que apenas logró disimular.

La risa comenzó de nuevo. Intentando recuperar la compostura, ella dijo:

—Di...dime, ¿qué piensas hacer ahora que ya estás satisfecho?

Él suspiró

—Iré a donde me conduzca la noche.

—Entonces ¿hoy no estas interesado en traer elirrefrenable caosa este lugar del sur? —preguntó parafraseándolo con sorna. Burlándose de sus primeras conversaciones—. Quizá le tienes miedo a la competencia. Se sabe que, ante lugares tan remotos, antiguos y aislados como este, tu clase se derrite.

—No generalices niña. Ves demasiadas películas. Y ya deja de indagar, yo soy asunto mío

—Porque... hay otros de tu tipo aquí¿no?—continuó, ignorándolo.

—No es tu asunto Ív.

—Siempre me estás interrogando ¿No puedo saber nada de ti?

—Te interrogaba ya que de lo contrario te quedabas con los ojos fijos en algún lugar de tu mente y no hablabas ni para quejarte de sufrir hambre. Tuve que hacer algo al respecto. Los juguetes nuevos no deben aburrirte. Por otro lado— sonrió sin dejar de caminar. Ella intentaba seguirle el paso—, esto te irritaba. Yo tenía pensado preguntar todo lo que necesitaba saber a una noble alma que luego moriría en mis brazos, pero resultaste ser más interesante. Sería mejor para ti que no acabaras con mi paciencia.

Ív lo observaba vacilante, poco a poco su rostro pasó de la inseguridad a la hilaridad, pero fue inteligente e intentó esconder sus ganas de reír. Guau estaba totalmente loca.

—Como diga amo de la perversidad—dijo sarcástica antes de soltar una risita ofensiva—. Entierre su puñal mortuorio directamente en mi corazón—dijo al tiempo que gesticulaba con sus manos al articular cada palabra, como si estuviera dirigiendo un puñal hacia su pecho —. Eres más viejo que la rueda y aún no aprendes a conocer a las personas, hace dos meses las amenazas eran mi desayuno, el insulto mi almuerzo y la violencia mi cena Blake, nada de lo que me digas me puede intimidar como a ti te gustaría .Así quemi lord—le dijo sarcásticamente mientras lo apuntaba con el dedo—, ahorre su anciana energía, ese truco no surtirá efecto en mí .Aunque me da igual vivir o morir, ambos sabemos que tu existencia sin mi sería tan tediosa como mi abuela en la misa dominical. Al terminar pasó junto al vampiro y siguió caminando. Él la siguió imperturbable.

El vampiro experimentó una leve oleada de diversión. Esto era algo que no sentía casi desde que era humano, en la actualidad era todo menos eso: un demonio que quitaba vidas para alimentarse y lo hacía con regocijo y satisfacción sin ninguna clase de remordimientos o dilemas morales. Hacía mucho que había dejado de ser humano. Por esta razón entre algunas otras, estaba fascinado con la joven. Llevaba “compartiendo” sus noches con ella cerca de dos meses.

Blake había encontrado a Ív en el cementerio del pueblo, justamente hacia donde se dirigían ahora. Ella estuvo a punto de quitarse la vida. Se había sentado sobre una lápida cerca del mausoleo en donde él se estaba ocultando hasta encontrar un lugar más civilizado y a la vez impenetrable para el sol. Con una botella de alcohol barato en una mano y una navaja en la otra. Ív solo había tenido el valor para efectuar un pequeño corte y se había detenido. Él había sido tentado por el aroma de su sangre, naturalmente, pero al acercarse había experimentado la intensa mezcla de emociones humanas que hacían presa de Ív, había quedado fuera de combate debido al conflicto interno que ella experimentaba y eso lo había hecho detenerse lo suficiente como para observarla con autentica y morbosa curiosidad.

Quiso saber si la joven se atrevería a tener las agallas de morir, si la encontrabacubriendo su muñeca y llamando a urgencias con su teléfono celular, se abalanzaría sobre ella y la dejaría seca en menos de un minuto. Pero la decidida actitud suicida de la joven había mermado su apetito y en lugar de dirigirse a ella para matarla, lo había hecho para salvarla. Sólo para saber que haría ella después, cómo reaccionaría. Ella lo había odiado por eso, pero para él todo se había tratado de un juego de poder. Ahora se encontraba casi disfrutando de las conversaciones y la compañía.

Blake envidiaba a los seres humanos y adoraba estar en su presencia. Antes de todo lo acontecido con Ív, pensaba que eso se debía a la sensación de poder que obtenía al ejercer su voluntad sobre las personas, sabiendo que los manipulaba haciéndoles ver lo que él quería, jugando con sus emociones y sus cabezas, disfrutando de la visión de la sangre coloreando sus mejillas llenas de vida. Se sentía como un dios oscuro, capaz de lo que se le antojara.

Como el ominoso ser que era, lleno de muerte y perversidad, amaba la vida. Y más que nada amaba tomar la vida de otro. Sentirse casi cálido por algunos preciosos instantes, era la gloria. Pero en el fondo, deseaba lo que jamás nadie podría devolverle. Su antigua humanidad.

La muchacha contemplaba al vampiro medio intrigada, medio cohibida por su expresión ausente. Su rostro atormentado y serio, como era natural cuando adoptaba esa actitud meditabunda, parecía algo surgido de otro lugar. Parecía algo ajeno a la naturaleza, con una belleza extraña, perturbadora y siniestra; sin parangón. Era inquietante, pero con el paso de los días Ív casi había logrado adaptarse.

Él la ignoró. En ese momento se encontraban en la parte más espesa del pequeño bosque donde la tierra estaba poblada de grandes raíces traicioneras pertenecientes a los antiquísimos robles. La luz de la luna se filtraba a través de las copas de estos jugando con las sombras, otorgándoles formas siniestras. Era una visión fantasmagóricamente bella. Todo estaba sumido en un tranquilo silencio excepto por el sonido ocasional de algún ave y de los pasos de Ív. Blake por su parte no emitía sonido alguno.

—¿Cómo es recordar? —preguntó la muchacha antes de poder detenerse.

Él alzó las cejas y la miro como si fuera una idiota.

—Ya sabes a lo que me refiero —dijo ella poniendo los ojos en blanco —. ¿Cómo son tus recuerdos de tu vida humana? ¿Recuerdas algo no? O es que, ¿con el paso del tiempo te vas olvidando de todo?

—Lo opuesto —respondió seriamente en un tono casi atormentado. —Tu pasado se torna más nítido, todo vuelve a ti con una claridad sobrecogedora, ves lo que no viste en otros momentos de tu vida y comprendes cosas que para tu limitada mente humana eran difíciles de entender en esos momentos. Todo el peso de tu vida, tus errores, triunfos, emociones y pasiones. Todo vuelve para atormentarte sin compasión —Terminó casi en un susurro.

Ív se sorprendió bastante al considerar la gran cantidad de información que Blake había compartido con ella. Esto era casi lo más extenso que le había dicho en los casi dos meses que llevaban vagando juntos por el pueblo. Ella escapando de sus padres. Él buscando un lugar donde establecerse hasta que la rutina de cada noche yel peso de la eternidad hicieran presa de él nuevamente obligándolo a continuar su camino sin rumbo por la tierra. Intentando decidir si era mejor seguir adelante o entregarse al sueño eterno.

—Entonces, ¿No te gusta recordar tu pasado? —inquirió sin saber que responder a esas palabras cargadas de intensidad. Y sin saber por qué se sentía extrañamente identificada con ellas.

—Me gusta y no me gusta. Soy un ser nostálgico por excelencia, amo recordar lo que ya está perdido y sepultado por las cenizas del tiempo, lo que fue y jamás volverá. El sentimiento de amor y tristeza mezclado con la sensación de algo familiar y cálido pero abandonado bajo el peso de la historia. Me deja un sabor agridulce y seductor en la boca. —Al concluir le lanzó una media sonrisa que dejaba ver un pequeño y letal colmillo. Ella se estremeció. Absorbió cada palabra. Sin dura era un ser melodramático.

Blake estaba asombrado por su propia pasividad con la humana. Hacía décadas que no había trabado amistad con un ser vivo. Si bien era cierto que luego de matar, sus emociones sobrehumanas se apoderaban de él subyugándolo y obligándolo a satisfacer cada impulso, esta vez la sangre le había ocasionado cierta debilidad que no alcanzaba a comprender.

—¿Vas a dormir en ese asqueroso lugar otra vez? —le preguntó Ív con una mueca de desprecio en los labios al darse cuenta de que el cementerio estaba próximo.

—Nadie te obliga a hacerme compañía.

—Si consideras el hecho de que tú truncaste mi camino y ahora no sé dónde ir, podrías al menos darme un lugar donde pasar la noche. Pensé en ir donde Bianca a compartir el alcohol, pero se hizo tarde. Además, sería un fastidio tener que inventar historias coherentes que expliquen por qué razón esta una jovencita bebiendo cerveza sobre una lápida a las cinco de la madrugada, en caso de que me encuentre el vigilante y llame a la policía y definitivamente demás no pienso regresar a ese hotel de mala muerte.

—Ya pensarás en algo —respondió indolente el vampiro.

Ív tenía veintidós años, pero, a menudo se sentía como si tuviera cien. No sabía explicar certeramente el motivo, solo podía hacer suposiciones. El caso era que, ese inexplicable sentimiento la conducía a un estado de soledad que experimentaba incluso cuando se hallaba en medio de una multitud. Era joven pero no sabía como cargar con su vida. Esto se debía a que había pasado por las partes más crueles de la vida a una edad prematura, lo que ocasionó que perdiera gran parte de su infancia y abriera los ojos a la cruda realidad antes de lo debido. No podía llevarse bien con la gente de su edad y esto afectaba muchísimo sus relaciones sociales, su círculo de conocidos era extremadamente reducido y entre la categoría de amigos solo podía contar a tres personas. Una de ellas era su mejor amiga Bianca. Si bien Bianca era un poco más joven que ella su vida tampoco había sido lo que se dice normal, de hecho, había pasado por cosas mucho más duras que Ív. Eso más la peculiaridad del carácter de su amiga hacían que Ív la considerara su alma gemela sobre la tierra y era la única persona que realmente la entendía. Había pasado con ella algunos días desde que su “viaje” con Blake había dado inicio. Pero no había tenido el valor de contarle sobre su escape de casa, el cuasi suicidio y el encuentro con un vampiro. Se sentía terriblemente culpable pero no confiarle todo lo que le estaba sucediendo, estaba más que segura de que cuando su amiga se enterara no lo iba a tomar muy bien. Ya podía oírla amenizándola con hacerle alguna clase hechizo o ritual. Sí.Bianca a menudo afirmaba que era una bruja. Ív le creía por supuesto, pero eso no significaba que tuviera el coraje de verla en acción.

—Soy una cobarde—dijo sin darse cuenta de que se había expresado en voz alta.

—Podría discrepar—dijo el vampiro—pero es asunto tuyo.

Ív le lanzó una mirada envenenada.

Habían salido del bosque. Aquel lugar era bastante diferente del resto del pueblo. Hacia algunos años, el área había sido presa de un horrible incendio. Mucha vegetación había muerto, y en esa parte en particular se encontraban los esqueletos de los árboles con una gran capa de ceniza sobre sus troncos. Ningún animal se acercaba a ese sitio, allí sólo habitaba la muerte y estaba irónicamente junto al cementerio del pueblo.

Siguieron caminando en silencio cada uno sumido en sus pensamientos, hasta llegar junto a una enorme estatua. Era un hermoso ángel en cuclillas con la cabeza gacha, el pelo hasta los hombros y sutilmente ondulado, delicado y etéreo como el cabello femenino. Sus alas desplegadas hacia los costados. Su mano izquierda era un puño mientras que en la derecha portaba una guadaña de aspecto letal. La estatua estaba frente al mausoleo en donde Blake pasaba las horas diurnas. Cercano al lugar que ella había escogido aquella horrible noche hace dos meses.

—¿Qué hora crees que sea? —Preguntó Ív que estaba intentando decidir qué hacer.

—¿Qué importancia tiene? —respondió Blake mientras se cruzaba de brazos y apoyando su espalda contra la parte trasera del ángel, alzaba la cabeza para observar la luna con aire melancólico.

—No mucho, solamente me preguntaba cuánto falta para la salida del sol.

—Unas cuantas horas—respondió con voz monocorde.

Ív se sentó sobre la superficie del mausoleo con los tobillos entrelazados y abrió la lata de cerveza. Blake la observó en silencio con una expresión inescrutable. Luego preguntó:

—Hay algo que me causa curiosidad. ¿Por qué escogiste este lugar para acabar con tu vida? ¿Sólo por lo obvio?

La muchacha dio un sorbo a su cerveza e instintivamente tocó su muñeca cicatrizada. Todo gracias a Blake, de todas formas, no estaba perfecta Ív no había querido sanarla completamente, no deseaba que algo externo cambiara su cuerpo ni aunque fuera para borrar el rastro de sus malas decisiones. Las cosas debían ser como debían ser y ella estaba acostumbrada a llevar cicatrices, en más de un sentido.

—Me gusta este lugar. Siempre venía aquí, por tonto que parezca me siento acompañada. Más que cuando estoy rodeada de gente que no sabe comprenderme y no podrían hacerlo ni de intentarlo. La muerte siempre ha infringido cierta fascinación en mí. —Terminó la frase con un suspiro.

Blake se sentía cada día un poco más curioso por la chiquilla y no era sólo debido a su filantropía, en su larga existencia sólo había tenido un amigo humano, una persona diferente a la sociedad en la cual vivía. De mente peculiar y original, eso había captado su atención poderosamente. Algo similar le estaba sucediendo con Ív, ella era una curiosidad andante, o como su generación solía decir: un “bicho raro”. No se sentía intimidada ni afectada por sus acciones, no se aterrorizaba de ver lo que él hacía. Más bien, sospechaba que sus actos de alguna manera extraña le fascinaban.

— ¿Puedes ver fantasmas? —inquirió.

—Para nada —respondió ella con una sonrisa de oreja a oreja, lo que trajo un poco de dolor a su cara por la falta de costumbre —. No los veo, pero, de alguna manera extraña creo que siento su presencia. Es algo verdaderamente sutil y difícil de explicar. A veces allí estoy sola y pensando en las musarañas cuando de un momento a otro sé que estoy acompañada. Sólo lo sé. Otras veces me siento observada intensamente cuando no hay nadie ahí que pudiera hacerlo.

—Ese debe ser tu buen juicio que quiere volver a entrar en tu cabeza —respondió él con una media sonrisa. Sea como fuere le parecía fascinante. Como el ser funesto que era, los fantasmas lo esquivaban con presteza. Al igual que una considerable cantidad de criaturas sobrenaturales.

Ív lo miró con incredulidad. ¿Quién habría pensado que el Vampiro tenía sentido del humor? Dio otro sorbo pequeño a su cerveza.

— ¿Cuánto tiempo llevabas aquí antes de encontrarme y cabrear todos mis planes? —preguntó.

—Unos dos o tres días —respondió él con naturalidad y luego sonrió maliciosamente—. Es mi naturaleza, no puedes reprochármelo. Detener sus corazones mientras observo en sus cabezas agonizantes cada ilusión, sueño y expectativa, ellos a veces conscientes de que jamás podrán realizarlas y yo como un pequeño dios, escogiendo a quien le doy la oportunidad y a quién le ha llegado la hora—. Sonrió con placer.

Ella experimentó un siniestro escalofrío por su columna vertebral, ante el tono vicioso de su voz. Pero no iba a demostrar miedo. —Podría suicidarme sólo por evitar tu melodrama vampiro abusador de clichés.

Él la miró intensamente antes de acercarse a ella de forma lenta, con movimientos espasmódicos y mirada asesina. Cuando estuvo a tres centímetros de ella, la miro a los ojos de manera derechamente perturbadora y acercando sus fríos labios a los de ella, susurró:

—Yo no soy tu compañero de juegos pequeña humana. — Tomó su cuello en una de sus enormes manos—. Te permito estar a mi lado porque eres diferente y tienes un cuerpo que me gusta mirar mientras imagino cómo y por donde comenzaría a desgarrarlo. Me haces más llevadera las tediosas noches en este pueblucho de mierda. Pero te advierto Ív —Pronunció su nombre de forma suave alargando lai–, no juegues con mi paciencia porque podría concederte tu deseo de morir y utilizar tanta creatividad, que en el proceso terminarías por arrepentirte.

La soltó bruscamente ocasionando que su cabeza se golpeara contra la pared de piedra del mausoleo. Ella tosió en busca de aire. Miró a cada extremo, pero él no estaba. Su corazón martilleaba en su pecho golpeando contra sus costillas. Era más o menos la cuarta vez que Blake la amenazaba y la única de ellas en la que Ív se había tomado en serio sus palabras, más que nada por que anteriormente no le había hecho una demostración de cómo volverse la pesadilla de un psicópata asesino. La expresión de su rostro perfecto, distorsionado por la maldad pura, la atravesó hasta los huesos. Pero lo que más le afectó fue la repentina conciencia de que el vampiro, desde que la había encontrado borracha en aquel vetusto cementerio, le había hecho sentir nuevamente. Emociones tan disímiles como lujuria, diversión fascinación y un profundo temor. El conocimiento la hizo estremecer. No se había percatado hasta ahora. Antes de conocerlo, Ív estaba más o menos adaptada a vivir por costumbre, no sentía nada por la vida, le daba igual si cruzando la calle para ir a la universidad sufría un terrible accidente. Estaba impasible, más muerta que viva deambulaba por las calles y por las frías habitaciones de su casa, casi catatónica. Permitiendo que la rutina la absorbiera. Ese estado se veía tenuemente eclipsado solo cuando su amiga la telefoneaba o la iba a visitar, pero ni siquiera ella había podido rescatarla de los oscuros rincones de su alma. Claro eso en parte era su culpa, por esquivar a Bianca cuando esta quería acercarse, o decirle que tenía mucho trabajo que hacer y no había tiempo de hablar. Ella insistió, pero Ív se había encerrado dentro de sí misma. Ahora se percataba de que había vuelto a reír, aunque tan solo fuera por idioteces y durante unos instantes. Él había despertado a su ser luego de casi un año. Eso estaba mal, si volvía a entregarse a la vida estaba expuesta a volver sufrir. No quería. Todo eso parecía casi un mal recuerdo cuando estaba en compañía de aquel ser sobrenatural que, cediendo a sus caprichos e impulsos egoístas, le había salvado la vida.

Ív se bebió el resto de la cerveza de un trago. Su pecho se calentó al instante.

—Maldito seas Blake—murmuró enfadada y asustada por lo que sentía.

Escuchó una carcajada en algún lugar detrás de ella.

Maldita audición super desarrollada..

El aire se agitó repentinamente a un extremo de donde ella se encontraba. La piel se le erizó. Entonces fue consciente del frío cuerpo de Blake detrás de ella, rozando su espalda.

—Estoy maldito Ív, desde hace muchísimo tiempo. —Rodeó su cintura con un brazo y levantó el otro para poner la palma de su mano sobre el cuello de ella. La acarició con las yemas de los dedos y la obligó a inclinar la cabeza hacia un extremo. Luego se inclinó y lamió su cuello. Ív se estremeció. Él rió sobre su garganta.

—¿Por qué haces eso, ¿qué... pretendes? —preguntó ella, casi cediendo a la sensación——Lo hago porque puedo y más importante aún, porque así lo deseo.

Luego tan rápido y repentinamente como había llegado, se esfumó. Ella se tambaleó hacia delante perdiendo el equilibrio. Entonces él estaba enfrente de ella con una mano sobre su hombro, impidiendo la caída. La impulsó hacia abajo hasta que ella se sentó.

—Estas confundida y enfadada. Casi puedo saborearlo—susurró el vampiro mientras la observaba intensamente con gesto burlón en su perfecto rostro medio oculto por el cabello desordenado. Ella le sostuvo la mirada con sus profundos yexóticos ojos negros llenos de furia. Desde luego que ella era sólo una entretenciónmomentánea para él, eso lo tenía claro. Asimismo, estaba consciente de lo patética que era por quedarse a su lado. Al comienzo lo había hecho porque él tenía curiosidad sobre ella y no la había dejado ir. Habían pasado los primeros días hablando sobre el pueblo y la actualidad mundial y también sobre la situación de Ív. Ella le había revelado que los motivos por los cuales había escapado eran la violencia a la que su borracho padre la tenía sometida y la ineptitud de su depresiva madre que sufría horribles trastornos emocionales y quizá más de algún trastorno mental. Todo debido a la muerte de su pequeña hermana. Ella no lo había soportado. Blake se había mostrado muy interesado y bastante curioso a cerca de sus conflictos y ella estuvo toda una semana intentando asimilar que él no era creación de su demasiada creativa mente. Ahora todo se estaba derrumbando de nuevo ya que, sin darse cuenta, había vuelto a disfrutar otra vez. Y estaba aterrorizada.

Sintió la fuerte necesidad de tener un filoso cuchillo a mano. Pero todo lo que podía hacer en ese precario estado emocional, era abrazarse a sí misma y volver a hundirse en lo profundo de su ser.

El vampiro pareció notar su debilidad y se acercó.

—Odias la vida pero sin darte cuenta, cuando eres tú misma y no este patético despojo de humanidad, rebosas vitalidad —le dijo con voz aterciopelada inclinándose en frente de ella para quedar a su altura—Me pareces fascinante.

—Todo lo que te parece fascinante es mi constante conflicto, porque lleno tu vacía existencia de algo más que matanza —le recriminó.

El vampiro sopesó aquellas palabras. Ciertamente la chiquilla tenía algo de razón Su existencia era más que vacía. Extraño, las palabras de una pequeña y singular humana sobrepasando su conocimiento de sí mismo.

Se mantuvieron en silencio. Ambos calibrando las palabras del otro. Sólo el triste arrullo del viento perturbó su sublime estado de reflexión.

Hay algo en la soledad de un cementerio que se comunica con lo profunde del ser, le transmite el pasado, la historia de miles de vidas humanas que pasaron por la tierra y dejaron su huella en la misma calle por la que la gente camina todos los días. Indiferentes. Es historia. Es pasado. El pasado en el que la vida se transformara algún día. Todo se va en el olvido y algún día no quedara nada más de uno que una solitaria y hermosa hoja de otoño que recuerde nuestro paso por el mundo al acariciar nuestra lápida.

¿Cómo podría no sentirse atraído a un cementerio? Era el pasado encarnado.

¿Cómo podría ella no sentirse atraída a un cementerio? Estaba en sintonía con su mundo interior.

— ¿Qué harás si me voy del pueblo? ¿Dónde pasaras las noches? —preguntó él.

Ív no quería pensar en eso. El solo hecho de imaginarse de vuelta en su casa podría hacerla temblar.

-—No sé —respondió débilmente intentando recuperar su anterior estado de ánimo.

—Lamento haberte dejado con vida—respondió antes de levantarse y comenzar a caminar en círculos alrededor de la estatua del ángel, con las manos cruzadas detrás de su espalda y la mirada en el cielo nocturno.

A ella se le encogió el estómago al escuchar aquellas palabras.

—Yo también—dijo intentando controlar sus emociones —, pero me has hecho pensar.

— ¿Te arrepentiste? —preguntó deteniéndose abruptamente para observarla.

—Para nada. Pero, estaba pensando en el único ser humano que me extrañaría y me di cuenta de que soy muy egoísta. Creo que debo hablar con Bianca.

—¿Vas a decirle lo que planeabas hacer? —pregunto Blake mientras retomaba la marcha.

—Por supuesto que no. Por una parte, pienso que ella me comprendería, pero obviamente trataría de tomar medidas para...ayudarme.

—Es lo natural.

-—Intentaré no revelarle nada.

—¿Cuándo pretendes hacerlo?

-—Hoy.

—¿Y después? —

—Buscaré un lugar...

—Creo que el único lugar idóneo para tus propósitos es este —Se burló.

—Eso pensaba hasta que me dirigí hasta aquí con mi hermosa y afilada cuchilla para encontrarme a un ser muerto que me salvó la vida—Bufó.

Sentía la angustia a flor de piel. Tenía ganas de llorar por su estupidez, su patética vida y forma de sentir, por lo poco que le quedaba; porque no había nada que la motivara a continuar. Quería llorar por Blake. Por tenerlo en frente, por escuchar sus palabras, por sentirse identificada con un ser abominable y oscuro. Quería llorar por todo y deseaba tener el poder de comenzar de cero una vez se secarán sus lágrimas.

—Si cambias de opinión, no tendría problema alguno en hacer de verdugo, ya sabes es algo que se me da de forma natural y ambos podríamos llevarnos un recuerdo para la posteridad —dijo Blake sarcásticamente.

—¿Es que acaso ya estas resignado a perder la batalla conmigo y me matarás, aunque vaya en contra de tu regla cardinal? ¿Matar a todo aquel teme a la muerte?

—Supongo que dada las circunstancias puedo hacer una excepción. Aunque no los disfrutaría mucho, sin embargo...

—Está bien, entonces voy a confiar en ti.

—No hagas eso preciosa. Soy un ser despreciable en el que no puedes confiar nunca. Digamos que tienes mi palabra, pero no cometas el error de confiar en mí.

—Eso que acabas de decir no tiene sentido. Son meras contradicciones.

—Lo tiene para mí. Es simple, no confíes en mí, pero ten presente que te di mi palabra y eso vale más de lo que crees.

Ella realmente no pensaba lo que decía. Y las palabras de Blake no le daban mucha seguridad, pero no podía evitar sentirse tentada. Un nudo en su estómago le impidió respirar con naturalidad. Se preguntaba qué diría su antigua terapeuta si pudiera meterse en su cabeza en estos momentos. Se sintió enferma.

—Está bien. Voy a tomar tu palabra vampiro—le dijo fríamente desligando su alma de su boca y permitiendo que las palabras escaparan sin medirlas ni pensarlas.

—Me complaces —declaro él sin despegar la mirada de la luna cubierta de nubes.

—Okay. —Ella se levantó y saltó el par de escalones del mausoleo para acercarse a él tendiendo su mano derecha extendida.

—¿Trato? —Preguntó sin tomar atención a las miles de advertencias y preguntas que bullían en su cabeza.¿Qué estás haciendo?, ¿Es tan grande tu deseo de morir?

Él la miró de forma intensa haciendo que su respiración se agitara levemente. Parecía que nunca volvería a hablar. Luego extendió su demasiado pálida mano.

—Trato—Se estrecharon las manos.

Íiv se estremeció al experimentar la frialdad de su piel. Antinatural, era la única palabra que podía pensar para describir tanto la textura como la temperatura de la piel demasiado perfecta y satinada de él.

Al parecer no tenía intención de soltarla, Ív intentó dejar su mano, pero él no lo permitió. Su impactante fuerza la inquietaba hasta la médula. Entonces el la impulsó hasta tenerla cerca suyo.

—Los tratos deben sellarse con sangre—susurró el vampiro a una pulgada de su rostro, mirándola tan intensamente que ella se creía capaz de desmayar.

—Yo te salvé la vida, y yo voy a terminar con ella —musitó suavemente antes de posar sus labios sobre los de ella y clavar sus diminutos y afilados caninos en su labio inferior. La sangre brotó. Ella se estremeció de dolor y sorpresa. No pudo mantener los ojos abiertos. La pequeña punzada de dolor pasó rápidamente para dar paso al más puro placer ocasionado por los fríos labios de él succionando su sangre. Luego el introdujo su lengua en la boca de ella. Estaba cubierta de su propia sangre. La besó más apasionadamente de lo que cualquier humano lo había hecho, pero claro así son los vampiros, seductores, cautivadores y malvados.

Bañó su boca con su propia sangre entrelazando suave y lentamente su lengua con la de ella. Entonces Ív se tambaleó y él se detuvo para cogerla antes de que cayera. Con los sentidos distorsionados y los ojos cerrados buscó el suelo para poder apoyar su descontrolado cuerpo. Él la ayudó en el proceso. Luego se irguió lentamente para quedar mirándola de frente mientras ella se sentaba con la cabeza entre las manos y los codos apoyados en sus rodillas.

—Pienso que nadie te había besado dignamente antes —dijo con voz casi aburrida mientras la observaba lamiéndose los labios llenos.

Ella intentó recuperar el aliento. Entonces tragó sintiendo el metálico sabor de su sangre. La saliva sanguinolenta del vampiro había cerrado la herida casi al instante. Se dio la orden de calmarse y levantó la mirada somnolienta y aturdida.

—Eso fue asqueroso. ¿Por qué lo hiciste?

—Porque desde hace un rato estaba tentado con la idea de probar esos labios —le dijo bastante literalmente. —Además, tu sangre es deseable. Habiéndola probado antes, no pude resistir el impulso de hacerlo nuevamente. Lo importante es que nuestro pacto está sellado.

O acabaría con su vida, o bien la convertiría en una vampiresa. Ese era el trato.

Necesito pasta dental. Pensó Ív mientras su cabeza se liberaba del embrujo causado por el beso del vampiro.

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