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La Flor

Summary

El amor es como una flor que nace en el corazón, delicada y llena de vida. Al principio, sus pétalos se despliegan tímidamente, vibrantes de color, llenos de esperanza y promesas. Es una conexión invisible que une dos almas, una sensación cálida que hace latir el corazón más rápido, iluminando incluso los días más oscuros. El amor es entrega, confianza, y la capacidad de ver en el otro un reflejo de lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Nos invita a ser vulnerables, a abrirnos y compartir nuestras alegrías, miedos y sueños. En su forma más pura, el amor es un lazo inquebrantable, una fuente de fortaleza y consuelo. Sin embargo, como toda flor, el amor también puede marchitarse. A veces, aquella persona en quien depositamos todo nuestro cariño y confianza puede traicionar ese amor.

Status
3h ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: Un Nuevo Comienzo

Este es una historia que hice en Wattpad y decide subirlo aqui. Y si quieren buscarme en Wattpad, es como mi nombre de perfil "ZYRVEX".

Ubicación: Preparatoria Hakurei

Horario: 8:10 AM

Dia: 10/7/2021

Observamos una estructura amplia y moderna con un edificio de varios pisos, grandes ventanas de cristal que permiten la entrada de luz natural, y una estructura simétrica. En la parte frontal, hay escaleras anchas que conducen a la entrada principal, flanqueadas por áreas verdes con arbustos bien cuidados y árboles que dan un toque de frescura y tranquilidad al lugar.

Frente a la entrada, un chico de cabello negro se destaca, su peculiar mechón en forma de flor brillando a la luz del sol. Viste un elegante y distinguido uniforme escolar, una chaqueta azul marino de doble botonadura, adornada con finos detalles dorados en los bordes y un pequeño bolsillo en el pecho. Debajo, una camisa blanca perfectamente planchada realza su porte, combinada con una corbata roja que añade un toque de formalidad y sofisticación. Los pantalones grises equilibran el conjunto, aportando un aire clásico y bien estructurado, mientras que en los pies, iba con unas zapatillas de calle, comunes y corrientes.

Su nombre es Hitohito Tadano, un chico de 17 años con una mirada neutra que observaba la gran escuela frente a él. Pensamientos oscuros llenaban su mente, cosas que no podía dejar ir, a pesar de que lo intentaba una y otra vez. Delante de él había un nuevo comienzo, aunque un poco tardío, pero siempre hay una oportunidad para empezar de nuevo. Con un suspiro pesado, comenzó a caminar hacia la preparatoria.

Al entrar, vio muchos casilleros alineados en el pasillo. De su bolsillo derecho, sacó un papel donde había anotado su salón y el número de su casillero. Buscó hasta que encontró el 20. Al abrirlo, se quitó las zapatillas y sacó sus zapatos marrones, guardando las zapatillas antes de calzarse los de la escuela. Listo, subió por una escalera al primer piso y luego a otra que lo llevó al segundo.

Comenzó a buscar el salón 2-C. Finalmente, lo encontró. Afuera, una mujer adulta, de unos 30 o 35 años, lo esperaba. Tenía el cabello negro atado en una cola y ojos color vainilla. Vestía un uniforme de oficina que le daba una presencia seria pero amigable.

Tadano se acercó, y la mujer lo notó al instante.

—Oh, vaya, ¿tú debes ser el chico nuevo, verdad? —preguntó la maestra, mirándolo de arriba abajo.

—Sí, soy Tadano Hitohito. —respondió él, un poco nervioso.

—Perfecto, las clases ya están a punto de comenzar. Quédate aquí y, cuando te dé la señal, puedes pasar, ¿sí? —Hitohito asintió.

La maestra entró al aula y, en un instante, los estudiantes hicieron silencio. Una vez que tuvo su atención, comenzó a hablar.

—Buenos chicos y chicas, hoy tendremos a un nuevo estudiante que se unirá a nosotros.

Los murmullos empezaron a correr por el salón. Entonces, una chica de cabello blanco y ojos celestes levantó la mano.

—Disculpe, ¿no es un poco tarde para que se inscriba otro estudiante? Ya falta un mes y después vienen las vacaciones de verano.

—Esta vez hay una excepción. —respondió la maestra con una sonrisa. — ¡Adelante, chico! ¡Puedes pasar!

Al escuchar su nombre, Tadano sintió una mezcla de nervios y expectativa. Con determinación, dio un paso hacia adentro, avanzando hacia el centro del aula mientras todos lo miraban, susurrando entre ellos. Se plantó frente a la clase, su corazón latiendo con fuerza por los nervios.

—Puedes presentarte, chico. —dijo la maestra, sonriendo.

—H-Hola a todos... mi nombre es Tadano Hitohito, tengo 17 años y espero que podamos llevarnos bien en este ciclo escolar. —habló con voz temblorosa, realizando una pequeña reverencia al final.

—Bien, muchacho, puedes sentarte allá. —indicó la maestra, señalando un asiento en la parte de atrás. A su derecha estaba la chica de cabello blanco.

Tadano asintió y se dirigió hacia el asiento. Al llegar, dejó su mochila bajo el pupitre y sacó sus pertenencias, organizándolas en la mesa.

—Bueno, ya que estamos todos, comenzaremos a hablar sobre la Segunda Guerra Mundial... —anunció la maestra, y el aula se sumió en un silencio expectante.

Ubicacion: Preparatoria Hakurei, Clase 2-C

Horario: 12:30 PM

Dia: 10/7/2021

El recreo había llegado, y varios estudiantes salieron del salón, formando grupos bulliciosos o aventurándose solos por los pasillos. Algunos se quedaron dentro, riendo con amigos, mientras otros se entretenían con sus celulares o simplemente se dejaban llevar por el sueño.

Con su cabello negro y desordenado, Tadano sacó su celular de la mochila y comenzó a navegar por Instagram. Fue entonces cuando sintió una mano suave y delicada posarse sobre su hombro. Intrigado, se giró y encontró a la chica de cabello blanco, que lo miraba con una cálida sonrisa.

—Hola, Tadano. Soy Hana Suzuki, la presidenta del salón. Es un gusto tenerte aquí como nuevo compañero. —dijo con una sonrisa.

—Ah, h-hola, soy Tadano Hitohito. Muchas gracias por tus palabras. —respondió, sintiéndose nervioso.

—De nada, jaja. Dime, ¿te gustaría que te enseñara la preparatoria o prefieres explorarla por tu cuenta? —preguntó Hana

—M-me gustaría que me enseñaras la escuela, así no me pierdo.

—¡Perfecto! Entonces, vamos. —sonrió la albina, guiándolo hacia la puerta del salón.

Ambos salieron y comenzaron a caminar por los pasillos, que estaban repletos de estudiantes charlando y riendo, creando un ambiente vibrante.

Mientras caminaban, Hana, deseosa de conocer más sobre su nuevo compañero, decidió sacar conversación.

—Para alejarme de una chica y ex-amigos, que me hicieron un gran daño... —respondió, su voz suave y melancólica.

—Uy, eso suena a que no es nada bonito.

—Para nada... —respondió secamente, sintiendo la sombra de viejos y amargos recuerdos.

—¿Y de qué preparatoria vienes? —preguntó Hana, con curiosidad genuina.

—De la preparatoria Itan.

—¡¿Qué?! ¿De verdad vienes de la prestigiosa preparatoria Itan? —su voz se llenó de sorpresa, y Tadano asintió lentamente. — Qué envidia... yo hice el examen de ingreso, pero reprobé y vine a esta escuela.

—Bueno, al menos te salvaste de estar allí. Ese lugar es como un centro psiquiátrico. Te soy sincero, no te recomiendo ir a estudiar ahí; terminarás mal.

—¿Y qué pasa en esa escuela? —preguntó intrigada.

—Tal vez otro día te lo explique. Por ahora, solo quiero conocer la escuela. —dijo Tadano, intentando cambiar de tema.

—Está bien, sigamos entonces. —respondió ella, sonriendo de nuevo, mientras ambos continuaban su recorrido por los pasillos.

Primero, llegaron a la cafetería, un espacio amplio y luminoso, donde las grandes ventanas dejaban entrar la luz del sol. El aire estaba impregnado del aroma de platos recién preparados, y las mesas estaban ocupadas por grupos de estudiantes que conversaban animadamente. Algunos compartían almuerzos, mientras otros se reían de alguna anécdota divertida. La vitalidad del lugar era contagiosa, y Tadano no pudo evitar sentir una pequeña chispa de emoción.

Luego, se dirigieron a la sala de profesores, un ambiente más tranquilo y serio. Las estanterías repletas de libros y documentos ofrecían una sensación de sabiduría y profesionalismo. En el centro, varios docentes conversaban en voz baja, revisando materiales y planificando lecciones. Las paredes estaban adornadas con proyectos de estudiantes, una muestra del esfuerzo y dedicación que se cultivaba en la escuela.

A continuación, pasaron por los baños, que eran modernos y bien mantenidos. Con espejos grandes y dispensadores de jabón siempre llenos, ofrecían un espacio limpio y funcional para los estudiantes.

Continuando su recorrido, llegaron al despacho del director, una oficina elegante con muebles de madera oscura y una atmósfera de autoridad. El gran escritorio, meticulosamente organizado, era un reflejo del orden que se esperaba en la institución. Diplomas y premios decoraban las paredes, simbolizando la trayectoria exitosa de la escuela.

Luego, se adentraron en la sala de computación, un entorno vibrante donde los estudiantes podían trabajar en proyectos y tareas. Las filas de ordenadores estaban perfectamente alineadas, y el sonido de teclados resonaba mientras los jóvenes se concentraban en sus pantallas.

Hana también le mostró la cocina, un lugar que emanaba el aroma de platos caseros y donde los estudiantes aprendían a preparar deliciosas comidas.

Finalmente, llegaron al laboratorio de química, un espacio fascinante repleto de frascos y tubos de ensayo. La sala estaba diseñada para experimentos y prácticas, con una serie de mesas de trabajo dispuestas de manera ordenada. Las estanterías estaban llenas de materiales que prometían descubrimientos científicos.

De repente, el sonido del timbre resonó, marcando el fin del recreo. Mientras se dirigían hacia el aula, Hana le mencionó que, al finalizar las clases, continuaría mostrándole más de la escuela. Tadano asintió, sintiendo una creciente curiosidad por lo que aún le quedaba por descubrir en su nuevo comienzo.

[Mas tarde]

Horario: 4:00 PM

Dia: 10/7/2021

Las clases finalmente llegaron a su fin, y el bullicio del aula se disipó mientras algunos estudiantes se marchaban y otros se quedaban para participar en sus respectivos clubes. Tadano guardó sus pertenencias en la mochila y se preparó para salir cuando, de repente, escuchó la voz de Hana llamándolo.

—¡Espera Tadano! Te dije que después de las clases te seguiría mostrando la escuela, así que vamos. Continuemos con el recorrido.

Antes de que pudiera responder, Hana lo tomó de la mano, sorprendiendo a Tadano. Un leve rubor se asomó a sus mejillas, pero rápidamente logró calmarse mientras seguían su camino.

Primero, se dirigieron al gimnasio, un amplio espacio que resplandecía con la luz natural que entraba a través de las ventanas. Las canchas de baloncesto estaban perfectamente marcadas, y el eco de las pelotas rebotando llenaba el ambiente. A un lado, varios estudiantes practicaban, demostrando sus habilidades mientras los gritos de ánimo de sus compañeros resonaban en el aire.

Luego, pasaron al patio trasero, un lugar al aire libre donde los estudiantes podían relajarse y disfrutar de un poco de tiempo libre. El césped verde y bien cuidado se extendía ante ellos, y algunos grupos se reunían para jugar a la pelota o simplemente charlar.

Finalmente, llegaron a la pista de atletismo, un gran espacio de arena rodeado por líneas blancas donde los atletas podían correr y practicar gimnasia al aire libre.

Mientras caminaban, Hana le indicó varios clubes disponibles en la escuela. Le habló del club de baloncesto, donde muchos chicos se esforzaban por mejorar sus habilidades en la cancha; el club de artes, que fomentaba la creatividad a través de la pintura y la escultura; el club de ciencias, donde los estudiantes exploraban diversos experimentos y proyectos; y el club de teatro, que se preparaba para su próxima obra. Cada club parecía ofrecer algo único y emocionante.

Finalmente, Hana llegó al club de música, donde estaba inscrita. Le explicó que en este club se enfocaban en aprender a tocar instrumentos y formar bandas.

—¿A qué club piensas unirte? —preguntó Hana con curiosidad.

—Creo que al club de música. En mis tiempos libres, toco el piano que me regalaron mis padres. Quiero mejorar un poco más en ese instrumento y tal vez aprender otros.

—¡Qué bien! Entonces te llevaré allí. ¡Vamos!

Ambos aceleraron el paso y, tras unos minutos de caminata, llegaron a una puerta. Al entrar, lo primero que vio Tadano fue un despliegue de instrumentos: un piano brillante, una guitarra eléctrica reluciente, un bajo, una batería, varias guitarras acústicas y el micrófono. La visión de todo eso lo fascinó de inmediato. Se adentraron en el aula, donde un grupo de tres chicos y dos chicas ensayaban, pero al escuchar la puerta abrirse, su atención se centró en los recién llegados.

—Oh, al fin llegaste, Suzuki-chan. —dijo una chica de cabello rosado. — ¿Eh? ¿Y quién es este?

—Chicos, déjenme presentarles a un nuevo compañero. Su nombre es Tadano Hitohito y este es su primer día aquí en la preparatoria.

—H-Hola a todos, jeje —saludó Tadano, sintiéndose nervioso.

—Hola, Tadano. Yo soy Mika Yoshida, pero puedes llamarme Yoshida. —sonrió de manera divertida.

*******

Nombre: Mika Yoshida

Edad: 16 años

Clase: 1-A

*******

—Un gusto, Tadano. Mi nombre es Himiko Toga. —saludó la chica de cabello rosa con una cálida sonrisa.

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Nombre: Himiko Toga

Edad: 17 años

Clase: 2-A

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—Buenas tardes, Tadano. Mi nombre es Shinji Fujimoto. Espero que nos llevemos bien. —dijo de manera calmada.

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Nombre: Shinji Fujimoto

Edad: 16 años

Clase: 1-B

*******

—Un gusto. Soy Satoshi Kobayashi, un placer. —dijo de manera neutra.

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Nombre: Satoshi Kobayashi

Edad: 15 años

Clase: 1-D

*******

El último en presentarse fue un chico de cabello negro y ojos plateados. Se acercó a Tadano de manera intimidante, haciendo que este sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo. El chico lo miró fijamente durante unos segundos antes de levantar su mano en señal de saludo. Tadano entendió el gesto y extendió la suya. Al estrecharla, sintió la fuerza del sujeto.

—Un placer, Tadano Hitohito. Mi nombre es Shouma Hayashi, presidente del club de música. —dijo, soltando su mano mientras Tadano comenzaba a sobarse la suya por el dolor.

*******

Nombre: Shouma Hayashi

Edad: 18 años

Clase: 3-D

*******

—Bueno, no creo que ella solo te haya traído aquí para presentarnos. ¿Cuál es el motivo?

—Él quiere unirse al club. —respondió Hana, con una sonrisa tranquila.

—¿Ah, sí? —Shouma dirigió una mirada inquisitiva al azabache, quien asintió tímidamente. — De acuerdo, pero tendrás que hacer algo antes de que te acepte. Dime, ¿Qué instrumento sabes tocar?

—El piano.

—Bien. —dijo Shouma, cruzándose de brazos y mirándolo fijamente. — Entonces ve y toca una melodía. No importa si es de un artista o si la creaste tú mismo, solo asegúrate de que sea perfecta. Un solo error, aunque sea mínimo, y tendrás que buscar otro club, porque aquí no entrarás.

La seriedad en su mirada fue penetrante, sus ojos plateados parecían escrutar cada rincón del alma de Tadano. El ambiente en la sala se volvió tenso, mientras todos los presentes observaban expectantes. Hitohito tragó saliva, sintiendo cómo el peso de la situación caía sobre sus hombros. Sin embargo, con determinación, comenzó a caminar hacia el piano, sus pasos resonando en la habitación silenciosa.

Al llegar, se sentó en la banqueta, colocando cuidadosamente las manos sobre las teclas. Antes de empezar, lanzó una rápida mirada de reojo a sus compañeros. Todos estaban observándolo en silencio, pero fue el gesto de Hana, levantando ambos pulgares con una sonrisa tranquilizadora, lo que le dio un pequeño empujón de confianza.

Respiró hondo y dirigió su atención nuevamente al piano. El mundo a su alrededor pareció desvanecerse mientras sus dedos comenzaban a moverse, dando vida a una canción que había compuesto cuando era niño, una pieza llena de melancolía y profundidad, reflejo de sus pensamientos más íntimos.

[Comienza a sonar: Chopin - Prelude in E Minor op 28 no 4]

El sonido de la música llenó la sala, las notas fluyendo con una suavidad que resonaba en cada rincón. Cada tecla que tocaba parecía capturar un fragmento de su alma, y los demás no podían evitar quedar absortos en la melodía. Era como si el tiempo mismo se hubiera detenido, y por un momento, el único sonido en el mundo fuera el del piano bajo los dedos de Tadano. La pieza, aunque sencilla, cargaba con una intensidad emocional que conmovió a quienes la escuchaban.

Cuando terminó, el silencio que le siguió fue pesado, lleno de expectativa. Tadano, con el corazón latiéndole con fuerza, apartó las manos del piano, temeroso de mirar a sus compañeros. Pero sabía que lo había hecho lo mejor que pudo.

El presidente del club se acercó lentamente, observando con detenimiento al nuevo integrante. Sus ojos plateados seguían siendo impenetrables, hasta que finalmente esbozó una pequeña sonrisa, apenas visible.

Continuará...

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