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¿Verdad o reto? | Bajo la Luna del Sur

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Summary

El antiguo Club Eclipse ha cambiado de dueño, pero no de clientes. Ahora, bajo el nombre de El Eclipse del Lobo, los vampiros de Villa Luna siguen acudiendo cada noche en busca de discreción, buena música y alguna que otra diversión. Muchas cosas han cambiado desde la llegada de Venus a Villa Luna. Explosiva, impredecible y peligrosamente encantadora, la vampiresa no suele pasar desapercibida allá donde va. Pero hay algo que todavía tendrá que asimilar: Júpiter está saliendo con Sofía, una joven de diecinueve años, mitad bruja y mitad vampira, cuya sangre es tan especial como única. Una noche con unos cuantos amigos, con unos chupitos de vodka. Y una juego aparentemente inocente: ¿Verdad o reto?

Status
15h ago
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1. Sofía

No lo he vuelto a ver desde que me mató.

Pero esta vez no vengo a esconderme. No le temo. Él y Lucía deberían temerme a mí.

El nuevo neón rojo baña el paseo marítimo como si fuera sangre recién derramada. Imposible no pasar por delante y fijarse. Llegamos cada uno en nuestro coche; los dejamos en la puerta y un aparcacoches diligente va recogiendo las llaves: el Audi R8 de Venus, el Mustang Shelby de Álex y El Iris. Caminamos hacia la entrada. Ahí está, como un guardián silencioso: el portero vampiro. Nos abre con un gesto cortés.

PORTERO: Bienvenidos al Eclipse del Lobo.

El nombre no podría ser más apropiado: todo lo que el lobo devora en la absoluta oscuridad. La puerta se abre con un grito largo. La música retumba como un corazón furioso. Entro. Paso a paso. Sin prisa. Júpiter, Venus, Esteban, Álex y Mar se quedan unos pasos atrás; saben que esta entrada es mía.

El nuevo club de Víctor, aunque mantiene la esencia del Eclipse original, ya no es el mismo. La terraza sigue con vistas al mar, sillones claros, cojines mullidos, mesas de madera alrededor de la piscina iluminada… pero algo ha cambiado. Las sombrillas han desaparecido y, en su lugar, una gran cristalera cubre el espacio como una cúpula transparente. La brisa circula; no hace ni frío ni calor, pero ya no es aquel espacio abierto que conocí la primera vez.

Echo una visual y lo veo enseguida. Los clientes tampoco son los mismos. Ya no hay turistas despistados ni parejas de postureo. Ahora, los sofás están ocupados por vampiros trajeados, con ese aire altivo de quien se sabe poderoso. Casi todos llevan a su lado lo mismo: muchachas jóvenes, demasiado jóvenes. Muchas no habrán cumplido ni los veinticinco. Y sé lo que eso significa: que la mayoría no llegará a cumplirlos nunca. Ojos perdidos, labios entreabiertos, casi hipnotizadas. Me recorre un escalofrío y, por un segundo, me encojo por dentro. Trajes, relojes caros, esa frialdad que a veces me recuerda a Esteban… pero sin su mirada. Joder. Venus y él tenían razón. No es solo un club; es un escaparate. Un puticlub vampírico de lujo para alimentar egos y colmillos.

Trago saliva, respiro hondo y no bajo la mirada. No puedo. No debo. Me detengo en el centro de la terraza, bajo la luz que todo lo baña. Me quito las gafas. Lenta. Con precisión quirúrgica. Que vean mis ojos. Intimidantes. Inhumanos. Las conversaciones bajan de volumen, como si alguien apagara la noche. El latido de mi corazón golpea al ritmo de la música. Las miradas se multiplican.

Arriba, tras la cristalera sobre la barra, él. Víctor. Me ve, me observa, sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa. Orgullosa. Se gira, lo veo bajar con la elegancia del depredador que no esperaba tener que cazar esta noche. Se acerca. Vuelve a sonreír: esa sonrisa venenosa de lobo, envuelta en seda. Se detiene delante.

VÍCTOR (voz suave, venenosa): Sofía, no me mires así… que empiezo a pensar que aún no me temes lo suficiente.

Sonrío más. No he venido a matarte hoy. Solo necesito un gesto mínimo, un roce, para recordarte que también puedo apretar donde más duele. Como lo que mi abuela le hizo a Ian: un golpe directo al corazón. No para romperlo, sino para marcar territorio. Para dejarte donde debes estar: espectador forzado, testigo mudo del plano secuencia que vamos a orquestar entre todos esta noche. El guion ya está escrito. Aunque Venus y Esteban roben planos, aunque Álex y Mar equilibren la escena, Júpiter y yo somos los protagonistas de esta historia. Víctor, tú siempre serás el antagonista que todos odian. El villano necesario para que el público me aplauda más fuerte. Y lo sé yo, y lo sabes tú también.

Yo no parpadeo. Le miro fijamente a los ojos. Le sonrío. Despacio. Entonces, sin dejar de mirarlo, me quito los guantes. Primero uno. Luego el otro. Y extiendo la mano hacia él. Le toco su mano. Solo un roce, pero suficiente. El gesto elegante de Víctor se descompone un segundo. Un espasmo. Un calambre en su pecho. Un destello de algo primitivo. Como si su cuerpo supiera que ha tocado algo que puede romperlo. Otra vez. Sus ojos se cierran apenas un segundo. Su mandíbula se tensa. Su máscara de perfección se resquebraja como un cristal golpeado. Se lleva la mano al pecho. Por primera vez, le veo dudar. Y esa duda me alimenta más que cualquier sangre.

SOFÍA (susurrándole con calma absoluta): Y yo empiezo a pensar que aún no has entendido quién debería temer a quién.

Y no digo nada más. Le sostengo la mirada. Como quien ya ha ganado. Entonces Júpiter se nos acerca y me pasa el brazo por encima del hombro, yo le rodeo con el mío por la espalda abrazándolo. La cara de Víctor es un poema, aún con la mano en su pecho. Roto, desconcertado, celoso, rabioso, incrédulo. Ninguno dice nada. Júpiter le mantiene su sonrisa perversamente encantadora unos segundos y se acerca hacia mi pelo, me lo huele y me da un beso en la mejilla, lento, sin dejar de mirarlo. Yo no me contengo y me giro hacia él, le agarro la cara con mi mano sin dejar de abrazarlo con la otra y le doy un beso intenso con lengua. El calor me atraviesa el cuerpo y siento que me arde el estómago. Él me sonríe y me agarra por el culo, me lo aprieta. Con su mano me retira el pelo del cuello, se acerca, me huele y me muerde sin dejar de mirar a Víctor. Bebe solo un poco, pero suficiente. Levanta la vista de nuevo y le beso saboreando mi propia sangre en su boca. Entonces se levanta y vuelve a sonreír a Víctor con esa sonrisa perversa que me vuelve loca. Yo giro mi cabeza y miro a Víctor sin separarme de Júpiter que aún sigue con su mano en mi trasero, marcando territorio.

JÚPITER (cercano): Dime, viejo amigo, ¿hasta qué hora está abierto el club?

Víctor no dice nada. Yo empiezo a arquear una sonrisa pícara.

JÚPITER: Porque mañana nos gustaría ver el amanecer con estas vistas, ¿verdad, mi amor?

SOFÍA: Sí, nunca lo hemos visto desde aquí.

Víctor da un paso hacia nosotros, la vena del cuello se le empieza a hinchar. El calor me sube por el pecho y no sé si es miedo, placer, o las dos cosas a la vez. De repente, la música cambia. El grito inicial “WOW! I Feel Good”, de James Brown explota por los altavoces, vibrando en todo el club, retumbando en el suelo, creando ondas en el agua de la piscina, en nuestros propios cuerpos. Me cuesta no reírme. El universo tiene sentido del humor y parece que esta vez está de mi lado.

Víctor gira la cabeza y mira hacia la barra. Se le cambia la cara. Nosotros miramos también y vemos a Venus pasando por encima de la barra, mientras Esteban le da la mano para que baje con su habitual elegancia y desparpajo. Camina hacia nosotros, yo miro a Víctor, y siento como algo en su interior hace clic. Un clic doloroso porque Venus camina hacia él descarada, sin escrúpulos, decidida, con Esteban detrás de ella.

Venus se para a mi lado, me mira el cuello. Pasa la yema de su dedo gordo sobre él limpiando una gota de sangre que aún chorreaba. Se lo lleva a la boca y lo lame lentamente como quien prueba algo prohibido. Maldita sea. Y aún así, no puedo dejar de admirar cómo lo hace. Con ese descaro que yo también empiezo a aprender. Ella mira a Víctor mientras lo hace. Entonces Esteban se coloca a su lado y la agarra como de costumbre, posesivo, intenso y desesperado. Como si fuera suya, solamente suya. Que lo es. La besa intensamente, salvaje, saboreando cada micra de mi sangre. Cuando se separan, miran a Víctor que le está echando una mirada desafiante a Esteban. Joder. Por un momento pienso que se van a lanzar el uno sobre el otro.

VENUS: Hola, querido. ¿Nos has echado de menos?

Y ahí está ella, en su línea. Atrevida, sin miedo, perversa, disfrutando de todo, como si hubiera orquestado esta escena en su cabeza meses atrás. Víctor se queda paralizado, acorralado. Júpiter se gira y tira de mí sutilmente. Venus y Esteban nos siguen. Mar y Álex, que están en la barra, se nos unen, no sin antes echarle una mirada a Víctor.

》》》 Sigue leyendo... 🖤

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