"El cliente del auto blanco."
Su nombre era Camila, de veintidos años, con una vida simple y normal como la de su alrededor. Siempre repetía su misma rutina: levantarse, comer, bañarse y luego salir de casa con esa típica sonrisa superficial, como la de una muñeca de pocerlana.
Hoy, Miércoles, iba a comenzar su primer día de trabajo, o más bien... un día nocturno. Era simple: tenía turno noche, y vendía hamburguesas en esas pequeñas camionetas que apuntaban a la calle. Era comida rápida. Hamburguesas y papas fritas, solo eso.
Camila comenzó su turno noche con un barbijo en la boca por las dudas y unos guantes de plástico. Luego, comenzó a realizar los pedidos de algunos autos que pasaban por ahí. Cocinaba la carne, ponía dos trozos de pan... era sencillo, ella no sabía cocinar muy bien. Más bien, lo que le salió parecía comida callejera y mal hecha.
Mientras las horas iban pasando y la gente dejaba de venir, ella miraba videos de asesinatos en su teléfono con unos auriculares puestos. Siempre le gustó ver casos de misterio o sin respuestas. Le encantaba, aunque no fuera fanática: según su madre, cristiana, decía que no estaba bien ver tanto esas cosas.
Siempre era lo mismo para Camila, casi no le prestaba atención a lo que le decía ella.
Ella, del hambre, quiso hervir un par de papas. Les puso unas pizcas de sal, un poco de condimento y se comió algunas o, más bien, la mayoría.
Se podía escuchar los zumbidos de las heladeras, las freidoras y la estática de la radio o el intercomunicador que tenía en frente.
Entonces, la pantalla de su celular se apagó de repente con un sonido breve y corriente. Camila lo golpeó varias veces, lo volvió a prender, pero no funcionaba. Ella puso los ojos en blanco con fastidio.
Camila– No puede ser...
Murmuró, estaba tan molesta en ese momento, casi desesperada con tal de no perder el video que miraba antes que, en un movimiento brusco y sin querer, se le cayó el teléfono al aceite hirviendo.
Camila– ¡No! ¡No, no, no! ¡¡Carajo!!
Gritó para ella misma, aunque de afuera de la camioneta no se veía ni escuchaba. Intentó quitar el teléfono de alguna manera, con el cucharón o el colador, pero no lo logró.
Antes de que empeorara, decidió tirar todo el aceite caliente por el lavabo, hasta que encontró su teléfono ya humedo, muy mojado. Ya había dejado de funcionar... eso era lo que Camila suponía.
Agarró un trapo y comenzó a secarlo, dejándolo brevemente en la mesa antes de prender la televisión para no aburrirse. Entonces, ella se emocionó y su sonrisa apareció otra vez cuando reportaron un asesinato: pero ya no era gracioso cuando dijeron que ocurrió en su barrio.
O más bien, ocurrió muy cerca de donde ella estaba ahora con la camioneta. ¿Habrá sido coincidencia? No lo creo.
Camila– Pero, ¿Qué...?
Se dijo para ella misma, frunciendo el ceño mientras una mujer reportaba el caso en las noticias:
"Una mujer había llamado al teléfono por una urgencia suya, pero cuando llegaron los policias... ella estaba tirada en el suelo, muerta. A continuación, mostraremos algunas imágenes algo sensibles para el público."
Entonces, tal y como se dijo, mostraron una imagen tomada por uno de los detectives, donde mostraban a la mujer con un disparo en la cabeza. Era explícito, así que la televisión no tardó en censurarlo antes de que pudiera verse por completo.
Camila sacudió ligeramente la cabeza, luego recordó que tenía que sacar la basura: agarró una banana y se la comió, tirando la cáscara en la bolsa antes de sacarla para afuera. Tenía que caminar a la otra esquina, con unos cinco metro mínimo de caminata.
Al llegar, un sonido extraño, repentino y seco resonó al otro lado: Camila se tensó, luego abrazó la bolsa y se escondió al otro lado de la pared.
Asomó la cabeza, solo un poco, pero no habia nadie... solo un silencio insoportable e incómodo, casi sospechoso.
Ella soltó un suspiro, ignoró lo que acaba de oír pensando que era solo su imaginación por ver tantos videos de asesinatos, luego dejó la bolsa en el contenedor con un crujido viniendo del plástico.
Camila comenzó a mirar a sus costados antes de pasar por la calle, pero cuando volvió a mirar al frente, un auto blanco y grande ya estaba esperando por la comida rápida.
Era sospechoso, ¿acaso no era el de las noticias, el que mencionaron hace apenas unos minutos?
Dejó su imaginación atrás y volvió a su camioneta (o casa rodante), y comenzó a cocinar la comida. Una vez que se terminaron las hamburguesas, se las entregó y recibió el dinero.
Las ventanas eran negras, así que no se veían a los que estaban adentro. Camila solo levantó una ceja con sospecha.
La televisión se apagó de repente, y se cortaron las luces. Camila de alarmó, mirando a su alrededor. Entonces, cuando volvió su mirada a el cliente, este ya no estaba. Había desaparecido sin ningún sonido de motor, ni de nada.
Qué extraño.
Camila no podía seguir ignorando estas señales, e intentó concentrarse nuevamente en la situación, ya no en la comida.
Entonces, de manera repentina, se escuchó el tiro de un arma a unas cuadras. Camila se alarmó. Salió de la camioneta y, entonces, vió algo entre ambas paredes del callejón:
Una criatura extraña, deforme, negra, con la mirada apuntando hacia ella. Camila se congeló.
Camila– U-uh...
Solo le alcanzó a decir, inmóvil. Las palabras se le quedaron clavadas en la punta de la lengua como una navaja. Su labio inferior temblaba visiblemente desde lejos.
Entonces, notó un par de cuerpos tirados detrás de aquella criatura.
Él... o, más bien, esa... cosa, comenzó a correr hacia Camila con una velocidad sobrenatural.
Camila se tensó al ver que su camioneta temblaba: había algo adentro, empujando todo con una fuerza casi imposible para una persona común y normal.
Camila comenzó a retroceder a paso rápido cuando la criatura comenzó a acercarse, hasta que sus pasos fueron de otra velocidad: comenzó a correr.
La cosa la perseguía a paso rápido, veloz. No tenía expresión, no tenía boca, hasta que verdaderamente se mostró: unos dientes largos como garras, afilados hasta la punta. Podía cortar c4rn# hum4n4 sin problemas.
Camila– ¡¡¡AYUDAAAH, POR FAVOR!!!
Gritó, pero nadie escuchaba. Nadie salía. La calle en donde ella estaba era solitaria y muy callada, así que no había nadie que pudiera ayudarla. Camila corrió entre los callejones, corriendo hacia una casa con la puerta abierta que parecía ser segura. Encerró la puerta y buscó un teléfono, hasta ahora su plan iba funcionando.
Pero el teléfono no.
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Hoy era jueves, las once de la noche. Y, como siempre, las televisiones ya prendidas mostraban las noticias reproducidas con nuevos casos. Los que a ella les gustan. O más bien, los que a ella le... gustaban.
La noticiera, con esa sonrisa artificial de siempre, volvió a reportar un caso:
"La chica murió por razones deconocidas. Se encontró su cuerpo en el callejón, junto a otros cadáveres. Todos estaban despedazados. Como siempre, lamentamos a sus familiares.
El nombre de esta chica es...
...Camila."








