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The Loud House: Mis Hermanas (Linka Loud)

Summary

Esta historia es una inversión y paralelismo directo al episodio canónico "One of the Boys" (temporada 1: episodio 46). Sin embargo, en esta ocasión la protagonista es Linka Loud, quien, cansada de la tosquedad, las manías y la sobreprotección de sus 10 hermanos varones, decide aceptar una prueba interdimensional de Levi. Al cruzar el portal, Linka llega exactamente a lo que siempre soñó: una casa habitada por 10 hermanas. ​Al inicio, todo es perfecto. Tardes de compras en el mall, sesiones de pintura de uñas y noches de chicas disfrutando juntas de El Barco de los Sueños. Pero el entusiasmo inicial se desvanece rápido. Una extraña inercia mental comienza a reescribir la memoria de Linka, amenazando con hacerle olvidar de dónde viene. Por si fuera poco, un inquietante hallazgo en el ático le revela una amarga verdad: esta dimensión no fue diseñada para ella, sino para un chico albino que ocupaba su lugar... y que ahora parece haber desaparecido. ​¿Logrará Linka conservar su identidad y regresar a casa con sus verdaderos hermanos, o terminará siendo absorbida por completo por esta ilusión?

Status
20d ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Chapter 1

Linka Loud y Clea Mcbride estaban en la cocina conversando, hasta que llegó Leif, el comediante de la familia Loud, haló la manilla de la refrigeradora. Cogió el tarro de mantequilla de maní. Lo destapó y con toda la naturalidad posible metió su dedo sin siquiera lavarse antes las manos, lo untó y se lo llevó a la boca.

—Bah! Leif, ten algo de clase!

Leif se encogió de hombros. Se marchó. Clea le dirigió una sutil mirada despectiva al hombre.

Linka preparó una taza de té para cada una y tomaron asiento. Al otro lado, en la sala, se hallaban sus hermanos jugando y riendo. Aunque, no sabían que a unos metros estaban siendo escuchadas por alguien.

—Linka, no es difícil para ti ser la única chica en tu familia? —inquirió con cautela.

Linka soltó una pequeña risa.

—A veces, sí, querida. —Tomó un sorbo de su té antes de continuar—. A veces... —se detuvo como si fuera algo inapropiado.

—Qué? —cuestionó Clea, claramente interesada.

—Pues... —decía con una gota de sudor—, hay cosas que simplemente no puedo hacer con ellos sin que se irriten o me miren raro.

—Cómo...?

—Pintarnos las uñas, ver el barco de los sueños juntas, cocinar con alguien que no sea papá, hacer trenzas... —Se le veía algo cohibida—. Incluso hablar de ropa y sus marcas, y no, Loni no cuenta, él solo le gusta la ropa para coser; él es sastre, no modista.

Clea soltó una carcajada.

—No hay nada de eso que no hagas conmigo.

—Sí... —Sostuvo su taza—. Pero, ya sabes que faltaría hacerlo con alguien en casa. Y, también tener a alguien a quien poder explicarle cosas sin tener que... explicarle tanto. En un año podría tener mi periodo, no creo que alguien de ellos lo entienda, y probablemente mamá no esté... Compartir algún secretico femenino también.

Clea no le apartó la mirada, esperaba que ella dijera algo más, y finalmente Linka terminó de soltar:

—A veces quisiera tener hermanas en vez de hermanos.

Clea soltó una pequeña risa.

—Bien, la escucho. Cuénteme más. —Le dirigió una mirada perspicaz-

—Pues...

»El piso casi siempre está mojado. Cada vez que entro al baño el piso está mojado, pues al parecer, ellos no se toman la molestia de secarse las manos y terminan salpicando todo; tampoco se molestan en aplicar agua alrededor del tazón del lavamanos, y entonces, dejan restos de pastas de dientes pegada. Y cuando les reclamo...

»—Bah! Linka, deje la necedad! Esa vara se seca sola! —siempre responden, por lo que nadie lo limpia, salvo mamá o yo.

»Y acaso alguien me entiende cuando ocupo más tiempo al arreglarme?... No! En absoluto! Y no puedo simplemente ignorarles, pues no dejarían de tocar la puerta.

»—Por qué demoraste tanto? —esa pregunta nunca falta cuando salgo...

Linka suspiró irritada. Tomó un sorbo de té.

—Y a dónde salen? Acaso ellos...?

—Así es, Clea, para salir, ellos siempre quieren ir a lugares como Lactolandia, y aunque yo amo lactolandia y todo, a veces quiero ir al mall. A veces yo solo quiero ir a ver ropa, pero luego me critican por ver algo que nunca compraré y entonces ellos solo quieren vomitar en lactolandia. También son muy celosos conmigo —rodó los ojos.

Clea contuvo la risa.

—El otro día caminaba por el pasillo, contándole a mis padres que saldría con Jordan.

—Y?

—No llegué ni a la mitad del pasillo.

Linka se reacomodó en la silla, recordando el incidente.

—Primero llegó Loki.

»—Quién es Jordan? —Me miró con seriedad casi teatral.

»—Un amigo! —respondí intentando cruzar, pero ellos tenían el pasillo bloqueado—. Loki!

»—Eso no responde la pregunta.

»—Qué quieren que responda?!

»—A qué hora regresarás? —Le siguió Loni.

»—Es de tu clase? —Lars me cogió desprevenida, haciéndome saltar del susto.

»—Desde hace cuántos meses es tu amigo?

»—Desde inicios de año. —Mis labios se torcieron hacia abajo, en un gesto tenso.

»—Meses?! —exclamó Lex indignado—. Y por qué no nos hablaste de esa sabandija antes?

»—Porque no es su asunto! —bufé.

»—Sospechoso, muy sospechoso —apuntó Loni, acariciándose la barbilla.

»—No prefieres quedarte con nosotros? —se aventuró Luke con una sonrisa forzada—. Si quieres, podemos ver el barco de los sueños, prometo que esta vez no me iré antes de que la intro se termine.

»Yo lo miré con el entrecejo fruncido.

»—Eso dijiste hace semanas.

»—Y aprendí de mis errores. —Luke se encogió de hombros.

»—Te quedaste dormido...

»Y en realidad, todos se quedan dormidos, si es que de mala gana se dignan a mirar conmigo El Barco de los Sueños; siempre me juzgaban por ver ese programa. Y cuando les preguntaba qué opinaban, la mejor respuesta que recibía era un:

»—Ya casi se acaba esta vara o quitamos la tele?

»Intentaba explicarles por qué me gusta: es romántico, dramático y...

»Loki me miró por unos segundos.

»—El protagonista tiene un desarrollo triste.

»—Qué?

»—20 episodios tomando malas decisiones, 20 jodidos episodios seguidos.

»—Porque está aprendiendo!

»—No, no lo hace —respondió Lex tajantemente—. A menos que aprender sea aferrarse a alguien que ni siquiera sabía que existía sea aprender; es como Mordecai. Pero que patético.

»Incluso Lars hubiera escrito algo mejor —dijo Leif con los brazos cruzados.

»Desde entonces, ya ni me molesto...

Linka dio un sorbo largo a su taza de té. Clea sonreía hilarantemente.

—Sabes que te amo, pero no estaría de más una hermana en casa.

—Jaja.

Seguían hablando sin saber que Levi, el genio de la familia, las había estado escuchando suspicazmente.

Linka se preparaba para dormir, pero escuchó un toc, toc. Se levantó y abrió la puerta.

—Uh?

Linka le dejó pasar.

—Linka, he oído tus inquietudes. No te juzgaré, pero...

Linka sintió cómo sus mejillas se calentaban. Oh, qué buen momento para tener una hermana.

—Gracias, pero solo mamá podrá hablarme del periodo y...

—Wow! No me refería a eso!

—Qué?

—Me refiero... No pude evitar escucharte hablar, y me enteré que te gustaría experimentar tener hermanas en vez de hermanos.

—Ah...

Levi sacó de su manga un reloj, colgándolo solemnemente con su mano derecha.

Linka parpadeó.

—Gracias, pero por qué quisiera un reloj donde puedo hacer exactamente lo mismo que en mi iPhone? Además, a qué viene esto?

El smartwatch serie 1 tenía una pequeña pantalla cuadrada de bordes redondeados, una correa negra y un cuerpo metálico compacto. Incluso conservaba la corona lateral y el botón.

Levi no se limitó a instalarle software nuevo. La carcasa había sido desmontada y modificada. Alrededor de la pantalla se apreciaba un aro metálico extremadamente fino, atravesado por pequeñas líneas que no pertenecían al diseño original. Bajo el cristal había incorporado componentes diminutos, casi microscópicos, y la parte posterior ya no tenía el sensor habitual del reloj: Levi lo había reemplazado por una pieza circular de cristal. Un pequeño módulo sobresalía de uno de los laterales, conectado a la carcasa mediante una serie de contactos metálicos.

—Este dispositivo permite viajar a mundos alternos. —Levi sonrió orgullosamente—. Tierras alternas, Linka. En una de ellas, tendrás diez hermanas en vez de diez hermanos.

—Levi, entiendo que eres un prodigio incomprendido y todo, pero...

Levi presionó el botón y se abrió un portal.

Linka quedó perpleja.

—Qué?!

—Por algo soy cientifico —Hizo una reverencia para sí mismo, más solemne de lo necesario—. Quieres? Mañana es sábado, y debes volver antes del lunes. Será un fin de semana completo para ti. Qué dices?

Linka le vio dudosa y con el ceño decaído.

—Levi, por qué asumes que yo tendría el descaro de dejarlos solo por unas versiones femeninas de ustedes?

—Yo...

Levi se sorprendió cuando él mismo torció decaídamente el ceño.

—Ustedes son mis hermanos y los amo. Lo que dije con Clea solo era algo superficial, un pequeño capricho, nada más. —Linka se agachó y quedó de rodillas, a su altura—. Ustedes son especiales para mí.

Una gota de sudor se deslizó por la frente de Levi. Si alguien podía tocarle el corazón, ese era su hermana. Suspiró. La envolvió en un cálido abrazo y le dio una sonrisa sincera.

—Mira, Linka, no asumo que seas esa clase de persona. Es solo... —desvió los ojos por un segundo—. Linka, necesito probar esto, por favor, solo ve y regresas el lunes. No te pediré que hagas nada, solo actúa natural y regresa sana y salva. Te prometo que estarás bien y es seguro. Además, prefiero esto a enviar a Leif a una Tierra donde sea una rana...

Linka le sonrió, aunque una duda le asaltó de inmediato.

—Pero, si viajaré a otro mundo, por qué no vienes conmigo sea al mundo que sea?, y cómo funciona exactamente esto?, ellas sabrán quién soy o.... ? Además, acaso hay otro-yo en el otro lado o...?

—No puedo ir contigo —declaró agudizando su tono científico—, pues la masa del transporte está calibrada para un solo sujeto, y debo quedarme en nuestro mundo para monitorear la estabilidad del canal dimensional. Lo haré desde el pionizador, es decir, desde la máquina del sótano. Y sobre todo: no te preocupes, te lo aclararé todo cuando regreses. De momento, estando en el otro lado, solo actúa natural.

Linka frunció el ceño, sentía que su hermanito le estaba ocultando algo.

—... La realidad se acopla —agregó perdiendo su tono científico en favor de un matiz de nervios que su hermana ya sabía detectar—, por lo que será como si siempre hubieras estado ahí. Al instante... ya te conocerán. No te asustes, es como un proceso de adaptación cognitiva... Ve y luego me cuentas cómo te fue y sobre todo cómo te sentiste con ellas.

Linka no lograba comprender del todo, más no quiso discutirle a su hermano, incluso si él parecía traerse algo más entre manos. Así que, por ahora, decidió cortar el asunto.

A la mañana siguiente, lo primero que hizo fue coger el smartwatch e ir hacia la luz. Sus átomos se integraron al otro lado, en los pasillos de la casa Loud... no, de la otra casa.

—Hola...

Caminó al frente y giró en derredor. De una puerta se apareció una chica similar a Loki. La albina parpadeó, atónita ante el parecido. Sin embargo, el parecido no fue lo que le hizo retroceder, sino una sacudida casi palpable en el pecho: una punzada de familiaridad tan intensa que le erizó la piel. No la conocía, pero....

El ser la contemplaba, con intriga solemne, que no demoraría en disiparse, en favor de una sonrisa cortés. Se acercó con naturalidad.

—Linka, aquí estás. Ven, te estamos esperando para salir.

Linka tomó su mano, sin quitarle la mirada de encima. Abajo les esperaban una muchedumbre femenina. Linka no demoró en identificar quién era la contraparte de cada uno de sus hermanos. Las jóvenes se movían a su alrededor, no como desconocidas, ni siquiera como elegantes anfitrionas; sino acoplándose a una base que Linka ya conocía.

—A dónde... iremos? —inquirió con cautela.

—Tú sabes a dónde, sis —dijo la semejante a Luke.

Linka frunció el ceño.

—A Lactolandia...

—Jajajaja —las diez rieron al unísono.

—Iremos al mall, fue literalmente tu idea.

—Uh?

Linka sonrió confiadamente.

Subió al carro. Tomó asiento junto a la ventana. Reparó en algo obvio: no conocía sus nombres, sin embargo, no le fue difícil jugar a suponer, después de todo, tenía muy claro cuál hubiera sido el nombre de sus hermanos de haber sido mujer, y también sabía cómo se habría llamado ella misma si fuera chico; una conversación rápida con sus padres al respecto, tiempo atrás, había bastado para descifrarlo.

A medida que Lori avanzaba entre el tráfico y se detenía ante los semáforos rojos, Linka observaba los reflejos en el retrovisor: Leni buscaba algo en su bolso, Lynn hablaba sobre la comida que quería, Luna se movía al ritmo de sus audífonos, y Lana y Lola discutían. Era un caos, sí, pero un caos orquestado bajo una sintonía emocional que Linka entendía sin esfuerzo. Sabía cuánto tardaría Lola en perder la paciencia con Lana; sabía en qué segundo exacto Lori suspiraría antes de revisar su teléfono. No eran recuerdos, era una extraña resonancia... una huella que alguien más había dejado marcada en la rutina de esa familia y que ella podía detectar.

Llegaron al mall. Las chicas se dividieron. Linka fue acompañada por Leni. Ingresaron a la tienda.

—Eh, mira esto —señaló con desaprobación.

Leni cogió un conjunto del perchero: blusa y falda.

—Pues... creo que la falda se levantará un poco al caminar porque el forro interior es muy corto y...

Leni arqueó la ceja.

—Eh, no sé de qué estás hablando, pero, lo que quería decir es que este amarillo es muy brillante, necesita un azul más apagado.

—Ah.

Leni lo puso en su lugar.

—Je, diay. —Linka la vio con satisfacción, su hermano Loni, el sastre de la familia, se hubiera desconcertado si ella hubiera mencionado los colores, o cualquier otra cosa de la estética; Loni solo hubiera notado en lo mal diseñado que podría estar la ropa, y eso último era en lo que Leni no reparab—. Me agradas —musitó, encantada.

Leni cogió otro conjunto: una jacket corta, verde oscuro, con detalles y todo plateados en las mangas.

Linka lo examinó.

—Está bonito. El verde oscuro está bonito, pero los detalles plateados y todo lo hacen ver... raro?

—Sí, exactamente, Linka! exclamó Leni entusiasmada—. Yo escogería detalles dorados, pero algo más apagado.

—Y cambiar los botones por unos más pequeños. Estos llaman mucho la atención.

—Y combinarlo con blusa color crema!

—O blanca, aunque con algún detalle verde.

Las dos se dirigieron una mirada cómplice.

—Nah

"Se rieron juntas. La menor sintió una punzada en el corazón. Esa sonrisa, esas expresiones, no era equivalentes a entablar una nueva amistad; sentía como si estuviera retomando una conversación pendiente desde hace años".

Leni y Linka se reunieron con las otras, en Pizza Hut. La niña cogió una porción, pero antes de llevársela a la boca, apreció a las demás.

Luan comía tranquilamente mientras conversaba, Lynn había tomado una servilleta, Lola cortaba su porción en pequeños trozos antes de masticar. Nadie comía como si estuviera en un concurso, nadie hablaba con la boca llena, nadie... Linka estuvo un rato ensimismada en su propia porción.

—Todo bien? —inquirió Lana.

—No tienes hambre? —le siguió Lola.

—Nada...

Y sonrió encantada, era tan ameno.

—¿Está rica?

—Mucho -expresó satisfacción.

Tras saciar el hambre, Lola señaló una tienda.

—Eh!

Linka ingresó detrás de sus hermanas. Había varios productos de belleza, accesorio, collares y esmaltes. Linka se fijó en los esmaltes.

—Qué color?

—Rosa.

—Azul.

—Amarillo.

Tras escoger, notaron unas pinzas para el cabello que Linka y Lola vieron con ilusión infantil.

—Las quieres? —cuestionó Lola, dando saltos.

—Sí!

En la caja registradora, Linka y Lola se miraron con complicidad.

Al llegar a casa, era hora del programa: el barco de los sueños. Dejaron las bolsas de la compra en la mesa. Lori cogió el control remoto, emocionada.

—A todos nos gusta verdad? —preguntó Linka solo para confirmar.

—Todas las unidades fraternales, incluyéndome, nos reunimos siempre para consumir este programa.

Linka reparó en la contraparte de su hermano genio: Lisa. Ésta destacaba por desenvolverse con un hablar técnico sin igual, del cual Levi distaba. Era la más distante del grupo. A lo largo del trayecto, se limitó a observarla con una sutil mezcla de intriga y fascinación, como si la estuviera evaluando clínicamente.

La música de la intro sonó.

—Ya empezó! —apuntó Lana.

Lori destapó algunos esmaltes.

—A quién no le gusta ver esto mientras se arregla las uñas?

Linka cogió el esmalte naranja, retrajo las piernas y prosiguió a pintarse

Las gemelas conversaban.

—Shhh, ya empezó —dijo la albina, levantando un dedo.

Atrás suya, Lori le acariciaba la cabeza.

—Vamos por las trenzas.

Linka intentaba mantenerse quieta, pero le hacía cosquillas.

—Quédate quieta —dijo Lori con una sonrisa.

Poco después, Linka tenía 2 colas de cabello, impecablemente estilizadas y definidas. Las uñas de color naranja, de manos a pies. Sus ojos seguían clavados a la tele:

Juniper acababa de descubrir que William había ocultado desde hace un par de semanas que pensaba en dejar el barco e irse por su cuenta.

—Creo que ya se enteró de que ella estaba enamorada de él —comentó Linka.

Lola abrió los ojos.

—¿Y hasta ahoritica se viene dando cuenta?

—Sí.

—Pero ya son veinte episodios! —Luan deslizaba una palomita de maíz entre sus dedos.

—Este sujeto es incorregible —comentó Luna, sentada con una pierna sobre la otra.

Las diez soltaron una pequeña carcajada.

En la tele, William bajó la mirada.

"No sabía cómo decírtelo, querida".

Linka se levantó.

—No, no...

Juniper le miraba a la cara, indignada.

"Ya veo, entonces, ni siquiera pensabas en despedirte".

William guardó silencio.

—Quizá, nunca debimos conocernos.

Linka y demás se llevaron las manos a la cabeza.

—Lo sabía! —expresó Lola.

Leni dejó su esmalte azul de lado.

—Esto es triste —deslizó su dedo hacia los ojos para apartar una lágrima.

—Pobre Juniper. —Lori bajó la mirada.

—Está vacilando, no quiere perderla —señaló Luna, claramente conmovida.

Lana suspiró.

—Después de todo lo que pasaron juntos?...

—Justo cuando parecía que ya se estaban entendiendo —agregó Lisa, más como una observación clínica, pero aún mezclada con la emoción de la situación.

—Espero vuelva por ella —añadió Lana.

Las diez tenían una mueca triste. Pero, al ver a William corriendo tras ella, se rehicieron.

—Awww —manifestaron al unísono.

Las gemelas se abrazaron.

Linka veía la pantalla satisfecha. El capítulo culminó.

—Estuvo genial.

—Excelente!

—Esto sí es cine!

—Todas las historias deben culminar así —reflexionó Lucy, solemne y fúnebremente—: con las personas que queremos todavía a nuestro lado... antes de que llegue el momento en que solo podamos recordarlas.

Las chicas acomodaron todo y partieron al segundo piso, haciendo fila para el baño. Linka fue la última en la fila. Y que grata sorpresa: el baño estaba impecable y limpio, sin ningún salpicado en el suelo, ni residuo de pasta dental en el lavamanos.

Todo había sido tan grandioso para Linka; su parentela se acoplaba a sus preferencias y programas —lo cual no significaría para nada dejar de ir regularmente a Lactolandia o al arcade, pues esas salidas eran tan importantes para ella como pintarse las uñas o ver El barco de los sueños—. Sin embargo, no era la simple alegría de tener hermanas lo que la embargaba, sino algo mucho más extraño y difuso: una inercia mental completamente ajena a su voluntad. Era la abrumadora sensación de que las cosas siempre habían sido así, de que nunca habían existido diez hombres, solo diez mujeres, y once contándola a ella misma. Experimentó, además, algún deja vu: ya había visto El Barco de los Sueños con ellas anteriormente, muchas veces.

Tras salir del baño, ya cepillada, Linka se dirigió a su puerta, pero el pomo no reaccionaba como era deseado.

—Rayos!... Luan, no es gracioso, dónde está la llave de mi habitación?!

La deportista se le acercó con una sonrisa traviesa.

—Linka, qué dices?... Nadie habita ahí, solo es un armario viejo que mamá y papá dejaron olvidado hace muchos años.

—Qué?...

La deportista la guió a su verdadera habitación: al mismo hábitat que ella y Lucy. La gótica, dormía al lado izquierdo en un ataúd, un ataúd-cama, a la derecha había una litera. Abajo, unas sábanas naranjas la esperaban a ella, mientras que arriba, unas rojas a Lynn.

Linka asintió, con algo de recelo. Se metió y se durmió.

Esa noche, soñó con un semejante a ella.

Todo se hizo negro, y luego se iluminó. Ella se apareció de pie en la sala, pero como una espectadora fantasmal, no metida en la realidad, sin posibilidad de interactuar con alguien.

—Qué?...

No tuvo tiempo para pensar.

Un chico de su edad, sospechosamente parecido a ella, veía desesperado un reloj.

Linka le observó intrigada, Ovi no le había comentado sobre la posibilidad de...

El chico ostentaba una cabellera canosa, unas pecas muy bien alineadas, ojos redondos y expresivos, remera naranja, jeans azules y calzado blanco. Era muy similar a ella físicamente.

Se le veía emocionado, hablando con alguien a través de un walkie-talkie. Aquella noche añoraba su programa favorito, uno de fantasmas. El problema de tener diez hermanas —y esto ya no discriminaba por sexo, y ella lo sabía bien—, era que cada rincón del hogar estaba ocupado, con el televisor siendo el foco principal de momento.

—Hora de poner en acción en acción la operación distraer a mis hermanas para poder llegar al televisor primero y ver el final el especial de la temporada en vivo de ARRGH.

Le faltaba pensar en un nombre más corto para la operación. Pero como sea, el chico planeaba y planeaba, similar a cómo ella lo hacía. Si ella era la mujer del plan, él debía ser el hombre del plan.

Una a una iban cayendo y retrocediendo, todo se fue despejando para él, fue tan fácil pero a la vez complejo: Distraer a las gemelas con una fiesta de té —que para el gusto de Lana, incluía a una pareja de ranas—, las cuales terminaron forcejeando entre sí; a la comediante la hizo ir por una cámara para grabarlas, a Lisa le llevó leche, harina, sal, azúcar y huevos —o como sea que Lisa en su lenguaje excesivamente técnico, el cual no era para nada idéntico al de Levi, les llamaba—; a Lynn la hizo correr y salir pitando a por su pelota; a Lori le distrajo con su oso-bubu al teléfono.

Linka abrió un poco más los ojos, era un plan muy bueno para conseguir algo tan sencillo como ver televisión.

Él se desplazaba con determinación casi militar, calculando cada obstáculo de su plan, mientras que Linka le seguía como fantasma —pero no como uno de esos a los que el protagonista de su programa quería atrapar—. Linka se sintió orgullosa, ese chico era, inequívocamente, idéntico a ella. Por no mencionar que ella había vivido algo idéntica. Y por algún motivo, ella podía anticipar cada una de sus jugadas; cuando actuaba, Linka podía saber cuál sería su siguiente movida.

—Brillante —cruzó los brazos con una sonrisa—, pero te olvidaste de ella —señaló a Lucy con el dedo—, así como yo lo hice con Lars.

"Rayos!". Él agitó los brazos, desesperado.

Tuvo que entregarle el viejo televisor sin color del sótano, asegurándole que su programa de vampiros sería mejor así.

Y cuando todo parecía salir bien, la luz se fue. No era su culpa, simplemente fue una variable que no podía prever.

—Jaja —Linka soltó una carcajada. Era familiar. No cabía duda de que ese ser debía ser su homólogo se sexo masculino.

Antes de que pudiera seguir viéndolo desde esa perspectiva, apareció de nuevo en la cama. Parpadeó dos veces, confundida. Le dolía la cabeza, como un latido sordo en las sienes, y sentía el peso de su propio cuerpo sobre el colchón. Con dificultad, se levantó. Lynn y Lucy ya no estaban. Frunció el ceño, intentando asimilar lo visto.

Aquello no se había sentido una simple fantasía nocturna; la precisión del plan, la lógica de los movimientos, esa punzada de familiaridad casi dolorosa... era como si hubiese atestiguado la memoria de alguien más. Se llevó la mano a la frente.

Linka sacó de una gaveta el reloj. Todavía tenía el domingo por delante. Al pensar en Levi, un escalofrío le recorrió la espalda: se sorprendió al descubrir lo anacrónico e irreconciliable que le resultaba imaginar a su hermana Lisa como si fuera un niño. En cuestión de tiempo, lo que antes era su realidad de toda la vida, comenzaba a sentirse como algo abstracto y ajeno.

Salió del pasillo, perturbada y aturdida. Comprendiendo que la inercia de la casa no solo la rodeaba, estaba reescribiendo su mente desde adentro. Tratando de sacudir su inquietud, bajó a la cocina por el desayuno. Ya todas estaban ahí. El desayuno fue el típico caos Loud: platos platos volando, discusiones por el último pastelillo y risas hilarantes. Eso le habría parecido tan cotidiano como acogedor, pero ahora no. Masticaba lento, manejaba el tenedor y cuchillo de manera más consciente, y se abstenía del contacto visual. De vez en cuando experimentaba sutiles temblores en las manos. No demoró en escaparse. Ya no se sentía cómoda como antes. Olvidando que su verdadera habitación ahora era un armario viejo y olvidado por sus padres desde hace años, subió al segundo piso en dirección a ésta, pero se fijó en algo que el día anterior no. Sus padres solían tener retratos de todos sus hijos en la pared del pasillo, pero faltaba alguien, faltaba ella. Había un evidente e incómodo espacio de intermedio entre Lynn y Lucy. Sin embargo, mantenía un clavito en la pared, comprendiéndose que antes sí había un retrato colgado en tal espacio, pero ya no más. Linka mantuvo la mirada sobre la pared por un poco más de tiempo.

Al rato, se permitió subir al ático, armándose de valor. Quizá su retrato esté ahí, pero por alguna razón decidieron ocultarlo. Al abrir la compuerta y dejar salir las escaleras, sintió el aire denso y un pútrido olor a madera. Linka tosió dos veces. Subió las escaleras y tanteó hasta dar con el cordón del interruptor. La bombilla iluminó con un reconocible zumbido eléctrico. Cerró la compuerta, contrayendo las escaleras. El silencio era absoluto, y encantador para alguien como Lucy Loud.

Linka se adentró entre tantas cajas y más cajas de cartón. Tuvo que disipar el polvo con las manos, haciéndolo flotar en el aire como partícula de ceniza. Los pocos pasos que daba dejaron huellas en el suelo antes de frenar en seco frente a un baúl cubierto por una cobija gris. Estimulada por un impulso casi febril, la removió. Y ahí estaba, el retrato ausente del pasillo.

Se le dibujó una sonrisa desencajada y sus ojos se quedaron desorbitados. La luz iluminaba impecablemente la fotografía: pecas alineadas y definidas, dentadura prominente y semejante a un conejo, la mirada expresiva y el cabello canoso. Pero no era ella, era él, el chico de su sueño.

Con dedos temblorosos, apartó el cuadro y descubrió debajo el álbum de fotos familiares. Vacilante, la abrió, y cuando lo hizo, hojeó rápidamente. Había de todo: navidades, vacaciones en la playa... En cada una de éstas, el albino —Lincoln— estaba presente. Se reía en los cumpleaños, posaba con las remeras deportivas de Lynn, se reía con Leni, abrazaba a las gemelas... Estaba en cada fotografía histórica. Ella no estaba, porque en su lugar estaba él, como un intruso y remplazo —o quizá, ella era la verdadera intrusa—.

Con un golpe seco, cerró el álbum y sacudió su cabeza dos veces. Sentía sus propios latidos del corazón. No entendía de qué manera todo esto se "acoplaba a la realidad", como Levi le había declarado.

La inercia se rompió, y los recuerdos verdaderos chocaron en su mente, no abrupta sino gradual y reconfortantemente: los rostros de su verdadera familia, Loki, Loni, Luke, Lane, Lynn, Lars, Lexx, Leon y también, Levi. Recordó los detalles su propio mundo. Y sus hermanos que siempre dejaban el baño salpicado y son residuo de pasta dental, que siempre le reprochaban por ver El Barco de los Sueños, que siempre espantaban a cada chico que se le acercara y que siempre...

En alguna parte debía estar el hermano de esas chicas.

—Un momento... y si él está... en mi mundo?...

Antes de que pudiera seguir meditando al respecto...

—¡Linka! ¿Dónde estás? —el grito distante de Lori retumbó desde la planta baja, distorsionado por el grosor del techo.

Linka dio un salto, igual al que daba cuando Lars la cogía desprevenida a ella o a cualquier otro (Lucy hacía lo mismo).

Se tragó la bilis, volvió a meter el retrato y el álbum en el fondo, y dejó la cobija tal como la había encontrado. Al bajar por las escaleras, disimuló lo mejor que pudo.

—¡Aquí estoy!

Bajó tímidamente. De golpe, sintió urgencia, de regresar a casa, a su verdadera casa, no a esta extraña ilusión. Pensaba en enviar todo al diablo e irse ya, pero Levi fue claro en regresar a una hora específica. Debía soportar estar ahí por más tiempo.

Linka tragó saliva, nauseabunda.

El resto del día procuró pensar en sus hermanos, antes de que lo que sea que sea aquella fuerza la atrapara de nuevo; ya no reía con ellas y las evitaba. Imaginando una y otra vez las caras de su verdadera familia, repitiendo sus nombres en silencio, que por suerte no se le habían olvidado. Evitaba contacto visual, evitaba atraerse por cualquier ocurrencia femenina novedosa. Nada de dejarse seducir por esa realidad que no le pertenecía, no volvería a caer en esa trampa; todo eso era una ilusión, y debía salir de ahí.

Antes de oscurecerse, hizo algo nuevo: explorar el mundo, no limitarse a quedarse en casa. Caminó y corrió por las calles de esa Royal Woods. La arquitectura, la infraestructura, etc, todo era idéntico a su mundo. Pero, cuando miraba a ciertos transeúntes, los reconocía, pero sobre todo: los diferenciaba. Creyó haber visto a un hombre de +60 años, muy parecido a Doña Quejas, su vecina. Más adelante, cruzó miradas con un chico idéntico a Clea, el cual la observó desconcertado, casi como si quisiera acercársele, pero ella corrió hasta dejarlo atrás. Toda la maldita ciudad era un molde diseñado para Lincoln, no para ella.

Se detuvo en una esquina mientras la tarde se difuminaba. Tuvo una clara certeza: Lincoln había caminado por ese mismo suelo; él era quien debía estar allí, regresando a casa para la cena. Apretó los puños. La seguridad de que Levi le había mentido ya no era una sospecha, sino una amarga convicción.

De regreso, no se molestó en cenar ni en dar las buenas noches. Fue a la cama antes de que sus compañeras de cuarto llegaran e hizo un esfuerzo por dormirse pronto, no sin antes ajustarse el reloj, no esperaría ni un segundo para colocárselo al despertar.

Se despertó a las 4:00, sintiendo desde abajo los ronquidos de Lynn. No volvió a soñar con Lincoln. Despejó las sábanas con disciplina casi militar, y sin medir sus movimientos, corrió hasta el pasillo desierto. No vaciló nada, presionó el botón. Una luz verde fosforescente emitió un zumbido chisporreante. Linka observó el portal con determinación férrea.

—Hasta nunca!

Y cruzó el portal. Se manifestó en su habitación. La luz del portal se extinguió inmediatamente.

—Sí! Ya estoy en casa!

Abrió la puerta. Bajó hecha humo. Halló a su verdadera familia. Corrió a abrazarlos uno por uno. Pero, faltaba alguien.

—Levi... —Apretó los puños, con el ceño endurecido, merecía una explicación de todo esto, y él se la debía, sin duda.

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